INDUSTRIA MADERERA

La industria maderera argentina advierte sobre la situación de las pymes del sector

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La industria argentina de la madera elevó una señal de alarma a los gobiernos nacional, provinciales y municipales: el margen financiero de las empresas para atravesar la crisis se está agotando y la continuidad de una parte del entramado productivo está en riesgo.

La advertencia fue formulada por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), que describió un escenario marcado por la combinación de menor demanda, costos crecientes medidos en dólares, encarecimiento de la energía y los combustibles, altas tasas de interés y una presión importadora que se hace sentir especialmente sobre los segmentos de mayor valor agregado.

El planteo adquiere particular relevancia para el NEA, una de las principales regiones foresto-industriales del país. La actividad tiene una estructura fuertemente federal y se encuentra concentrada en el Centro, la Patagonia, el Noreste y el Noroeste argentino, con localidades donde los aserraderos, las fábricas de tableros, las carpinterías y la industria del mueble constituyen una parte sustancial del empleo privado.

Por eso, FAIMA sostiene que la crisis dejó de ser exclusivamente sectorial. Cuando se detiene un aserradero o cierra una PyME maderera en el interior, el impacto se transmite al empleo, el transporte, los servicios y el comercio de toda la comunidad.

Un cóctel adverso: cae la demanda y aumentan los costos en dólares

El primer foco de preocupación está en la denominada primera transformación de la madera. Allí confluyen dos movimientos que terminan produciendo el mismo resultado sobre la rentabilidad empresarial.

Por un lado, se produjo una marcada retracción de la demanda interna. FAIMA atribuye este escenario fundamentalmente a la desaparición de la obra pública y al debilitamiento de la construcción privada, afectada a su vez por los elevados costos de construcción medidos en dólares.

Por otro, la entidad advierte que el actual escenario cambiario deterioró la competitividad industrial argentina frente a otros países productores.

Según los cálculos difundidos por la Federación, posiciones laborales equivalentes dentro de la industria representan actualmente en la Argentina remuneraciones del orden de US$1.000 a US$1.400 mensuales, frente a aproximadamente US$600 en Brasil y entre US$500 y US$600 en China.

La diferencia se convierte en un problema de competitividad por partida doble: dificulta las exportaciones argentinas y, simultáneamente, deja a las empresas locales más expuestas frente al ingreso de productos importados.

No se trata, en el planteo empresario, de una discusión sobre el salario nominal de los trabajadores, sino sobre la estructura de costos en dólares que enfrenta la producción argentina frente a sus competidores internacionales.

Energía y combustible, dos costos que atraviesan toda la cadena

A la ecuación salarial se agregan dos componentes particularmente sensibles para la foresto-industria: energía y combustibles.

FAIMA sostiene que durante los últimos dos años y medio las actualizaciones tarifarias, combinadas con el escenario cambiario, provocaron un fuerte encarecimiento en dólares de la energía utilizada por las plantas industriales.

La Federación cita informes privados según los cuales las tarifas energéticas habrían acumulado durante el último semestre aumentos cercanos al 300%, frente a una inflación del orden del 17% durante ese período.

El combustible agrega otra capa al problema.

La madera es una actividad intensiva en logística. La materia prima debe trasladarse desde las plantaciones hacia los aserraderos y posteriormente hacia las plantas industriales, mientras que los productos terminados recorren largas distancias hasta los principales mercados internos o los puertos de exportación.

La incidencia resulta especialmente significativa porque se transportan productos de gran peso y volumen y porque buena parte de la producción está ubicada lejos de los principales centros de consumo.

En provincias forestales, por lo tanto, el costo logístico no es un componente secundario: forma parte de la competitividad estructural del negocio.

Unos 120.000 empleos entre directos e indirectos

El dato social constituye uno de los puntos centrales de la advertencia. FAIMA estima que la actividad genera alrededor de 60.000 puestos de trabajo directos, a los que se suma una cantidad semejante de empleos indirectos vinculados con la cadena.

Sin embargo, la Federación señala, sobre la base de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), que durante los últimos doce meses el sector acumuló una caída superior al 10% del empleo directo e indirecto.

La contracción de los ingresos y el incremento de los costos llevaron, según la entidad, a numerosas empresas hacia situaciones financieras cada vez más delicadas, con firmas que se encuentran al límite de su sostenibilidad e incluso frente al riesgo de cierre o concurso preventivo.

La señal es particularmente delicada porque la cadena está integrada mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, con una capacidad financiera mucho menor que la de los grandes grupos para absorber períodos prolongados de capacidad ociosa.

Muebles y carpinterías: menos consumo y más importaciones

La crisis adquiere otra dimensión cuando se avanza hacia los bienes finales. Las industrias del mueble y la carpintería enfrentan los mismos problemas de costos que los eslabones anteriores, pero agregan una dificultad decisiva: la retracción del consumo de los hogares.

La pérdida de poder adquisitivo y el elevado costo del financiamiento golpean particularmente a los bienes durables, cuya demanda suele depender de la disponibilidad de crédito.

A eso se suma la creciente competencia de productos importados.

