INFLACIÓN

Salarios y consumo privado: ¿el último bastión de la actividad económica?

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Un halo de optimismo recayó en algunos actores económicos cuando -por diversos motivos- la inflación pasó de promediar 6,7% mensual entre julio y octubre a estacionarse en la zona del 5% entre noviembre y diciembre del año pasado.  

Sin embargo, la desaceleración fue transitoria, destaca la consultora Ecolatina, y el comienzo del año vino con fuertes subas en alimentos básicos -en particular carnes, frutas y verduras- y aumentos en precios Regulados -servicios públicos, transporte, prepagas, telefonía e internet- que revirtieron la tendencia previa, haciendo que la inflación vuelva a ubicarse por encima del 6% mensual. Esto terminó de echar por tierra la posibilidad que la inflación “comience con 3” en abril, tal como aspiraba el ministro Sergio Massa. De hecho, lo más probable es que el dato de marzo sea cercano al doble de dicho objetivo. 

En este contexto, buena parte de los sindicatos renegociaron sus paritarias y, de hecho, 16 de los 20 gremios analizados dentro del índice salarial del sector privado relevado por Ecolatina tienen aumentos estipulados hasta marzo.  

Dado este escenario, corresponde preguntarse: ¿la nueva aceleración inflacionaria permitirá mantener en terreno positivo al salario real formal en la primera parte del año? ¿qué sucederá con el objetivo del Gobierno de recomponer el poder adquisitivo en el año electoral? ¿podrá ser utilizado como herramienta para dinamizar a la actividad económica? 

Primer trimestre: vuelta a un terreno (no tan) negativo 

Pese a los dos shocks inflacionarios de 2022, el salario real formal (privado y público) mostró una ligera recomposición en el promedio de 2022 (+0,7%), luego de haber transitado cuatro años consecutivos en rojo (-20%). Esta mejora estuvo concentrada en el primer semestre del año (+2,9% i.a.), mientras que existió un desempeño negativo a partir del segundo semestre (-1,3% i.a.), impactado por la fuerte aceleración en los precios. Pese a esto, con la transitoria desaceleración inflacionaria de finales del año pasado el salario real registrado volvió a mostrar una cifra interanual positiva recién en diciembre (+0,5% i.a.).  

Sin embargo, esta mejora fue transitoria, y si mantenemos una óptica más cortoplacista se puede argüir que la brecha mensual entre los salarios y la inflación podría ser la mayor de los últimos meses, cuando se venía dando una suerte de “crawling peg” de los salarios respecto de los precios.  En este sentido, también se podría considerar que la comparación interanual mostrará, en el mejor de los escenarios, un empate entre los precios y los salarios formales hasta marzo.  

De todas maneras, al inspeccionar la heterogeneidad hacia el interior de los trabajadores formales vemos que buena parte del salario real dista de exhibir -durante los primeros tres meses del año- rojos tan pronunciados como aquellos del 3T del año pasado. Además, en algunos casos se suman bonos -como en el caso de Camioneros, que percibieron $100.000 en diciembre- que puedan incluso incrementar el sueldo de bolsillo. 

Es distinta la historia para los ingresos alejados del empleo formal. Por caso, los trabajadores informales experimentaron una caída promedio del 7,5% en 2022 (-35% vs 2017), y no esperamos que la tendencia se revierta en la primera parte del año. Por su parte, a pesar de los esfuerzos de sostener los haberes jubilatorios a través de bonos, el impacto será algo más notorio durante el primer semestre, y especialmente en las jubilaciones y pensiones mínimas, que serán justamente las beneficiarias de esta asistencia. Finalmente, la evolución real de las asignaciones fue afectada por una elevada base de comparación, resultandos insuficientes las sumas fijas otorgadas para sostener su poder adquisitivo. Vale decir que se busca complementar la asistencia a los beneficiarios con la ayuda escolar y el “Plan 1000 días” en el comienzo del año. 

Consumo privado: ¿el último bastión de la actividad económica? 

La economía se verá golpeada por múltiples frentes en 2023. La profundización de la sequía no golpeará únicamente al sector agropecuario, sino también a sus actividades conexas y al volumen de exportaciones del principal sector generador de divisas del país. Así, la disponibilidad de dólares por esta vía se verá profundamente reducida (estimamos alrededor de USD 20.000 M), lo cual reducirá notablemente el margen para financiar importaciones para lograr sostener el nivel de actividad económica.  

