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La posible hambruna que generará una nueva catástrofe mundial

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La guerra está empujando a la hambruna a un mundo cuya situación era frágil; corregirla es tarea de todos, y es del interés de todos.

La invasión a Ucrania, puede provocar un golpe en la alimentación global ya debilitada por la pandemia, el cambio climático y la crisis energética. Las exportaciones de cereales y oleaginosas de Ucrania están frenadas, y las de Rusia están en jaque por las sanciones. Ucrania tiene prácticamente frenadas sus exportaciones de cereales y oleaginosas, por su lado Rusia está en jaque por las sanciones.

Estos dos países suministran el 12% de las calorías que se intercambian globalmente. El precio del trigo, subió un 53% desde principios del año pasado, experimentó un salto adicional del 6% el 16 de mayo, cuando India anunció la suspensión de sus exportaciones, por una alarmante ola de calor en la región.

No es que solamente aumenta la calidad del costo de vida, con esto no basta para dimensionar la gravedad de lo que viene. António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, advirtió el 18 de mayo que el mundo “enfrenta el fantasma de una escasez global de alimentos”, que podría extenderse durante años. El alto costo de los alimentos de primera necesidad, ha hecho que se dispare de 440 millones a 1600 el número de personas que no tienen garantizada su alimentación básica. Casi 250 millones están al borde de la hambruna.

Si se extiende en el tiempo la guerra, y las exportaciones de alimentos de Rusia y Ucrania siguen siendo limitadas, cientos de millones de personas más podrían caer en la pobreza, con la consecuente inestabilidad política generalizada, niños con problemas de desarrollo y gente en la inanición.

Los líderes mundiales deberían considerar el hambre como un problema global, que exige una solución global urgente. La escasez no es un resultado inevitable de la guerra.

Rusia y Ucrania proveen el 28% del trigo comercializado a nivel mundial, el 29% de cebada, el 15% del maíz y el 75% del aceite de girasol. Ambos países aportan alrededor de la mitad de los cereales importados por Líbano y Túnez, dos tercios de los de Libia y Egipto. Las exportaciones de alimentos de Ucrania promocionan las calorías de las que se alimentan 400 millones de personas. La guerra está interrumpiendo estos suministros porque Ucrania minó las aguas para disuadir el asalto ruso por mar y Rusia mantiene bloqueado el puerto de Odessa.

Antes de la invasión, el Programa Mundial de Alimentos, había advertido que el 2022 el panorama no era bueno. China el mayor productor mundial de trigo, avisó que a consecuencia de las lluvias que retrasaron la siembra del año anterior, la cosecha actual puede convertirse en la peor de su historia. Además de las temperaturas extremas en India que es segundo productor mundial, la falta de lluvias amenaza los rendimientos en otros grandes graneros del mundo, desde el cinturón triguero de Estados Unidos hasta la región del Beauce, Francia. El Cuerno de África, también está sufriendo el efecto de la peor sequía de 4 décadas, dando la bienvenida al inevitable cambio climático.

Esta situación afecta a muchos hogares del mundo, más aún en los países “emergentes” que gastan el 25% de sus ingresos en alimentos, que ascenderá un 40% en África Subsahariana. En Egipto, el pan representa el 30% del consumo calórico de la gente. En muchos países importadores de alimentos los gobiernos no pueden permitirse aumentar los subsidios de ayuda a los pobres, sobre todo si son importadores de energía, porque este es otro mercado en crisis.

La crisis amenaza con profundizarse, porque antes de la guerra de Ucrania, ya había despachado gran parte de su cosecha. Rusia logró colocar sus granos, a pesar de los costos y riesgos adicionales para los transportistas. Sin embargo, los silos ucranianos que no han resultado dañados por los combates están llenos de maíz y cebada. Así que los productores no tienen dónde almacenar la próxima cosecha, que arranca a fines de junio y podría pudrirse. Además, falta combustible y mano de obra para la siembra que viene. A Rusia, por su parte, podría faltar insumos de semillas y pesticidas, que suele comprar de la Unión Europea.

Lo más probable es que los productores de otras partes del mundo, no logren compensar este déficit de alimentos. Una de las razones es la volatilidad de precios, por otro lado, los márgenes de ganancias se ven reducidos por el aumento de precios de fertilizantes y la energía. Los principales costos de los productores agrícolas, que se ven afectados por las sanciones y la disputa por el gas natural. Si los productores reducen el uso de fertilizantes, el rinde global de los campos será mucho más bajo y en el peor momento.

Desde que comenzó la guerra, 23 países -desde Kazajistán hasta Kuwait- han impuesto restricciones draconianas a sus exportaciones de alimentos, que en su conjunto cubren el 10% de todas las calorías comercializadas a nivel mundial. Más de una quinta parte de las exportaciones de fertilizantes están restringidas, si se detiene el comercio llegará la hambruna.

