Industria yerbatera

Victoria Szychowski, la mujer que heredó un siglo de yerba, familia y frontera

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La historia de Victoria Szychowski no empieza en un despacho ni en una sala de directorio. Empieza mucho antes, en 1900, cuando sus bisabuelos llegaron a Apóstoles desde aquella Europa partida por imperios, pasaportes cruzados y hambre de futuro. Misiones todavía no era provincia. Era territorio nacional, frontera viva, tierra por poblar y por defender. Allí, sobre el arroyo Chimiray, la familia eligió una chacra de 25 hectáreas con una intuición que hoy parece extraordinaria: algún día, para crecer, haría falta energía.

De esa mirada nació La Cachuera. Primero fue un molino. Después, arroz y maíz. Más tarde, en 1917, llegaron las primeras plantaciones de yerba mate. Y con ellas comenzó una historia que atraviesa más de un siglo y que hoy tiene a Amanda como una de las marcas más vendidas del país y a La Cachuera como la principal exportadora argentina de yerba mate.

Victoria habla de esa historia sin grandilocuencia. Como quien sabe que administra algo más delicado que una empresa: una herencia. Pero no una herencia quieta, de museo y bronce, sino una tradición que debe probar todos los días que todavía está viva.

¿Cómo se conduce una compañía familiar centenaria sin quedar prisionera del apellido? ¿Cómo se honra a los pioneros sin repetirlos? ¿Cómo se sostiene una marca histórica en un mercado donde cada generación exige otro lenguaje?

La respuesta de Victoria tiene más gestión que nostalgia. La tercera generación, dice, tiene un desafío enorme: profesionalizar. Abrir la mesa. Incorporar miradas externas. Escuchar al consumidor. Entender que la marca no puede vivir eternamente de la frase “la yerba que tomaba mi abuela”. Amanda debe seguir siendo memoria, sí, pero también presente.

Ese equilibrio parece ordenar toda su conducción.

La empresa que hoy exporta al mundo estuvo, alguna vez, al borde de desaparecer. En 1966, La Cachuera estaba fundida. Fue entonces cuando su padre, Juan Alfredo “Pancho” Szychowski, volvió para hacerse cargo. Preguntó cuánto se debía, midió el tamaño del problema y reconstruyó la compañía desde adentro. Una tía vendió su casa en Quilmes para aportar capital y se mudó al campo. La familia entera entendió que salvar la empresa no era solamente salvar un negocio: era salvar una forma de vida.

Pancho fue el gran refundador. Un hombre duro, trabajador, visionario. Victoria lo recuerda como alguien exigente, pero justo: nunca pedía más de lo que él mismo estaba dispuesto a dar. También fue quien vio antes que muchos que la yerba mate podía cruzar fronteras. Mientras el producto seguía atado al consumo argentino, él miró hacia Medio Oriente. Viajó, recorrió mercados, convenció clientes y abrió una ruta comercial que todavía hoy sostiene buena parte del liderazgo exportador de La Cachuera.

Siria y el Líbano no aparecen en esta historia como simples destinos comerciales. Aparecen como capítulos de una trama cultural inesperada: inmigrantes árabes que habían vivido en la Argentina, que volvieron a sus países con el hábito del mate y que convirtieron a la yerba en una costumbre propia. Allí, Amanda encontró un mercado. Y también una prueba de que lo profundamente local puede volverse universal.

Victoria llegó a la empresa en 1990. No empezó arriba. Pasó por tareas administrativas, acompañó reuniones, tomó notas, escuchó. Fue secretaria del directorio y, sin proponérselo, absorbió la empresa como una esponja. Producción, secaderos, ventas, finanzas, proveedores, familia, conflictos, decisiones. Todo pasaba por esa mesa.

