Una familia de cuatro miembros necesitó $17.537,88 para superar el umbral de pobreza en febrero de 2018.
La comparación en respecto a enero pasado. En tanto, para que una familia no sea considerada indigente requirió $ 6.897,20 un 2,9% más que en el mes previo.
La canasta básica total, que además de los precios de los alimentos incluye a tarifas de servicios públicos, registró en febrero un aumento del 3,3%, por lo que una familia tipo con dos hijos necesitó contar con ingresos por $ 17.537,88 para no caer debajo de la línea de pobreza, informó este martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
A su vez, el costo de la canasta básica alimentaria (CBA) aumentó en febrero 2,9%, por lo que una pareja con dos hijos necesitó en febrero $ 6.987,20 para comprar la cantidad mínima de alimentos y no caer en situación de indigencia.
Los números de la Canasta Básica se conocen un día antes del que el Indec dé a conocer el índice de Pobreza e Indigencia del último trimestre de 2017, año en que la economía creció 2,9% y la desocupación bajó hasta el 7,2%.
El INDEC revelará mañana por la tarde cuatro indicadores que le permitirán al oficialismo revalidar su plan económico. Pero que también serán claves para mostrar la solidez del modelo Cambiemos y defenderse de las principales críticas de la oposición
El anterior índice -correspondiente al segundo semestre de 2016-, primer relevamiento durante el gobierno de Mauricio Macri, había arrojado un Índice de Pobreza de 32,2%, mientras que el nivel de Indigencia fue de 6,3%.
En el primer semestre de 2017, el Índice de Pobreza se había ubicado en 28,6%, lo que representó cerca de 13 millones de personas.
La batería de cifras optimistas las dará a conocer el organismo estadístico el miércoles por la tarde, pero en los despachos de Casa Rosada ya festejan de antemano que contarán con datos duros que revaliden la gestión.
Es que, la mayoría de estos datos, configuran ni más ni menos que los estandartes que el PRO saldrá a relucir a la hora de buscar la triple reelección –Nación, Provincia y Ciudad– el próximo año.
El más importante, por su poder simbólico, será “Incidencia de la pobreza y de la indigencia (EPH)”, que mostrará las mediciones del segundo semestre del año pasado. En ese sentido, el propio Mauricio Macri pidió que se evalúe su mandato en base a su capacidad para bajar este indicador.
En segundo lugar, el “Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE)”, que mostrará el crecimiento de la economía en el primer mes del año. Este indicador podría dar una pista sobre las posibilidades que le quedan al Gobierno para cumplir con la meta del 3,5% prevista en el Presupuesto.
Otra de las grandes vedettes de Cambiemos es la construcción, motorizada tanto por el boom de los créditos hipotecarios UVA como de la apuesta a la obra pública.
Por último, el indicador más esquivo: el “Estimador Mensual Industrial (EMI)”, cuyos resultados podrían revelar si finalmente la actividad manufacturera repunta o se mantiene con cifras magras, especialmente por el impacto a la baja de algunos sectores más débiles ante la apertura comercial.
La facturación de los super en el primer mes del año, luego de un diciembre que se mantuvo sin cambios. Y el efecto se sintió en los baja de los puestos de trabajo. Por su parte, los centros comerciales mostraron un mejor desempeño y con un aumento de 3,9% en el empleo
El consumo, una de las variables que sigue de cerca el Gobierno, sigue sin dar grandes grandes muestras de recuperación según el INDEC.
En especial, preocupan las ventas en los supermercados, uno de los sectores generadores de empleo y que suelen ser un termómetro del consumo.
En enero, la facturación en supermercados decreció 3,1% interanual en precios constantes, es decir, contemplando el efecto de la inflación.
Por su parte, la facturación de los shoppings sí se ubicó en terreno positivo, con un incremento de 4%, también teniendo en cuenta el alza de precios.
En tanto que la medición a precios corrientes, es decir, sin descontar el efecto de la inflación, las ventas avanzaron 17% en supermercados y 21% en los centros de compras. Supermercados: Al analizar las ventas en supermercados por rubros, Alimentos y Bebidas fue el que más creció a precios corrientes: 20,1%, con un fuerte avance de las subcategorías Verdulería y Frutería (22,4%), Carnes (21,2%), Bebidas (20,5%) y Almacén (20%).
Por su parte, los rubros con menor incremento fueron los Electrónicos y artículos para el hogar (8,4%). Con respecto al desglose geográfico, el mayor crecimiento en términos de facturación fueron Neuquén (26%), Salta (20,3%) y Santa Fe (20%). Capital Federal y el Conurbano estuvieron en “mitad de tabla” con avances de 16,8% y 16,3%, respectivamente.
