Pedir comida desde el celular dejó de ser un consumo ocasional para convertirse en un hábito estructural de la vida urbana argentina. El fenómeno, acelerado durante la pandemia y consolidado en los últimos años, sostiene hoy un mercado dominado por dos gigantes: PedidosYa y Rappi. Pero detrás del crecimiento sostenido de pedidos y usuarios aparece una tensión económica cada vez más visible: el delivery crece más rápido que el poder de compra de quienes lo utilizan y también de quienes trabajan dentro del sistema.
Según un informe elaborado por la consultora Focus Market, las aplicaciones lograron modificar profundamente los hábitos de consumo gracias a la facilidad de acceso, la logística integrada y la digitalización de comercios. Sin embargo, el modelo enfrenta un desafío central: sostener rentabilidad en un contexto de costos crecientes, presión regulatoria y promociones permanentes.
El corazón económico del negocio está en las comisiones. Los comercios que venden a través de apps de delivery pagan entre 25% y 35% de cada operación, dependiendo del esquema logístico utilizado. En algunos casos, el costo de operar digitalmente se convirtió en uno de los principales gastos de los restaurantes y locales gastronómicos. La comparación con otros marketplaces resulta contundente: mientras plataformas como Mercado Libre cobran alrededor de 13% por venta, las apps de delivery prácticamente duplican ese porcentaje.
A ese esquema se suma el costo que absorbe el consumidor. Además del envío, las plataformas incorporaron tarifas de servicio que representan entre 1,5% y 2% del valor total del pedido, un componente que incluso generó cuestionamientos judiciales en la provincia de Buenos Aires por posibles prácticas abusivas.
El ranking de consumo revela también cambios culturales en los hábitos urbanos. En PedidosYa, las categorías más demandadas son hamburguesas, helados, pizzas y empanadas, mientras que el crecimiento más acelerado se dio en productos de supermercado y consumo cotidiano, especialmente frutas, verduras, carnes y artículos para el hogar.
En el caso de Rappi, el fenómeno adquiere perfiles más heterogéneos. Entre los productos más vendidos aparecen papeles para armar cigarrillos, mientras que entre los más buscados se destacan juguetes sexuales y artículos para bebés, reflejando cómo el delivery se expandió hacia consumos urgentes, íntimos y altamente segmentados.
Pero el dato más sensible del informe está en el deterioro del poder adquisitivo. Durante abril de 2026, las principales categorías de comida registraron aumentos interanuales cercanos al 41%. Una hamburguesa pasó de costar alrededor de $10.600 a unos $15.000; el kilo de helado subió desde $19.800 hasta cerca de $28.000; y una pizza trepó desde $17.700 hasta aproximadamente $25.000. Incluso productos de menor ticket, como las empanadas, mostraron incrementos significativos.
La consecuencia es directa: aunque los salarios crecieron en términos nominales, los precios del delivery avanzaron más rápido. Con el salario RIPTE de febrero de 2026, un trabajador formal puede comprar menos hamburguesas, menos pizzas y menos kilos de helado que un año atrás. El estudio calcula que el poder adquisitivo medido en pedidos cayó cerca de 12% interanual.
Del otro lado del sistema, los repartidores también enfrentan un escenario complejo. Según datos de la Fundación Encuentro, un repartidor cobraba en promedio $3.033 por pedido a fines de 2025, sin considerar propinas. Para cubrir el costo de una Canasta Básica Total familiar debía realizar alrededor de 454 pedidos mensuales, equivalente a unas 18 entregas diarias sin descanso.
Aun así, gran parte de esos ingresos se reducen luego de descontar combustible, mantenimiento del vehículo, monotributo, seguros y conectividad móvil. El informe destaca además que el 70% de los repartidores utiliza las aplicaciones como ingreso complementario y no como actividad exclusiva.
El delivery argentino atraviesa así una paradoja estructural: el negocio crece en volumen, cobertura territorial y penetración digital, pero esa expansión no se traduce necesariamente en mejores márgenes para comercios, consumidores ni trabajadores. Las plataformas consolidan escala y dominio de mercado, mientras el resto de la cadena absorbe costos crecientes en una economía donde el salario todavía corre detrás de la inflación.
