Guerra en Medio Oriente

La guerra en Medio Oriente impacta en la economía argentina: energía más cara, presión inflacionaria y un posible impulso exportador

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La escalada militar en Medio Oriente tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero volvió a sacudir el tablero energético internacional y abrió un nuevo frente de incertidumbre para la economía argentina. El salto del precio del petróleo —que trepó USD 29,58, un aumento del 40,8%, y ya supera los USD 100 por barril— comienza a trasladarse a los combustibles locales y amenaza con alterar variables sensibles como inflación, salarios y actividad económica.

El fenómeno plantea una tensión clásica para economías emergentes como la argentina: el encarecimiento de la energía puede impulsar ingresos por exportaciones de petróleo y otros commodities, pero al mismo tiempo eleva los costos productivos, presiona sobre los precios internos y complica el equilibrio fiscal. La pregunta que empieza a recorrer despachos oficiales y análisis privados es si este shock externo terminará siendo un nuevo obstáculo para la estabilización económica o una oportunidad para sectores exportadores.

El movimiento ocurre además en un momento de fuerte heterogeneidad en la actividad local, con sectores que muestran señales de recuperación y otros que todavía enfrentan debilidad en el consumo y en los salarios reales.

Energía más cara: el impacto inmediato en precios, logística y subsidios

El aumento del petróleo ya empezó a sentirse en el mercado doméstico. Los combustibles registraron incrementos de entre 6% y 7%, con ajustes iniciales cercanos al 4% por parte de la petrolera estatal.

Ese traslado no queda limitado al sector energético. En Argentina, el 90% del transporte de cargas se realiza por camión, lo que convierte al gasoil en una variable clave para el costo logístico de la economía. Cuando sube el combustible, el impacto se expande rápidamente hacia la industria, el comercio y los alimentos.

La presión también se extiende a otros insumos energéticos. El encarecimiento del jet fuel repercute en el transporte aéreo y empuja el precio de los pasajes, mientras que el aumento del gas licuado de petróleo afecta tanto a hogares como a industrias que utilizan ese insumo en sus procesos productivos.

La cadena industrial tampoco queda al margen. El incremento del precio del gas y de los derivados petroquímicos eleva el costo de plásticos, resinas, fertilizantes y fibras sintéticas, productos que atraviesan múltiples sectores manufactureros, desde alimentos hasta textiles o autopartes.

En paralelo aparece un desafío para la política económica: el impacto fiscal. Un encarecimiento sostenido de la energía vuelve más delicado el esquema de subsidios. Si el Estado absorbe parte del shock para evitar aumentos tarifarios, el gasto público se incrementa; si lo traslada a tarifas, el costo energético recae directamente sobre hogares y empresas.

Un sistema energético todavía en transición

La estructura energética argentina introduce un matiz adicional. El país logró convertirse en exportador neto de energía a partir de la expansión del gasoducto que conecta la producción de Vaca Muerta con el sistema nacional. Sin embargo, esa mejora no eliminó completamente la dependencia de importaciones.

Durante el invierno, el sistema aún requiere compras de gas natural licuado (GNL) para cubrir picos de demanda. Si los precios internacionales se mantienen elevados, esas adquisiciones pueden encarecer la balanza energética y presionar sobre las cuentas públicas.

En otras palabras, el shock externo llega cuando la matriz energética argentina todavía se encuentra en un proceso de transición entre la dependencia histórica de importaciones y el nuevo rol exportador basado en el desarrollo del gas no convencional.

Exportaciones, tipo de cambio y riesgo financiero

El escenario global no ofrece únicamente riesgos. El encarecimiento de la energía y de otros commodities puede mejorar los ingresos de varios complejos exportadores.

Sectores como energía, minería y agro podrían beneficiarse de precios internacionales más altos, lo que incrementaría el ingreso de dólares por exportaciones. En un contexto donde la disponibilidad de divisas sigue siendo un factor crítico para la estabilidad macroeconómica, ese flujo adicional podría aportar un alivio parcial.

Además, un contexto internacional más volátil podría derivar en presiones cambiarias externas. Si se produjera algún ajuste en el tipo de cambio motivado por factores globales, ciertas ramas industriales orientadas a exportaciones ganarían competitividad.

