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Afirman que endeudamiento de los hogares más pobres expone a las mujeres a más violencia

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La ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, y la secretaria general de la Cepal, Alicia Bárcena, coincidieron hoy en que el endeudamiento en los hogares más pobres expone a las mujeres a mayores grados de violencia, y que la pandemia de coronavirus profundizó la “estructural” e “injusta” organización de los cuidados.

Gómez Alcorta y Bárcena presentaron hoy el último informe de la Cepal, realizado junto con Banco Central (BCRA), según el cual el 55% de los hogares de ingresos bajos con mujeres al frente, que además tienen responsabilidades de cuidado, presentan altos niveles de endeudamiento.

“7 de cada 10 hogares que dedican horas de cuidado son hogares pobres”, remarcó la ministra, quien agregó que tras la pandemia y sus crisis asociadas, muchos hogares se vieron ante la necesidad de “endeudarse para vivir”.

La presentación se realizó en el marco de un seminario sobre “Perspectiva financiera de los cuidados”, que se llevó a cabo en el Museo del Bicentenario de Casa de Gobierno

Gómez Alcorta dijo que “no es nueva la injusta organización de los cuidados” y subrayó que el informe realizado entre la Cepal y el BCRA deja al descubierto que “además de tener las más altas tasas de desempleo y trabajos más precarizados, las mujeres nos endeudamos más y en peores condiciones”.

En ese sentido señaló la situación empuja a endeudarse en “entidades que no son financieras”, y que en muchos casos se trata de prestamistas que “se aseguran el cobro a través de niveles de coerción muy potentes”.

En ese sentido Bárcena, quien tuvo hoy su última actividad pública como secretaria general de la Cepal, remarcó la importancia de la educación financiera para “desarmar los estereotipos de género, y romper el silencio estadístico”, para que con los resultados de estudios cuantitativos “nos permita pelear con los números en la mano”.

Invitó a analizar con profundidad la “interacción de las mujeres con las asociaciones financieras y no financieras”, porque las mujeres “salen a buscar créditos y le salen muy caros”.

Instó a “eliminar la cultura del privilegio, la cultura del patriarcado, eliminar aquello de que se hagan cosas sin que seamos nosotras sujetos de política”.

Bárcena hizo suya la consigna del movimiento feminista argentino: “La deuda es con nosotras”.

En ese sentido Gómez Alcorta remarcó que “en Argentina sabemos lo que implica endeudarse, porque nuestro país lo ha hecho una y otro vez”.

Recordó que el gobierno anterior “tomó una deuda que no implicó mejora en ningún sentido la vida de las personas” y que “cuando se achica el Estado y se deterioran los subsidios, los salarios, tiene un impacto central en los hogares”.

Gómez Alcorta enfatizó que “la deuda es con nosotras; nos deben las tareas domésticas, cientos de miles de millones por salarios más bajos (que los varones en la misma posición), nos deben derechos, educación, salud y sobre todo nos deben tiempo, tiempo de ocio, de placer, de desarrollo personal”.

“Lo que no queremos es tener tiempo para trabajar para pagar deuda”, subrayó la ministra.

Entre los datos difundidos en el encuentro se destaca que en la Argentina la brecha salarial entre mujeres y varones se ubica entre el 28 y 29% a favor del género masculino; y que el desempleo en mujeres es 3,7% superior al que registran los varones.

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Oré, una marca de mujeres que hacen

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En un amplio salón, en la esquina de las avenidas Francisco de Haro y Bustamante, un grupo de mujeres motivadas por una necesidad común, trabajan con un orden y una efectividad que enorgullecería al mismísimo Henry Ford.

Mientras una señora con una vasta experiencia costura unos pliegues en una máquina industrial, otra muchacha más joven anota (o boceta) sobre un cuaderno, al otro lado del local. Se hablan lo justo y necesario, no por un ambiente tenso, si no por la concentración que cada una le pone a su trabajo, porque cada una sabe para qué está y qué debe hacer. La Cooperativa Textil Oré funciona así, con efectividad y profesionalismo, pero sobre todo con solidaridad.

