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Francia reconoce a Palestina en una sesión de la ONU

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El anuncio de Macron se suma al paso similar que han dado el Reino Unido, Canadá y Australia, además de cinco países europeos

Francia ha reconocido oficialmente el Estado Palestino este lunes en la ONU como respuesta rotunda a la masacre de Israel en Gaza. “Ha llegado el momento de la paz”, ha asegurado el presidente de la República, que ha añadido: “Estamos muy cerca de no poder conseguirla. No podemos esperar más”. Tras las palabras de Emmanuel Macron, un aplauso se ha escuchado en la sala donde se reúne habitualmente la Asamblea General de la ONU, en una reunión convertida en un clamor global por la solución de los dos Estados.

“Este reconocimiento es una forma de afirmar que el pueblo palestino no es un pueblo de más. Al contrario, es un pueblo que nunca dice adiós a nada”, ha justificado su decisión citando unos versos del poeta palestino Mahmud Darwish. “El reconocimiento de los derechos legítimos del pueblo palestino no resta nada a los derechos del pueblo israelí, que Francia ha apoyado desde el primer día”, ha continuado. El reconocimiento francés, punta de lanza de los 142 países que en julio firmaron la llamada declaración de Nueva York en apoyo de la solución de dos Estados, es también “una derrota para Hamás”, ha subrayado el mandatario francés, en contraposición a lo que sostienen las autoridades israelíes, que consideran que el apoyo global a Palestina “es una gran recompensa” para la milicia islamista.

En un discurso equilibrado al milímetro, con continuos guiños a Israel, pero también agudas exhortaciones —en especial, a poner fin a sus operaciones militares en la Franja—, Macron ha citado con nombres y apellidos a rehenes franco-israelíes, pero también a víctimas palestinas, en un ejercicio de pretendida neutralidad que los asientos vacíos de la delegación israelí han pretendido cuestionar.

“Es hora de liberar a los 48 rehenes que siguen en poder de Hamás y de poner fin a la guerra, las masacres y la población [palestina] que huye”, ha dicho Macron, haciendo responsable a la comunidad internacional, Francia incluida, del fracaso que supone no haber sido capaces de lograr la paz en Oriente Próximo en décadas, algo que pusieron en evidencia “los ataques terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023″.

“El derecho debe imperar sobre la fuerza (…) Nunca hemos fallado a Israel en nuestro compromiso, pero nada justifica que continúe la guerra en Gaza”, pues Hamás “ha sido debilitado de manera considerable”. De nuevo, otra refutación de lo que asegura el Gobierno israelí, quien asegura que no se detendrá hasta aniquilar a la milicia islamista.

La decisión de reconocer a Palestina, largamente debatida y amasada políticamente durante meses, ha sido una batalla de Macron, que ha arrastrado a una decena de países más —con el Reino Unido como el más destacado— a emprender el mismo camino, y a los que este lunes ha citado uno por uno, con especial referencia a la senda iniciada en 2024 “por España, Irlanda, Noruega y Eslovenia”. En total, “142 países [los firmantes de la llamada declaración de Nueva York, emitida en julio por la conferencia de dos Estados] optan por la paz” y no por la guerra, aunque, dijo Macron para terminar su alocución tras recordar el asesinato del primer ministro Isaac Rabin, uno de los artífices de los Acuerdos de Oslo de 1993, “la paz es mucho más exigente y difícil que todas las guerras, pero ha llegado el momento”.

Con esta oleada de reconocimientos, son cuatro de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad los que están a favor de crear un Estado palestino. Los otros dos son China y Rusia, con Estados Unidos como único miembro en contra de ese paso simbólico. Más allá del Consejo de Seguridad, y de los 142 firmantes de la declaración de Nueva York en apoyo de los dos Estados, casi 160 de los 193 países que integran de la ONU consideran a Palestina un Estado.

La proclamación de Macron ha tenido lugar en la Conferencia de Alto Nivel para la Solución Pacífica de la Cuestión de Palestina y la Aplicación de la Solución de Dos Estados, una iniciativa de la ONU copatrocinada por Francia y Arabia Saudí que se lanzó en julio y en la que, por primera vez, el bloque árabe pidió a la milicia islamista Hamás que deje las armas y abandone el poder en Gaza. Este es uno de los puntos de la hoja de ruta que la comunidad internacional desearía aplicar tras la guerra de Gaza.