Sin embargo, el escenario internacional también tiene riesgos financieros. La mayor incertidumbre global puede complicar la reducción del riesgo país y estimular movimientos de capital hacia economías consideradas más seguras, lo que tiende a mantener altas las tasas de interés en mercados emergentes.

Inflación, salarios y el impacto sobre el consumo

La variable que más preocupa en el frente doméstico es el traslado del shock energético a la inflación.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional señaló que un aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo puede sumar 0,4 puntos porcentuales a la inflación global y restar entre 0,1 y 0,2 puntos al crecimiento económico mundial. En economías con alta sensibilidad a los costos logísticos y energéticos, ese impacto suele amplificarse.

En Argentina, el encarecimiento de la energía puede modificar los precios relativos dentro de la economía, con efectos directos sobre el poder adquisitivo de los hogares.

El contexto salarial no ofrece demasiado margen de absorción. Según datos oficiales, los salarios registrados cayeron más de 2% en términos reales durante 2025. En diciembre de ese año, los ingresos crecieron 2% nominal, mientras que la inflación fue 2,8%, lo que profundizó la pérdida de poder de compra.

La caída es más marcada si se observa el período desde el cambio de gobierno. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, el salario real de los trabajadores registrados perdió 7,1%. Dentro de ese universo, el sector público acumuló una caída del 17,03%, mientras que el sector privado registró una baja del 1,55%.

Si el shock energético se traduce en mayor inflación, el salario real podría enfrentar una nueva presión en el corto plazo, con efectos directos sobre el consumo interno.

Un nuevo factor externo en una economía todavía frágil

El conflicto en Medio Oriente vuelve a exponer un rasgo estructural de la economía argentina: su vulnerabilidad frente a shocks externos, especialmente cuando provienen del mercado energético.

El desafío para la política económica será administrar una ecuación compleja. Por un lado, aprovechar el impulso que pueden ofrecer los precios internacionales más altos para las exportaciones. Por otro, evitar que el aumento de los costos energéticos termine erosionando la recuperación del consumo y del salario real.

En ese equilibrio se juega una parte importante de la dinámica económica de los próximos meses. El impacto final dependerá de variables que todavía están abiertas: la duración del conflicto internacional, la evolución de los precios de la energía y la capacidad del Gobierno para absorber —o trasladar— ese shock externo dentro de la economía local.

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EE.UU. bombardea la isla petrolera de Kharg y escala la guerra con Irán: Teherán amenaza con atacar puertos del Golfo

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La guerra en Medio Oriente dio un salto estratégico después de que Estados Unidos ejecutara un ataque aéreo masivo contra la isla iraní de Kharg, el principal centro de exportación de crudo del país. La operación fue confirmada por el propio presidente estadounidense, Donald Trump, quien afirmó que el Comando Central destruyó “más de 90 objetivos militares” en la isla durante la noche del viernes, en una de las ofensivas más contundentes del conflicto iniciado hace dos semanas.

Kharg es una franja de tierra de apenas ocho kilómetros frente a la costa iraní, pero su peso geopolítico es enorme: desde allí se gestiona aproximadamente el 90 % de las exportaciones petroleras de Irán. Por esa razón, el ataque no fue interpretado solo como una operación militar puntual, sino como una advertencia directa sobre la capacidad de Washington de presionar el corazón económico del país.

Trump sostuvo que las fuerzas estadounidenses “aniquilaron todos los objetivos militares” en la isla, aunque aclaró que decidió no destruir la infraestructura petrolera. Al mismo tiempo, lanzó una advertencia explícita: si Irán interfiere con el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, Estados Unidos podría reconsiderar esa decisión.

La respuesta iraní no tardó. Las fuerzas armadas de Teherán advirtieron que podrían atacar puertos y muelles en los Emiratos Árabes Unidos, a los que acusan de haber servido como plataforma para el lanzamiento de misiles estadounidenses. El mensaje incluyó una advertencia directa a las autoridades emiratíes y a la población cercana a las instalaciones portuarias.

La tensión, por lo tanto, dejó de limitarse a un intercambio militar bilateral y amenaza con expandirse a toda la infraestructura energética del Golfo.

El valor estratégico de Kharg y el cálculo militar de Washington

La ofensiva contra Kharg rompe un equilibrio que Estados Unidos había mantenido durante las primeras semanas de guerra. Hasta ahora, Washington había evitado atacar ese enclave, consciente de que un daño directo a la terminal petrolera podría desencadenar un shock energético regional.