Las operarias son en su mayoría mujeres con más de 40 años, que durante su vida cosieron en sus casas de forma particular y a partir de su incorporación en la cooperativa comenzaron a manejar máquinas industriales y generar producciones en cadena. 

También hay jóvenes que se abocan al asesoramiento a los distintos clientes, incorporando en el día a día sus conocimientos adquiridos en trayectos educativos orientados al diseño de indumentaria. 

Son en total quince mujeres las que están al frente produciendo de forma asociativa y colaborativa sets deportivos, chombas, camperas y uniformes de trabajo para empresas privadas y organizaciones del sector público. 

“Por semana sacamos entre 400 y 500 remeras y chombas”, cuenta orgullosa Patricia Díaz, presidenta de la Cooperativa Textil Oré.

Oré no sólo representa el principal ingreso económico de las integrantes de la cooperativa sino que, sobre todo, configura un espacio de socialización e integración, así como también de revalorización de su rol como trabajadoras. 

Un poco de historia.  Oré es una cooperativa conformada 100% por mano de obra femenina, que desde el 2.018 se aboca a la producción textil en Posadas y que nació a raíz de retomar un proyecto que se implementó en Jardín América y otros puntos de la provincia, allá por el año 2.012. 

Hacia el 2019, la Cooperativa se trasladó a un local propio, dada la demanda que además del sector público, se intensificaba desde el sector privado. Actualmente, continúa funcionando en dicho local alquilado sobre la avenida Francisco de Haro y sus integrantes, esperan ansiosas la resolución de un proyecto presentado para que puedan ser incorporadas al Parque Industrial de Posadas. 

La incorporación al Parque Industrial les permitiría reinvertir el dinero del alquiler en la compra de máquinas y por supuesto, esto a su vez generaría el espacio para incorporar mayor cantidad de mano de obra.  

REINVENTARSE Y DAR RESPUESTA A LAS NECESIDADES DE LA COMUNIDAD. Durante la pandemia y al contrario de lo que sucedió en otros sectores, el trabajo en Oré no mermó sino que, por el contrario se intensificó. 

De un día para el otro, las trabajadoras debieron aprender a cortar y coser barbijos y camisolines, produciendo en tiempo record. A partir de una articulación interinstitucional entre los Ministerios de  Industria, Salud y Trabajo, fueron capacitadas todas las operarias para producir camisolines y barbijos que fueron distribuidos en toda la provincia. 

“Empezamos a hacer barbijos el 23 de marzo del 2.020… Trabajábamos desde las 8.30 hasta las 17 todos los días. No paramos, tuvimos muchísimo trabajo por suerte… sacábamos un promedio de 10.000 unidades por semana”, indicó Patricia quien además contó a Economis que había un gran esfuerzo de logística ya que algunas trabajadoras no podían salir de sus casas, por lo cual con un permiso de circulación, ella misma repartía casa por casa, las botitas para los moldes. 

DISEÑADORAS AD HOC. El rol de las diseñadoras permite además que la cooperativa sea una fuente de asesoramiento con respecto a las alternativas que resulten más viables para los objetivos de los clientes. 

“Muchas veces se hacen costuras que son innecesarias. Si tenés la posibilidad de asesorar y modificar es mejor”, contó muy entusiasmada Marina Mouton Laudin, joven de 36 años que fue la encargada de repensar el uniforme para tareferos, logrando un diseño adaptado a las necesidades que surgen en el día a día laboral. 

A partir de una investigación y observación de cómo trabajan los tareferos, versus el modelo de uniforme que tradicionalmente se les entregaba, Marina logró un prototipo con bolsillos sin ojales, con agregado de impermeables en las piernas para evitar que las piernas se mojen y utilizando una tela grafa de 6 onzas en lugar de 8 para la camiseta, logrando reducir la temperatura corporal a la hora de trabajar. 