Las expectativas del mercado sobre la inflación argentina muestran una pausa en el proceso de desinflación y reflejan un escenario de mayor cautela para los próximos meses. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) difundido por el Banco Central (BCRA) evidenció que las principales consultoras y bancos mantuvieron previsiones inflacionarias altas.
El último informe consolida una inflación minorista del 2,6% para abril y proyecta un tipo de cambio nominal de $1.410 para mayo. Para Misiones, la estabilidad de los precios núcleo y la tendencia a la baja de las tasas de interés (TAMAR al 23,1%) configuran un nuevo umbral de costos para el financiamiento de capital de trabajo en el sector agroindustrial.
Sin embargo, el dato más relevante es que las previsiones anuales aumentaron 1,4 puntos respecto al REM anterior El REM estimó una inflación total de 30,5% para todo 2026, reflejando que el mercado considera que el proceso de desaceleración perdió velocidad respecto de las expectativas que existían meses atrás.
El consenso de los 45 analistas consultados por la autoridad monetaria arroja una hoja de ruta de estabilización con sesgo contractivo en la actividad. A pesar de una leve expansión del 0,3% en el primer trimestre, la economía real muestra una recuperación más lenta de lo previsto, ajustando la expectativa de crecimiento anual al 2,8%. Para el tomador de decisiones en el NEA, este escenario implica una gestión quirúrgica de inventarios, donde la previsibilidad cambiaria —con un dólar a $1.676 para diciembre— otorga un marco de referencia para las manufacturas de exportación.
Variables clave para el sector productivo local
El mercado también sigue de cerca la estrategia monetaria del Gobierno. En las últimas semanas, distintos analistas señalaron que la administración nacional comenzó a tolerar tasas de interés reales negativas para intentar apuntalar el crédito y la actividad económica. El REM estima que las tasas s e encuentren entre el 22% y 23% durante todo el año. Esa política, aunque podría favorecer el consumo y la inversión, también genera dudas sobre su impacto en la inflación futura.
A esto se suman las presiones derivadas de los aumentos internacionales del petróleo y de los combustibles locales, un componente que las consultoras consideran clave para explicar la aceleración inflacionaria observada durante marzo y abril.
La dinámica de las expectativas impacta de forma diferenciada en la estructura de costos misionera debido a su perfil transable y fronterizo:
Financiamiento y Tasas: La TAMAR (tasa mayorista) para mayo se ubicaría en 23,1% TNA, lo que representa una caída de 2,9 p.p. respecto al mes anterior. Esta reducción abarata el costo de los adelantos en cuenta corriente para aserraderos y secaderos de yerba mate.
Competitividad Cambiaria: El pronóstico de un tipo de cambio nominal con una variación interanual de solo el 15,8% sugiere una apreciación real del peso. En Misiones, este fenómeno agudiza las asimetrías fronterizas, incentivando el consumo en Paraguay y Brasil si la inflación local no acompaña la velocidad de devaluación.
Sector Externo: Se proyecta un superávit comercial anual de USD 16.506 millones. El incremento esperado en las exportaciones (FOB) a USD 96.056 millones es una señal positiva para los complejos tealero y forestal, que dependen de la demanda global.
Empleo y Consumo
En paralelo, el REM mostró expectativas moderadamente positivas para la actividad económica. Los analistas proyectaron un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 1% en el segundo trimestre, mientras que para todo 2026 estimaron una expansión cercana al 2,8%, una proyección menor a los resultados de los anteriores REM.
El mercado laboral presenta señales de resistencia administrativa, con una tasa de desocupación estimada en 7,7% para el primer trimestre de 2026. Para el cuarto trimestre, se espera una leve mejora hacia el 7,4%.
“La inflación núcleo se mantuvo en 2,6%, lo que indica que el proceso de desinflación ha encontrado un piso firme, eliminando la volatilidad de regulados y estacionales en el análisis de largo plazo”.
Para el comercio misionero, la estabilidad del IPC Núcleo en niveles del 2% mensual para el segundo semestre es el dato que permitirá recomponer el poder adquisitivo del salario, motorizando el consumo minorista tras el impacto de los ajustes de tarifas.
