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Por qué se multiplican los casos de resistencia a herbicidas

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Con 36 biotipos y 20 especies resistentes a cuatro productos de acción diferentes, las malezas ocupan un lugar central en la agenda de los productores agrícolas. Especialistas del INTA Oliveros –Santa Fe– analizan las fallas en el control y las consecuencias de la adaptación evolutiva. El aumento de los casos de resistencia y tolerancia requiere combinar diversos métodos para maximizar las posibilidades de un manejo exitoso.

En los últimos años, se multiplicaron las noticias sobre la resistencia que gana una maleza frente a un herbicida determinado. De hecho, según datos estadísticos de la Red de Conocimientos en Malezas Resistentes (REM) impulsada por Aapresid, “en la Argentina existen 36 biotipos y 20 especies de malezas resistentes a cuatro mecanismos de acción diferentes, como glifosato; graminicidas selectivos posemergentes; imidazolinonas, sulfonilureas y triazolpirimidinas y hormonales”.

A este panorama se suman, a partir de 2010, los casos de resistencia cruzada y, al menos, 11 de resistencia múltiple; “eventos que crecen a una tasa de cuatro biotipos y dos especies por año con algún tipo de resistencia”, indicó el documento.

Juan Carlos Papa –especialista en manejo de malezas del INTA Oliveros, Santa Fe– aseguró que “es importante comprender que, en el contexto actual, no vamos a manejar las malezas exitosamente sólo con herbicidas”. Para lograr un cambio positivo, “es necesario combinar armónica e inteligentemente diversos métodos para maximizar las posibilidades de éxito”, sentenció.

En la agenda de los productores dedicados a cultivos extensivos, “las malezas ocupan un lugar preponderante y hoy presentan un estado crítico”, señaló Papa y explicó: “ese estatus está definido por la gran cantidad de casos de tolerancia y resistencia, que se traducen en lotes con elevados grados de infestación por fallas de control y en poblaciones y comunidades de malezas ‘difíciles’ en continua expansión”.

Sin embargo, esto no siempre fue así. Antes de que la ciencia, la tecnología y la industria pudieran aunar esfuerzos para el desarrollo de los herbicidas inhibidores de ALS (como imazetapirmetsulfuron metilclorimurón y flumetsulam, entre otros) y del glifosato, que permitieron dar el gran salto hacia la agricultura con la aplicación de tecnología meramente de insumos, el manejo de malezas era la etapa más costosa, compleja y exigente en conocimientos, dentro del manejo de los cultivos.

Con el paso de los años y la demanda de simplificar los procesos, el sistema productivo avanzó hacia un modelo basado en el monocultivo, el empleo de uno o unos pocos herbicidas, la ausencia de labranzas y el arrendamiento de la tierra por un plazo muy breve. “La reiteración en el espacio y en el tiempo de ese modelo simple y de extremadamente corto plazo es, en gran parte, responsable de la crisis actual en materia de malezas”, justificó el especialista del INTA y agregó: “Es improbable encontrar una solución, si no se modifica la manera de llevar adelante el proceso productivo”.

Papa: “La reiteración en el espacio y en el tiempo de ese modelo simple y de extremadamente corto plazo es, en gran parte, responsable de la crisis actual en materia de malezas”.

En este sentido, Papa apuntó que para contribuir a la sustentabilidad del agroecosistema sería importante incorporar la filosofía del Manejo Integrado de Malezas (MIM). “Por lo pronto, es la opción a considerar como vía alternativa para comenzar a mitigar los problemas existentes y ralentizar el desarrollo de los nuevos”, sentenció y replicó: “Consiste en la combinación armónica e inteligente de diferentes métodos de control entre los que se encuentran los culturales, los químicos, los mecánicos y, eventualmente, los biológicos (aún poco desarrollados para cultivos extensivos)”.

Los métodos culturales incluyen la rotación de cultivos, la implementación de cultivos de cobertura y arreglos espaciales competitivos (cultivos y variedades competitivas y menor espaciamiento entre surcos), mantener el suelo cubierto con cultivos el mayor tiempo posible y limitar la duración de los barbechos.