Según el Comando Central estadounidense, la operación se concentró en instalaciones militares: depósitos de minas navales, búnkeres de almacenamiento de misiles y otras posiciones defensivas. La infraestructura petrolera quedó fuera del objetivo.

Las autoridades iraníes confirmaron que las operaciones petroleras continúan con normalidad. El vicegobernador de la provincia de Bushehr afirmó que las exportaciones, importaciones y actividades empresariales en la isla siguen en funcionamiento.

Ese detalle no es menor. Mantener intacta la capacidad exportadora permite a Washington aumentar la presión militar sin provocar una interrupción inmediata del mercado energético global.

Pero la advertencia presidencial abre un escenario distinto: si Irán bloquea el estrecho de Ormuz, el principal corredor marítimo de petróleo del mundo, la infraestructura petrolera podría convertirse en un objetivo militar directo.

Ese cálculo convierte al enclave petrolero en un elemento central de la disuasión.

La guerra se expande en la región

Mientras se profundiza el enfrentamiento entre Estados Unidos, Israel e Irán, el conflicto ya genera impactos en múltiples frentes regionales.

Las fuerzas iraníes sostienen que responderán contra los “orígenes de los lanzamientos de misiles”, incluyendo instalaciones ocultas en puertos o refugios dentro de ciudades emiratíes. Esa acusación coloca a los Emiratos Árabes Unidos en una posición particularmente delicada dentro de la ecuación militar.

El riesgo de escalada quedó reflejado pocas horas después, cuando un incendio se desató en el puerto de Fujairah tras la interceptación de un dron cuyos restos cayeron en un centro petrolero cercano al estrecho de Ormuz. Algunas operaciones de carga de petróleo fueron suspendidas temporalmente según reportes citados por agencias internacionales.

Bagdad

En paralelo, el conflicto también se amplifica en otros escenarios:

En Bagdad, un dron impactó en la embajada estadounidense dentro de la Zona Verde, provocando humo e incendio en el complejo diplomático.

Israel intensificó sus bombardeos en Líbano contra posiciones vinculadas a Hezbollah.

En Teherán, residentes denunciaron ataques cada vez más frecuentes contra comisarías y puestos de control vinculados a la Basij, la fuerza paramilitar que respalda al régimen.

La estrategia israelí, según declaraciones del primer ministro Benjamin Netanyahu, busca debilitar los aparatos de seguridad del régimen iraní y “crear las condiciones” para que la población pueda desafiar a sus líderes.

El costo humano y la dimensión regional del conflicto

A dos semanas del inicio de la guerra, el saldo humano muestra una escalada significativa. Estimaciones difundidas por CNN señalan que más de 2.000 personas —entre civiles y militares— han muerto en Medio Oriente desde el comienzo de las hostilidades.

Las cifras reportadas incluyen: Más de 1.300 fallecidos en Irán según su embajador ante la ONU. 773 muertos en Líbano por los ataques israelíes. Al menos 15 víctimas en Israel. 13 militares estadounidenses muertos en distintos episodios del conflicto.

Además, el gobierno iraní afirma que más de 42.914 instalaciones civiles han resultado dañadas por los bombardeos estadounidenses e israelíes, incluyendo 36.489 viviendas y 120 escuelas.

La crisis humanitaria también comienza a expandirse. Según la agencia de la ONU para los refugiados, hasta 3,2 millones de personas han sido desplazadas dentro de Irán.

Ese panorama transforma la guerra en un conflicto regional de múltiples frentes, donde las fronteras operativas entre Estados se vuelven cada vez más difusas.

Emiratos Árabes Unidos

El estrecho de Ormuz, el punto crítico que todos observan

La advertencia de Washington sobre el estrecho de Ormuz introduce una variable estratégica que puede redefinir el conflicto. Ese corredor marítimo concentra una parte significativa del transporte mundial de petróleo.

Si Irán decide bloquearlo o interferir con el tránsito de buques, el enfrentamiento podría pasar de una guerra regional a una crisis energética global.

Por ahora, Estados Unidos ha optado por una presión militar calibrada: atacar infraestructura militar clave sin afectar directamente las exportaciones petroleras.