Lo que hay que seguir
La combinación de inflación persistente, tasas en descenso y un esquema cambiario bajo presión mantiene abierta la discusión sobre la sustentabilidad del programa económico. Para el Gobierno, el desafío será sostener la desaceleración de los precios sin comprometer la recuperación de la actividad ni la estabilidad financiera.
La sostenibilidad del superávit fiscal primario, proyectado en $15,9 billones para 2026, asegura la continuidad del ancla monetaria del Gobierno. La clave para la provincia reside en monitorear la brecha entre el Top 10 de analistas y el promedio general: los analistas con mayor precisión prevén un tipo de cambio más bajo para diciembre ($1.611) y un crecimiento del PIB menor (2,5%). Este escenario de “dólar quieto y actividad moderada” obliga a las empresas misioneras a buscar eficiencia en costos operativos ante la imposibilidad de licuar pasivos por vía inflacionaria.
“Entramos en un proceso virtuoso en el cual los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”, aseguró hace poco más de diez días el ministro de Economía, Luis Caputo. El Instituto Nacional de Estadística y Censos, aún con una evidente intervención oficial, no comparte los mismos datos: el estimador mensual de la actividad económica echó un balde de agua fría sobre el optimismo del ministro reincidente. Una caída de 2,1 por ciento interanual y de 2,6 por ciento en comparación con enero, que había marcado una efímera ilusión de reactivación.
La industria manufacturera se desplomó 8,7% y el comercio mayorista, minorista y reparaciones cayó 7,0%. Entre ambos sectores, que son los que más empleo contienen -y drenan- restaron 2,2 puntos porcentuales a la variación interanual del EMAE, más de lo que aportaron los pocos sectores en expansión.
La industria pasó de crecer 5,1% interanual en febrero de 2025 a caer 8,7% un año después. El comercio recorrió un sendero similar: de una suba de 6,3% en febrero de 2025 a una baja de 7,0% en febrero de 2026. Ese cambio de signo no es menor. Habla de una economía que perdió tracción en sus actividades más ligadas al ingreso disponible, al crédito comercial y al consumo.El argumento de Caputo para la enésima explicación del fallido de sus pronósticos, fue que “en 2026, febrero contó con dos días hábiles menos que en 2025, además de haberse registrado un paro general”. Escasa solidez argumentativa para alguien a quien Marcos Peña definió alguna vez como el “Messi” de las finanzas.
Lo cierto es que la economía no da señales homogéneas de reactivación y, por el contrario, la inflación sigue siendo un problema crónico, lejos de los pronósticos de desaparición mágica. La de marzo fue de 3,4 por ciento, lo que aleja la promesa de inflación cero en agosto, septiembre u octubre, aunque el Gobierno se aferra a la fe de que ahora sí, bajará cuando pase el efecto alcista de la carne, de la guerra y de los útiles escolares.
La inflación convive con una caída constante del consumo incluso entre segundas marcas, con menores precios. En Misiones las ventas en supermercados cayeron 13,9% en comparación con febrero de 2025, lo que marcó la décima baja consecutiva y el descenso más profundo desde diciembre de 2024. El acumulado del primer bimestre cerró para Misiones con ventas por $ 48.729 millones con una merma del 10,7% respecto a igual período de 2025, además de quedar por debajo también de los primeros bimestres del 2024 (-10,7%) y 2023 (-35,9%).
Ese deterioro constante se hace sentir también en los recursos provinciales. La coparticipación no deja de caer y los recursos propios atraviesan un declive idéntico al de otras provincias.
No es casual que el foco del tiempo político inaugurado con la presentación en sociedad de Encuentro Misionero esté puesto en la economía y la necesidad que tiene la provincia de ser considerada de forma distinta por la Nación. Es el único espacio político que está pensando en “soluciones a la misionera”, mientras que la Libertad Avanza es apenas un apéndice de Buenos Aires -como los viejos partidos tradicionales- y el PJ y la UCR se desangran en sus internas cada vez menos convocantes.
