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Tras Venezuela, Trump escala la confrontación y amenaza a Colombia, Cuba, México y Groenlandia

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A menos de 48 horas del operativo militar en Venezuela y de la captura de Nicolás Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, profundizó una escalada retórica y política que sacude al hemisferio occidental. Desde el Air Force One, el mandatario lanzó amenazas explícitas contra Colombia, Cuba, México y Groenlandia, bajo el argumento de la “seguridad nacional” y la lucha contra el narcotráfico, en una ofensiva que reaviva viejas doctrinas de intervención y genera alarma en América Latina y Europa.

Las declaraciones, realizadas el domingo 4 de enero de 2026 durante su regreso a Washington desde Mar-a-Lago, consolidan un giro abiertamente confrontativo de la política exterior estadounidense, con implicancias económicas, diplomáticas e institucionales para toda la región.

Venezuela como punto de partida de una ofensiva regional

Trump volvió a advertir a Caracas que podría haber un “segundo ataque” si el nuevo gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez no concede a Washington “acceso total” a los recursos naturales del país. La amenaza llegó pocas horas después de que Rodríguez asumiera tras la captura de Nicolás Maduro y su esposa en una operación militar calificada como ilegal por distintos actores internacionales.

“Si no se portan bien, lanzaremos un segundo ataque”, afirmó el presidente estadounidense, reforzando la idea de que la intervención en Venezuela no fue un hecho aislado sino el primer movimiento de una estrategia más amplia. En ese marco, el propio Trump vinculó el futuro de otros países de la región al desenlace venezolano, particularmente Cuba, histórica aliada de Caracas.

El endurecimiento del discurso se inscribe en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada el mes pasado por la Casa Blanca, donde la administración republicana plantea la restauración de la “preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental” como uno de los pilares centrales del segundo mandato de Trump. El mandatario incluso reivindicó la Doctrina Monroe y el Corolario Roosevelt como antecedentes de su enfoque, llegando a bromear con que ahora algunos la llaman la “Doctrina Donroe”.

Colombia y Cuba, en el centro de las advertencias más explícitas

Uno de los blancos más sensibles fue Colombia. Trump apuntó directamente contra el presidente Gustavo Petro, a quien acusó sin pruebas de estar vinculado al narcotráfico. “Colombia está dirigida por un hombre enfermo que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos”, afirmó, y agregó que Petro “no va a seguir haciéndolo mucho tiempo”.

Ante la pregunta de un periodista sobre si eso implicaba una posible operación militar estadounidense en territorio colombiano, Trump respondió sin matices: “Suena bien”. Las declaraciones se producen en un contexto ya tenso: en septiembre, Estados Unidos incluyó a Colombia —principal receptor histórico de asistencia estadounidense en la región— en la lista de países que no cooperan plenamente en la lucha contra las drogas, lo que redujo la ayuda bilateral por primera vez en casi 30 años.

La cancillería colombiana calificó las amenazas como una “injerencia inaceptable”, mientras Petro respondió públicamente que su nombre “no aparece en los archivos judiciales sobre narcotráfico” y exigió el cese de las calumnias. Más tarde, el mandatario colombiano elevó el tono al señalar que, aunque había jurado no volver a tomar las armas tras el acuerdo de paz de 1989, “por la patria” podría verse obligado a hacerlo.

En paralelo, Trump extendió su advertencia a Cuba, aunque descartó una invasión directa. Según el presidente estadounidense, la isla “siempre ha sobrevivido gracias a Venezuela” y ahora, sin el apoyo económico del chavismo, “está a punto de caer”. “No pienso que debamos tomar ninguna acción. Parece que se está cayendo”, sostuvo.

El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó esa línea al afirmar que efectivos cubanos custodiaban a Maduro antes de su captura y que estaban a cargo de tareas de inteligencia interna. Posteriormente, el gobierno cubano confirmó que 32 de sus efectivos murieron durante la operación militar estadounidense en Venezuela, un dato que incrementó la tensión diplomática.

México y Groenlandia: narcotráfico y seguridad nacional como ejes

Trump también incluyó a México en su lista de advertencias. “Hay que hacer algo con México”, dijo, al acusar al país de permitir el ingreso de estupefacientes a Estados Unidos. Si bien señaló que le “encantaría” que el propio gobierno mexicano resolviera el problema, sostuvo que los cárteles “son muy fuertes”. Además, deslizó críticas hacia la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien describió como una “persona estupenda” pero con “un poco de miedo” frente al poder del narcotráfico, y afirmó que ella rechazó en varias oportunidades el envío de tropas estadounidenses.