Mientras tanto, si esto ocurre, los involucrados se acusarán: Occidente echará la culpa a la invasión de Putín, y Rusia acusará a las sanciones que puso Occidente. Las disrupciones son resultado de la invasión de Putín, y algunas sanciones lo han exacerbado. Esta discusión puede convertirse en una excusa para la inacción.

Ante esto, los estados deberían actuar juntos, para empezar, manteniendo abiertos los mercados. Indonesia, que es fuente del 60% del aceite de palma que se consume en el mundo, levantó una prohibición temporal a las exportaciones. Europa debería ayudar a Ucrania a enviar su grano por ferrocarril, hasta los puertos de Rumania en ruta, o los países bálticos, aunque hasta los más optimistas calculan que apenas el 20% de la cosecha ucraniana podría salir de esa manera. Los países importadores también necesitarán ayuda para no terminar tapados de facturas impagables, las reservas de emergencia de cereales deberían ir solo a países más pobres. Para otros, los créditos a las importaciones con una baja tasa de interés tal vez a través del FMI, harían que los dólares de los aportantes rindieran más. Un alivio de la deuda también ayudaría a liberar recursos vitales.

Alrededor del 10% de todos los granos se utilizan para producir biocombustibles, el 18% de los aceites vegetales se destinan a biodiésel. Finlandia y Croacia, han flexibilizado la normativa que exige que la nafta incluya combustibles de cultivos, un ejemplo, que debería seguir otros países. La cría de animales y ganados, consume una gran cantidad de cereales. Según la Organización para la Agricultura y la Alimentación, los cereales representan el 13% de la alimentación seca del ganado. En 2021, China importó 28 millones de toneladas de maíz para alimentar a sus cerdos, más de los exportados por Ucrania en un año.

Un alivio inmediato para el comercio de granos, sería romper el bloqueo del mar Negro; en este momento, en Ucrania hay atrapadas casi 25 toneladas de maíz y trigo, el equivalente al consumo anual de todas las economías menos desarrolladas del mundo. Para levantar ese bloqueo, tres países deben ponerse de acuerdo: Rusia debe permitir la salida de los granos ucranianos, Ucrania tiene que retirar las minas en las aguas de Odessa, Turquía tiene que permitir el paso de escoltas navales por el Bósforo.

Esto sin duda no será fácil, Rusia tiene problemas en el campo de batalla, así que intenta ahogar la economía de Ucrania. Ucrania desconfía de retirar las minas. Persuadirlos para que cedan, será tarea de los países que estuvieron al margen de la guerra, como China y la India. Los barcos necesitan escoltas de naves armadas y con apoyo de una amplia coalición de países. Alimentar a un mundo frágil es algo de todos y para todos.

Fuente: The Economist.

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El shock del gas ruso

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Gran parte del mundo se ha impactado con las imágenes de la guerra en Ucrania, que tiene como protagonistas al ejército ruso de Vladimir Putin y la resistencia con apoyo occidental del país dirigido por Volodimir Zelenski. Desde que se consumó esa “operación militar especial”, como lo catalogó el Kremlin, un sinfín de aristas comenzaron a tomar sentido teórico, pero también práctico acerca de las consecuencias del conflicto bélico.

Más allá de esas cuestiones, el mundo sigue, las personas consumen y siguen inmersas en la cotidianidad. Aunque en ese último punto se cae en cuenta de los problemas de esta guerra. Pasando por encima de lo obvio, que es la pérdida humana, la economía se resiente día tras día mientras la contienda ruso – ucraniana se desarrolla.

A raíz de esto, los europeos se vieron inmersos en una situación de difícil dimensión para el nivel de consumo del viejo continente. Europa que, a fuerza de colonialismo y capitalismo salvaje, siempre supo tener bajo su manga el as de la estabilidad económica. Bajo esta premisa, desde la Segunda Guerra que el pueblo europeo (sobre todo los pertenecientes a la Unión Europea y la Eurozona) no veía amenazadas sus necesidades, como si lo hace el pueblo latinoamericano, africano y de ciertas zonas de Asia en el día a día. La situación cambió, y el gas ruso se transformó en el oro gaseoso”. 

Con el fin de mayor y mejor contexto, es menester recordar que, desde que el primer ataque ruso tuvo lugar en tierras ucranianas, Occidente en su “casi” totalidad enarboló una serie de sanciones hacia Rusia y la mesa chica de Putin. Se han visto una gran cantidad de acciones, como la congelación de activos, ataques a la oligarquía rusa, éxodo de empresas y hasta boicots artísticos y culturales. Pero lo cierto es que, de alguna u otra manera, Europa le brindó a Vladimir Putin una carta fundamental: el abastecimiento europeo del gas ruso. 

Las sanciones afectaron más al humor del pueblo ruso que a los propios intereses de Putin, y además, Europa no contaba con la “ruso – dependencia” del gas a la cual se encuentra sometida. Rusia es el mayor proveedor de gas natural y petróleo del mundo, y ese dato se siente fuertemente en Europa. Para mayor precisión, el 45% de los ingresos rusos en 2021 se dieron solamente por la exportación de gas y de petróleo y el viejo continente depende en un 40% del gas ruso.

