INFRAESTRUCTURA

Daniel Artana: “El verdadero indicador macroeconómico que da mal es la inversión”

Compartí esta noticia !

La economía argentina consiguió ordenar algunas de sus variables fundamentales, resistió una sucesión de shocks y comenzó a desplegar una potencia exportadora que promete cambiar su estructura durante la próxima década. Pero todavía tiene un punto débil que condiciona todo el programa: la inversión no reacciona.

Daniel Artana puso allí el foco durante una entrevista con Economis en el Encuentro de Ejecutivos de Finanzas realizado en el hotel Loi Suites de Puerto Iguazú. Para el economista, la estabilidad alcanzada es una condición necesaria, pero no garantiza por sí misma un ciclo de crecimiento sostenido. Sin inversión, productividad y reformas estructurales, el orden macroeconómico puede convertirse en una plataforma prolija, aunque insuficiente.

La estabilidad es condición necesaria, pero no suficiente. Los países no crecen porque tienen inflación; al contrario, la inflación complica el crecimiento económico. Pero se necesitan otras cosas: más inversión y más productividad”, definió.

Artana considera que la Argentina todavía necesita ampliar su horizonte. Aunque el Gobierno haya corregido desequilibrios importantes, entre los empresarios persiste la duda sobre la continuidad política de esas transformaciones. El temor a que el país vuelva a aplicar políticas que no existen en otras economías desalienta decisiones que requieren años para recuperar el capital comprometido.

Esa incertidumbre, sumada a problemas coyunturales, explica por qué la inversión sigue rezagada. No ocurre lo mismo con las exportaciones, que muestran un fuerte dinamismo, ni necesariamente con el producto bruto interno, que soportó numerosos impactos sin desplomarse. Tampoco es el consumo, según su lectura, la principal señal de alarma.

El verdadero indicador que da mal macroeconómicamente es la inversión. Está muy baja”, remarcó.

La estabilidad no compra el crecimiento

El planteo de Artana atraviesa el debate económico de fondo. Bajar la inflación, reducir el déficit y ordenar los precios relativos son pasos imprescindibles, pero no producen automáticamente nuevas fábricas, infraestructura, tecnología ni empleos de mayor productividad.

Para que eso ocurra, el sector privado necesita previsibilidad suficiente para invertir y el Estado debe avanzar en reformas capaces de remover obstáculos acumulados durante décadas. La estabilidad evita que la economía se desordene, pero el crecimiento requiere aumentar la cantidad y la calidad del capital productivo.

La Argentina todavía enfrenta, además, el riesgo de volver atrás. Una parte de las decisiones empresariales continúa suspendida por la pregunta que acompaña a todos los programas económicos del país: cuánto de lo realizado permanecerá después de la próxima elección.

Artana considera que un programa será verdaderamente consistente cuando pueda atravesar la alternancia política sin que se discutan nuevamente sus principios elementales. Lo que definió como el “ABC” económico -aquello tan básico como aceptar que dos más dos es cuatro- debería sobrevivir a los cambios de presidente.

El problema es que todavía existe una parte de la dirigencia dispuesta a desconocer esas reglas. Mientras esa amenaza siga abierta, el horizonte permanecerá corto y la inversión tendrá dificultades para despegar.

La falta de infraestructura apareció como uno de los puntos centrales de la entrevista. La retirada del Gobierno nacional de la obra pública dejó proyectos paralizados y trasladó presión hacia provincias que, al mismo tiempo, enfrentan una menor disponibilidad de recursos y reclamos para reducir impuestos.

Para Artana, la explicación debe buscarse en la forma en que creció el gasto público durante las últimas décadas. El Estado expandió fuertemente sus erogaciones, pero concentró buena parte de ese incremento en gastos corrientes.

En el nivel nacional, los mayores recursos se destinaron principalmente a subsidios económicos y moratorias previsionales. En las provincias y los municipios, el aumento estuvo asociado, en gran medida, con la expansión del empleo público. El economista aclaró que su descripción no supone necesariamente un juicio sobre la legitimidad de esas decisiones, sino la constatación de una restricción básica: el dinero es limitado.

Si uno gasta más en gasto corriente, gasta menos en gasto de capital”, sintetizó.