FAIMA cuestiona una estructura arancelaria que considera desfavorable para la industria nacional: según la Federación, determinados bienes finales ingresan al país soportando aranceles menores que algunos de los insumos que necesitan las empresas argentinas para fabricar esos mismos productos.

El resultado, advierte la entidad, es una asimetría que termina castigando precisamente los eslabones que incorporan mayor valor agregado y empleo.

El caso de las viviendas de madera

Uno de los ejemplos utilizados por FAIMA es la construcción con madera. La entidad sostiene que al elevado costo local medido en dólares se agregó la llegada de alternativas habitacionales importadas, fundamentalmente desde China, con precios frente a los cuales las empresas argentinas encuentran crecientes dificultades para competir.

Para la Federación, el fenómeno plantea un riesgo que excede la disputa comercial: la sustitución de producción nacional por bienes importados puede traducirse directamente en pérdida de empresas, capacidad industrial y empleo local.

El problema resulta especialmente sensible para las provincias forestales, donde durante años se promovió la construcción con madera como una vía para agregar valor en origen a la producción forestal.

Tasas superiores al 100%

El tercer gran frente de la crisis es financiero. FAIMA señala que las tasas de tarjetas de crédito y préstamos personales se encuentran alrededor del 110% anual, frente a una inflación anualizada cercana al 33,5%, de acuerdo con los datos citados por la entidad.

La brecha genera tasas reales extraordinariamente elevadas y afecta al sector desde ambos lados del mostrador.

Por una parte, desalienta a los consumidores a financiar muebles y otros bienes durables. Por otra, encarece fuertemente el capital de trabajo que necesitan las empresas para atravesar períodos de baja actividad.

La Federación recordó que durante los últimos meses de 2025 y comienzos de 2026 numerosas PyMEs debieron financiarse a tasas cercanas al 70% anual, cuando la inflación se ubicaba alrededor del 35%.

El crédito, que en una recesión podría funcionar como puente hasta una recuperación de la demanda, termina convirtiéndose así en un costo adicional que erosiona el capital empresario.

“El margen de espera se está agotando”

El tramo más contundente del documento aparece en el diagnóstico sobre las PyMEs. FAIMA sostiene que las políticas vigentes presuponen capacidades financieras, escala y acceso al crédito que las pequeñas y medianas empresas no poseen.

Mientras una gran compañía puede enfrentar el escenario como una tensión sobre sus balances, señala la entidad, para una PyME el mismo cuadro puede traducirse rápidamente en reducción de turnos, suspensiones, caída de producción y cierre.

La Federación considera que el ajuste no está impactando de manera neutral sobre toda la cadena, sino que recae especialmente sobre el segmento más pequeño, territorialmente disperso y generador de empleo.

Y advierte que la capacidad de resistencia acumulada durante los primeros meses de la crisis prácticamente se consumió.

“A esta altura, el margen de espera se está agotando”, sostiene FAIMA, al advertir que cada mes sin respuestas implica capacidad productiva que desaparece y puestos de trabajo cuya recuperación posterior será mucho más difícil.

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Conexión Alemania: el plan para reactivar la industria de la madera y el puerto de Eldorado

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Durante décadas, el río Paraná fue la gran autopista económica de la economía misionera. Por allí ingresaban combustibles, salía la madera -en las míticas jangadas-, la producción y se movían millones. El puerto de Eldorado era una pieza clave en ese desarrollo regional. Con el tiempo, esa infraestructura quedó relegada y la carga migró casi exclusivamente a las rutas, mientras la forestoindustria fue perdiendo competitividad frente a otros polos productivos.

Carolina Butvilofsky cree que ese proceso puede revertirse. La diputada provincial sostiene que la recuperación del puerto de Eldorado, integrada al desarrollo de la hidrovía del Paraná, puede transformarse en el motor de una nueva etapa para la economía del Alto Paraná. Su planteo combina logística, infraestructura, empleo y comercio exterior: bajar los costos de transporte, reactivar los aserraderos hoy paralizados o trabajando a media marcha, recuperar puestos de trabajo y posicionar a Misiones como proveedor de madera para el mercado europeo.

“No estamos hablando solamente de un puerto. Estamos hablando de volver a poner en movimiento toda una región productiva”, resume durante una extensa entrevista con Economis.

La presidenta de la Comisión de Industria, Comercio, Turismo y Derecho del Consumidor asegura que detrás del proyecto hubo meses de trabajo con el Ministerio de Industria de Misiones, la Dirección Nacional de Forestoindustria, empresarios del sector y legisladores nacionales para construir los informes técnicos que terminaron impulsando la licitación del puerto de Posadas, que incluye la reactivación del puerto del norte provincial. Y mientras esa etapa administrativa avanza, ya proyecta el siguiente paso: negociar con Alemania inversiones en maquinaria para producir madera estructural destinada a abastecer durante las próximas décadas a la Unión Europea.

