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Misiones fortalece la producción hortícola con una red de plantineras

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La provincia de Misiones continúa consolidando una política pública orientada al fortalecimiento de las economías regionales de producción hortícola y la diversificación productiva con la inauguración de la décima plantinera provincial, ubicada en la Escuela de Familia Agraria (EFA) de El Soberbio. La infraestructura fue desarrollada por el Ministerio del Agro y la Producción en articulación con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, la Municipalidad de El Soberbio, la Escuela de Familia Agraria y la Cooperativa Monte Nativa, con el objetivo de potenciar la producción de plantines de calidad, reducir costos para los productores y generar un nuevo espacio de capacitación para estudiantes y familias rurales.

La nueva plantinera cuenta con una capacidad instalada para producir entre 90.000 y 100.000 plantines hortícolas por mes. Su diseño permitirá adaptar la producción a las demandas del territorio mediante un funcionamiento dinámico y sectorizado, destinado a especies hortícolas, ornamentales, forestales y frutales, acompañando los ciclos productivos y las necesidades de cada época del año.

Uno de los principales beneficios será el acceso a plantines de calidad para los productores de El Soberbio y zonas cercanas. Hasta el momento, muchas familias debían trasladarse a municipios como San Vicente o Dos de Mayo para adquirirlos, afrontando mayores costos logísticos. Con esta nueva infraestructura, los plantines estarán disponibles en el propio municipio a un valor que contempla únicamente la reposición de los insumos necesarios para sostener el sistema, favoreciendo una producción más eficiente y accesible.

La producción de plantines también representa una mejora concreta para la horticultura local. Al recibir las bandejas listas para el trasplante, los productores reducen tiempos de trabajo en vivero, implantan los cultivos de manera inmediata y pueden obtener cosechas en aproximadamente treinta días, optimizando la planificación de la producción y la disponibilidad de alimentos para el consumo y la comercialización.

Además de fortalecer la producción, la plantinera funcionará como un espacio permanente de formación. Al estar emplazada dentro de la Escuela de Familia Agraria, permitirá que estudiantes y futuros productores incorporen conocimientos sobre tecnologías aplicadas a la producción de plantines, vinculando la formación técnica con las necesidades reales del sector agropecuario. En este marco, el equipo responsable de la puesta en funcionamiento de la infraestructura recibió previamente una capacitación en el Centro de Producción y Validación de Tecnologías Hortícolas de San Vicente, donde adquirió las herramientas técnicas necesarias para garantizar una producción eficiente y de calidad. Cabe destacar además la articulación estratégica con el INTA, cuya capacidad técnica y presencia territorial resultan fundamentales para acompañar la implementación de tecnologías y el fortalecimiento de los sistemas productivos locales.

La Cooperativa Monte Nativa tendrá un rol central en el funcionamiento de la plantinera, aportando personal para su operación diaria. Junto con la Escuela de Familia Agraria impulsará además una experiencia inédita para este tipo de instituciones en Misiones: la implementación de una base experimental de sistemas agroforestales destinada a la formación, la validación de tecnologías y el acompañamiento a productores interesados en incorporar modelos productivos más sostenibles.

Facundo López Sartori, titular de la cartera agraria, destacó que con esta inauguración “Misiones alcanza las diez plantineras construidas en distintos municipios como parte de una estrategia provincial que combina infraestructura, asistencia técnica y capacitación para fortalecer las economías regionales”. Además, agregó que la red continuará expandiéndose con nuevas plantineras proyectadas para Cerro Azul, Leandro N. Alem, Ruiz de Montoya, General Alvear y Posadas, esta última en articulación con la Escuela Secundaria de Innovación.