La Argentina habría recorrido una historia diferente si el auge del gasto público se hubiera dirigido hacia rutas, energía, conectividad, puertos y otras obras capaces de elevar la productividad. Otros países aprovecharon períodos de abundancia para ampliar su infraestructura. El país, en cambio, consolidó compromisos corrientes que luego resultaron difíciles de reducir.

Cuando el Gobierno nacional decidió recortar el déficit fiscal, una de las partidas más castigadas fue la inversión pública. También cayeron con fuerza las transferencias de capital destinadas a las provincias. Los gobiernos subnacionales ajustaron menos, pero quedaron frente a la misma disyuntiva: revisar el gasto corriente o resignarse a invertir poco.

“Las provincias siempre tienen la opción de ser austeras por el lado del gasto corriente para poder gastar más en infraestructura. Tampoco hay mucho espacio para seguir subiendo impuestos. La plata tiene que salir de algún lado, porque mágicamente las cosas no se resuelven”, señaló.

La definición resulta especialmente sensible para Misiones, una provincia que necesita inversiones nacionales para compensar déficits históricos de infraestructura, pero que también debe competir con Brasil y Paraguay, reducir costos internos y sostener servicios públicos con recursos propios.

Artana considera que el Gobierno nacional podría haber moderado algunos movimientos del programa económico. La alternativa, explicó, habría sido acumular una mayor cantidad de reservas y sostener un tipo de cambio “un poco más depreciado” que el actual.

No propone regresar a una devaluación permanente ni construir competitividad exclusivamente a partir de un peso débil. Su observación apunta a la velocidad con la que se produjo el encarecimiento de la economía argentina en dólares y al impacto que ese proceso genera sobre sectores que todavía no alcanzaron niveles suficientes de productividad.

De todos modos, advirtió que el país probablemente será más caro en dólares que en otros momentos de su historia. Esa tendencia no necesariamente expresa una anomalía: puede ser el resultado de una economía que aumenta con fuerza su capacidad de generar divisas.

“Si no matamos la gallina de los huevos de oro que nos da el campo, la minería, los hidrocarburos y muchos sectores industriales que están aumentando sus exportaciones, esta economía va a ser más cara en dólares de lo que fue históricamente”, explicó.

La proyección que trazó es ambiciosa: en menos de una década, la Argentina podría alcanzar exportaciones por 200.000 millones de dólares anuales. El salto sería impulsado por los recursos naturales, pero también por actividades industriales que ya consiguen colocar más producción en el exterior. La carne es uno de los ejemplos mencionados por el economista.

Ese flujo de dólares cambiaría la estructura económica. También tendería a apreciar los costos internos y obligaría a elevar la productividad. El problema, otra vez, es qué ocurre durante la transición con los sectores que no participan del boom exportador.

No todas las actividades cuentan con petróleo, gas, minerales o una demanda externa en expansión. Parte de la industria depende del mercado interno, arrastra problemas de escala y debe competir después de años de operar dentro de una economía protegida.

Para Artana, esos sectores deberán reconvertirse. El proceso no será inmediato ni indoloro.

“Hay actividades con problemas de demanda interna y esas reconversiones no son fáciles”, reconoció.

La construcción sufrió el golpe más directo por el derrumbe de la inversión pública. Después de una caída muy fuerte, mostró una recuperación parcial, volvió a retroceder y todavía no consiguió estabilizar un sendero de crecimiento. La industria, por su parte, permanece estancada en un nivel relativamente bajo.

Sin embargo, Artana encontró una señal menos negativa: la producción industrial lleva varios meses sin continuar cayendo. El piso puede ser bajo, pero al menos dejó de profundizarse el deterioro.

“Uno puede decir que está en un nivel bajo, y es cierto. Pero por lo menos no cae desde hace varios meses”, observó.

Su expectativa es que la industria empiece a reaccionar a medida que las empresas introduzcan mejoras, eleven su productividad y adapten sus estructuras. No habrá una recuperación uniforme: algunas compañías conseguirán reconvertirse y otras encontrarán mayores dificultades para sobrevivir en una economía más abierta y competitiva.

La combinación entre menor obra pública nacional, presión tributaria elevada y gasto corriente rígido deja a las provincias ante una ecuación incómoda. Necesitan invertir para mejorar su competitividad, pero tienen poco margen para aumentar impuestos y enfrentan resistencias para reducir estructuras estatales consolidadas.

