industria frigorífica

El consumo de carne cayó casi 10% interanual en agosto y se mantiene en mínimos históricos

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El consumo de carne vacuna volvió a retroceder y se mantiene entre los niveles más bajos de las últimas dos décadas. En agosto se ubicó en 46 kilos por habitante al año, una caída del 9,5% frente al mismo mes de 2025, según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).

La medición surge del promedio móvil de los últimos doce meses y muestra una pérdida de 4,9 kilos por persona en apenas un año. En agosto de 2025, el consumo equivalente era de 50,9 kilos anuales.

La perspectiva histórica permite dimensionar el cambio. De acuerdo con la serie de CICCRA, entre 2005 y 2010 el consumo de carne vacuna había superado los 60 kilos anuales por habitante. Ahora quedó en 46 kilos.

La caída del consumo se produce, además, en un escenario de menor producción y fuertes aumentos de precios. En agosto, la carne vacuna acumuló una suba interanual del 51,2%, frente a una inflación general del 33,2%.

Es decir, el precio de la carne aumentó 18 puntos porcentuales por encima del nivel general.

Menos carne para el mercado interno

Entre enero y agosto de 2026, el consumo aparente destinado al mercado doméstico alcanzó 1,377 millones de toneladas de res con hueso, un 11,3% menos que en igual período del año pasado.

La retracción estuvo acompañada por una menor actividad de la cadena ganadera: la producción de carne vacuna cayó 6,8% y la faena retrocedió 9,9%.

“Los envíos de carne vacuna al mercado interno habrían verificado una contracción de 11,3% anual en los primeros ocho meses del año, dando lugar al significativo aumento del precio relativo de la carne vacuna que venimos analizando en los últimos informes”, señaló CICCRA.

El comportamiento de los precios refleja esa menor disponibilidad.

La carne picada común aumentó 52,7% interanual; el asado, 52,1%; el cuadril, 51,9%; la nalga, 50%; y la paleta, 49%.

Todos esos incrementos quedaron claramente por encima de la inflación general.

El resultado combina así dos movimientos que golpean directamente sobre el consumo: menos oferta destinada al mercado interno y una carne que se encareció considerablemente más que el promedio de los bienes y servicios de la economía.

Exportaciones en alza

Mientras el mercado doméstico absorbió menos carne, las exportaciones avanzaron.

Según CICCRA, durante los primeros ocho meses de 2026 los envíos al exterior crecieron 6,5% interanual y alcanzaron las 567.400 toneladas equivalentes de res con hueso.

Con ese incremento, las exportaciones representaron el 29,2% de la producción total, frente al 25,6% registrado durante el mismo período del año anterior.

La participación del mercado externo ganó así 3,6 puntos porcentuales en un año.

China continuó siendo el principal destino de la carne vacuna argentina, aunque el crecimiento de las operaciones con Estados Unidos e Israel permitió compensar parcialmente la caída de las ventas hacia el gigante asiático.

En julio, las exportaciones generaron US$446,6 millones, 34% más que un año atrás. China explicó el 35,3% de esos ingresos, Estados Unidos el 20,8% e Israel otro 20,1%.

Entre los tres mercados concentraron más de tres cuartas partes de la facturación exportadora del mes.

Más dólares afuera, menos consumo adentro

Los datos vuelven a mostrar una divergencia dentro de la cadena cárnica argentina.

Por un lado, las exportaciones encuentran demanda y aumentan su participación sobre la producción. Por otro, el mercado interno recibe menos volumen y el consumo por habitante continúa retrocediendo.

CICCRA contabilizó 335.500 toneladas exportadas durante los primeros siete meses del año, un crecimiento interanual del 10,1%, equivalente a 30.900 toneladas adicionales. Frente al promedio registrado entre 2020 y 2025, el volumen resultó 5% superior.

El Consorcio ABC, que agrupa a los principales frigoríficos exportadores, también registró un incremento de los embarques, aunque utiliza una medición diferente: informó un crecimiento del 6,7% en volumen durante los primeros siete meses, hasta 403.100 toneladas.

