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Conocer el suelo para conservarlo: una investigación del INTA busca descifrar los secretos de los suelos de Misiones

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El color rojo caracteriza a buena parte de los suelos de Misiones y sostiene gran parte de la producción agropecuaria provincial. Yerba mate, forestaciones, ganadería y numerosos cultivos de la agricultura familiar se desarrollan sobre estos suelos que, aunque a simple vista parezcan similares, esconden diferencias capaces de definir su fertilidad y el comportamiento de los cultivos.

Comprender esas diferencias es el desafío que aborda una investigación doctoral que desarrolla el becario del INTA Cerro Azul Lucas Hopechek, bajo la dirección del Dr. Lucas Moretti. El trabajo busca explicar cómo la composición mineralógica de los distintos tipos de suelos de Misiones condiciona su fertilidad química natural. El objetivo es lograr que a partir de ese conocimiento puedan generarse criterios más precisos y eficientes para el manejo nutricional de los cultivos.

“Cuando hablamos de suelos rojos no estamos hablando de suelos iguales”, explica Hopechek. En Misiones conviven distintos órdenes de suelos —oxisoles, ultisoles y alfisoles— que presentan diferencias en su evolución, profundidad, acidez y capacidad para retener e intercambiar nutrientes. Estas características condicionan tanto las propiedades físicas como químicas del suelo y, por lo tanto, su comportamiento productivo. El investigador destaca también que este estudio abarcara otro tipo muy importantes de suelos que son los pedregosos (denominados localmente como “toscosos”) destinados a otros usos, pero de los cuales se dispone menos información que los suelos rojos.

Una de las preguntas que dio origen a la investigación fue por qué dos lotes aparentemente similares pueden responder de manera diferente frente a un mismo manejo. Para encontrar la respuesta hay que mirar debajo de la superficie.

“La fertilidad no depende solamente de la materia orgánica. También está condicionada por la fracción mineral del suelo: las diferencias en tipos y cantidad de arcillas, la fracción gruesa (arenas y limos) y los óxidos e hidróxidos de Hierro y Aluminio, que influyen directamente sobre la disponibilidad de nutrientes y el comportamiento químico del suelo”, explica el investigador del INTA.

Un conocimiento estratégico para la provincia

En ese sentido, la investigación estudia cómo la composición mineralógica determina la capacidad del suelo para retener, liberar e intercambiar nutrientes, un aspecto clave para comprender el funcionamiento de los sistemas productivos de Misiones.

El trabajo se desarrolla en el departamento Guaraní, una de las regiones con mayor diversidad de suelos de la provincia. Además, este territorio cuenta con una herramienta fundamental para este tipo de estudios: la Carta de Suelos de este departamento, elaborada recientemente por un equipo liderado por INTA bajo la dirección del Dr. Lucas Moretti.

Su realización demandó años de relevamientos, muestreos y análisis de laboratorio que permitieron elaborar una cartografía en semidetalle, considerada una de las más completas disponibles para la provincia. Este trabajo no solo aporta información estratégica para la planificación del uso del suelo y su conservación, sino también para mejorar el manejo de los sistemas productivos.

El departamento Guaraní es apenas el segundo de Misiones que cuenta con este nivel de detalle cartográfico, junto con el departamento Leandro N. Alem. Contar con esta información permitió seleccionar con precisión los sitios representativos donde se desarrolla la investigación y comparar el comportamiento de distintos tipos de suelos bajo condiciones productivas similares.

Aunque el estudio posee un marcado componente científico, su finalidad es eminentemente práctica. El conocimiento que se genere permitirá comprender mejor el funcionamiento de los suelos misioneros y avanzar hacia estrategias de manejo y fertilización adaptadas a las características de cada ambiente, favoreciendo una producción más eficiente y sustentable.

Conservar también es conocer

Cada 7 de julio Argentina conmemora el Día de la Conservación del Suelo, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de proteger uno de los recursos naturales esenciales para la producción de alimentos y el funcionamiento de los ecosistemas.