Artana no ofreció una salida sencilla. Precisamente, advirtió que no existe. Si las provincias quieren recuperar capacidad de inversión, deberán revisar prioridades y liberar recursos actualmente absorbidos por gastos corrientes.

Compartí esta noticia !

Sturzenegger dijo que el riesgo país de Milei es de “80 puntos” y anticipó décadas de prosperidad

Compartí esta noticia !

El ministro de Desregulación y Modernización del Estado, Federico Sturzenegger, introdujo una lectura alternativa sobre el riesgo soberano argentino durante su exposición en el Council of the Americas 2026: sostuvo que, si se toma como referencia un bono con vencimiento dentro del actual mandato presidencial, el riesgo asociado a la Argentina de Javier Milei sería de apenas 80 puntos básicos, muy por debajo del indicador soberano que se ubica por encima de los 500 puntos.

La interpretación del funcionario se apoya en el bono AO27, emitido durante la gestión de Luis Caputo y cuyo vencimiento se encuentra dentro del período presidencial de Milei. “El bono que emitió ‘Toto’ y que vence dentro del mandato de Milei tiene un riesgo país de 80 puntos básicos”, afirmó Sturzenegger ante empresarios, inversores y dirigentes políticos reunidos en Buenos Aires.

La diferencia entre ambas referencias no es un detalle técnico menor. Mientras el riesgo país tradicional busca reflejar el diferencial de rendimiento de la deuda argentina frente a instrumentos considerados de bajo riesgo, Sturzenegger utilizó la cotización de un título con vencimiento anterior al final del mandato para argumentar que el mercado estaría asignando un riesgo mucho menor a la capacidad de pago en ese horizonte específico.

El planteo apunta, en definitiva, a una discusión sobre las expectativas. Para el ministro, el mercado no estaría valorando de manera homogénea el riesgo argentino, sino que existiría una brecha entre la percepción general sobre la deuda soberana y el precio de determinados instrumentos. Esa lectura es consistente con la tesis oficial de que la mejora fiscal, la reducción de la inflación y la transformación de la matriz productiva están modificando progresivamente el perfil financiero del país.

Sturzenegger también puso el foco en la expansión económica y aseguró que la Argentina atraviesa un proceso de crecimiento “inédito”, aunque con diferentes velocidades según sectores y regiones. Según sus proyecciones, si se incorporan las expectativas del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central hasta el final del mandato, la economía podría acumular un crecimiento cercano a los 13 puntos porcentuales durante la primera gestión de Milei.

“Le gana por goleada a las presidencias anteriores”, sostuvo el ministro, al comparar esa trayectoria con los resultados registrados durante administraciones anteriores. La diferencia que destacó no está solamente en el volumen del crecimiento, sino también en su composición: según Sturzenegger, se trata de una expansión liderada por las exportaciones y acompañada por una transformación de la estructura productiva.

El funcionario señaló particularmente el peso creciente de la energía. A la tradicional contribución del complejo agroexportador se sumaron las exportaciones de petróleo, en un proceso que, según su interpretación, permitiría que la economía argentina reduzca su dependencia de los ciclos de cosecha y avance hacia una matriz exportadora más diversificada.

Esa transformación también tendría una dimensión territorial. Sturzenegger anticipó una fuerte migración interna hacia las provincias vinculadas con la producción energética, petrolera y minera. En particular, estimó que durante las próximas tres décadas al menos dos millones de personas podrían instalarse en Neuquén, impulsadas por la expansión de Vaca Muerta y las actividades asociadas al desarrollo hidrocarburífero.

El dato plantea uno de los desafíos menos visibles de la nueva etapa económica: el crecimiento de los sectores exportadores no solamente modifica las cuentas externas, sino que puede alterar la geografía económica del país. El flujo de trabajadores hacia las zonas de mayor productividad obliga a pensar en vivienda, rutas, servicios públicos, escuelas, salud, transporte e infraestructura urbana antes de que el crecimiento demográfico se transforme en un cuello de botella.

En ese punto, Sturzenegger identificó cuatro condiciones que, a su juicio, serán determinantes para sostener el ciclo expansivo: derechos de propiedad, infraestructura, financiamiento y apertura económica. La combinación de esos factores debería permitir que el aumento de la inversión y la productividad se traduzca en una expansión prolongada.

