GRANOS

¿Qué tan competitiva es Argentina para producir granos?

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Por Franco Artusso – Tobías Lucero, Fundación Mediterránea. Tras una primera publicación orientada a comparar precios de bienes y servicios de consumo final entre países, el IERAL amplía ahora su análisis hacia un eje clave de la competitividad: el costo de producir granos. Este nuevo estudio compara precios de insumos y equipos agropecuarios en Argentina frente a los de otros países relevantes de la región y del hemisferio norte, bajo una metodología similar.

Se trata de una dimensión poco explorada en los análisis habituales sobre competitividad agropecuaria. Mientras que es frecuente medir la competitividad del sector desde el lado de los ingresos (comparar precios internos de los granos, tipos de cambio efectivos), son pocos los estudios que exploran los costos de producción (insumos, servicios, bienes de capital). Se sabe que el sector agropecuario argentino presenta serias desventajas en la comparación internacional por el lado de los ingresos, puesto que ninguno de sus competidores castiga la exportación de granos y derivados con impuestos a la exportación (“retenciones”), pero poco se conoce acerca de cómo se posiciona en materia de costos. 

La información sobre este frente es escasa, en parte por los desafíos que implica su relevamiento:

En primer lugar, porque no existen bases de datos secundarias estandarizadas que permitan acceder de forma directa y sistemática a los precios de similares productos en distintos países, lo que obliga a recurrir a fuentes de información primarias y estrategias de relevamiento específicas, de tipo caso por caso. 

En segundo lugar, porque a diferencia de los bienes de consumo masivo —para los cuales es relativamente más sencillo identificar productos similares en distintos países— los insumos agrícolas dependen de una cantidad diversa de factores (calidad y composición de los suelos, clima y tipos de cultivos predominantes, tecnología aplicada en los establecimientos, presencia de plagas específicas, regulaciones sobre el uso de determinados productos -ej. agroquímicos-, infraestructura y logística disponible para la distribución, etc.), que pueden ser significativamente distintos en cada país, lo que dificulta la elección de productos homogéneos para incluir en la comparación.

En tercer lugar, por ciertas limitaciones en las conclusiones a las que se puede arribar a partir de los resultados obtenidos. En efecto, aun cuando se logren salvar los dos puntos anteriormente mencionados, es decir, se pueda recolectar información confiable sobre precios de insumos comparables en distintos países, a menos que se conozcan las tecnologías específicas de cada país (dosis de cada insumo por unidad de medida, eficiencia con que se utilizan, etc.), la información obtenida puede ser insuficiente como para inferir linealmente el nivel de los costos a los que producen cada uno de ellos. Para que se entienda este punto, un fertilizante puede ser utilizado y costar lo mismo en dos mercados (Brasil y Argentina), pero ello no implica necesariamente que costará lo mismo fertilizar los cultivos en estos dos países, dado que factores como la composición de los suelos y el clima de cada país influirán en las dosis efectivas de fertilizante (cantidad de litros o de kilos por hectárea) que son necesarias para lograr rendimientos similares en un determinado cultivo (toneladas de grano por hectárea). Estas diferencias y distintos parámetros de eficiencia determinarán en definitiva el costo final de fertilizar en cada país, aun cuando el insumo cueste lo mismo. 

Para ver la comparación completa por productos ingresar acá.

A pesar de estas complejidades, IERAL logró relevar precios en mayo para cinco países: Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos. El estudio abarca un total de trece bienes y servicios, clasificados en seis grupos: fertilizantes, herbicidas, fungicidas, transporte de carga, combustible y maquinaria (ver Tabla 1, precios expresados en dólares). 

En términos generales, los resultados muestran que Argentina es más cara en dólares que los otros países en la mayoría de los 13 productos relevados, en concreto: es más cara en el 85% de los casos con respecto a Brasil (en 11 de los 13 productos); en el 69% de los casos con respecto a Paraguay (9 productos); en el 77% de los casos con respecto a Uruguay (10 productos); y en el 62% de los casos con respecto a Estados Unidos (8 productos). 

Sin embargo, salvo excepciones, no se observan grandes brechas entre los precios que se pagan en Argentina con relación al promedio de los otros cuatro países: los fertilizantes resultan entre 3,3% promedio más caros en Argentina; herbicidas un 7,8%; fungicidas un 1,4% y los combustibles (gasoil grado 2) un 11% más caros. Las excepciones que se encontraron fueron: 1) transporte de cargas (flete granario por camión de 400 kilómetros), donde Argentina resulta un 23% en promedio más cara que el resto de los países, con una tarifa de USD 35,7 por tonelada kilometro (un nivel muy similar, levemente inferior al de Uruguay USD 37,1 tonelada kilometro); y 2) maquinaria agrícola, particularmente en tractores, donde Argentina se ubica 27% más cara que el promedio de los otros países, y en menor medida en cosechadoras, donde la brecha no llega al 10%.