La mayor sorpresa, sin embargo, volvió a ser Groenlandia. Trump insistió en que Estados Unidos “necesita” ese territorio autónomo de Dinamarca por razones de seguridad nacional. “Es tan estratégico en este momento. Está cubierto de barcos rusos y chinos por todas partes”, argumentó, al tiempo que sostuvo que Dinamarca “no va a ser capaz” de garantizar esa seguridad.

Aunque ante el repudio europeo intentó bajar el tono —“nos preocuparemos por Groenlandia en dos meses”—, sus declaraciones encendieron alarmas en Copenhague y en la Unión Europea. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, respondió que Estados Unidos “no tiene derecho a anexar” el territorio y pidió que se respeten los acuerdos de seguridad existentes. Desde Groenlandia, el primer ministro Jens Frederik Nielsen fue aún más contundente: “¡Ya basta! Basta de presión, de insinuaciones y de fantasías de anexión”.

Un escenario de alta tensión internacional

Las amenazas de Trump, pronunciadas en un lapso de pocas horas, ofrecen una señal clara del clima político que se abre tras la intervención en Venezuela. Con un discurso cada vez menos sutil, el presidente estadounidense sacude a aliados y adversarios por igual, mientras crece la incertidumbre sobre cuál será el próximo foco de conflicto y hasta dónde está dispuesto a avanzar Washington en su intento de reconfigurar el equilibrio geopolítico regional.

Más allá de la retórica, el impacto económico y político ya se hace sentir: mercados atentos, gobiernos en alerta y un sistema internacional que vuelve a enfrentar el riesgo de decisiones unilaterales con consecuencias imprevisibles.

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Maduro se declaró inocente en Nueva York y denunció un “secuestro” tras su captura en Caracas

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El derrocado líder venezolano Nicolás Maduro compareció este lunes por primera vez ante un tribunal federal de Nueva York, donde se declaró inocente de los cargos por narcotráfico y conspiración narcoterrorista que enfrenta en Estados Unidos. En una audiencia marcada por la tensión política y el rigor judicial, se presentó como presidente de Venezuela, afirmó haber sido “secuestrado” en Caracas y rechazó de plano la acusación: “No soy culpable de nada de lo que se menciona aquí, soy un hombre decente”.

La comparecencia se produjo el 5 de enero de 2026, dos días después de su captura en la capital venezolana durante una operación militar estadounidense de gran escala. El caso, que tramita en el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, abre un capítulo inédito en la relación entre Washington y Caracas y plantea fuertes implicancias geopolíticas, judiciales e institucionales para la región.

La primera audiencia: identidad, inocencia y choque con la autoridad judicial

Pasado el mediodía de Nueva York —alrededor de las 14 en la Argentina— el juez Alvin K. Hellerstein dio inicio al procedimiento. Maduro ingresó a la sala vestido con uniforme carcelario naranja y azul marino, esposado y con auriculares para la traducción simultánea, al igual que su esposa, Cilia Flores, quien también compareció ante el magistrado.

Cuando se le pidió que se identificara, Maduro se presentó como “presidente de la República de Venezuela” y sostuvo que estaba “secuestrado”. El juez lo interrumpió para aclarar que el tribunal solo requería su identidad legal. Finalmente, el acusado confirmó su nombre completo: Nicolás Maduro Moros.

Tal como se anticipaba, Maduro se declaró inocente. “No soy culpable de nada de lo que se menciona aquí, soy un hombre decente”, afirmó en español, con interpretación oficial. Señaló además que tenía el escrito de acusación “por primera vez” en sus manos y prefirió leerlo personalmente cuando el juez le ofreció hacerlo en voz alta.

Flores, por su parte, se identificó como “la primera dama de la República de Venezuela” y también se declaró “completamente inocente”. Durante la audiencia se la vio con una venda en la frente y un hematoma visible cerca del ojo derecho. Su abogado informó que presentaba problemas de salud que requerían atención médica, posiblemente una fractura o hematomas graves en las costillas. El juez ordenó a la fiscalía garantizar la atención sanitaria correspondiente.

Desde dentro de la sala, un periodista del The New York Times resumió la escena como “un notable choque con la realidad”, al señalar que el exmandatario intentó hacer una declaración política, pero debió someterse a las reglas del tribunal, donde la autoridad es exclusivamente judicial.