Ante semejante potencia energética como lo es Rusia ya desde la época soviética, la decisión de eurodiputados y de líderes políticos de intentar sancionar a Putin con el hecho de no comprarle gas, pareciera ser más una utopía que una política efectiva y real. 

Europa se encuentra involucrada en un verdadero “shock” del gas ruso y las reprimendas a partir de tener el monopolio del abastecimiento de gas natural a Europa. 

¿Qué exige Rusia?

El Kremlin tiene, a priori, una misión clave: seguir exportando gas. Hasta ahí, todo parece ser normal o parece tener un contexto preguerra. Sin embargo, las necesidades de Putin se extienden más allá. Rusia busca fortificar su moneda luego de una caída abrupta de valores tras las sanciones económicas y financieras por parte de Occidente. De esta forma, Moscú exige el pago del gas en rublos (moneda oficial rusa) pero Europa, en mayor o en menor medida, se niega a cumplir con la petición de la plaza roja.  

Europa Occidental argumenta que la obligación de Rusia de pagar su gas en rublos no cumple con los contratos preestablecidos y además citan la falta de ética corporativa de Putin. Sin embargo, Vladimir lo tiene claro: su país no es una empresa y está viviendo un contexto bélico.

Además de robustecer al sistema financiero ruso y de continuar con la exportación de gas natural, el Kremlin tiene otro objetivo. Aquí es clave comprender la comunicación política y los intereses que, a veces, se presentan entretejidos, casi de manera simbólica, pero que sientan las bases de antecedentes para poder avanzar en materia política. Putin espera que Europa pague en rublos porque posiciona al viejo continente a los pies de la Gran Madre Rusia. 

Simbólicamente, esto sería patear el tablero de la política internacional. Desde la llegada de Putin al poder en el año 2000, el ex miembro de la KGB, supo posicionar a su país en la competencia económica mundial, solo equiparada a los mejores años productivos de la Unión Soviética. Aunque Putin siempre fue visto de reojo por los demás líderes europeos, fue un aliado, con vaivenes, pero presente en las decisiones económicas europeas. 

Haciendo un breve paréntesis, Europa vio en Putin a un líder con el que se puede hacer negocios, cosa distinta a la gestión noventosa de Boris Yeltsin que significó el vaciamiento del ex estado soviético y una grave indecisión para exportar los bienes más preciados de Rusia: el gas natural y el petróleo. 

Volviendo a la comunicación política, Rusia busca posicionarse como el gran proveedor europeo de gas, pero también el país que puede llevar una guerra a cuestas contra las sanciones de la OTAN y la Unión Europea. Inclusive, en el marco de la comunicación política, los rusos se posicionaron como potencia sanitaria, al patentar en el año 2020, la primera vacuna contra el Covid – 19. No cabe duda que esto es un jaque mate para Vladimir Putin. 

Retomando el tema del gas, cabe recordar que Rusia tiene rutas de gasoductos y oleoductos, como así también una relación medianamente cordial con otros países exportadores de gas a través de un intercambio de favores políticos que Putin los llevó adelante con la sutileza de un gato salvaje de las nieves. A eso, hay que sumarle que Rusia tiene una relación corporativa casi paralela a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). 

¿Qué quiere Europa?

La respuesta a este interrogante podría ser lo contrario a las exigencias rusas: seguir utilizando el gas de Gazprom y pagarlo en euros. Sin embargo, la política internacional es mucho más compleja de lo que parece. 

Europa, al contrario de lo que se cree, es un continente que viene debilitado y más aún para afrontar una crisis energética a causa de una guerra. Esto se explica por dos factores internos del viejo continente. En principio fue el hecho de haber perdido a Gran Bretaña como su miembro a partir de lo que sucedió con el Brexit

La Unión Europea perdió a uno de sus hijos pródigos y eso se siente a nivel político, económico y militar. Pero además de la figura de los británicos, Europa (como categoría política compleja) perdió a su dama de hierro el año pasado. Desde que se confirmó la salida de Angela Merkel de la vida política, Europa no ha encontrado el rumbo de liderazgo político que le supo dar la alemana. Asimismo, es Alemania el punto neurálgico de Europa, y a la vez es un país que depende casi en un 70% del gas ruso, y ante la falta de ese preciado servicio, el shock y el debilitamiento político se siente más. 

De hecho, como un mínimo apartado ruso, cabe recordar que esta crisis bélica en Ucrania fue orquestada hace años, sin embargo, la presencia de Angela Merkel y Donald Trump como figuras políticas decisivas, hacían pensar dos veces a Putin antes de actuar. Una vez confirmada la salida de líderes fuertes, Rusia actuó. Cuando el gato no está, los ratones bailan.

Volviendo al caso europeo con el gas, este continente se vale del uso del gas todo el año, no solamente en invierno o en otoño, esto hace que las discordias morales por la invasión rusa en Ucrania, aparentemente, queden de lado. 