Por eso la presentación en sociedad de Encuentro Misionero puso sobre la mesa el viejo anhelo de una zona libre de impuestos para Misiones, en medio de la negociación que se abrirá para aprobar la reforma fiscal que quiere el Gobierno nacional.
Misiones vuelve a blandir un reclamo histórico: condiciones fiscales diferenciadas para poder competir en igualdad con Paraguay y Brasil. La iniciativa busca instalar en la agenda nacional un régimen especial de exenciones impositivas y beneficios aduaneros que permita corregir las distorsiones estructurales que enfrenta la provincia por su condición de frontera.
El planteo no es nuevo, pero sí el contexto. La discusión se reabre ahora en el marco de la reforma fiscal que impulsa el Gobierno de Javier Milei, donde la provincia intenta colar un esquema propio que combine alivio tributario, incentivos a la inversión y reducción de costos logísticos. En esencia, es retomar el espíritu de la Zona Aduanera Especial aprobada por el Congreso, pero vetada por el anodino Alberto Fernández.
La diferencia es que ahora el planteo no se limita a una herramienta aduanera puntual, sino que propone un régimen integral, con impacto directo sobre consumo, producción, inversión y sistema financiero y que va de la mano de una de las promesas de campaña del Gobierno nacional: bajar impuestos. El régimen propuesto busca corregir la asimetría histórica donde Misiones aporta el 31% de la recaudación del NEA pero recibe solo el 21% por coparticipación. La “Amortización Acelerada” permitirá a las industrias locales modernizar su capital físico en la mitad del tiempo contable habitual, fomentando la industrialización de la ruralidad y la tecnología.
El eje del proyecto pasa por el Impuesto al Valor Agregado, el tributo con mayor incidencia directa en la formación de precios.
La propuesta es clara: las ventas desde el resto del país hacia Misiones serían consideradas una “exportación suspensiva”. En la práctica, esto implica que un proveedor de Buenos Aires vendería a Misiones sin IVA. Los análisis técnicos del equipo de Encuentro Misionero detallan que como Misiones representa el 2,07% del PBI nacional, la retención de impuestos nacionales en el territorio provincial inyectaría liquidez masiva al mercado local. Una eliminación o reducción del IVA implicaría que aproximadamente $890.000 millones anuales dejarían de salir de la provincia para quedarse en manos de consumidores y comercios locales.
En tanto, una reducción de la tasa del Impuesto a las Ganancias, del 35% al 15% liberaría cerca de $530.000 millones para reinversión productiva y creación de empleo. También se pretende la eliminación del Impuesto al Cheque (1,2%), lo que permitiría recuperar hasta un 10% del margen neto en sectores estratégicos como el yerbatero, tealero y maderero.
La crisis de las economías regionales es evidente, incluso para aquellos que eligieron la opción libertaria en 2023. La pérdida de rentabilidad atraviesa a las principales actividades misioneras, como la madera, el té o la yerba, afectados por el aumento de los costos de producción, principalmente empujados por las tarifas eléctricas y el combustible.
Esa situación fue uno de los ejes de la cumbre yerbatera convocada por el Gobierno para analizar la situación de la cadena. La producción es la más dañada, pero la industria pudo exponer su situación que no escapa de la palabra crisis, aún en aquellas protagonistas del boom exportador.
El cuadro de la cadena yerbatera muestra un descalce extremo entre costos y precios que explica el deterioro del sector productivo. Con un costo estimado por el INYM de $423,99 por kilo y un precio teórico con margen del 30% de $551,19, el productor terminó recibiendo en promedio apenas $240 por kilo, lo que implica una pérdida directa de $311,19 por kilo. Proyectado sobre una producción de 889.253.082 kilos de hoja verde en 2025, el resultado es una transferencia negativa de ingresos de $276.726 millones, equivalentes a unos USD 200 millones.
A marzo de 2026, el deterioro de la ecuación económica se profundiza sin freno. El costo de producción, ajustado por una inflación acumulada del 16,8% entre octubre y marzo, pasa de $423,99 a $495,22 por kilo, lo que eleva el precio teórico con margen al $643,79. Sin embargo, el precio efectivamente pagado al productor se mantiene en torno a los $240, lo que eleva la pérdida a $403,79 por kilo.