Más allá de las diferencias metodológicas entre ambas estadísticas, la tendencia es coincidente: las ventas externas crecen mientras el consumo doméstico pierde terreno.

El dato de agosto sintetiza esa transformación. Los argentinos consumen el equivalente a 46 kilos de carne vacuna por habitante al año, casi cinco kilos menos que doce meses atrás, mientras los precios de los cortes aumentan por encima de la inflación y una proporción creciente de la producción encuentra destino fuera del país.

La carne vacuna sigue ocupando un lugar central en la alimentación y en la cultura de consumo argentina. Pero los números muestran que cada vez llega en menor cantidad a la mesa local.

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Argentina multiplicó por 20 sus exportaciones de sebo bovino en una década

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En 2025, Argentina envió al exterior cerca 154.808 t de sebo bovino, un volumen inimaginable 10 años atrás. En este sentido, se propone un recorrido que aborde los últimos acontecimientos que llevaron a la reconfiguración de este mercado.

En 2015, la Argentina había colocado 6.819 toneladas de sebo bovino en el mercado externo. En 2025 exportó 154.808 toneladas equivalentes a 125,2 millones de dólares: el volumen se multiplicó por más de 20 en 10 años, convirtiendo a un subproducto de bajo perfil en una de las categorías con mayor crecimiento del complejo en apenas unos años, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

Las causas del salto, sin embargo, son más externas que internas. La producción local de sebo depende de la faena bovina, ya que se trata de un subproducto obtenido durante el faenado y el desposte del ganado en los frigoríficos. Y durante un período de casi quince años el volumen faenado creció un 25%, mientras los envíos externos de sebo lo hicieron un 4.480%. Lo que cambió fue la demanda internacional, empujada sobre todo por la política energética de Estados Unidos, que reordenó por completo el mapa de un mercado hasta entonces marginal en el comercio agroindustrial.

Sebo bovino: de un subproducto más de la faena a multiplicar sus exportaciones

El sebo bovino es la grasa que se obtiene del procesamiento de los subproductos de la faena. En el frigorífico el producto principal es la carne, pero del mismo proceso salen también cueros, menudencias, huesos y tejido grasoso. Este último se destina a plantas de rendering, donde se cocina a altas temperaturas para separar el componente líquido del sólido. De ahí se obtienen dos productos principales: sebo y harina de carne y hueso.

Durante siglos ese sebo tuvo un destino previsible: jabones, cosméticos, velas y alimentación animal. Mercados de valor moderado, estables y poco disputados. Eso empezó a cambiar en la última década.

 El motor de la demanda: el diésel renovable estadounidense

Desde 2020, Estados Unidos desarrolló una industria de diésel renovable de escala considerable. Según datos de la Energy Information Administration (EIA), la producción pasó de unos 7,2 millones de barriles anuales a fines de 2018 a 69,4 millones en 2025, con la mayor parte de la expansión concentrada en 2022 y 2023.

A diferencia del biodiésel tradicional, el diésel renovable se elabora mediante hidrotratamiento y resulta químicamente equivalente al diésel de origen fósil, lo que permite utilizarlo sin límites de mezcla. Esa característica amplió el mercado potencial y motivó la conversión de refinerías de petróleo existentes, que sumaron capacidad de procesamiento y pasaron a requerir aceites y grasas en volúmenes significativos.

El sebo, que hasta entonces competía en mercados de valor moderado, pasó a integrar la canasta de insumos de una industria energética en crecimiento. El consumo estadounidense de grasa bovina para biocombustibles trepó de unas 75.000 toneladas mensuales en 2021 a un máximo cercano a las 450.000 a fines de 2025: un crecimiento superior al 720% en menos de cinco años.

¿Por qué grasa bovina?

La preferencia por el sebo responde a factores de dos órdenes distintos.

En el plano técnico, se trata de una grasa con un alto grado de saturación, con un perfil de ácidos grasos comparable al del aceite de palma. Esa característica la hace apta para los procesos de hidrotratamiento con los que se elaboran el diésel renovable y el combustible de aviación sostenible.