Ahora bien, ¿Por qué Europa sanciona a Rusia si necesita su gas? La respuesta es simple, la UE responde a los intereses de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. En síntesis, pareciera ser que Europa es solamente un rehén de los intereses rusos y de la OTAN en una suerte de Nueva Guerra Fría.

¿Qué opciones tiene Europa? 

Es sabido que Moscú comenzó a cortar el suministro de gas a varios países europeos, y ante esto, el euro – continente necesita de nuevos rumbos para mantener a su población con bienestar, con el fin de evitar algún tipo de levantamiento civil y  ahorrarse así otro dolor de cabeza más. 

Lógicamente hay opciones. Por ejemplo, la zona más occidental de Europa podría valerse del gas británico. Esto es interesante, porque con la salida de Gran Bretaña de Europa con el Brexit, como comentamos previamente, el viejo continente deberá pagar impuestos y un canon para la importación del gas natural proveniente del país de la reina Isabel II. 

En el caso de Europa central y pensando en Alemania, puede haber un nuevo factor de análisis. El gas podría ser importado desde países escandinavos a través de gasoductos, o bien podría ser una opción Países Bajos. El problema es que Alemania suspendió el proyecto de construcción del gasoducto Nord Stream 2 con Rusia. Esta magnífica obra hubiese solucionado gran parte de los problemas energéticos del país teutón, sin embargo, su cancelación debido a la guerra fue un golpe al mentón a las políticas a largo plazo para el corazón europeo. 

El sur de Europa vive una situación distinta, ya que podría abastecerse por otras rutas de gas y petróleo. Aquí entra en juego Asia, a través de un país intercontinental: Turquía. 

Esta crisis energética por el gas ruso podría posicionar a Turquía como una buena fuente de suministro de gas a Europa, entendiendo que a lo largo y ancho del territorio asiático turco pasan los gasoductos más importantes que provienen de Medio Oriente. Pero… ¿Europa no castigó las acciones bélicas rusas con sanciones económicas, aunque podría exportar gas de países de Oriente Medio, a los cuales también cuestiona por sus prácticas políticas, sociales y religiosas? La política internacional es más compleja de lo que parece. 

No todo termina ahí, hay una opción más para el pueblo europeo: Azerbaiyán. Este país ubicado en el continente asiático es uno de los mayores exportadores de gas natural del mundo, aunque constantemente asediado por conflictos internos y regionales. Azerbaiyán es una ex República Soviética, que llevó adelante un proceso de descomposición política, social y económica que lo siente hasta el día de hoy, además se le suma un conflicto medianamente resuelto pero que aún dispara esquirlas. Hablamos del conflicto de Nagorno – Karabaj con Armenia. Más allá de esto, el gas azerbaiyano se posiciona como una opción para Europa y, casi como efecto rebote, el país asiático ve en Europa una sola cosa ante este eventual panorama: entrada de divisas. 

Inclusive, vale nombrar que hay países que se han posicionado como potenciales exportadores de gas para Europa. Nigeria, Qatar, Argelia, Congo y Bolivia son opciones, aunque menos viables. En esa menor viabilidad podría ingresar Estados Unidos. Entendiendo que existe la posibilidad de gas natural licuado, esta sería una solución inmediata, aunque su exportación y posterior traslado y tratamiento es mucho más complejo y caro que el gas natural. Esto traería como consecuencia, el aumento del servicio de gas en el viejo continente, y posteriormente, la baja en la calidad de vida de la población europea. Aunque, habrá que pensar en los más débiles, los miles de migrantes provenientes de África, los trabajadores sin visa que provienen de América Latina, y los musulmanes que poco a poco se están integrando de manera “europeizante” a los distintos países a los que llegan. Ellos serán quienes sufrirán más. 

Asimismo, cabe aclarar que Europa busca la independencia energética lo antes posible de Rusia, teniendo como meta al año 2030. Pareciera ser una misión complicada para cumplir, sobre todo entendiendo el contexto macro que involucra esta crisis energética global y el hecho de que el precio del gas en Europa se disparó un 20% desde el inicio de la guerra ruso – ucraniana. 

¿Qué pasa en América Latina con el gas? 

Latinoamérica es esa región mundial que siempre busca sacar provecho del contexto económico internacional para poder posicionar a sus economías emergentes. En términos de gas, claramente Bolivia es uno de los productores más grandes. De hecho, desde el comienzo del conflicto armado en Ucrania, el Estado Plurinacional de Bolivia rubricó una serie de acuerdos de abastecimiento de gas a Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Se expresa la posibilidad de mayor generación de divisas para el país boliviano. Asimismo, está abierta la posibilidad de que, en un futuro lejano, logre abastecer a otras regiones del mundo. 

Por otro lado, Argentina, Brasil y Chile son países exportadores de gas licuado. Este contexto puede posicionar a la región como una pequeña opción para el suministro del viejo continente. De hecho, Argentina se está preparando para una temporada de amplia exportación del GNL. Esta previsión podría extenderse aún más para los próximos años en nuestro país, entendiendo la viabilidad de esta propuesta como una política de Estado que no se abandone más allá de la fuerza política gobernante. El tablero político de la región sudamericana se mueve con la inestabilidad predominante y característica por condiciones históricas. Los acuerdos de hoy, podrían no ser los de mañana. 