Cuando asumió la presidencia en 2016, no fue en un momento luminoso. El día de la asamblea murió su madre. Poco después falleció el presidente de la compañía. En medio del duelo, Victoria tuvo que tomar el mando. Reconoce que hubo meses nublados, casi sin memoria. La sostuvieron su familia, su esposo y el equipo de trabajo.

“Hay noches en las que no dormís”, admite en diálogo con La Fábrica del Podcast. No lo dice como queja, sino como parte del oficio. Dirigir una empresa de este tamaño no es administrar una marca desde lejos. Es cargar con empleados, productores, proveedores, mercados externos, consumidores y una comunidad entera que mira a La Cachuera como parte de su propia identidad.

Por eso, cuando habla de liderazgo, Victoria no habla de autoridad sino de escucha. Un buen líder, dice, debe aceptar que no sabe todo. Debe rodearse bien. Debe tener sentido común. Debe poder decir: me equivoqué. En una empresa familiar, esa condición es todavía más importante, porque las rencillas domésticas pueden entrar al negocio si no existen reglas, profesionalismo y distancia.

Amanda compite hoy en un mercado mucho más complejo que el de sus abuelos. Hay nuevas marcas, blends, influencers, venta digital, discursos sobre lo orgánico y consumidores cada vez más atentos. Victoria mira ese fenómeno con una mezcla de curiosidad y advertencia. No todo lo que se vende como natural u orgánico lo es. La certificación importa. La trazabilidad importa. La confianza importa.

Allí ubica uno de los diferenciales de Amanda: controlar el proceso. La empresa posee secaderos propios, trabaja con proveedores históricos auditados y busca garantizar que el paquete que llega a la góndola tenga la misma identidad que el consumidor espera. No es sencillo. La yerba mate es un producto vegetal, sensible al clima, al secado, al estacionamiento y al blend. Cada paquete debe parecerse al anterior, aunque la naturaleza nunca produzca dos cosechas iguales.

Esa tensión entre industria y naturaleza está en el centro del negocio yerbatero. También explica la crisis reciente del sector. Victoria evita las explicaciones fáciles. Sostiene que la caída de precios no puede atribuirse únicamente a la desregulación impulsada por Javier Milei. Hubo, dice, una combinación de factores: tres años de sequía, faltante de materia prima, precios altos, expansión de plantaciones, recuperación de los yerbales con las lluvias y luego una oferta abundante frente a una demanda que no creció al mismo ritmo. La consecuencia fue conocida: márgenes mínimos en toda la cadena.

¿Dónde queda una empresa líder en ese escenario? En el lugar más incómodo: debe defender calidad, sostener mercados, cuidar costos y, al mismo tiempo, pensar en el largo plazo.

Quizás por eso Victoria vuelve tanto al museo familiar. Allí está el viejo molino. Las máquinas adaptadas. Las herramientas construidas por prueba y error. La evidencia material de que todo comenzó con muy poco y con una voluntad enorme.

Cuando camina por ese lugar, no encuentra sólo recuerdos. Encuentra una pregunta: si ellos pudieron, ¿cómo no vamos a poder nosotros?

Esa parece ser la clave de su presidencia. No administrar la nostalgia, sino convertirla en método. No repetir a los fundadores, sino estar a la altura de su audacia.

En el fondo, Victoria Szychowski conduce una empresa que se parece mucho a Misiones: hija de inmigrantes, de frontera, de monte, de trabajo familiar, de industria nacida lejos de los grandes centros de poder. Amanda es una marca nacional, pero su raíz sigue clavada en Apóstoles, donde un arroyo, una represa y una familia decidieron que la yerba mate podía ser mucho más que una hoja.

Al final, cuando habla de su padre, Victoria resume el legado con una frase sencilla: poder caminar por la calle con la frente alta. No hay balance más exigente que ese.

La principal exportadora de yerba mate argentina no se explica sólo por toneladas, mercados o facturación. Se explica también por esa ética antigua, casi austera, que todavía ordena la vida de muchas empresas familiares del interior: trabajar mucho, deber poco, honrar la palabra y dejar algo mejor de lo que se recibió.