Proyectado sobre el mismo volumen de producción de 2025 (889 millones de kilos), la transferencia negativa de ingresos asciende a $359.071 millones, equivalentes a unos USD 260 millones. Es decir, lejos de corregirse, el descalce entre costos y precios se agrava, consolidando un esquema en el que el productor absorbe cada vez una mayor porción de la crisis de la cadena.
En paralelo, los datos del sector industrial refuerzan el cuadro de fragilidad. Entre 2023 y 2025, las ventas en el mercado interno pasaron de 285,3 millones de kilos a 266,8 millones, lo que representa una caída acumulada del 7,1%.
Sin embargo, en ese mismo período, la deuda bancaria de los principales molinos saltó de $100.170 millones a $153.580 millones, con un incremento del 53,5%. La combinación de caída de ventas y fuerte aumento del endeudamiento contrasta con los autoelogios del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien suele usar a la yerba para celebrar los efectos de la desregulación.
Por eso fue un dato político la participación activa de la industria en la Mesa Yerbatera convocada por el Gobierno. Lejos de un acuerdo -los intereses y las realidades son contrapuestas-, fue un avance haber logrado que se escuchen en un marco de respeto, que incluso dejó fuera de la discusión a los más exaltados libertoyerbateros, que azuzaron con cortes de ruta sin consenso. El Gobierno provincial busca mediar entre las partes, acercar posiciones ante la inactividad del Instituto Nacional de la Yerba Mate.
En esa lógica se inscribe el reclamo a Nación. En buscar soluciones locales a la retirada del Gobierno federal. El plan impositivo pretende reducir el costo de reposición para comerciantes y empresas. Por el otro, trasladar ese alivio a precios finales más bajos en góndola, mejorando la competitividad frente a las ciudades fronterizas.
El capítulo aduanero retoma directamente la lógica de la Zona Aduanera Especial, pero con mayor nivel de detalle operativo.
Entre las medidas más relevantes se destacan la importación sin aranceles de bienes de capital e insumos destinados a la producción en Misiones, facilidades para reexportación, permitiendo importar componentes, ensamblarlos localmente y exportarlos pagando tributos sólo sobre el valor agregado y eliminación de retencionespara productos misioneros, como yerba mate, té y madera.
El paquete se completa con medidas sobre otros tributos clave, como la eliminación del ITC en combustibles, buscando equiparar o incluso abaratar el precio de la nafta respecto a Paraguay. Implicaría un ahorro directo para el consumidor, con una rebaja de más de 15 mil pesos por tanque a valores actuales. Asimismo, se plantea la exención de Bienes Personales para activos radicados en la provincia, con el objetivo de retener ahorro local y la reducción de impuestos internos, especialmente en sectores con fuerte impacto en costos logísticos, además de un punto especialmente sensible para la provincia: alícuota cero o exención para servicios básicos como energía eléctrica, conectividad e internet, en un territorio que no cuenta con gas natural y donde la logística encarece fuertemente los costos operativos.
En conjunto, el esquema apunta a atacar uno de los principales problemas estructurales de Misiones: el costo de operar en una economía periférica, sin gas natural, con alta dependencia del transporte y en competencia directa con países con menor carga tributaria.
El trasfondo del debate es más profundo que una serie de exenciones. Lo que está en juego es el modelo de desarrollo para una provincia de frontera.
Misiones compite todos los días con Paraguay y Brasil, donde los precios son más bajos no solo por tipo de cambio, sino por estructuras impositivas mucho más laxas, en el caso guaraní o agresivas, del lado portugués. Esa asimetría se traduce en fuga de consumo, presión sobre el comercio local y menor capacidad de inversión.