Pero la advertencia presidencial sugiere que ese límite podría ser temporal.

Las próximas semanas mostrarán si la ofensiva contra Kharg fue un movimiento táctico dentro de una estrategia de contención o el inicio de una fase más amplia del conflicto en el Golfo.

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EE.UU. intensifica la guerra contra Irán y afirma haber atacado más de 6.000 objetivos

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La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán entró en su día 13 con un dato que sintetiza la magnitud de la escalada militar: Washington asegura haber atacado más de 6.000 objetivos dentro de territorio iraní desde el inicio de la ofensiva lanzada a fines de febrero. El número, confirmado por el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), refleja una campaña aérea y naval de dimensiones inéditas en la región reciente y marca el tono de una confrontación que ya desbordó el plano bilateral para proyectarse sobre todo Medio Oriente.

La operación militar, denominada “Furia Épica”, se desarrolla en coordinación con Israel y apunta —según el Pentágono— a debilitar las capacidades estratégicas del régimen iraní. Los blancos incluyen instalaciones militares, bases navales, centros de mando y sistemas de defensa aérea.

Detrás de la cifra de objetivos atacados se esconde una cuestión más profunda: si esta ofensiva constituye una operación limitada destinada a degradar el poder militar iraní o si se está configurando el inicio de una guerra regional de mayor escala. A trece días de hostilidades continuas, esa frontera comienza a difuminarse.

Una campaña militar de alta intensidad

El Pentágono sostiene que los ataques están dirigidos principalmente contra infraestructura militar estratégica considerada una amenaza para las fuerzas estadounidenses y sus aliados en Medio Oriente.

Durante los primeros días del conflicto, Washington ya había informado la destrucción de miles de objetivos militares, entre ellos sistemas de misiles, instalaciones logísticas y embarcaciones de la marina iraní. Con el avance de las operaciones, el número de blancos alcanzados superó la barrera de los seis mil, lo que revela una ofensiva sostenida que combina ataques aéreos, navales y operaciones coordinadas con Israel.

El objetivo declarado es desmantelar el aparato de seguridad del régimen iraní y reducir su capacidad de proyectar poder en la región, especialmente a través de redes de aliados y milicias.

Sin embargo, la dimensión de la campaña también tiene un impacto político: al involucrarse de manera directa y masiva en los ataques, Estados Unidos se coloca en el centro del conflicto regional, dejando atrás el esquema de confrontación indirecta que caracterizó durante años su relación con Teherán.

La respuesta iraní y el riesgo de expansión regional

Irán respondió con ataques con misiles y drones contra objetivos estadounidenses y aliados en el Golfo Pérsico, ampliando el perímetro del conflicto más allá del territorio iraní.

La Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber lanzado misiles balísticos hipersónicos Fattah contra centros de concentración de fuerzas estadounidenses en la carretera Sheikh Zayed, en Emiratos Árabes Unidos, y contra el aeropuerto Ahmad Al-Jaber en Kuwait.

En el mismo comunicado, difundido por la agencia Tasnim, Teherán aseguró haber atacado también el alojamiento de marines estadounidenses en la base Al-Dhafra, en Emiratos Árabes Unidos, así como bases móviles de Estados Unidos en Irak y un punto de concentración de fuerzas israelíes en Tel Aviv.

Este intercambio de ataques elevó la tensión en el Golfo Pérsico y en zonas cercanas al estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.

La participación indirecta de aliados regionales de Irán —incluidas milicias en Irak y Líbano— agrega un nuevo elemento de incertidumbre, porque multiplica los frentes de confrontación.

Israel amplía el frente contra Hezbolá en Líbano

Mientras la guerra se desarrolla en el frente iraní, Israel abrió otro eje de presión militar en el Líbano contra la milicia chií Hezbolá.

El Ejército israelí anunció una nueva oleada de ataques sobre Beirut, luego de ordenar evacuar una zona del centro de la capital libanesa cercana a la Universidad Saint Joseph.

Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron que los bombardeos apuntaron contra infraestructura de Hizbulá y posiciones de la Guardia Revolucionaria iraní, incluyendo depósitos de armas y cuarteles.

Según autoridades libanesas, uno de los ataques más recientes dejó al menos ocho muertos y 31 heridos, en lo que se considera el peor bombardeo sobre Beirut desde el inicio de la ofensiva aérea israelí.

