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Cómo un método innovador logra 70 toneladas por hectárea de mandioca en un año

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Innovación agrícola en Paraguay, un nuevo sistema de plantación de mandioca promete multiplicar el rendimiento hasta 50 kilos por planta

El ingeniero agrónomo Rubén Cañete presentó en Agrodinámica un método de plantación vertical de mandioca que podría elevar la productividad a niveles inéditos para pequeños y medianos productores de la región. La técnica, que combina surcado profundo, fertilización escalonada y riego por goteo, permite pasar de los tradicionales 6 a 10 kilos por planta a 45–50 kilos por planta en un año, lo que equivale a 50 a 70 toneladas por hectárea.

Un cambio técnico que redefine la productividad: plantación vertical, fertilización doble y riego por goteo

Cañete, ingeniero agrónomo jubilado del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Paraguay, detalló que el objetivo central es modificar la forma tradicional de plantar mandioca, históricamente realizada de manera horizontal.

El nuevo enfoque propone: Realizar surcos de 40 cm de profundidad una semana antes de la siembra. Incorporar cal en cada hoyo, tapar, sembrar y luego aplicar la primera fertilización. Repetir la fertilización —“urea más el fertilizante”— entre los 40 y 50 días. Mantener un riego por goteo cada cinco días, durante todo el ciclo.

Hoy estamos con una producción de aproximadamente seis kilos por planta… y con el sistema que queremos implementar podemos llegar a cincuenta kilos por planta”, afirmó el especialista.

El uso de fósforo es clave en la etapa inicial: “¿Por qué más fósforo? Porque necesita mayor cantidad para echar raíz y crecer”.

El esquema se basa en sembrar ramas de aproximadamente 15 cm, cortadas con serrucho —no con machete— para evitar daños en los tejidos laterales. Además, la plantación vertical asegura que la raíz crezca con mayor libertad y acceda a humedad profunda incluso en períodos secos, que suelen concentrarse en enero.

El sistema se complementa con un manejo de distancias: 40 cm entre plantas, 1 metro entre hileras, con la opción de “pelar el tallo” para favorecer la emisión de raíces y, si es posible, aplicar aloe para mejorar el enraizamiento.

Limitantes estructurales y problemas de manejo: semillas degeneradas, heladas y pérdidas por malezas

Durante la entrevista, Cañete señaló que uno de los desafíos más relevantes es la falta de renovación de semillas en los pequeños productores. “El agricultor no cambia su semilla… va degenerando la rama de mandioca”.

A esa dificultad se suma una mala conservación del material de siembra. “Él lo guarda y no lo cubre… viene una helada y cincuenta por ciento del tallo”.

También mencionó errores frecuentes en la selección del tallo. Plantar horquetas (ramas bifurcadas), que dividen la producción. Utilizar tallos delgados, con menor cantidad de agua y resistencia.

Otro problema crítico es la pérdida de plantas durante la carpida, debido a la competencia con malezas. “De los diez mil a doce mil plantas que vos tenés en una hectárea, dos mil quinientas se echan a perder en la carpida”.

Con el sistema recomendado, la preparación profunda del suelo reduce la emergencia de malezas y permite aplicaciones de herbicidas más dirigidas y eficaces.

Diversificación y uso inteligente del suelo: mandioca, maíz y poroto en la misma parcela

Cañete explicó que, junto con la innovación en la plantación de mandioca, se están realizando ensayos de cultivos asociados que mejoran el uso del suelo y aportan beneficios agronómicos.

En las parcelas modelo: Se aplica herbicida, Se planta mandioca, Y cada 20 cm se intercala maíz y poroto. “Tengo que tener una producción de tres mil kilos de maíz por hectárea y una producción de ochocientos a mil kilos de poroto en la misma parcela”, indicó.

La sombra del maíz ayuda a conservar la humedad del suelo y favorece el desarrollo de la mandioca, mientras que las raíces más profundas aprovechan el agua almacenada a mayor profundidad.

Del productor pequeño al agricultor empresario

El ingeniero fue contundente al señalar que la principal limitante es estructural. “El pequeño productor, su nombre lo indica. Nunca dejó de ser pequeño. No creció. Y el agricultor tiene que crecer… tiene que ser empresario”.