“Hay cosas que no se usan o son incómodas, también hay costuras innecesarias y eliminándolas ahorrás tiempo de máquina y podemos trabajar más”, explicó. La propuesta de Marina de optimizar los tiempos de trabajo, fue aprobada por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y se hizo extensivo como modelo de base para todo el Consorcio Textil Misiones (COTEM), un espacio conformado por cinco cooperativas que producen y comercializan bajo la marca comercial MONTE.

Otro proyecto de rediseño que ya está en producción, son los pantalones para el Ministerio de Ecología, que tienen la particularidad de tener bolsillos grandes, con tapa, pasacintos profundos, con fuelles, y costuras reforzadas en telas antidesgarros con celdas que evitan que los cortes se extiendan; logrando un modelo cómodo y aggiornado a las necesidades de quienes pasan el día monte adentro.

Oré, es uno de los tantos ejemplos a lo largo y ancho de la provincia que permiten acortar la brecha, en un sector que históricamente fue liderado por hombres. El trabajo cooperativo amplía las oportunidades de desarrollo de las mujeres en las economías locales y provinciales, con un espíritu asociativo, de participación en la adopción y toma de decisiones, de generación de espacios de socialización y contención.

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La pandemia agrandó todavía más la grieta laboral entre hombres y mujeres

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La lucha histórica de las mujeres por igualdad en derechos y oportunidades se hace cada año más visible. Sin embargo aún no alcanza. 

Adecco Argentina, filial de la empresa líder en el mundo en consultoría integral en Recursos Humanos, realizó un estudio titulado “Mundo digital, trabajo híbrido, personas analógicas” para conocer las condiciones generales del trabajo en el período bisagra de COVID-19 y post COVID-19. Dentro de la investigación, la compañía analizó la situación actual de las mujeres con respecto al mercado laboral dentro de Latinoamérica. 

La 61° Reunión de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, organizada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en coordinación con ONU Mujeres el pasado 29 de septiembre, aportó datos esclarecedores para la región. 

En las mujeres recayeron mayores niveles de desempleo, pobreza, pérdida de ingresos y una mayor carga de trabajos de cuidado; y que aunque en las proyecciones de la CEPAL para este año se observa un incremento de 2.2% en la tasa de participación laboral de las mujeres, solo los hombres volverán a los niveles pre-pandemia. 

Además, otro estudio realizado por Adecco Argentina sobre las perspectivas laborales para el 2022 reveló que la mitad de los directores de Recursos Humanos (50%) cree que no aumentará el porcentaje de mujeres en cargos directivos durante 2022.

De hecho, las mujeres y los jóvenes son constantemente destacados como los grupos más impactados por la pandemia, lo que lamentablemente se refleja en las cifras laborales. Por ejemplo, en Argentina, el 32% de las mujeres jóvenes busca trabajo y no lo encuentra, mientras que para los varones jóvenes este número se reduce solo del 2%. En Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, las mujeres no tienen las mismas oportunidades laborales que los hombres, al menos para la percepción del universo encuestado.

El 64% considera que las mujeres no ganan la misma remuneración que los hombres en puestos y con responsabilidades similares.

Al igual que con el resto de los grupos vulnerados, se considera que las mujeres tienen más posibilidades de inserción laboral mediante el teletrabajo.

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Ocho de cada diez argentinas sufrió algún tipo de violencia de género

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El estudio del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos, publicado tras la Semana Internacional de la Eliminación de la violencia contra las Mujeres, remarca que apenas el 20% denunció a su agresor.

Ocho de cada diez mujeres argentinas afirmaron haber sufrido algún tipo de violencia de género en su vida, pero menos del veinte por ciento denunció a su agresor, según un estudio del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos, que funciona en el marco de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Los datos del informe publicado tras la Semana Internacional de la Eliminación de la violencia contra las Mujeres, muestran que el 54% de las consultadas reconoció haber sufrido violencia psicológica en alguna de sus formas: discriminación, acoso callejero, acoso laboral, bullying o descalificaciones varias.