Victoria Szychowski parece haber entendido que su tarea no es cuidar una marca congelada en el tiempo, sino lograr que Amanda siga siendo Amanda, incluso cuando el mundo cambia.

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El INYM abrió la convocatoria para que yerbateras participen de MATEAR 2026, el mayor evento del sector

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El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) abrió la preinscripción para que empresas, cooperativas y titulares de marcas de yerba mate puedan postularse para participar de la Feria MATEAR 2026, el principal encuentro de promoción y difusión de la cadena yerbatera argentina. El evento se realizará los días 17 y 18 de octubre en el Pabellón Ocre del predio de La Rural, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La convocatoria permanecerá abierta hasta el próximo 7 de agosto y está destinada exclusivamente a establecimientos yerbateros interesados en exhibir sus productos y fortalecer su posicionamiento comercial en uno de los escenarios de mayor visibilidad para el sector. Desde el organismo aclararon que completar el formulario de preinscripción no implica la confirmación automática de un espacio, ya que las solicitudes serán evaluadas una vez finalizado el período de inscripción y los cupos disponibles son limitados. La inscripción es online en el siguiente link MATEAR 2026

Como ocurrió en las ediciones anteriores, el INYM facilitará la participación de empresas y cooperativas mediante espacios institucionales destinados a promocionar marcas, generar vínculos comerciales y acercar la producción yerbatera a miles de consumidores de todo el país. Finalizado el proceso de evaluación, la organización notificará individualmente a cada postulante sobre el resultado de su solicitud.

La edición 2026 marcará además el regreso de MATEAR a La Rural luego de tres años, tras la firma de un convenio entre el INYM y el tradicional predio ferial porteño. La elección del Pabellón Ocre responde a la necesidad de contar con un espacio de mayor capacidad y circulación de público, ya que dispone de unos 5.000 metros cuadrados y acceso directo desde Plaza Italia.

La feria se consolidó en los últimos años como el principal punto de encuentro de toda la cadena de valor de la yerba mate, reuniendo a productores, cooperativas, secaderos, molinos, emprendedores, especialistas y consumidores en torno a una agenda que combina promoción comercial, degustaciones, innovación, gastronomía y difusión de la cultura matera.

Para las economías regionales de Misiones y Corrientes, donde se concentra prácticamente la totalidad de la producción nacional de yerba mate, MATEAR representa una plataforma estratégica para fortalecer la presencia de las marcas en el mercado interno, abrir nuevas oportunidades comerciales y visibilizar la diversidad de productos que ofrece el sector.

El esquema de participación también contempla a fabricantes de accesorios y emprendedores vinculados al universo matero. En esos casos, la inscripción no se realiza a través del INYM, sino directamente con La Rural, que administra los espacios destinados a expositores de productos complementarios.

La nueva edición de MATEAR llega en un contexto especialmente desafiante para la actividad yerbatera, atravesada por debates sobre competitividad, rentabilidad y desregulación del mercado. En ese escenario, la feria vuelve a posicionarse como uno de los principales espacios de promoción de una economía regional clave para el noreste argentino y como una vidriera para consolidar el consumo de una de las infusiones más representativas de la identidad nacional.

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De un tren sin regreso a una marca propia: la historia de la yerba Familia Zaragoza

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En la industria yerbatera abundan por estos días los números en rojo. Productores que venden por debajo de los costos, molinos que ajustan márgenes y un mercado que atraviesa una de las crisis más profundas de los últimos años. Sin embargo, entre ese escenario de incertidumbre todavía aparecen historias que recuerdan que la economía también se mueve por decisiones personales, afectos y apuestas que desafían toda lógica.

La de Familia Zaragoza es una de ellas.

No comenzó en un yerbal ni en un secadero. Empezó mucho antes, arriba de un tren que salió desde Buenos Aires rumbo a Misiones.