En su mensaje, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha subrayado la sensación de urgencia que rodea a la conferencia por la evolución de la ofensiva israelí en Ciudad de Gaza y el desplazamiento forzado de la población palestina. “La situación es moral, jurídica y políticamente intolerable. [Por eso] Debemos volver a comprometernos con la solución de dos Estados antes de que sea demasiado tarde”, ha dicho. Mientras, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha utilizado el término genocidio para definir la ofensiva israelí contra Gaza. “Si el reconocimiento del Estado de Palestina es urgente, lo es aún más que exista un pueblo palestino en el Estado que pretendemos reconocer, y lamentablemente el pueblo palestino está siendo aniquilado. Por eso, en nombre de la razón, en nombre del derecho internacional y en nombre de la dignidad humana, tenemos que parar esta matanza ya”, ha dicho. “En este preciso momento las bombas siguen cayendo indiscriminadamente sobre la población gazatí y el hambre mata a mujeres, a ancianos y a niños. Hoy damos un paso crucial al reivindicar la solución de los dos Estados en esta conferencia. Pero seamos claros, no hay una solución posible cuando la población de uno de esos dos estados es víctima de un genocidio. Todos sabemos que la única esperanza de los civiles en Gaza es saber que el mundo no les olvida, y esta conferencia alimenta esa esperanza. Es un acto de rebeldía moral ante la indiferencia y ante el olvido”. El jefe del Ejecutivo español propuso que Palestina sea miembro de pleno derecho de la ONU —es desde 2012 Estado observador— y la adopción inmediata de medidas “para frenar la barbarie y hacer posible la paz”.

La iniciativa de Macron es un claro tanto de la diplomacia francesa y su papel en el mundo; a la hora de escenificarla, el presidente presidió incluso la sesión, sentado entre los representantes de su país y Arabia Saudí, copatrocinadores de la conferencia, y bajó al atril para pronunciar su discurso, aplaudido en varias ocasiones. Un gesto muy significativo en una convocatoria especial, la del 80º aniversario de Naciones Unidas.

El presidente francés ha estado preparando la declaración en los últimos meses. Desde que anunció su intención a mediados de julio ha conseguido sumar a otros países. Su presencia en la sala de la Asamblea General, apenas distinguible entre un enjambre de cámaras, contrastaba con el vacío de los asientos de la delegación israelí. El secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, manifestó que su país “rechaza enérgicamente” la decisión francesa, que califica de “irresponsable”.

Tres importantes socios y aliados de EE UU (Canadá, el Reino Unido y Australia) reconocieron el domingo a Palestina como Estado, una declaración a la que se sumó Portugal. La iniciativa anglosajona incomoda más a Washington que la francesa, por los estrechos lazos —desde los intercambios comerciales a la cooperación en seguridad— que tradicionalmente mantiene con esos tres socios. España ya había tomado esa decisión en mayo de 2024.

Junto con Francia, a la que este lunes se han sumado cinco países (Bélgica, Malta, Andorra, Luxemburgo y San Marino), el paso al frente dado por Canadá y el Reino Unido es especialmente significativo, al producirse en el seno del G-7, el grupo de las economías más desarrolladas del mundo.

En Francia, el rechazo a la iniciativa se ha hecho notar entre las filas de la derecha y la ultraderecha. Pero también en algunos sectores de la izquierda socialista cercanos a la comunidad judía, muy influyente en Francia.

La paradoja es que entre los mayores defensores de Israel y de las políticas de su primer ministro, Benjamín Netanyahu se encuentra el Reagrupamiento Nacional (RN). El partido de Marine Le Pen fue fundado por exmiembros de la SS y su primer líder (Jean-Marie Le Pen, padre de su actual jefa) fue condenado varias veces por antisemitismo. Sin embargo, la ultraderecha ha creído encontrar en la matanza de Gaza un relato común al de Israel, aunque en su caso el apoyo al Estado judío se explica más por cuestiones próximas al rechazo de los inmigrantes musulmanes en Francia que por cercanía a Netanyahu.