Para Hopecheck, conservar el suelo implica mucho más que prevenir la erosión, un desafío permanente en Misiones debido a las abundantes precipitaciones y las fuertes pendientes que caracterizan gran parte de su territorio. También significa preservar la materia orgánica, mantener la capacidad natural del suelo para retener y suministrar nutrientes, evitar procesos de acidificación y reducir la compactación que limita el desarrollo de las raíces.

Con esa premisa, la investigación que desarrolla el INTA Cerro Azul busca aportar nuevas respuestas sobre un recurso que muchas veces se da por conocido, pero que todavía guarda información esencial para el futuro de la producción misionera.

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Bautista INTA: el maíz desarrollado en Misiones sale a la cancha

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Se trata del primer maíz convencional de polinización abierta mejorado y desarrollado en la provincia por un equipo de investigadores del INTA Cerro Azul. Pensado principalmente para la agricultura familiar, el material fue concebido para responder a una necesidad histórica de los productores: contar con una variedad adaptada a los suelos y condiciones ambientales de la región, capaz de combinar buenos rendimientos, calidad nutricional y la posibilidad de conservar semilla para futuras campañas.

El investigador Adrián de Lucía, integrante del equipo de Cultivos Anuales de la EEA Cerro Azul y uno de los responsables del desarrollo, explicó que el objetivo fue reunir en una sola variedad las características más valoradas por los productores y corregir algunas limitantes observadas en materiales locales.

“Nuestra idea fue mejorar ciertas características de las variedades que ya utilizaban los productores, como la altura de la planta, el rendimiento y la calidad del grano, para ofrecer un material que pudiera responder mejor a las expectativas productivas de las chacras misioneras”, señaló.

Bautista INTA es una variedad de maíz de granos dentados colorados obtenida a partir del cruzamiento de materiales tropicales y locales. Presenta un ciclo intermedio de aproximadamente 120 días, una altura cercana a los 2,5 metros y mazorcas con 16 hileras de granos grandes, protegidas por una buena cobertura de chala que reduce los problemas de pudrición asociados a las elevadas precipitaciones características de la región.

Además, posee un contenido proteico cercano al 11%, superior al de muchos materiales disponibles en el mercado, una característica especialmente valorada por quienes destinan la producción a la alimentación animal. “Es un maíz muy interesante para la producción de aves, cerdos y otros animales de la chacra. Tiene buena calidad de grano, buen tamaño y una inserción de mazorca que facilita la cosecha manual”, explicó De Lucía.

Una innovación que llega a los productores

Para Horacio Babi, director de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Cerro Azul, la campaña actual representa un momento clave dentro de un proceso iniciado varios años atrás. “Estamos llevando adelante la cosecha de esta semilla, trabajo conjunto con la Asociación Cooperadora, queremos poner esta innovación a disposición de todo el sector”, destacó.

Babi remarcó que uno de los principales objetivos era lograr una disponibilidad suficiente de semilla para responder a la demanda existente en la provincia. “Estábamos en deuda con la disponibilidad de materiales pero creemos que para esta campaña contamos con un volumen suficiente para responder a la demanda registrada y a la que pueda surgir a futuro”, expresó.

Según explicó, el objetivo es que la semilla pueda llegar a productores de toda la provincia a través de distintos canales de comercialización impulsados por la Asociación Cooperadora del INTA Cerro Azul. Esta entidad es la encargada de producir, administrar y distribuir las semillas que puedan demandar los productores misioneros. Para ello se las puede reservar y adquirir al whatsapp 3754459705. A su vez, los productores interesados pueden ponerse en contacto a través de la red de Agencias de Extensión Rural de INTA en Misiones.

El directivo también destacó el valor estratégico de contar con una variedad desarrollada localmente.  “Creemos que puede ser muy importante para pequeños, medianos y grandes productores misioneros. Es un material que ha demostrado una buena adaptación y una gran plasticidad frente a las condiciones ambientales de la región”, afirmó.

La experiencia de quienes ya lo probaron

Antes de su disponibilidad comercial, Bautista INTA fue evaluado durante varios años por productores que colaboraron con el proceso de validación a campo. Uno de ellos es Luis Danyluk, productor de Santa Rita, quien comenzó a sembrar la variedad hace tres campañas a partir de una propuesta realizada por técnicos del INTA.  “Es la primera vez que me enteré que había una semilla desarrollada para nuestros suelos. Muchas veces plantamos materiales que vienen de otras provincias o de Brasil que no siempre se adaptan bien a nuestras condiciones”, relató.