En 2008, Carla Zaragoza tomó una decisión que, vista desde afuera, parecía una locura. Dejó atrás la seguridad -aunque fuera precaria- de la gran ciudad, tomó a sus dos hijos y viajó hacia un destino donde no tenía trabajo, contactos ni familiares que la esperaran.

Solo tenía una certeza: necesitaba empezar de nuevo. Oberá fue la ciudad que eligió para reconstruir su vida.

“Vinimos de vacaciones invitados por una amiga. A mí me fascinó desde el primer día y a mamá le dio la certeza de que era el lugar donde podíamos crecer”, recuerda Santiago Paz, uno de sus hijos y hoy uno de los impulsores de la marca.

Volvieron a Buenos Aires, acomodaron las cosas que tenían y, pocos meses después, emprendieron el viaje definitivo.

“Mi hermano era un bebé y yo tenía apenas siete años. Oberá nos conquistó por su tranquilidad, por la naturaleza, por los cerros y, sobre todo, por la calidad humana de su gente. Sentimos que ahí podíamos construir otra vida”.

Empezar desde cero

Como ocurre con la historia misma de Misiones y la de miles de familias que migran buscando oportunidades, los primeros años estuvieron lejos de cualquier comodidad. Había que sobrevivir.

Carla hacía artesanías, cosía ropa, recorría ferias y vendía productos de limpieza puerta a puerta. Cada ingreso servía para sostener la casa.

No existían horarios. Tampoco fines de semana. Solo trabajo.

Los años pasaron hasta que apareció un golpe inesperado.

A Carla le diagnosticaron una artritis degenerativa. La enfermedad comenzó a limitarle los movimientos y el esfuerzo físico que había sostenido durante tanto tiempo dejó de ser posible.

Fue entonces cuando sus hijos entendieron que era momento de devolverle una parte de todo lo que ella había hecho por ellos.

Un homenaje que terminó convirtiéndose en empresa

La yerba mate no fue el primer emprendimiento de la familia. Tampoco nació como un gran proyecto empresarial.

Surgió como una forma de darle a Carla una actividad que pudiera desarrollar sin exigir físicamente a un cuerpo castigado por la enfermedad.

Santiago trabajaba desde hacía años en una empresa yerbatera y conocía el negocio. Vio una oportunidad.

“Queríamos que tuviera algo propio. Un proyecto que nadie pudiera quitarle”, cuenta.

Así nació Familia Zaragoza.

El nombre nunca estuvo en discusión.

“Hay personas que merecen ser homenajeadas en vida. Gracias a mi madre, Carla Zaragoza”, resumen Santiago y Damián, los fundadores de la marca.

Cada integrante encontró naturalmente su lugar. Carla atiende desde su casa a sus clientes por teléfono. Damián organiza el armado de los paquetes y los despachos desde Oberá. Santiago mantiene el vínculo con productores, coordina el trabajo con el molino y desarrolla la marca, además de comercializar en Puerto Iguazú.

Los tres viven en ciudades distintas, pero el emprendimiento funciona como una sola familia. Porque, en definitiva, eso es.

Elegir lanzar una nueva marca de yerba en 2026 parece ir a contramano del contexto.

La cadena yerbatera atraviesa una crisis de precios, rentabilidad y consumo que golpea a todos los eslabones. Sin embargo, los Zaragoza eligieron mirar el largo plazo.

Hace casi tres años comenzaron a desarrollar el proyecto y recién en enero de este año obtuvieron el Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA), que les permitió comercializar oficialmente con marca propia.

El crecimiento fue deliberadamente lento.

Hoy venden en Oberá, Puerto Iguazú y Posadas, además de realizar envíos a todo el país mediante pedidos que llegan desde redes sociales y WhatsApp.

No buscan todavía ingresar a supermercados. Prefieren crecer despacio.