En cuanto a los métodos químicos, Papa expresó que, si bien implica necesariamente el empleo de herbicidas, en el marco de un Manejo Integrado, se debe hacer con extrema racionalidad tanto en su elección como en la dosificación y oportunidad de aplicación.

“La rotación de herbicidas con distintos mecanismos de acción y su combinación inteligente, incrementa la diversidad dentro del programa de manejo de malezas y permite retrasar la evolución de biotipos resistentes”, destacó y añadió: “Se debe evitar la reiteración, en una misma campaña, de tratamientos herbicidas con un mismo mecanismo de acción”.

Papa: “Es importante comprender que, en el contexto actual, no vamos a manejar las malezas exitosamente sólo con herbicidas”.

De todos modos, Papa puso especial énfasis en la prevención y en el monitoreo prolijo y frecuente de los lotes. “Para un control eficaz es clave conocer con precisión la realidad de malezas de los lotes, las especies presentes, la situación histórica y la distribución para tomar las decisiones de manejo más convenientes”, afirmó.

En esta línea, Papa manifestó que “la prevención también incluye la limpieza de maquinarias y vehículos (con especial énfasis en las cosechadoras), el empleo de semilla limpia de origen conocido (certificada) y sembrada sobre el suelo libre de malezas vivas”.

“Somos conscientes que la implementación efectiva de esta propuesta requiere un cambio en el paradigma productivo”, enfatizó el técnico del INTA para quien es necesario capacitar a técnicos asesores y concientizar a productores sobre el diseño de sistemas productivos de largo plazo.

La REM confirmó la resistencia de Conyza sumatrensis, conocida como rama negra, a los herbicidas inhibidores de ALS.

Resistencia confirmada para rama negra

Recientemente, la Red de Conocimiento en Malezas (REM) de Aapresid confirmó la resistencia de Conyza sumatrensis,conocida como rama negra, a los herbicidas inhibidores de ALS. La información surgió de un estudio, realizado en condiciones semicontroladas por especialistas de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, en el sur de Santa Fe.

Si bien la resistencia de rama negra al glifosato había sido informada en 2015, hasta ahora no existían registros en la Argentina de resistencia a ALS en esta especie. Según se informó desde la REM, “aunque quedan herramientas químicas para su control, perder herbicidas inhibidores de ALS significaría un gran cambio en la forma habitual en que se maneja esta maleza”.

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Avanzan sobre zonas poco conocidas del genoma de la célula vegetal

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La disponibilidad de variabilidad genética en genes que regulan caracteres de interés, es decir, la posibilidad de contar con versiones o alternativas (alelos) de esos genes, es muy apreciada por los científicos que trabajan en biología y en el mejoramiento genético de los cultivos.

Para aumentar la variabilidad existente en plantas cultivadas, una de las estrategias que puede utilizarse es a través de Técnicas de Mutaciones Inducidas (TMIs), que consisten en la aplicación de estreses físicos o químicos capaces de provocar daños en el genoma por encima de la capacidad de reparación de las células.

En el mundo, las primeras investigaciones sobre estas técnicas datan de fines de la década del 30, mientras que, en el Instituto de Genética “Ewald Favret” del INTA, también tienen una larga tradición y este año se celebran siete décadas de continuidad en el estudio de estas técnicas y su aplicación en plantas cultivadas. Los trabajos fueron iniciados por el Ing. Agr. Ewald Favret, reconocido investigador argentino y pionero en estudios de genética vegetal, de quien hoy el instituto lleva su nombre.

Otra forma de incrementar la variabilidad disponible, cuya aplicación está mucho menos extendida que la de las TMIs, es a través del uso de plantas que presenten algún defecto en los genes encargados de reparar los daños que suelen ocurrir en el ADN por fenómenos naturales. Al tener impedidas algunas funciones de reparación del ADN, en estas plantas se originan más errores de lo habitual, algunos de los cuales quedan finalmente fijados como mutaciones. Los genes que las originan se denominan Genes Mutadores.