Butvilofsky asegura que la reactivación del puerto de Eldorado puede convertirse en el punto de inflexión para sacar de la crisis a la industria forestal del norte de Misiones. Su razonamiento parte de un dato: los departamentos de Eldorado, General Manuel Belgrano, Libertador General San Martín y Guaraní concentran cerca del 46% del Producto Bruto Geográfico de la provincia y los 282 aserraderos ubicados allí, aun trabajando a media máquina, están en condiciones de garantizar unas 3.000 cargas mensuales en contenedores.

La presidenta de la Comisión de Industria, Comercio, Turismo y Derecho del Consumidor de la Cámara de Representantes sostiene que la habilitación de la hidrovía y del puerto permitiría reducir costos logísticos, recuperar competitividad, atraer inversiones y generar empleo formal en un sector que hoy opera al 40 por ciento de su potencial. En paralelo, afirma que ya mantiene contactos con Alemania para posicionar a Misiones como proveedora de madera estructural para el mercado europeo durante las próximas décadas.

Butvilofsky explicó que, apenas asumió la presidencia de la comisión legislativa, realizó un relevamiento de los proyectos pendientes y comenzó a impulsar la ley de promoción de la industria metalmecánica, sector que considera estratégico por su articulación con toda la cadena productiva provincial.

Sin embargo, señaló que el mayor desafío apareció al analizar la situación de la forestoindustria.

“Nos reunimos cuatro veces en Buenos Aires con la directora nacional de Forestoindustria, -la misionera Sabina Vetter– para preparar los informes necesarios sobre la hidrovía”, explicó. 

Según indicó, esos documentos se elaboraron junto al Ministerio de Industria de Misiones, la Asociación de Madereros, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (AMAYADAP) y organismos nacionales para unificar información dispersa y fundamentar la necesidad de extender el desarrollo logístico hacia el norte provincial.

La legisladora remarcó que la zona norte concentra 282 aserraderos, muchos de ellos hoy trabajando parcialmente o directamente paralizados por la caída de la actividad.

“Hay algunos que están trabajando, otros a media marcha y otros prácticamente cerraron sus puertas porque ya no pueden seguir trabajando”.

El principal argumento económico del proyecto, según Butvilofsky, es el fuerte impacto que tendría el transporte fluvial sobre los costos de exportación.

Recordó que durante sus años de trabajo en Alemania y en empresas internacionales conoció el funcionamiento de las cadenas logísticas globales y afirmó que la ecuación presentada por los industriales misioneros la sorprendió.

“Cuando un industrial te dice que puede bajar un 30% sus gastos operativos transportando por río, a mí se me paró el corazón porque entiendo de números”, detalló. 

La reducción equivale aproximadamente a 1.500 dólares menos por contenedor exportado. “En todo el mundo la industrialización pesada primero utiliza el río, después el tren y recién al final el transporte terrestre”, resumió, recordando además que el puerto de Eldorado funcionó durante su infancia, cuando recibía combustibles que luego eran distribuidos por camión en la región.

La diputada aseguró que, incluso atravesando la crisis actual, los aserraderos del norte están en condiciones de garantizar un flujo de 3.000 contenedores mensuales para las navieras.

Ese volumen -afirma- fue determinante para despertar el interés de operadores internacionales.

Considera que, una vez normalizado el movimiento exportador, las industrias comenzarían rápidamente a ampliar su producción.

“El primer mes salen 3.000 contenedores, el segundo igual y el tercero ya empiezan a abrir un segundo turno. En seis meses tendrían un tercer turno. Eso significa aserraderos trabajando las 24 horas”, proyectó. 

Para Butvilofsky, la mayor consecuencia no sería solamente económica sino social.

Explicó que los aserraderos emplean principalmente mano de obra que no requiere alta especialización previa, ya que la capacitación se realiza dentro de las propias plantas.

“Eso significa mano de obra legal, mano de obra en blanco para gente que muchas veces sólo tiene el nivel primario. Cuando hay trabajo digno la familia se ordena. Pueden mandar a los hijos a la escuela, comprar los útiles, garantizar un plato de comida caliente todos los días”.

La legisladora indicó que el proceso licitatorio ya avanzó con la apertura de sobres y que actualmente la documentación presentada por la empresa oferente se encuentra bajo revisión técnica y legal.

Según señaló, hubo un único oferente con experiencia en la navegación de la Cuenca del Plata y Paraguay.

Si el proceso continúa según lo previsto, estima que el puerto de Eldorado podría estar operativo en aproximadamente dos años, ya que todavía resta ejecutar infraestructura, accesos, obras complementarias y la instalación de organismos nacionales como Aduana y Prefectura.

La apuesta por Alemania

La pieza clave del proyecto apunta directamente a Europa. Butvilofsky sostuvo que las reuniones mantenidas con la Dirección Nacional de Forestoindustria permitieron identificar una oportunidad de largo plazo para abastecer al mercado europeo con madera estructural (“timber mass”), utilizada en edificios de madera en países europeos.

Según explicó, Misiones dispone del recurso forestal, pero carece de la maquinaria necesaria para producir ese tipo de madera industrial.

Su propuesta consiste en negociar con Alemania un esquema de cooperación industrial.