La primera experiencia estuvo condicionada por una fuerte sequía que afectó a prácticamente todos los cultivos de maíz de la zona. Sin embargo, el productor decidió conservar parte de la semilla obtenida y continuar evaluando el material. “El primer año coseché poco porque la seca fue muy fuerte para cualquier maíz. Pero, al año siguiente, sembré la semilla que había podido rescatar y tuve un maíz espectacular”, recordó.

Con el paso de las campañas, Danyluk fue incorporando la variedad en distintos sectores de su establecimiento, incluso en áreas implantadas con yerba mate.  “Lo fui probando en distintas etapas y lugares de la chacra. Hice líneas entre las yerbas y coseché hermosas espigas. Este va a ser el cuarto año que lo estoy sembrando”, comentó.

Actualmente, utiliza la producción principalmente para la nutrición y alimentación de gallinas, cerdos y para consumo familiar. Entre los aspectos que más valora destaca la adaptación a las condiciones locales y la facilidad de cosecha.

Ciencia, territorio y agricultura familiar

Una de las características que diferencia a Bautista INTA de muchos materiales comerciales es que se trata de una variedad de polinización abierta. Esto permite que los productores puedan seleccionar y conservar su semilla para futuras siembras, reduciendo costos y fortaleciendo la autonomía productiva de las chacras. “Al ser una variedad y no un híbrido, el productor puede guardar semilla para la próxima campaña y no necesita comprarla todos los años”, explicó De Lucía.

El investigador destacó también que el desarrollo, que demandó varios años de trabajo, fue pensado desde sus inicios para atender demandas concretas de la agricultura familiar misionera. “La idea era lograr mejores rendimientos en superficies más pequeñas, permitiendo que el productor disponga de más tierra para otros cultivos y actividades productivas”, señaló.

La expectativa del equipo técnico es que la disponibilidad de semilla permita ampliar significativamente la adopción de la variedad en toda la provincia durante los próximos años. “Muchos productores que la probaron quedaron conformes y estaban esperando acceder a la semilla. Nuestro objetivo es que llegue a toda la población para la que fue pensada desde el comienzo: los pequeños productores misioneros”, concluyó.

Con la distribución y comercialización de la semilla en marcha, Bautista INTA comienza una nueva etapa. Después de años de investigación, selección genética y validación territorial, el desafío ahora será que esta innovación desarrollada en Misiones encuentre su lugar en las chacras de la provincia y contribuya a fortalecer la producción de alimentos y la agricultura familiar.

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De la erradicación al manejo: el trabajo del INTA frente a la garrapata bovina en la región

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La garrapata bovina continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios para la ganadería del noreste argentino. En provincias como Misiones, donde las condiciones de temperatura y humedad favorecen su desarrollo durante gran parte del año, el control de este parásito representa una preocupación permanente para productores y técnicos.

Frente a esta realidad, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) sostiene una extensa y paciente tarea de investigación, monitoreo, diagnóstico y capacitación orientada a acompañar al sector ganadero con herramientas que permitan reducir pérdidas productivas y mejorar la eficiencia de los sistemas.

Durante décadas, el objetivo predominante fue eliminar completamente la garrapata común del bovino (Rhipicephalus microplus). Sin embargo, los conocimientos acumulados a partir de experiencias desarrolladas en distintas regiones tropicales y subtropicales del país y del mundo llevaron a replantear esa estrategia. “La erradicación de la garrapata bovina no es un objetivo realista ni sostenible en áreas donde las condiciones ambientales favorecen permanentemente su ciclo biológico”, explica Victoria Rossner, referente del área de Sanidad Animal del INTA para la región NEA.

Según la especialista, actualmente el trabajo se orienta hacia un enfoque de manejo integrado que busca mantener las poblaciones del parásito por debajo de los niveles capaces de generar pérdidas económicas o riesgos sanitarios, en lugar de intentar su eliminación absoluta.