El ministro de Asuntos Exteriores dimisionario, Jean-Noël Barrot, consideró, horas antes de la formalización de la decisión, que este lunes es “un gran día para la paz” y que el reconocimiento de Palestina supone “una victoria diplomática mayor para Francia”. “La decisión es simbólica, inmediata, política, y demuestra el apego de Francia a la solución de dos Estados. Su aplicación será progresiva y estará condicionada a elementos sobre el terreno, entre ellos la liberación de los rehenes”, detalló Barrot.

Uno de los dos principales cambios en estos dos años que justifican el reconocimiento del Estado palestino, según el Elíseo, es que han variado “los objetivos declarados por Israel” con su ofensiva en Gaza, pero también el salto que ha dado el Gobierno de Netanyahu en la colonización de Cisjordania. En el entorno de Macron creen que “la anexión de Cisjordania es una línea roja clara” porque sería “una de las medidas que más gravemente comprometería la perspectiva de una solución de dos Estados”.

Este gesto simbólico y político también encuentra su origen en la respuesta a la carta que Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, envió el 10 de junio a Macron y a Mohamed Bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí. En dicha misiva, el dirigente palestino denunció la masacre del 7 de octubre de 2023 cometida por Hamás, defendió la desmilitarización de esa milicia islamista y prometió renovar la gobernanza de la Autoridad Palestina.

En Francia, decenas de Ayuntamientos gobernados por los socialistas han izado este lunes la bandera palestina. La iniciativa ha vuelto a levantar ampollas en un país muy dividido por la cuestión, que a menudo se interpreta como un apoyo a Hamás. “Reconocer a un Estado de Palestina no constituye un gesto que favorezca a Hamás”, señaló el secretario general del Partido Socialista, Olivier Faure. “Recuerda que no estamos dispuestos a aceptar la idea de que exista un Gran Israel” desde “el Mediterráneo hasta el río Jordán”, insistió. “Esa bandera no es la bandera de Hamás, es la bandera de mujeres y hombres que también tienen derecho a la libertad y a la autodeterminación”, insistió.

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Reino Unido, Canadá y Australia reconocieron al Estado palestino, en un quiebre de la política exterior

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Este cambio radical en las grandes potencias generó la indignación de Israel. Benjamín Netanyahu prometió luchar contra la falsa propaganda dirigida a su país.

El Reino Unido, Canadá y Australia reconocieron este domingo al Estado de PalestinaEste cambio radical en la política exterior de estas grandes potencias generó la indignación de Israel. En un contexto marcado por la recrudecimiento de la ofensiva militar en la Franja de Gaza, iniciada tras el ataque de Hamás en 2023, varios países aliados de Israel han dado el paso simbólico de reconocer al Estado palestino.

El Reino Unido y Canadá se convirtieron en los primeros países del G7 en dar este paso. La decisión se tomó un día antes de la cumbre copresidida por Francia y Arabia Saudita al margen de la Asamblea General de la ONU, en donde se abordará la solución de los dos Estados. En este encuentro, una decena de países confirmarían el reconocimiento formal del Estado palestino

Histórico aliado de Israel, el Reino Unido dio el paso en un quiebre de décadas de política exterior. El primer ministro británico, Keir Starmer, declaró que el reconocimiento del Estado de Palestina buscó “revivir la esperanza de paz entre palestinos e israelíes, y una solución de dos Estados”. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, afirmó que este anuncio “constituye un paso importante y necesario para lograr una paz justa y duradera de acuerdo con la legitimidad internacional”.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, declaró en X que su país “reconoce al Estado de Palestina y ofrece su colaboración para construir la promesa de un futuro pacífico tanto para el Estado de Palestina como para el Estado de Israel”. Australia se unió a la medida y el primer ministro, Anthony Albanese, declaró que su país “reconoce las legítimas y prolongadas aspiraciones del pueblo de Palestina de tener un Estado propio”.

Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, prometió “luchar, tanto en la ONU como en todos los demás ámbitos, contra la falsa propaganda” dirigida a su país y contra “los llamados para la creación de un Estado palestino, que pondría en peligro nuestra existencia y serviría como un absurdo premio al terrorismo”.