Así, la inversión productiva también se verá golpeada, en un contexto en el cual alrededor del 30% de la misma depende de las compras al resto del mundo (maquinaria y equipo importado, por caso). Además, el consumo público no será un factor diferencial dadas las fuertes restricciones que recaen en el Tesoro en el marco del acuerdo con el FMI.  

Con este panorama complejo, que derivará en una recesión este año, queda el consumo privado como único componente de la demanda agregada a la que apostará el Gobierno para evitar una mayor caída del PIB en 2023. 

Las claves: sostener el salario real, el rol de la propensión a consumir y el empuje de los servicios 

En este marco, el Gobierno sabe que evitar una caída del salario real del sector formal será vital. Por ejemplo, durante el 1T de 2018 y el 4T de 2019 el consumo privado (sin estacionalidad) se retrajo 12,5%, mientras que el salario real registrado cayó 14,5%. Por el contrario, la mejora del consumo privado de 9% entre el cierre de 2019 y el 3T de 2022 estuvo acompañada por una merma de “sólo” 3% del salario formal.  

Si bien hay diversos factores operando, entre los que podemos destacar el fuerte “consumo revancha” post-pandemia que podríamos considerar acabado, lo cierto es que a la menor caída del poder adquisitivo se le suma la falta de “destinos” para los pesos frente al endurecimiento del cepo cambiario y el acortamiento en los horizontes de planificación. En este sentido, la reciente aceleración inflacionaria muestra que la tasa de interés real ex-post volvió a ser negativa en el corto plazo, aún con la suba de esta semana. Asimismo, el dólar en su versión libre no sólo se encuentra “caro” en términos históricos, sino que representa una erogación significativa para un sueldo mediano. Como resultado, una salida “fácil” a los desvalorizados pesos continuará siendo destinarlos al consumo de bienes y servicios. 

Asimismo, considerando que los servicios son consumidos más intensamente por sectores de mayores ingresos -los beneficiados por paritarias- y que son ramas que pueden no verse tan afectadas –a priori- por las restricciones a las importaciones, su importancia -en torno al 60% de la economía- podría apuntalar la demanda interna en un año en el que no se destacarán las buenas noticias. 

De esta forma, la apuesta por sostener el salario real “hasta donde se pueda” será el -quizás el único- objetivo que el Gobierno se trazará en la previa electoral. Paradójicamente, o no tanto, esto no será a través de una desaceleración de la inflación, sino a incrementos salariales más cercanos a ella, minando todavía más el poder adquisitivo de trabajadores informales y beneficiarios de la seguridad social. En su intento por estimular el consumo, el Gobierno habrá contribuido a amplificar la brecha en los ingresos de estos sectores a lo largo de su mandato.

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Los riesgos que trae la inflación

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El 6,6% de incremento del IPC nacional en febrero, la suba del 11,7% de la canasta básica alimentaria y el arrastre de cuatro meses consecutivos con descenso en la actividad económica ya ponen en jaque el escenario económico para este año: aparece en el horizonte la estanflación. 

De manera simplificada, una economía con alta inflación pero con crecimiento supone que el consumo y la producción -entre otras cosas- continúan desarrollando procesos de expansión; incluso, desde un punto de vista fiscal, crecimiento con inflación le permite a los gobiernos recaudar por encima de las metas y así dirigir el gasto “excedente” de manera más discrecional, por fuera de lo estimado en los presupuestos. 

Sin embargo, cuando a un régimen de alta inflación se le suma el estancamiento de la economía, la situación se torna difícil: el consumo cae, la producción se frena, el poder adquisitivo pierde -aún más-, y se ingresa en una situación de alta exigencia para los estados. Pero estos, además, enfrentan otro problema en paralelo: la baja de la actividad repercute de manera directa en las arcas públicas y ya no recaudas como antes. El Estado nacional, ante esto, puede emitir, con el riesgo de mayor presión inflacionaria. Pero ¿las provincias que pueden hacer? Ajustar, como primera medida, con un fuerte riesgo de erosionar la base social. 