El retroceso de la facturación en los supermercados también se sintió en el empleo. De acuerdo con el informe del INDEC, en enero hubo 93.030 trabajadores en el sector, lo que representa una baja de 3,9% con respecto a igual mes de 2017 y un descenso de 0,5% en comparación con diciembre.
Los cargos menos remunerados (cajeros, repositores y administrativos) fueron los más afectados, con una baja de 4,2% en la comparación interanual y de 0,6% mensual. Por su parte, la cantidad de puestos jerárquicos decrecieron un 1,3% interanual y crecieron 0,6% mensual.
“El total de sueldos y salarios brutos más contribuciones patronales del mes asciende a 3.511,3 millones de pesos, presentando una variación respecto a enero de 2017 de 25,4%”, indicó el INDEC. Es decir, 0,6 puntos por encima de la inflación total del año pasado, que cerró en 24,8%. Shoppings: Los centros de compra experimentaron en enero un aumento de su facturación de 4% en precios corrientes.
Entre los rubros que mostraron un mayor crecimiento fue el poco preciso “Otros”, con 40,2%. Detrás se ubicaron “Diversión y esparcimiento”, con 38,4%; “Patio de comidas, alimentos y kioscos”, con 28,0%.
Con menores variaciones se colocaron la venta de bienes no durables: “Ropa y accesorios deportivos”, con 24,7%; “Electrónicos, electrodomésticos y computación”, con 23,0%; y “Librería y papelería”, con 18,8%.
Por otro lado, la cantidad de puestos de trabajo aumentó con respecto a diciembre pasado: de 1.202 a 1.249, lo que supone un crecimiento de 3,9%.
En este caso, creció el empleo entre los centros comerciales de la Capital Federal: de los 718 de diciembre a los 767 de enero, equivalente a un incremento de 6,9%. En cambio, en los shoppings del Conurbano se mantuvieron estables: de 484 bajó a 482.
En las últimas semanas, se abrió un interesante debate acerca de si el IPC del INDEC presenta un sesgo a la baja, ya sea fruto de aspectos metodológicos o de intenciones políticas manifiestas. En particular, para algunos especialistas, las subas de las tarifas eléctricas de febrero-marzo que registró el organismo serían más bajas que las reales, ya que la luz incide en el 0,35% de la canasta de precios según la metodología del IPC del INDEC. Tal número parece a priori ridículamente bajo. Veamos el asunto con más detalle desde el punto de vista metodológico.
La metodología del IPC del INDEC toma como referencia los precios de diciembre de 2015. En ese entonces, la luz en el AMBA (que es lo que mide el INDEC) era relativamente barata (con muchas facturas de $50 por bimestre). Bajo esa premisa, ese 0,35% parecería razonable. Ahora bien, un dato importante es que esos ponderadores no son fijos, sino que van variando en función de la evolución de los precios relativos.
El IPC mide un “changuito” fijo de bienes y servicios. Imaginemos un ejemplo. Supongamos que tenemos que ir todos los meses al supermercado, y ese changuito se llena siempre con dos cosas, fideos y lavandina. En el momento inicial, el changuito cuesta $100, dado que los fideos cuestan $10 y la lavandina $90. Es decir, en ese changuito los fideos ponderan 10% y la lavandina 90%. Estipulemos ahora que en el mes siguiente los fideos triplican su precio y la lavandina lo sube en un 33,3%. Los fideos pasan a costar $30 y la lavandina $120. La inflación total implicada es del 50%, ya que el changuito cuesta ahora $150. Sin embargo, el peso de los fideos en el changuito se incrementó: subió al 20% ($30 sobre $150). Supongamos finalmente que al mes siguiente los fideos duplican su precio (de $30 a $60) y la lavandina queda estable. El valor del changuito pasa entonces de $150 a $180, lo que implica un 20% de inflación, dados los nuevos pesos relativos de los fideos y de la lavandina. Si tomáramos como referencia el changuito original, la inflación habría sido menor (ya que los fideos hubieran pasado de $10 a $20 y la lavandina se habría quedado en $90, esto es, el changuito se habría encarecido de $100 a $110, un 10%).
Este ejemplo imaginario y arbitrario puede replicarse para comprender lo acontecido con la electricidad y el resto de los servicios públicos. Si bien el INDEC no publicó datos de precios relativos entre diciembre de 2015 y abril de 2016 (primer mes de cómputo de la nueva serie del IPC), podemos inferir el cambio implícito en la ponderación de los servicios públicos implícita en su IPC, desde fines de 2015 hasta la fecha.