“Vamos a tener muchas décadas de prosperidad si mantenemos este rumbo”, afirmó el ministro, condensando en esa frase la principal apuesta de largo plazo del Gobierno. El desafío, sin embargo, consiste en transformar las reformas regulatorias en capacidad productiva y evitar que la expansión quede concentrada exclusivamente en enclaves vinculados con recursos naturales.

Las 12 reformas con las que Sturzenegger busca explicar el cambio

El ministro aprovechó el escenario del Council of the Americas para enumerar las reformas que considera centrales en la estrategia de transformación económica. Con una metáfora que utilizó para definir el trabajo de su cartera, sostuvo: “Nosotros somos plomeros: nos metemos en las bases de los edificios, limpiamos los caños”.

Entre las medidas que destacó ubicó la modernización laboral, la modificación de la Ley de Glaciares, los cambios vinculados con la propiedad intelectual de semillas y una reforma del mercado de capitales que calificó como “extraordinaria”. También mencionó el nuevo esquema para la licitación de rutas, que según explicó se encuentra en proceso de definición por parte del Ministerio de Economía.

El listado incluyó además el tratado de comercio e inversiones con Estados Unidos, el proyecto de Ley de Propiedad Privada y una reforma de la Ley de Sociedades. La lógica que atraviesa estas iniciativas, según Sturzenegger, es reducir restricciones, mejorar los incentivos a la inversión y ampliar el espacio para que el sector privado pueda asignar capital.

En el caso de la Ley de Glaciares, el ministro vinculó la modificación con el potencial minero argentino y sostuvo que el marco anterior limitaba una capacidad exportadora que comparó con la experiencia chilena. La minería aparece así como una de las piezas estratégicas de la nueva matriz productiva junto con petróleo, gas y agroindustria.

La reforma laboral constituye otro de los pilares. Para el Gobierno, la reducción de costos y rigideces regulatorias debería facilitar la incorporación de trabajadores al sector privado formal. El desafío será que esa flexibilización se traduzca efectivamente en mayor empleo registrado, productividad y salarios reales, especialmente en una economía donde una parte sustancial de la fuerza laboral continúa fuera del mercado formal.

El mismo razonamiento se extiende al mercado de capitales. Una economía que pretende financiar grandes proyectos de infraestructura, minería y energía necesita desarrollar mecanismos capaces de canalizar ahorro doméstico y capital extranjero hacia inversiones de largo plazo. La reducción del riesgo soberano sería, en ese esquema, una condición relevante para abaratar el costo financiero de las empresas y ampliar el horizonte de inversión.

La exposición de Sturzenegger se inscribió en una jornada donde el Gobierno buscó mostrar una imagen coordinada frente al empresariado. Antes del cierre de Milei participaron el viceministro de Economía, José Luis Daza; el canciller Pablo Quirno y el jefe de Gabinete, Diego Santilli. El mensaje común fue que la estabilización constituye solamente la primera fase de un proceso cuyo objetivo final es modificar la estructura productiva argentina.

La discusión sobre los “80 puntos” introduce, sin embargo, una cuestión que excede la retórica política: qué precio le asigna realmente el mercado al riesgo argentino en los distintos horizontes de vencimiento. Si la mejora fiscal y la acumulación de activos productivos logran consolidarse, la compresión del riesgo podría convertirse en uno de los principales mecanismos para acelerar la inversión. Si, en cambio, las expectativas no se traducen en resultados sostenibles, la brecha entre determinados bonos y el indicador soberano podría terminar siendo solamente una fotografía de mercado.

Por ahora, Sturzenegger eligió mirar la película completa. Su argumento es que la combinación de reformas, exportaciones, inversión y apertura puede generar un ciclo de crecimiento que trascienda al actual Gobierno. El verdadero test será convertir esa expectativa en infraestructura, empleo formal, nuevas empresas y oportunidades concretas en las regiones que están llamadas a convertirse en los nuevos motores de la economía argentina.

Compartí esta noticia !

Caputo anticipó inversiones por hasta US$50.000 millones y aseguró que no habrá tensión cambiaria en 2027

Compartí esta noticia !

El ministro de Economía, Luis Caputo, eligió la Bolsa de Comercio de Córdoba para transmitir una señal de confianza sobre el horizonte económico argentino: anticipó nuevos anuncios de inversiones bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) por hasta US$50.000 millones y aseguró que el flujo de dólares permitirá atravesar 2027, un año marcado por las elecciones presidenciales, sin las tensiones cambiarias que caracterizaron otros ciclos electorales.