En paralelo, Israel aseguró haber alcanzado 70 objetivos militares en la capital libanesa utilizando cerca de 200 municiones, mientras continúa con ataques desde el aire y el mar.

Netanyahu endurece su discurso y vincula la guerra con la política interna

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, elevó el tono político del conflicto y advirtió al Gobierno libanés que “juega con fuego” si permite que Hizbulá continúe operando desde su territorio.

El mandatario afirmó que Israel preferiría que el propio gobierno libanés desmantele la actividad de la milicia, pero dejó claro que, de no hacerlo, su país “se encargará de hacerlo”.

En la misma comparecencia, Netanyahu utilizó la coyuntura bélica para pedir la suspensión del juicio por corrupción que enfrenta en Israel. El líder sostuvo que el proceso judicial debería detenerse durante la guerra para permitirle concentrarse plenamente en la conducción del conflicto.

El caso introduce un componente político interno relevante: Netanyahu es el primer jefe de gobierno israelí procesado penalmente mientras ocupa el cargo, lo que convierte al conflicto en un escenario que también influye sobre la dinámica institucional dentro de Israel.

Un conflicto abierto y sin horizonte diplomático

A casi dos semanas del inicio de los ataques, el conflicto se desarrolla en múltiples frentes: bombardeos dentro de Irán, represalias en el Golfo, enfrentamientos con milicias regionales y operaciones militares en Líbano.

El dato de los más de 6.000 objetivos atacados refleja la intensidad de una campaña militar que, lejos de desacelerarse, parece expandirse geográficamente.

Analistas internacionales advierten que la guerra podría prolongarse durante semanas si ninguno de los actores decide reducir la presión militar. En ese contexto, la variable clave pasa por observar si otros aliados regionales de Teherán se involucran de manera directa o si la confrontación queda contenida en los frentes actuales.

Por ahora, la dinámica del conflicto muestra un patrón claro: cada ofensiva abre un nuevo frente y cada respuesta amplía el perímetro de la guerra.

El equilibrio regional, construido durante años sobre confrontaciones indirectas, parece haber entrado en una fase distinta. Pero aún es temprano para saber si se trata de una escalada puntual o del comienzo de un reordenamiento más profundo del poder en Medio Oriente.

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El peso argentino resiste el shock y entra en el top 5 de monedas más estables en medio de la guerra

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En medio de la escalada geopolítica en Medio Oriente y del salto en los precios del petróleo, el peso argentino aparece entre las monedas con mejor desempeño relativo frente al dólar. Mientras gran parte de las divisas del mundo registran fuertes depreciaciones por la búsqueda de refugio en activos seguros, la moneda local figura entre las cinco que menos se debilitaron desde el inicio del conflicto.

De acuerdo con datos de mercado, el ranking lo encabeza el shekel israelí, que se aprecia cerca de 0,7% frente al dólar. Luego se ubican el dólar canadiense, con una suba de 0,4%, y el dólar de Hong Kong, prácticamente estable. En cuarto lugar aparece la lira turca, con una depreciación de 0,3%, mientras que el peso argentino ocupa el quinto puesto, con una caída moderada de 0,4% desde el cierre de febrero.

Aunque el saldo es levemente negativo, el desempeño resulta destacado si se lo compara con el de otras monedas relevantes como el euro, el franco suizo o el yuan chino, que mostraron mayores caídas frente al dólar en medio de la incertidumbre global.

En América Latina, además, el peso argentino exhibe el mejor resultado relativo: divisas como el peso chileno, el sol peruano, el peso mexicano y el real brasileño acumulan depreciaciones que llegan hasta 5,3% en el mismo período.

Energía y materias primas, claves en la resistencia

Según el análisis de Guardian Capital, varias de las monedas que logran resistir la presión del dólar pertenecen a economías con fuerte vínculo con las materias primas, cuyos precios se dispararon tras las tensiones en el Estrecho de Ormuz, una ruta por donde circula cerca del 20% del petróleo comercializado en el mundo.

En el caso argentino, la diferencia radica en el cambio estructural del sector energético. Gracias a la expansión de Vaca Muerta, el país pasó de ser importador a exportador neto de energía, lo que mejora la balanza comercial cuando el petróleo sube.