En la metodología del IPC-INDEC se muestra que, en conjunto, agua, luz y gas pesaban 1,58% de la canasta en diciembre de 2015. Para abril, dicha cifra habría subido al 4,1%, debido al tarifazo de electricidad de febrero de 2016, y el de agua y gas de abril de 2016. En mayo y junio siguió subiendo hasta un 4,4%, producto de que la suba del agua se terminó de escalonar en este último mes. Luego se produce una fuerte baja en agosto-septiembre (hacia el 3%), producto del fallo de la Corte Suprema, que obligó a dar marcha atrás con las tarifas del gas subidas en abril. El nuevo aumento del gas en octubre hizo subir el ponderador implícito de los servicios públicos del hogar a 3,8%, para luego ir perdiendo gradualmente terreno (ya que en noviembre, diciembre y enero los precios de los servicios públicos estuvieron quietos y el de los demás rubros siguió creciendo). Ahora, con la suba de la electricidad en febrero, el ponderador de los servicios públicos en el IPC volvió a ubicarse en el 4,1%. Si un hogar gastara, supongamos, $25.000 por mes en promedio en bienes y servicios, alrededor de $1.000 se irían en luz, agua y gas.
¿Cómo hace el INDEC para saber cómo se compone el “changuito” de bienes y servicios a ser medido mes a mes por el IPC? Para ello, realiza una Encuesta de Gasto de los Hogares, que dura entre 12 y 15 meses (ya que los gastos fluctúan mes a mes, por ejemplo, en enero hay un componente estacional muy grande en lo que tiene que ver con vacaciones). Tal Encuesta de Gasto se hace aproximadamente cada unos diez años. La última, de 2012/2013, es la que usamos en el IET para determinar el perfil de gastos de los hogares cuyo jefe/a es un asalariado/a registrado/a, obteniendo resultados muy consistentes.
La conducción actual del INDEC rechazó esta última encuesta con argumentos supuestamente técnicos, como una “elevada tasa de no respuesta en el Gran Buenos Aires”, aunque parece más una sobreactuación funcional a denostar todo lo realizo en el INDEC durante la gestión previa. De tal modo, tomó, para el actual IPC, la Encuesta de Gasto de Hogares de 2004/5 y le hizo algunas modificaciones ad hoc (como por ejemplo, tener en cuenta la evolución de los precios relativos desde 2004/5 hasta fines de 2015, o incrementar el peso de la telefonía celular vis á vis la telefonía fija, que en 2004/5 era mucho más importante en términos relativos).
Las mediciones de inflación del INDEC, desde que reanudó sus publicaciones, están en línea con las de las provincias, incluso con la que medimos en el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET). Entre abril y febrero, el INDEC reportó una inflación acumulada del 21,4%, la Dirección de Estadísticas de CABA del 23,2%, la de Córdoba del 21,9%, y la de Mendoza del 18,3%. En tanto, en el IET medimos 20,4% de inflación acumulada en el mismo período.
Las discrepancias entre los índices, fuera de manipulaciones mal intencionadas, pueden tener que ver por un lado con cuestiones metodológicas. Por ejemplo, en el IET medimos la inflación nacional (y no regional) y sólo de un segmento de la población -asalariados registrados, con una canasta con algunas diferencias al del resto de los grupos sociales-, de modo que aumentos en ciertos rubros impactan algo más en el nivel general que otros. Otras diferencias entre los índices pueden tener que ver con la muestra de comercios relevada, con la cantidad de rubros relevados, con cuestiones regionales propias (la canasta de consumo de los mendocinos no necesariamente es la misma que la del AMBA -allá no tienen subte, por ejemplo-) o en la modalidad de relevamiento (por ejemplo, en el IET relevamos precios 170.000 precios online, en tanto que las agencias de estadística hacen relevamiento físico de precios, de modo que a veces hay algunas discrepancias, por ejemplo en indumentaria, en donde la venta online hace varios años que viene mostrando menores subas de precios respecto a los comercios físicos). Sería preocupante que estas discrepancias puntuales entre los distintos índices se amplifiquen a lo largo del tiempo, esto es, que haya un índice que sistemáticamente dé más por arriba o por debajo que los demás.
En suma, en lo que al IPC concierne, hasta el momento los datos vertidos por el INDEC no muestran singularidades imposibles de justificar metodológicamente. Ello no implica que no sería saludable que el organismo mostrara una mayor transparencia en la información publicada, que permita fortalecer su imagen pública. A modo de ejemplo, el INDEC bien podría mostrar un mayor nivel de desagregación por rubro de su IPC de lo que hoy hace (por ejemplo, agua, luz y gas aparecen agregadas en “servicios públicos de la vivienda”). También sería positivo que el organismo muestre un desglose de cómo calcula las subas en estos servicios públicos, cuyo alza promedio suele ser muy difícil de estimar con precisión por las consultoras y los usuarios interesados, por falta de información detallada. Adicionalmente, el organismo debiera aclarar con precisión qué pasó con la evolución de los precios relativos entre diciembre de 2015 y abril de 2016 (aquí hemos intentado hacerlo en base a la -acotada- información disponible).
