La Delegación Misiones del RENATRE (Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores) junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Instituto Nacional de Yerba Mate (INYM) finalizó una capacitación presencial para trabajadores rurales de la cosecha de yerba mate con 20 asistentes, realizadas en la localidad de Leandro N. Alem, el 22 de septiembre.
“Estamos muy contentos con la capacitación realizada ya que los participantes tuvieron una activa participación. Creemos que adquirir más herramientas redunda en una mejora en las aptitudes de los trabajadores y redundan en un mejor rendimiento para la producción”, afirmó la Delegada del RENATRE en Misiones, Wilma Andino.
La capacitación práctica y teórica se llevó a cabo en el yerbal ubicado en la Ruta 4, donde se capacitó sobre el RENATRE, Leyes 25.191 y Ley 26.727, abordándose además temas vinculados a la prohibición de Trabajo Infantil y Protección del Trabajo adolescente, a cargo del Ministerio de Trabajo de la Provincia.
La práctica en los yerbales estuvo a cargo del Ingeniero Guillermo Arndt del INTA, quién brindó la asistencia técnica y capacitó sobre el Manual de Buenas Prácticas (MBP) de la yerba mate, a fin de prevenir y disminuir los riesgos laborales del trabajador.
Asimismo la práctica en Manejo de planta, reconocimiento de las distintas acciones de cosecha de yerba y saneamiento de planta y poda de formación en los yerbales estuvo a cargo del Ingeniero Néstor Munareto del INTA.
“El Intendente de Leandro N. Alem, Waldemar Wolemberg, brindó el acompañamiento y la colaboración respecto a las jornadas realizadas, cumpliéndose con los protocolos vigentes, en el marco del COVID 19, para cuidar a todos los presentes”, finalizó Andino.
El “Ciclo de capacitaciones a Trabajadores Rurales de la cosecha de yerba mate” iniciado en San Pedro, y que le siguió la formación en Leandro N. Alem, continuará el martes 29 de septiembre en la Localidad de Apóstoles.
El RENATRE desarrolla capacitaciones en las diferentes actividades que lo requieran, e impulsa jornadas que permitan a los trabajadores rurales y empleadores contar con más herramientas para mejorar su inserción laboral y la producción.
La presidenta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Susana Mirassou, subrayó hoy que “el Prohuerta se verá fortalecido en 2021 en cuanto a su presupuesto, según lo anunciado recientemente por el presidente de la Nación, Alberto Fernández”.
“Y seguiremos trabajando fuertemente junto con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación porque, sin dudas, hoy en esta situación de emergencia por la pandemia, la producción de alimentos sanos, saludables y agroecológicos son una necesidad imperativa en cada familia”, agregó Mirassou en el cierre del ciclo virtual “Historia y presente” por los 30 años del programa del Ministerio de Desarrollo Social/INTA.
Desde su gestación, hace tres décadas, este programa recorrió y fue adoptado por distintos países alrededor de la Tierra, destacaron sus protagonistas en la última charla del ciclo, “Proyección internacional del Prohuerta”, realizado por el aniversario de este proyecto que tiene su eje en la soberanía alimentaria.
La iniciativa, organizada por el Programa Prohuerta junto al INTA, la Dirección Nacional Transferencia y Extensión y la Estación Experimental Agropecuaria AMBA, fue moderada por Daniel Díaz, excoordinador Nacional de ProHuerta, quien destacó como “el programa trascendió fronteras en otros países y continentes”.
Participaron de esta jornada final Liliana Periotti, exsubsecretaria de Políticas Alimentarias; Emmanuel Fénelon, excoordinador Nacional Prohuerta Haití; José Francisco Zelaya, INTA Tucumán, excoordinador Prohuerta; David Arias Paz, INTA Santiago del Estero, excoordinador Prohuerta; y Ernesto López, exembajador argentino en Haití y Guatemala.
Ana Cafiero, exfuncionaria del área Cooperación Internacional de la Cancillería, afrimó en un video que el “Prohuerta fue exitoso porque llegó efectivamente al territorio y a la gente que lo necesitaba. Allí llevamos justicia social”.
Como cierre se proyectaron imágenes con testimonios de periodistas, huerteros, promotores, beneficiarios y técnicos que realizaron la tarea en Haití; y algunas de las mejoras que se dejaron en ese país: como recolección de agua de lluvia para riego, o huertas para producir alimentos.