En materia fiscal, febrero fue un mes muy malo. La recaudación tributaria nacional cayó 10 puntos en términos reales; esto a su vez generó que las transferencias automáticas a provincias muestren una caída real del 3,1%. Por otro lado, el proceso de ajuste aplicado de manera muy fuerte a provincias en particular generó que en febrero el recorte de las remesas no automáticas fuera del 37,7%. Por ende, ya de entrada se observa que las cajas provinciales tuvieron cierto estrés durante febrero. Pero si nos limitamos al Norte Grande, la que peor la pasó fue Misiones, afectada por inflación pero también por asimetrías

Por asimetrías en el esquema de reparto vigente vía Ley de Coparticipación, Misiones sigue siendo -como lo fue históricamente- la provincia más perjudicada del Norte Grande; en febrero, esto se volvió a evidenciar al observar la caída real más fuerte en la región durante ese mes en los envíos automáticos: -4,8%. Naturalmente, el mayor crecimiento del IPC del NEA (7,8%) sobre el del NOA (7,3%) genera caídas más fuertes para las provincias de este lado de la región, pero mientras Misiones desciende 4,8% real, Chaco lo hizo en -4,2%, Corrientes -4,5% y Formosa -4,1%. 

Vemos entonces una caída mayor en tierra misionera que, si bien no parece ser demasiada importante la diferencia, se torna insostenible por la continuidad en el tiempo: cada vez que la región ve caídas, la misionera es la más alta; cada vez que presenta subas, la misionera es la menor. Además, el sostenimiento de Misiones como la provincia de menor recepción de fondos automáticos per cápita ($ 17.855 por misionero) de la región y la sexta menor de todo el país vuelve a ratificar este problema. 

Vamos al segundo punto: las remesas no automáticas. En el país cayeron 37,7% real pero en el Norte Grande consolidado lo hicieron en “solo” -17% real, producto de una performance muy heterogénea entre el NOA y el NEA.  De las diez provincias del Norte Grande, crecieron seis con el Chaco a la cabeza (29% real) y cuatro cayeron. De ese lote, el descenso misionero fue el segundo más alto de la región con -56,5%. En este caso, no se trata de regulaciones vía Ley, sino que se trata de la voluntad política de destinar fondos a las provincias. Estos fondos son los más políticos que hay. Ya en enero, en Misiones habían caído 53,4%, por lo que se trata de un primer bimestre de altísimo recorte de fondos nacionales para Misiones. 

En un año electoral, es difícil pensar que las provincias enfrenten crisis de liquidez, pero a diferencia de otros contextos similares, la aceleración de los problemas es el principal problema. Guste o no, la necesidad de ajuste se torna cada vez más cercana no solo para lograr equilibrios fiscales en la Nación sino también para poder dar orden y cierta estabilidad a las variables que hoy están descontroladas. Hace falta una fuerte decisión económica y una fuerte decisión política. 
En este escenario, hay provincias que están comenzando a limitar sus programas de gobierno; otras, que siguen apostando a la inversión bajo dos características: orden fiscal e impulso a la economía local. Misiones dio la nota esta semana con la inauguración del Silicon Misiones, una obra que más allá de la infraestructura, abre las puertas del futuro para la provincia: la economía del conocimiento. Pero lejos de ser el puntapié inicial para la provincia, se trata más bien de la ratificación de un camino iniciado hace tiempo que generó que en Misiones el empleo relacionado a la economía del conocimiento crezca 30% y que se estima podría ser el principal complejo exportador de servicios del futuro.

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“La inflación pulveriza el poder adquisitivo y el consumo”, remarcó Daniel Adler

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Tras el dato de una inflación del 6,6 % en febrero y 102,5 interanual, el economista Daniel Adler lanzó sus propuestas para bajar la inflación

“Las personas de más bajos ingresos son los que más sufren este proceso inflacionario porque no suelen tener activos que superen el ritmo de estos aumentos de precios (propiedades e inversiones) y los ingresos o el salario real es cada vez menor y tiene menos poder de compra. Cada día 2800 trabajadores cruzan el umbral de la pobreza. Estamos viendo la pulverización del poder adquisitivo y el consumo”, aseguró Daniel Adler, especialista en Educación Financiera y Emprendedurismo.

Adler explicó que: “unos 28 millones de argentinos reciben ingresos directos de parte del Estado nacional. Hay 182 programas de asistencia social y el último año hubo un incremento de 54% de la cantidad de inscriptos en estos programas”.