En ese escenario, los mayores precios internacionales del crudo anticipan más ingreso de dólares vía exportaciones, lo que contribuye a sostener al peso.

El flujo de dólares y las tasas, otro sostén

El economista Gustavo Ber sostiene que la relativa estabilidad del peso también se explica por el flujo de ingreso de divisas al mercado local, junto con tasas de interés elevadas que siguen atrayendo capitales financieros.

Estos factores ayudan a amortiguar el impacto del fortalecimiento global del dólar, impulsado por la búsqueda de refugio de los inversores en momentos de incertidumbre internacional.

Desde el equipo económico del Gobierno también minimizan el impacto del conflicto. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó desde Nueva York que la guerra en Medio Oriente no generó presión significativa sobre el mercado cambiario.

“Estamos ante uno de los mayores shocks externos de los últimos tiempos y el dólar no se movió. Lo importante es tener una macro sólida. En otro contexto, hubiera generado una debacle”, sostuvo.

La intervención del Banco Central

Los analistas de GMA Capital señalan que el comportamiento del peso también estuvo influido por la actividad del Banco Central en los mercados financieros.

Durante la última semana, la autoridad monetaria moderó el ritmo de compras de reservas, con un promedio cercano a US$62 millones diarios, mientras en el mercado de futuros de dólar se registraron volúmenes elevados de contratos en el corto plazo y una baja en las tasas implícitas, señales que sugieren intervenciones oficiales para limitar la presión alcista sobre el tipo de cambio.

Agro y energía: los dólares que vienen

Hacia adelante, el desempeño del peso dependerá en gran medida de cuánto se prolongue la tensión global. Sin embargo, el mercado anticipa que la oferta de divisas podría fortalecerse en los próximos meses.

La soja, principal fuente de ingreso de dólares del país, sube cerca de 6% desde el inicio del conflicto y acumula un avance de 17% en lo que va del año, con precios cercanos a US$450 por tonelada. Las exportaciones del complejo agroindustrial podrían ubicarse entre US$34.000 millones y US$36.000 millones en 2026.

A esto se suma el sector energético. En 2025 la balanza comercial energética registró un superávit récord de US$7.800 millones, y las proyecciones para este año, antes del conflicto, estimaban entre US$8.000 millones y US$10.000 millones. Con el petróleo en alza, el ingreso de divisas podría superar esas previsiones.

Un escenario todavía desafiante

Pese a la resiliencia reciente, el panorama cambiario sigue condicionado por la evolución del conflicto global. Si la tensión se prolonga, el equipo económico podría intensificar su presencia en el mercado de futuros de dólar para moderar eventuales presiones.

Mientras tanto, el Gobierno apuesta a que la combinación de mayor oferta de dólares del agro, exportaciones energéticas en expansión y tasas altas continúe sosteniendo la estabilidad relativa del peso frente a un contexto internacional volátil.

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Turistas varados en Vietnam por el conflicto en Medio Oriente: un economista argentino relata el caos aéreo global

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La escalada bélica en Medio Oriente comenzó a sentirse con fuerza también en los aeropuertos del sudeste asiático. El cierre de rutas aéreas y las restricciones operativas en el Golfo Pérsico dejaron a miles de pasajeros varados en distintos países, entre ellos el economista argentino Alejandro Rodríguez, quien vivió durante años en Misiones y actualmente reside en Madrid.

Rodríguez se encuentra en Vietnam desde hace una semana junto a familiares y asegura que la situación se volvió crítica cuando se suspendieron los vuelos hacia Abu Dabi, uno de los principales nodos de conexión entre Asia y Europa.

Un viaje que terminó en incertidumbre

Rodríguez había viajado al sudeste asiático de vacaciones junto a un grupo de primos que viven en España. El recorrido incluía Tailandia y Vietnam antes del regreso a Europa.

“Vinimos con mis primos desde España. Yo vivo en Madrid y ellos en Galicia. Primero estuvimos en Tailandia y después viajamos a Vietnam. Justo cuando estábamos en ese traslado empezaron a aparecer todas las noticias sobre lo que estaba pasando en Medio Oriente, los aeropuertos cerrados y las advertencias de las aerolíneas”, relató.

Con el paso de los días, la incertidumbre fue creciendo. “Al principio parecía algo pasajero, pero empezamos a darnos cuenta de que se podía complicar más”, explicó.