Para Alicia Barone, responsable de Asuntos Bilaterales de la Dirección General de Relaciones Internacionales de la Cancillería Argentina, “el Fondo Argentino de Cooperación Internacional (FO.AR) es una política de Estado que permite generar sinergias con diversos actores de la cooperación internacional”.
Mirassou expresó: “Este programa es de una gran responsabilidad para quienes hoy estamos en esta gestión de gobierno porque representa soberanía y seguridad alimentaria en cada territorio”.
Ante la crisis sanitaria por el SARS-CoV-2, el organismo pone a disposición ocho laboratorios de todo el país y una decena de científicos calificados y capacitados con el ANLIS-Malbrán y la Organización Panamericana de la Salud para poder hacer el diagnóstico, en caso de descentralización. Además, integra grupos de investigación para desarrollar un kit serológico y un inmunoterapéutico.
La unión hace la fuerza, reza el conocido refrán. Así es que diversos organismos públicos y privados de la Argentina trabajan de manera articulada a fin de poder dar una rápida respuesta frente a la pandemia del SARS-CoV-2, patógeno que produce COVID-19. En este contexto de crisis sanitaria, el INTA aporta equipamiento, experiencia y personal al sistema público de diagnóstico, liderado por el ANLIS-Malbrán.
“Como parte del sistema de ciencia y tecnología nacional, el INTA colabora con ANLIS-Malbrán con su equipamiento y experiencia”, aseguró Ariel Pereda –director del Instituto de Patobiología de INTA Castelar–. Entre las colaboraciones se destaca una reciente entrega de reactivos de laboratorio para la detección del coronavirus en cultivo celular”.
Además, el INTA seleccionó ocho laboratorios en todo el país para que, en caso de que el sistema de salud pública lo requiera, estén disponibles para realizar análisis por PCR en tiempo real, técnica actualmente utilizada en la Argentina y recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). A su vez, una decena de científicos calificados se capacitaron de manera virtual con el ANLIS-Malbrán y la Organización Panamericana de la Salud.
El INTA seleccionó ocho laboratorios en todo el país para que, en caso de que el sistema de salud pública lo requiera, estén disponibles para realizar análisis por PCR en tiempo real.
A su vez, el INTA participa activamente en el desarrollo de dos herramientas urgentes para que estén disponibles en el corto plazo: un kit serológico y un inmunoterapéutico, basado en inmunidad pasiva.
El primero permitirá evaluar el impacto que tiene esta enfermedad en la población mediante el análisis de los rastros que deja el virus en el sistema inmune de la persona que fue afectada. “Colaboramos en la producción y diseño del kit de diagnóstico serológico”, detalló Pereda.
Con respecto a la herramienta terapéutica, el especialista especificó que se trata de un shock de un desarrollo para terapia de inmunidad pasiva que permitiría realizar un tratamiento específico para una persona en terapia intensiva que entre en crisis por la enfermedad.
Para ambos desarrollos, el INTA aporta las plataformas de expresión en baculovirus, células de mamífero, nanoanticuerpos VHH, IgY de aves de corral y de suero policlonal en animales de laboratorio.
Una pandemia anunciada
“En el INTA tenemos experiencia en estudiar coronavirus en bovinos, en aves domésticas y silvestres, en porcinos y hasta en murciélagos. Los coronavirus son patógenos que están indicados desde hace mucho tiempo como de gran potencial pandémico”, reconoció Pereda.
Asimismo, el especialista no dudó en asegurar que “esta crisis sanitaria tiene el mismo perfil de otras tantas como la influenza, el MERS o el SARS”. Es que, para Pereda, “en los últimos 30 años, el 80 % de las crisis sanitarias son por virus que saltan la barrera de especie y se transmiten desde los animales a los humanos, enfermedades conocidas como zoonosis”.
Entre los diversos motivos, por los cuales estas enfermedades cruzan la barrera de los animales a los humanos, Pereda destacó la intensificación de las producciones animales, la existencia de mercados de animales vivos en algunos países y el cambio climático que modifica la dinámica poblacional de las especies silvestres, de vectores y su interacción con los animales domésticos.
“En INTA hace muchos años que estudiamos esa frontera para entender la interfase humano-animal y cuál es el potencial de algunos patógenos para cruzar la barrera de especie y afectar a la salud pública”, explicó el investigador.