El reclamo a la Nación se combina con un “mini Rigi”, que comenzará a ser discutido en la Legislatura una vez que comiencen las sesiones ordinarias, tras el discurso del gobernador Hugo Passalacqua el próximo viernes. Se trata de incentivos fiscales para la inversión. Cinco años de exención total de Ingresos Brutos, más cinco años adicionales con una bonificación del 50%, condicionados al aporte real del proyecto en términos de empleo, proveedores locales y valor agregado en origen. A esto se suman criterios explícitos de evaluación -innovación, sostenibilidad, biodiversidad y transparencia- que refuerzan la idea de un régimen con control efectivo. El plan fija pisos mínimos de inversión diferenciados por sector, lo que permite segmentar el tipo de proyectos a captar: desde USD 200.000 para economía del conocimiento, pasando por USD 600.000 en industrialización y manufactura avanzada, hasta USD 1,5 millones en turismo estratégico y conectividad y USD 2 millones en energías renovables. Esta escala confirma que la provincia no apunta exclusivamente a grandes capitales, sino que busca abrir la puerta a inversiones medianas con capacidad de generar impacto directo en el entramado productivo local.
Passalacqua también hará hincapié en la necesidad de recuperar una visión “federal” del reparto de recursos y la economía. Aunque parezca una discusión de otros tiempos, el debate sigue siendo federales o unitarios, algo que los sucesivos inquilinos de la Casa Rosada no han sabido corregir.
El Gobernador misionero hará un repaso, casi en modo historiador, de esa tensión y marcará que, pese a la contracción económica, Misiones no deja de hacer. Con recursos propios, con ingeniería financiera. La línea de 132 que unirá Posadas, Alem y Oberá, la ruta en El Soberbio, con nueve mil millones de inversión, son algunas de las acciones de los últimos meses.
Passalacqua también hará frente a un debate que pretende instalar la Libertad Avanza: el costo fiscal misionero. El Gobernador sostiene que es un mito que se debe combatir: según sus datos, Misiones no es, por lejos, la provincia con mayor presión tributaria.
La inflación de marzo volvió a mostrar que el proceso de desaceleración perdió solidez. El IPC nacional fue de 3,4%, por encima del 2,9% de enero y febrero, y con eso quebró la meseta en la que parecía haberse estabilizado el arranque del año. Ya no se trata solo de un dato mensual más alto: lo que aparece detrás es una estructura de aumentos mucho más pesada, en la que conviven alimentos, regulados, transporte, educación y servicios. En términos interanuales, la inflación nacional fue de 32,6%, pero el Noreste llegó a 33,4% y Cuyo a 33,5%. Dentro de los rubros, sobresalen las subas acumuladas de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (45,5%), Restaurantes y hoteles (41,0%), Educación (38,9%), Comunicación (36,6%) y Transporte (36,2%).
El 3,4%, por sí mismo, ya es una señal de alerta; pero cuando se abre la composición del índice, el cuadro es todavía más exigente. El INDEC marca que en marzo los regulados subieron 5,1%, muy por encima del nivel general, mientras que los servicios avanzaron 4,2% y los bienes 3,0%. Es decir, el mes no estuvo empujado por un solo factor transitorio, sino por una combinación de precios administrados, correcciones tarifarias y una inercia de servicios que sigue muy viva. Los datos contradicen el anticipo del ministro de Economía, Luis Caputo, quien el lunes había dicho que la inflación iba a estar en torno al 3 por ciento impulsada por la suba de combustibles, por la guerra y los precios estacionales de la educación.
El informe del Indec revela además que la región NEA tuvo la suba de precios más relevante, con 4,1 por ciento, empujada por un 22,7 de aumentos en la educación, 9,7 en viviendas, agua y electricidad y 4,5 por ciento de alimentos y bebidas no alcohólicas.
Al NEA le siguió el Noroeste con 4,0%. Por detrás quedaron el GBA con 3,4%, la Pampeana con 3,3%, Cuyo con 3,2% y bastante más abajo la Patagonia con 2,5%. Esa dispersión territorial marca que el problema inflacionario no pega igual en todas las regiones y que, en marzo, el norte volvió a ser la zona más castigada. Además, en el acumulado del año también se ve esa presión diferencial: el Noreste ya suma 11,5% y el Noroeste 10,7%, contra 9,4% nacional y apenas 8,6% en Patagonia.
3,4%
Inflación de marzo 2026
El IPC nacional volvió a acelerarse y cortó la meseta de enero y febrero
Región
IPC marzo
Noreste
4,1%
Noroeste
4,0%
GBA
3,4%
Nacional
3,4%
Pampeana
3,3%
Cuyo
3,2%
Patagonia
2,5%
Clave del mes: el Noreste fue la región con mayor suba de precios, por encima del promedio nacional. Fuente: INDEC, IPC marzo 2026.