La magnitud del anuncio permite dimensionar el rol que el Gobierno pretende asignarle al RIGI. Caputo explicó que hasta ahora fueron aprobados 23 proyectos por US$49.766 millones, sobre un universo de 43 iniciativas presentadas por US$148.229 millones. Es decir, los proyectos aprobados representan aproximadamente un tercio de las inversiones postuladas, según los datos expuestos por el ministro.

“Esto es solamente de los RIGI que hemos aprobado, que son un tercio de la totalidad”, sostuvo Caputo ante empresarios cordobeses. Y anticipó que próximamente se conocerán nuevos proyectos que podrían llevar el monto de inversiones a una escala de hasta US$50.000 millones adicionales.

El dato relevante para la economía argentina no reside solamente en el volumen anunciado, sino en su potencial efecto sobre el flujo futuro de divisas. El Gobierno busca que las grandes inversiones vinculadas a energía, minería, infraestructura y otros sectores estratégicos generen una oferta de dólares capaz de acompañar el crecimiento de la actividad sin reproducir los ciclos de escasez cambiaria que históricamente terminaron en restricciones, devaluaciones o crisis externas.

Sobre ese punto, Caputo fue categórico al descartar un escenario de turbulencias cambiarias en 2027. “El flujo de dólares es cada vez más alto, esto garantiza que no vamos a tener problemas en el tipo de cambio, como supimos tener en el pasado”, afirmó. Para el ministro, el ingreso creciente de inversiones permitirá que la economía llegue al próximo proceso electoral con una posición externa diferente a la de otros años electorales.

La apuesta supone, de todos modos, una condición central: que los proyectos anunciados se transformen efectivamente en desembolsos, producción, exportaciones y generación de empleo. La diferencia entre capital comprometido y capital efectivamente invertido será uno de los indicadores determinantes para evaluar si el RIGI consigue convertirse en una herramienta estructural de expansión de la capacidad productiva argentina.

Caputo también utilizó su exposición para abordar uno de los problemas menos visibles de la economía argentina: la persistencia de la desconfianza. A 25 años del corralito, el ministro sostuvo que aquella experiencia todavía influye en las decisiones financieras de los hogares y explicó que una parte de los argentinos mantiene dólares fuera del sistema bancario por temor a que una nueva crisis vuelva a restringir el acceso a sus depósitos.

“Nos han estado haciendo bullying por años”, resumió, al referirse a una cultura económica construida alrededor del miedo a la moneda nacional, los bancos y las instituciones. Su diagnóstico es que la dolarización de los ahorros no puede entenderse únicamente como una preferencia financiera, sino también como el resultado acumulado de crisis, confiscaciones, controles y cambios abruptos en las reglas de juego.

La reconstrucción de esa confianza aparece así como uno de los desafíos centrales de la política económica. Una economía puede estabilizar determinadas variables macroeconómicas, pero si los hogares y las empresas continúan actuando bajo la premisa de que las reglas pueden cambiar de manera repentina, el ahorro permanece fuera del sistema, el crédito se encarece y la inversión pierde profundidad.

En su lectura, las crisis argentinas tampoco fueron exclusivamente fenómenos económicos. Caputo sostuvo que detrás de cada desequilibrio que terminó en una crisis hubo decisiones políticas que evitaron abordar los problemas estructurales. Desde esa perspectiva, el objetivo oficial consiste en modificar esa dinámica mediante estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y reglas que permitan recuperar previsibilidad.

El ministro trasladó esa misma lógica al debate sobre la industria, aunque con una interpretación que vuelve a generar controversia. Cuestionó el desempeño del sector durante los años de tarifas subsidiadas y sostuvo que, pese a los niveles de protección y subsidios, la industria cayó alrededor de 10%, al igual que otros sectores como el comercio y la construcción.

La discusión plantea una cuestión que excede la disputa política sobre si la industria está creciendo o cayendo: qué modelo productivo puede sostenerse cuando los costos internos se encuentran desacoplados de los precios internacionales y qué condiciones necesita la producción argentina para competir sin depender indefinidamente de subsidios.

Caputo argumentó que durante años se utilizaron recursos equivalentes a cerca de 15 puntos del Producto Interno Bruto sin que ese esfuerzo se tradujera en una infraestructura acorde. Su crítica apunta a que el gasto público no logró generar una plataforma suficiente para reducir costos logísticos y mejorar la productividad.