En suma, Argentina exhibe precios un poco más altos en dólares para la mayoría de los insumos relevados, incluso tratándose de bienes comercializables internacionalmente. Esto revela la existencia de distorsiones que encarecen la producción agropecuaria. Entre los factores explicativos pueden encontrarse: los resabios de las restricciones cambiarias, cargas impositivas acumulativas, regulaciones laborales muy rígidas, elevados costos logísticos internos, menor escala operativa y un contexto de mayor incertidumbre y volatilidad. Estos elementos, en conjunto, limitan el funcionamiento pleno de los mecanismos de arbitraje de precios y restan competitividad. 

Teniendo en cuenta que el gobierno ha logrado avances importantes en materia de estabilización macroeconómica y cambiaria, los desafíos de mediano plazo en términos de competitividad se trasladan al terreno microeconómico. Allí, el foco debe estar en mejorar el funcionamiento de los mercados de bienes y factores, reduciendo las distorsiones generadas por una trama de regulaciones, impuestos y regímenes laborales centralizados, diseñada en su momento para un tipo de organización económica —colectivista, burocrática e intervencionista— que no arrojó buenos resultados en términos de crecimiento y desarrollo. Ese esquema debe dar paso a otro, que otorgue mayor libertad a los agentes privados para adaptar sus decisiones y organizar sus actividades productivas, de cualquier tamaño, en cualquier sector y región del país, en función de los recursos disponibles y las demandas locales e internacionales.

Para ver la comparación completa por productos ingresar acá.

Por caso, no hay dudas que los costos de insumos y equipos agropecuarios locales están exacerbados por impuestos sobre ventas como Ingresos Brutos o tasas municipales sobre facturación de empresas, que otros países no aplican, y que al no reconocer como crédito el impuesto que las empresas pagan en sus compras, van generando el pago de impuesto sobre impuesto, y un sobrecosto que se traslada a los precios de los bienes a medida que estos recorren la cadena de valor. Avanzar en la sustitución de este tipo de tributación por impuestos más neutrales (caso del IVA) y en reformas en las otras áreas antes mencionadas, puede ser muy importante para acortar brechas de precios con los países con los que compite la producción local. 

Dicho esto, no debe perderse de vista que el principal problema de la competitividad del sector agropecuario se encuentra por el lado de los ingresos y no de los costos, debido a que en Argentina los productores enfrentan derechos de exportación que reducen de forma directa el precio efectivo que reciben por sus productos, lo que tampoco ocurre en los demás países analizados. 

Así, el agro argentino compite en el mercado internacional con una ecuación que está desequilibrada: insumos más caros y precios de venta más bajos. Superar este “doble castigo” resulta fundamental para recuperar competitividad y aprovechar plenamente el potencial productivo del sector.

¹ Lamentablemente no se ha logrado conseguir información comparable para el caso de los insecticidas, productos cuya composición química se encuentra en general sujeta a diversas regulaciones locales que dificultan la armonización de los precios. 

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El calor extremo enciende las alertas por la cosecha 2023/2024

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Las altas temperaturas y la falta de lluvias en la zona núcleo del país amenazan con afectar la producción de soja. Si bien se espera una mejor cosecha que la del año pasado, el sueño de un año récord se ve cada vez más lejano.

El clima juega una mala pasada, la soja de primera se encuentra en un momento crítico y las altas temperaturas la ponen en riesgo. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advierte que, si la situación no cambia, la cosecha podría desplomarse.

“La soja de 1° está en el momento más sensible de definición de rinde con máximas de 38°C”, señala el informe publicado esta semana por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

Además, explican que, en siete días, el área bajo condiciones muy buenas a excelentes pasó de 90% a 65%. El 10% de los lotes ya se encuentran en condiciones regulares o malas.

Un inconveniente que se suma es que el precio de los granos no es el mismo que se observaba el año anterior. Al respecto, BCR retoma en el informe de esta semana algo que había mencionado en su estudio del 4 de enero: “Aun produciendo un 25% más que en la anterior campaña fallida, no se compensan resultados promedios valorizados a enero del 2023″.

La consultora Outler pronostica una buena cosecha y descarta la posibilidad de un récord. “podríamos estar ante una buena cosecha en términos históricos y muy superior a la desastrosa cosecha 2023″.