“Nosotros podemos garantizar volumen por los próximos 30 o 40 años y Alemania podría aportar las maquinarias que fabrica”, describe la legisladora cuyo origen es teutón. 

Argumentó además que existe un vínculo histórico que puede transformarse en una ventaja competitiva.

“Tenemos alrededor de 400.000 descendientes de alemanes y cerca del 60% de la industria misionera fue fundada por familias alemanas”, afirmó.

“¿Por qué te pensás que estoy cada rato en la Embajada de Alemania? A mí no me interesa la política partidaria; me interesan las políticas públicas“, se posiciona. 

La diputada recordó además que en mayo del año pasado participó en Bruselas de reuniones vinculadas al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, invitada por una fundación alemana.

Allí defendió la apertura del mercado europeo para las exportaciones agroindustriales sudamericanas y sostuvo que ahora el desafío pasa por preparar a Misiones para aprovechar ese nuevo escenario comercial.

“Tenemos que ver cómo nos vamos a preparar para exportar nuestra carne, nuestra producción porcina y también nuestros productos forestales antes de que Brasil ocupe esos mercados”, concluyó.

Podés incorporarlo hacia el final de la nota, como otro eje de trabajo de la diputada, enlazándolo con la idea de desarrollo regional:


La agenda de Butvilofsky no se limita a la logística portuaria. La legisladora adelantó que, cuando se reanude la actividad parlamentaria, presentará un proyecto para crear un Sistema Integrado de Transporte (SIT) para la zona norte de Misiones, replicando el esquema que ya funciona en Posadas y Oberá. La iniciativa busca unificar el transporte urbano e interurbano bajo un mismo sistema tarifario, con Eldorado como ciudad cabecera de una red que abarcaría localidades como 9 de Julio, Santiago de Liniers, Colonia Delicia, Colonia Victoria, Puerto Piray, Montecarlo, Puerto Rico y, en una etapa posterior, San Vicente.

La propuesta apunta a que los usuarios puedan viajar desde esas localidades hacia Eldorado abonando un valor equivalente al boleto urbano de la ciudad, facilitando el acceso diario a los servicios públicos. “El norte tiene a Eldorado como cabecera regional. Allí se concentra el Hospital SAMIC, que atiende cerca del 42% de la demanda sanitaria de la provincia, además de organismos judiciales, ministerios y una importante oferta educativa. Muchísima gente viaja todos los días para estudiar, trabajar o atenderse en salud”, explicó la diputada. Por eso considera que un sistema integrado “es una gran política pública” para reducir el costo de movilidad de miles de familias y fortalecer la integración económica y social del norte provincial. El proyecto será presentado al inicio del próximo período legislativo.

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Energía de Misiones y el municipio de Colonia Victoria coordinan obras para fortalecer el desarrollo forestoindustrial

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La planificación de la infraestructura energética comenzó a tomar protagonismo en la nueva gestión de Energía de Misiones (EMSA). En esa línea, el presidente de la empresa provincial, Julio César “Chun” Barreto, recibió este miércoles al intendente de Colonia Victoria, Hugo Orlando Andino, para avanzar en una agenda conjunta que permita responder a las necesidades energéticas tanto de los vecinos como del entramado productivo de una de las zonas con mayor perfil forestoindustrial de la provincia.

El encuentro, realizado en la sede de Energía de Misiones, se enmarca en la estrategia de gestión territorial que Barreto anunció al asumir la conducción de la empresa: escuchar las demandas de cada municipio para planificar inversiones y priorizar obras que impacten directamente en la calidad del servicio y en el crecimiento económico local.

La reunión incorporó además una mirada productiva al contar con la participación de Juan Cardozo, presidente de la Cooperativa de Trabajo Amanecer Limitada, la empresa recuperada por sus trabajadores tras la quiebra de la histórica MBM. La cooperativa, ubicada entre Colonia Victoria y Mado-Delicia, se dedica a la fabricación de láminas y compensados y constituye uno de los actores industriales más importantes de la zona.

La presencia de la Cooperativa Amanecer puso sobre la mesa un aspecto central del desarrollo económico de Misiones: la necesidad de contar con un sistema eléctrico confiable para sostener la actividad industrial, garantizar la continuidad de los procesos productivos y preservar las fuentes de empleo que dependen del complejo forestoindustrial.

En regiones donde la industria maderera representa uno de los principales motores económicos, la disponibilidad de energía deja de ser únicamente un servicio público para convertirse en un factor de competitividad. La planificación conjunta entre la empresa distribuidora, los gobiernos locales y el sector productivo busca precisamente anticiparse a las demandas futuras y acompañar el crecimiento de la actividad económica con infraestructura adecuada.

Durante la reunión también participaron el secretario coordinador de la Municipalidad de Colonia Victoria, Natalio Zarza, y el tesorero de la Cooperativa Amanecer, Francisco Ávalos, quienes aportaron la visión del municipio y del sector cooperativo sobre las prioridades en materia energética.