Estas cuestiones también pueden extrapolarse a otros productos que el INDEC ofrece. El INDEC debiera mostrar con un mayor nivel de detalle la dinámica de las ramas de actividad, monitoreada por la Dirección de Cuentas Nacionales. Hoy por hoy se exhiben tales dinámicas (de producción y precios, por ejemplo) a dos dígitos (“Alimentos y Bebidas”, por ejemplo), cuando debería hacerse a un mayor nivel de desagregación (por ejemplo, cinco dígitos, como “Producción de arroz”). Ello contribuiría, además, a entender con alto detalle las dinámicas sectoriales específicas, así como a dar mayor transparencia al cálculo del PBI.
Por último, y volviendo al IPC, tomar la Encuesta de Gasto de 2004/5 y actualizarla ad hoc es al menos cuestionable. En los próximos meses, debería encararse una nueva Encuesta de Gasto de los Hogares, que permita saber a ciencia cierta hacia qué tipo bienes y servicios los argentinos dirigimos nuestro gasto, lo cual dotaría al IPC del INDEC de un mayor grado de representatividad.
Las exportaciones misioneras crecieron en 2017 un 17 por ciento, siendo el distrito de mayor incremento de los envios al exterior en compareación con el año 2016.
Como informó Economis el 8 de marzo pasado, las exportaciones de la tierra colorada dieron un salto a 412 millones de dólares. En cantidades exportadas el aumento fue mayor, del 20,2% respecto al año pasado, según el Indec,
Si bien el crecimiento es una buena noticia, también hay que ponerla en su contexto. Argentina atraviesa una crisis exportadora, y los crecimientos de los envios al exterior fueron muy moderados. Por otra parte, Misiones está en el fondo del pozo en cuanto a sus ventas al exterior, con lo cual, un incremento de cualquier índole sirve para “mover la aguja”.
Un gráfico de la consultora Economía y Regiones, ilustra la comparación de todas las provincias por el incremento de las exportaciones.
Son datos del Indec. Salvo en diciembre del año pasado, es el aumento mensual más grande que se registró desde que el instituto mide el IPC Nacional. La región NEA tuvo en Febrero la inflación más baja del país con un +23% en los últimos 12 meses.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) anunció este miércoles que la inflación de febrero fue del 2,4%, por debajo de lo que estimaban consultoras privadas.
La suba del IPC Nacional fue impulsada por los rubros Comunicación (+9,1%); Transporte (4,5%); y Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (+3,8%). Así en lo que va del año, los precios minoristas registraron un aumento del 4,2%, mientras que en los últimos 12 meses acumula un alza del 25,4%.
El nivel general del Índice de Precios al Consumidor (IPC) representativo del total de hogares del país registró en el mes de febrero una variación de 2,4% con relación al mes anterior.
Impactaron fuerte en febrero el aumento del 9,1% en el rubro “Comunicación”, por el aumento en el servicio de telefonía móvil, del 4,5% por la suba del boleto en el transporte y del 3,8% en el de Vivienda Agua y Electricidad, gas y otros”, por el alza en tarifas de servicios públicos.
La suba fue también importante en el rubro “alimentos y bebidas no alcohólicas”, con 2,2%; en el de Salud, 2,3% -por el incremento de las cuotas de las prepagas-, mientras que el período vacacional impactó en los precios de hoteles y gastronomía, que crecieron un 2,1%.
Las regiones del país que registraron mayor alza en sus precios en el segundo mes del año fueron el Gran Buenos Aires y Cuyo con un 2,6%, seguido por la pampeana con un 2,3% y la noreste con un 2,1%.
La región del NEA tuvo en Febrero la inflación más baja del país con un +23% en los últimos 12 meses (la más alta se dio en la región de Cuyo con +26,6%. En el NEA los rubros mas calientes fueron “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” (+50,4%) y Comunicación (+36,9) y los rubros de menores aumentos fueron “Prendas de Vestir y Calzado” (+12,1%) y “Restaurantes y Hoteles” (+15%). Al mismo tiempo la inflación Núcleo del NEA fue de +19,9% en los últimos 12 meses, también la mas baja del país (la región de GBA tuvo la más alta con +22,3%)
Cabe recordar que la semana pasada, el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), que depende de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), informó su medición de febrero, que alcanzó 2,4%. Según el IET, el aumento interanual fue de 26,3%, mientras que la inflación acumulada en el primer bimestre se registró un alza de 4,4%.