Según Cañete, la adopción de técnicas de mayor productividad —surcado profundo, riego por goteo, fertilización específica y selección de semillas— requiere una nueva mentalidad productiva, donde prime la eficiencia, el manejo técnico y la planificación.

La cosecha, por ahora, sigue siendo manual, aunque Cañete sostiene que el objetivo es “mecanizar lo máximo posible”. La propuesta técnica fue presentada en detalle durante su charla, el jueves (04/12) durante Agrodinámica donde mostró parcelas demostrativas y resultados concretos obtenidos con el sistema.

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El INTA recomienda cosechas cada seis meses para mejorar la mecanización de la yerba mate en Misiones

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Un informe técnico del INTA sobre la evolución de la cosecha de yerba mate hacia la mecanización planteó un cambio estructural en los sistemas productivos de Misiones: realizar cosechas más frecuentes, cada seis meses, para mejorar la eficiencia del corte, proteger la estructura de la planta y elevar los rendimientos por hectárea. La recomendación surge de una investigación que comparó distintos períodos de cosecha y evaluó el desempeño de máquinas, el tamaño de los brotes y el impacto sobre el proceso industrial.

La mecanización como oportunidad: resultados del primer informe del INTA

Durante su presentación en la Fiesta Nacional de la Yerba Mate, el ingeniero Federico Enríquez detalló que el estudio se centró en comparar tres modalidades: cosecha mecanizada anual en verano, cosecha mecanizada anual en invierno y cosecha mecanizada cada seis meses.

“La máquina nos da la oportunidad de cosechar en diferentes épocas porque no requiere mucha mano de obra”, explicó.

El análisis reveló que la cosecha cada seis meses ofrece ventajas operativas y productivas. Los brotes tienen un diámetro promedio de seis milímetros, más del 50% por debajo del límite exigido por los secaderos, que piden brotes superiores a 12 mm. Se obtiene una mejor eficiencia de corte, ya que los brotes más finos y uniformes permiten a la cosechadora trabajar en condiciones óptimas. Se reduce el riesgo de generar material leñoso excesivo, lo que evita la necesidad de despalado manual en planta o en la tolva.

En contraste, las cosechas anuales presentan mayor probabilidad de encontrar tallos gruesos en el centro de la mesa, lo que incrementa costos y tiempos de procesamiento.

Efecto en los rendimientos y respuesta agronómica de la yerba mate

El estudio evidenció que la mayor frecuencia de cosecha no solo mejora la eficiencia mecánica, sino que aumenta los rindes en comparación con la cosecha manual tradicional.

“Encontramos mayores rendimientos en las cosechas estivales y en las mecanizadas cada seis meses. No hay diferencias estadísticas entre ambas, pero sí un aumento respecto de la cosecha manual”, señaló Enríquez.

La explicación técnica está en la arquitectura de la planta. La cosecha manual corta dos a tres ramas gruesas, lo que reduce la cantidad de puntos de crecimiento. La cosechadora, al formar mesa de corte, genera más brotes por unidad de superficie, lo que se traduce en mayor volumen recolectable.

Este incremento se observa con mayor claridad a partir del segundo año, siempre que las condiciones climáticas acompañen. Tras años de sequía, el 2024 —según Enríquez— mostró un comportamiento de lluvias más regular, permitiendo validar los resultados positivos.

Recomendaciones técnicas para productores: cómo transitar hacia la mecanización

El informe del INTA también establece una hoja de ruta para los productores que busquen adoptar el sistema mecanizado. La clave está en la preparación de la mesa de corte, proceso que requiere entre dos y tres años.

“Debemos eliminar progresivamente las ramas más gruesas, sin dañar la planta ni generar mortandad”, afirmó Enríquez.

La recomendación concreta es: Primer año: eliminar el 50% de las ramas gruesas. Segundo año: eliminar el porcentaje restante. Tercer año: ingresar con la máquina y finalizar la formación de la mesa de corte.

Con este esquema, se garantiza un equilibrio entre la estructura fisiológica de la planta y la demanda mecánica de la cosechadora, evitando pérdidas futuras.

Impacto para la cadena yerbatera y proyección de la mecanización

La propuesta de avanzar hacia cosechas semestrales y la adopción progresiva de mecanización tiene implicancias económicas relevantes: Reduce la dependencia de mano de obra estacional. Mejora la uniformidad del producto entregado al secadero. Aumenta la productividad en un contexto de costos crecientes y presión competitiva. Alinea al sector con estándares de eficiencia utilizados en cultivos industriales.