El encuentro refleja un cambio de enfoque en la gestión de EMSA, que busca fortalecer la articulación institucional con los municipios y escuchar de manera directa a los actores económicos de cada región antes de definir las prioridades de inversión. La planificación territorial aparece así como una herramienta para optimizar recursos en un contexto económico desafiante, orientando las obras hacia aquellos proyectos con mayor impacto social y productivo.

Para Colonia Victoria, donde la actividad forestoindustrial constituye uno de los pilares del empleo y de la generación de valor agregado, avanzar en soluciones energéticas representa una condición necesaria para consolidar inversiones, mejorar la competitividad y acompañar el desarrollo de un sector estratégico para la economía de Misiones.

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La energía que hoy se desperdicia: la biomasa aparece como la gran oportunidad para rescatar a la forestoindustria misionera

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Mientras la forestoindustria atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas, una oportunidad emerge desde aquello que históricamente fue considerado un descarte. Lo que hasta hace poco eran montañas de aserrín, virutas, cortezas y restos de madera comienza a ser visto como un activo estratégico capaz de generar energía, diversificar ingresos y transformar el modelo de negocios de uno de los principales complejos productivos de Misiones.

Esa es la visión que plantea el ingeniero forestal y consultor en industrias agroforestales Ronald Vera, quien sostiene que el verdadero salto de competitividad del sector ya no dependerá únicamente de producir más madera, sino de aprovechar integralmente cada árbol que ingresa al aserradero. En un contexto marcado por la caída del mercado interno, la pérdida de rentabilidad y el aumento permanente de los costos, la biomasa aparece como una alternativa capaz de convertir un problema ambiental en una oportunidad económica.

“La energía puede terminar siendo más rentable que la propia madera”, resume Vera en una entrevista con LT 17 Radio Provincia al describir un cambio de paradigma que ya comenzó a consolidarse en los principales polos forestales del mundo.

Misiones continúa siendo el principal polo forestal y forestoindustrial de Argentina, concentrando la mayor capacidad instalada para la transformación de madera. Sin embargo, la actividad enfrenta una combinación de factores que presionan sobre su rentabilidad.

La retracción de la construcción paralizó buena parte del mercado interno, tradicional motor del consumo de madera. Aunque las exportaciones crecieron, el atraso cambiario redujo significativamente los márgenes del negocio. A esto se suman los incrementos en combustibles, logística, salarios e insumos industriales, además de una creciente ruptura en la cadena de pagos que afecta especialmente a pequeñas y medianas empresas.

Según Vera, muchas pymes reciben cheques sin respaldo suficiente, lo que demora los cobros y dificulta afrontar obligaciones salariales, impositivas y financieras.

Pero mientras el escenario comercial se vuelve más complejo, otra realidad comienza a ganar protagonismo dentro de los establecimientos forestales.

El negocio que hoy queda al costado del aserradero

Cada tronco que ingresa a un aserradero deja una enorme cantidad de material que no termina convertido en tablas, vigas o tirantes.

“De una tonelada de rollizos apenas la mitad se transforma en madera aserrada. El resto históricamente fue considerado un residuo”, explica Vera.

Ese material incluye costaneros, chips, corteza, virutas y aserrín, que durante años fueron acumulándose en predios industriales o directamente abandonados en el monte tras los trabajos de raleo.

Desde una perspectiva económica, allí aparece uno de los mayores márgenes de crecimiento de la cadena forestal.

En lugar de representar un costo ambiental, esos subproductos pueden convertirse en materia prima para generar electricidad mediante biomasa, producir pellets para calefacción, abastecer plantas de tableros MDF o alimentar nuevas industrias vinculadas a la bioeconomía.

La propuesta implica abandonar la lógica tradicional del aserradero como productor exclusivo de madera para transformarlo en un centro integral de aprovechamiento forestal.

El pellet, por ejemplo, se fabrica únicamente con madera comprimida, sin aditivos químicos. Su demanda crece de manera sostenida tanto en Europa como en América por su utilización como combustible renovable para calefacción e industrias.

La biomasa también permite abastecer centrales termoeléctricas capaces de generar electricidad utilizando residuos forestales que hoy carecen de valor comercial.

Para Vera, el cambio conceptual es profundo. “La energía es el recurso económico más importante del mundo. Nosotros hoy estamos dejando pudrir esa energía en el monte o al costado de los aserraderos.”

Además del beneficio económico, el aprovechamiento de estos materiales reduce significativamente el pasivo ambiental generado por la acumulación de residuos y disminuye el riesgo de incendios forestales.

La tecnología ya existe; el desafío es financiarla

El principal obstáculo no es tecnológico sino financiero. Hace dos décadas, instalar un aserradero de escala media demandaba alrededor de 600.000 dólares. Hoy una planta con equipamiento moderno requiere inversiones cercanas a los tres millones de dólares.

A ese incremento se suma la dificultad para acceder a líneas de crédito de largo plazo con tasas compatibles con proyectos industriales cuya recuperación lleva varios años.

Según el especialista, el desarrollo de la biomasa necesita una estrategia pública que combine financiamiento, capacitación y promoción de inversiones, más que subsidios permanentes.