Un cambio de paradigma

Este cambio de enfoque responde a una mejor comprensión de la biología del parásito, del papel que cumple la inmunidad adquirida por los bovinos y de las consecuencias derivadas del uso excesivo de productos químicos. “La presencia de garrapatas por sí sola no necesariamente constituye un problema”, señala Rossner. La especialista explica que la necesidad de intervenir debe evaluarse considerando factores como la carga parasitaria, la categoría animal afectada, la susceptibilidad genética del rodeo y la situación epidemiológica de enfermedades transmitidas por garrapatas, como la babesiosis y la anaplasmosis, conocidas comúnmente como tristeza bovina.

En este contexto, los tratamientos no deben ser abordados como una práctica rutinaria sino que se convierten en decisiones técnicas fundamentadas en el monitoreo permanente y el conocimiento de la situación particular de cada establecimiento.

La resistencia, una amenaza creciente

Uno de los principales desafíos que enfrenta actualmente la ganadería regional es la creciente resistencia de las garrapatas a los productos disponibles en el mercado. Rossner explica que el uso repetido y, en muchos casos, continuo de determinados garrapaticidas generó una fuerte presión de selección sobre las poblaciones del parásito. Como consecuencia, hoy existen establecimientos del NEA donde se registran distintos grados de resistencia e incluso casos de multirresistencia.

“Esta situación obliga a abandonar los esquemas de tratamiento calendarizados y adoptar decisiones basadas en el ciclo biológico del parásito y en diagnósticos específicos de resistencia”, sostiene.

Para ello, el INTA desarrolla bioensayos y pruebas de laboratorio que permiten determinar qué principios activos continúan siendo efectivos en cada establecimiento. Esta información resulta clave para diseñar estrategias de control más eficientes y evitar aplicaciones innecesarias o poco efectivas.

El desafío en Misiones

En la provincia de Misiones, las condiciones ambientales generan un escenario especialmente favorable para el desarrollo de la garrapata. Andrea Pantiú, investigadora de INTA Montecarlo, señala que las altas temperaturas, la elevada humedad ambiental y las lluvias frecuentes permiten la supervivencia de huevos y larvas durante gran parte del año. “Como consecuencia, pueden presentarse varias generaciones de garrapatas al año y existe infestación prácticamente permanente, lo que dificulta su erradicación”, explica.

La especialista advierte además que una infestación mal manejada puede provocar importantes pérdidas productivas. Entre las principales consecuencias menciona la disminución de la ganancia de peso, la reducción de la producción de leche, cuadros de anemia, debilitamiento de los animales y la transmisión de enfermedades como la tristeza bovina.

Conocimiento para tomar mejores decisiones

Ante este panorama, los equipos técnicos coinciden en que no existe una solución única para el problema. Las mejores perspectivas se encuentran en la integración de distintas herramientas dentro de programas de manejo adaptados a cada realidad productiva.

Entre las principales recomendaciones figuran la realización de diagnósticos de resistencia cuando existen sospechas de fallas en los tratamientos, el uso estratégico y racional de los garrapaticidas, la rotación de principios activos, el manejo adecuado de los potreros y el monitoreo periódico de las cargas parasitarias. “Implementar un manejo integrado y aplicar correctamente los tratamientos permite preservar la eficacia de las herramientas disponibles y reducir las pérdidas productivas”, destaca Pantiú. En una región donde la presencia de garrapatas forma parte de la realidad ganadera, el desafío ya no pasa por intentar eliminarlas completamente, sino por aprender a manejarlas de manera inteligente.

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Patentes: otorgan mayor autonomía al INPI para actualizar criterios tecnológicos

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La derogación de una norma vigente desde 2001 busca agilizar la actualización de los criterios de patentabilidad. El cambio impacta especialmente en sectores vinculados a biotecnología, innovación agropecuaria, genética vegetal y economía del conocimiento.

El Gobierno nacional derogó una resolución conjunta que desde hace casi 25 años regulaba la elaboración y modificación de las directrices técnicas utilizadas para evaluar solicitudes de patentes en Argentina. La medida, oficializada mediante la Resolución Conjunta 1/2026 de las Secretarías de Agricultura e Industria, transfiere plenamente al Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) la facultad de revisar y actualizar los criterios de patentabilidad sin necesidad de intervenciones administrativas adicionales.