Asimismo, el director de Planificación de Políticas Rurales, Alex Schuster, indicó que “cada uno de estos nuevos espacios responderá a las características productivas de su territorio”. En Leandro N. Alem, la plantinera formará parte del nuevo polo productivo impulsado por el municipio camino a su centenario, con un perfil orientado a especies forestales, ornamentales y hortícolas. En General Alvear la infraestructura ya se encuentra en construcción, mientras que Cerro Azul, Ruiz de Montoya y Posadas ampliarán la capacidad provincial para producir plantines de calidad, fortalecer la capacitación técnica y acompañar el crecimiento de las familias productoras.

Este proyecto es el resultado del trabajo articulado entre el Ministerio del Agro y la Producción, el INTA, la Municipalidad de El Soberbio, la Escuela de Familia Agraria y la Cooperativa Monte Nativa, consolidando un modelo de cooperación entre el Estado, las instituciones educativas y las organizaciones de productores para impulsar el desarrollo rural, agregar valor en origen y fortalecer el arraigo de las familias en el territorio.

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La ganadería del Alto Uruguay triplicó su rodeo en dos décadas de trabajo con el INTA

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Lo que comenzó en 2006 como la iniciativa de un grupo de pequeños productores para fortalecer la ganadería terminó convirtiéndose en un proceso de desarrollo territorial. Con el acompañamiento sostenido de la extensión rural del INTA, la Asociación Agropecuaria Forestal de Alba Posse impulsó mejoras productivas, fortaleció la organización de los productores y hoy continúa expandiendo sus servicios y proyectos.

Hoy, en un predio de seis hectáreas, avanzan las obras de lo que será un espacio más para los remates ganaderos de la provincia. Allí se construyen alrededor de 60 corrales con capacidad para más de 2.500 animales, una infraestructura pensada para acompañar el crecimiento del sector durante las próximas décadas.

Sin embargo, la historia comenzó mucho antes de esta obra. En 2006, la ganadería era apenas una actividad complementaria para muchas familias de los municipios de Alba Posse y parte de 25 de Mayo. La mayoría de los productores provenía del tabaco, tenía rodeos pequeños y escasas posibilidades de invertir. Fue en ese contexto cuando nació la Asociación Agropecuaria Forestal Alba Posse y comenzó un proceso de acompañamiento técnico impulsado por la Agencia de Extensión Rural Santa Rita del INTA, que continúa en la actualidad formalizada ya mediante un convenio de trabajo con la organización.

Una asistencia técnica que evolucionó junto a los productores

Las primeras acciones estuvieron orientadas a mejorar las pasturas, fortalecer la infraestructura predial y promover capacitaciones para incorporar nuevas prácticas de manejo. A medida que la organización fue creciendo, también cambiaron las demandas y el rol de la asistencia técnica.

El trabajo comenzó a enfocarse en el mejoramiento genético de los rodeos, la producción de reservas forrajeras para el invierno, la planificación de los sistemas ganaderos y la incorporación de tecnologías adaptadas a las condiciones del Alto Uruguay.

“El INTA siempre vino acompañando a los productores de esta asociación. Primero con proyectos para mejorar la infraestructura y después con capacitaciones permanentes y asistencia técnica en todos los aspectos de la producción”, resumió Eliseo Cornelius, jefe de la Agencia de Extensión Rural Santa Rita.

Los resultados comenzaron a reflejarse en los establecimientos. En menos de dos décadas, la cantidad de bovinos de la zona pasó de unas 3.500 a alrededor de 11.000 cabezas, mientras que la incorporación de razas como Braford y Brangus permitió mejorar la calidad genética de los rodeos.

Cuando la organización multiplica las oportunidades

Uno de los cambios más importante no se da solamente en lo productivo, sino en el aspecto organizativo. En 2018 la asociación adquirió un conjunto de maquinarias para la preparación de suelos, Siembra de granos, cosechadora de grano, secadora de grano y ensiladora para la confección de reservas forrajeras, un servicio que hoy beneficia tanto a socios como a otros productores de la región. En una zona donde históricamente el acceso a este tipo de equipos era muy limitado, la maquinaria compartida permitió reducir costos y facilitar la incorporación de nuevas tecnologías.