La importancia de la cosecha

Argentina cerró el 2023 con un déficit comercial de US$6.926 millones y, precisamente, uno de los factores que se espera que permitan rebotar a la economía argentina es que ese número cambie de forma radical. Algunas consultoras, incluso, empezaron el año pronosticando un superávit de balanza comercial de US$14.000 millones para 2024.

Para que esto último se plasme en la realidad se necesita un aporte sustantivo del campo. Pero no solo por cuestiones de dólares, sino de equilibrio fiscal: hay que tener en cuenta que las retenciones a la soja son un aporte fundamental para el fisco.

Tres factores clave a tener en cuenta:

Un informe de la consultora Econviews recordó que “la campaña 2023/24 será la mejor de los últimos cinco años”, según las proyecciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

“Las proyecciones son buenas, aunque se debe estar alerta a algunos factores claves”, advierte Econviews. Y estos son los factores que destaca:

  • Clima: Se espera la llegada de El Niño, pero las altas temperaturas recientes generan preocupación.
  • Tipo de cambio: La inflación erosiona la competitividad del tipo de cambio.
  • Precios: Los precios internacionales de las commodities están bajos.

El escenario base es que la soja ingrese unos US$20.000 millones, pero todo depende del comportamiento de los factores mencionados.

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Aumento de oferta de granos en los mercados internacionales preocupa al campo

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El inesperado aumento de la oferta de soja y maíz en los mercados internacionales está generando preocupaciones para el campo y su rentabilidad.

Según advierten desde la Universidad Austral, la nueva cosecha se está vendiendo por menos de US$ 300 la tonelada, lo que ha llevado a un descenso en los precios. Este aumento en la oferta ha sido atribuido a varios factores, incluyendo la producción en Estados Unidos y Brasil, así como un incremento en la producción y saldo exportable de trigo en Ucrania y Rusia.

Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, experto en el campo, ha señalado que a pesar de que la producción de maíz y soja se encuentra en buen estado, los precios están cayendo. Esto ha llevado a una situación en la que los precios actuales están poniendo en riesgo la rentabilidad del productor local, especialmente debido al aumento en los costos de los insumos.

Romano recuerda que en la cosecha de soja en Estados Unidos hubo algunos problemas, pero en el maíz todo marchaba bien. Además, señala que la incertidumbre provenía de Brasil, donde las lluvias no favorecieron a los cultivos hasta fines de diciembre. Esto resultó en una siembra de soja inusualmente tardía, generando preocupaciones sobre la ventana de siembra para el maíz de safrinha en el noreste, que se planta después de la cosecha de soja. Asegurando que: “el reporte del USDA dio por tierra con todo esto. Aumentó la producción de Estados Unidos tanto de maíz como de soja, y además los recortes para Brasil, tanto en soja como en maíz, quedaron por debajo de lo que los analistas esperaban. En conjunto, todo esto generó una situación de stocks mucho más cómoda de lo que se esperaba.”

En cuanto al trigo, Romano comenta que, aunque a nivel mundial no hubo grandes cambios, “nos encontramos con mayor producción y saldo exportable tanto en Ucrania como en Rusia, los orígenes que más barato están llevando trigo al mundo”. En cuanto al trigo, Romano comenta que aunque a nivel mundial no hubo grandes cambios, “nos encontramos con mayor producción y saldo exportable tanto en Ucrania como en Rusia, los orígenes que más barato están llevando trigo al mundo”.

A nivel local, Romano advierte que “la producción de trigo resultó peor que las estimaciones iniciales, pero mejor que lo esperado cuando empezaba la recolección. Por su parte maíz y soja vienen muy bien perfilados”.

El especialista agrega que, aunque esto signifique más producción, los precios están cayendo. “Ya estamos para cosecha nueva en los 290 US$/tt de soja, 174 para maíz temprano y 164 para tardío. Estos números ponen en jaque la rentabilidad del productor local, especialmente porque los insumos subieron, y las relaciones de insumo-producto se deterioraron.”

A pesar de esto, Romano destaca que varios productores han logrado sortear el aumento de costos al comprar sus insumos antes, pagando en pesos o financiando en pesos a tasas bajas en dólares.

El informe también destaca que, a pesar del aumento en la producción, los precios actuales están lejos de los niveles esperados. Aunque se espera que la IA generativa se utilice para aumentar la productividad y la eficiencia, así como para mejorar los cursos más rápido para atender niveles de competencia más altos, la situación actual plantea desafíos significativos para el campo y su rentabilidad.