Acusaciones, defensas y el avance del proceso judicial

La causa está a cargo de los fiscales federales del Distrito Sur de Nueva York, encabezados por Jay Clayton, y se basa en una investigación de largo alcance de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA).

La acusación formal, publicada el sábado previo a la audiencia, imputa a Maduro los delitos de conspiración narcoterrorista y conspiración para importar cocaína, mientras que a Flores se la acusa de conspiración para traficar cocaína. De ser hallado culpable, Maduro podría enfrentar penas de entre 30 años de prisión y cadena perpetua.

Según el expediente, Maduro y su esposa habrían participado en el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos en asociación con organizaciones violentas como los cárteles mexicanos de Sinaloa y Los Zetas, las FARC colombianas y el Tren de Aragua.

Maduro estuvo representado inicialmente por un abogado de oficio, aunque luego se confirmó la contratación de un defensor privado, Barry Pollack, quien planteó que existen “cuestiones sobre la legalidad de su secuestro militar” y anticipó la presentación de documentos preliminares “voluminosos” para impugnar el procedimiento. Además, sostuvo que su cliente “es jefe de un Estado soberano y tiene derecho al privilegio” que ese estatus confiere.

Ambos acusados aceptaron permanecer detenidos por el momento. La posibilidad de solicitar libertad bajo fianza será evaluada más adelante. El juez fijó la próxima audiencia para el 17 de marzo, y se estima que podría pasar más de un año antes de que se conforme un jurado y comience el juicio propiamente dicho.

Al finalizar la audiencia, que concluyó a las 12.31 hora local (14.31 en la Argentina), un hombre del público le gritó a Maduro “presidente ilegítimo”. El acusado respondió: “Soy un presidente secuestrado. Soy un prisionero de guerra”. El manifestante fue identificado como Pedro Rojas, quien aseguró haber estado encarcelado por el régimen venezolano.

Captura, traslado y reconfiguración del poder en Venezuela

La comparecencia judicial fue el corolario de un operativo militar estadounidense ejecutado en la madrugada del sábado en Caracas, que incluyó comandos en tierra, bombardeos aéreos y una fuerte presencia naval. Maduro y Flores fueron sacados por la fuerza y trasladados a Estados Unidos.

Durante la mañana del lunes, una caravana partió desde el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn hacia un campo deportivo cercano, donde un helicóptero trasladó a los detenidos a Manhattan. Desde allí fueron conducidos en un vehículo blindado al tribunal federal Daniel Patrick Moynihan, un edificio de 27 pisos ubicado en las afueras de Chinatown.

En paralelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su país está “a cargo” de Venezuela y que mantiene conversaciones con las nuevas autoridades encabezadas por la presidenta interina Delcy Rodríguez, quien expresó su disposición a cooperar con Washington y a avanzar en una agenda de “desarrollo compartido”.

Trump evitó precisar el alcance del control estadounidense, pero ante la insistencia de la prensa respondió: “Significa que nosotros estamos a cargo”. Desde la Casa Blanca se reiteró que la relación con el nuevo gobierno venezolano dependerá, entre otros puntos, de la apertura al acceso de inversión estadounidense en las reservas petroleras venezolanas, consideradas las más grandes del mundo.

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Trump mira el petróleo venezolano, pero la recuperación demandará años según analistas

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La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de avanzar sobre el control político y económico de Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro reactivó un viejo objetivo estratégico de Washington: el acceso a las mayores reservas de petróleo del mundo. Sin embargo, aunque el mandatario dejó en claro su intención de que empresas estadounidenses lideren la recuperación de la industria petrolera venezolana, los analistas advierten que el costo económico, los riesgos políticos y los plazos de maduración convierten al plan en una apuesta de largo aliento, con impactos limitados en el mercado global en el corto y mediano plazo.

Trump afirmó que Estados Unidos “administrará” el país hasta que se concrete una transición “segura” y sostuvo que las petroleras estadounidenses invertirán miles de millones de dólares para reparar una infraestructura “muy dañada” y “empezar a generar dinero para el país”. El anuncio, de fuerte carga política e institucional, abre interrogantes sobre la viabilidad real de explotar un recurso hoy subutilizado y condicionado por sanciones, deterioro operativo y un escenario político incierto.