En respuesta al anuncio de estas grandes potencias, el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, afirmó que este reconocimiento “requiere medidas inmediatas” y detalló en primer lugar “la rápida aplicación de la soberanía en Judea y Samaria”, un término que designa a Cisjordania. Ben Gvir también pidió “el desmantelamiento completo de la Autoridad Palestina”.

El viceprimer ministro británico, David Lammy, quien representará a Reino Unido en la Asamblea General de la ONU, denunció la expansión de la colonización en los territorios palestinos. “Debemos mantener viva la perspectiva de una solución de dos Estados, actualmente en peligro, no solo por el conflicto en Gaza, sino también por la violencia y la expansión de la colonización”, declaró.

Finalmente, la cancillería de Portugal confirmó el viernes que el país “reconocerá al Estado de Palestina”.

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Ucrania celebra su independencia bajo la sombra de la guerra: en Posadas rezarán por el regreso de los niños secuestrados

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Este 24 de agosto, Ucrania conmemorará el 34° aniversario de su independencia de la Unión Soviética, proclamada en 1991 por decisión del pueblo ucraniano. Pero a diferencia de aquel histórico momento de recuperación soberana, el país vive hoy uno de los períodos más oscuros de su historia reciente, marcado por la invasión rusa y una agresión a gran escala que ha dejado muerte, destrucción y millones de desplazados.

En ese contexto, un capítulo especialmente doloroso ha despertado la condena de la comunidad internacional: el secuestro de niños ucranianos por parte de las fuerzas rusas. Según diversas agencias internacionales, más de 20.000 menores fueron separados de sus familias y trasladados a territorios rusos, donde son ingresados en campos de reeducación o dados en adopción a familias rusas, en un intento por borrar sus raíces. Aunque cerca de 400 niños ya lograron regresar con sus padres, el reclamo por su restitución sigue siendo un clamor global.

Un homenaje con plegarias en Posadas

En la ciudad de Posadas, la comunidad ucraniana también dirá presente en esta fecha tan significativa. La Parroquia San Vladimiro, junto a la Asociación Ucraniana de Posadas, convocaron a una ceremonia litúrgica que tendrá lugar el sábado 23 de agosto, desde las 19:30, en el templo ubicado sobre la calle Rademacher.

La Divina Liturgia será presidida por el reverendo padre Guillermo Andrujovich y estará dedicada tanto a la memoria de la independencia ucraniana como a la esperanza del regreso de los niños secuestrados. Bajo el lema “Rezamos por el regreso de los niños secuestrados por Rusia”, la comunidad elevará sus plegarias por una Ucrania libre, pacífica y reunida con sus hijos.

A 34 años de haber recuperado su soberanía, el pueblo ucraniano enfrenta nuevamente el desafío de defender su identidad. Y desde cada rincón del mundo donde flamea su bandera, como en Misiones, se renueva el compromiso de acompañarlos en esa lucha.

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Trump propone reunión Putin–Zelensky y reconfigura el tablero de paz en Ucrania

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encabezó este lunes en la Casa Blanca una reunión clave con Volodymyr Zelensky y varios mandatarios europeos, en un intento por avanzar hacia un acuerdo de paz en Ucrania tras el encuentro fallido con Vladimir Putin en Alaska. El giro en la postura de Washington sobre un alto el fuego y las demandas de seguridad de Europa dominaron la agenda.

El 18 de agosto de 2025, apenas tres días después de su encuentro con Vladimir Putin en Alaska, Trump recibió en la Casa Blanca al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, acompañado por líderes europeos como Emmanuel Macron (Francia), Keir Starmer (Reino Unido), Frederich Merz (Alemania), Georgia Meloni (Italia) y Ursula von der Leyen (Comisión Europea), además del secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

La cumbre buscó recomponer posiciones tras la falta de resultados en Alaska, donde Trump reconoció avances pero no logró un acuerdo de alto el fuego. El trasfondo de esta reunión: la presión europea para que Washington no abandone la línea de defensa de Kyiv y el temor a un rediseño geopolítico que deje a Europa en desventaja.