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La Afip incautó más de 11 mil toneladas de granos valuadas en $900 millones

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La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), a través de la Dirección General Impositiva (DGI), realizó la mayor incautación de granos en la historia del organismo. Se trata de 11.733 toneladas de granos valuadas en más de $900 millones, incautadas durante un operativo de cubicaje llevado a cabo en la localidad de Colón, en la provincia de Buenos Aires. El total interdictado equivale a la carga de 397 camiones de transporte.

Durante las tareas de fiscalización se interdictaron 2812 toneladas de soja, 8192 toneladas de maíz, 729 toneladas de trigo y 596 metros cúbicos de silaje de maíz picado húmedo. Allí, funcionarios del organismo que conduce Carlos Castagneto detectaron que los granos no contaban con su correspondiente documentación respaldatoria, necesaria para determinar el origen y tenencia de la mercadería.

El establecimiento fiscalizado contaba además con un complejo de 12 silos de chapa y un silaje a piso, en el cual se alimentan y se crían en la actualidad un total de 1.749 cabezas de ganado bovino. 

Las tareas de fiscalizaciones fueron realizadas por funcionarios de la Dirección Regional Mercedes, y contó con el apoyo de la Policía de la provincia de Buenos Aires.

Por medio de estas acciones, las áreas especializadas en actividades agropecuarias de AFIP, focalizan sus esfuerzos para desarticular potenciales maniobras de evasión y garantizar el cumplimiento de la normativa vigente, evitando que los distintos actores de la cadena cometan irregularidades que redunden en competencia desleal para los productores genuinos.

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La Afip desbarató maniobras de evasión con granos por más de 300 millones

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La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), a través de la Dirección General Impositiva (DGI), desbarató maniobras de evasión con granos por más de 300 millones de pesos. Agentes del organismo conducido por Carlos Castagneto detectaron graves irregularidades durante una fiscalización presencial a una importante firma exportadora de la provincia de Córdoba. Los inspectores constataron faltantes por un total de 4.870 toneladas de cereal, equivalentes a la carga de 162 camiones, lo que dio lugar a multas millonarias y a la clausura del establecimiento.
La empresa, ubicada en la localidad cordobesa de Río Segundo, se dedica al procesamiento de granos para su posterior venta en el mercado externo. Las tareas de control sobre este operador de la cadena agrocomercial consistieron en el cubicaje de la mercadería almacenada. Como resultado de estas acciones, el personal de la AFIP comprobó que el stock real era menor al informado en los registros del organismo.
La diferencia con las existencias efectivamente encontradas asciende a 870 toneladas de maíz flint y 4.000 toneladas de maíz pisingallo, valuadas en más de 300 millones de pesos. En ese sentido, la firma fiscalizada no contaba ni había emitido la documentación que justificara el egreso de la mercadería o su incorporación a cualquier tipo de proceso productivo.
Las severas irregularidades desarticuladas por el personal de la DGI dieron lugar al cierre temporal del establecimiento, al tiempo que también se labraron actas de infracción.

Por otro lado, se estableció una fecha de audiencia para que el contribuyente ejerza su derecho a defensa en el ámbito administrativo y aportar las pruebas que considere pertinentes. A su vez, a partir de estas maniobras de evasión la AFIP realizará futuras fiscalizaciones para determinar si existieron operaciones marginales de comercialización de los granos.

Operativos en plantas de acopio bonaerenses
Además, la DGI llevó a cabo operativos en plantas de acopio de las localidades bonaerenses de Tres Arroyos y de De la Garma, en los que incautó otras 790 toneladas de granos, equivalentes a la capacidad de carga de 26 camiones y con un valor de mercado de 47,6 millones de pesos. Los establecimientos no contaban con la documentación correspondiente que respaldara el ingreso de los productos. Al no poder acreditar su origen, se procedieron a interdictar 479 toneladas de maíz, 192 toneladas de trigo y 118 de soja.

Controles en rutas del nordeste
Mientras tanto, en el nordeste la AFIP realizó controles en ruta a camiones que transportaban 240 toneladas de soja valuadas en 24 millones de pesos. En Saladas, provincia de Corrientes, y Subteniente Perín, provincia de Formosa, agentes del organismo detuvieron un total de 8 vehículos de carga que no contaban con carta de porte electrónica y cuyos remitentes carecían de capacidad operativa, económica o financiera para producir o comercializar la mercadería. Como resultado de esas tareas de constatación de validez de origen y de cotejo documental y registral, el personal de la DGI incautó las materias primas.
Las áreas de la AFIP especializadas en actividades agropecuarias focalizan sus esfuerzos para desarticular potenciales maniobras de evasión impositiva y garantizar el cumplimiento de la normativa vigente. De esta manera, el organismo busca evitar que los distintos actores de la cadena cometan irregularidades que redunden en competencia desleal para los productores legítimos.

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