Cuando se observan los rubros, aparece con claridad qué fue lo que tensó el índice. La división de mayor aumento a nivel nacional fue Educación, con 12,1%, en línea con el inicio del ciclo lectivo. No es un fenómeno nuevo para marzo, pero sí confirma que la educación formal sigue siendo un componente muy sensible del IPC cuando arrancan las clases.
Detrás se ubicó Transporte, con 4,1%, por el impacto de combustibles, transporte público y pasajes aéreos. Luego aparecieron Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con 3,7%; Recreación y cultura, con 3,6%; y un pelotón integrado por Alimentos y bebidas no alcohólicas, Restaurantes y hoteles, ambos con 3,4%. Más abajo quedaron Prendas de vestir y calzado, con 3,1%; Comunicación, con 2,9%; Salud, con 2,6%; Bebidas alcohólicas y tabaco, con 2,1%; Bienes y servicios varios, con 1,7%; y Equipamiento y mantenimiento del hogar, con 1,3%, que fue el rubro de menor aumento.
El INDEC señala que la mayor incidencia regional la tuvo Alimentos y bebidas no alcohólicas, empujada sobre todo por la suba de Carnes y derivados, que en GBA llegó a 6,9%. En otras palabras, aunque Educación haya sido el rubro que más subió en porcentaje, el golpe más extendido y socialmente más sensible volvió a venir de los alimentos. Eso es clave porque una inflación motorizada por alimentos, y en especial por carnes, pega de lleno en la canasta cotidiana y erosiona con más rapidez el ingreso real.
El desagregado por regiones vuelve todavía más nítido ese patrón. En el Noreste, que tuvo la inflación mensual más alta del país, los mayores aumentos estuvieron en Educación (22,7%), Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (9,7%), Restaurantes y hoteles (4,9%) y Alimentos y bebidas no alcohólicas (4,5%). Es una combinación particularmente pesada: a la presión estacional del inicio de clases se sumaron aumentos fuertes en gastos del hogar y en alimentos.
Qué empujó la inflación de marzo
Educación lideró el mes, pero alimentos tuvo fuerte incidencia en el índice
Rubro
Variación marzo
Educación
12,1%
Transporte
4,1%
Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles
3,7%
Recreación y cultura
3,6%
Alimentos y bebidas no alcohólicas
3,4%
Restaurantes y hoteles
3,4%
Prendas de vestir y calzado
3,1%
Equipamiento y mantenimiento del hogar
1,3%
El informe oficial remarca que Alimentos y bebidas no alcohólicas fue la división de mayor incidencia regional, impulsada sobre todo por carnes y derivados. Fuente: INDEC, IPC marzo 2026.
Otro dato central para interpretar marzo es la división entre bienes y servicios. A nivel nacional, los servicios subieron 4,2%, contra 3,0% de los bienes. En el norte esa brecha fue aún más marcada: en el Noreste, los bienes avanzaron 3,5% pero los servicios saltaron 6,1%; en el Noroeste, 3,4% y 5,4%, respectivamente. Esto refuerza la idea de que la inflación actual no es solo una inflación de góndola o de productos masivos: hay un componente muy fuerte de servicios, tarifas y prestaciones que corre por encima del promedio y dificulta que el índice general siga bajando. En el acumulado del año también se ve ese fenómeno: a nivel nacional, los servicios suben 11,7% contra 8,4% de los bienes.
La clasificación por categorías confirma esa lectura. En marzo, los regulados fueron lo que más avanzó, con 5,1% a nivel nacional. En el Noreste ese salto fue de 7,4%, y en el Noroeste de 6,0%. El IPC núcleo, que permite observar la inercia más persistente de los precios, subió 3,2% nacional, pero llegó a 3,5% en el Noreste y a 3,7% en el Noroeste. En cambio, los estacionales crecieron solo 1,0% a nivel nacional. La conclusión es bastante clara: marzo no fue un mal dato por culpa exclusiva de fenómenos puntuales o de temporada. Hubo estacionales, sí, pero el verdadero peso vino por el lado de los regulados y de un núcleo que sigue demasiado alto para hablar de una desinflación firme.
