innovación agrícola

Misiones impulsa el café como alternativa productiva y activa ensayos técnicos con evaluación en 2026

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El Gobierno de Misiones, a través del Ministerio del Agro y la Producción, profundiza la evaluación del cultivo de café como alternativa productiva en la provincia y convocó a una jornada técnica el próximo 28 de abril en Eldorado. La iniciativa se apoya en ensayos experimentales ya implantados en tres localidades y apunta a determinar si el café puede integrarse a la matriz productiva local bajo condiciones específicas, con impacto potencial en la diversificación económica del sector agropecuario.

El inicio de “Producción de Café en Argentina: ¿una oportunidad para Misiones?” estará a cargo del ingeniero agrónomo Tomás Forte, de Patio Café (Salta), quien expondrá sobre el mercado del café en Argentina, las generalidades del cultivo, las variedades disponibles y las experiencias productivas y comerciales desarrolladas en el país y en la región. Luego, el ingeniero agrónomo Diego Chifarelli (INTA AER Eldorado – FCF) presentará una exposición sobre las enseñanzas del paisaje productivo cafetero en Colombia, aportando una mirada comparativa sobre modelos de producción y organización del cultivo.

Por su parte, el ingeniero agrónomo Guillermo Reutemann, del Ministerio del Agro y la Producción, detallará las acciones que la provincia viene llevando adelante para evaluar la factibilidad del cultivo de café en Misiones, incluyendo los avances técnicos y las experiencias a campo. La jornada se completará con la presentación de los ingenieros Hernán Sosa y Pedro Pietrukiewicz, docentes de la Facultad de Ciencias Forestales y la Escuela Agrotécnica Eldorado, quienes compartirán el ensayo de establecimiento de café en la zona Eldorado y los resultados preliminares del trabajo experimental.

Además de las exposiciones, se realizará una visita al lote experimental de café implantado en la Escuela Agrotécnica de Eldorado, donde el Ministerio del Agro y la Producción viene desarrollando ensayos para evaluar la adaptación del cultivo en condiciones locales.

Diversificación productiva: el café entra en agenda oficial

La estrategia se inscribe en una línea de política productiva orientada a reducir la dependencia de cultivos tradicionales y abrir nuevas cadenas de valor. El proceso comenzó a inicios de 2025 con la conformación de un esquema técnico interinstitucional que articula al Ministerio del Agro, Biofábrica Misiones, el Instituto Misionero del Suelo, el INTA y otras entidades.

Según lo informado, el objetivo central es generar “información técnica propia” que permita evaluar la factibilidad del cultivo en condiciones locales. El ministro del Agro, Facundo López Sartori, explicó que el enfoque busca “avanzar con una mirada estratégica sobre la diversificación productiva”, evitando decisiones prematuras sin respaldo agronómico.

En ese marco, la jornada “Producción de Café en Argentina: ¿una oportunidad para Misiones?” funcionará como instancia de validación técnica y debate sectorial. Participarán especialistas del sector privado, técnicos del INTA y académicos, con foco en experiencias nacionales e internacionales, incluyendo modelos productivos de países como Colombia.

Ensayos a campo: tres zonas, cuatro variedades y modelo agroforestal

El núcleo del programa se desarrolla en ensayos exploratorios implantados entre junio y diciembre de 2025 en tres puntos estratégicos: Escuela Agrotécnica de Eldorado; Centro Hortícola de San Vicente y Cooperativa Agropecuaria Yapeyú Limitada (Guaraní)

En estos sitios se evalúan cuatro variedades: Geisha, C3 (Catuaí 3), Arará (todas de Coffea arábica) y una genética local de Coffea robusta. El diseño agronómico incorpora sistemas agroforestales, integrando el café con especies nativas o forestales, con marcos de plantación de 2,5 x 1,5 metros.

El esquema busca medir variables clave: Adaptación al clima misionero. Resistencia sanitaria. Comportamiento nutricional. Y rendimiento y calidad del grano

Además, se testean distintos entornos productivos: desde parcelas con especies nativas (como cedro o guatambú) hasta sistemas bajo Pinus elliottii con riego. También se incorporan bioinsumos, como fertilizantes biológicos desarrollados por Biofábrica Misiones.