Contenido de la reunión: cuatro definiciones centrales

1. Trump propone un encuentro directo Putin–Zelensky

En un movimiento inesperado, Trump anunció que inició preparativos para una reunión bilateral entre Putin y Zelensky en un lugar aún por definir. Según dijo en Truth Social: “Después de esa reunión, tendremos un Trilat, en el que participarían los dos presidentes y yo”.
El Kremlin confirmó la llamada telefónica entre Trump y Putin, describiéndola como “constructiva” y abierta a elevar el nivel de las negociaciones, que hasta ahora se habían limitado a acuerdos humanitarios.

2. Cambio de postura sobre el alto el fuego

Trump se alejó de la narrativa occidental al sostener que un cese al fuego “no es necesario” y que podría ser “estratégicamente desventajoso para una de las partes”. Esta declaración marca un quiebre con la OTAN y con Ucrania, que ven en el alto el fuego un paso indispensable.
Para analistas, esta posición acerca a Washington a Moscú, que exige un acuerdo político integral antes de cualquier cese de hostilidades.

3. Garantías de seguridad para Ucrania y Europa

Trump prometió ofrecer a Ucrania “muy buena protección” en caso de un acuerdo de paz, aunque evitó precisar qué tipo de respaldo implicaría. Zelensky y líderes europeos presionaron por garantías colectivas, similares al Artículo 5 de la OTAN, según adelantó el enviado especial de Trump, Steve Witkoff.
La idea abre un debate mayor: ¿hasta dónde llegará Estados Unidos en compromisos que también implican la seguridad del continente europeo frente a Moscú?

4. Una reunión más cordial y estratégica

A diferencia del tenso encuentro de febrero, esta vez Zelensky buscó generar un clima cordial, incluso bromeando con la prensa sobre su vestimenta formal. Entregó a Trump una carta de Olena Zelenska destinada a Melania Trump, gesto que fue interpretado como un intento de suavizar la relación con la administración republicana.

El tablero político internacional

El protagonismo de Trump en la mesa de negociación refleja su intención de reposicionar a Estados Unidos como mediador directo en el conflicto, desplazando parcialmente a la OTAN y a la Unión Europea. Para Zelensky, aceptar la propuesta de diálogo con Putin implica un dilema: abrir una puerta a la paz, pero bajo términos definidos en Washington y Moscú.

Los líderes europeos, por su parte, se desplazaron de urgencia a Washington para evitar que Trump configure un acuerdo bilateral con Rusia que erosione la seguridad continental.

La reunión dejó más preguntas que respuestas. Trump insinuó un nuevo formato trilateral (EE.UU.–Rusia–Ucrania) que podría dejar a la UE en segundo plano. Mientras tanto, la promesa de garantías de seguridad para Kyiv abre un complejo debate legislativo y militar en Estados Unidos, con impacto en la OTAN.

El próximo hito será la posible cumbre entre Putin y Zelensky, que marcaría un punto de inflexión en la guerra iniciada en febrero de 2022. Europa observa con cautela: un acuerdo de paz bajo términos desfavorables para Ucrania podría significar un precedente peligroso para la seguridad del continente.

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Los dueños del mundo

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Alaska, gélida e inhóspita tierra que alberga a la cumbre de líderes más importante del siglo XXI: Vladimir Putin y Donald Trump. En un momento clave de la historia, este encuentro demuestra mucho más que la esperanza de un futuro inmediato de cierta paz en el viejo continente, sino que, además, es una clara exposición del poder real del mundo.

Alaska, ¿tierra de paz?

Ambos mandatarios se reunieron por una premisa general y es la de lograr cierto acuerdo que conlleve a una paz lo más duradera posible en Ucrania.

Bases, condiciones, territorio y, sobre todo, salvaguardar vidas, son los ejes de este encuentro. Cierto es que la guerra en Ucrania se cobró muertes a granel y una herida que difícilmente cierre en lo inmediato y es una preocupación que Trump planteó desde su plataforma preelectoral, y hoy es uno de sus desafíos de mayor trascendencia a cargo de la potencia americana.

Para Putin parece ser un momento adecuado para comenzar a establecer puentes de diálogo directo y cierta parsimonia diplomática, tras los turbulentos años de Joe Biden y el apoyo irrestricto a Zelenski en su ensimismada decisión de intentar hacerle frente al gigante ruso en el campo de batalla.