Misiones y el gas

La tierra colorada tiene, por su parte, una cuestión casi de arraigo histórico con el gas. Arraigo en el reclamo de un gasoducto o de un precio diferencial para las pretensiones de Misiones. 

Cabe recordar que Misiones es una provincia atravesada por la política y economía internacional, encontrándose en el medio de dos países con experiencias históricas absolutamente disímiles que marcan el día a día de los misioneros: la pujante economía brasileña y la condición pendulante de Paraguay. 

Ante este contexto, es Nación la que toma cartas en el asunto cuando se habla de una situación de asimetría, digna de análisis en clave internacional. Allí es donde puede preguntarse si la crisis energética europea puede afectar a Misiones. 

En el marco de los factores externos, se puede encontrar una serie de situaciones previamente explicadas y que parecieran ser obvias. Si Europa acapara el mercado emergente de gas natural o gas licuado, las zonas periféricas del globo podrían afrontar una crisis energética de desabastecimiento, que la pagarían los que menos tienen. Es por esta razón que una guerra en el otro lado del mundo puede afectar severamente al vecino misionero que busca calentar su agua para el mate.

Las políticas energéticas nacionales, provinciales y municipales son claves para tener una ciudadanía cuidada, con todas las aristas características que cada espacio geográfico tenga. Por esta razón, la llegada de un gasoducto a la provincia de Misiones traería beneficios que a leguas servirían para combatir la crisis energética que sacude al continente más rico del mundo. 

La necesidad y la petición de Misiones de conformar una red de gasoductos para el abastecimiento provincial son de al menos 2 décadas. Sin embargo, la postergación se siente mucho más cuando uno abre los portales de noticias internacionales y ve que países con una magna estabilidad económica están sufriendo por la falta del gas. Esta deuda con Misiones, además se materializaría en una cuestión meramente básica: las industrias y los comercios podrían utilizar una red de gas, de capital público, privado o mixto. El bienestar parece ser la respuesta más obvia. 

Ahora bien, ¿Por qué Misiones está alejada de las conexiones de abastecimiento de gas en Argentina? En principio cabe analizar el contexto histórico de la Argentina: el falso federalismo. Con el correr de las décadas, distintos gobiernos nacionales no hicieron más que acentuar la diferencia entre CABA y zonas de Buenos Aires con el resto del país, provocando una asimetría innegable en términos de consumo, precios, oferta y demanda. Esta situación es aplicable a otros rubros y no solamente es un concepto que invita a entender el shock del gas, sino que desnuda el problema estructural de la aglutinación del poder político y económico nacional encerrado entre el Río de la Plata y la avenida Rivadavia. 

Cierto es que, si uno hace historia, encontrará gobiernos y colores políticos que hicieron más o menos por subsanar esa diferencia, aunque el resultado nos llevó a un 2022 en donde Misiones aún no tiene rutas de gasoductos para sus habitantes.

Por otro lado, está la falsa premisa de que Misiones no necesita un gasoducto ante la situación climática o geográfica. Aducir que la tierra colorada no es merecedora de un abastecimiento de gas natural o licuado como otras zonas de Argentina es del nivel de una falacia supina, entendiendo que se expusieron argumentos consistentes que avalan la necesidad de utilizar el gas y tener un acceso mucho más plausible que lo que ya es una realidad. 

Gas, dinero y mucho más…

 Luego de ver y comprender las diversas cuestiones que giran en torno a la situación del gas en el mundo hay varias reflexiones a las que se puede abordar. En principio, está a la vista de todos que Rusia no solamente es una potencia militar bajo el firme mandato de un presidente que fue producto de la Guerra Fría, sino una potencia económica y energética que, ante la batería de sanciones en su contra, supo con tan solo una carta hacer tambalear al continente mas rico del mundo. 

Por otro lado, la acción de Occidente contra Rusia, materializada en sanciones en respaldo a Ucrania, ¿son reales o son intereses? Pareciera ser que mientras el pueblo ucraniano resiste una invasión brutal, los europeos solamente se preocupan por tener el gas suficiente como para no bajar su nivel de vida, luego del shock del gas ruso generado por el Kremlin. ¿Y la ética y moral europea? Pareciera ser que es solo para las redes sociales.

En consecuencia, quedó claro que esas regiones económicamente postergadas en el mundo, hoy en día tienen la posibilidad de posicionar su gas y generar divisas, entendiendo que de acuerdo a como se desarrolle esta situación que mantiene en vilo al mundo, podría generar cambios sustanciales a nivel interno y externo en un varieté de países. Es la posibilidad de “los Congos y las Bolivias” de poder incorporarse a mercados previamente inusitados. Finalmente, y como todo proceso histórico, es casi obvio ver la integración del mundo como una realidad, inclusive previa a la globalización. De esta forma, es simple de dilucidar que una guerra al otro lado del mundo puede afectar al panadero del barrio, al remisero de la ciudad e inclusive a quien quiera tomar un simple mate, además de desnudar las desigualdades imperantes en nuestro país, en este caso. El shock del gas ruso, que aparentemente hace poner a Europa de rodillas, se ve, se analiza y se siente.