Un antecedente relevante es la experiencia en Campo Grande, donde el cultivo se discontinuó por problemas sanitarios y de competitividad. Ese historial forma parte del análisis actual para evitar replicar fallas estructurales.

Costos logísticos, agregado de valor y riesgo productivo

Desde una lectura económica, el avance del café como cultivo alternativo podría abrir una nueva cadena de valor en la provincia, con potencial impacto en: Diversificación de ingresos para pequeños y medianos productores. Generación de valor agregado en origen (industrialización del grano). Inserción en mercados de nicho, especialmente café de especialidad

Sin embargo, el proceso aún está en fase experimental. El propio esquema técnico reconoce que el café requiere condiciones específicas, como protección contra heladas y manejo intensivo, además de una etapa industrial clave para evaluar la calidad final del producto.

En términos de actores, el programa fortalece la articulación público-privada y el rol de organismos técnicos, mientras que mantiene en evaluación la incorporación futura del sector productivo a escala comercial.

Una alternativa en análisis para la chacra misionera

Aunque no hay definiciones productivas inmediatas, el enfoque tiene implicancias directas para la región NEA. Misiones busca posicionarse como laboratorio de nuevas alternativas agrícolas, en un contexto donde la rentabilidad de cultivos tradicionales enfrenta desafíos estructurales.

La posibilidad de incorporar café podría reconfigurar esquemas productivos en zonas específicas, aunque condicionado por variables climáticas, sanitarias y de mercado.

Evaluación clave en 2026

El proceso entrará en una etapa decisiva en la primavera de 2026, cuando se realice la evaluación integral de los ensayos. Allí se analizarán: Crecimiento vegetativo. Adaptación al entorno. Resultados productivos preliminares

Ese diagnóstico permitirá definir si el café avanza hacia una escala productiva o permanece como cultivo experimental.

Por ahora, la política oficial mantiene una postura prudente: acumular evidencia antes de promover inversiones masivas. La jornada técnica en Eldorado aparece como un paso intermedio en ese proceso de validación.

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Startup misionera desarrolla biopesticida para frenar la plaga que amenaza la citricultura

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En un contexto en el que la citricultura enfrenta una de sus amenazas sanitarias más severas, una startup surgida de investigadores del CONICET avanza en el desarrollo de un biopesticida específico contra la chicharrita, el insecto que transmite la bacteria responsable del HLB, una enfermedad que puede devastar plantaciones de cítricos. El proyecto, impulsado por la empresa RNAgro y liderado en su dimensión científica por la biotecnóloga María José Blariza, se encuentra en etapa de patentamiento y ensayos regulatorios, con la expectativa de contar con un primer producto comercializable en aproximadamente 18 meses.

La iniciativa no surge de un laboratorio aislado sino de una línea de investigación científica que busca convertirse en tecnología aplicada. La pregunta que sobrevuela el desarrollo es estratégica: ¿puede una solución biotecnológica local cambiar el modo en que se combate una de las enfermedades más destructivas de la citricultura mundial?

De la investigación científica a la creación de una empresa biotecnológica

El origen del proyecto se encuentra en investigaciones desarrolladas dentro del CONICET, donde dos de los fundadores de la empresa trabajan como investigadores. A ese núcleo científico se sumó un tercer socio especializado en el área de negocios, lo que permitió transformar resultados de laboratorio en un emprendimiento tecnológico con potencial aplicación productiva.

Según explicó Blariza, el trabajo inicial consistió en estudiar genes involucrados en los procesos reproductivos y de supervivencia de insectos vectores de enfermedades. Esa línea de investigación permitió identificar mecanismos que, al ser intervenidos, podrían limitar la reproducción del insecto o incluso provocar su muerte.

A partir de esos resultados, el equipo decidió avanzar en una solución orientada a un problema concreto de la producción regional: el control de la chicharrita que transmite el HLB en cítricos.

La tecnología que desarrollan busca interferir en genes específicos del insecto, afectando su reproducción o su supervivencia. El rasgo distintivo del producto es su altísimo grado de especificidad: actúa únicamente sobre la plaga objetivo.

Ese punto es central en el planteo científico del proyecto. A diferencia de los pesticidas químicos tradicionales, el biopesticida está diseñado para no afectar otros organismos del ecosistema, como abejas u otros insectos beneficiosos.