“Queremos cuidar la calidad y mantener el trato personal. Aunque el primer contacto sea por redes, del otro lado siempre estamos alguno de nosotros”.

La filosofía del barbacuá

Si el nombre homenajea a la familia, el producto también refleja su historia.

Eligieron elaborar una yerba barbacuá, un sistema tradicional que prácticamente desafía los tiempos industriales. Mientras un secado convencional puede completarse rápidamente mediante calor industrial, el método barbacuá requiere entre diez y dieciocho horas de secado lento utilizando calor de leña.

Después llega otra espera. La yerba reposa entre dieciocho y veinticuatro meses antes de llegar al consumidor. El tiempo termina haciendo su trabajo.

El resultado es una yerba de perfil ahumado, cuerpo intenso, sabor equilibrado y baja acidez.

Pero para Santiago existe una explicación mucho más simple. “Nos enamoró desde el primer mate. Tiene una personalidad única. Pero además sentimos que representa nuestra propia historia. El barbacuá necesita paciencia, dedicación y tiempo. Nuestra familia también se construyó así: paso a paso y a fuego lento”.

La comparación aparece una y otra vez durante la conversación. No parece casual. La historia de los Zaragoza tampoco tuvo atajos.

La materia prima proviene de productores locales y de un molino artesanal con el que trabajan de manera tercerizada. No poseen plantaciones propias por ahora.

“Elegimos este esquema porque nos permite seleccionar cuidadosamente la hoja verde y sostener el estándar de calidad que buscamos”, explica Santiago.

El sueño, sin embargo, ya tiene un próximo capítulo. Tener sus propios yerbales. También proyectan nuevas presentaciones y productos vinculados al universo matero.

Pero siempre bajo una condición. “No queremos crecer a cualquier costo. Si algún día perdemos la esencia, deja de tener sentido”.

En cada paquete de Familia Zaragoza hay hojas secadas lentamente con leña. Hay casi dos años de estacionamiento. Hay productores, molinos y un proceso artesanal que desafía la velocidad de estos tiempos. Pero también hay algo que no figura en ninguna etiqueta. Está la madre que decidió empezar de nuevo cuando todo parecía perdido. Están dos hijos que transformaron ese sacrificio en un proyecto propio. Y está la convicción de que incluso en una actividad golpeada por la crisis todavía existen oportunidades para quienes encuentran una identidad diferente.

Porque, al final, la verdadera materia prima de Familia Zaragoza nunca fue solamente la yerba. Fue la perseverancia.

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Passalacqua anunció créditos para fortalecer a las marcas misioneras premiadas en el Mundial de la Yerba Mate

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Esta mañana, el gobernador de Misiones Hugo Passalacqua, recibió en Casa de Gobierno a representantes de empresas y cooperativas yerbateras de Misiones que fueron distinguidas en el primer Mundial de la Yerba Mate que se realizó en Buenos Aires. Durante el encuentro se anunció además una línea de créditos por más de $200 millones destinada al crecimiento de estas empresas y cooperativas.

La línea de créditos contará con requisitos flexibles y permitirá financiar inversiones en compra de materia prima, packaging, ampliación de la capacidad productiva, logística de comercialización y otras mejoras orientadas a responder al incremento de la demanda y consolidar la presencia de las marcas misioneras en nuevos mercados.

Durante el encuentro, Passalacqua felicitó a las empresas y cooperativas distinguidas y destacó que los premios obtenidos son el resultado del esfuerzo, la dedicación y el trabajo sostenido de quienes día a día impulsan el crecimiento de la producción yerbatera de Misiones.

“Quiero que sepan que no son solamente embajadores de la yerba mate; son embajadores de toda la provincia de Misiones. A través de ustedes, todos los misioneros nos sentimos representados”, manifestó el mandatario provincial. “La yerba mate está en la profundidad de nuestra historia como misioneros, nos sigue apoyando, proyectando y representando como misioneros”, agregó.

