INFLACIÓN

Nuevo aumento salarial a docentes en Misiones

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​El Gobierno provincial aplicó la actualización acordada en la mesa de diálogo y convocó a un nuevo encuentro con los gremios para avanzar en la agenda del sector educativo.

​El salario de los docentes misioneros de todos los niveles y modalidades llegará este mes con un incremento que responde al compromiso asumido por el Ejecutivo provincial durante la negociación paritaria de febrero. La administración confirmó que los haberes de abril ya reflejan la nueva escala.

​Cuánto cobra un docente en Misiones con la actualización de abril

​Los números oficiales ubican al cargo testigo de maestro de grado con jornada simple de cuatro horas —sin antigüedad— en $755.001. Con la máxima antigüedad, ese mismo cargo trepa hasta $981.989. En el nivel secundario, el paquete de 42 horas cátedra queda fijado en $1.815.566 para quienes no computan antigüedad y alcanza los $2.252.590 en el caso de los profesores con mayor trayectoria en el sistema.

​Nueva reunión entre el gobierno y los sindicatos

​Este martes 14 de abril se concretó un encuentro que reunió a funcionarios del Ministerio de Educación, el Ministerio de Trabajo, el Consejo General de Educación (CGE) y el Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones (SPEPM) con dirigentes de seis organizaciones gremiales: UDPM, UDA, SEMAB, SADOP, SIDEPP y AMET.

​En la mesa se repasaron distintos puntos pendientes de la agenda docente provincial. Según se informó, el Gobierno asumió el compromiso de seguir dando respuestas en las próximas instancias de trabajo programadas.

Cargo de maestro de grado sin antigüedad por un turno de 4 horas.

Continuidad del diálogo como política oficial.

​Desde el Ejecutivo también ratificaron que las mesas paritarias seguirán funcionando como el canal formal para tratar cuestiones salariales, laborales, técnicas y pedagógicas. El objetivo declarado es garantizar la marcha del sistema educativo y dar cauce institucional a los reclamos del sector.

Docente con 42 horas de secundaria
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Petróleo, inflación y Fed: el verdadero frente de la guerra entre Estados Unidos e Irán

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Por Justin Khoo, analista sénior de mercados, VT Markets. El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una fase más delicada para los mercados mundiales. Lo que comenzó como un foco de tensión geopolítica se está convirtiendo ahora en algo más amplio: un riesgo de interrupción prolongada del suministro energético y del transporte marítimo que está afectando directamente a las perspectivas macroeconómicas mundiales.

Durante el fin de semana, el conflicto se intensificó al aumentar la implicación directa de los hutíes, lo que ha suscitado nuevas preocupaciones en puntos estratégicos del tráfico marítimo, como el mar Rojo, Bab el-Mandeb y el ya tensionado estrecho de Ormuz.

En ningún otro lugar es más evidente esta escalada que en los mercados petroleros. El precio del crudo Brent va camino de registrar una subida mensual récord, tras haber subido recientemente hasta un 3.7% para alcanzar los 116.78 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate ha superado la barrera de los 100 dólares. Este repunte no es solo una cuestión energética: está alimentando directamente las expectativas de inflación y la fijación de precios de los activos en general. Este enfrentamiento también mantiene elevado el índice del dólar estadounidense (USDX) y somete a presión al S&P 500.

Desde una perspectiva económica, esto ya no es simplemente una prima de guerra sobre el petróleo; es una crisis global del costo de la vida. 

La realidad de la energía y la inflación, la divergencia entre el dólar y el oro

Cuando el precio del crudo Brent se mantiene por encima de los 115 dólares, deja de ser una cuestión geopolítica y se convierte en una limitación macroeconómica. El aumento de los costos energéticos se traslada rápidamente a los precios del transporte, la producción y los productos de consumo, lo que eleva el riesgo de que la inflación resulte más persistente de lo previsto.

Esto plantea un dilema difícil para la Reserva Federal. En una desaceleración típica, los políticos tendrían margen para flexibilizar la política monetaria con el fin de apoyar el crecimiento. Pero con los precios de la energía impulsando la inflación al alza, esa flexibilidad es limitada. La Fed se encuentra atrapada: incapaz de dar un giro decisivo hacia recortes de tasas, mientras los riesgos de inflación siguen activos.

Este cambio en las perspectivas de política monetaria se está trasladando ahora directamente a los mercados de divisas y materias primas.

En una clásica crisis geopolítica, el oro y el dólar suelen subir juntos mientras que las acciones caen. En esta ocasión, la subida del petróleo es tan acusada que los mercados también están reevaluando la trayectoria de la Fed, y los inversores se alejan de las expectativas de recortes de tipos para 2026 y se inclinan hacia la posibilidad de una política más restrictiva.

El dólar estadounidense va camino de registrar su mayor subida mensual desde julio, mientras que el oro ha caído más de un 15% en marzo y está registrando su peor rendimiento mensual desde 2008.

¿Supondrá abril un punto de inflexión?

A medida que los mercados se adentran en abril, es probable que la atención pase de los titulares sobre temas militares a los datos económicos de EE. UU. Las publicaciones clave, entre las que se incluyen el índice JOLTS, las nóminas no agrícolas y el índice PMI manufacturero del ISM, serán fundamentales para determinar si el motor del crecimiento mundial está empezando a ralentizarse bajo el peso del aumento de los costes energéticos. 

Una combinación de datos laborales más débiles y una inflación persistentemente alta reforzaría el discurso actual: crecimiento más lento, políticas más restrictivas y volatilidad sostenida en los activos de riesgo.

Al mismo tiempo, los acontecimientos geopolíticos siguen siendo fundamentales. El 6 de abril marca el final de la actual pausa táctica de 10 días en los ataques contra la infraestructura energética iraní. Aunque el mercado espera algún tipo de distensión, el riesgo de nuevos ataques sigue estando muy presente.

También existe una clara lógica militar y económica que sustenta las expectativas de un punto de inflexión. Los informes sugieren que una parte significativa del arsenal de misiles de Irán ya ha quedado inutilizada, mientras que la presencia de la 31.ª Unidad Expedicionaria de Marines a bordo del USS Tripoli indica que la presión podría intensificarse rápidamente si fracasan las negociaciones.

Al mismo tiempo, el incentivo económico es igualmente claro: volver a situar el precio del crudo Brent por debajo de los 80 dólares sigue siendo una prioridad para aliviar las presiones inflacionistas y estabilizar las expectativas de crecimiento.

Esto deja a los mercados en una situación conocida, pero incómoda. Aunque el incentivo para la distensión es fuerte, el camino a seguir sigue siendo incierto. Por ahora, los inversores deben prepararse para tres posibles resultados: un avance en la distensión, una nueva fase de ataques directos o un conflicto por poder prolongado que se extienda hasta el resto de 2026.

Hasta que uno de estos escenarios comience a imponerse, es poco probable que los mercados encuentren una dirección clara, lo que hará que la volatilidad, más que la tendencia, sea la característica definitoria en las próximas semanas.

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La inflación del primer trimestre en torno al 3% mensual

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El IPC Nacional de INDEC registró una suba de 2,9% mensual en febrero, manteniéndose en el mismo nivel que en enero y acumulando 5,9% en el primer bimestre del año, según la consultora Ecolatina. En términos interanuales, la inflación alcanzó 33,1%, registrando la variación interanual más alta desde agosto.

En términos de categorías, los precios Regulados mostraron la mayor variación mensual (+4,3%), seguidos por el IPC Núcleo (+3,1%), mientras que los Estacionales registraron una caída de -1,3% en el mes.

Para marzo estimamos que la inflación se mantenga en la zona del 3%. A la resistencia inflacionaria que se viene observando a comienzos de año se le suma los aumentos típicos del tercer mes del año, vinculados a educación por el comienzo de clases y a indumentaria con el cambio de temporada.

El IPC Nacional de INDEC registró una suba de 2,9% mensual en febrero, manteniéndose en el mismo nivel que en enero y acumulando 5,9% en el primer bimestre del año. La medición se ubicó por encima del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que esperaba 2,7% para el mes. En términos interanuales, la inflación alcanzó 33,1%, registrando la variación interanual más alta desde agosto, poniendo en evidencia que se estancó la desinflación de la economía.

En términos de categorías, los precios Regulados mostraron la mayor variación mensual (+4,3%), seguidos por el IPC Núcleo (+3,1%), mientras que los Estacionales registraron una caída de -1,3% en el mes.

La aceleración de los precios regulados estuvo principalmente vinculado a las subas en tarifas de gas, agua y electricidad en la mayoría de las regiones, así como a cambios en los esquemas de subsidios aplicados en distintas provincias. De hecho, la inflación general fue igual o superó el 3% en todas las regiones, exceptuando el AMBA.

Por otro lado, la inflación núcleo mostró una aceleración (+0,4 p.p. respecto al dato de enero y 33,6% i.a.) y exhibió la variación más elevada desde abril del año pasado. De hecho, la “inflación subyacente” que sigue el BCRA, al cual a los precios núcleo le restan la evolución de carnes y alquileres, mostró una variación de 2,4% en febrero, también acelerándose respecto a los meses previos.

Por último, respecto a los precios estacionales, mostraron la evolución interanual más baja de las categorías (+22,6% i.a.) y tuvieron la menor evolución mensual luego de un enero movido por frutas, verduras y turismo.

En cuanto a las divisiones del índice, la mayor suba se registró en Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (+6,8%), impulsada principalmente por las actualizaciones tarifarias (casi 12% en el agregado nacional). En segundo lugar, se ubicó Alimentos y bebidas no alcohólicas (+3,3%), donde volvió a destacarse la incidencia de carnes y derivados (+6,6%, por encima del nivel general por quinto mes consecutivo). En contraste, las menores variaciones del mes se observaron en Bebidas alcohólicas y tabaco (+0,6%), y Prendas de vestir y calzado prácticamente no registró cambios (-0,0%) por cuestiones estacionales.

Perspectivas para este año

Para marzo estimamos que la inflación se mantenga en la zona del 3%. Al ritmo inflacionario que se viene observando a comienzos de año se le suma los aumentos típicos del tercer mes del año, vinculados a educación por el comienzo de clases y a indumentaria con el cambio de temporada. Además, se le sumará el impacto del incremento de combustibles desde principios de marzo, en conjunto a la suba del transporte público en AMBA.

Con todo, el primer trimestre cerrará con una inflación que acumulará cerca del 9%, condicionando la expectativa de que la inflación de 2026 esté muy por debajo de la del año pasado. De hecho, para que la inflación alcance el 26% interanual en diciembre que espera la mediana del REM, la suba de precios debería promediar un 1,6% entre abril-diciembre.

Hacia adelante, es probable que, una vez superados los factores estacionales y los principales ajustes tarifarios del comienzo del año, la inflación vuelva a mostrar una desaceleración moderada durante los próximos meses. En ese escenario, las variaciones mensuales podrían alejarse de la zona del 3%, aunque difícilmente retornen en el corto plazo a los mínimos observados a mediados de 2025. De este modo, el escenario más probable es que la inflación se mantenga mayormente en torno al 2% mensual durante buena parte del año, reflejando una dinámica más estable pero todavía lejos de niveles de la desinflación deseada por el gobierno.

El comportamiento del tipo de cambio también será un factor clave para la trayectoria de los precios. Hasta el momento, el panorama cambiario se mantiene relativamente estable, lo que contribuye a moderar presiones inflacionarias en el corto plazo. Sin embargo, el objetivo de acumulación de reservas internacionales por parte del BCRA, junto con el funcionamiento del actual esquema cambiario, podría limitar el margen para una apreciación real más marcada que contribuya a una desinflación pronunciada.

Por su parte, si bien las paritarias continuarán corriendo de atrás con esta aceleración de la inflación, las negociaciones tendrán un piso más alto, aportando su parte a la inercia de los últimos meses.

En este marco, si bien el actual esquema macroeconómico brinda cierto anclaje para las expectativas de inflación, también sugiere que la velocidad del proceso de desinflación podría ser más gradual hacia adelante

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La Guerra sacude al mundo y genera preocupaciones con la inflación mientras Argentina lucha con su propia inercia

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Por Damian Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL. Finaliza una de las semanas más complejas de 2026. El mercado global intenta digerir un conflicto en Medio Oriente que ya no se percibe como un shock pasajero, sino como una crisis estructural, mientras que, en el plano local, el IPC de febrero marca una hoja de ruta desafiante para el inversor.

El Petróleo en la zona de los USD 100: ¿Por cuánto tiempo más? 

A pesar de las medidas de la AIE y de que el Tesoro de EE. UU. permitió la compra de crudo ruso para aliviar el mercado, el Brent cerró cerca de los USD 100,17. La desconfianza reina por dos motivos:

El bloqueo de Ormuz es real: El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, prometió escoltas navales, pero el flujo de tanqueros sigue paralizado.

Ataques a infraestructura: Irán ha pasado de las amenazas a los hechos, golpeando instalaciones petroleras en países vecinos. Los analistas de ANZ advierten que el mercado ya no ve esto como algo transitorio; el “skew” de los precios es claramente al alza.

 Wall Street en rojo: La baja de tasas, un horizonte cada vez más lejano

El mercado cerró la semana con una dosis de realismo que tiñó las pantallas de rojo. El Índice Dólar (DXY) escaló hasta los 100,32 puntos, consolidándose como el refugio ante un escenario donde el dinero “barato” no parece estar en los planes de nadie.

Expectativas enterradas: La combinación de un petróleo cerca de las tres cifras y una inflación subyacente que no termina de ceder ha enfriado por completo las apuestas por una política expansiva.

El dilema de la Fed: En Wall Street ya no se debate cuándo bajarán las tasas, sino si la Fed tendrá que subirlas nuevamente para evitar un desborde inflacionario energético. Este giro en la narrativa golpeó al Nasdaq (-0,81%) y al S&P 500 (-0,38%), que sufren ante la perspectiva de costos financieros elevados por un tiempo indefinido.

Argentina: La inflación de febrero y el “atractivo” de los BONCER

En el plano local, el INDEC informó un IPC del 2,9% para febrero, confirmando que la desinflación encontró un escalón difícil de romper, especialmente por el peso de la carne (+6,6%) y los ajustes tarifarios (+6,8%).

El mercado está más cauteloso: Por tercer mes consecutivo, el REM ajustó sus proyecciones al alza. El mercado ya no espera ver una inflación debajo del 2% antes de mayo, lo que obliga a recalcular las carteras de inversión.

Renta Variable: El sector energético local marca el ritmo

A contramano de la debilidad que mostró Wall Street, la renta variable local mostró una notable firmeza durante la semana por su correlación con el sector energético, que fue el gran protagonista, capturando el interés de los inversores que buscan cobertura ante el escenario internacional de precios altos.

YPF y Vista (VIST) a la cabeza: Ambas compañías se mantuvieron sólidas y registraron ganancias del 3% en promedio, impulsadas por la expectativa de mejores márgenes de exportación y la aceleración de proyectos en Vaca Muerta. En un mundo donde la seguridad energética es la prioridad número uno, los activos argentinos vinculados al petróleo y gas se consolidan como vehículos de valor, logrando desacoplarse parcialmente del pesimismo que afectó a otros sectores del Merval.

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El sector textil en su momento más difícil: siete veces por debajo del promedio industrial y cayó 7,8%

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La industria textil atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. El sector cerró el 2025 con una contracción interanual acumulada de 7,8%, mientras que el total de la industria promedió una leve recuperación de 1,6%, según reveló el informe económico de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA). Además, en diciembre de 2025, la variación de la actividad textil cayó un 25,7% comparado con el mismo mes del año anterior.

De acuerdo con el relevamiento elaborado a partir de estadísticas oficiales, la actividad del sector textil continúa en fuerte retroceso, con escaso nivel de utilización de la capacidad instalada y una pérdida sostenida de puestos de trabajo, en un contexto marcado por el cierre de empresas y el ingreso de productos subfacturados que impiden una competencia leal.

Uno de los índices que generan mayor preocupación es la utilización de la capacidad instalada que no evidencia mejoría: durante diciembre operó con niveles mínimos cercanos al 35% y en enero con el 34%.

Otro indicador alarmante es la caída del empleo sectorial que mantiene una baja interanual continua desde febrero de 2024. Entre diciembre de 2023 y noviembre de 2025 se perdieron más de 19.000 puestos de trabajo formales. Según datos de la Secretaría de Trabajo, en noviembre pasado, el sector textil, confección, cuero y calzado alcanzó 102 mil empleos formales, 11.000 menos que en el mismo mes de 2024.

En materia de precios, el IPC  del rubro “prendas de vestir, cuero y calzado” (Índice de Precios al Consumidor Textil) de enero mostró una caída respecto a diciembre. En este último mes  registró un retroceso de  0,5 %, es decir, 3,3 puntos porcentuales por debajo del nivel general. De todos los rubros, la industria textil fue la única en experimentar deflación y desde agosto de 2023 se mantiene por debajo del promedio de la economía.

En cuanto al comercio exterior, en enero de 2026 se importaron 16.582 toneladas de productos textiles —hilados, tejidos y confecciones— por USD 39 millones, lo que representa una caída interanual de 31% en volumen y de 40% en valor. Esta disminución se explicó principalmente por la contracción en las importaciones de insumos. Sin embargo, en el mismo período crecieron con fuerza las importaciones de prendas terminadas: +129 % en cantidad y +91 % en valor respecto a enero de 2025. Esta dinámica refleja un aumento en la participación de productos finales importados en el mercado interno, en detrimento de la producción local. Además, persisten prácticas de subfacturación que distorsionan los precios declarados de importación y generan una competencia desleal frente a la producción nacional.

“Cuando el empleo industrial se contrae y, al mismo tiempo, aumentan las importaciones de productos terminados bajo condiciones inconsistentes con los antecedentes del sector y la realidad productiva internacional, el impacto sobre la producción nacional resulta inevitable y preocupante. Asegurar condiciones de competencia equilibradas es clave para que la industria textil argentina pueda sostener el empleo y fortalecer el entramado productivo en todo el país. Sin industria no hay desarrollo ni empleo“, dijo Luis Tendlarz, Presidente de FITA.

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