Un biopesticida específico que se degrada sin dejar residuos

La tecnología que desarrolla RNAgro introduce un cambio conceptual en el control de plagas.

El producto se aplica sobre las plantaciones, entra en contacto con el insecto y genera el efecto biológico deseado —interrumpir la reproducción o reducir la supervivencia—, pero se degrada con el tiempo sin dejar residuos en las plantas, el suelo o los frutos.

Esto marca una diferencia relevante respecto de los pesticidas químicos tradicionales, que suelen tener impactos más amplios sobre el ambiente y la biodiversidad, además de generar residuos en los alimentos.

El enfoque responde a una tendencia global que busca reemplazar insumos químicos por soluciones más específicas y ambientalmente amigables, una transformación que Blariza describe como una “oleada verde” dentro de la agricultura moderna.

Además, el diseño molecular del biopesticida evita otro problema frecuente en el manejo de plagas: la aparición de resistencia.

Cuando los pesticidas convencionales se utilizan de manera intensiva, las poblaciones de insectos pueden desarrollar adaptaciones que reducen su eficacia. La estrategia genética, en cambio, apunta a intervenir procesos biológicos específicos que limitan esa capacidad de adaptación.

El HLB, la enfermedad que amenaza a toda la citricultura

La investigación se focaliza en una de las enfermedades más devastadoras para los cítricos: el HLB, causado por una bacteria que se disemina a través de la chicharrita.

La dinámica de la enfermedad presenta una dificultad adicional: los síntomas visibles en las plantas aparecen entre seis meses y un año después de la infección. Durante ese tiempo, el insecto vector puede trasladar la bacteria a numerosas plantas dentro de la misma plantación.

El resultado es una degradación progresiva de la producción: frutos deformes, con sabor ácido o agrio, que terminan fuera del circuito comercial.

La gravedad del problema ya se observó en otros países productores. En regiones citrícolas clave de Estados Unidos, como Florida, la enfermedad provocó caídas de producción cercanas al 90%, un antecedente que dimensiona el impacto potencial sobre economías regionales dependientes de esta actividad.

El protocolo actual frente a la detección de una planta infectada refleja esa gravedad: la única solución disponible es erradicar y quemar la plantación afectada.

Para los productores, esa medida implica un golpe económico inmediato que no sólo afecta a la explotación agrícola sino también a las familias que dependen de ella.

Ensayos regulatorios y una posible salida tecnológica para el sector

El desarrollo del biopesticida atraviesa ahora una etapa clave.

El equipo ya inició el proceso de solicitud de patente, mientras se preparan los ensayos regulatorios ante el SENASA, paso indispensable para validar el producto antes de su comercialización.

La estimación del equipo es contar con un primer MVP (producto mínimo viable) en aproximadamente 18 meses, con el objetivo de iniciar su aplicación inicialmente en Misiones.

La elección de la provincia no es casual. Según explicó Blariza, Misiones se considera la puerta de entrada del HLB en la región, lo que convierte al territorio en un escenario clave para la prevención y el control sanitario.

El impacto potencial, sin embargo, trasciende la provincia. Aunque el NOA —principal región productora de limones del país— todavía no registra la enfermedad, sí está presente el insecto vector, lo que abre la posibilidad de utilizar la tecnología como herramienta preventiva.

Una tecnología con potencial regional y global

El problema sanitario que intenta resolver la startup no es local.

El HLB afecta a grandes productores internacionales de cítricos como Estados Unidos, Brasil y China, donde la enfermedad generó pérdidas significativas en la producción.

Si los ensayos regulatorios confirman la eficacia del biopesticida, el desarrollo podría transformarse en una herramienta relevante no sólo para la citricultura argentina sino también para otros mercados internacionales.

Por ahora, el proyecto se encuentra en una etapa temprana de desarrollo empresarial. El equipo fundador está compuesto por investigadores del CONICET y profesionales del área de negocios, junto a colaboradores en el campo científico.

La evolución de los ensayos regulatorios, la validación tecnológica y la futura estrategia de escalamiento productivo marcarán el rumbo del emprendimiento.

Mientras tanto, el proyecto plantea una posibilidad concreta: que una solución biotecnológica desarrollada desde la investigación pública encuentre un lugar en la cadena productiva y abra una nueva estrategia contra una de las plagas más destructivas de la citricultura.