En tanto, el 21% indicó haber atravesado violencia económica o patrimonial, entendida como aquel maltrato en donde se les impide trabajar y, además, se les niegan los recursos para satisfacer sus necesidades básicas, mientras que el 18 por ciento reconoció haber padecido maltratos físicos y el 12 por ciento restante dijo haber tenido agresiones del tipo sexual.

Entre quienes reconocieron haber sufrido violencia física, el 18% de las mujeres afirmaron que sus agresores “utilizaron un arma o un elemento punzocortante”.

El trabajo, se celebró entre el 1 y el 20 de noviembre a través de una investigación cuantitativa con encuestas telefónicas en todo el país sobre un total de 1.976 casos tomados sobre mujeres de entre 18 y 65 años.

El estudio fue elaborado por el Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (Cipdh-Unesco), que funciona en la Ciudad de Buenos Aires como entidad descentralizada en el ámbito del Poder Ejecutivo de la Nación, bajo el auspicio de Unesco.

La directora ejecutiva del Cipdh-Unesco, Fernanda Gil Lozano, señaló que “se trabajó sobre un cuestionario muy amplio que incluyó preguntas a través de las cuales se les consultaba a las mujeres si reciben o recibieron a lo largo de su vida violencia física, psicológica, sexual o económica”.

Datos y conclusiones del estudio

La investigación subraya que el 85% de los agresores son varones y, en el 52% de los casos, quien comete las agresiones es una ex pareja y en un 25% la pareja actual.

Un 13% se corresponde con la agresión de algún familiar directo o indirecto, el 7% provino de un jefe o un extraño y el 2% restante fue propinado por un padre o padrastro.

Otro dato saliente indica que las mujeres de 18 a 25 años muestran la mayor cantidad de hechos de violencia de género, con un 52% de los casos, mientras que el 34% lo sufren o sufrieron mujeres de 25 a 50 años y, el 14 se ubica entre los 51 y 65 años.

A su vez, el estudio revela que solo el 17% reconoció haber hecho la denuncia y apenas el 5% buscó ayuda judicial o en organismos de lucha contra la violencia de género.

“Este último dato es de temer porque a pesar de que las mujeres, en su mayoría no denuncian, las estadísticas de diferentes ONG demuestran que, así y todo, Argentina se ubicó ya durante el último año en el segundo lugar (junto a Chile) entre los países donde más mujeres reconocen haber experimentado algún tipo de violencia”, explicó Gil Lozano en un comunicado.

Entre los argumentos que plantearon las encuestadas que no buscaron asistencia, el 67% afirmó que “no lo hizo por temor a que el agresor tomara represalias”, el 28% dijo que “no le parecía que la agresión ameritara una denuncia” y el 5% restante lo justificó diciendo que “no sabía a dónde acudir”.

La investigación también arrojó que el Gran Buenos Aires encabeza el ámbito con mayores casos de violencia, con el 55% de los hechos, seguido por la Ciudad de Buenos Aires, con el 22% de los casos, lo cual “mantiene una proporcionalidad directa con el número de habitantes de cada región del territorio nacional”.

Mendoza se ubica en el tercer lugar, con el 4% y Córdoba se posiciona cuarta con el 3% de los hechos, mientras que el 16% restante se divide en el resto del país.

En sus conclusiones, el informe del Cipdh consideró que “los resultados muestran que la violencia afecta de un modo u otro a tres cuartas partes de las mujeres argentinas, lo que denota claramente la necesidad de profundizar en una mayor cantidad de medidas que aborden este tipo de problemáticas”.

En la misma línea, Gil Lozano remarcó que “la crueldad de las estadísticas nos sirven para saber bien en donde estamos parados y para trabajar empíricamente con acciones cada vez más eficaces”.

Y concluyó: “Hay que deconstruir años de patriarcado y esos sistemas de valores imperantes que han regido nuestras sociedades”.

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Estudio visibiliza las desigualdades de género en el mercado audiovisual de Misiones

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La desigualdad laboral y de oportunidades persiste en el sector audiovisual de Misiones. Esto se pudo develar a partir del primer relevamiento realizado por la colectiva independiente Mujeres y Diversidades Trabajadoras del Audiovisual misionero en Red (MUTAR). 