“No hay nada que represente más a Misiones, después de la tierra colorada, que la yerba mate. Cada medalla de oro, plata o mención especial que ustedes obtuvieron tiene un enorme valor para toda la provincia. Quería conocerlos personalmente y felicitarlos. Los premios que recibieron en el Mundial destacan su trabajo y su yerba, pero el valor de esos reconocimientos trascienden a la yerba porque toda la provincia se siente distinguida a través de sus marcas”, concluyó.

Cabe aclarar que el encuentro se realizó tras la destacada participación de Misiones en el primer Mundial de la Yerba Mate, certamen internacional desarrollado a comienzos de junio en Buenos Aires, donde más de 400 muestras fueron evaluadas mediante un sistema de cata a ciegas por jurados especializados de distintos países. En esa competencia, cerca de 50 marcas misioneras, pertenecientes a cooperativas, emprendimientos familiares y establecimientos yerbateros de diferentes escalas productivas, obtuvieron distinciones en todas las categorías, reflejando la calidad, la diversidad y la innovación de la producción yerbatera de la provincia.

En representación de las firmas distinguidas participaron de la reunión con el Gobernador, Fernando Puzzo, de Zapecá (Salto Encantado); Ricardo Cabral, de Saltos del Moconá (El Soberbio); César Weis, de Atardecer (Campo Grande); José Koch, de Progreso (Oberá); Igor Sobol, de León (Oberá); Harry Burguer, de Tres Generaciones (Los Helechos); Salvador Torres, de Titrayju (Panambí); Valeria Nahirñak, de Lapacho Rosa (Apóstoles); Jacques de Coulon, de Federal (Santo Pipó); Graciela Giménez, de Principios (Apóstoles); Raquel Kazimirow, de Encanto (Los Helechos); Orlando Barboza, de La Soberana (San Pedro); Carolina Gutiérrez, de Arapeguá (Puerto Rico) y Carlos Biestelher, de Grapia Milenaria (Campo Ramón).

Más herramientas para acompañar el crecimiento de la yerba misionera

Por su parte, el ministro del Agro y la Producción, Facundo López Sartori, explicó que la línea de financiamiento busca acompañar el crecimiento que experimentan las marcas misioneras tras el reconocimiento obtenido en el Mundial de la Yerba Mate. Señaló que muchas de ellas duplicaron e incluso triplicaron sus ventas gracias a la promoción alcanzada a partir del certamen y de su participación en ferias especializadas.

“Uno de los problemas más lindos es tener una demanda creciente y no contar con el stock suficiente para reponerla. Por eso estamos invirtiendo más de 200 millones de pesos para que puedan seguir comercializando su yerba, continuar creciendo y fortaleciendo el trabajo con los productores”, afirmó.
Además, destacó que el reconocimiento nacional e internacional confirma la evolución de la calidad de la yerba mate misionera y ratificó el compromiso del Gobierno provincial de seguir impulsando políticas de promoción y financiamiento para fortalecer a las pequeñas empresas del sector. “Misiones sale a cuidar lo que otros Gobiernos descuidan”, concluyó.

A su turno, el subsecretario de Yerba Mate, Ricardo Maciel, coincidió que esta nueva línea de financiamiento surgió a partir del crecimiento que registró el sector yerbatero de Misiones luego del certamen. “Muchos nos plantearon que estaban teniendo dificultades para cumplir con la demanda por falta de stock o de capacidad para imprimir más envases. A partir de esa realidad, el Gobierno de la Provincia decidió poner a disposición una línea de créditos para acompañar ese crecimiento”, explicó.

Maciel precisó que los créditos estarán dirigidos a las 14 empresas y cooperativas distinguidas que participaron del encuentro y contarán con condiciones flexibles para financiar la compra de materia prima, packaging, logística y otras inversiones destinadas a incrementar la capacidad productiva y ampliar la presencia de las marcas en el mercado. “Cada kilo más de yerba mate que logran comercializar estas marcas significa más trabajo para los productores y un mayor movimiento económico para toda la Misiones”, sostuvo.