Cancelaciones en cadena

El punto crítico se produjo este lunes en el aeropuerto internacional de Hanói, cuando pasajeros que ya estaban realizando el check-in fueron informados de que el vuelo hacia Abu Dabi no saldría.

“Nos sacaron a todos cuando ya estábamos haciendo el check-in. Nos dijeron que el aeropuerto de Abu Dabi se había complicado, que estaba cerrado y que solo estaban operando vuelos especiales de repatriación”, contó.

La escena fue caótica. “Había franceses, alemanes, polacos, italianos, españoles… de todas partes. El avión ni siquiera salió lleno, salió medio vacío, pero sin pasajeros que iban para Europa”.

Rodríguez viajaba con la aerolínea Etihad, cuya base está precisamente en Abu Dabi. La respuesta de la compañía, afirma, fue tajante.

“Directamente nos dijeron: les reembolsamos el pasaje, búsquense otro billete. No hubo cambio ni reprogramación porque no saben cuándo se va a volver a operar”.

El impacto global del cierre del Golfo

El economista advierte que la interrupción de los vuelos en Medio Oriente tiene un impacto directo en las conexiones entre Asia y Europa.

“Desde el sudeste asiático es un gran problema lo que está pasando en Medio Oriente porque todo pasa por ahí”, explicó.

Las aerolíneas del Golfo —Etihad, Emirates y Qatar Airways— funcionan como nodos centrales del tráfico aéreo global.

“Son algunas de las líneas más importantes del mundo y están en un punto neurálgico. Si se afecta ese corredor, se complica todo”.

La consecuencia inmediata es el aumento explosivo de los precios de los pasajes.

“Hay vuelos de 3.000 o 4.000 euros para volver a Europa, por rutas rarísimas”, señaló.

Una ruta alternativa de casi dos días

Ante la incertidumbre, Rodríguez decidió adelantarse a los acontecimientos y buscar una alternativa por cuenta propia.

“El sábado vi que la situación se podía complicar. Cerré los ojos, saqué la tarjeta de crédito y compré otro pasaje”, relató.

La solución fue una ruta extremadamente larga:
Vietnam → China → Estados Unidos → Madrid.

“Voy a tardar casi dos días en llegar. Pero volver por el lado oeste es prácticamente la única opción que queda”.

Según explicó, si no hubiera tomado esa decisión anticipadamente, hoy sería prácticamente imposible conseguir un vuelo a un precio razonable.

Sin asistencia oficial

Rodríguez asegura que, al menos hasta ahora, la resolución de la situación depende casi exclusivamente de los propios pasajeros.

“No hubo ayuda de la embajada ni ningún tipo de asistencia directa. Todo lo tuvimos que resolver por nuestros propios medios”, afirmó.

Junto a sus familiares intentó buscar alternativas en consulados y organismos diplomáticos, pero sin resultados concretos.

“Fuimos a la embajada y tratamos de movernos por distintos lugares, pero la situación es muy compleja”.

Aeropuertos tensionados

En el aeropuerto de Hanói, la escena reflejaba el impacto global de la crisis.

“Había gente muy nerviosa, otros que trataban de buscar soluciones rápido y algunos que simplemente se resignaban”, describió.

La reacción de los pasajeros fue diversa.

“Hay gente que se desespera, otros que se lo toman con calma. Algunos dicen ‘me quedo más días’, porque Vietnam es barato”.

En efecto, muchos turistas optan por permanecer en el país hasta que se normalicen las rutas aéreas.

“Aquí puedes encontrar alojamiento por 10 o 15 euros. Para un europeo es muy barato”, explicó.

Un problema logístico mundial

Rodríguez considera que el episodio demuestra hasta qué punto el transporte aéreo global depende de unos pocos corredores estratégicos.

“Cuando uno viaja tan lejos se da cuenta de lo dependiente que es todo del Golfo. Si ese corredor se corta, se complica para todo el mundo”.

Mientras él logró encontrar una salida alternativa, varios de sus familiares continúan varados en Vietnam a la espera de nuevas opciones de vuelo.

“Lo importante ahora es poder regresar. Pero la verdad es que hoy en el aeropuerto se vio claramente que la situación es grave y que va a llevar varios días volver a la normalidad”.

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