El segundo factor, y probablemente de los más determinante, es de orden regulatorio: el sebo califica con una intensidad de carbono menor que la de los aceites vegetales. La intensidad de carbono (CI, por su sigla en inglés) mide las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a todo el ciclo de vida del combustible, por unidad de energía, e incluye desde el origen del insumo hasta la combustión final. A esto hay que sumarle que la EPA (Agencia de Protección Ambiental), fijó para 2026 y 2027 los volúmenes obligatorios de mezcla de biocombustibles más altos para la historia del país.

En cuanto a la forma de medición de la intensidad de carbono, formalizado en el modelo GREET del Argonne National Laboratory (base metodológica de los programas estadounidenses), parte de que el animal se cría para producir carne, de modo que la huella de la actividad ganadera se asigna a ese producto principal. El cálculo correspondiente al sebo comienza en el proceso de rendering, sin incorporar las etapas previas. El mismo criterio se aplica al aceite vegetal usado, una materia prima aún más limpia por tratarse enteramente de un residuo. El aceite de soja, en cambio, es el producto primario del cultivo y por lo tanto incorpora en su cálculo las labores agrícolas, los fertilizantes, el transporte del grano y la molienda.

Son dos esquemas los que resumen, para Estados Unidos, los beneficios de incorporar materias primas con un CI bajo:

El crédito 45Z del Departamento del Tesoro es un crédito impositivo de hasta un dólar por galón cuyo monto varía en función inversa de la intensidad de carbono del combustible. Reemplazó a un esquema anterior que pagaba un monto fijo por galón, sin considerar la intensidad de carbono ni el origen de la materia prima, y que venció a fines de 2024.

El Low Carbon Fuel Standard de California, por su parte, obliga a reducir la intensidad de carbono promedio del combustible comercializado en ese estado y genera créditos proporcionales. Sus enmiendas de noviembre de 2024 incorporaron un tope a los créditos provenientes de biodiésel elaborado con aceites de soja y canola vírgenes.

Un mercado mundial reordenado

El desarrollo de esta industria dejó su marca en la estadística de comercio internacional. El volumen mundial importado de sebo bovino se mantuvo relativamente estable durante los últimos años, en torno a los 2 millones de toneladas anuales, aunque con algunas oscilaciones. Lo que se modificó fue la composición de esa demanda.

Estados Unidos, que a comienzos de la serie explicaba una porción marginal de las importaciones mundiales, pasó a concentrar más de la mitad en 2025. En paralelo, el conjunto de los demás destinos redujo sus compras de manera sostenida. La lectura que sugieren estos datos es que buena parte del sebo que antes se destinaba a jabonería, oleoquímica y alimentación animal se fue reasignando hacia el nuevo uso energético. Al dejar de ser un residuo de bajo costo, terminó reemplazado parcialmente en esos usos tradicionales por otras materias primas, como derivados sintéticos o de origen vegetal para la producción de jabones.

Del lado de la oferta, el movimiento fue igualmente marcado. Estados Unidos, que en 2015 era el segundo exportador mundial, descendió al sexto lugar en 2025: el país pasó a retener su propia producción para abastecer a su industria de combustibles. Ese espacio fue ocupado por proveedores del hemisferio sur.

El caso más notable es el de Brasil. Hace diez años se ubicaba en el puesto 31, con exportaciones menores a las 1.000 toneladas anuales; hoy es el segundo exportador mundial de grasas bovinas, con envíos por 402.000 toneladas, un volumen prácticamente similar al de Australia, que encabeza el ranking.

El caso de Argentina es similar al de su vecino. En 2015 se ubicaba en el puesto 15 del ranking mundial, con una participación del 0,4% en el comercio internacional de la posición. En 2025 alcanzó el cuarto lugar, con el 7,8% del total, detrás de Australia, Brasil y Canadá. 

El caso argentino

El crecimiento del volumen exportado argentino tuvo como contrapartida una reorientación completa de los mercados de destino. En el promedio del período 2018-2022, los principales compradores eran Países Bajos y Brasil, mientras que Estados Unidos representaba una porción menor de los envíos. En el promedio 2023-2026, con el último año todavía en curso, Estados Unidos concentró cerca del 60% del total y Uruguay una cuarta parte, en tanto que la participación brasileña se redujo de manera marcada.

Hay además un rasgo del caso argentino que merece atención: a diferencia de lo que ocurre en otros países productores, la industria local de biocombustibles no utiliza grasas animales como insumo. El biodiésel argentino se elabora a partir de aceite de soja, según consigna la Secretaría de Agricultura. La totalidad del sebo disponible queda entonces orientada al mercado externo o a los usos industriales tradicionales.

Sin embargo, conviene hacer una aclaración. A partir de 2026, el crédito 45Z excluye de elegibilidad al sebo bovino importado. En ese sentido, los envíos hacia Estados Unidos en los primeros 7 meses del año registraron una caída moderada (-4% interanual para el mismo período en 2025) y dos factores contribuyen a explicarlo. Por un lado, la demanda estadounidense excede su capacidad de abastecimiento interno: los operadores del mercado señalan que, con obligaciones de mezcla en aumento, los volúmenes importados continuarían siendo un componente relevante de la oferta. Por otro, el sebo mantiene sus destinos industriales tradicionales (oleoquímica, jabonería, alimentación animal).

En ese sentido, la fuerte absorción interna que Estados Unidos viene realizando de su propia producción es lo que abrió el espacio que proveedores como Brasil y Argentina ocuparon en el mercado internacional, tanto para uso energético como para los segmentos tradicionales de demanda.

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Carne vacuna: la apertura de EE.UU. puede diluir la ventaja que ganó Argentina

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El mercado estadounidense se convirtió en 2026 en uno de los principales motores del crecimiento de las exportaciones argentinas de carne vacuna. En los primeros siete meses del año, Argentina colocó 67.118 toneladas en Estados Unidos, tres veces más que las 22.188 toneladas exportadas en igual período de 2025. El salto modificó el mapa de destinos y elevó el peso estratégico de la relación comercial bilateral.

El crecimiento adquiere mayor dimensión al observar el total exportado, explica un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Según datos del INDEC, Argentina despachó 403.100 toneladas de carne vacuna entre enero y julio, un 6,7% más que durante el mismo período del año pasado. Estados Unidos absorbió el 17% de ese volumen, frente al 6% registrado un año atrás, y se consolidó como el segundo destino detrás de China.

La pregunta que ahora enfrenta el sector no es solamente cuánto puede seguir creciendo ese mercado, sino qué ocurrirá con la ventaja relativa que Argentina consiguió durante 2026 si Washington abre de manera extraordinaria el ingreso de carne proveniente de otros grandes productores.

¿Cuánto erosiona este cambio la ventaja comercial que atesora Argentina?

En lo que va de 2026, Estados Unidos se convirtió en uno de los principales dinamizadores de las exportaciones argentinas de carne vacuna.

El crecimiento de los embarques hacia ese mercado no solo modificó el mapa de destinos para nuestras exportaciones, sino que también elevó la importancia estratégica de la relación comercial bilateral.

Según datos del INDEC, durante los primeros siete meses del año Argentina exportó a todos los destinos 403.100 toneladas de carne vacuna, un 6,7% más que en igual período de 2025.

Dentro de ese total, Estados Unidos adquirió 67.118 toneladas, triplicando las 22.188 toneladas registradas un año atrás. De esta manera, se consolidó como el segundo destino de la carne argentina, detrás de China. Su participación sobre el volumen total exportado pasó del 6% al 17% en apenas un año.

El crecimiento responde, en parte, a la mayor necesidad de abastecimiento externo que enfrenta el mercado estadounidense, pero también a un cambio sustancial en las condiciones de acceso para la carne argentina.

Actualmente, Argentina dispone de una cuota de 100.000 toneladas anuales para ingresar carne vacuna a Estados Unidos con arancel preferencial: 20.000 toneladas correspondientes a la cuota establecida por tratado comercial y otras 80.000 toneladas autorizadas para 2026 por decisión de la administración Trump.

De acuerdo con los datos informados a través de la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), al 31 de julio Argentina había certificado 61.050 toneladas, equivalente al 61% de la cuota total.

Si se consideran exclusivamente las 20.000 toneladas correspondientes a la cuota establecida por tratado comercial, las estadísticas de la Aduana estadounidense mostraban, al 3 de agosto, un nivel de ejecución del 72,5%, con 14.500 toneladas utilizadas.

De esta manera, sobre las 61.050 toneladas certificadas por las autoridades argentinas, 14.500 corresponderían a la cuota de 20.000 toneladas, mientras que las 46.550 restantes se encuadrarían dentro del cupo adicional de 80.000 toneladas, habilitado en tramos trimestrales de 20.000 toneladas.

La lectura de estos números permite inferir que los dos primeros tramos adicionales ya fueron ejecutados en su totalidad, mientras que el tercero alcanzó casi un 33%. En consecuencia, quedarían unas 13.450 toneladas por ejecutar durante agosto y septiembre.

Hasta aquí, el escenario resulta favorable para Argentina. El problema aparece con la nueva decisión anunciada por el presidente Donald Trump.

De acuerdo con lo comunicado hasta el momento, Estados Unidos habilitaría, por un período de 90 días, una cuota de hasta 300.000 toneladas de carne vacuna destinada a molienda y libre de aranceles, con el objetivo de aumentar rápidamente la oferta disponible en el mercado interno y contener el precio de la carne picada.

Trump aseguró, además, que existe un compromiso para que ese producto llegue al consumidor a un precio 25% inferior a los valores actuales de mercado. Sin embargo, hasta el momento no se conocen con precisión los mecanismos mediante los cuales se implementaría esta condición.

Para Argentina, la medida plantea una situación particular. Hasta ahora, el país contaba con una posición relativamente privilegiada entre los proveedores que podían acceder al mercado estadounidense bajo condiciones arancelarias preferenciales. La apertura de un volumen extraordinario por fuera de las cuotas habituales puede diluir parte de esa ventaja, especialmente si genera una mayor competencia entre proveedores.

Y es precisamente en este punto donde aparece Brasil.

Más allá de los acuerdos vigentes con Australia y Nueva Zelanda, que en conjunto disponen de una cuota preferencial superior al millón de toneladas, Argentina se había convertido en uno de los principales beneficiarios de las nuevas condiciones de acceso al mercado estadounidense.

Uruguay, por su parte, mantiene una cuota de 20.000 toneladas, mientras que Brasil y Paraguay comparten una cuota para terceros países de 52.000 toneladas, prácticamente agotada en los primeros meses del año.

En este contexto, Brasil aparece como uno de los países con mayor capacidad para aprovechar esta nueva ventana de importación.

La situación comercial de Brasil ayuda a explicar por qué la decisión estadounidense adquiere especial relevancia para el gigante sudamericano.

Actualmente, Brasil se encuentra virtualmente fuera de China, tras haber prácticamente agotado su cupo anual de 1.106.000 toneladas otorgado bajo el régimen de salvaguardia, quedando expuesto, para lo que resta del año, a ingresar con un arancel de prácticamente el 76,5%

Al mismo tiempo, también enfrenta dificultades para sostener el acceso a la Unión Europea. Si nada cambia en lo inmediato, a partir del próximo mes podría quedar restringido su acceso al bloque, luego de las observaciones realizadas sobre los controles vinculados al uso de productos antimicrobianos en su ganadería.

Es por ello que una apertura extraordinaria del mercado estadounidense representa una alternativa especialmente atractiva y oportuna para la industria brasileña.

Para Argentina, en cambio, el anuncio de Trump puede terminar generando un efecto paradójico: mientras el país busca consolidar su presencia en Estados Unidos y negociar la renovación del cupo adicional de 80.000 toneladas, una apertura más amplia del mercado podría favorecer a competidores con una mayor capacidad exportadora, como Brasil

La pregunta, entonces, es si este anuncio representa realmente una buena noticia o una amenaza para el mercado exportador.