Reservas récord, producción mínima y una infraestructura colapsada

Venezuela cuenta con aproximadamente 303.000 millones de barriles de reservas probadas, la mayor cifra a nivel mundial. No obstante, la brecha entre ese potencial y la producción efectiva es significativa. Según el último informe de la Agencia Internacional de Energía, en noviembre el país produjo cerca de 860.000 barriles diarios, apenas un tercio de lo que generaba una década atrás y menos del 1% del consumo mundial de petróleo.

El declive productivo se profundizó desde comienzos de los años 2000, cuando los gobiernos de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro reforzaron el control estatal sobre PDVSA, lo que derivó en la salida de personal calificado, falta de inversiones y deterioro sostenido de las instalaciones. A ese proceso se sumaron las sanciones estadounidenses, aplicadas inicialmente en 2015 durante la presidencia de Barack Obama por presuntas violaciones a los derechos humanos, que restringieron el acceso a financiamiento, repuestos y tecnología clave.

“El verdadero desafío que enfrentan es su infraestructura”, señaló Callum MacPherson, jefe de cotización de materias primas de Investec. Las refinerías, oleoductos y campos petroleros muestran un desgaste acumulado que, según los especialistas, no se resuelve con inversiones puntuales ni en plazos breves.

A esto se suma una característica técnica relevante: el crudo venezolano es mayormente pesado y agrio, más complejo y costoso de refinar que el petróleo “ligero y dulce” que produce Estados Unidos y que resulta más apto para la elaboración de naftas.

Riesgos políticos, sanciones y contratos en suspenso

Más allá del diagnóstico energético, los principales obstáculos para una reactivación a gran escala son de carácter legal y político. Homayoun Falakshahi, analista principal de Kpler, advirtió que las empresas interesadas en operar en Venezuela deberán alcanzar acuerdos con un nuevo gobierno, algo inviable mientras no se consolide un sucesor de Maduro con estabilidad institucional.

“Aun si la situación política es estable, es un proceso que tomará meses”, sostuvo Falakshahi, quien remarcó que las compañías estarían arriesgando miles de millones de dólares en un contexto de alta incertidumbre. Antes de iniciar inversiones significativas, las petroleras necesitarían firmar contratos con el nuevo gobierno, definir marcos regulatorios y garantizar seguridad jurídica.

En paralelo, Estados Unidos incautó dos buques petroleros frente a las costas venezolanas e impuso un bloqueo a la entrada y salida de buques cisterna sancionados, lo que añade presión sobre los flujos de exportación y refuerza el carácter coercitivo de la estrategia.

Los analistas coinciden en que restablecer los niveles históricos de producción demandará decenas de miles de millones de dólares y podría llevar hasta una década, incluso bajo condiciones políticas favorables. Neil Shearing, analista jefe de Capital Economics, consideró que los planes de Trump tendrán un impacto limitado sobre el suministro global y, por lo tanto, sobre los precios internacionales del crudo.

“El plazo de tiempo de lo que va a suceder es muy largo”, señaló Shearing, quien estimó que en 2026 los precios del petróleo mostrarán muy pocos cambios asociados a Venezuela. Incluso si el país lograra recuperar una producción cercana a tres millones de barriles diarios, seguiría fuera del grupo de los diez principales productores del mundo.

El interés de las petroleras y una apuesta de largo plazo

En este escenario, Chevron es la única petrolera estadounidense que permanece activa en Venezuela, tras recibir una licencia de operación en 2022 durante la presidencia de Joe Biden, a pesar de las sanciones vigentes. La compañía es responsable de aproximadamente una quinta parte de la producción venezolana y afirmó que su prioridad es la seguridad de sus empleados y el cumplimiento de “todas las leyes y regulaciones relevantes”.

El resto de las grandes firmas mantiene silencio público, aunque los analistas señalan que internamente evalúan la oportunidad. “El apetito de ir a alguna parte está vinculado a dos factores principales: la situación política y los recursos sobre el terreno”, explicó Falakshahi, quien consideró que, pese a la incertidumbre, “la ganancia potencial podría ser demasiado grande para eludirla”.

En la misma línea, el ex director ejecutivo de BP, John Browne, definió la reactivación petrolera venezolana como un “proyecto a muy largo plazo”. “La gente subestima el tiempo que se demora hacer las cosas. Alinear recursos, materiales y personal lleva muchísimo tiempo”, afirmó, y advirtió que incluso podría darse una caída inicial de la producción mientras la industria se reorganiza.