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Desigualdad y Política Macro

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Por Antoinette M. Sayeh*Situación actual de la desigualdad

El aumento de la desigualdad ya había sido una preocupación durante algún tiempo. Y, desafortunadamente, la pandemia ha exacerbado las desigualdades preexistentes tanto dentro de los países, con los trabajadores jóvenes e informales y las mujeres como los más afectados, y entre países, con países frágiles y de bajos ingresos rezagados aún más que antes. La invasión rusa de Ucrania ha colocado otra crisis encima de otra crisis. Más allá del terrible impacto humanitario, también es un gran revés para la economía mundial.

El aumento de los precios de los alimentos y la energía está afectando más a los hogares pobres, ya que gastan una mayor parte de sus ingresos en estos dos artículos. Los países en desarrollo de bajos ingresos tienen menos margen para responder: la pandemia ya ha reducido su espacio fiscal y ahora se enfrentan a niveles elevados de deuda y condiciones financieras más estrictas.

La semana pasada, en nuestras Reuniones de Primavera, discutimos estos temas con legisladores económicos de todo el mundo. De hecho, las preocupaciones sobre la desigualdad amplificada y las tensiones sociales estuvieron al frente y en el centro de nuestras discusiones.

Prioridades políticas inmediatas

Entonces, ¿qué deben hacer los países?

A corto plazo, los formuladores de políticas se enfrentan a dos compensaciones complicadas: en primer lugar, es esencial reducir la inflación; después de todo, se trata de un impuesto a los pobres. Los bancos centrales deben tomar medidas decisivas para hacerlo, pero deben hacerlo al mismo tiempo que salvaguardan la recuperación, un acto de equilibrio difícil.

La segunda compensación se refiere a la política fiscal. A medida que los formuladores de políticas comienzan a reconstruir los amortiguadores fiscales, es fundamental hacerlo y al mismo tiempo garantizar un apoyo continuo para los vulnerables, especialmente en el contexto del aumento de los precios de los alimentos y la energía.

Los gobiernos pueden cuadrar este círculo mediante el diseño de políticas ancladas en estrategias fiscales creíbles a mediano plazo. Necesitan movilizar ingresos adicionales, prestando la debida atención a las consecuencias distributivas de las reformas fiscales. Y necesitan racionalizar y volver a priorizar el gasto, al tiempo que brindan un apoyo bien dirigido a los vulnerables.

Por supuesto, es posible que muchos países no puedan hacer esto por sí mismos. En los casos en que el entorno actual genere grandes necesidades de financiamiento fiscal y externo, el espacio de políticas sea limitado, incluso debido a cargas de deuda insostenibles, y un ajuste rápido sería demasiado costoso, la comunidad internacional deberá intervenir, desde ayudar a reestructurar la deuda hasta mantener el acceso a la liquidez y proporcionar financiación y subvenciones.

Prioridades políticas a largo plazo

A más largo plazo, será importante implementar reformas y crear instituciones sólidas que aumenten la resiliencia de los países ante las perturbaciones y aborden las causas subyacentes de la desigualdad. Hay, por supuesto, varios aspectos de la desigualdad (ingresos, género, salud, oportunidades económicas), todos los cuales están estrechamente relacionados y se refuerzan mutuamente. Por lo tanto, los formuladores de políticas necesitarán un enfoque integral.

Primero, echemos un vistazo a la política fiscal que requiere un enfoque tanto en políticas predistributivas como redistributivas. Las políticas predistributivas pueden ayudar a nivelar el campo de juego antes de que las personas ingresen al mercado laboral, a través de la provisión de educación pública, servicios de salud e infraestructura básica. Y las políticas redistributivas ayudan a corregir las desigualdades, por ejemplo, a través del impuesto sobre la renta progresivo y la asistencia social para ayudar a las personas a afrontar los acontecimientos de la vida.

En segundo lugar, abordar la desigualdad también debe centrarse en políticas inclusivas de género, porque cerrar las brechas de género puede estimular el crecimiento general y reducir la desigualdad de ingresos. En las economías avanzadas, esto significa ayudar a las mujeres a equilibrar el trabajo y la familia a través de licencias parentales, cuidado infantil asequible y sistemas fiscales que no penalicen a la segunda fuente de ingresos. En los países de bajos ingresos, el enfoque debe estar en mejorar el acceso a la salud, la educación, las finanzas e invertir en infraestructura, como agua potable y transporte.

En tercer lugar, adoptar la digitalización y abordar el cambio climático también puede ofrecer oportunidades para reducir la desigualdad. De hecho, la digitalización puede facilitar el acceso a la financiación, la asistencia social y brindar apoyo a los ingresos. Y el cambio a una infraestructura resiliente al clima es clave, ya que los pobres suelen ser más vulnerables a los eventos climáticos extremos.