El Gobierno pretende modificar esa ecuación mediante una mayor participación privada en infraestructura. Caputo anticipó que en los próximos dos años podría registrarse un cambio significativo en la infraestructura nacional a partir de las concesiones de rutas y del financiamiento de organismos multilaterales canalizado en conjunto con las provincias.

El vínculo con los gobernadores ocupa un lugar creciente en la estrategia del ministro. Después de las elecciones legislativas de 2025, Caputo reconoció la necesidad de involucrarse más directamente en la negociación política y comenzó a participar con mayor frecuencia de las reuniones de la mesa política de Casa Rosada y de actividades en el interior del país. La visita a Córdoba y el viaje previsto a Catamarca junto al jefe de Gabinete, Diego Santilli, forman parte de esa nueva dinámica.

El dato político no es menor: la construcción de infraestructura requiere coordinación con provincias que, en muchos casos, están gobernadas por dirigentes de espacios opositores al Gobierno nacional. Caputo destacó precisamente esa convivencia institucional como una condición posible cuando existe un objetivo compartido de desarrollo.

Para el Norte Grande, donde la infraestructura energética y vial constituye uno de los principales reclamos de los gobernadores, esa coordinación puede adquirir una dimensión concreta. El desafío será transformar el diálogo político en proyectos financiables, obras ejecutables y una reducción verificable de los costos que hoy limitan la competitividad de las economías regionales.

La exposición de Caputo también tuvo un capítulo electoral. El ministro descartó que el kirchnerismo pueda regresar al poder y cuestionó las posibilidades de una eventual candidatura presidencial del gobernador bonaerense Axel Kicillof. Su argumento se apoyó en las dificultades que, según planteó, existen para construir una confluencia entre Kicillof, Cristina Kirchner, La Cámpora, Sergio Massa y los gobernadores vinculados al peronismo.

Sin embargo, el núcleo económico de su mensaje estuvo lejos de esa disputa. Caputo buscó instalar que 2027 no será necesariamente otro año de tensión cambiaria y que el Gobierno no recurrirá a un esquema de estímulo fiscal de corto plazo para obtener rédito electoral. La apuesta oficial es que el crecimiento, la inversión y la estabilidad sean los factores que construyan expectativas positivas.

El verdadero test de esa estrategia será su capacidad para trasladar la mejora macroeconómica a la microeconomía. El ingreso de capitales puede ampliar la capacidad productiva; el RIGI puede acelerar inversiones; las concesiones pueden mejorar infraestructura y el equilibrio fiscal puede reducir la vulnerabilidad externa. Pero el impacto social dependerá de que esas variables terminen expresándose en más empleo privado, salarios reales, crédito, productividad y oportunidades para las empresas argentinas.

La promesa de Caputo para 2027, en definitiva, no se reduce a que “no falten dólares”. Implica que la Argentina consiga transformar esos dólares en inversión productiva y que la inversión se traduzca en una economía con mayor capacidad de generar riqueza sin volver a depender de ciclos de endeudamiento, emisión o restricciones cambiarias. Allí estará la diferencia entre una estabilización transitoria y un cambio estructural.

Compartí esta noticia !

Passalacqua pidió mirar más al Norte: “Cuando alguien se pierde, no busca el este o el oeste, busca el Norte”

Compartí esta noticia !

Misiones volvió a convertirse en punto de encuentro político del Norte argentino. La 24ª Asamblea de Gobernadores del Norte Grande, realizada en el Parque del Conocimiento de Posadas, reunió a los mandatarios de las diez provincias que integran el bloque con una agenda que tuvo un denominador común: la infraestructura que falta para que el Norte pueda competir en condiciones similares al resto del país.

El gobernador Hugo Passalacqua, anfitrión del encuentro, recibió al jefe de Gabinete nacional, Diego Santilli; al secretario general del Consejo Federal de Inversiones (CFI), Ignacio Lamothe; y a los gobernadores y representantes provinciales del NOA y NEA.

Pero más allá de la agenda técnica, Passalacqua buscó sintetizar el sentido político de la reunión con una frase.

“Los misioneros nos sentimos muy honrados, felices y agradecidos de que hayan elegido Misiones para realizar esta asamblea. Quienes estamos aquí representamos a once millones de personas, y que la gente, especialmente la más sencilla, nos vea trabajando en unidad es fundamental”.

