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El consumo de cigarrillos sufrió en 2016 la peor caída de los últimos 26 años

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Durante el año pasado, y debido a las nuevas políticas tributarias establecidas por el Gobierno para el sector tabacalero, el consumo de cigarrillos sufrió la peor caída de los últimos 26 años.

La suba de la presión tributaria del 60% al 80% establecida por las autoridades en abril de 2016 con el objetivo de financiar a las provincias productoras de tabaco hizo que las empresas del sector aumentaran los precios de sus atados en un 50%. durante el mismo año.

Como consecuencia directa, el consumo se derrumbó en niveles impensados para un sector que desde hace varios años se encontraba en una situación de amesetamiento.

De hecho, y según un informe de IES Consultores asegura que la demanda cayó 11% entre enero y noviembre de 2016, “en términos históricos, la mayor baja registrada en el consumo desde 1990, con un total de 1621 millones de paquetes vendidos contra los 1821 millones de igual período de 2015”. De todos modos, la facturación de las empresas llegó a $ 54.382 millones, lo que implica un fuerte incremento de 41%, aunque se debe precisamente a las subas de precios. El trabajo también estima que el actual consumo per cápita es de 42 atados por habitante, 12% menos con relación al año pasado, aunque no por las subas de precios sino por un cambio cultural, orientado a desarrollar una vida más sana. “La industria tabacalera continuó con un panorama contractivo, con fuertes mermas en la producción de cigarrillos, que provocó cierre de plantas y la suspensión de trabajadores”, se argumenta en el trabajo de IES Consultores, donde también se sostiene que la menor producción de cigarrillos “obedece a la fuerte caída del consumo que se intensificó en año pasado como consecuencia del fuerte aumento de precios y la pérdida de poder adquisitivo de los hogares”.

En este sentido, se agrega que hasta noviembre de 2016, “la producción presentó una merma de 9,3% según la medición Oficial del EMI con relación a igual periodo de 2015”. A su vez, la suba impositiva generó un mayor contrabando, en tanto que las importaciones cayeron 9,2% y u$s 49,6 millones contra los u$s 54,7 millones de 2015. En volúmenes, la baja fue mayor del 12,5%, y alcanzaron a las 9503 toneladas. Los precios medios de importación, por su parte, se incrementaron 3,8%. Mientras que las ventas externas arrojaron cifras positivas ya que, por ejemplo, se exportó el 79,3% del total producido. Esto responde a la quita de retenciones y a stocks disponibles que no lograron ser volcados en 2015.

En cuanto a las perspectivas para este año, el informe de IES Consultores asegura que la evolución del sector dependerá del mercado externo y de la forma en la cual se pueda volcar la producción de tabaco en el exterior.

Sobre el consumo interno se anticipa que seguirá la tendencia decreciente “como consecuencia de cambios de hábitos en la población y una mayor conciencia de los efectos nocivos del tabaco, al priorizar un estilo de vida más saludable”.

A su vez, el alto precio de los atados y la caída del poder adquisitivo generarán también menores ventas.

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Equilibrio fiscal de las provincias, o el unicornio azul

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Por Félix Piacentini. Aunque cuando se miran las cuentas fiscales de las provincias, uno se da con que hasta septiembre venían mostrando una situación bastante buena, la estimación oficial incorporada por el ministerio de hacienda en el presupuesto 2017 para el consolidado de las 24 provincias es tan pesimista que proyecta un déficit de $ 105 mil millones en 2016, duplicando por ende el rojo consolidado de $ 52 mil millones que se presentaba en 2015. De aquí se desprenden dos reflexiones. O el último trimestre del año pasado fue una catástrofe en las provincias en el plano fiscal, o los técnicos de hacienda erraron sus estimaciones. Como hay un delay importante en la publicación de la ejecución de algunas provincias, como por ejemplo de la más grande y la que más influye en el resultado final como es Buenos Aires, tendremos que confiar en la proyección oficial hasta que se demuestre lo contrario.