Por supuesto, las políticas también deben garantizar el apoyo a los trabajadores en su transición de sectores en contracción a sectores en expansión. La inversión en capacitación, actualización de habilidades y educación de alta calidad será fundamental para desbloquear el potencial de las economías verde y digital y difundir los beneficios más ampliamente, incluso a los segmentos vulnerables de nuestra sociedad.

Todas estas son áreas críticas para permitir la estabilidad económica y el crecimiento inclusivo y, por lo tanto, centrales para las actividades de supervisión, préstamo y desarrollo de capacidades del FMI.

Antoinette M. Sayeh*, Directora General Adjunta del FMI en el Centro para el Desarrollo Internacional de la Escuela Kennedy de Harvard

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Reuniones Banco Mundial y FMI: ayudar a los países a hacer frente a múltiples crisis

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Las Reuniones de Primavera del Grupo Banco Mundial (GBM) y el Fondo Monetario Internacional de este año se llevaron a cabo en un momento en que el mundo atraviesa varias crisis simultáneas. La guerra en Ucrania ha agravado las inquietudes que generan la inflación, la COVID‑19, el cambio climático y la deuda. Asimismo, muchos otros países también enfrentan situaciones de fragilidad y conflicto.

En una declaración emitida el viernes, la presidenta del Comité para el Desarrollo (i), un foro de nivel ministerial que representa a 189 países miembros de ambas organizaciones, señaló que los impactos se sentirán más en los países de ingreso bajo y mediano, especialmente en las personas más vulnerables, entre ellas las mujeres y los niños. En la declaración se indicó además que las tensiones geopolíticas ponen en peligro la recuperación económica, puesto que afectan las inversiones, el comercio y el crecimiento, en un contexto en que los países ya están expuestos a otros riesgos derivados de la pandemia y de la distribución desigual de las vacunas.

En su alocución ante el Comité (i), el presidente del GBM, David Malpass, describió cómo estas crisis afectan la economía mundial. Hizo hincapié en que las atrocidades cometidas contra los civiles y la pérdida de vidas y de medios de subsistencia provocada por la guerra en Ucrania son devastadoras. Los efectos indirectos están sintiéndose en todo el mundo, y el alza de los precios de la energía y los alimentos afectó pronto a los más vulnerables, en particular en África y Oriente Medio. “La guerra debe terminar ya mismo”, afirmó.

La situación exige actuar con rapidez, tanto para respaldar al pueblo de Ucrania como para garantizar un apoyo sólido y continuo a los países de ingreso bajo y mediano que deben hacer frente a estas múltiples crisis. Como señaló Malpass en una mesa redonda ministerial celebrada durante las Reuniones, el GBM ha movilizado velozmente más de USD 3000 millones en favor de Ucrania —monto que incluye donaciones, garantías y financiamiento paralelo de los países donantes— para respaldar la continuidad de los servicios públicos esenciales. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, también se dirigió a los asistentes a esa sesión. Durante las Reuniones, el GBM presentó un documento expositivo en el que se describe la forma en que la institución puede brindar más adecuadamente apoyo a dicho país y a su población. El costo estimado de los daños a los edificios y la infraestructura de Ucrania asciende a USD 60 000 millones hasta el momento.

En la mesa redonda dirigida a los medios de comunicación (i) con la que se dio inicio a las Reuniones, Malpass mencionó que el GBM está trabajando en una respuesta a la crisis que incluye un paquete de financiamiento de alrededor de USD 170 000 millones (i), con el que se buscará abordar las amplias necesidades de los países clientes entre abril de 2022 y junio de 2023. Para esto se toma como base el rápido aumento del financiamiento que proporcionó el GBM en respuesta a la pandemia de COVID‑19, gracias al cual se suministraron USD 157 000 millones durante un período de 15 meses para ayudar a los países a abordar los impactos sanitarios, económicos y sociales de la pandemia.

Si bien la guerra y sus repercusiones fueron el tema principal, durante las Reuniones de Primavera también se celebraron diversos eventos públicos para promover el diálogo sobre los desafíos más importantes del desarrollo en la actualidad. Numerosos funcionarios responsables de formular políticas, expertos, personas influyentes y otras partes interesadas clave debatieron sobre el desarrollo digital, la acción climática, el comercio y los subsidios, la fragilidad, la deuda y el capital humano. Entre las principales conclusiones de las Reuniones figuran las siguientes:

  • Las tecnologías digitales están transformando muchos empleos y servicios; pueden ayudar a propiciar el crecimiento y la prosperidad a largo plazo, así como a generar resiliencia frente a las crisis. Sin embargo, muchos habitantes de los países en desarrollo aún no tienen conexión o todavía no reciben los beneficios de dichas tecnologías. Se necesita un compromiso colectivo de los sectores público y privado para cerrar las brechas y generar una economía digital equitativa para todos.
  • Para abordar tanto el cambio climático como el desarrollo, se debe pasar de los compromisos de alto nivel a las medidas reales y tangibles, entre las que figuran las inversiones a gran escala dirigidas a respaldar una transición hacia una economía con bajos niveles de emisión de carbono y generar resiliencia.
  • Las economías frágiles y afectadas por conflictos necesitan inversiones y un sector privado dinámico para crear empleo, producir crecimiento económico y construir infraestructura. El desplazamiento forzado constituye una crisis mundial, pero las políticas y las inversiones inclusivas pueden permitir que los refugiados ayuden a generar prosperidad social y económica.
  • Para que la deuda contribuya al desarrollo, se debe posibilitar una rápida reestructuración, respaldar la reducción a mediano plazo de la carga insostenible de la deuda y desarrollar mejores prácticas para que los futuros préstamos resulten sostenibles, se logre mayor transparencia y se incremente la rendición de cuentas respecto de los contratos de endeudamiento.
  • Los países se han mostrado innovadores en la creación y protección del capital humano —esto es, los conocimientos, las habilidades y la salud que las personas necesitan para desarrollar su potencial— aun cuando la COVID‑19 ha revertido muchos de sus logros. Se necesita un compromiso político y un financiamiento sostenidos para reforzar el capital humano y respaldar un crecimiento más sólido e inclusivo.

En el discurso que pronunció en Varsovia, Malpass instó a los países a tomar medidas para evitar una crisis alimentaria mundial, mantener abiertos los mercados y alentar el flujo de inversiones. Subrayó que los países deben ampliar su base de inversiones y evitar concentrar la riqueza y los ingresos en segmentos reducidos de la población. También señaló que para garantizar la seguridad, la estabilidad y la paz se requiere un esfuerzo constante dirigido a fortalecer las instituciones, reducir la desigualdad y elevar los niveles de vida. Al concluir, hizo hincapié en que el GBM es un asociado comprometido con estos esfuerzos: “Cuenten con nosotros, tal como nosotros contamos con ustedes, para apoyar enfoques innovadores en la primera línea del desarrollo. Este es el ámbito en el que podemos ganar las batallas contra las múltiples crisis que enfrentamos”.

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El Kremlin busca el control territorial total de sur de Ucrania y el Donbass, según funcionario ruso

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Rusia aspira a controlar totalmente el sur de Ucrania y la región del Donbass (este), con el fin de tener un puente terrestre hacia Crimea, que se anexó en 2014, afirmó hoy un importante responsable militar ruso.

“Desde el inicio de la segunda fase de la operación especial, que comenzó hace dos días, uno de los objetivos del ejército ruso es establecer un control total sobre el Donbass y el sur de Ucrania”, declaró Rustam Minnekayev, subcomandante de las fuerzas del distrito militar del centro de Rusia.

Ello “va a permitir asegurar un corredor terrestre hacia Crimea y una influencia en las infraestructuras claves de la economía ucraniana, como los puertos del mar Negro a través de los cuales se realizan los despachos de los productos agrícolas y metalúrgicos”, afirmó el militar, citado por agencias de noticias rusas, en una reunión con empresas en un complejo militar-industrial en Ekaterinburgo.

Según Minnekayev, el control del sur de Ucrania también va a permitir ayudar a los separatistas prorrusos de Transnistria, que desde 1992 controlan un territorio de Moldavia fronterizo con el oeste de Ucrania.

“El control del sur de Ucrania es también un corredor hacia la Transnistria, donde también observamos casos de opresión de la población rusoparlante”, afirmó el general, de acuerdo con una reseña de la agencia de noticias AFP.

Moldavia es un pequeño país de habla rumana que formó parte de la antigua Unión Soviética y ahora está dirigido por un gobierno prooccidental.

La región del Donbass comprende la cuenca minera esteña donde Ucrania combate con separatistas prorrusos desde 2015 luego de incumplir con lo que se había comprometido en sendos acuerdos de paz firmados en Minsk, como permitir la enseñanza escolar del idioma ruso y la elección de autoridades regionales, entre otros puntos.

Desde 2015 a fines de 2021, la ONU llevaba registradas más de 14.000 muertes de combatientes de ambos bandos producto del conflicto.

La inestabilidad política en la región y la política ucraniana que Moscú calificó como “criminal” originó la invasión lanzada por el gobierno de Vladimir Putin el 24 de febrero pasado.

El reclamo del Kremlin incluye la violación por parte de Ucrania de los Acuerdos de Paz de Minsk, de 2014 y 2015, que obligaban a Kiev a darle a dos provincias -Lugansk y Donetsk, que en sendos referendos votaron por separarse de Ucrania- autonomía y posibilidades de elegir sus propias autoridades regionales, además de permitir la enseñanza escolar del idioma ruso.

Ucrania, en cambio, afirma que, con la operación militar, Rusia pretende arrasar con la cultura y la historia ucraniana, y derrocar al presidente Volodomir Zelenski para promover que llegue al poder un dirigente cercano a Moscú.

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