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Cómo un método innovador logra 70 toneladas por hectárea de mandioca en un año

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Innovación agrícola en Paraguay, un nuevo sistema de plantación de mandioca promete multiplicar el rendimiento hasta 50 kilos por planta

El ingeniero agrónomo Rubén Cañete presentó en Agrodinámica un método de plantación vertical de mandioca que podría elevar la productividad a niveles inéditos para pequeños y medianos productores de la región. La técnica, que combina surcado profundo, fertilización escalonada y riego por goteo, permite pasar de los tradicionales 6 a 10 kilos por planta a 45–50 kilos por planta en un año, lo que equivale a 50 a 70 toneladas por hectárea.

Un cambio técnico que redefine la productividad: plantación vertical, fertilización doble y riego por goteo

Cañete, ingeniero agrónomo jubilado del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Paraguay, detalló que el objetivo central es modificar la forma tradicional de plantar mandioca, históricamente realizada de manera horizontal.

El nuevo enfoque propone: Realizar surcos de 40 cm de profundidad una semana antes de la siembra. Incorporar cal en cada hoyo, tapar, sembrar y luego aplicar la primera fertilización. Repetir la fertilización —“urea más el fertilizante”— entre los 40 y 50 días. Mantener un riego por goteo cada cinco días, durante todo el ciclo.

Hoy estamos con una producción de aproximadamente seis kilos por planta… y con el sistema que queremos implementar podemos llegar a cincuenta kilos por planta”, afirmó el especialista.

El uso de fósforo es clave en la etapa inicial: “¿Por qué más fósforo? Porque necesita mayor cantidad para echar raíz y crecer”.

El esquema se basa en sembrar ramas de aproximadamente 15 cm, cortadas con serrucho —no con machete— para evitar daños en los tejidos laterales. Además, la plantación vertical asegura que la raíz crezca con mayor libertad y acceda a humedad profunda incluso en períodos secos, que suelen concentrarse en enero.

El sistema se complementa con un manejo de distancias: 40 cm entre plantas, 1 metro entre hileras, con la opción de “pelar el tallo” para favorecer la emisión de raíces y, si es posible, aplicar aloe para mejorar el enraizamiento.

Limitantes estructurales y problemas de manejo: semillas degeneradas, heladas y pérdidas por malezas

Durante la entrevista, Cañete señaló que uno de los desafíos más relevantes es la falta de renovación de semillas en los pequeños productores. “El agricultor no cambia su semilla… va degenerando la rama de mandioca”.

A esa dificultad se suma una mala conservación del material de siembra. “Él lo guarda y no lo cubre… viene una helada y cincuenta por ciento del tallo”.

También mencionó errores frecuentes en la selección del tallo. Plantar horquetas (ramas bifurcadas), que dividen la producción. Utilizar tallos delgados, con menor cantidad de agua y resistencia.

Otro problema crítico es la pérdida de plantas durante la carpida, debido a la competencia con malezas. “De los diez mil a doce mil plantas que vos tenés en una hectárea, dos mil quinientas se echan a perder en la carpida”.

Con el sistema recomendado, la preparación profunda del suelo reduce la emergencia de malezas y permite aplicaciones de herbicidas más dirigidas y eficaces.

Diversificación y uso inteligente del suelo: mandioca, maíz y poroto en la misma parcela

Cañete explicó que, junto con la innovación en la plantación de mandioca, se están realizando ensayos de cultivos asociados que mejoran el uso del suelo y aportan beneficios agronómicos.

En las parcelas modelo: Se aplica herbicida, Se planta mandioca, Y cada 20 cm se intercala maíz y poroto. “Tengo que tener una producción de tres mil kilos de maíz por hectárea y una producción de ochocientos a mil kilos de poroto en la misma parcela”, indicó.

La sombra del maíz ayuda a conservar la humedad del suelo y favorece el desarrollo de la mandioca, mientras que las raíces más profundas aprovechan el agua almacenada a mayor profundidad.

Del productor pequeño al agricultor empresario

El ingeniero fue contundente al señalar que la principal limitante es estructural. “El pequeño productor, su nombre lo indica. Nunca dejó de ser pequeño. No creció. Y el agricultor tiene que crecer… tiene que ser empresario”.