Aunque se trata de una modificación regulatoria de bajo perfil, su alcance trasciende el ámbito jurídico. La decisión apunta a reducir burocracia en un área estratégica para la innovación tecnológica y podría tener efectos sobre sectores donde la protección de desarrollos científicos resulta un activo económico central, como la biotecnología, la genética aplicada al agro, los insumos biológicos, la industria farmacéutica y la economía del conocimiento.

Un cambio institucional con impacto en la innovación

La norma eliminada había creado en 2001 un Grupo de Trabajo Permanente en Propiedad Intelectual integrado por organismos como el INTA, el INASE, el SENASA y el propio INPI para elaborar criterios vinculados al patentamiento de materia viva y sustancias naturales.

Aquella estructura respondió a un contexto tecnológico muy diferente al actual. El avance de la biotecnología, la edición genética, los bioinsumos y las nuevas tecnologías aplicadas a la producción agropecuaria generó escenarios que no existían cuando se diseñó aquel esquema.

Según argumenta el Gobierno, la obligación de incorporar validaciones externas y procedimientos específicos para modificar directrices técnicas terminó convirtiéndose en una barrera para adaptar los criterios de examen a la velocidad que exige la innovación.

La nueva resolución sostiene que las funciones para definir y actualizar esas directrices ya se encuentran contempladas dentro de las atribuciones legales del INPI, por lo que mantener mecanismos adicionales de aprobación resultaba redundante.

Las directrices de patentamiento son documentos técnicos que orientan a los examinadores del INPI sobre cómo interpretar la legislación vigente al analizar una solicitud de patente.

No modifican la ley, pero sí tienen incidencia práctica sobre la previsibilidad que enfrentan empresas, investigadores y desarrolladores al momento de proteger una innovación.

Para sectores intensivos en investigación y desarrollo, la velocidad con que se actualizan estos criterios puede ser determinante.

Entre los principales efectos esperados aparecen: mayor capacidad de adaptación a nuevas tecnologías sin necesidad de procesos administrativos complejos. Reducción de tiempos regulatorios para revisar criterios técnicos de patentabilidad. Mayor alineamiento con estándares internacionales utilizados por oficinas de propiedad intelectual de otros países. Más previsibilidad para proyectos de inversión tecnológica que requieren protección de activos intangibles.

El impacto potencial en el agro y la bioeconomía

La decisión adquiere una relevancia particular para la agroindustria argentina.

La discusión sobre la patentabilidad de organismos vivos, desarrollos genéticos, procesos biológicos o innovaciones derivadas de recursos naturales ha sido históricamente uno de los temas más sensibles dentro de la propiedad intelectual aplicada al agro.

En una economía donde la generación de valor agregado depende cada vez más del conocimiento incorporado a semillas, genética animal, biotecnología y bioinsumos, la capacidad de contar con reglas técnicas actualizadas se transforma en un factor de competitividad.

Para provincias como Misiones, donde ganan espacio actividades vinculadas a la biotecnología forestal, la investigación aplicada a cultivos regionales y los desarrollos tecnológicos asociados a la bioeconomía, la modernización de los procesos vinculados a la propiedad intelectual constituye una señal observada con atención por universidades, centros tecnológicos y empresas innovadoras.

Menos burocracia, más responsabilidad técnica

La resolución no modifica los requisitos legales para obtener una patente ni altera los límites establecidos por la legislación argentina.

Lo que cambia es quién tiene la capacidad operativa para adaptar los criterios de evaluación.

A partir de ahora, el INPI concentrará plenamente esa responsabilidad técnica, fortaleciendo su rol como autoridad especializada en propiedad industrial.

El desafío será encontrar un equilibrio entre agilidad regulatoria y seguridad jurídica. La previsibilidad que demandan los inversores tecnológicos depende tanto de la rapidez para actualizar criterios como de la consistencia con que esos criterios se aplican a lo largo del tiempo.