Y agregó: “Esto es el Norte Grande: cuando alguien se pierde, no busca el este ni el oeste, busca el Norte. Es una invitación a que miren un poco más hacia el Norte”.

La metáfora encerró buena parte del mensaje que los gobernadores buscaron llevar a la Nación: la necesidad de incorporar al Norte argentino con mayor peso dentro de las prioridades de inversión, infraestructura y desarrollo del país.

El gas que no llega y el costo industrial 

Uno de los capítulos centrales fue la energía. Y para Misiones el planteo tiene una particularidad: es la única provincia argentina que permanece sin acceso al gas natural por redes.

Passalacqua advirtió que la discusión ya no puede reducirse al consumo domiciliario ni a las necesidades derivadas de las temperaturas.

“En nuestras provincias no tenemos una red de gas adecuada. Tenemos serios problemas de abastecimiento y, en muchos casos, directamente no contamos con el suministro necesario”.

Para el mandatario misionero, detrás de esa carencia existe una cuestión esencialmente productiva.

“El problema energético no es solamente por el frío o por el calor; es principalmente un problema industrial. Nuestras industrias necesitan un suministro energético confiable para funcionar”.

El planteo toca uno de los puntos más sensibles de la competitividad regional. Sin gas natural, buena parte de la estructura productiva misionera debe recurrir a electricidad, biomasa, combustibles líquidos u otras alternativas energéticas, con costos y limitaciones diferentes a los que enfrentan industrias instaladas en provincias conectadas a los grandes sistemas de gasoductos.

Passalacqua utilizó el ejemplo de la forestoindustria para graficar esa brecha.

“No podemos presentar eso como una solución moderna: estamos en el siglo XXI, no en el siglo XIX”.

Para el gobernador, resolver el déficit energético implica atacar simultáneamente “un problema de trabajo, infraestructura, industria y desarrollo regional”.

Por eso pidió avanzar en una discusión concreta con los organismos nacionales y las entidades internacionales de crédito que permita encontrar mecanismos de financiamiento para las obras pendientes.

El Norte Grande llevó su agenda a la Nación

De la Asamblea participaron los gobernadores Gustavo Sáenz, de Salta; Carlos Sadir, de Jujuy; Raúl Jalil, de Catamarca y presidente pro tempore del Norte Grande; Osvaldo Jaldo, de Tucumán; Leandro Zdero, de Chaco; Elías Suárez, de Santiago del Estero; y Juan Pablo Valdés, de Corrientes, además del ministro de Industria de La Rioja, Federico Bazán.

La presencia de Santilli permitió trasladar directamente al Gobierno nacional una agenda que excede las demandas individuales de cada provincia y que pretende consolidarse como una plataforma regional.

Gasoductos, generación y transporte eléctrico, rutas nacionales, obras paralizadas, economías regionales y recursos nacionales estuvieron entre los principales planteos.

Al finalizar la reunión, Santilli reconoció que la cuestión energética ocupó buena parte de las conversaciones.

“Ahora también nos llevamos conceptos que tienen que ver con el tema energía. Mostramos además algunos grados de avance de las obras que van a llegar para el invierno que viene. Es importante en materia de gas, pero también en materia de electricidad”.

El jefe de Gabinete reivindicó además el trabajo conjunto entre Nación y provincias: “Si sirve a los misioneros, sirve a los argentinos, con lo cual vemos que es el camino que hay que seguir”.

Compartí esta noticia !

Jalil, sobre la economía argentina: “Hay sectores que están bien y sectores que están sufriendo esta transición”

Compartí esta noticia !

La 24ª Asamblea de Gobernadores del Norte Grande tendrá este miércoles en Misiones una agenda que combina infraestructura, energía, transporte de gas y desarrollo regional. Pero el encuentro también funciona como una instancia de interlocución política con la Nación, en un momento en que los gobernadores buscan respuestas sobre el financiamiento de obras, el deterioro de las rutas y las condiciones para sostener las economías regionales.

Antes de la reunión en Posadas, el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, puso el acento en una herramienta que, según planteó, debería ordenar la relación entre las provincias y el Gobierno de Javier Milei: el diálogo y el consenso.