De ambas maneras, es posible acelerar la tasa de mutaciones por encima de la natural y, así, obtener una explosión de nueva variabilidad. “En las siguientes generaciones, nuestra tarea es seleccionar aquellas plantas mutantes que portan alelos útiles, ya sea para investigar la funcionalidad de algunos genes o la base genética de determinados caracteres”, explicó Alberto Prina, investigador del Instituto de Genética del INTA, al tiempo que añadió: “Luego, estos conocimientos y los nuevos materiales originados podrán ser utilizados para la obtención de plantas con características agronómicas mejoradas”.

Científicos del Instituto de Genética del INTA estudian el ADN contenido en los cloroplastos, organelas del citoplasma de la célula vegetal encargadas de realizar la fotosíntesis.

Exploración del genoma de los cloroplastos

En los cloroplastos tiene lugar el proceso de fotosíntesis, una función esencial para las plantas y, en gran medida, para la vida en el planeta tal como existe en la actualidad. Junto con las mitocondrias, estas organelas están ubicadas en el citoplasma de la célula vegetal y contienen su propio ADN.

El pequeño genoma de los cloroplastos retuvo un escaso número de genes –algo más de 100 genes– de los que originalmente portaba el organismo procarionte que le dio origen, una cianobacteria que, de acuerdo con la teoría endosimbiótica, fue fagocitada por una célula eucariótica ancestral a partir de la cual evolucionaron a lo largo de un período que se calcula cerca de mil millones de años.

“Muchos detalles de la funcionalidad de los genes del plastoma no son conocidos y su variabilidad genética, que es muy escasa, ha sido muy poco utilizada para el mejoramiento de los cultivos”, comentó Prina.

A diferencia de los genes del núcleo de las plantas superiores, los genes del plastoma se comportan bajo reglas genéticas más laxas y conforman un genoma altamente conservado. Ambas cuestiones no solo restringen la disponibilidad de variabilidad genética y vuelven muy difíciles las posibilidades de que estos genes muten artificialmente, sino que, además, su diferente comportamiento genético hace que el aislamiento de nuevas mutantes del plastoma sea más dificultoso que el de mutantes de genes del núcleo.

Sin embargo, un equipo de investigadores del Instituto de Genética del INTA halló la excepción a la regla al identificar un gen que desestabiliza la genética del cloroplasto. La detección se logró mediante TMIs y permitió obtener nueva variabilidad en sectores del genoma de las plantas de los que, por ausencia de variantes, aún hoy se desconocen muchos detalles de su funcionalidad.

Documentado por primera vez en 1992, este genotipo mutador -denominado mutador de cloroplastos de cebada (cpm)- es un logro a contramano de la tendencia bibliográfica. Por la relevancia del hallazgo, su publicación fue reconocida con el Segundo Premio Nacional en Ciencias Biológicas de la Secretaría de Cultura de la Nación (1989-1992) y el Premio Francisco Sáez de la Sociedad Argentina de Genética (1991-1993).

Evidenciado –en primera instancia– por producir unas pocas y sutiles estrías longitudinales deficientes en clorofila en las hojas de las plantas que lo portan, el cpm se aisló sobre familias de plantas provenientes de un tratamiento mutagénico combinado de rayos X y azida sódica. Respecto de este último compuesto químico, uno de los más utilizados en la aplicación de TMIs, el Instituto de Genética del INTA ha sido pionero en la realización de estudios que aportan a su conocimiento desde principios de los años 70.

En tanto, Alejandra Landau, actual responsable de la línea de investigación en el Instituto de Genética del INTA, destacó: “Además de inducir un amplio espectro de mutantes deficientes en clorofila con base genética en los cloroplastos, hemos comprobado que el cpm, a su vez, induce una enorme cantidad de polimorfismos moleculares en el plastoma”.

Un estudio reciente –presentado por Franco Lencina, investigador del Instituto de Genética del INTA, en el marco de su tesis doctoral– echó luz sobre el efecto que causa el cpm sobre la recombinación de secuencias particulares del plastoma, como el gen rpl23 y su pseudogen.

“Esto significa que, además de un aumento de la tasa de mutaciones, el cpm incrementó notablemente la tasa de recombinación entre segmentos parecidos que habitualmente no deben recombinar”, explicó Lencina, al tiempo que aseguró: “Este fenómeno puede ser de trascendencia para la incorporación de genes en el plastoma a través de técnicas biotecnológicas”.

Mediante técnicas de inducción de mutaciones, detectaron genes mutadores que permiten obtener variabilidad en sectores específicos del genoma de las plantas.

Búsqueda implacable

En el transcurso de la investigación, que hoy lleva 35 años desde el aislamiento de la mutante inestable, se detectaron más de 60 polimorfismos que afectan una amplia variedad de genes del plastoma y varias regiones intergénicas –regiones de ADN situadas entre los genes–.

“Los genes afectados pertenecen, en general, a la maquinaria genética del plástido y al aparato fotosintético, aunque también se aislaron otras mutantes en genes como el matK, que se encuentra en estudio actualmente y cuyas funciones aún no están establecidas con claridad”, describió Landau.

Gracias al uso del mutador cpm, pudo obtenerse un amplio espectro de mutantes del plastoma, muchas caracterizadas por cambios en la pigmentación clorofílicas y otras que muestran diferencias notables en la estabilidad genética y en las respuestas a estrés abiótico y a herbicidas. “Algunas de las mutantes aisladas resultaron ser absolutamente novedosas”, remarcó Prina.

Publicada como hallazgo científico en 2003, una de las mutantes identificadas correspondió al gen plastídico infA, cuya funcionalidad en las plantas hasta ese entonces se infería a partir del conocimiento en bacterias. “La proteína codificada por este gen se encarga de hacer más eficiente la síntesis de proteínas en el cloroplasto; existen similares en todo el abanico de los seres vivos, desde las bacterias hasta el ser humano”, indicó Landau.

De acuerdo con Gabriela Pacheco, actualmente directora del Instituto de Genética del INTA, “los resultados obtenidos muestran que las TMIs son una herramienta poderosa, tanto para investigaciones fundamentales en vegetales, como para su aplicación en el mejoramiento de los cultivos”.

En este último caso, “los bajos costos y requerimientos de infraestructura y la fácil adaptación a distintos cultivos y objetivos de mejoramiento hacen de esta metodología una excelente estrategia para contribuir a la resolución de muy diversas problemáticas que se presentan en los programas de mejoramiento”, argumentó Pacheco, quien ha realizado investigaciones en el grupo que también integran Vanina Brizuela, María Elizabeth Petterson y Susana Costoya.

“En el Instituto de Genética Ewald Favret hay una extensa experiencia en el desarrollo y la aplicación de diferentes tecnologías de generación de variabilidad genética, y particularmente las estrategias TMIs son priorizadas para continuar aportando novedades genéticas de alto valor para el SAAA (Sistema Agropecuario, Agroalimentario y Agroindustrial)”, destacó la investigadora.

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Esclarecen los mecanismos que la planta de yerba mate emplea para mitigar la sequía

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Una línea de investigación que demandó 14 años de estudio aportó información inédita sobre los mecanismos bioquímicos y fisiológicos que despliega un cultivar de yerba mate para hacerse más resistente a la sequía.

Los resultados de este trabajo fueron publicados recientemente en la revista científica internacional “Planta”, de la Editorial Springer, con repercusiones en el área de la actividad agropecuaria. La importancia de los resultados obtenidos en la investigación es tal que permitirá mejorar las plantas de yerba mate en su faz productiva.

“Luego de un análisis fisiológico de cultivares de yerba mate seleccionados por rendimiento, iniciamos un seguimiento para ver cómo se comportaban estos genotipos ante situaciones productivas adversas tales como la sequía”.

Así describe el trabajo el doctor Pedro Sansberro, investigador de CONICET (IBONE), docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNNE y responsable del Laboratorio de Biotecnología Aplicada y Genómica Funcional.

Una de las características buscadas en esos clones de yerba mate es la “eficiencia en el uso del agua”. Este término es de valor para el mejoramiento genético de la planta. Tiene su explicación en el proceso de fotosíntesis, ya que se manifiesta en el equilibrio entre la cantidad de carbono que la planta toma para su crecimiento y el agua que elimina para realizar ese trabajo.

“Ahora bien, en la yerba mate la eficiencia en el uso del agua tiene correlación con la caída de las hojas. Cuando se empieza a deshidratar la planta, sobre todo en los clones que no poseen un manejo adecuado del agua, lo primero que hace es tirar sus hojas para reducir transpiración. Cuando eso sucede hay una pérdida económica para el productor”, expresó el doctor Sansberro.

El investigador explicó además el mecanismo que tiene el cultivar tolerante objeto del estudio para hacer frente a situaciones climáticas adversas. En ese sentido indicó que, como todo ser vivo, tienen “mecanismos de defensa” que pueden ser activados o no como parte de su interacción con el medio ambiente. La planta censa todo lo que tiene a su alrededor porque no puede moverse y despliega sus receptores de señales, que conforman un mecanismo bioquímico de transducción bien aceitado.

“En un evento de sequía se origina un proceso de deshidratación. En ese contexto la primera en enterarse es la raíz, quien mediante señales bioquímicas interactúa con las hojas para cerrar los estomas (microporos en el envés de las hojas por donde se produce el intercambio gaseoso con el ambiente) y disminuir la pérdida de agua por transpiración”.

La yerba mate posee varias líneas de defensas en situación de sequía. En primer lugar, gasta menos agua y eso quedó demostrado en el trabajo. Posteriormente, invierte lo poco que tiene para revertir la situación adversa. ¿De qué manera? Incorpora compuestos a nivel celular, que si bien aún no se puede confirmar se tratan de “azúcares” que actúan como si fueran sales. Al liberar las células estos compuestos cumplen con la función de retener la poca agua que queda. De esta manera aseguran que las membranas celulares “no pierdan su función”, porque de ocurrir esto, se desnaturalizan y la planta se muere. A este mecanismo se lo denomina ajuste osmótico. Simultáneamente, en esta fase la planta comienza a invertir energía en el crecimiento de sus raíces en búsqueda de agua.

La tercer y última línea de defensa que la yerba mate presenta ante la sequía, es la protección del aparato fotosintético presente en sus hojas. De esta forma asegura una rápida restauración de la producción de carbohidratos que requiere para estimular el crecimiento (producción de hojas) una vez que la sequía pase.

El estudio inició mediante la determinación del perfil productivo de genotipos o clones de yerba mate implantados en el Establecimiento Las Marías, Corrientes. “Utilizamos investigación básica de primer nivel, pero siempre con un fin aplicado. Nos enfocamos en problemas que el productor debe hacer frente a diario”, expresó el doctor Sansberro.

El trabajo publicado en la prestigiosa revista internacional lleva el título “Transcript and metabolic adjustments triggered by drought in Ilex paraguariensis leaves” (Ajustes transcriptómicos y metabólicos en hojas de I. paraguariensis desencadenados por sequía). Allí se desarrolla cómo se modifica la expresión de los genes y metabolitos a causa del fenómeno climático y se presenta un análisis fisiológico integral de la respuesta de la planta para mitigar los efectos deletéreos producidos por la situación adversa.

“Nosotros abordamos el problema empleando distintos niveles de estudios que incluyen el análisis de la variación de la expresión de los genes (transcriptoma) y la modificación del metaboloma (comprende todas moléculas pequeñas o metabolitos que se encuentran en un organismo), como consecuencia de la expresión génica, y relacionamos con los cambios fisiológicos que determinan una respuesta”.

Un estudio tan detallado y minucioso fue posible a través de la colaboración de numerosos profesionales de distintos centros de investigación: Maximiliano Acevedo y Hernán Avico (Laboratorio de Biotecnología Aplicada y Genómica Funcional – UNNE), Norma Paniego, Máximo Rivarola y Sergio González (Instituto de Biotecnología CICVyA-INTA), Adriano Nunes Nesi y Acácio Rodriguez Salvador (Departamento de Biología Vegetal, Universidad Federal de Viçosa, Brasil), Oscar Ruiz (II-B INTECh). Asimismo, el profesor Sansberro destacó la valiosa participación de la Dra. Silvina Pessino (Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad Nacional de Rosario), posibilitando el aislamiento de los primeros genes de yerba mate.

Pedro Sansberro, investigador de CONICET (IBONE), docente de la UNNE

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Lory Maquinas comenzó la producción en serie de su cosechadora de yerba mate

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La empresa obereña realizó diferentes mejoras a la “barra de corte” para yerba mate, después de las pruebas realizadas en San José. Con varios pedidos de parte de productores, comenzó la producción en serie.
Lory viene trabajando hace un par de años en busca de optimizar la mecanización de la zafra del oro verde misionero, un sueño que viene de vieja data en la zona productora. Los primeros antecedentes de estas ideas datan de 1960 o 1970, con el objetivo de permitir el desplazamiento del personal dedicado a la zafra yerbatera, a otras actividades más rentables y menos sacrificadas.

En la zona productora hay experiencias que han resultado funcionales, pero siempre pensado en grandes superficies de producción, con maquinaria de elevado costo. Ahí radica la principal diferencia con la barra de corte diseñada por David Lory, es de un costo no muy elevado y se adapta a las cosechadoras de té, que circulan por toda la zona productora, a la vez permite pensar en cosechas de pequeños productores como lo son el grueso de los productores yerbateros de la provincia de Misiones.
La barra de corte presentada el pasado 13 de diciembre permitía una recolección de 2 toneladas por hora de hoja verde, con un corte tipo de “mesa” de las plantas, similar al corte que se hace en las plantaciones de té, el costo del implemento es de alrededor de 600 mil pesos. En Montecarlo hay otro prototipo diseñado de corte lateral de las plantas de yerba, que también está avanzando.
Lory Maquinas avanzó con su prototipo, le realizaron diversas mejoras para optimizar el corte. “Hemos realizado pequeñas mejoras para reducir las pérdidas de hojas y ramas cosechadas”, explicó David Lory a Economis.
Además este joven ingeniero misionero ha diseñado una “rebajadora para preparar los yerbales existentes. Este implemento se adapta a los tractores y permite de forma mecánica, preparar las plantas para el paso de la barra de corte. Evitando el trabajo manual y la posible diferencia de alturas en las plantas.
Lory indicó que ya han realizado la primera venta de la “barra de corte”, fue para el Establecimiento Don Lucas, quienes ya comenzarán a mecanizar la zafra. Además hay otros productores que han solicitado a la empresa comenzar a trabajar para poder mecanizar su cosecha.
El desarrollador de la maquina explicó que por la inflación el costo del implemento se ha encarecido un poco, pero esto no ha frenado el interés de los productores, que consideran una inversión viable.
La cosecha mecanizada implica un cambio de paradigma, las plantaciones existentes tienen una densidad de entre 2000 a 4000 plantas por hectárea, con una distribución entre líneas de plantación (liños) de 2,8 a 3 metros y entre plantas de 1,5 metros.