Existen 167 impuestos y a esos hay que sumarles la inflación, que es el peor de todos. Argentina tiene hoy la inflación más alta de los últimos 32 años y es producto de la falta de inversión y de ausencia de incentivos para el ahorro. La pobreza, según la UCA, llega al 43,1% de los habitantes y la indigencia al 8,1%. El 61.6% de los niños de entre 1 y 17 años es pobre.

“Estamos ante un escenario donde la inflación golpea constante y metódicamente, el bolsillo de todos y cada uno de los argentinos, en donde cada vez hay menos Pyme, las que representan el 99% del tejido empresarial y el 80% del empleo, casi 11 millones de puestos de trabajo (el doble que las grandes corporaciones), y el 50% del PBI”.

“Me permito, continuó Adler, proponer algunas medidas puntuales para bajar la inflación y lograr la reactivación económica, en dos etapas de 6 meses cada una:”

Etapa uno:

1 – Establecer por Ley la prohibición de emisión monetaria cómo lo hizo Israel en el año 1989. Restringir absolutamente la emisión monetaria es poner un potente freno de mano.

2 – Limitar el déficit fiscal al 2,5% del producto bruto interno (siempre se dice que hay que gastar menos, pero está bueno cuantificar cuánto es el presupuesto)

3- Mantener fijos los precios de los Servicios como electricidad, gas, impuestos y combustibles por los primeros 6 meses (más tarde se comenzarán a actualizar progresivamente)

Etapa dos:

4 – Creación de créditos a una tasa nunca mayor del 18% anual, dependiendo el sector.

5 – Liberación de todos los precios privados. Los planes de congelamiento de precios nunca sirvieron, no sirven y no servirán nunca.

6 – Eliminación del cepo cambiario. Que el dólar pase a ser una moneda de uso corriente al igual que el peso argentino. Que haya una convivencia entre ambas maneras como sucede en Panamá.

7 – Generar valor: tal vez lo más importante viene el final pero debemos volver al ruedo y a la competencia. Es esencial. El Gobierno debe invertir en su activo más valioso que es su gente, para que puedan crear marcas personales que sean exportables como productos terminados. El mundo realmente está necesitando de proveedores argentinos, con un sello de calidad como el que tendremos muy pronto, si seguimos estos pasos, pero para eso necesitamos políticas económicas internas claras, transparentes y sostenibles en el tiempo indistintamente del gobierno de turno, tal como lo hace Uruguay.

“Una vez que tengamos certidumbre y claridad, como así también crédito y previsibilidad, podremos empezar un Plan Nacional de Educación Financiera, proyectando un 40% de emprendedores que exporte en su talento y que traigan dólares genuinos para sí mismos y para el país”, finalizó Adler

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Consumo: las ventas de supermercados en Misiones fueron las mejores desde 2017

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En diciembre las ventas en supermercados de la Argentina fueron por $359.733 millones, lo que representa un incremento del 95,5% con  respecto al mismo mes del año anterior. Al observar la evolución en precios constantes, las ventas exhibieron una caída real del 2,0% interanual en el mes de análisis. 

Por su parte, las ventas a precios corrientes de la totalidad de bocas de expendio de Misiones totalizaron $ 5.529 millones presentando un incremento en  moneda corriente del 94,2% interanual; lo que en precios constantes marca un descenso real  del 2,6% real, en un escenario donde 18 distritos mostraron caídas. 

Misiones participó del 1,5% de las ventas  totales y un 32,7% de las ventas de la región del NEA. El ticket promedio de todo el  territorio argentino en el mes de análisis fue por $ 4.572,7, mientras que el de Misiones fue por un monto total de $ 3.105,5, por debajo del promedio del NEA ($ 3.573,2). 

De esta forma, el año 2022 culmina con ventas por un total de $ 40.286 millones en  Misiones, con un incremento del 78,6% con respecto al mismo periodo del año 2021 en  valores corrientes; y 1,8% al medirlo en precios constantes. Al medirlos en esa unidad  (precios constantes) el año 2022 fue el mejor desde 2017 a la fecha. Los datos se  desprenden de un informe realizado por la consultora Politikon Chaco, en base a la  Encuesta de Supermercados que realiza el INDEC.  