¿Qué puede resultar de esta reunión? Sin hacer futurologia y nada por el estilo, simple análisis y opinión, comienzan a alinearse las bases para establecer los acuerdos finales de intervención en Ucrania que pueda garantizar el alto al fuego. Uno habla de intervención porque todos los caminos conducen a que, de una u otra forma, el país ucraniano va a terminar bajo la determinación de alguna potencia extranjera, algo que puede dañar sensiblemente al tejido social.

La primera reacción que se puede esperar de este encuentro son los posibles términos de partición y ocupación de Ucrania. Es sabida la situación que Kiev le debe mucho dinero a Washington por haber financiado la máquina bélica desde febrero de 2022, cifra que podría rondar los 100 millones de dólares, algo imposible de pagar para un país pobre devastado por la guerra. Paralelamente a esto, EEUU ya se aseguró la creación de un Fondo de Inversión y Reconstrucción, lo que le garantiza el acceso a los recursos naturales ucranianos, entre ellos los minerales de las famosas tierras raras que tiene dicho país. Esto, de concretarse, es lisa y llanamente una ocupación territorial.

Por el lado ruso, parece fácil detectar cómo se daría la hipotética ocupación. El famoso Donbás, regiones como Zaporiyia, Donetsk, Lugansk y Jerson son disputas claras en el panorama bélico y de las cuales Rusia no pretende salir de allí. Hay que recordar que parte del argumento ruso para iniciar las hostilidades en suelo ucraniano fue la persecución a los rusoparlantes en la zona del Donbás, lo cual da una característica cultural que podría servir como fundamento para la ocupación final. Además de eso, hay fines geopolíticos que determinan el exacerbado interés ruso por el suelo ucraniano. Además de la explotación de recursos naturales y las tierras raras, la hegemonía del Mar Negro es fundamental para el Kremlin. Con esto podría garantizar la maximización de sus exportaciones durante todo el año, sin tener que llevar a millonarias inversiones para usar las gélidas aguas del norte. Es un negocio redondo para Putin.

El trasfondo del encuentro

Así como Ucrania parece ser el eje principal, dentro de otros tantos de índole geopolítico, en la cumbre Putin – Trump, también es Ucrania el invisibilizado de la situación. Parece difícil de creer, pero uno de los países beligerantes no forma parte de la mesa de situación, debate y búsqueda de salida pacífica al conflicto armado.

El mensaje es claro: Ucrania no juega en la misma liga que EEUU y Rusia. Tal y como si se tratase de una discusión futbolera en algún bodegón o café argentino, Moscú y Washington representan a los grandes y Kiev a un equipo que no se acerca ni a los puestos de clasificación a las copas.

Esta es una postura tomada por Trump desde lo discursivo pero también desde sus acciones, trazando un camino de hechos que lleva a entender que para el republicano, Ucrania es un país con quien no discute a la par y que aprovechó las oportunidades generadas por una pésima lectura geopolítica del gobierno de Joe Biden. De hecho, el tenso desplante en conjunto con declaraciones explosivas que dio en su momento Trump frente a Zelenski fueron la gráfica perfecta para demostrar cuál es el valor que le da a Ucrania.

La reacción del mundo es algo interesante de ver. Para Europa es el declive absoluto en términos de hegemonía. Demostraron una total ligereza y falta de acción ante un conflicto armado en su territorio. Pese a escritos apoyos y envíos militares a Ucrania, cuando Putin les cortó el gas y cuando Trump anunció el cese de envío de armas a Ucrania, quedó al desnudo la absoluta incompetencia en el tablero geopolítico.

Esa falsa sensación de ser la capital cosmopolita del mundo, ayudada por la industria de la mega comunicación y explotada desde la globalización, quedó muy relegada por la incontenible crisis migratoria y ahora por la evidente falta de desarrollo militar y de posicionamiento comercial, como si lo tiene EEUU, Rusia, China, India y un puñado más de países. Europa se comió el cuento de la autonomía, solo para darse cuenta que era un simple dependiente de Washington y de Moscú.

A fin de cuentas, entre toda esta bacanal de poder del encuentro entre Putin y Trump, parecen ser los ucranianos de a pie, los civiles, quienes terminan pagando todos los platos rotos. Un pueblo pujante y con esperanzas pero conducidos a una guerra que nunca iban a ganar.

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