También demanda nuevos perfiles profesionales.

La automatización de los procesos productivos redujo la necesidad de mano de obra destinada al esfuerzo físico y abrió espacio para ingenieros electrónicos, especialistas en mecatrónica, programadores, técnicos en automatización y profesionales ambientales capaces de operar industrias cada vez más tecnificadas.

Más allá del contexto económico, Vera considera que la salida para la forestoindustria no pasa únicamente por esperar una recuperación del mercado interno.

El desafío consiste en generar mayor valor agregado sobre la materia prima disponible, diversificar la producción y aprovechar recursos que hoy permanecen subutilizados.

También reclama una mayor articulación entre el sector público y el privado para facilitar inversiones, impulsar nuevos mercados internacionales y garantizar reglas claras para el desarrollo industrial.

En esa visión, la biomasa deja de ser solamente una fuente de energía renovable y pasa a convertirse en una política de desarrollo territorial. Significa crear nuevos negocios sin ampliar la superficie forestada, reducir el impacto ambiental de la actividad, generar empleo calificado y aumentar la competitividad de una cadena productiva estratégica para Misiones.

En tiempos donde la rentabilidad de la madera enfrenta crecientes desafíos, el futuro podría estar menos en los tablones que salen del aserradero y más en aquello que durante décadas quedó olvidado al costado de la producción. Allí, entre virutas, chips y aserrín, la forestoindustria comienza a descubrir una nueva fuente de riqueza capaz de transformar una crisis en una oportunidad de desarrollo sostenible.

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Tormenta perfecta en la madera: exportaciones récord, nula demanda interna y rentabilidad mínima

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El contraste es tan llamativo como incómodo. Mientras el Gobierno nacional exhibe cifras récord de exportación forestal y celebra la apertura de mercados, buena parte de la industria maderera de Misiones atraviesa una de las crisis de rentabilidad más profundas de los últimos años. Las exportaciones crecen, pero las empresas aseguran que venden al costo. Los mercados externos se expanden, pero el mercado interno prácticamente desapareció. Y el dólar estable, que para la macroeconomía funciona como ancla antiinflacionaria, se convirtió para los industriales en un factor de pérdida de competitividad frente a Brasil, Paraguay y Uruguay.

En Misiones los industriales advierten sobre una crisis profunda marcada por la caída del mercado interno, el dólar atrasado, el aumento de los costos energéticos y una rentabilidad cada vez más estrecha.

Mientras el Gobierno nacional celebra el desempeño exportador de la forestoindustria argentina, en los aserraderos de Misiones el clima está lejos del optimismo. Los números oficiales muestran crecimiento. Los empresarios hablan de supervivencia.

La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca destacó que las exportaciones forestoindustriales crecieron 18% durante 2025 respecto del año anterior. La cadena logró presencia en 70 mercados para productos de madera, 75 para papel y cartón y 44 para taninos.

Los datos del primer trimestre de 2026 también muestran dinamismo. India incrementó sus compras un 350%; Estados Unidos un 56%; Vietnam un 33%; China un 9% y Chile un 2%. A su vez, las exportaciones de madera aserrada crecieron 30% en volumen, las colofonias 17% y las maderas perfiladas 15%.

Sin embargo, detrás de esas cifras aparece una realidad muy distinta en el corazón forestal argentino.

Estamos exportando porque ha desaparecido prácticamente el mercado interno y estamos exportando al costo para mantener nuestras empresas“, resume Guillermo Fachinello, presidente de la Asociación de Productores, Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones y Norte de Corrientes y también de la Confederación Económica de Misiones. La frase sintetiza la paradoja que atraviesa al sector: se exporta más, pero se gana menos.

Exportar para sobrevivir

La expansión de las ventas externas no necesariamente implica mejores resultados económicos. Jerónimo Lagier, referente empresarial del sector, asegura que los números de crecimiento esconden una realidad incómoda.

“No son aumentos con una rentabilidad aceptable. Se exporta porque es el mercado que hoy está demandando. Las operaciones se tienen que cerrar para poder seguir girando la rueda”, explica el ex funcionario de Cambiemos.

La situación se repite en buena parte de los aserraderos medianos y pequeños.

Guillermo Sato sostiene que muchas empresas comenzaron a buscar mercados externos simplemente porque dejaron de encontrar demanda local.

“La exportación ha subido porque empresas que antes no exportaban hoy se están lanzando al mercado internacional. Pero el dólar actual no representa un negocio; representa algo que te salva por el momento mientras buscás cómo sostener la estructura”, afirma.

La ecuación es sencilla. Los precios internacionales se mantienen relativamente estables, mientras los costos locales aumentan en dólares.

Combustible, energía, salarios, logística y cargas sociales avanzan más rápido que el tipo de cambio. “La energía aumentó 26 por ciento el Kw y 10,77 por ciento la potencia contratada”, detalla Sato. 

Lo que subió el combustible en dólares y lo que subió la energía en dólares nos saca competitividad frente a Brasil, Paraguay y ahora Uruguay”, advierte Fachinello.