La derogación de una norma administrativa puede parecer un movimiento menor dentro del amplio proceso de desregulación impulsado por el Gobierno. Sin embargo, en los sectores donde el conocimiento constituye el principal activo económico, las reglas de propiedad intelectual tienen un impacto directo sobre las decisiones de inversión.

La verdadera medida de esta reforma no estará en la eliminación de un procedimiento, sino en la capacidad del INPI para construir un sistema de patentamiento más dinámico, previsible y compatible con los ciclos de innovación que hoy dominan la competitividad global. Para el agro tecnológico, la biotecnología y la economía del conocimiento, ese será el indicador que el mercado seguirá de cerca durante los próximos años.

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De la investigación a la chacra: empresas misioneras evalúan selecciones genéticas de INTA para la yerba del futuro

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Dos nuevos ensayos instalados en establecimientos productivos de Santo Pipó y Oberá permitirán evaluar durante los próximos años materiales genéticos desarrollados por el Programa de Mejoramiento de Yerba Mate del INTA. La iniciativa busca identificar plantas con mayor productividad, mejor adaptación a distintas condiciones ambientales y características diferenciales de calidad que respondan a las demandas actuales y futuras de la cadena yerbatera.

La innovación en la producción de yerba mate es un proceso que demanda tiempo, continuidad y rigurosidad científica. Detrás de cada nueva selección genética existen años de investigación, observación y evaluación antes de que los materiales puedan llegar a los productores. En ese camino se inscriben los dos nuevos ensayos de progenies que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) comenzó a implementar en establecimientos productivos de Misiones, donde se pondrán a prueba materiales obtenidos tras décadas de trabajo en mejoramiento genético.

Los ensayos forman parte del Programa de Mejoramiento Genético de Yerba Mate que el organismo desarrolla desde hace más de cincuenta años en la provincia. Su propósito es generar información que permita identificar los materiales con mejor desempeño productivo, sanitario y de calidad, aportando nuevas alternativas para fortalecer la competitividad del sector.

Nuevas selecciones en condiciones reales de producción

Uno de los ensayos fue implantado en un establecimiento de la empresa Madanto S.A., en Santo Pipó, mientras que el segundo se encuentra en proceso de instalación en la empresa San Miguel, en Oberá. Ambos incorporan nuevas selecciones genéticas surgidas a partir de la evaluación de plantas sobresalientes y de cruzamientos controlados realizados por los equipos de investigación del INTA.

La investigadora del INTA, Mgter. Vanesa Schoffen, explicó que estos materiales ya atravesaron distintas etapas de selección y ahora ingresan en una fase decisiva: su evaluación en condiciones reales de producción.

“Estos materiales tienen detrás varios años de trabajo de selección genética y cruzamientos controlados. Ahora comienza una nueva etapa en la que debemos observar cómo responden en el campo, evaluando crecimiento, rendimiento, adaptación, comportamiento frente a plagas y enfermedades y distintos parámetros de calidad”, señaló.

En el caso del ensayo instalado en Santo Pipó, se trabaja con 84 familias provenientes de cruzamientos controlados, selecciones genéticas y fenotípicas distribuidos en 15 bloques experimentales sobre una superficie cercana a las 0,7 hectáreas. Allí se realizarán mediciones y observaciones durante aproximadamente una década.

Sin embargo, el horizonte temporal del mejoramiento genético es aún más amplio. Desde la instalación de un ensayo hasta la disponibilidad comercial de plantines provenientes de los materiales seleccionados pueden transcurrir entre 8 y 10 años. Se trata de un proceso de largo plazo que requiere continuidad y seguimiento permanente.

A través de estas evaluaciones, los investigadores buscan identificar genotipos con mayor productividad, mejor estabilidad frente a distintas condiciones ambientales y características diferenciales vinculadas tanto a la calidad industrial como a perfiles químicos específicos, atributos que adquieren creciente relevancia dentro de la cadena yerbatera.

Hacia una yerba mate con perfiles diferenciados

La participación de la empresa Madanto S.A. en esta iniciativa se apoya en experiencias previas de mejoramiento genético desarrolladas por el INTA en distintos puntos de Misiones. Andrés Bovi, responsable del establecimiento asociado a la Cooperativa Piporé, destacó que el profesionalismo y la rigurosidad de los equipos técnicos fueron factores clave para sumarse al proyecto.