La investigación del INTA se presenta como una herramienta estratégica para modernizar la cadena yerbatera, que enfrenta desafíos vinculados a la disponibilidad de mano de obra, la variabilidad climática y la necesidad de aumentar la rentabilidad de los sistemas productivos.

El informe:

Respuesta de Planta Bajo Diferentes Sistemas de Cosecha Yerba Mate by CristianMilciades

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Misiones impulsa la producción de palta Hass con investigación genética y manejo sustentable

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La Estación Experimental Agropecuaria de INTA Montecarlo avanza en el desarrollo científico y productivo de la palta Hass, un cultivo que se consolida como alternativa rentable y estratégica en el norte misionero. Ensayos de genética, nutrición y manejo de suelo buscan adaptar el fruto al ecosistema subtropical de la región y fortalecer la diversificación agrícola provincial.

Una historia de adaptación: de la crisis citrícola al auge de la palta

La palta Hass, reconocida mundialmente por su alta demanda y valor comercial, comenzó su historia en Misiones en la década de 1970, cuando distintos productores buscaron alternativas frente a la crisis del citrus. Las primeras experiencias, impulsadas por técnicos y agricultores de la zona centro y norte de la provincia, marcaron el inicio de un proceso que hoy cobra nueva fuerza gracias al trabajo científico del INTA Montecarlo.

Actualmente, el cultivo se expande en localidades como Campo Grande, San Vicente, Jardín América y Comandante Andresito, donde las condiciones agroclimáticas —alta humedad, suelos fértiles y temperaturas templadas— favorecen el desarrollo de la variedad Hass, de gran aceptación en los mercados nacionales e internacionales.

“El valor sostenido de la fruta y su buena adaptación explican el interés creciente de los productores”, señaló el ingeniero agrónomo Luis Acuña, investigador del INTA.

El especialista explicó que, a diferencia de otras provincias productoras, Misiones ofrece un entorno de biodiversidad que permite innovar en técnicas de manejo y combinar el cultivo con sistemas agroforestales, reduciendo la presión sobre el suelo y mejorando la rentabilidad a mediano plazo.

Ciencia aplicada: genética, nutrición y manejo de suelo

El equipo técnico del INTA Montecarlo desarrolla una línea de investigación integral centrada en tres ejes: genética adaptada, nutrición equilibrada y suelos sanos.

“El éxito productivo depende de una tríada: genética, nutrición y suelo”, resume Acuña, quien coordina los ensayos experimentales en Cruce Caballero y Andresito, orientados a mejorar el rendimiento y la calidad del fruto.

Los estudios incluyen el uso de nanofertilizantes y la evaluación de diferentes porta injertos para determinar cuál ofrece mejor comportamiento ante las condiciones específicas de Misiones. Al mismo tiempo, se trabaja en la certificación de yemas y en la producción de plantines de alta calidad genética, un factor decisivo para garantizar la homogeneidad del cultivo.

“Desde INTA estamos acompañando a los productores con información técnica y genética validada localmente, porque cada suelo y cada microclima de Misiones exige un manejo diferenciado”, explicó Acuña.

Estas acciones forman parte de un programa de fortalecimiento de la fruticultura regional que busca integrar investigación, innovación y asistencia técnica para consolidar a la palta como una alternativa económica y sostenible dentro de la matriz agroproductiva provincial.

Un cultivo estratégico para la diversificación productiva

Con un mercado interno en expansión y creciente demanda externa, la palta Hass se perfila como una cadena de valor emergente en el norte argentino. En el contexto de Misiones, el cultivo representa una opción viable para productores medianos y pequeños que buscan diversificar su actividad frente a los desafíos de la agricultura tradicional.

Los precios internacionales y la posibilidad de generar valor agregado en origen —mediante procesos de empaque, aceites y derivados— posicionan a la palta como un producto de exportación potencial, con impactos positivos sobre el empleo rural y la economía regional.

“El cultivo llegó para quedarse”, afirma Acuña, destacando el trabajo conjunto entre instituciones públicas, productores y cooperativas que apuestan a un modelo de desarrollo basado en la innovación tecnológica, la sustentabilidad ambiental y la inclusión productiva.

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