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Agricultura regenerativa: más de 300 productores misioneros avanzan hacia sistemas más sustentables

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Los resultados y avances del trabajo fueron presentados recientemente durante un encuentro nacional realizado en el Alto Valle de Río Negro, donde equipos técnicos de distintas provincias compartieron experiencias vinculadas a la transición hacia sistemas productivos más sostenibles.

La iniciativa busca promover prácticas que mejoren la salud de los suelos, aumenten la biodiversidad, favorezcan la captura de carbono y fortalezcan la sustentabilidad económica y ambiental de las producciones agropecuarias. En Misiones, el trabajo se concentra principalmente en los sistemas productivos de yerba mate y mandioca, dos actividades fundamentales para la agricultura familiar de la provincia.

La coordinadora del proyecto y extensionista del INTA Oberá, Laura Barbieri, explicó que la participación en el encuentro nacional permitió compartir los resultados obtenidos hasta el momento y poner en valor el trabajo desarrollado junto a productores, cooperativas y organizaciones locales. “Actualmente estamos comenzando con las devoluciones a las cooperativas respecto a las mediciones de huella de carbono vinculadas a las actividades de producción yerbatera y mandioquera”, señaló la extensionista.

Una red que abarca toda la provincia

Actualmente participan del proyecto diez Agencias de Extensión Rural del INTA distribuidas en distintas zonas de Misiones y una red integrada por 17 cooperativas y dos instituciones educativas. En total se ha incorporado al trabajo del programa 328 productores, de los cuales 67 forman parte de unidades demostrativas denominadas FARO, mientras que otros 261 productores replican prácticas y experiencias impulsadas por el proyecto.

Entre las acciones desarrolladas se destacan los análisis de suelo, la elaboración de diagnósticos productivos, la confección de planes de mejora para cada establecimiento y un intenso programa de capacitación destinado tanto a productores como a técnicos.

Medir para mejorar

Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es la medición de la huella de carbono en sistemas productivos de yerba mate y mandioca. Esta herramienta permite cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a cada establecimiento, identificar oportunidades de mejora y valorar prácticas que contribuyen al secuestro de carbono, como la incorporación de árboles, la cobertura permanente del suelo o el aumento de la materia orgánica. Hasta el momento se realizaron relevamientos y cálculos iniciales en 65 establecimientos productivos, generando información sobre la que se están diseñando estrategias para reducir emisiones y mejorar la eficiencia de los sistemas agrícolas.

Los resultados preliminares muestran que existe un amplio margen para avanzar en prácticas que contribuyan a disminuir el impacto ambiental, especialmente a través de mejoras en el manejo de la fertilización, el incremento de la materia orgánica del suelo y la incorporación de árboles dentro de los sistemas productivos.

Actualmente el equipo técnico se encuentra realizando la devolución de estos resultados a las cooperativas y productores participantes, acompañando la elaboración de planes de mejora adaptados a cada realidad productiva.

La propuesta de agricultura regenerativa que impulsa el INTA en Misiones se basa en principios como la reducción del laboreo, el control de la erosión, la cobertura permanente del suelo, la nutrición orgánica, el manejo integrado de plagas y la conservación de ambientes naturales. Estos criterios fueron adaptados específicamente para los sistemas yerbateros de la provincia.

Como parte de este proceso, durante los últimos dos años se distribuyeron más de 18.000 plantines de especies forestales y frutales nativas destinados a fortalecer la arborización de las chacras y promover una mayor biodiversidad en los establecimientos participantes. Además, durante este año está prevista la entrega de otros 13.000 ejemplares. Los plantines fueron aportados por la Fundación Hora de Obrar y el Vivero Hut, en el marco de las acciones de fortalecimiento del proyecto. También se avanzó en la implantación de cubiertas verdes y otras prácticas orientadas a proteger y recuperar los suelos productivos.

Una oportunidad para agregar valor

Según explicó Barbieri, el proyecto también explora las posibilidades de articulación entre agricultura regenerativa y certificaciones diferenciadas. “La propuesta de certificación orgánica tiene muchos puntos en común con la agricultura regenerativa y es algo en lo que se está trabajando en Misiones”, indicó la extensionista.

En este sentido, los técnicos consideran que la adopción de prácticas regenerativas puede contribuir no solo a mejorar la sustentabilidad ambiental de los sistemas productivos, sino también a generar oportunidades de diferenciación comercial para productos como la yerba mate, cuya demanda internacional muestra un creciente interés por los atributos ambientales y sociales asociados a su producción.

La presentación realizada en Río Negro permitió mostrar que la experiencia misionera ya trascendió la etapa experimental. Con una amplia red de productores, cooperativas, técnicos y jóvenes rurales involucrados, el proyecto comienza a generar información concreta para construir sistemas productivos más resilientes y preparados para responder a los desafíos ambientales y comerciales que enfrenta la agricultura actual. 

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El INTA maximiza la productividad de pinos en Misiones

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El proceso de mejoramiento genético forestal que lidera el INTA en Misiones constituye la base estratégica sobre la cual se asienta la calidad de las forestaciones en la región. Este trabajo técnico, que se extiende desde la selección de árboles superiores hasta la obtención de semillas certificadas, permite que la mejora en la productividad y la calidad de la madera se defina desde el origen genético del material.

Según Cristian Rotundo -investigador de la EEA Montecarlo, Misiones- el INTA lleva adelante programas de mejoramiento de pinos desde hace más de tres décadas. “el objetivo principal es identificar y multiplicar árboles superiores que permitan mejorar la producción y la calidad de las plantaciones”, indicó.

En términos de rendimiento, los resultados obtenidos por el área de mejoramiento genético forestal muestran saltos significativos. Según Rotundo, para la especie Pinus taeda, se registraron incrementos en volumen que alcanzan el 24 % en comparación con otros materiales de origen similar en la zona. Por su parte, el trabajo sobre Pinus elliottii permitió observar mejoras de hasta un 25 % respecto a las semillas provenientes de los primeros huertos establecidos en la provincia.

Otro de los puntos más destacados es la generación del pino híbrido FINTA-PINDO. De acuerdo con Rotundo, los incrementos en volumen para estos materiales pueden llegar hasta el 48 % frente a materiales híbridos F2 implantados en la región.

Transferencia tecnológica: de los huertos al sector productivo

El resultado de la investigación se materializa cuando los avances llegan al territorio. Este flujo se articula a través de los viveros forestales, que funcionan como el eslabón operativo para materializar la genética en millones de plantines.

Luis Kutz, propietario del vivero Arco Iris en Puerto Esperanza, trabaja con materiales del INTA desde hace más de 25 años. “Hoy la industria busca cada vez mejor calidad de árboles: buen crecimiento, buena forma y ramas finas que permitan mejores rendimientos en el aserradero. Eso es lo que está logrando el trabajo del INTA”, explicó Kutz.

La importancia de este trabajo reside en la naturaleza de los ciclos productivos forestales, que oscilan entre los 15 y 25 años. En este esquema, la calidad del plantín inicial es el factor determinante del desempeño final. Por eso, mejoras en crecimiento, forma del árbol y calidad de madera se traducen, con el paso de los años, en diferencias significativas de volumen, rendimiento industrial y rentabilidad para el productor.

Al respecto, Rotundo destacó que la oferta local de materiales INTA logra reducir la dependencia de materiales que históricamente eran importados, fortaleciendo la soberanía tecnológica. “El INTA consolida su rol como generador de esta tecnología, transformando la investigación en una herramienta de producción, que se transfiere a los viveros y se expresa luego en cada plantación forestal”, concluyó.

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La cadena de legumbres acelera escala exportadora y abre una disputa por tecnología, trazabilidad y valor agregado

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El mercado argentino de legumbres atraviesa una etapa de expansión productiva y redefinición estratégica.

La 1.ª Jornada de la Mesa de Legumbres de Santa Fe, realizada el 5 de mayo en la Bolsa de Comercio de Rosario, permitió reunir una agenda técnica, comercial e institucional que mostró a una cadena con fuerte orientación exportadora, creciente incorporación tecnológica y nuevas exigencias de competitividad. El desafío ya no pasa únicamente por producir más, sino por hacerlo con calidad, trazabilidad, eficiencia y capacidad de diferenciación.

Según expuso Paulo Lanza, especialista en Comercio Exterior, Argentina parte de una posición productiva favorable: el rendimiento promedio nacional en legumbres alcanza 1.484 kg/ha, frente a un promedio mundial de 1.058 kg/ha; y entre el 60% y el 73% de la producción se destina a la exportación. Esa combinación de productividad relativa y perfil exportador vuelve crítica a la cosecha nueva, tanto para sostener compromisos comerciales como para consolidar el posicionamiento del origen argentino en los mercados internacionales.

Bajo un escenario climático normal, la campaña 2025/26 proyecta una producción de 1,37 millones de toneladas, un 24% por encima del ciclo previo, sobre una superficie sembrada récord de 952.100 hectáreas. Dentro de ese total, se estiman más de 835.000 toneladas de porotos, 370.000 toneladas de arvejas, 122.000 toneladas de garbanzos y 43.000 toneladas de lentejas. El poroto mantiene el liderazgo productivo, con fuerte anclaje en el NOA, mientras que la arveja muestra una expansión relevante en Santa Fe y Buenos Aires. Sin embargo, la estabilidad de los rindes dependerá de la evolución climática. Para el trimestre mayo – julio 2026, el pronóstico presentado por María José Dickie para el sur de Santa Fe, ingeniera agrónoma y especialista en clima del INTA, muestra una fase neutral del ENSO, temperaturas medias normales o superiores a lo normal y precipitaciones normales o inferiores a lo normal. Tal escenario se interpreta inicialmente favorable para arveja y lenteja, siempre que se preserve una adecuada disponibilidad de humedad útil durante las etapas críticas del cultivo. 

El salto productivo, de todos modos, no se sostiene sólo con mayor superficie. Requiere genética adaptada, reducción de brechas de rendimiento, menores pérdidas poscosecha y variedades con atributos comerciales. En este punto, Daniel Kirschbaum, referente del INTA en el área de Hortalizas, Flores, Aromáticas y Medicinales, destacó el rol de la cooperación internacional para mejorar la competitividad. El convenio INTA-ICARDA vincula al país con un banco de germoplasma de escala global, orientado a introducir, multiplicar y evaluar variedades de arveja, lenteja y haba con potencial de adaptación local, a través de redes nacionales de ensayo y posterior registro en INASE. En esa línea, INTA Oliveros coordina la Red Nacional de Arveja, cuenta con más de 15 materiales avanzados de arveja, 2 materiales experimentales de lenteja macrosperma en trámite de inscripción y 65 líneas avanzadas de lenteja.

La competitividad futura también dependerá del ordenamiento del sistema de semillas. Luis Rista, referente de INASE, señaló que las legumbres todavía muestran un bajo nivel relativo de formalidad frente a otros cultivos extensivos, con alta proporción de uso propio o semilla informal, baja tasa de recambio varietal y escasa penetración de semilla fiscalizada. Para revertir este diagnóstico, INASE viene avanzando en la incorporación de cultivos al SISA, la definición de normas específicas para producción de semilla y el ordenamiento de cultivares mediante la Resolución INASE 200/2024. La incorporación de la arveja al SISA en 2019 y del garbanzo en 2023 permitió comenzar a registrar superficie sembrada y cultivar utilizado. En arveja, la campaña 2024/25 muestra unas 83.000 hectáreas declaradas, 978 productores y 38 variedades, con más del 98% de la superficie concentrada en Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. A su vez, entre 2020 y 2026 se inscribieron 15 nuevas variedades de arveja.

A la agenda genética y semillera se suma la adopción de herramientas de agricultura de precisión. Eduardo Vita Larrieu, investigador de la EEA INTA Oliveros especializado en tecnología de aplicación, abordó el uso de drones, aplicaciones selectivas y sistemas de medición que permiten mejorar la eficiencia, reducir pérdidas y documentar procesos. En un mercado de especialidades, donde la calidad y la trazabilidad definen el acceso a mejores condiciones comerciales, la tecnología sólo agrega valor si se integra con conocimiento técnico, protocolos de aplicación y gestión profesional.

La poscosecha constituye otro eslabón decisivo. Como planteó Ricardo Bartosik, referente de Poscosecha de Granos del INTA Balcarce e investigador de CONICET, la calidad comercial no se define únicamente en el lote, sino también en el acondicionamiento, limpieza, clasificación, almacenamiento, control de plagas, trazabilidad y segregación por origen. Los requisitos de exportación exigen que el producto llegue sano, seco, limpio, sin olores objetables y libres de materias extrañas. En el caso de China, además, se exige acopio por zonas de producción, sin mezclar mercadería de distintas áreas habilitadas. Esto vuelve clave la inversión en plantas de procesamiento, sistemas de gestión de calidad, registros operativos y manejo poscosecha de agroquímicos, especialmente para evitar rechazos por residuos y sostener la confianza en el producto argentino.

El mayor potencial de la cadena, sin embargo, está en transformar esa calidad primaria en productos de mayor valor. María Cecilia Accoroni, de INTA Oliveros, presentó oportunidades vinculadas con harinas, concentrados, aislados, texturizados, snacks, panificados, sustitutos cárnicos y alimentos listos para consumir. Las legumbres se insertan en tendencias globales asociadas con proteínas vegetales, alimentos saludables, sostenibilidad y etiquetas más limpias. Para avanzar en esa dirección será necesario fortalecer la investigación aplicada, asegurar calidad homogénea, seleccionar variedades adecuadas, controlar antinutrientes y articular con mayor intensidad producción, ciencia e industria.

El contexto internacional ofrece oportunidades, aunque en un escenario más competitivo y volátil. Marlene Boersch, cofundadora y socia gerente de Mercantile Consulting Venture de Canadá, remarcó la creciente incidencia de barreras paraarancelarias y reacomodamientos comerciales en la distribución del market share global. En arvejas, Canadá proyecta exportaciones por unas 2,3 Mt en 2025/26 y 2,4 Mt en 2026/27, con India y China explicando entre el 65% y el 75% de sus ventas externas. Aun antes del arancel chino del 100% aplicado a las arvejas canadienses en marzo de 2025, Canadá ya venía perdiendo participación frente a Rusia: su cuota en China cayó del 90% en 2021/22 al 28% en 2025, mientras Rusia pasó a representar cerca del 60% del mercado. En lentejas, también se observa una mayor competencia de Australia, Rusia y Kazajistán, con India, Turquía y Emiratos Árabes concentrando alrededor del 60% de las exportaciones canadienses.

La mirada sobre China, aportada por Hu Bingchuan, investigador del Instituto de Desarrollo Rural de la Academia China de Ciencias Sociales, refuerza la importancia estratégica de ese destino. Según su presentación, China cuenta con un mercado de legumbres secas de alrededor de 3,3 Mt, con consumo total cercano a 3,28 Mt, producción doméstica de 0,98 Mt e importaciones por aproximadamente 2,3 Mt. Las arvejas secas representan el 54% del consumo total, con un volumen estimado de 1,68 Mt y una autosuficiencia menor al 3%. En la campaña comercial 2024/25, las importaciones chinas de arvejas secas alcanzaron 1,5 Mt, frente a una producción local de apenas 50.000 toneladas. Para Argentina, la oportunidad es relevante, pero exige escala, precio competitivo, cumplimiento sanitario y capacidad de procesamiento. El protocolo fitosanitario para arvejas secas fue firmado en 2015 y los primeros envíos desde establecimientos argentinos habilitados comenzaron en 2020; además, se encuentran en negociación protocolos para garbanzos, porotos y lentejas.

Más allá de China e India, el análisis de oportunidades presentado por Lanza muestra que Brasil sigue siendo el mercado de mayor atractivo y facilidad de acceso para el poroto negro, mientras que la Unión Europea ofrece mejores condiciones para productos con valor agregado, especialidades y orgánicos, aunque con altos estándares de trazabilidad y límites máximos de residuos. La matriz también identifica potencial para la exportación de harinas y subproductos hacia Bolivia.

En síntesis, las legumbres argentinas enfrentan una oportunidad concreta de expansión, pero el salto competitivo no será automático. El crecimiento deberá apoyarse en escala productiva, semilla trazable, tecnología, inocuidad, apertura de mercados y mayor industrialización. Santa Fe, por su peso en arvejas y lentejas y por su cercanía a nodos logísticos, técnicos e industriales, cuenta con condiciones para posicionarse mejor en una demanda global que busca proteínas vegetales, calidad y sustentabilidad

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Evaluación sensorial de cultivares de té: aportes para el desarrollo del té de especialidad en Misiones

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La Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul del INTA avanza en nuevas líneas de investigación orientadas al crecimiento del segmento de té de especialidad en Misiones. En este marco, se realizó una evaluación sensorial de cultivares de té verde artesanal elaborados a partir de materiales genéticos desarrollados por el programa de mejoramiento genético de la institución.

El trabajo fue llevado adelante con 24 cultivares registrados ante el Instituto Nacional de Semillas, todos desarrollados originalmente para la producción industrial de té negro, que históricamente fue el principal destino de la actividad tealera en la provincia.

“El objetivo fue evaluar la calidad sensorial del té verde artesanal elaborado con estos cultivares y analizar cómo se comportan dentro del segmento de té de especialidad”, explicó el ingeniero agrónomo Guillermo Arndt, de la EEA Cerro Azul.

Según detalló el especialista, la investigación busca generar información útil para productores que actualmente trabajan en la elaboración artesanal y desean incorporar nuevas plantaciones con materiales más adecuados para determinados perfiles de té.

“La idea es que los productores conozcan qué puede aportar cada clon. Por ejemplo, si un material tiene mejores características para elaborar té verde o incluso té blanco”, señaló.

La evaluación estuvo estrechamente vinculada al crecimiento que viene experimentando el té de especialidad en Misiones durante los últimos años, un segmento que combina valor agregado, producción artesanal y diferenciación sensorial.

Diferencias sensoriales y materiales destacados

Los resultados evidenciaron diferencias significativas entre los distintos cultivares analizados desde el punto de vista organoléptico. Sin embargo, todos los perfiles se mantuvieron dentro de las características típicas del té verde, con notas umami, vegetales, dulces, florales y astringentes.

Para la evaluación se enviaron muestras a diferentes escuelas de té en donde fueron evaluadas por sommeliers y catadores profesionales. Con el propósito de evaluar de manera objetiva su calidad sensorial, se convocó a expertos del sector tealero reconocidos nacionalmente como los sommeliers de la academia “Peichen Tea Palace”, “Gyokuro Círculo Argentino de Té”, el “Club del té”, “La cofradía”, y la catadora Natalia Sánchez. Mientras que con los productores se realizó una jornada de degustación  desarrollada en la EEA Cerro Azul.

Cada evaluador debió seleccionar los cinco materiales más destacados entre los 24 analizados. A partir de las coincidencias se elaboró un ranking general de los cultivares mejor posicionados.

Los materiales destacados fueron SG 1891, TG 3215, CH 426, TG 8107, TG 21103

Continuidad de las investigaciones

El trabajo continuará ampliándose hacia otros tipos de elaboración artesanal. Durante este año ya se produjeron muestras de té blanco con los mismos 24 cultivares, que fueron enviadas a distintas escuelas especializadas para su análisis sensorial.

“En breve vamos a contar con resultados sobre el comportamiento de estos materiales también como té blanco”, adelantó Arndt.

Estas investigaciones buscan fortalecer el desarrollo de una cultura del té orientada a la calidad diferenciada, brindando herramientas técnicas y genéticas para acompañar la consolidación del té de especialidad en Misiones.

Expo Té Argentina 2026

Durante las jornadas del 23 y 24 de mayo en el Parque del Conocimiento de Posadas, INTA contará con un stand institucional donde los visitantes podrán conocer el trabajo que se realiza para el desarrollo del cultivo de té en la región.

Además, el Dr. Alejandro Toro brindará la charla “Caracterización de cultivares de té por su aptitud para té gourmet”, en el marco del seminario “Té argentino: camino a la excelencia”, que se desarrollará el domingo 24 de mayo por la mañana en Silicon Misiones.

Por otra parte, la Dra. Sandra Molina, jefa del grupo de yerba mate y té de la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul, integró el jurado del concurso “Mejor blend de té”, donde se evaluaron 49 muestras. El blend ganador será anunciado durante el evento.

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El banco yemero del INTA Montecarlo fortalece la producción de cítricos sanos y de calidad en Misiones

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Actualmente, el Centro de Incremento de Yemas Cítricas de la experimental cuenta con la capacidad de mantener unas 110 plantas madres bajo condiciones controladas. A partir de ellas, se pueden obtener más de 100 mil yemas que luego son utilizadas por viveros certificados para producir plantines con sanidad controlada.

El ingeniero agrónomo Luis Acuña, investigador del INTA Montecarlo, explicó que este trabajo comenzó prácticamente junto con la creación de la experimental, en el marco de un convenio de cooperación con Alemania durante la década de 1970.

“En INTA Montecarlo se utilizó por primera vez en la Argentina la técnica de microinjerto para obtener plantas cítricas libres de virus”, destacó Acuña. Esta metodología permitió recuperar la producción citrícola regional mediante la selección y saneamiento de variedades comerciales que presentaban problemas sanitarios.

La técnica consiste en obtener pequeñas porciones de tejido vegetal sano que luego se injertan para generar nuevas plantas libres de enfermedades virales conocidas. Posteriormente, ese material se multiplica y distribuye a viveristas habilitados.

En paralelo, el INTA Concordia desarrolló el Centro Único de Introducción y Saneamiento (CUIS), encargado de centralizar el saneamiento y provisión de yemas para el nordeste argentino. “Los técnicos de Concordia se capacitaron acá, en Montecarlo, y llevaron esta tecnología para continuar el trabajo allá”, recordó el investigador.

Actualmente, el banco yemero de Montecarlo recibe las yemas saneadas desde Concordia y las multiplica en invernáculos protegidos, donde se evita el ingreso de insectos o plagas que puedan transmitir enfermedades. Cada planta madre puede generar hasta mil yemas, que luego son entregadas a viveristas certificados para la producción de plantines.

“Es muy importante contar con plantas libres de virus y enfermedades. El centro de incremento de yemas del INTA asegura calidad varietal y sanidad controlada”, remarcó Acuña.

Diversidad de especies y producción durante gran parte del año

El banco yemero del INTA Montecarlo alberga variedades de cinco grandes grupos de cítricos: limones, mandarinas, naranjas, pomelos y kumquats (más conocidos como quinotos). Esta diversidad permite disponer de frutas frescas durante gran parte del año.

Entre los limones disponibles se encuentran las variedades Lima Tahití, Eureka y Génova, que permiten escalonar la producción durante aproximadamente seis meses. En mandarinas, el abanico incluye variedades tempranas y tardías como Okitsu, Clemenules, Criolla, Montenegrina y Murcott. “Podés tener mandarinas desde febrero hasta agosto”, señaló el investigador.

Las naranjas también presentan diferentes momentos de maduración. La Westin aparece entre las más tempranas; luego se destacan las variedades de ombligo, como Newhall, y finalmente la tradicional Valencia Late, que madura desde agosto. En cuanto a pomelos, el centro conserva materiales como Paraná, Flame, Star Ruby y Marsh, incluyendo variedades de pulpa roja y blanca con muy buena calidad de jugo y productividad.

Gracias a esta diversidad varietal, el INTA busca no solo fortalecer la actividad productiva de la citricultura regional, sino también promover el consumo de frutas frescas en los hogares misioneros. “Tenemos un espectro que cubre prácticamente todos los meses del año con fruta cítrica, algo importantísimo para lograr una buena nutrición y aportar vitamina C a las familias misioneras”, concluyó Acuña.

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