Un boom exportador concentrado

Los industriales también relativizan el alcance real del crecimiento exportador.

Fachinello sostiene que menos del 27% de las empresas misioneras exportan regularmente y que una parte importante de los embarques está concentrada en grandes jugadores.

“No llegamos al 27% de las empresas que exportan y las exportaciones están concentradas principalmente en dos grandes empresas”, señala.

Esto significa que buena parte de los aserraderos sigue dependiendo del mercado interno, precisamente el segmento que hoy muestra mayor debilidad.

Si existe un consenso absoluto entre los empresarios consultados es que el principal problema ya no está en las exportaciones, sino en la falta de demanda doméstica.

La construcción privada sigue sin recuperar niveles históricos y la paralización de la obra pública nacional eliminó uno de los motores tradicionales del consumo de madera.

Tenemos toda la capacidad para producir, pero no hay demanda“, resume Abel Gauto Fechtner. Guillermo Sato coincide.

“Hubo pequeñas reacciones del mercado interno en marzo y abril. Pensamos que podía ser una normalidad, pero solo fueron pequeños destellos”, explica.

El fenómeno alcanza incluso a productos industrializados con mayor valor agregado.

Marcela Berezozki, de Placas y Maderas, asegura que la caída del consumo es visible en toda la cadena.

La industria maderera en Misiones está atravesando uno de los momentos más difíciles de los últimos años. Hay muchos productos que están reemplazando a la madera y eso complica aún más las ventas”, señala.

La empresaria cita como ejemplo el avance de materiales sintéticos sobre segmentos históricamente dominados por la madera.

“El machimbre de pino fue reemplazado en muchos casos por machimbres de PVC”, explica.

Qué reclama la industria maderera

Los pedidos ya no apuntan al crecimiento, sino a la supervivencia.

Presión fiscal Reducción de impuestos y flexibilización de embargos.
Energía Medidas para abaratar el costo eléctrico industrial.
Construcción Incentivos a la obra privada y al crédito hipotecario.
Logística Mejoras vinculadas al puerto de Eldorado.
Transporte Reformas en la ley de cabotaje para reducir costos.
Biomasa Incentivos para generar energía a partir de residuos forestales.
Exportación Agilización de reintegros y recuperos impositivos.

A la falta de demanda se suma una nueva preocupación: el costo energético. Durante las últimas semanas, las industrias enfrentaron aumentos de entre 18% y 26% en sus facturas eléctricas, además de modificaciones en los esquemas de potencia contratada.

Nos han cambiado las categorías y hemos tenido casi un 19% de aumento en los grandes consumidores“, afirma Fachinello en respuesta a la decisión del Gobierno nacional de liberar tarifas y quitar definitivamente todos los subsidios. 

Lagier agrega que el problema no es coyuntural. “Estamos enfrentando una situación estructural. En otros lugares se cobra potencia consumida y acá se cobra potencia contratada. Eso encarece significativamente los costos industriales”.

El dirigente considera que resulta indispensable avanzar en incentivos para la generación mediante biomasa y energía solar.

Las consecuencias ya comienzan a sentirse. Fachinello recuerda que recientemente cerró una de las mayores fábricas de pallets de la provincia.

“La empresa dejó más de 150 trabajadores sin empleo directo y afectó a toda la cadena logística asociada”, señala.

Otras compañías redujeron turnos, suspendieron líneas de producción o disminuyeron horas de trabajo.

Muchas empresas están operando al 50% o 55% de su capacidad industrial“, advierte Sato.

Aunque el empleo todavía se sostiene en buena parte de la cadena, los empresarios reconocen que cada vez cuesta más mantener las estructuras.

“Sostener es difícil. Hoy estamos luchando por sobrevivir”, resume Berezozki.

Enrique Bongers, presidente de la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (Amayadap), coincide con el diagnóstico general del sector, pero advierte que la situación actual combina varios factores que están erosionando la competitividad de la industria de manera simultánea.

“El primer semestre arrancó muy complicado y acentuó el difícil momento que ya veníamos atravesando desde fines del año pasado”, señala. “Los aumentos de logística por el combustible, los incrementos en energía y potencia contratada profundizaron aún más la crisis”.

Según Bongers, durante los primeros meses del año la demanda interna se ubicó en niveles extremadamente bajos y recién en las últimas semanas comenzaron a observarse algunos movimientos puntuales.

“Los corralones empezaron a hacer algunos pedidos porque se estaban quedando sin determinadas medidas de madera y necesitaban reponer stock. Pero eso no significa una recuperación. Se está comercializando a márgenes cero, simplemente para sostener la actividad”, explica.

El dirigente remarca que la industria sigue operando con elevados niveles de capacidad ociosa y que la mejora observada en algunos indicadores de exportación no necesariamente se traduce en una mejora económica para los aserraderos.

“Los aserraderos que exportan están trabajando con precios de medios a bajos porque el mercado internacional está teniendo precios medios a bajos. Muchas veces se trabaja a contribución marginal”, sostiene.

A su entender, el problema es especialmente grave para los establecimientos pequeños que no cuentan con bosques propios ni integración vertical.