Evolución de las ventas en la provincia de Misiones 

A lo largo del año, de acuerdo con la Encuesta de Supermercados realizada por el  INDEC las ventas en supermercados mostraron un sendero positivo en Misiones, que experimentó una suba promedio mensual del 4% real en los primeros seis  meses del año. Sin embargo, a partir de agosto se comenzó a observar una tendencia  desaceleratoria en la tasa de crecimiento de las ventas, provocada por el avance  inflacionario y su consecuente deterioro del salario, para dar paso luego a una previsible  caída que se dio en octubre, en línea con la situación observada a nivel nacional (cayeron 20 de los 25 distritos analizados). Pese a ello, en noviembre las  ventas volvieron a su sendero de crecimiento que si bien no fue muy significativo, dejó  atrás la caída del mes previo y creció a una tasa más alta que en septiembre. 

Pero en  diciembre la profundización de los problemas vinculados al consumo erosionaron el  poder de compra en gran parte del territorio nacional y Misiones no estuvo exenta de  ello. En ese mes, 18 de los 25 distritos analizados mostraron caídas interanuales a  precios constantes. Si bien el volumen en pesos tuvo un fuerte repunte, sobre todo por las particularidades del mes de diciembre, no logró superar los volúmenes de diciembre de 2021. 

Sin embargo, el 2022 cerró con un dato altamente positivo: el acumulado del año totalizó ventas por $ 40.286 millones. En términos reales, no solo crece contra 2021 (1,8%) sino que también lo hace contra 2020 (13,1%), 2019 (7,7%), 2018 (0,7%) y 2017 (1,6%). Por  ende, se trata del mejor año desde esa fecha hasta hoy para Misiones en términos de  consumo de este segmento en particular.  

Analizando las ventas de diciembre acuerdo con los grupos de artículos que componen  el relevamiento, el mayor volumen de facturación se da en la categoría de “Almacén”  (compuesto por aceites, fideos, huevos, galletitas, azúcar, té, café, yerba mate,  cereales, arroz, harina, sopas, salsas y condimentos y conservas, entre otros), que  concentraron en diciembre el 25,5% del total de las ventas misioneras. El podio de  grupos de artículos con mayor volumen de venta se completa con “Bebidas” (compuesto  por las bebidas con alcohol como vinos, cervezas, licores, sidras, whiskys, coñacs y  otros; y bebidas sin alcohol como gaseosas, jugos de frutas, jugos concentrados, aguas  minerales, aperitivos sin alcohol y otros similares) que concentró el 15,1% del total  misionero (dando un fenomenal salto producto de una importante suba); y “Otros” (libros,  artículos de ferretería, pintura, juguetes, papelería, útiles escolares, plantas y artículos  de vivero, equipos y artículos para deportes, etc.) que participó del 10,3% de la  facturación misionera. 

El posicionamiento en el segundo y tercer lugar de los rubros de “Bebidas” y “Otros”  durante diciembre está parcialmente explicado por el factor preponderante de las fiesta  de fin de año y las compras asociadas a las celebraciones. Sin embargo, al analizar la participación por rubros en el total de las ventas misioneras del 2022, el que encabeza  continúa siendo “Almacén” con el 28% pero el podio se completa con “Artículos de  limpieza y perfumería” (10,9% del total) y “Lácteos” (10,6%).  

En relación con su desempeño interanual, medida su variación siempre en precios  constantes, en el mes de diciembre solo cuatro grupos de artículos exhibieron subas,  encabezados por “Electrónicos y artículos para el hogar” (25,1%), y seguida por “Lácteos” (11,5%), “Bebidas” (9,1%) y “Verduras y frutas” (7,6%). Por su parte, el rubro  “Almacén” no tuvo variación (0%); y las restantes seis exhibieron caídas: “Alimentos  preparados y rotisería” (-0,8%), “Artículos de limpieza y perfumería” (-1,6%), “Panadería” (-4,3%), “Otros” (-4,8%), “Indumentaria, calzado y textiles para el hogar” (-31,4%) y  “Carnes” (-36,2%).  

Sin embargo, los resultados acumulados del año 2022 muestran que Misiones tuvo  crecimientos de las ventas en ocho rubros: la más destacada se observa en “Lácteos” (16,8%), siendo el único que creció en doble dígito. Más atrás quedaron “Otros” (6,3%), “Alimentos preparados y rotisería” (5,8%), “Artículos de limpieza y perfumería” (5,7%),  “Bebidas” (5,5%), “Almacén” (2,6%), “Verduras y frutas” (1,8%) y “Panadería” (1,5%). 