“Vimos los ensayos que ya se estaban realizando en otros lugares de Misiones y eso inspira mucha confianza. Hay un seguimiento muy profesional y meticuloso que genera entusiasmo y expectativas sobre los resultados que puedan alcanzarse”, expresó.

Para Bovi, el potencial de estos trabajos va más allá de la obtención de plantas más productivas o resistentes. Considera que el futuro de la actividad también pasa por avanzar en la identificación de características químicas y sensoriales que permitan diferenciar materiales según distintos perfiles de consumo.

“Así como en otras producciones existen variedades claramente identificadas, creo que en el futuro también podremos encontrar materiales diferenciados por sabor, intensidad o composición química. Eso permitiría orientar mejor la producción según las demandas de distintos mercados y consumidores”, afirmó.

Asimismo, destacó la importancia de sostener investigaciones de largo plazo mediante una articulación efectiva entre el sector público y privado. “Estos estudios requieren paciencia, continuidad y rigurosidad. Las empresas podemos aportar la superficie, el manejo y el compromiso, pero instituciones como el INTA tienen las capacidades técnicas, los profesionales y el rigor científico necesarios para generar resultados confiables. Esa complementación es fundamental para el desarrollo futuro de la actividad yerbatera”, concluyó.

La articulación público-privada como motor de innovación

La ingeniera forestal y magíster Valeria Morales, titular de Vivero VYO, también resaltó el valor de este trabajo conjunto. Explicó que la empresa San Miguel S.A., perteneciente al grupo Máximo Urrutia, participa activamente en el acompañamiento de las investigaciones mediante la implantación y el mantenimiento de los ensayos, la provisión de insumos y la coordinación con los equipos técnicos del INTA.

Según indicó, este es el segundo ensayo que se desarrolla en la empresa y, en esta oportunidad, se evaluarán 65 nuevos genotipos de yerba mate. “El objetivo es analizar la interacción genotipo-ambiente y evaluar los rendimientos, la tolerancia a plagas y enfermedades, así como las características químicas de los materiales”, explicó.

Morales remarcó además que la cooperación entre organismos públicos y empresas privadas resulta fundamental para acelerar los procesos de innovación y transferencia tecnológica. “Es clave el trabajo en equipo entre empresas privadas y el sector público para que podamos dar pasos más grandes en menor tiempo”, afirmó.

“Poder trabajar en conjunto a través de convenios de colaboración técnica con el INTA nos permite ahorrar tiempo y adquirir materiales que ya tienen varios años de mejora, algo que es muy beneficioso para la empresa”, agregó.

Desde la perspectiva del vivero, la generación de nuevos materiales genéticos representa además una oportunidad estratégica para fortalecer la oferta comercial y diferenciarse por la calidad genética de las plantas disponibles para los productores.

Ciencia aplicada para construir la yerba mate del futuro

Más allá de la información que aportarán sobre productividad y adaptación, estos ensayos cumplen una función estratégica dentro del proceso de mejoramiento genético. La identificación de materiales de yerba mate superiores permitirá su utilización como plantas madre en huertos semilleros, como progenitores en nuevos esquemas de cruzamientos y como fuente de material para su propagación.

La iniciativa también refleja la importancia de vincular la investigación científica con las necesidades concretas del sector productivo. La instalación de los ensayos en establecimientos comerciales permite que las evaluaciones se desarrollen bajo condiciones reales de manejo, incorporando la experiencia y la visión de empresas y productores que forman parte de la cadena yerbatera.

En el marco de estos acuerdos de cooperación técnica, el INTA aporta los materiales genéticos, el diseño experimental, la implantación de los ensayos y el seguimiento técnico durante todo el proceso. Las empresas, por su parte, contribuyen con la superficie, el mantenimiento y el personal necesario para sostener investigaciones que requieren continuidad durante muchos años.

Las expectativas están puestas en que estos nuevos ensayos amplíen la base genética disponible para el sector y permitan avanzar en la identificación de materiales capaces de mejorar la productividad, la adaptación y la calidad de la yerba mate argentina. 

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