Para Browne, sin embargo, el atractivo estratégico persiste: “Como oportunidad de negocio, si estás dirigiendo una compañía, vas a querer involucrarte muy rápidamente”. Aun así, el consenso entre los expertos es claro: el petróleo de Venezuela representa una promesa enorme, pero su explotación efectiva exigirá estabilidad política, inversiones masivas y una paciencia que excede ampliamente los tiempos de la coyuntura.

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China denunció ante la comunidad internacional la confiscación arbitraria de buques por parte de Estados Unidos

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El Ministerio de Relaciones Exteriores de China emitió un fuerte pronunciamiento contra la incautación de buques extranjeros por parte de Estados Unidos, al advertir que este tipo de acciones “constituyen una grave violación del derecho internacional”. La declaración se conoció luego de que la Guardia Costera estadounidense confiscara un petrolero el 20 de diciembre, en un operativo que Washington justificó bajo el argumento de que el buque integraba la denominada “flota en la sombra”.

El posicionamiento chino introduce un nuevo elemento de tensión diplomática e institucional en torno al régimen de sanciones unilaterales impulsado por Estados Unidos y reaviva el debate sobre soberanía, comercio internacional y legalidad de las medidas coercitivas en el sector energético y marítimo global.

Rechazo a las sanciones unilaterales y advertencia por violación del derecho internacional

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, se expresó en una rueda de prensa diaria en respuesta a consultas de los medios sobre la incautación del buque, ocurrida el 20 de diciembre, y cuestionó abiertamente el accionar de Washington.

“China siempre se opone a las sanciones unilaterales ilegales que carecen de fundamento en el derecho internacional y no están autorizadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”, afirmó el vocero. En ese sentido, agregó que el país asiático también rechaza “cualquier acción que viole los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, atente contra la soberanía y la seguridad de otros países o constituya actos de intimidación unilateral”.

Las declaraciones se produjeron luego de que un funcionario de la Casa Blanca afirmara que el petrolero pertenecía a la denominada “flota en la sombra”, según consignó la agencia Xinhua. Para China, este tipo de justificaciones no habilitan la confiscación de activos ni la retención de embarcaciones bajo el marco del derecho internacional vigente.

El eje Venezuela y la defensa de la cooperación energética soberana

En su exposición, Lin Jian hizo referencia directa a Venezuela, al sostener que “Venezuela tiene derecho a desarrollar de forma independiente una cooperación mutuamente beneficiosa con otros países”. En la misma línea, añadió que China considera que la comunidad internacional “comprende y apoya la postura de Venezuela en la salvaguardia de sus legítimos derechos e intereses”.

El pronunciamiento chino se inscribe en un contexto de creciente conflictividad en el Caribe, donde Estados Unidos intensificó operativos de interdicción marítima que derivaron en la confiscación de crudo venezolano y el abordaje de buques petroleros, afectando directamente al comercio energético.

Desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro calificó estas acciones como “piratería de corsarios”, enmarcándolas en lo que definió como un despliegue militar agresivo. A través de un mensaje difundido por su canal oficial de Telegram, el mandatario denunció que se trata de una campaña sostenida de agresión contra el país.

“Venezuela tiene 25 semanas denunciando, enfrentando y derrotando una campaña de agresión que va desde el terrorismo psicológico hasta los corsarios que han asaltado petroleros”, expresó. Según el jefe de Estado, estos grupos actúan como “piratas contratados por un Estado imperial”, con prácticas orientadas históricamente al control del comercio y de los recursos venezolanos.

Impacto político y económico en el comercio energético y marítimo

Las declaraciones se producen luego del asalto de Estados Unidos a dos buques en cercanías de Venezuela, ejecutado por fuerzas militares. En esos operativos, el petróleo fue confiscado, las embarcaciones retenidas y las tripulaciones permanecen ilegalmente detenidas, según la denuncia venezolana.

En paralelo, la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela y ministra de Hidrocarburos, Delcy Rodríguez, informó que zarpó desde territorio venezolano un buque de la empresa estadounidense Chevron con destino a Estados Unidos, cargado con petróleo venezolano. La funcionaria precisó que la operación se realiza “con estricto apego a las normas y en cumplimiento de los compromisos asumidos por nuestra industria petrolera”, dentro de los acuerdos vigentes y la legalidad nacional e internacional.