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La Selección Argentina llevó al Mundial más de 500 kilos de yerba Baldo

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El mate volvió a convertirse en un protagonista silencioso de la Selección Argentina. Mientras el equipo de Lionel Scaloni afronta un nuevo desafío mundialista en Estados Unidos, una cifra revelada desde la intimidad del plantel volvió a poner en escena una de las costumbres más arraigadas del fútbol argentino: la delegación viajó con más de 500 kilos de yerba Baldo para garantizar el abastecimiento durante toda la competencia.

La información fue confirmada por Marito, histórico utilero de la Selección, quien explicó que el cargamento acompañará al equipo durante la concentración en Kansas City y en el resto de las sedes donde dispute el Mundial. Más allá del dato logístico, la cifra refleja el peso que el mate tiene en la vida cotidiana del grupo que conquistó el título mundial y consolidó una identidad colectiva también fuera de la cancha.

Según detalló el utilero, el 98% de los futbolistas consume la misma yerba, una elección que atraviesa generaciones y que se convirtió en parte del paisaje habitual de cada entrenamiento, viaje, concentración o momento de descanso.

Entre quienes sostienen este ritual aparecen varios de los principales referentes del plantel, como Lionel Messi, Emiliano “Dibu” Martínez, Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Julián Álvarez, Alexis Mac Allister y Enzo Fernández. Para ellos, el mate dejó de ser únicamente una infusión para transformarse en un espacio de encuentro, conversación y pertenencia dentro del grupo.

La presencia de Baldo como sponsor matero oficial del seleccionado profundizó un vínculo que, según explican desde la empresa, nació mucho antes de cualquier acuerdo comercial. “Siempre supimos que Baldo venía creciendo mucho en el consumo dentro del fútbol profesional y también sabíamos que la mayoría de los jugadores de la Selección Argentina la elegía”, sostuvo Rodrigo Durán, director y jefe de prensa de la marca.

El ejecutivo destacó además el valor simbólico que tuvo observar los preparativos previos al viaje. “Ver los maletines de todos ellos, especialmente el del 10, y que Marito lo abriera con Baldo lista para viajar al Mundial fue un orgullo difícil de explicar”, expresó.

La campaña desarrollada por la empresa para acompañar la Copa Mundial de la FIFA 2026 buscó precisamente mostrar esa relación cotidiana entre los futbolistas y el mate. A través de un contenido audiovisual difundido en YouTube, la marca plantea que el verdadero “secreto” de los campeones no radica solamente en la yerba que consumen, sino en la disciplina, el trabajo colectivo y la construcción diaria de objetivos compartidos.

Una oportunidad para la industria yerbatera

Más allá del costado deportivo, la presencia de una marca de yerba mate en el centro de la escena mundial representa una vidriera de enorme valor para una de las principales economías regionales del país, cuya producción se concentra en Misiones y el norte de Corrientes.

La creciente visibilidad internacional del mate, impulsada por figuras como Lionel Messi y el resto del plantel argentino, viene consolidando una tendencia de expansión del consumo en distintos mercados del mundo. En ese contexto, cada imagen de los campeones compartiendo un mate funciona también como una herramienta de posicionamiento para toda la cadena yerbatera argentina.

Baldo, cuya propuesta comercial se basa en una molienda fina, despalada y con alta proporción de hoja, busca capitalizar ese fenómeno asociando su producto con una experiencia tradicional y auténtica del consumo de mate.

Mientras la Selección inicia un nuevo sueño mundialista, el mate vuelve a ocupar un lugar reservado dentro del vestuario. Esta vez, con más de media tonelada de yerba cruzando el continente para acompañar a un grupo que hizo de esa ronda cotidiana una parte inseparable de su identidad.

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