En el marco del Día Internacional contra las Violencias Machistas, MUTAR difundió un documento con primeros datos que buscan dar a conocer la situación de las y les trabajadoras/es del sector en Misiones y visibilizar las problemáticas atravesadas como comunidad.

En el informe, se observa un alto índice de mujeres y diversidades que cuentan con formación académica (casi 80%) vinculada al rubro audiovisual, sin embargo esto no se refleja en los cargos jerárquicos de trabajo. 

Más de la mitad contestó que nunca trabajó en una producción donde las cabezas de área sean en su mayoría mujeres o identidades diversas. Por ende, se registra una mayor participación en la formación pero menor inserción en lo laboral y profesional.

El dato quizás más preocupante es la falta de acceso y oportunidades laborales en ciertos roles como guionistas, jefas de producción, directoras de sonido, directoras de fotografía, utileras, continuistas, montajistas de imagen y sonido, entre otras. 

Dentro del 40% que sufrió maltrato trabajando en el audiovisual, se observan diferentes tipos de violencia de género y laboral. “Nos preocupan realmente estas situaciones de maltrato que ocurren en los set de filmación, en las diferentes etapas de la realización y en otros ámbitos del audiovisual”, expresan desde MUTAR.

Las situaciones compartidas demuestran menosprecio, desvalorización del trabajo, maltrato, acoso, silenciamiento, discriminación por ser mujer, suponer inferioridad física para realizar determinados trabajos, abuso de autoridad, abuso narcisista, violencia simbólica (chistes, bromas, etc) y en algunos casos, violencia física.

A su vez, más de la mitad respondió que el audiovisual no es su principal actividad económica, lo cual permite deducir que se trata de un sector laboral inestable e inseguro en cuanto a la posibilidad de percibir ingresos mensualmente. Ante esto, es necesario transformar las condiciones laborales y expandir las políticas de fomento para brindar mayores y mejores posibilidades de trabajos a las mujeres y diversidades en el audiovisual misionero.

En total, se recibieron 92 respuestas de toda la provincia, la mayoría es residente de Posadas, Oberá y Eldorado, luego le siguen otras localidades. Por eso desde la colectiva aclaran que “estas conclusiones son un primer punto de partida para conocer nuestra realidad. A partir de la sistematización de los datos, nos planteamos nuevas preguntas y nuevas inquietudes para continuar en el proceso de visibilización de nuestros derechos”. 

Por más derechos

MUTAR nace a mediados del 2020 en Misiones, como un espacio autoconvocado que busca visibilizar, reconocer, promover y estimular el trabajo de las mujeres y las diversidades en el sector audiovisual de la provincia. 

Este primer relevamiento se realizó de manera colectiva y autogestiva entre las integrantes de MUTAR, las cuales son realizadoras, productoras y técnicas de Posadas, Oberá y Puerto Esperanza, y con la colaboración de especialistas de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), especialmente del Centro de Estudios y Promoción de la Equidad de Géneros Flora Tristán. Además, los datos preliminares se presentaron este año en la 18° edición del Festival Oberá en Cortos.

 “¿Cuántas películas dirigidas por mujeres y/o identidades diversas de Misiones viste en la pantalla grande? ¿Cuántas producciones audiovisuales conoces en las que hayan participado mujeres e identidades diversas como jefas de área? ¿Cómo podemos construir producciones audiovisuales con perspectiva de género, diversas y plurales?”, se preguntan desde la colectiva. 

A partir de este relevamiento, MUTAR pretende que “las políticas públicas y las legislaciones que apuntan a la igualdad de géneros, se materialicen también en el sector audiovisual de nuestra provincia, frente y detrás de cámara; que nuestro trabajo sea valorado, que la igualdad y la paridad se efectivice en todos los ámbitos del audiovisual y que rompamos ese techo de cristal que nos impide contar nuestras propias historias”.

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