El trabajo conjunto también dio lugar a un semillero de especies forrajeras adaptadas a las condiciones del Alto Uruguay. Desde allí se multiplican materiales que luego son entregados gratuitamente a los productores para mejorar la alimentación del ganado y aumentar la productividad de los establecimientos.

Actualmente, la asociación reúne a 68 productores y presta servicios a cerca de 250 establecimientos ganaderos del Alto Uruguay, convirtiéndose en un actor clave para el desarrollo de la actividad en la región.

Una obra que simboliza veinte años de trabajo

La construcción del futuro predio de remates representa un nuevo paso en ese proceso. La obra es financiada principalmente con recursos generados por los propios socios, quienes incluso donaron animales para reunir los fondos necesarios, mientras que el municipio colaboró con la mejora de los caminos de acceso.

Más allá de su magnitud, el proyecto simboliza el camino recorrido por la organización. Contar con un espacio propio permitirá fortalecer la comercialización, mejorar la capacidad de negociación de los productores y reducir la dependencia de intermediarios.

La experiencia de Alba Posse demuestra que el desarrollo rural no surge de una intervención aislada. Requiere continuidad, confianza y organizaciones capaces de sostener los cambios en el tiempo. En ese recorrido, el trabajo de la extensión rural permitió que un grupo de pequeños productores no solo mejorara su producción, sino que construyera una institución con capacidad para gestionar proyectos, brindar servicios y seguir impulsando el desarrollo ganadero del Alto Uruguay.

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Gorgojo del tabaco: una plaga que exige prevención en la industria yerbatera

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El llamado gorgojo del tabaco, cuyo nombre científico es Lasioderma serricorne, dejó de ser una presencia ocasional en la actividad yerbatera. Las consultas recibidas desde distintos establecimientos llevaron a investigadores del INTA Cerro Azul a sistematizar información sobre su identificación, ciclo de vida, formas de dispersión y alternativas de monitoreo y prevención.

El trabajo fue elaborado por Diana Ohashi, Daniela Sofía Ayala, Guillermo Arndt y Maricel Bálsamo, del INTA Cerro Azul. La publicación señala que se trata de una plaga de productos almacenados, reconocida internacionalmente por afectar al tabaco, pero capaz de desarrollarse sobre numerosos sustratos secos. No ataca plantas vivas: el problema aparece después de la cosecha, durante el almacenamiento y la industrialización.

Los antecedentes en yerba mate se remontan a una referencia de 1936 de la Estación Experimental de Loreto. Décadas después, el insecto fue identificado en establecimientos de Montecarlo y Oberá y también estudiado en Colonia Liebig, Corrientes. Las consultas registradas en los últimos años permiten afirmar que hoy es una plaga instalada en la industria yerbatera.

El adulto es un pequeño escarabajo de entre dos y tres milímetros, de color castaño rojizo y aspecto ovalado. Sin embargo, el estadio que produce el mayor deterioro es la larva, que se alimenta del material seco y construye cámaras pupales con restos de alimento y secreciones. Puede encontrarse en yerba canchada, costuras de bolsas, bolsones, pallets, paredes, estructuras de galpones y sectores donde se acumulan polvo y residuos.

El riesgo principal no está necesariamente en la cantidad de yerba que consume. “Aparte de reducir la calidad del producto, lo más grave es que podría aparecer en los paquetes que llegan al consumidor final, lo que puede afectar mucho la imagen de una marca”, advirtió Ohashi.

La presencia de insectos o residuos dentro de un paquete puede generar rechazo y comprometer a la empresa. Por eso, la detección temprana es decisiva. La investigadora recomendó “realizar observaciones periódicas, aplicar Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) en la industria y usar trampas de luz”, dentro de una estrategia sostenida de monitoreo.

Dónde buscar y cómo monitorear

La publicación propone revisar galpones y cámaras de estacionamiento, sectores de canchado, zarandeo y embolsado, y cualquier punto donde se acumulen polvo o restos de yerba. En bolsas y bolsones debe prestarse atención a las costuras, perforaciones y presencia de adultos sobre la superficie. También se aconseja comenzar por los lotes con mayor tiempo de almacenamiento.

El insecto puede dispersarse entre establecimientos mediante pallets, bolsas y bolsones compartidos, incluso vacíos. Los adultos también vuelan y pueden ingresar a galpones con portones abiertos, especialmente al atardecer o durante la noche si hay luces encendidas.

Para su detección y seguimiento se describen dos herramientas. Las trampas comerciales utilizan feromonas sexuales y placas adhesivas para atraer machos, aunque tienen una vida útil limitada y pierden eficacia en ambientes con mucho polvo. Las trampas de luz aprovechan la atracción de los adultos por las fuentes luminosas. Pueden fabricarse localmente, utilizarse durante varios años y servir tanto para monitoreo como para reducir la población de la plaga.

Las observaciones deberían realizarse semanalmente o cada quince días, registrando el número de insectos capturados. Las mayores densidades suelen aparecer durante los períodos más cálidos, especialmente en primavera y verano.

La prevención comienza con la limpieza

Más allá de las trampas, la medida central es evitar que el insecto encuentre alimento y refugio para completar su ciclo. “La forma de prevenir sería realizando Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) en la industria, especialmente manteniendo el orden y la limpieza de las distintas áreas, porque la acumulación de polvo y restos de yerba funciona como reservorio de la plaga”, explicó Ohashi.

Los procedimientos estandarizados de limpieza pueden reducir el riesgo. La recomendación es no esperar a encontrar insectos en el producto terminado: inspeccionar, registrar y mantener limpios los ambientes resulta más eficaz y menos costoso que intervenir cuando la población ya aumentó.

La publicación no busca generar alarma, sino ofrecer herramientas concretas a secaderos, molinos y depósitos. En una industria donde la calidad y la confianza del consumidor son determinantes, prevenir la presencia del gorgojo también significa proteger el producto y la reputación de cada marca.

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RENATRE impulsa herramientas para profesionalizar el empleo rural y mejorar la competitividad del agro

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En un contexto en el que la competitividad del agro ya no depende únicamente de la productividad sino también del cumplimiento de estándares laborales y de sostenibilidad, el Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE) presentó dos herramientas orientadas a fortalecer el empleo formal y mejorar la gestión de recursos humanos en las empresas del sector. Lo hizo durante la Jornada Ganadera organizada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el marco de la 138° Exposición Rural de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional que se desarrolla en Buenos Aires.

El eje del encuentro fue el conversatorio “Desafíos y herramientas para el empleo rural”, un espacio que reunió a productores, empresarios, técnicos, periodistas y especialistas para analizar cómo responder a las nuevas exigencias de los mercados sin perder competitividad. La propuesta puso el foco en dos instrumentos gratuitos que ofrece el organismo: la Certificación Empresarial de Prácticas Laborales Sostenibles (PLS) y el Programa de Empleo Rural (PER).

Durante la apertura, el presidente del RENATRE, Abel Guerrieri, destacó que el organismo busca ofrecer soluciones concretas para un mercado laboral que atraviesa profundas transformaciones. En ese sentido, sostuvo que tanto la Certificación de Prácticas Laborales Sostenibles como el Programa de Empleo Rural constituyen políticas que permiten acompañar a las empresas, fortalecer el empleo registrado y mejorar la competitividad de la producción agropecuaria.

La Certificación PLS fue presentada como un sello anual y renovable destinado a establecimientos que cumplen con la normativa laboral vigente y promueven condiciones de trabajo decente. Más allá de representar un reconocimiento institucional, la iniciativa apunta a convertirse en una ventaja competitiva para las empresas, en un escenario donde consumidores, compradores internacionales y cadenas comerciales incorporan cada vez más criterios sociales y ambientales al momento de evaluar proveedores.

En esa línea, el delegado del RENATRE en Buenos Aires Norte, Rodrigo Esponda, explicó que la competitividad actual excede la calidad del producto y también exige demostrar que la producción se desarrolla bajo condiciones laborales adecuadas. Según remarcó, la certificación permite acreditar ese compromiso frente a mercados que valoran la sostenibilidad de toda la cadena productiva.

El segundo eje del encuentro estuvo centrado en el Programa de Empleo Rural (PER), un sistema gratuito de intermediación laboral que ya reúne más de 5.000 perfiles de trabajadores relevados. La herramienta busca reducir uno de los principales desafíos del sector: vincular de manera ágil la demanda de mano de obra con trabajadores capacitados y disponibles.

La jefa del Departamento de Empleo Rural Sostenible del RENATRE, Verónica González, explicó que el programa facilita el contacto entre empresas y candidatos previamente entrevistados, con perfiles acordes a cada búsqueda laboral. Al mismo tiempo, el sistema genera información que permite orientar las capacitaciones del organismo hacia las necesidades reales del mercado de trabajo rural.

El funcionamiento del PER es completamente digital. Las personas interesadas en acceder a un empleo rural pueden cargar sus antecedentes laborales, independientemente de estar registradas o no en el RENATRE, mientras que las empresas publican sus búsquedas mediante el Portal RENATRE y reciben postulantes previamente evaluados por el organismo, reduciendo tiempos y costos en los procesos de selección.

La actividad contó además con la participación del vicepresidente del RENATRE, Adrián Luna Vázquez; la gerente general, Sol Henchoz; autoridades del INTA encabezadas por su presidente Nicolás Bronzovich y el vicepresidente Carlos Vera; y representantes del sector privado, entre ellos el presidente de la Sociedad Rural de Formosa, Alfredo Maglietti, cuya entidad fue la primera del país en obtener la Certificación de Prácticas Laborales Sostenibles.

El encuentro concluyó con un intercambio entre los asistentes sobre los desafíos que enfrenta el empleo rural argentino y el rol que pueden desempeñar herramientas como la certificación laboral y la intermediación digital para elevar la productividad, reducir la informalidad y mejorar la inserción de las empresas agropecuarias en mercados cada vez más exigentes. En un escenario donde la sostenibilidad comienza a convertirse en un requisito comercial además de una responsabilidad social, el RENATRE apuesta a que la formalización laboral deje de ser vista como una obligación regulatoria para transformarse en un activo estratégico para el desarrollo del agro argentino.

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Semihidroponía en Misiones: investigan cómo producir más con menos dependencia de insumos externos

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La horticultura intensiva enfrenta dificultades en zonas donde el uso continuo de los suelos favorece la acumulación de enfermedades y limita las posibilidades de sostener determinados cultivos. Frente a esta problemática, los sistemas de producción sin suelo o sobre sustratos aparecen como una alternativa para controlar con mayor precisión el riego y la fertilización, reducir problemas sanitarios e intensificar la producción.

En Misiones, una investigación busca avanzar en la adaptación de la semihidroponía a las condiciones productivas de la provincia y, al mismo tiempo, evaluar la posibilidad de reemplazar algunos de sus componentes más costosos por materiales disponibles localmente.

El trabajo es desarrollado por el ingeniero agrónomo Adolfo Vogel, extensionista de la Agencia de Extensión de INTA Santo Pipó, en el marco de su maestría en Cultivos Intensivos de la Universidad Nacional del Litoral. “La semihidroponía es una tecnología que algunos productores vienen utilizando como alternativa a la producción tradicional en suelo, principalmente en zonas donde existe una alta carga de enfermedades”, explicó Vogel.

A diferencia de la hidroponía, donde las raíces reciben los nutrientes directamente a través de una solución acuosa, la semihidroponía utiliza un sustrato sólido como soporte para las plantas. Esto permite trabajar con distintos cultivos y también con especies de mayor desarrollo radicular, como tomate y frutilla.

El desafío de reemplazar la turba

La investigación surgió ante la falta de estudios locales sobre el comportamiento de estos sistemas en las condiciones ambientales y productivas de Misiones. Junto con su directora de tesis, la ingeniera Lorena Bárbaro, Vogel definió como eje de trabajo la evaluación de los componentes utilizados para formular los sustratos.

Actualmente, los ensayos combinan corteza de pino y turba en diferentes proporciones. Cada material cumple una función: la corteza favorece la aireación del sistema radicular, mientras que la turba permite retener agua y nutrientes.

Pero ¿qué es la turba? Se trata de un material orgánico formado por restos vegetales que se acumulan y descomponen muy lentamente durante largos períodos en ambientes saturados de agua. Es ampliamente utilizada en horticultura por su capacidad para retener humedad y nutrientes, pero su formación requiere miles de años, por lo que es considerada un recurso no renovable a escala humana.

Además, buena parte de la turba utilizada en la producción hortícola proviene de regiones alejadas, lo que incrementa su costo y genera dependencia de un insumo externo. La corteza de pino, en cambio, presenta una ventaja importante para Misiones: es un material disponible localmente y abundante como subproducto de la actividad forestoindustrial.

En una primera etapa, los ensayos se realizan con cultivos de hoja implantados en diferentes proporciones de corteza de pino y turba. Los investigadores realizan mediciones para determinar qué combinación ofrece mejores condiciones para el desarrollo de las plantas.

“Primero buscamos encontrar cuál es la proporción que da mejores resultados para el cultivo. Una vez definida, la próxima etapa será probar materiales que puedan reemplazar a la turba”, señaló Vogel.

Entre las alternativas que serán evaluadas aparecen dos recursos con fuerte disponibilidad en Misiones: el compost elaborado a partir de estiércol bovino y el compost de aserrín proveniente de residuos de la industria maderera. También está prevista la evaluación de una turba obtenida a partir de Carex, una planta de la familia de las ciperáceas procedente de Chubut.

Más control sobre la producción

Una de las principales ventajas de la semihidroponía es la posibilidad de controlar con mayor precisión diferentes variables durante el ciclo productivo. El productor puede ajustar el suministro de agua y nutrientes de acuerdo con las necesidades del cultivo y reducir la exposición a enfermedades presentes en el suelo.

Esta característica puede resultar especialmente importante en zonas hortícolas con antecedentes de enfermedades bacterianas y otros patógenos difíciles de controlar. Cuando un suelo presenta una elevada carga de estos organismos, continuar produciendo determinadas especies puede requerir tratamientos complejos o directamente volverse inviable.

“Podemos ajustar mejor la fertilización y el riego y evitar muchas enfermedades y plagas. Desde el punto de vista productivo, el sistema tiene muchas ventajas”, explicó Vogel. Sin embargo, la principal limitante continúa siendo el costo inicial. La infraestructura, las canaletas y los sustratos hacen que producir bajo este sistema resulte más costoso que hacerlo directamente en suelo.

Por esa razón, la tecnología no se plantea como un reemplazo generalizado de la horticultura tradicional, sino como una herramienta para determinadas situaciones: suelos afectados por enfermedades, producciones intensivas, cultivos de alto valor o mercados donde la calidad y la diferenciación del producto permitan compensar la inversión.

Adaptar la tecnología al territorio

Los ensayos actuales utilizan canaletas comerciales estandarizadas, necesarias para garantizar condiciones uniformes en el marco de la investigación académica. Sin embargo, una de las líneas futuras será evaluar materiales y diseños alternativos que permitan reducir también los costos de infraestructura.

El objetivo final es avanzar hacia una propuesta tecnológica adaptada a la realidad de los productores de Misiones, aprovechando recursos disponibles en el territorio y generando información técnica local.

En una provincia donde conviven la actividad forestal, la ganadería y una horticultura que busca aumentar su productividad, la posibilidad de transformar subproductos como la corteza de pino, el aserrín o el estiércol bovino en insumos para nuevos sistemas de cultivo abre una perspectiva de gran potencial para la producción local.

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