Según Cañete, la adopción de técnicas de mayor productividad —surcado profundo, riego por goteo, fertilización específica y selección de semillas— requiere una nueva mentalidad productiva, donde prime la eficiencia, el manejo técnico y la planificación.

La cosecha, por ahora, sigue siendo manual, aunque Cañete sostiene que el objetivo es “mecanizar lo máximo posible”. La propuesta técnica fue presentada en detalle durante su charla, el jueves (04/12) durante Agrodinámica donde mostró parcelas demostrativas y resultados concretos obtenidos con el sistema.

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El INTA recomienda cosechas cada seis meses para mejorar la mecanización de la yerba mate en Misiones

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Un informe técnico del INTA sobre la evolución de la cosecha de yerba mate hacia la mecanización planteó un cambio estructural en los sistemas productivos de Misiones: realizar cosechas más frecuentes, cada seis meses, para mejorar la eficiencia del corte, proteger la estructura de la planta y elevar los rendimientos por hectárea. La recomendación surge de una investigación que comparó distintos períodos de cosecha y evaluó el desempeño de máquinas, el tamaño de los brotes y el impacto sobre el proceso industrial.

La mecanización como oportunidad: resultados del primer informe del INTA

Durante su presentación en la Fiesta Nacional de la Yerba Mate, el ingeniero Federico Enríquez detalló que el estudio se centró en comparar tres modalidades: cosecha mecanizada anual en verano, cosecha mecanizada anual en invierno y cosecha mecanizada cada seis meses.

“La máquina nos da la oportunidad de cosechar en diferentes épocas porque no requiere mucha mano de obra”, explicó.

El análisis reveló que la cosecha cada seis meses ofrece ventajas operativas y productivas. Los brotes tienen un diámetro promedio de seis milímetros, más del 50% por debajo del límite exigido por los secaderos, que piden brotes superiores a 12 mm. Se obtiene una mejor eficiencia de corte, ya que los brotes más finos y uniformes permiten a la cosechadora trabajar en condiciones óptimas. Se reduce el riesgo de generar material leñoso excesivo, lo que evita la necesidad de despalado manual en planta o en la tolva.

En contraste, las cosechas anuales presentan mayor probabilidad de encontrar tallos gruesos en el centro de la mesa, lo que incrementa costos y tiempos de procesamiento.

Efecto en los rendimientos y respuesta agronómica de la yerba mate

El estudio evidenció que la mayor frecuencia de cosecha no solo mejora la eficiencia mecánica, sino que aumenta los rindes en comparación con la cosecha manual tradicional.

“Encontramos mayores rendimientos en las cosechas estivales y en las mecanizadas cada seis meses. No hay diferencias estadísticas entre ambas, pero sí un aumento respecto de la cosecha manual”, señaló Enríquez.

La explicación técnica está en la arquitectura de la planta. La cosecha manual corta dos a tres ramas gruesas, lo que reduce la cantidad de puntos de crecimiento. La cosechadora, al formar mesa de corte, genera más brotes por unidad de superficie, lo que se traduce en mayor volumen recolectable.

Este incremento se observa con mayor claridad a partir del segundo año, siempre que las condiciones climáticas acompañen. Tras años de sequía, el 2024 —según Enríquez— mostró un comportamiento de lluvias más regular, permitiendo validar los resultados positivos.

Recomendaciones técnicas para productores: cómo transitar hacia la mecanización

El informe del INTA también establece una hoja de ruta para los productores que busquen adoptar el sistema mecanizado. La clave está en la preparación de la mesa de corte, proceso que requiere entre dos y tres años.

“Debemos eliminar progresivamente las ramas más gruesas, sin dañar la planta ni generar mortandad”, afirmó Enríquez.

La recomendación concreta es: Primer año: eliminar el 50% de las ramas gruesas. Segundo año: eliminar el porcentaje restante. Tercer año: ingresar con la máquina y finalizar la formación de la mesa de corte.

Con este esquema, se garantiza un equilibrio entre la estructura fisiológica de la planta y la demanda mecánica de la cosechadora, evitando pérdidas futuras.

Impacto para la cadena yerbatera y proyección de la mecanización

La propuesta de avanzar hacia cosechas semestrales y la adopción progresiva de mecanización tiene implicancias económicas relevantes: Reduce la dependencia de mano de obra estacional. Mejora la uniformidad del producto entregado al secadero. Aumenta la productividad en un contexto de costos crecientes y presión competitiva. Alinea al sector con estándares de eficiencia utilizados en cultivos industriales.

La investigación del INTA se presenta como una herramienta estratégica para modernizar la cadena yerbatera, que enfrenta desafíos vinculados a la disponibilidad de mano de obra, la variabilidad climática y la necesidad de aumentar la rentabilidad de los sistemas productivos.

El informe:

Respuesta de Planta Bajo Diferentes Sistemas de Cosecha Yerba Mate by CristianMilciades

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Misiones impulsa la producción de palta Hass con investigación genética y manejo sustentable

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La Estación Experimental Agropecuaria de INTA Montecarlo avanza en el desarrollo científico y productivo de la palta Hass, un cultivo que se consolida como alternativa rentable y estratégica en el norte misionero. Ensayos de genética, nutrición y manejo de suelo buscan adaptar el fruto al ecosistema subtropical de la región y fortalecer la diversificación agrícola provincial.

Una historia de adaptación: de la crisis citrícola al auge de la palta

La palta Hass, reconocida mundialmente por su alta demanda y valor comercial, comenzó su historia en Misiones en la década de 1970, cuando distintos productores buscaron alternativas frente a la crisis del citrus. Las primeras experiencias, impulsadas por técnicos y agricultores de la zona centro y norte de la provincia, marcaron el inicio de un proceso que hoy cobra nueva fuerza gracias al trabajo científico del INTA Montecarlo.

Actualmente, el cultivo se expande en localidades como Campo Grande, San Vicente, Jardín América y Comandante Andresito, donde las condiciones agroclimáticas —alta humedad, suelos fértiles y temperaturas templadas— favorecen el desarrollo de la variedad Hass, de gran aceptación en los mercados nacionales e internacionales.

“El valor sostenido de la fruta y su buena adaptación explican el interés creciente de los productores”, señaló el ingeniero agrónomo Luis Acuña, investigador del INTA.

El especialista explicó que, a diferencia de otras provincias productoras, Misiones ofrece un entorno de biodiversidad que permite innovar en técnicas de manejo y combinar el cultivo con sistemas agroforestales, reduciendo la presión sobre el suelo y mejorando la rentabilidad a mediano plazo.

Ciencia aplicada: genética, nutrición y manejo de suelo

El equipo técnico del INTA Montecarlo desarrolla una línea de investigación integral centrada en tres ejes: genética adaptada, nutrición equilibrada y suelos sanos.

“El éxito productivo depende de una tríada: genética, nutrición y suelo”, resume Acuña, quien coordina los ensayos experimentales en Cruce Caballero y Andresito, orientados a mejorar el rendimiento y la calidad del fruto.

Los estudios incluyen el uso de nanofertilizantes y la evaluación de diferentes porta injertos para determinar cuál ofrece mejor comportamiento ante las condiciones específicas de Misiones. Al mismo tiempo, se trabaja en la certificación de yemas y en la producción de plantines de alta calidad genética, un factor decisivo para garantizar la homogeneidad del cultivo.

“Desde INTA estamos acompañando a los productores con información técnica y genética validada localmente, porque cada suelo y cada microclima de Misiones exige un manejo diferenciado”, explicó Acuña.

Estas acciones forman parte de un programa de fortalecimiento de la fruticultura regional que busca integrar investigación, innovación y asistencia técnica para consolidar a la palta como una alternativa económica y sostenible dentro de la matriz agroproductiva provincial.

Un cultivo estratégico para la diversificación productiva

Con un mercado interno en expansión y creciente demanda externa, la palta Hass se perfila como una cadena de valor emergente en el norte argentino. En el contexto de Misiones, el cultivo representa una opción viable para productores medianos y pequeños que buscan diversificar su actividad frente a los desafíos de la agricultura tradicional.

Los precios internacionales y la posibilidad de generar valor agregado en origen —mediante procesos de empaque, aceites y derivados— posicionan a la palta como un producto de exportación potencial, con impactos positivos sobre el empleo rural y la economía regional.

“El cultivo llegó para quedarse”, afirma Acuña, destacando el trabajo conjunto entre instituciones públicas, productores y cooperativas que apuestan a un modelo de desarrollo basado en la innovación tecnológica, la sustentabilidad ambiental y la inclusión productiva.

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