La respuesta depende de la situación de cada proveedor.

Para Brasil, que en los próximos meses deberá afrontar mayores costos para colocar carne en China o incluso una eventual disrupción de sus envíos a la Unión Europea, una ventana de 90 días sin aranceles en Estados Unidos puede representar una oportunidad significativa.

Para Argentina, en cambio, el escenario es diferente. El país ya dispone de condiciones preferenciales para ingresar al mercado estadounidense y, al mismo tiempo, mantiene una fuerte presencia en China. Por eso, una apertura generalizada podría llegar a erosionar parcialmente la ventaja arancelaria conseguida durante este año, especialmente en lo que respecta al saldo del cupo adicional, cuya utilización se concentra mayoritaria mente en carne de menor valor comercial, destinada al procesamiento industrial.

Y aquí aparece una última variable que no debería perderse de vista: la política.

En un año atravesado por procesos electorales tanto en Brasil como en Estados Unidos, no sería extraño que las decisiones de los principales jugadores del mercado respondan no solo a las necesidades de abastecimiento y a la necesidad de reorientar sus flujos comerciales, sino también a objetivos políticos.

Para Argentina, el desafío será entonces doble: aprovechar la oportunidad que todavía ofrece el mercado estadounidense y, al mismo tiempo, evitar que una apertura extraordinaria termine diluyendo la ventaja comercial conseguida durante este año, especialmente de cara al próximo ciclo.

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Corrientes remata el frigorífico Muralla China: el proyecto que prometía exportar a termina en subasta por USD 5 millones

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El frigorífico La Muralla China, uno de los proyectos industriales más ambiciosos que recibió Corrientes en los últimos años, será rematado por orden judicial el próximo 8 de julio. La planta, ubicada en Riachuelo y desarrollada con capitales chinos para abastecer al mercado asiático, saldrá a subasta con una base superior a los 5 millones de dólares, tras una ejecución hipotecaria y una serie de reclamos laborales que aún permanecen abiertos.

La decisión marca el cierre definitivo de una experiencia que nació en 2019 con expectativas de convertirse en una plataforma exportadora de carne bovina hacia China, pero que nunca logró obtener la habilitación sanitaria necesaria para acceder al principal mercado que justificaba la inversión.

La subasta fue ordenada por el Juzgado Civil y Comercial N°11 de Corrientes, en el marco de una causa de ejecución hipotecaria iniciada por acreedores privados. El inmueble comprende cerca de 37 hectáreas ubicadas sobre la avenida San Héctor Valdivielso Sáez, en el municipio de Riachuelo.

La base fijada para el remate asciende a USD 5.018.071,23. En caso de no registrarse ofertas durante la primera hora, el valor se reducirá un 25%, hasta los USD 3,76 millones.

Además de la ejecución hipotecaria, sobre el frigorífico pesan otros ocho embargos vinculados a demandas laborales promovidas por ex trabajadores que reclaman salarios e indemnizaciones adeudadas.

Un proyecto pensado para exportar que nunca consiguió la habilitación

La historia de Muralla China resume buena parte de las dificultades que enfrentan las inversiones industriales orientadas a la exportación cuando dependen de autorizaciones estratégicas.

La planta fue inaugurada el 29 de octubre de 2019 por inversores chinos encabezados por Yi Zhuang. El plan de negocios estaba diseñado alrededor de un objetivo central: exportar carne vacuna al gigante asiático.

Sin embargo, la habilitación federal para acceder a China nunca llegó.

Durante casi cuatro años la empresa realizó gestiones ante los organismos sanitarios nacionales para obtener la autorización. Mientras tanto, la planta operó con mercados limitados, fundamentalmente Hong Kong y Brasil, destinos que resultaban insuficientes para sostener una estructura industrial de gran escala.

Fuentes vinculadas al frigorífico sostienen que el negocio se volvió inviable porque la operación estaba diseñada para una integración exportadora mucho más amplia.

“Con los anteriores dueños se exportaba a más de veinte mercados, entre ellos Estados Unidos, Rusia, Chile, Unión Europea y países africanos. La lógica del negocio frigorífico es complementar destinos para colocar cada corte en el mercado más conveniente. Sin esa diversificación, la ecuación económica deja de cerrar”, explicaron personas que participaron de la operación de la planta.

Costos crecientes y pérdidas permanentes

La situación se agravó durante 2023.

Según relató en aquel momento el propio Yi Zhuang a los trabajadores, el frigorífico acumulaba pérdidas mensuales que se habían vuelto imposibles de sostener.

La faena rondaba las 4.000 cabezas mensuales, un volumen insuficiente para cubrir los costos de una instalación concebida para exportar.

Entre los principales problemas aparecían los gastos energéticos y de mantenimiento. Una de las últimas facturas eléctricas había pasado de 11 a 20 millones de pesos en apenas unos meses.

“La planta tiene calderas y equipamiento de gran porte que deben funcionar independientemente del volumen de producción. No es comparable con un matadero tradicional”, explicaban entonces fuentes cercanas a la empresa.

La imposibilidad de acceder al mercado chino terminó profundizando el desequilibrio financiero. Los mercados habilitados ofrecían oportunidades limitadas: Hong Kong absorbía principalmente menudencias y Brasil demandaba cortes específicos, sin capacidad para sostener el funcionamiento integral del establecimiento.

El cierre que dejó cien trabajadores sin empleo

La crisis llegó a su punto final en agosto de 2023.

El presidente de la compañía reunió a todo el personal y anunció el cierre de las operaciones. Días después comenzaron a enviarse los telegramas de despido.

Más de cien personas perdieron su fuente laboral, entre trabajadores permanentes y contratados temporarios.

La empresa afrontó indemnizaciones estimadas en alrededor de 14 millones de pesos, aunque posteriormente surgieron reclamos judiciales por diferencias salariales y compensaciones pendientes, que derivaron en los embargos que hoy continúan vigentes.

Una inversión que quedó a mitad de camino

La caída de Muralla China dejó una señal de alerta sobre las dificultades para consolidar proyectos exportadores de gran escala en el sector frigorífico.

La planta había sido concebida para aprovechar el crecimiento de la demanda china de carne vacuna, uno de los principales motores de la industria cárnica argentina durante la última década. Sin embargo, la falta de habilitación sanitaria, los cambios de contexto económico, la pandemia y el aumento de costos terminaron erosionando la viabilidad del emprendimiento.

Ahora, casi tres años después del cierre, el complejo industrial volverá al mercado, esta vez no como una apuesta de expansión exportadora sino como un activo judicializado que busca un nuevo dueño.

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La carne argentina busca posicionarse en Expoagro 2026

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La cadena de la carne argentina se prepara para exhibir su peso económico y su estrategia de posicionamiento internacional en Expoagro 2026, la principal muestra agroindustrial del país que se realizará del 10 al 13 de marzo en San Nicolás. En ese escenario, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) instalará un stand institucional en el sector ganadero con un objetivo que trasciende la vidriera productiva: consolidar el perfil exportador del sector y reforzar el vínculo entre productores, industria frigorífica y mercados internacionales.

El movimiento no es menor dentro del tablero agroindustrial. La carne vacuna sigue siendo uno de los productos emblemáticos de la oferta exportadora argentina y un sector que combina intereses productivos, comerciales y regulatorios. En ese marco, la participación del IPCVA en Expoagro aparece como un espacio donde convergen promoción, diplomacia comercial y posicionamiento político dentro de la agenda agropecuaria.

Una vidriera para toda la cadena ganadera

El stand del IPCVA funcionará como un punto de encuentro institucional dentro de la feria. El espacio estará pensado como un centro de reuniones para productores, empresarios y visitantes interesados en conocer el trabajo del instituto, con información sobre promoción interna y externa, investigaciones y programas de desarrollo vinculados al sector.

La propuesta también incluirá degustaciones abiertas al público, una estrategia habitual en este tipo de eventos que busca reforzar la identidad de la carne argentina como producto distintivo en los mercados globales.

El presidente del instituto, Georges Breitschmitt, explicó que la participación de este año busca mostrar el funcionamiento integral de la cadena productiva. Según planteó, la presencia en Expoagro se pensó como una forma de visibilizar el trabajo del IPCVA en promoción, investigación y desarrollo, con el objetivo de sostener una agenda orientada al crecimiento de la producción.

La feria funcionará así como una plataforma de comunicación sectorial, pero también como un espacio para articular intereses entre productores, frigoríficos y representantes institucionales.

Tecnología, trazabilidad y mercados externos

La agenda del instituto dentro de Expoagro incluirá también una instancia técnica enfocada en el comercio internacional.

El martes 10 a las 15, en el Auditorio Carne Argentina, se realizará la disertación titulada “Storytelling que se audita: Imágenes satelitales, IA y trazabilidad para vender carne argentina en Europa”.

La exposición estará a cargo de Gerardo Leotta, representante del Consorcio de Exportadores ABC, y Adrián Bifaretti, jefe de promoción interna del instituto.

El eje de la charla apunta a un tema que gana centralidad en el comercio global de alimentos: la trazabilidad y la certificación de procesos productivos mediante herramientas tecnológicas.

En los mercados europeos, estos mecanismos se vuelven cada vez más relevantes para validar prácticas productivas, cumplir estándares ambientales y sostener la reputación de origen de los alimentos.

En ese sentido, la incorporación de imágenes satelitales, inteligencia artificial y sistemas de seguimiento de la cadena productiva aparece como un componente clave para sostener la competitividad de la carne argentina en mercados exigentes.

Expoagro como espacio de diplomacia sectorial

Más allá de las actividades abiertas al público, la participación del IPCVA en Expoagro también incluirá reuniones con distintos actores institucionales.

Durante la muestra se prevén encuentros de trabajo con dirigentes sectoriales, embajadores, autoridades nacionales y delegaciones de países considerados estratégicos para la exportación de carne argentina.

Estos contactos forman parte de una lógica habitual en las grandes ferias agroindustriales: funcionan como plataformas informales de negociación comercial, donde empresas, organismos públicos y representantes diplomáticos exploran oportunidades de negocios y cooperación.

Para el sector cárnico argentino, estos espacios tienen una relevancia particular. La apertura o consolidación de mercados externos depende tanto de la competitividad productiva como de acuerdos sanitarios, regulaciones comerciales y relaciones diplomáticas.

Una cadena productiva en busca de expansión

El despliegue del IPCVA en Expoagro refleja una estrategia más amplia de la cadena ganadera: sostener el posicionamiento internacional de la carne argentina mientras se promueve un incremento de la producción.

Ese objetivo implica articular múltiples dimensiones. Por un lado, mejorar la productividad y la eficiencia de los sistemas ganaderos. Por otro, reforzar la promoción internacional en mercados que demandan estándares cada vez más complejos.

En ese contexto, las ferias como Expoagro funcionan como espacios donde el sector privado y las instituciones de promoción buscan mostrar capacidad productiva, innovación tecnológica y potencial exportador.

Lo que se pondrá en juego en la feria

La edición 2026 de Expoagro llega en un momento en el que el sector agroindustrial intenta consolidar su perfil exportador en un escenario global atravesado por nuevas exigencias regulatorias y competencia internacional.

La carne vacuna, históricamente uno de los emblemas productivos del país, continúa ocupando un lugar central en esa estrategia.

Durante cuatro días, productores, industriales, funcionarios y delegaciones extranjeras compartirán un mismo espacio de negociación, promoción y exposición tecnológica.

Allí, la cadena de la carne buscará mostrar no solo su tradición productiva, sino también su capacidad de adaptación a las nuevas reglas del comercio global. Cuánto de ese objetivo se traduzca en nuevas oportunidades comerciales o en un mayor posicionamiento internacional será parte de lo que el sector empezará a medir una vez que se apaguen las luces de la feria.

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