Por el contrario, apenas tres grupos de artículos finalizaron el año con descensos  acumulados. Estos fueron “Electrodomésticos y artículos para el hogar” (-2,5%),  “Indumentaria, calzado y textiles para el hogar” (-9,8%) y “Carnes” (-18,6%).

El ticket promedio de diciembre en la provincia de Misiones fue por $ 3.015,5 producto  de haberse registrado 1,83 millones de operaciones. Este ticket promedio es menor a  los promedios NEA y nacional ($ 3.573,2 y $ 4.572,7 respectivamente).  

Escenario nacional por jurisdicciones.  

Sobre un total de 25 jurisdicciones (la provincia de Buenos Aires se desagrega en Gran  Buenos y resto de la provincia), en 18 se registraron descensos reales de las ventas  correspondientes al mes de diciembre, en un escenario muy diferente al de noviembre  donde 19 distritos habían crecido. 

En este marco, los mejores desempeños de diciembre medidos en moneda constante  correspondieron a Entre Ríos (4,8%), Tierra del Fuego (4,1%), Chaco (3,2%), La Rioja  (0,8%), Córdoba (0,7%), Santa Fe (0,6%) y Santa Cruz (0,5%). Por el contrario, entre  los distritos con caídas, se destacan los de Corrientes (-8,2%) y Formosa (-10,0%) que  fueron los descensos más pronunciados. 

Analizando ahora el total acumulado del 2022, el escenario es mucho más positivo: el  año cierra con crecimientos de las ventas en 17 distritos del país. Los mayores  estuvieron en Entre Ríos (7,0%), San Luis (5,1%) y Santa Cruz (4,0%). Misiones, por su  parte, se ubicó como la provincia con el segundo mayor alza del NEA y la 13° del país.  

En el otro extremo, las provincias con mayores caídas de las ventas durante el 2022  fueron Tucumán (-2,1%), Corrientes (-2,7%) y Jujuy (-3,4%). 

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Devaluación y pobreza: impactos del acuerdo con el FMI

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La mirada dela consultora Analytica de esta semana pone el foco en los acuerdos con el FMI y el impacto que genera en la política domestica, además analiza el crecimiento de la pobreza y la estrategia del gobierno en tiempo de elecciones de utilizar el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria y medio de contención de los aumentos de precios en los alimentos

La Mirada Analytica #6:

 Es permanente la tensión entre la sostenibilidad de las cuentas externas y la situación social. La pandemia agravó el cuadro, llevando a la pobreza a 2 millones de habitantes más, por sobre los diez millones que ya se encontraban en ella como resultado de las tres fuertes devaluaciones de 2018 y 2019.

 La pobreza alcanzó al 40,6% de las personas en el primer semestre de 2021, después de tocar 42% en los meses más duros de la cuarentena. Semejantes porcentajes no dan margen para el error en la política económica.

 Una estrategia central del gobierno en tiempo de elecciones ha sido utilizar el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria y medio de contención de los aumentos de precios en los alimentos. Claramente, esta política resulta incompatible para cumplir con los objetivos clásicos de los acuerdos con el FMI: reducir el cepo cambiario y la brecha entre el dólar oficial y los paralelos, hoy entre el 70 y 90% según el mercado que se mire.

 Cualquier corrección eventual del tipo de cambio implicaría nuevas subas en los precios de los alimentos y bienes esenciales, claves para las líneas de indigencia y pobreza. ¿Significa entonces que el nuevo acuerdo con el Fondo provocará un nuevo deterioro en las condiciones sociales? Y de ser así, ¿de qué orden de magnitud? La lógica sería compensar a las familias ante una eventual devaluación; ¿cuál sería el costo fiscal de una política paliativa? ¿Y por cuánto tiempo debería implementarse?

 En esta Mirada Analytica tratamos de responder a estos interrogantes sobre la base de una simulación de impacto que considera tres elementos:
a. El orden de magnitud de la devaluación y su traslado a precios.
b. El impacto sobre la línea de pobreza.
c. El costo fiscal de la compensación, que depende del incremento de la línea de pobreza y la duración de la recesión.