“Hay que diferenciar al aserradero chico del aserradero mediano que tiene forestación propia. El que tiene plantaciones puede darle un valor marginal a su materia prima y sostener algunas exportaciones. Pero hay aserraderos chicos que directamente no pueden salir a exportar porque no les cierran los números. Si sumás el costo de la madera, la logística y la energía para poner un contenedor FOB Buenos Aires, terminás perdiendo dinero”.

Para Bongers, la competitividad exportadora también está condicionada por el tipo de cambio.

“Nosotros creemos que el dólar está atrasado para la industria. Un dólar de 1.550 o 1.600 pesos nos daría mayor competitividad“, afirma.

Aunque aclara que la discusión no es lineal.

“También es cierto que muchos de los insumos que usamos para exportar están dolarizados. Consumimos polietileno, flejes y otros productos vinculados al dólar. Si el dólar sube, también aumentan esos costos. Pero claramente hoy estamos atrasados para competir”.

Otro de los factores que más preocupa a la entidad es el impacto de la energía sobre la estructura de costos.

Tuvimos un aumento del 18% en energía sin aviso previo. Nosotros vendemos a precios pactados y después nos encontramos con costos que no tenemos forma de trasladar. Así se hace muy difícil planificar”.

Por eso considera que debe existir un tratamiento diferencial para la industria.

Debería haber una tarifa energética diferencial para el sector productivo. Hoy estamos compitiendo con países que tienen costos mucho más bajos que los nuestros”.

A pesar del contexto, Bongers asegura que la prioridad sigue siendo sostener el empleo. “Lo que más priorizamos es la mano de obra. Es nuestro capital más importante. Son años de capacitación y experiencia. Por eso la mayoría de los socios de la cámara están haciendo un enorme esfuerzo para sostener a sus trabajadores”.

Sin embargo, reconoce que el panorama sigue siendo incierto.

“El contexto continúa siendo difícil. Sentimos que todavía no se tocó fondo. La demanda sigue siendo el principal problema y los costos continúan demasiado altos para el sector”.

Desde Amayadap impulsan una agenda concreta de medidas para recuperar competitividad. Entre ellas aparecen el fortalecimiento del Puerto de Eldorado, la reforma de la legislación de marina mercante para potenciar el transporte fluvial, la reducción de la carga impositiva, mejoras en el esquema energético y programas de promoción para viviendas de madera.

“Estamos convencidos de que el transporte por la hidrovía puede bajar significativamente los costos logísticos. Paraguay lo utiliza intensamente y obtiene ventajas competitivas. Nosotros también deberíamos aprovechar esa herramienta”, sostiene.

La entidad también promueve mecanismos para reactivar la demanda interna.

“Presentamos propuestas para fortalecer la construcción de viviendas de madera y viviendas mixtas financiadas con créditos hipotecarios. Si logramos reactivar ese mercado, los aserraderos más chicos podrán enfocarse en abastecer la demanda local mientras los grandes continúan exportando”.

Para Bongers, el futuro inmediato de la actividad dependerá menos de los mercados internacionales y más de la capacidad de corregir problemas estructurales.

“Hoy los tres grandes temas que están afectando a la industria son la logística, la energía y la carga impositiva. Si no trabajamos sobre esos costos, cada vez será más difícil competir”.

Otro dato que genera preocupación surge del censo forestoindustrial que realiza la Secretaría de Agricultura.

Según Lagier, los primeros resultados muestran una fuerte divergencia regional.

“Misiones y Entre Ríos aparecen prácticamente estancadas en cantidad de industrias, mientras Corrientes pasó de unas 150 a cerca de 300 plantas”, señala.

Para los industriales, el dato refleja diferencias vinculadas a costos energéticos, incentivos fiscales y condiciones de inversión.

El diagnóstico empresarial ya no gira alrededor del crecimiento. La prioridad pasó a ser sostener las empresas abiertas.

Las demandas incluyen reducción de la presión fiscal, alivio en materia energética, incentivos para la construcción, créditos hipotecarios accesibles, mejoras logísticas vinculadas al puerto de Eldorado, reformas al sistema de cabotaje y una mayor velocidad en los reintegros de exportación.

Pero detrás de esos reclamos aparece una preocupación más profunda.

Fachinello lanza una advertencia que resume el estado de ánimo de gran parte del empresariado. “Nos extraña mucho la pasividad que estamos teniendo en esta agresión y destrucción de la industria nacional“.

Y agrega: “Estamos adormecidos. Tenemos que darnos cuenta de la destrucción de la industria nacional y del parate que tenemos. Si no tomamos medidas ahora, los problemas serán mucho más graves.”

La forestoindustria argentina vive así una situación inédita. Exporta más que nunca, conquista nuevos mercados y amplía su presencia internacional. Pero puertas adentro, buena parte de las empresas trabaja con márgenes mínimos, capacidad ociosa creciente y un mercado interno que sigue sin reaccionar.

La paradoja es evidente: el sector vende más madera al mundo, pero cada vez encuentra menos rentabilidad para producirla.

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