De esta forma el año pasado se habría alcanzado el mayor déficit de al menos los 12 últimos años, llegando a representar el 1,3% del PBI y superando el ahora viejo máximo del 0,9% presenciado en 2015. Este pésimo resultado se registró en un año no electoral, y cuando las provincias comenzaron a recibir 3 puntos de una devolución gradual de 15 puntos de coparticipación (en el caso de Córdoba, Santa Fe y San Luis por el fallo de la Corte la devolución fue completa), más 6 puntos extra en préstamos de Nación a tasa subsidiada. También ocurrió cuando las jurisdicciones pudieron volver a financiarse en el mercado de crédito internacional, emitiendo unos US$7.050 millones en colocaciones locales.

Es decir, un año en el que las provincias contaron con ingresos inéditos del 7,2% del PBI en concepto de coparticipación, no lograron contener el gasto y llegaron a este penoso récord. En cuanto al nivel de endeudamiento, las obligaciones en moneda extranjera mencionadas implican que el stock de deuda en pesos se expandió un 41% en 2016 sólo por ese concepto. Aunque este ritmo de endeudamiento asusta, el nivel total todavía no es preocupante y no hay riesgos en el corto plazo. Pero ciertamente hay provincias como Buenos Aires en donde el cociente Ingresos Totales sobre stock de deuda ya estaría en un 52% y otras como Jujuy, CABA y Mendoza donde se encontrarían en torno al 40%. Más que nada para éstas sería aconsejable moderar la trayectoria futura de financiamiento para evitar que el nivel de endeudamiento se convierta en un problema.

En la búsqueda de causas se encuentra que el deterioro fiscal de las provincias sigue siendo consecuencia de la práctica todavía vigente de nombrar personal muy por encima del crecimiento poblacional, lo que ha llevado a un exceso de personal del 34% superior al nivel óptimo y que tiene un sobrecosto fiscal de 2 puntos del PBI por año. En el año 2005 los Gastos Totales del agregado de las 24 provincias representaban 13 puntos del PBI y hoy se llevan 18 puntos. Esos 5 puntos de ampliación del gasto público se destinaron casi completamente a gastos de personal, que pasaron de 5 a 9 puntos del PBI. Mientras tanto la inversión pública permaneció estancada en 2 puntos del PBI, casualmente lo que gastan en exceso por empleo público. Es decir que si no se hubieran nombrado en demasía a unas 500 mil personas, las provincias podrían agregar el doble de infraestructura cada año. Desde el plano fiscal podrían haber tenido superávits ininterrumpidos desde 2004, en lugar de la mayoría de déficits.

¿Y para el 2017, año eleccionario, qué podemos esperar? La historia nos dice que en años eleccionarios es muy difícil contener el gasto, siendo usual que la obra pública explote y que los aumentos salariales a los 2,2 millones de empleados públicos provinciales superen la inflación. Por el lado de los ingresos las jurisdicciones subnacionales contarán con mayores recursos, ya que la devolución adicional de coparticipación ya será de 6 puntos porcentuales de los 15 detraídos para financiar al ANSES, lo que llevará a que si lo expresamos en porcentaje del PBI las transferencias automáticas lleguen a casi 8 puntos, otro pico histórico de las últimas décadas.

Pero claro, la cuestión es cuán capaces pueden ser de evitar un desborde electoral del gasto. Si aumentara en el mismo porcentaje que el gasto nacional previsto para este año, un 22%, el déficit consolidado de los 24 distritos podría rondar los $ 97 mil millones o el 1% del PBI. En esta hipótesis de “prudencia” fiscal el déficit sería menor al 1,3% del PBI que se habría registrado en 2016. Si por otro lado somos desconfiados, la experiencia nos avala, y el gasto se expandiera al 25% el déficit total ya redondearía $ 140 mil millones y sería mayor al de 2016, representando 1,4% del producto. El lector se preguntará porqué ni siquiera mencioné la posibilidad de un equilibrio presupuestario de las provincias en 2017. Para llegar a ese “unicornio azul” el gasto debería crecer a tan sólo el 15%. Físicamente imposible.

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