Este contraste expone una tensión estructural en el sistema de sanciones, con efectos directos sobre la seguridad jurídica del transporte marítimo, el comercio energético y la estabilidad de los flujos internacionales de petróleo. Al mismo tiempo, anticipa reacciones diplomáticas y políticas de países que cuestionan la legalidad de las incautaciones unilaterales y el uso de la fuerza en aguas internacionales.

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Milei viajó al Nobel de la Paz y reforzó su alineamiento con la oposición venezolana

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Milei participó en la entrega del Nobel de la Paz a María Corina Machado en plena tensión geopolítica entre Estados Unidos y el régimen de Maduro

En un contexto de creciente presión internacional sobre Venezuela, el presidente Javier Milei viajó este miércoles a Oslo para asistir a la ceremonia del Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado. La presencia del mandatario argentino coincide con la ofensiva declarada por Donald Trump contra Nicolás Maduro y constituye un gesto político que refuerza el alineamiento de la Casa Rosada con la estrategia de Washington en torno al conflicto venezolano.

Un viaje político al centro de la tensión global

El Presidente llegó a Noruega al mediodía, acompañado por una delegación reducida integrada por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. El objetivo inmediato fue participar de la ceremonia del Nobel en el Ayuntamiento de Oslo, donde Machado —la figura opositora más relevante frente al régimen venezolano— fue distinguida.

La secuencia internacional ofrece una lectura clara: mientras Donald Trump afirma que Maduro “tiene los días contados”, Milei se posiciona públicamente junto a la principal referente de la oposición venezolana, actualmente en la clandestinidad desde agosto de 2024, cuando el régimen intensificó las órdenes de captura contra miembros de su movimiento político.

Este gesto diplomático se enmarca en una sintonía declarada entre Buenos Aires y Washington. Tanto Milei como Trump comparten una lectura geopolítica que identifica al gobierno venezolano como un aliado estratégico de China, Rusia, Irán y Corea del Norte, con repercusiones directas en la seguridad regional.

Tras la ceremonia, Milei mantendrá reuniones bilaterales con el rey Harald V y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, con foco en la relación diplomática entre Argentina y Noruega.

María Corina Machado: clandestinidad, persecución y un premio recibido en ausencia

Si bien se especuló con un encuentro entre Milei, María Corina Machado y el presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia, esto quedó descartado horas antes del evento. Machado no asistió al acto debido a su situación de clandestinidad.

Erik Aasheim, portavoz del Comité del Nobel Noruego, había relativizado su presencia, al señalar que “hay expectativas”, pero destacando la dificultad logística para que la dirigente viajara desde Caracas.

Machado, finalmente, envió un mensaje afirmando que está “en camino ahora” y que llegará a Oslo “entre la noche del miércoles y la mañana del jueves”. Agregó que el reconocimiento “es un premio para todos los venezolanos” y que espera reencontrarse con su familia “después de dos años”.

La dirigente fue forzada a la clandestinidad tras ser acusada —sin evidencia presentada— de conspirar contra Maduro. Según los datos difundidos, escapará y regresará protegida por su inmunidad internacional, evitando así ser capturada por el aparato represivo venezolano.

Además del mandatario argentino, asistieron los presidentes José Mulino (Panamá), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay) y Edmundo González Urrutia, presidente electo de Venezuela. Todos forman parte del bloque regional que respalda la transición democrática en Venezuela y adhieren a los lineamientos de la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, donde la situación venezolana es considerada un tema prioritario.

Impacto diplomático y proyección de la crisis venezolana

La presencia conjunta de Milei, Mulino, Noboa y Peña en Oslo refleja un alineamiento hemisférico frente al régimen de Maduro. La región vive un momento de máxima tensión: Estados Unidos fortaleció su presión diplomática con el apoyo explícito de Trump, mientras Venezuela sostiene alianzas estratégicas con países como Rusia, China e Irán, que le proveen asistencia financiera, tecnológica y militar.

Para los analistas internacionales, el rol de María Corina Machado es central. Su liderazgo articuló la resistencia civil y política más amplia de la última década, convirtiéndose en un símbolo de presión global sobre el régimen de Caracas. El reconocimiento del Comité del Nobel no solo legitima esa posición, sino que amplifica la presión sobre la permanencia de Maduro en el poder.

En este marco, el equipo político de Machado desmintió cualquier insinuación de que la dirigente no regresaría a Venezuela tras el viaje a Oslo. Magalli Meda, ex vocera de su campaña, respondió que pensar en su exilio sería “como decirle a una madre que va a dejar de querer a sus hijos”.

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