La lectura final es que marzo no mostró una inflación compleja y más difícil de desarmar de lo que el Gobierno promete. El corazón del problema sigue latiendo en los rubros más sensibles para la vida cotidiana. Los alimentos volvieron a tener una gravitación decisiva; los servicios corrieron arriba de los bienes; los regulados metieron presión; y el norte argentino quedó, otra vez, como la zona más castigada.
El escenario financiero global transita marzo con un factor dominante: la escalada del conflicto en Medio Oriente, que ya se consolida como uno de los principales shocks de oferta de los últimos años. La suba del petróleo -con incrementos superiores al 50% en lo que va de 2026- y la disrupción en rutas clave como el Estrecho de Ormuz están reconfigurando el tablero macroeconómico y financiero a escala global.
En este contexto, el informe de estrategias de inversión de marzo elaborado por InvertirOnline advierte que el impacto no es menor: si bien no se trata de un evento decisivo para frenar el crecimiento mundial, sí tiene la capacidad de retrasar la normalización monetaria y redistribuir retornos entre clases de activos.
El encarecimiento de la energía se convierte en el principal canal de transmisión hacia la inflación global. En Estados Unidos, por ejemplo, el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril ya comienza a trasladarse a los combustibles, mientras que la Reserva Federal enfrenta un dilema complejo: inflación en alza por energía y señales de enfriamiento en el empleo.
Este escenario reactiva el riesgo de una “estanflación moderada”, donde la suba de precios convive con una desaceleración económica. Sin embargo, a diferencia de los años 70, el sistema financiero global presenta hoy mayor flexibilidad y capacidad de respuesta.
Para los mercados emergentes -y especialmente para Argentina- el contexto presenta una lectura más favorable. La suba de los commodities energéticos mejora los términos de intercambio, particularmente a través del potencial de Vaca Muerta, aunque introduce tensiones inflacionarias adicionales vía combustibles.
En el plano local, la inflación de febrero se ubicó en 2,9%, impulsada por tarifas y alimentos, mientras el mercado ajusta al alza sus expectativas para el corto plazo. En paralelo, el Banco Central logró sostener condiciones de liquidez que permitieron un rollover de deuda superior al 100%, reflejando cierta estabilidad financiera pese al contexto volátil.
Estrategias: cautela en pesos y selectividad en activos
Frente a este escenario, el posicionamiento recomendado combina prudencia y selectividad:
Renta fija en dólares: visión constructiva sobre deuda soberana, con foco en bonos como GD41 y AN29, que capturan potencial de compresión de tasas.
Renta fija en pesos: estrategia defensiva con instrumentos ajustados por inflación de corto plazo, ante la persistencia de la inercia inflacionaria.
Crédito corporativo: preferencia por emisores de alta calidad (YPF, Vista, Pampa) y bonos provinciales sólidos.
Renta variable local: postura neutral, con oportunidades en energía y servicios regulados.
Renta variable internacional: diversificación hacia mercados emergentes y tecnológicas con fundamentos sólidos.
Mercados globales: divergencias y oportunidades
Uno de los puntos más destacados del informe es la creciente divergencia entre mercados. Mientras el S&P 500 enfrenta valuaciones exigentes -con múltiplos por encima del promedio histórico-, los mercados emergentes muestran mejores perspectivas relativas, con crecimiento de ganancias proyectado superior y valuaciones más atractivas.
Esta dinámica abre oportunidades tácticas para inversores globales, especialmente en Asia y América Latina, donde el crecimiento esperado supera al de las economías desarrolladas.
El diagnóstico central es claro: el mercado atraviesa una fase de transición donde la geopolítica vuelve a condicionar las decisiones financieras. En este contexto, la clave no es apostar por una única dirección, sino construir carteras resilientes, con cobertura inflacionaria, diversificación geográfica y foco en calidad crediticia.
El 2026 se perfila así como un año de retornos más selectivos, donde la gestión activa y la lectura del contexto global serán determinantes para capturar oportunidades y mitigar riesgos.