 Se asume que los ingresos en pesos no crecen y que los efectos sobre el empleo son nulos. Esto es así debido a la naturaleza “instantánea” del ejercicio. Se muestra una “foto” del cuadro social si los precios de la canasta básica y de la canasta total aumentasen en el mes siguiente a la devaluación. Al incorporar dinámicas de precios y empleo, variables que se mueven en sentido opuesto, las consecuencias sociales de una devaluación podrían diferir: el aumento de los ingresos nominales por nuevas paritarias mejoraría el cuadro y la reducción del empleo, dada la recesión resultante, por el contrario, lo empeoraría.

 La política económica siempre debe pensarse de manera integral. Seria esperable que la respuesta a un salto del tipo de cambio se acompañe con una política fiscal expansiva que compense a quienes resulten perjudicados. Por caso, para evitar un nuevo escalón en la pobreza el gobierno debería subsidiar a todos aquellos que hoy son pobres. El problema es que una política así atenta contra la reducción del déficit fiscal que exige el FMI y dificulta aún más el financiamiento en pesos. Este aumento del gasto encontraría severas restricciones para monetizarse y a su vez el financiamiento en el mercado de pesos no sería muy receptivo luego de una devaluación.

 Otro dilema es durante cuánto tiempo debería expandirse el gasto. En principio, depende de la duración de la recesión. Si tomamos el evento de 2016, la recesión duró cuatro meses (medida en la serie sin estacionalidad del EMAE). En 2013 la situación fue algo distinta: la economía empezó a caer en septiembre y mantuvo esa tendencia en 9 de los 11 meses comprendidos entre esa fecha y julio del 2014. En 2017, la recesión comenzó en diciembre y se extendió por 7 meses. Por lo tanto, como mínimo podemos asumir compensaciones necesarias durante 6 meses.

 En el ejercicio estimamos un subsidio mensual durante seis meses que compense el aumento en el precio de la canasta básica total1. Por ejemplo, de $2.000 para el caso de una devaluación del 20%. De esta forma se mantendría la pobreza en los niveles previos al salto cambiario, y además podría reducirse la brecha de ingresos de cada pobre respecto de la línea de base (hoy en $ 22.123). A nuestro juicio, éste es un indicador más robusto de la situación social que se vincula íntimamente con la indigencia, en especial dado que este año hay 137.000 indigentes más que en 2020, a pesar de la leve reducción de la pobreza.

 Por caso, un aumento del tipo de cambio del 20% supone un traslado a los precios de los alimentos cercano al 10% en un periodo de entre 3 y 9 meses. En este escenario, como muestra el cuadro el ingreso individual requerido para no caer por debajo de la línea de pobreza pasaría de $22.123 a $25.879 mensuales, generando 2,1 millones de nuevos pobres. Así el porcentaje de personas en situación de pobreza llegaría a 45,1%, 4,5 puntos más que en la última medición.

 De la simulación también surge una conclusión muy contundente: no es posible salir del cepo de manera instantánea. Un salto del 50% del tipo de cambio, que llevaría la brecha a la zona del 20%, supondría niveles de pobreza propios de la crisis del 2001-02, en torno al 50%. En este sentido, aunque involucre devaluaciones de “shock” la salida de las restricciones cambiarias tendrá que ser gradual.

 La simulación da cuenta de la complejidad de la actual situación. Cualquier decisión que tome el gobierno para estabilizar la macro va a tener costos. El desafío es reducirlos y evitar un nuevo empeoramiento de los delicados indicadores socioeconómicos.


1 Para compensar la brecha de pobreza no solamente se requiere una transferencia de $2.000 en términos de adulto equivalente, cómo simulamos, sino también incrementar el ingreso de cada una de las personas en un porcentaje idéntico al que aumentó la línea de pobreza. Teniendo en cuenta que esto es imposible de implementar, asumimos una transferencia fija por persona equivalente al incremento de la canasta básica total por adulto equivalente. Por lo tanto, la brecha de pobreza y la tasa de indigencia, ambas íntimamente relacionadas, se reducirían respecto a los niveles del primer semestre de 2021 debido a que se compensaría por el aumento en la canasta básica total, lo cual sobre compensaría el aumento en la canasta básica alimentaria.

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