Consultado por los planteos judiciales que evalúan los gobernadores por los fondos específicos destinados al mantenimiento de las rutas, Jalil evitó anticipar una estrategia judicial conjunta y señaló que existen conversaciones en desarrollo. “Siempre hemos pensado que a través del diálogo y el consenso es la mejor forma de llevar adelante un acuerdo con el Gobierno nacional”, sostuvo.

La definición adquiere relevancia porque el deterioro de la infraestructura vial se convirtió en uno de los principales puntos de tensión entre las provincias y la Nación. El reclamo excede la discusión presupuestaria: para las economías regionales, la calidad de las rutas determina costos logísticos, acceso a mercados y posibilidades concretas de expansión productiva.

En ese marco, Jalil valoró especialmente la presencia del jefe de Gabinete, Diego Santilli, en la Asamblea. “Agradecemos al jefe de Gabinete que venga”, señaló, al considerar que el encuentro permite debatir directamente con la Nación las demandas de los mandatarios provinciales.

Una economía con ganadores y sectores en transición

Al analizar el escenario económico nacional, Jalil ofreció una lectura menos homogénea que la que surge de los indicadores macroeconómicos. “Hay sectores que están bien, sectores que están sufriendo esta transición económica”, afirmó.

El gobernador catamarqueño reconoció que la desaceleración de la inflación constituye uno de los cambios relevantes del proceso, aunque señaló como contrapartida el impacto sobre el empleo. “La inflación ha bajado, ha generado también un poco de desempleo”, sostuvo.

Su diagnóstico incorpora una cuestión central para las provincias del Norte Grande: la recuperación no se distribuye de manera uniforme entre actividades ni territorios. Mientras algunas cadenas vinculadas a recursos naturales muestran expansión, otras actividades enfrentan mayores dificultades para atravesar el proceso de transformación económica.

Jalil mencionó entre los sectores que actualmente presentan mayor dinamismo a la minería en Catamarca, además del gas y el petróleo en otras provincias. También incluyó a la ganadería entre las actividades que muestran crecimiento.

El dato es significativo para Catamarca, donde la minería ocupa un lugar creciente en la estrategia productiva provincial, pero el propio gobernador evitó presentar esa dinámica como una solución general para toda la economía. Su planteo fue que la transición debe gestionarse mediante acuerdos que contemplen las distintas realidades sectoriales.

“Es importante que esta transición económica, esta materia económica, la hagamos a través del diálogo y el consenso”, sostuvo.

Norte Grande: infraestructura, energía y economías regionales

La Asamblea de Posadas se desarrolla así sobre una tensión doble. Por un lado, los gobernadores reconocen que determinadas variables macroeconómicas muestran una evolución favorable respecto del escenario previo. Por otro, advierten que ese proceso todavía no alcanza de manera homogénea a las actividades productivas y al empleo en las provincias.

Esa diferencia explica buena parte de la agenda regional. El financiamiento de infraestructura, la energía, las rutas y las economías regionales no aparecen como demandas aisladas, sino como condiciones necesarias para que los sectores que hoy tienen capacidad de crecimiento puedan ampliar su impacto sobre el resto de las cadenas productivas.

En paralelo, la discusión nacional por el proyecto de Zonas Frías y la posibilidad de establecer posteriormente un régimen específico para las provincias con temperaturas extremas agrega una dimensión energética a la negociación entre la Nación y los gobernadores.

El desafío para el Norte Grande consiste, entonces, en transformar la Asamblea en una instancia de coordinación que permita convertir reclamos provinciales dispersos en una agenda común. La presencia del jefe de Gabinete ofrece una oportunidad para avanzar en ese sentido, aunque la eficacia del encuentro dependerá de que las conversaciones puedan traducirse posteriormente en obras, financiamiento y políticas concretas.

Jalil también destacó el carácter institucional de la reunión y su presencia en Misiones como una señal de acompañamiento a Hugo Passalacqua. “Venimos a acompañar a un gran gobernador, Hugo Passalacqua”, expresó.

La definición sintetiza el tono con el que Catamarca llega a Posadas: respaldo institucional al anfitrión, disposición al diálogo con la Nación y una advertencia sobre la heterogeneidad de la transición económica. Para los gobernadores del Norte Grande, el punto central ya no parece ser solamente discutir si la economía mejora o empeora, sino determinar qué sectores están capturando esa mejora, cuáles están quedando rezagados y qué políticas pueden acelerar la transmisión del crecimiento hacia el territorio.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin