Industria Argentina

Se perdieron más de 106.000 puestos registrados en 2025 mientras crece el monotributo

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El mercado laboral argentino cerró 2025 con un dato que, en apariencia, sugiere estabilidad pero esconde un cambio profundo en la calidad del empleo. Según datos de la Secretaría de Trabajo basados en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el total de trabajadores registrados se mantuvo prácticamente sin variaciones interanuales, pero con una transformación significativa: el empleo asalariado cayó en más de 106.000 puestos mientras el trabajo independiente, especialmente el monotributo, creció con fuerza.

El dato central revela una mutación en la estructura laboral. El empleo asalariado —que incluye al sector privado, al sector público y al trabajo en casas particulares— retrocedió 1% interanual en diciembre de 2025 frente al mismo mes de 2024. En números concretos, la economía perdió 106.200 puestos formales bajo relación de dependencia.

Al mismo tiempo, el trabajo independiente aumentó 3,8%, con 104.800 nuevos inscriptos. Esa expansión compensó estadísticamente la caída del empleo asalariado y evitó que el total de puestos registrados mostrara un descenso más marcado.

El resultado plantea una tensión que ya comienza a discutirse en el plano político y económico: el empleo formal no desaparece del todo, pero cambia de forma. Y en ese proceso, el peso del trabajo con menor protección laboral crece.

La caída del empleo asalariado y el impacto sectorial

El retroceso del empleo registrado bajo relación de dependencia se distribuyó en varios segmentos del mercado laboral.

El sector privado explicó la mayor parte de la contracción, con una caída interanual del 1,4% equivalente a 88.800 puestos menos. El empleo público también mostró retrocesos, aunque más moderados: bajó 0,5%, lo que representa 18.700 empleos menos.

El único segmento con estabilidad fue el trabajo en casas particulares, que registró una variación prácticamente neutra, con un leve aumento de 0,3%.

Los datos muestran que el problema no se concentra en un solo sector. El deterioro atraviesa tanto al empleo privado como al estatal, lo que sugiere un impacto más amplio del contexto económico.

La dinámica tampoco es reciente. Según la serie del SIPA, la destrucción neta de puestos comenzó en septiembre de 2023 y se profundizó durante 2024. Aunque hacia fines de ese año se observó una recuperación moderada, durante 2025 el mercado laboral volvió a mostrar señales negativas.

Entre junio y diciembre del año pasado, el empleo privado acumuló siete meses consecutivos de variaciones negativas. En ese período se perdieron 96.800 puestos.

Si se amplía la mirada temporal, el deterioro es más marcado: entre septiembre de 2023 y diciembre de 2025 desaparecieron aproximadamente 150.000 empleos privados registrados.

Industria y comercio, los sectores más golpeados

El análisis sectorial revela que el impacto del ajuste económico se concentró en actividades intensivas en mano de obra.

Durante 2025 la industria perdió cerca de 40.000 puestos de trabajo registrados, la mayoría durante el segundo semestre del año. El comercio también mostró una caída significativa: desde mayo se redujeron 22.600 empleos.

El fenómeno no parece limitado a sectores tradicionalmente vulnerables. Incluso áreas consideradas beneficiarias del actual esquema económico —como agro, minería o intermediación financiera— destruyeron empleo durante el segundo semestre de 2025.

Ese comportamiento sugiere que la desaceleración laboral responde a un cuadro económico más amplio, marcado por la caída de la actividad y el ajuste fiscal.

El crecimiento del monotributo como amortiguador estadístico

El crecimiento del trabajo independiente aparece como el principal factor que evita una caída más pronunciada del empleo registrado total.

Durante 2025, el monotributo incorporó más de 104.800 trabajadores. Desde noviembre de 2023, el aumento acumulado alcanza 159.501 nuevos monotributistas.

Sin embargo, ese crecimiento también abre un debate sobre la calidad del empleo generado. En muchos casos, el monotributo funciona como un esquema laboral con menor estabilidad, menos protección social y sin las condiciones propias del empleo asalariado formal.

El fenómeno no es nuevo en el mercado laboral argentino, pero los datos recientes indican que se aceleró en el contexto del ajuste económico.

Un mercado laboral en transición

El balance de 2025 deja un diagnóstico ambiguo: el empleo registrado no colapsó en términos cuantitativos, pero sí experimentó un desplazamiento hacia modalidades laborales más flexibles.

Esa transformación ocurre en paralelo a una economía que todavía no logra consolidar una recuperación sostenida de la actividad.

El comportamiento del empleo en los próximos meses dependerá de dos variables centrales: la evolución del nivel de actividad y la capacidad de los sectores productivos de volver a generar empleo bajo relación de dependencia.

Por ahora, los datos sugieren un mercado laboral que se mantiene en pie, aunque con una estructura cada vez más distinta de la que existía apenas dos años atrás.

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La industria rebota en enero pero sigue en rojo interanual y la construcción avanza sin despegar

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El diagnóstico surge de un informe de la consultora Ecolatina y describe un escenario económico que el Gobierno sigue de cerca: la actividad productiva comienza a mostrar movimientos positivos en algunos indicadores, pero todavía convive con un proceso de ajuste sectorial y reconfiguración estructural.

¿Qué pasó con la industria y la construcción en enero?

El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI manufacturero) registró en enero una suba mensual desestacionalizada de 3,1%. A su vez, se revirtió el signo negativo de diciembre, por lo que la industria subió dos meses consecutivos. De este modo, enero se posicionó 2,4% por encima de los últimos seis meses, volviendo a los niveles de junio del año pasado. No obstante, la actividad industrial registró el séptimo mes de caída interanual al contraerse 3,2%.

El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) se mantuvo sin variaciones en enero, luego de haber repuntado 3,4% en diciembre. De este modo, con el dato de enero la actividad se ubicó 1,2% por encima de igual mes del año pasado y 0,5% por encima del promedio de 2025.

De cara al segundo mes de 2026, los indicadores adelantados presentan señales mixtas. En la industria, la producción de automóviles cayó 4,9% s.e. tras haber recuperado en enero caídas previas, y se ubicó 30,1% por debajo en términos interanuales. Por el lado de la construcción, el Índice Construya registró una suba de 16% s.e. (tras haber caído 11,6% s.e. en enero) y una baja de 2,7% i.a. En contraste, los despachos de cemento cayeron 2,8% s.e. y se posicionaron 5,3% por debajo de febrero del 2025.

Efecto rebote en la industria

El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI manufacturero) registró en enero una suba mensual desestacionalizada de 3,1%. A su vez, se revirtió el signo negativo de diciembre, por lo que la industria subió dos meses consecutivos. De este modo, enero se posicionó 2,4% por encima de los últimos seis meses, volviendo a los niveles de junio del año pasado. No obstante, la actividad industrial registró el séptimo mes de caída interanual al contraerse 3,2%.

Al interior del índice, todas las ramas industriales presentaron subas, (excepto Productos minerales no metálicos, que apenas cayeron). Creemos que esta importante suba mensual representa más un efecto rebote tras tantos meses de deterioro que un cambio de tendencia en la industria manufacturera. De hecho, en un esquema que prioriza el proceso desinflacionario a costa de un mayor dinamismo en la actividad, en un contexto de apertura económica, el desempeño observado a lo largo de 2025 refleje de manera más fiel la dinámica del sector que el dato puntual de enero.

El avance heterogéneo de la industria permite distinguir dos tipos de ramas industriales: aquellas que vienen creciendo, impulsadas por los sectores de la economía que actualmente se expanden como los primarios, y aquellas más expuestas a la apertura de importaciones y al enfriamiento de la actividad. Lo destacable es que incluso varias de las ramas más afectadas por este contexto registraron subas en la variación mensual desestacionalizada. Este es el caso de la industria automotriz (25,7% i.a.), la industria textil, donde productos textiles y prendas de vestir muestran caídas cercanas al 20% i.a., muebles y colchones (-5,0% i.a.), las cadenas finales de productos de metal y plástico (-8,0% i.a. en ambos casos) y los aparatos de uso doméstico (-35,8% i.a.). Estas ramas acumulan varias caídas interanuales consecutivas.

A pesar de este deterioro, todas registraron mejoras en la serie desestacionalizada en enero: productos textiles creció 4,5%, prendas de vestir 4,3%, productos de metal 6,1%, vehículos automotores 8,3% y productos de plástico 7,9%.

Por otro lado, se encuentran aquellas pocas ramas que vienen creciendo consistentemente, por ser ramas más vinculadas al sector primario, los principales drivers del crecimiento de la actividad económica (Vaca Muerta-minería). Además, se encuentran ramas que no están expuestas a la apertura comercial. Todos estos sectores se posicionan de manera sostenida por encima de igual mes del año pasado, y también crecieron en la serie desestacionalizada en enero: Alimentos y bebidas (+2,5%), Refinación del petróleo (+0,1%), Industrias metálicas básicas (asociadas a las etapas iniciales de la cadena, +0,2%).

Con vaivenes, la construcción crece lentamente

El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) se mantuvo sin variaciones en enero, luego de haber repuntado 3,4% en diciembre. De este modo, el rubro se ubicó 1,2% por encima de igual mes del año pasado y 0,5% por encima del promedio de 2025.

El nivel de actividad observado en los últimos dos años parece haberse consolidado como la nueva normalidad para la construcción. Si bien resulta poco probable un retorno a los niveles de 2023, la actividad logró iniciar la recuperación mediante una dinámica de subas y bajas mensuales, superando el crecimiento de la industria.

En cuanto a los insumos para la construcción, cuatro de los doce registraron caídas mensuales en la serie desestacionalizada. Entre los principales retrocesos se destacan el hierro (-11,7%), los mosaicos (-8,8%) y las pinturas (-6,4%). En contraste, las subas más relevantes se observaron en ladrillos (15,7%), asfalto (+10,5%) y hormigón elaborado (+7,1%). El comportamiento de estos insumos durante enero, con subas en asfalto y hormigón y retrocesos en mosaicos y pinturas, sugiere que las obras vinculadas más grandes, e incluso la obra pública, particularmente las impulsadas por las provincias, habrían tenido un peso relativamente mayor en el indicador que aquellas asociadas a reformas y construcción de viviendas.

Se espera que este panorama se profundice en el marco de la Red Federal de Concesiones anunciada por el Gobierno, un programa que busca construir y mantener las rutas nacionales mediante un esquema de concesiones al sector privado. De todos modos, este esquema podría demorar el inicio de las obras, dado que las decisiones de inversión dependen de la rentabilidad esperada por las empresas, a diferencia de un esquema donde la obra pública es financiada por el Estado.

Lo desarrollado previamente es consistente con las expectativas para los próximos meses relevadas por INDEC. En el último informe se redujo la proporción de empresas dedicadas a obras privadas que esperan un aumento en el nivel de actividad en los próximos tres meses, pasando del 22% al 16,7%. Al mismo tiempo, el porcentaje de empresas vinculadas a obras públicas que prevén una mejora en la actividad creció levemente respecto del relevamiento anterior (+0,5 p.p.). Dentro de este grupo, las obras viales y de pavimentación aparecen como las principales impulsoras de la actividad del sector.

En cuanto a los principales obstáculos, los encuestados señalaron en primer lugar la caída de la actividad económica (31,1%, +3,9 p.p.), seguida por los altos costos de la construcción (21,2%, -2,8 p.p.). Por último, las empresas dedicadas a obras públicas recortaron en 7,3 p.p. sus expectativas de reducción de personal respecto del informe anterior.

Comentarios finales

Si bien el dato de la industria sorprendió al alza, no debería representar un cambio relevante en la tendencia divergente observada en los últimos meses del 2025. Esto es, mientras la industria parece estar atravesando cambios de carácter más estructural, la construcción muestra una recuperación gradual, con vaivenes.

De cara al segundo mes de 2026, los indicadores adelantados presentan señales mixtas. En la industria, la producción de automóviles cayó 4,9% s.e. tras haber recuperado en enero, y se ubicó 30,1% por debajo de febrero 2025. Por el lado de la construcción, el Índice Construya registró una suba de 16% s.e. (tras haber caído 11,6% s.e. en enero) y una baja de 2,7% i.a. En contraste, los despachos de cemento cayeron 2,8% s.e. y se posicionaron 5,3% por debajo de febrero del 2025.

Para 2026, esperamos mayores cambios al interior de las distintas ramas industriales, en un contexto de mayor apertura comercial, reformas estructurales y el avance de los acuerdos comerciales. En este marco, podrían observarse transformaciones en sectores que hasta ahora mostraron menor dinamismo en términos de cambios estructurales, como alimentos y bebidas y la industria metálica básica (acero y aluminio). En cuanto a la construcción, el sector aún tendría margen para continuar expandiéndose si se consolida la recuperación del crédito (en particular el hipotecario) y las obras de rutas nacionales anunciadas por el Gobierno.

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La industria arrancó en rojo: cayó 3,2%, con un rebote mensual que no alcanza a revertir el cuadro sectorial

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La industria manufacturera argentina abrió 2026 con una señal doble, y en apariencia contradictoria: el nivel general del Índice de Producción Industrial manufacturero cayó 3,2% interanual en enero, pero al mismo tiempo exhibió una mejora de 3,1% frente a diciembre en la serie desestacionalizada, mientras la tendencia-ciclo avanzó 0,8%. La foto, entonces, combina un retroceso todavía evidente en la comparación con el mismo mes del año pasado con un movimiento de recuperación de corto plazo que, por ahora, no cambia el diagnóstico de fondo.

El dato central es que la industria sigue sin encontrar un sendero homogéneo. El informe del INDEC muestra que diez de las dieciséis divisiones fabriles registraron caídas interanuales en enero, lo que confirma que el deterioro continúa siendo extendido y no se limita a un puñado de rubros aislados. Los mayores retrocesos, además, se concentraron en ramas sensibles para la inversión, el empleo y el entramado pyme: maquinaria y equipo se desplomó 20,2%; vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes, 25,7%; prendas de vestir, cuero y calzado, 20,6%; y otros equipos, aparatos e instrumentos, 22,1%. También retrocedieron productos de caucho y plástico, productos de metal, textiles, alimentos y bebidas, muebles y otras manufacturas, y otro equipo de transporte.

Ese mapa sectorial revela algo más profundo que una mera oscilación mensual: el corazón de la industria vinculada a bienes durables, equipos de capital y consumo masivo no logró sostener el ritmo. En otras palabras, allí donde la producción suele responder a expectativas de inversión, crédito, consumo y nivel de actividad, enero volvió a mostrar debilidad. La mejora desestacionalizada sirve para marcar que el piso podría haber quedado atrás en el muy corto plazo, pero el arranque del año todavía está lejos de ofrecer una recuperación generalizada.

Dentro de ese cuadro, maquinaria y equipo sobresale como uno de los focos más preocupantes. El rubro cayó 20,2% interanual y arrastró especialmente por dos segmentos: maquinaria agropecuaria, con una baja de 32,1%, y aparatos de uso doméstico, con un derrumbe de 35,8%. La maquinaria de uso general y la otra maquinaria de uso especial también retrocedieron, aunque con menos intensidad. Es un dato relevante porque esta división suele funcionar como termómetro de la inversión productiva: cuando cae de manera tan marcada, no solo refleja menor producción fabril, sino también una economía con decisiones de compra más postergadas y una demanda empresarial más cautelosa.

El otro gran bloque en crisis es el de los sectores intensivos en trabajo. Textiles cayó 23,9%; prendas de vestir, cuero y calzado, 20,6%; y dentro de este último rubro, el calzado se hundió 34,1%. En textiles, los principales golpes vinieron por hilados de algodón y tejidos y acabado de productos textiles, con bajas superiores al 33%. Son ramas especialmente sensibles a la pérdida de poder adquisitivo, a la competencia importada y al encarecimiento de costos, por lo que su desempeño funciona como un indicador temprano de estrés industrial y comercial.

La rama automotriz también volvió a ser un factor contractivo. El resumen ejecutivo agrupa a automotores y otros equipos de transporte con una caída interanual de 22,9%, una magnitud que explica buena parte del retroceso del nivel general. En un país donde el sector automotor suele traccionar cadenas completas de autopartes, metalmecánica, plásticos y logística, un movimiento de esa dimensión tiene efectos multiplicadores negativos más allá de la fábrica terminal.

Sin embargo, el cuadro no es de derrumbe uniforme. El informe también muestra núcleos de resistencia, e incluso de expansión, en ramas puntuales. Sustancias y productos químicos creció 7,2%; productos minerales no metálicos, 4,3%; refinación del petróleo, 2,2%; productos de tabaco, 2,5%; y madera, papel, edición e impresión, 0,2%. Esas mejoras no compensaron la magnitud de las bajas en los sectores más golpeados, pero sí impidieron que el índice general mostrara una contracción todavía mayor.

El desempeño de químicos merece una lectura particular. La división avanzó 7,2% interanual, apuntalada sobre todo por productos farmacéuticos, que treparon 17,7%, y por agroquímicos, con una suba de 18,7%. En contraste, cayeron productos químicos básicos, materias primas plásticas y caucho sintético, y detergentes, jabones y productos personales. Es decir, incluso dentro de los sectores ganadores el comportamiento no fue lineal, sino segmentado.

En alimentos y bebidas, el panorama fue más equilibrado, aunque cerró en terreno negativo: la división cayó 0,7%. Allí convivieron bajas en carne vacuna, carne aviar, fiambres, frutas y hortalizas procesadas, molienda de cereales y panificados, con subas en lácteos, azúcar y vino. Pero el dato más llamativo para la economía regional del noreste argentino fue el salto de yerba mate, té y café, que mostró una expansión interanual de 32,0%. En un mes donde el agregado de alimentos retrocedió, esa subrama aportó una incidencia positiva de 0,5 puntos dentro del rubro.

Ese comportamiento resulta especialmente relevante para Misiones, porque confirma que, al menos en la medición industrial del arranque de año, la elaboración de yerba mate, té y café mostró un desempeño mucho más dinámico que el promedio manufacturero nacional. No alcanza por sí solo para cambiar el panorama del conjunto fabril argentino, pero sí marca que algunas economías regionales industriales lograron sostener actividad en medio de un contexto nacional contractivo.

También para Misiones hay otro dato a observar: madera, papel, edición e impresión creció 0,2% interanual. Dentro de esa división, madera y productos de madera y corcho, excepto muebles, subió 0,8%; papel y productos de papel cayó 2,1%; y edición e impresión avanzó 2,1%. El resultado agregado es modesto, pero positivo, en un contexto donde muchas ramas industriales siguieron en baja.

En términos de lectura macro, enero deja una conclusión prudente. La industria argentina no mostró aún una recuperación sólida, pero tampoco una profundización uniforme del deterioro. El repunte mensual desestacionalizado y la mejora de la tendencia-ciclo sugieren que hubo una recomposición parcial respecto de diciembre, aunque la comparación interanual y la amplitud de las bajas sectoriales obligan a moderar cualquier entusiasmo. La producción fabril comenzó el año con un rebote técnico, no con una salida plena de la zona de fragilidad.

En ese marco, el dato de enero parece describir una industria partida en tres velocidades: sectores de inversión y durables todavía muy golpeados; ramas de consumo cotidiano que resisten con dificultad; y algunos complejos puntuales -como químicos, refinación, tabaco, madera y la cadena yerba-té-café- que mostraron mejores registros. La discusión de fondo para los próximos meses será si ese rebote mensual logra extenderse y contagiar al resto del entramado fabril, o si queda apenas como una mejora transitoria en un escenario todavía dominado por la heterogeneidad y la debilidad estructural.

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La industria del té pide a Nación un dólar exportador para no perder mercados

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La industria tealera de Misiones atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. Tras un 2025 marcado por una caída cercana al 18% en las exportaciones, el sector enfrenta una combinación de factores que amenaza su competitividad internacional: costos internos en dólares en fuerte alza, un tipo de cambio considerado poco competitivo y una demanda externa cada vez más exigente.

En diálogo con Canal 12, el empresario yerbatero y tealero Renso Klimiuk analizó el escenario actual y advirtió que el problema no es exclusivo de Misiones, sino que forma parte de un contexto que atraviesan muchas economías regionales del país.

El debate se da además en medio de un deterioro industrial a nivel nacional. En los últimos dos años, la industria argentina acumuló una caída cercana al 7,9%, una de las más pronunciadas del mundo, según distintos informes internacionales. En ese marco, la Unión Industrial Argentina respondió al discurso del presidente Javier Milei en el Congreso con una frase que volvió a instalar la discusión sobre el rol productivo del país: “Sin industria no hay país”.

Klimiuk explicó que el 2025 fue particularmente duro para el sector tealero, que depende casi exclusivamente de los mercados externos.

“Fue un año muy duro, con una caída brusca en las exportaciones. Hoy Argentina tiene un costo de elaboración en dólares muy caro para producir. Con un dólar que no es competitivo, producir en el país se vuelve bastante complicado para un producto commodity como el té”, señaló.

Argentina representa alrededor del 4% del comercio mundial de té, lo que obliga a competir con grandes productores internacionales como Kenia, Sri Lanka o China.

“Cuando los costos suben en dólares se hace muy difícil trasladarlos al precio final. Competimos con países que tienen estructuras mucho más eficientes o costos más bajos”, explicó.

Energía, combustible y costos en dólares

Uno de los principales problemas del sector es el fuerte incremento de costos medidos en dólares durante los últimos años.

“El combustible se nos triplicó en dólares y la energía aumentó cerca del 300%. Son insumos fundamentales para la elaboración del té y todo eso termina impactando en el precio final”, indicó.

Para Klimiuk, el problema radica en que esos aumentos ocurren en una actividad donde los precios internacionales están fijados por el mercado global.

“El té es un commodity. No podemos trasladar esos aumentos como sí ocurre en otros productos. Entonces terminamos perdiendo competitividad y mercado”, sostuvo.

La crisis también impacta en la producción primaria. Según explicó el empresario, la zafra pasada terminó antes de lo habitual y muchos productores decidieron no fertilizar los cultivos ante el escenario de incertidumbre.

“A eso se suma la sequía, que también afectó los rendimientos. Todo eso genera una caída en la producción y una oferta que no acompaña la demanda del exterior”, explicó.

En este contexto, el sector viene reclamando medidas que permitan mejorar la competitividad exportadora.

Entre las alternativas aparece la posibilidad de implementar un tipo de cambio diferencial para el agro y las economías regionales, una herramienta que el sector viene solicitando desde hace meses.

“Durante todo el año pasado venimos buscando alguna herramienta para poder competir. Hoy lo que pedimos es un dólar diferencial para el agro, porque vamos perdiendo mercado”, afirmó.

Sin embargo, sostuvo que hasta el momento no hubo respuestas concretas del Gobierno nacional.

“Desde las cámaras y consorcios exportadores venimos buscando respuestas, pero hoy no hay un acompañamiento”, señaló.

Para Klimiuk, el escenario actual genera preocupación entre las pymes industriales del interior del país.

“Con un dólar barato y costos altos en dólares, el riesgo es que nos llenemos de productos importados y que eso termine destruyendo la industria nacional”, advirtió.

El empresario sostuvo que la situación no es aislada del sector tealero.

“Si uno recorre el interior del país ve que la cadena de pagos está muy complicada, creció la morosidad bancaria y la cantidad de cheques rechazados es muy alta”, aseguró.

También remarcó que hasta ahora las pymes no registraron reducciones impositivas que alivien la presión sobre los costos.

No hubo una sola baja de impuestos para el sector pyme exportador o no exportador. En cambio, sí tuvimos fuertes incrementos en energía, combustible y fletes”, explicó.

India, un mercado en exploración para la yerba mate

El panorama es algo diferente para la yerba mate, donde las exportaciones muestran una tendencia de crecimiento, aunque el mercado interno sigue siendo el principal destino.

Mientras el té destina cerca del 90% de su producción al exterior, la yerba mate concentra alrededor del 85% de su consumo en el mercado interno.

En ese marco, Klimiuk participó recientemente en una misión comercial en India junto a empresas y autoridades de Misiones.

“India es un mercado enorme, de 1.500 millones de personas y con una fuerte cultura de consumo de infusiones. La yerba mate es un producto nuevo para ellos, pero tiene un potencial enorme”, explicó.

Según indicó, ya se realizaron algunos envíos iniciales y el objetivo es avanzar en el desarrollo de ese mercado en los próximos años.

“Si logramos posicionarnos aunque sea en un pequeño nicho de ese mercado, puede abrirse una oportunidad enorme para la yerba mate argentina”, concluyó.

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Argentina tuvo el segundo peor desempeño industrial del mundo

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La frase histórica de la Unión Industrial Argentina volvió a resonar en medio del deterioro del sector manufacturero: “sin industria no hay país”. El diagnóstico se refuerza con los datos internacionales más recientes: Argentina registró el segundo peor desempeño industrial del mundo entre 56 economías en los últimos dos años.

El dato surge de un informe de la consultora Audemus, que midió la evolución de la actividad industrial entre 2023 y 2025. En ese período, la producción manufacturera argentina cayó en promedio 7,9%, ubicándose solo por encima de Hungría, donde el retroceso fue de 8,2%.

La dinámica local contrasta con lo ocurrido en gran parte del mundo y también en América Latina, donde varios países lograron sostener expansiones industriales o caídas mucho más moderadas.

País Variación industrial (%) Tendencia
Hungría -8,2% Caída
Argentina -7,9% Caída
Bulgaria -6,7% Caída
Alemania -6,3% Caída
Canadá -5,2% Caída
Italia -4,8% Caída
Países Bajos -3% Caída
Taiwán +32,3% Crecimiento
Vietnam +23,8% Crecimiento
Egipto +19,5% Crecimiento
Costa Rica +16,3% Crecimiento
China +13,3% Crecimiento
Rusia +13% Crecimiento
Singapur +12,8% Crecimiento

Una crisis con causas internas

Según el estudio, el retroceso industrial argentino no responde principalmente a factores externos.

Mientras en Europa el deterioro manufacturero se explica por el shock energético, la competencia china en la industria automotriz y las tensiones comerciales con Estados Unidos, en Argentina el informe apunta a factores de política económica doméstica.

Entre ellos se destacan un tipo de cambio apreciado que reduce la competitividad, una apertura comercial acelerada y la ausencia de instrumentos de política industrial activa.

La comparación regional también resulta desfavorable. En el mismo período:

  • Brasil expandió su industria 3,5%
  • Chile creció 5,2%
  • Perú avanzó 6,5%
  • Uruguay registró +3,7%

Incluso países que mostraron retrocesos, como México (-0,4%) o Colombia (-0,7%), tuvieron caídas marginales frente al desplome argentino.

El contraste más evidente aparece con Brasil, que comparte el Mercosur con Argentina pero implementó políticas industriales activas, como el programa automotriz Mover, además de sostener un tipo de cambio más competitivo.

Cierre de empresas y caída del empleo

El deterioro del sector no solo se refleja en los índices de producción. También impacta en el entramado empresarial y en el empleo.

En los últimos dos años, 2.436 empresas industriales dejaron de realizar aportes al sistema de ART, un indicador que suele reflejar cierres o una reducción significativa de la actividad. Esa cifra representa casi el 5% del total de firmas industriales del país.

Las empresas que continúan operando también atraviesan un escenario complejo. El uso de la capacidad instalada se ubica en 57,9%, el nivel más bajo de la última década, excluyendo la pandemia.

En términos de empleo, desde 2023 se perdieron 72.955 puestos de trabajo industriales, lo que implica una contracción cercana al 6% del empleo manufacturero.

El deterioro del sector se da en medio de un fuerte debate político sobre el rol de la industria en la economía.

El ministro de Economía, Luis Caputo, relativizó recientemente la pérdida de empleo industrial y sostuvo que la rotación laboral es parte del funcionamiento normal del mercado de trabajo.

Por su parte, el presidente Javier Milei cuestionó en el Congreso lo que definió como el “fetiche industrialista”, al afirmar que durante décadas se sostuvo un esquema basado en subsidios y protecciones.

Tras esas declaraciones, tanto la Unión Industrial Argentina como la Asociación Empresaria Argentina reclamaron respeto institucional y un diálogo constructivo entre el sector público y el privado, advirtiendo sobre la necesidad de políticas que permitan sostener la producción y el empleo.

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