Desde hace vaios años, el INTA investiga para entender la interfase humano-animal y cuál es el potencial de algunos patógenos para cruzar la barrera de especie y afectar a la salud pública.
Para el investigador, resulta “clave” hacer previsiones y anticiparse a estas crisis sanitarias. “Desde el surgimiento del virus de SARS, en 2003, sabemos del riesgo que representaba el virus del coronavirus, Esta pandemia no nos sorprende, sabíamos que podía cruzar la barrera y afectar la salud pública, por eso continuaron las investigaciones al respecto”, reconoció Pereda.
Y recordó: “En 2005, comenzamos a desarrollar capacidades y montamos un sistema de detección y vigilancia de virus Influenza en aves silvestres en los laboratorios de Concepción del Uruguay –Entre Ríos–, Balcarce y Castelar –Buenos Aires–. Los análisis de riesgo indicaban que las aves silvestres acuáticas eran por donde podría ingresar este patógeno a las aves comerciales”.
“Para 2007, comenzaron las tareas de vigilancia en cerdos y para cuando llegó el virus de Influenza A H1N1, el INTA ya tenía la capacidad de detectar el virus de influenza en cualquier especie animal, incluidos la humana”, detalló Pereda quien recordó el aporte de tecnología al ANLIS-Malbrán para la detección de los primeros casos en el país.
El investigador no dudó en asegurar la necesidad de trabajar en el concepto de “Una Salud” de modo colaborativo y coordinado tanto la salud pública, como la animal y la ambiental. “Todas estas capacidades desarrolladas a lo largo de los años pueden ser utilizadas por el sistema de salud frente a cualquier eventualidad o crisis sanitaria, como la que experimentamos hoy con el coronavirus”, concluyó el investigador.
Identificada como Paenibacillus xylanivorans, la cepa xilanolítica A59T fue aislada en suelos de bosque nativo de la Patagonia, en el sur de la Argentina. Gracias a la secuenciación del ADN, determinaron que tiene la capacidad para descomponer xilano y celulosa, dos componentes de la pared celular vegetal usados en la producción de bioetanol. Su hallazgo permite conocer un poco más sobre el universo de las comunidades que viven en el suelo.
El suelo, además de arena, limo y arcilla, está integrado por bacterias, hongos, algas, virus, protozoarios y actinomicetos, que funcionan colectivamente. Son tantos y tan pequeños, que encontrarlos, identificarlos y caracterizarlos no es tarea sencilla. De hecho, a pesar de los esfuerzos de cientos de investigadores de todo el mundo, solo se conoce el 1 % de los microorganismos que habitan bajo los pies.
Los microorganismos del suelo tienen múltiples funciones, algunos son promotores del crecimiento de las plantas, otros actúan como biofertilizantes, están los que pueden transformar residuos y, también, los patogénicos que afectan la salud de las plantas.
Identificada como Paenibacillus xylanivorans, la nueva especie de bacteria descubierta por investigadores argentinos tiene la capacidad para descomponer xilano y celulosa, dos componentes de la pared celular vegetal que podrían usarse en la producción de bioetanol.
Eleonora Campos es bióloga, trabaja en el Instituto de Biotecnología del Centro Nacional de Investigaciones Agropecuarias (CNIA) del INTA, en Hurlingham –Buenos Aires– y, desde 2009, se dedica a estudiar la biología molecular de bacterias celulolíticas para la generación de biocombustibles. “Nos dedicamos a estudiar las bases moleculares de los mecanismos que han desarrollado las bacterias del suelo para degradar las estructuras que poseen las plantas y utilizar los azúcares contenidos en las mismas”, señaló.
Como parte de este trabajo, en 2014 Campos y Silvina Ghio –investigadora del INTA– lograron aislar una nueva especie de bacteria. “Al estudiar su genoma y las características bioquímicas, vimos que era parecida a otras, pero tenía particularidades que la distinguían del resto, tanto en la pared celular como en algunas de las proteínas que secretaba”, explicó Campos.
La cepa A59T es una bacteria Gram positiva, anaeróbica facultativa, formadora de endosporas y tiene forma de bastón. Sus condiciones de crecimiento óptimas son 30 °C con un rango de 28 a 37 °C, un pH 7 con un rango de 5 a 10 y tolera hasta el 7 % de NaCl (cloruro de sodio).
De acuerdo con el análisis de secuencia del gen de ARN 16S, el aislado se coloca filogenéticamente en el mismo grupo que Paenibacillus taichungensis BCRC 17757 T (identidad de secuencia de nucleótidos del 99,7 %) y Paenibacillus pabuli NBRC 13638 T (99,1 %) y está estrechamente relacionado con Paenibacillus tundrae A10bT (98,8 %). Sin embargo, los estudios filogenéticos basados en el gen que codifica para la enzima girasa –gyrB– colocaron a A59T en una rama separada de todas las demás cepas.
El hallazgo se produjo a partir de una muestra de suelo recolectada en un bosque nativo de la Patagonia argentina. Campos puso el foco en lo que ocurre en el manto que cubre la superficie, en donde hay hojas o troncos en estado de descomposición. “Allí están actuando los microorganismos, que descomponen los polisacáridos en elementos más pequeños –azúcares– y los utilizan como fuente de carbono”, ilustró.
A la par, en el laboratorio, Campos investiga cómo mejorar y replicar el procedimiento biológico para la degradación de la biomasa vegetal. Así, a partir del estudio del genoma y del conjunto de proteínas secretadas –secretoma– de aislamientos bacterianos celulolíticos nativos de la Argentina, lograron reconocer las enzimas activas sobre carbohidratos y, además, desarrollar y caracterizar una biblioteca de enzimas recombinantes. “Este estudio nos permitió conocer en detalle los procesos de deconstrucción de los polisacáridos”, indicó Campos.
El xilano es un polisacárido estructural de la biomasa, es decir, es uno de los componentes de la pared celular vegetal. Es el segundo polisacárido más abundante –después de la celulosa– y, también, se degrada más rápido. “Estas características nos impulsan a profundizar los estudios para aprovecharlo en distintas aplicaciones biotecnológicas”, manifestó Campos y ejemplificó: “Estas bacterias, entre otros usos, permiten generar polisacáridos cortos –xilooligosacáridos– que pueden tener una función prebiótica y utilizarse en suplementos dietarios para mejorar la digestibilidad de los alimentos para humanos y animales”.
El hallazgo se produjo a partir de una muestra de suelo recolectada en un bosque nativo de la Patagonia argentina.
En foco
La bacteria Paenibacillus xylanivorans es un bacilo, es decir, tiene forma de bastón. Posee un tamaño de 1,93 – 2,28 micrómetro (μm) de largo por 0,65–0,77 de ancho. Crece en distintas fuentes de carbono, pero especialmente en xilano y en residuos de biomasa lignocelulósica, como la paja de trigo y la paja de caña de azúcar.
Un misterioso universo
En un gramo de suelo existen más de 10.000 millones de microorganismos. Allí, es tal la diversidad que existe que se pueden encontrar organismos descomponedores, fijadores, promotores, secuestradores, mineralizadores y hasta recicladores.
En ese marco, las bacterias y los hongos transforman y descomponen los productos químicos. El ciclo del nitrógeno, por ejemplo, se da porque determinados microbios cambian las formas orgánicas de nitrógeno al ion amonio. Otros lo cambian de amonio a nitrato y otros transforman el nitrato a nitrógeno gaseoso, que luego pasa a la atmósfera. De manera similar, si los microorganismos detectan un contaminante orgánico, se ponen a trabajar transformándolo y descomponiéndolo, hasta que se convierte en dióxido de carbono y agua.
Desde la década de 1950, diversos estudios se enfocaron en las comunidades de microorganismos y cómo interactúan para conocer qué procesos desarrollan de manera individual y cuáles de modo colectivo. Con el avance de la biología molecular y la incorporación de nuevas herramientas, como la metagenómica, los científicos pueden entender un poco más sobre las comunidades que viven en el suelo.
Ahora bien, ¿qué es la metagenómica? Ariel Amadio, especialista del INTA Rafaela –Santa Fe–, explicó que se trata del estudio de las secuencias del genoma de los diferentes microorganismos que componen una comunidad, extrayendo y analizando su ADN de forma global. “Es la herramienta que nos permite analizar comunidades enteras de microorganismos sin la necesidad de aislados, como ocurría tradicionalmente”, indicó.
A partir del conocimiento del ADN, es posible identificar cuáles son los microorganismos que están presentes en el suelo y, gracias a sus genes, se puede saber qué funciones cumplen. El próximo paso es entender cómo reaccionan frente a las diversas actividades agropecuarias. “No es difícil imaginar que las prácticas agrícolas son determinantes de la estructura de las comunidades microbianas del suelo”, expresó Amadio quien puso el foco sobre el manejo agrícola adecuado para conservar la diversidad de microorganismos que existe.
Susana Mirassou resaltó el gran despliegue territorial de la institución y adelantó que la agenda estará enfocada al desarrollo sostenible; el cuidado del ambiente; la competitividad orientada en el valor agregado y el aumento de las exportaciones.
Susana Mirassou asumió como titular del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y se convirtió en la primera mujer en presidir el organismo, donde buscará desarrollar una política de género.
La ceremonia se desarrolló este viernes en la Estación Experimental Agropecuaria AMBA de la localidad bonaerense de Castelar, con la presencia del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; del ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Luis Basterra, y dirigentes de entidades ruralistas.
Por su parte, Tomás Schlichter asumió como vicepresidente de la institución agropecuaria.
La nueva titular del INTA resaltó el gran despliegue territorial de la institución, que cuenta con más de 400 unidades incluyendo Centros Regionales, de Investigación, Estaciones Experimentales Agropecuarias, Agencias de Extensión Rural y Unidades Integradas con otras Instituciones/ Universidades que abarcan de Ushuaia a La Quiaca.
La agenda de la gestión
Mirassou adelantó que la agenda de la próxima gestión estará enfocada al desarrollo sostenible del sector agropecuario, agroalimentario y agroindustrial; el cuidado del ambiente y cambio tecnológico; la competitividad orientada en el valor agregado y la mirada puesta también en el aumento de las exportaciones para la generación de divisas.
También se buscará generar herramientas de apoyo a Pymes agropecuarias, así como promover la contribución a la lucha contra el hambre y la pobreza, y destacó que dentro de la nueva agenda está la voluntad política de desarrollar una política de género, “la que tendrá un lugar destacado en la agenda”, aseguró.
La presidenta del INTA dijo, al respecto, que de “alrededor de 6.900 (empleados), 60% son hombres y 40 % son mujeres, incluyendo profesionales, becarios, técnicos, personal de apoyo y personal relacionados a través convenios”. “Sin embargo -aclaró- esas proporciones cambian en los puestos gerenciales y directivos y en las representaciones en los consejos, disminuyendo significativamente el porcentaje de mujeres”.
En ese sentido, adelantó: “Vamos a implementar una política institucional activa que contribuya a la igualdad de oportunidades, sumándonos a los lineamientos del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad”.
Dijo que “hay iniciativas en marcha: una Línea INTA para acompañar situaciones de violencia de género, equipos que están trabajando en el tema, una propuesta de plataforma para el desarrollo de un proceso de capacitación continua” y afirmó que se le dará mayor entidad “avanzando en la elaboración de un protocolo de actuación de género, construyendo paso a paso.”
Mirassou agregó que el “INTA es una gran plataforma federal, por eso en base al trabajo territorial con todos los actores, articulado con cada provincia y municipio queremos potenciar el aporte a la mejora de la competitividad del sector generando los recursos que el país tanto necesita a partir de las exportaciones de bienes y servicios agroindustriales, como también para robustecer el mercado interno”.
Destacó como grandes ejes la agenda ambiental, con la promoción de una transición hacia modelos sostenibles y de consumo responsable, generando conocimiento y tecnologías relacionadas con los fenómenos de variabilidad y cambio climático.
También propuso potenciar propuestas enmarcadas en el nuevo Plan de Mediano Plazo 2021-2025 y en la Revisión del Plan Estratégico Institucional 2015-2030, y “formalizar las instancias institucionales que aportarán a los componentes del Plan Nacional “Argentina contra el Hambre”, con énfasis en los de “Apoyo a la producción y comercialización de alimentos” y “Fortalecimiento de Redes Comunitarias”
No obstante, agregó: “Un presupuesto del orden de los 8.000/9.000 millones (de pesos) es escaso para la dimensión federal de nuestra institución y estar a la altura del gran desafío que enfrentamos”.
El perfil de Mirassou
Mirassou es ingeniera agrónoma (UBA), magister Scientiae en Economía Agraria (FAUBA-INTA) y doctora en Ciencias Sociales (FLACSO).
Ingresó al INTA en 1988 como becaria, y desde 2007 ocupó el cargo de directora nacional asistente de Planificación, Seguimiento y Evaluación.