Sin embargo, según Manuel Holobate productor yerbatero de San José, lo mejor es hacer un cambio en las plantaciones y pasar a tener parcelas con hasta 7000 plantas por hectárea con liños dobles, donde la distribución de las plantas es de 80 centímetros entre cada plata, un metro entre par de plantas y la distancia entre líneas de plantas es de 2,5 metros.
Esto optimiza el espacio y hace más efectiva la cosecha mecanizada, además con un correcto trabajo de la planta, esta evoluciona y permitiría hasta dos cortes por año con la máquina. Una en invierno y otra en primavera.
Especialistas de la Estación Experimental INTA de Cerro Azul, advierten que la cosecha mecanizada de yerba obliga a redefinir la función del tarefero, porque según sus experiencias no podrá eliminarse completamente al cosechero, pero este se tendrá que especializar en el cuidado de la planta, no en la extracción de la hoja verde.
Para el ingeniero agrónomo Mario Kryvenki, uno de los especialistas en yerba mate de la estación experimental INTA-Cerro Azul, el tarefero deberá pasar a ser un “podador especializado”, que se dedicará al “manejo de las plantas, en algún momento entre los ciclos de cosecha hay que intervenir para ir arreglando la planta”.
Este cambio obliga también a repensar la forma de retribuir a este trabajador, que ya no cobraría por kilo cosechado. Algo que a la vez permitiría una evolución en una tarea por demás esforzada como lo es la tarefa.

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El INYM y el INTA investigan para combatir el Mal de la Tela

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Presente desde hace décadas en forma esporádica en yerbales de la zona productora (Misiones y norte de Corrientes), el Mal de la Tela es una enfermedad generada por un hongo que provoca la caída de hojas y ramas de las plantas, y para erradicarla, está en marcha una investigación encabezada por técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).
Tras ser notificados de casos en las localidades de Monte Carlo y Andresito, los técnicos visitaron los yerbales, tomaron muestras y las enviaron a laboratorios de la Argentina y el exterior, donde son evaluados y cuyos resultados se aguardan.
En tanto, desde las áreas técnicas del INYM y del INTA se informa que la prevención es la acción que mejor puede aplicar el productor ante la aparición de la enfermedad.
“Se tiene certeza de que el agente causal de esta enfermedad es un hongo, y en estos momentos, tanto INYM como INTA están abocados a identificar, con la mayor certeza posible, de cuál es la especie de hongo”, explicó el ingeniero Alberto Re, presidente del INYM. Esto es importante, continuó, “ya que nos determina como actúa, y de esta manera podemos generar conocimientos para hacer las mejores recomendaciones para los productores, sin afectar a toda la cadena, y que estas prácticas sean lo más efectivas posibles”.
La sintomología del Mal de la Tela es el secado de hojas y ramas, que pasan de color verde a color negro, y luego se desprenden de la planta, o quedan adheridas por unos pequeños hilos de color blanco que son las hifas del hongo. Por eso se considera que “es clave la observación permanente de todos los lotes de yerba mate”, y ante la aparición de hojas negras, “proceder a erradicarlas para evitar que se propague”, agregó por su parte el ingeniero Octavio Ingaramo, director del Centro Regional del INTA en Misiones.
Esta enfermedad presente esporádicamente en la zona productora (Misiones y norte de Corrientes), cuenta con registros de otros años donde su manifestación fue importante, pero luego la incidencia disminuyó. “Es provocada por un hongo, que aparece en determinadas condiciones climáticas y ambientales, aspectos que están siendo abordados por investigadores del INTA con visita a yerbales y estudios de laboratorios”, referenció Ingaramo. “Es posible evitarla si se toman medidas. Para ello es importante, la visita a los yerbales, el monitoreo constante de las plantas, y al identificar los síntomas, hojas y ramas negras, separarlas, aislarlas y quemarlas, o en caso de que toda la planta esté infectada, eliminar esa planta. De esta forma disminuimos el foco de infección, minimizando la posibilidad de contagio al resto de la planta o al lote completo”, se explayó. En la misma línea, “hay que limpiar vehículos que hayan transportado el vegetal en esas condiciones y herramientas que se hayan usado para realizar estas actividades (como ser serruchos, tijeras y ponchadas)”.
En cuanto al uso de químicos en el combate al Mal de la Tela, se observó que “pueden llegar a mitigar el efecto del hongo pero no a erradicar; la única forma de eliminar la enfermedad es eliminar las hojas y ramas infectadas y evitar que se propague.

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