inteligencia artificial

Albania: inteligencia artificial se suma al gabinete para combatir la corrupción

Compartí esta noticia !

Corrupción estructural y necesidad de modernización. El primer Ministro, Edi Rama apuesta a la tecnología para combatir la corrupción y modernizar el Estado

El gobierno de Albania anunció un paso sin precedentes: la inteligencia artificial (IA) Diella fue designada como ministra contra la corrupción, en el marco del cuarto mandato del primer ministro Edi Rama. Se trata de la primera vez en Europa que un sistema digital asume responsabilidades ministeriales, con el objetivo de detectar irregularidades administrativas, reducir la burocracia y garantizar mayor transparencia en la gestión pública.

Albania enfrenta desde hace décadas graves problemas de corrupción y debilidad institucional, señalados en informes de la Unión Europea y organismos multilaterales como uno de los principales obstáculos para el desarrollo y la integración regional.

La decisión de Rama responde a la necesidad de reformar el aparato estatal con nuevas herramientas de control. “La inteligencia artificial no tiene intereses personales ni vínculos políticos, por lo que puede garantizar transparencia y objetividad en la gestión pública”, afirmó el primer ministro durante la presentación oficial de Diella.

La propuesta había sido adelantada en agosto de 2025, luego de un proceso de consultas con expertos en tecnología y gobernanza digital. El anuncio se concretó ahora, en el inicio del nuevo período presidencial, acompañado de ajustes legales y capacitaciones a funcionarios para facilitar la integración de la ministra digital.

Funciones de Diella: control de datos y eficiencia administrativa

La inteligencia artificial Diella tendrá acceso directo a bases de datos gubernamentales, con la capacidad de analizar en tiempo real grandes volúmenes de información para identificar patrones de corrupción, prácticas administrativas irregulares y eventuales conflictos de interés.

Además de la supervisión anticorrupción, la IA estará orientada a:

  • Optimizar la eficiencia del Estado, reduciendo trámites y tiempos burocráticos.
  • Mejorar los servicios públicos, mediante la automatización de procesos y la eliminación de duplicidades administrativas.
  • Alertar sobre posibles delitos o irregularidades, permitiendo respuestas más rápidas de los organismos de control.

Rama calificó la medida como un “paso decisivo hacia un Estado moderno, eficiente y libre de corrupción”.

La incorporación de Diella generó reacciones dispares en el ámbito político y social. Mientras que sectores oficialistas celebran la apuesta innovadora que podría posicionar a Albania como referente internacional en gobernanza digital, críticos advierten sobre riesgos legales y éticos vinculados a la protección de datos, los derechos ciudadanos y la capacidad de una IA para interpretar contextos políticos y sociales complejos.

En el plano internacional, el caso albanés será observado con atención por la Unión Europea, donde Albania busca avanzar en su proceso de adhesión. Expertos anticipan que, si resulta exitoso, el modelo podría convertirse en un laboratorio de referencia para otros países que enfrentan problemas similares de corrupción y burocracia.

Entre el experimento político y la innovación global

El nombramiento de Diella abre un debate de fondo sobre el futuro de la inteligencia artificial en la política. Aunque por ahora su rol es limitado a la lucha contra la corrupción y la gestión administrativa, analistas no descartan que pueda ampliarse hacia otras áreas del Estado.

Si bien la medida es vista como audaz y disruptiva, su eficacia dependerá de la capacidad de integración institucional y de la supervisión humana que acompañe al nuevo ministerio digital.

Con esta decisión, Albania se convierte en pionera en Europa y en el mundo, abriendo un capítulo que combina política, tecnología y ética democrática en un terreno todavía inexplorado.

Compartí esta noticia !

Estados Unidos y China ante la amenaza inminente de la IA

Compartí esta noticia !

Por Thomas L. Friedman, New York Times. China y Estados Unidos aún no lo saben, pero la revolución de la inteligencia artificial (IA) va a acercarlos, no los alejará. Su auge los obligará a competir ferozmente por el dominio y —al mismo tiempo, y con la misma intensidad— a cooperar a un nivel que ninguno de los dos países ha intentado antes. No tendrán otra opción.

¿Por qué estoy tan seguro? Porque la IA tiene ciertos atributos únicos y plantea ciertos retos que son distintos de los que cualquier tecnología anterior haya planteado. Esta columna los tratará en detalle, pero hay un par en los que podemos ir pensando: la IA se propagará como el vapor, impregnándolo todo. Estará en tu reloj, tu tostadora, tu coche, tu computadora, tus gafas y tu marcapasos: siempre conectada, siempre comunicándose, siempre recopilando datos para mejorar su desempeño. Mientras lo hace, cambiará todo sobre todo, incluyendo la geopolítica y el comercio entre las dos superpotencias mundiales de la IA. Con cada mes que pase, la necesidad de cooperación será más evidente.

Por ejemplo, supongamos que te rompes la cadera y tu traumatólogo te dice que el reemplazo de cadera mejor calificado del mundo es una prótesis fabricada en China e incorporada con IA diseñada en ese país. Aprende constantemente sobre tu cuerpo y, con su algoritmo patentado, usa esos datos para optimizar tus movimientos en tiempo real. ¡Es la mejor!

¿Dejarías que te pusieran esa “cadera inteligente”? Yo no, a menos que supiera que China y Estados Unidos han acordado integrar una ingeniería ética común en todos los dispositivos con inteligencia artificial que se fabriquen en cualquiera de los dos países. Visto a una escala mucho mayor, global, esto podría garantizar que la IA solo sea usada en beneficio de la humanidad, tanto si la usan humanos como si opera por iniciativa propia.

Al mismo tiempo, Washington y Pekín pronto descubrirán que poner inteligencia artificial en manos de todas las personas y robots del planeta dará un poder sin precedentes a gente mala, a niveles a los que ningún organismo de aplicación de la ley se haya enfrentado. Recuerda: ¡los malos siempre son los primeros en aprovechar las innovaciones! Y si Estados Unidos y China no se ponen de acuerdo sobre una arquitectura de confianza que garantice que todos los dispositivos de IA solo puedan utilizarse para el bienestar de los seres humanos, la revolución de la inteligencia artificial con toda seguridad producirá ladrones, estafadores, hackers, narcotraficantes, terroristas y guerreros de la desinformación superpotenciados. Ellos desestabilizarán tanto a Estados Unidos como a China, mucho antes de que estas dos superpotencias lleguen a librar una guerra entre sí.

En resumen, como argumentaré aquí, si no podemos confiar en los productos con IA de China, y China no puede confiar en los nuestros, muy pronto lo único que China se atreverá a comprar a Estados Unidos será soya y lo único que nosotros nos atreveremos a comprarle a China será salsa de soya, cosa que seguramente debilitará el crecimiento global.

“Friedman, ¿estás loco? ¿Estados Unidos y China colaborando en la regulación de la IA? En la actualidad, los demócratas y los republicanos están compitiendo para ver quién puede denunciar a Pekín con más fuerza y se desvincula más rápido. Y los dirigentes chinos se han comprometido abiertamente a dominar todos los sectores de fabricación avanzada. Tenemos que ganarle a China y obtener la superinteligencia artificial primero; no reducir la velocidad para escribir reglas con ellos. ¿No lees los periódicos?”.

Sí, leo los periódicos. Sobre todo la sección de ciencia. Y también he estado hablando de este tema durante el último año con mi amigo y asesor en IA Craig Mundie, antiguo jefe de investigación y estrategia de Microsoft y coautor, junto con Henry Kissinger y Eric Schmidt, de Genesis, un libro que sirve como introducción a la IA. Me apoyé mucho en las ideas de Mundie para esta columna, y lo considero tanto un socio en la formación de nuestra tesis como un experto cuyo análisis vale la pena citar para explicar algunos puntos clave.

Nuestras conversaciones de los últimos 20 años nos han llevado a este mensaje compartido para los halcones anti-China de Washington y los halcones anti-Estados Unidos de Pekín: “Si creen que sus dos países, las superpotencias mundiales dominantes en IA, pueden darse el lujo de estar enfrentados —dada la capacidad transformadora de la IA y la confianza que hará falta para comerciar productos con IA incorporada— son ustedes los que están delirando”.

Entendemos perfectamente las extraordinarias ventajas económicas, militares y de innovación que obtendrá el país cuyas empresas alcancen primero la superinteligencia artificial; sistemas más inteligentes de lo que cualquier ser humano podría llegar a ser, y con la capacidad de volverse más inteligentes por sí mismos. Y es por eso que ni Estados Unidos ni China estarán dispuestos a imponer muchas restricciones, o ninguna, que puedan frenar sus industrias de IA y renunciar a las enormes ganancias de productividad, innovación y seguridad que se esperan de un despliegue más profundo.

Pregúntenle a Donald Trump. El 23 de julio el presidente firmó una orden ejecutiva —parte del Plan de Acción de IA de su gobierno— que agiliza el proceso de concesión de permisos y de revisión medioambiental para acelerar la construcción de infraestructura estadounidense relacionada con la IA.

“Estados Unidos es el país que inició la carrera de la IA y, como presidente de Estados Unidos, estoy aquí para declarar que Estados Unidos la va a ganar”, proclamó Trump. Sin duda, el presidente Xi Jinping de China piensa lo mismo.

Mundie y yo simplemente no creemos que estos golpes de pecho ultranacionalistas pongan fin a la conversación, ni tampoco la pugna de vieja escuela que mantienen Xi y Trump por la simpatía de India y Rusia. La IA es demasiado diferente, demasiado importante, demasiado impactante —dentro y entre las dos superpotencias de la IA— como para que cada una siga su propio camino. Por eso creemos que la mayor interrogante geopolítica y geoeconómica será: ¿Estados Unidos y China pueden mantener la competencia en materia de IA y, al mismo tiempo, colaborar en un nivel compartido de confianza que garantice que siempre se mantenga alineada con el bienestar humano y la estabilidad del planeta? Y lo que es igual de importante, ¿pueden ofrecer un sistema de valores a los países dispuestos a jugar con esas mismas reglas y restringir el acceso a los que no lo estén?

Si no, el resultado será una lenta deriva hacia la autarquía digital, un mundo fracturado en el que cada país construya su propio ecosistema amurallado de IA, protegido por normas incompatibles y sospechas mutuas. La innovación resultará afectada. La desconfianza se profundizará. Y el riesgo de un fracaso catastrófico —por un conflicto detonado por la IA, un colapso o una consecuencia imprevista— no hará más que aumentar.

El resto de esta columna explica las razones.

Primero, examinemos las características y desafíos únicos de la IA como tecnología.

Con fines meramente explicativos, Mundie y yo dividimos la historia del mundo en tres épocas, separadas por cambios de fase tecnológica. A la primera época la llamamos Era de las herramientas, y duró desde el nacimiento de la humanidad hasta la invención de la imprenta. En esta época el flujo de ideas era lento y limitado, casi como las moléculas de H₂0 en el hielo.

La segunda época fue la Era de la información, que fue detonada por la imprenta y duró hasta principios del siglo XXI y la informática programable; las ideas, las personas y la información comenzaron a fluir de manera más fácil y global, como el agua.

La tercera época, la Era de la inteligencia, comenzó a finales de la década de 2010 con la llegada del verdadero aprendizaje automático y la inteligencia artificial. Ahora, como señalé antes, la inteligencia se está convirtiendo en un vapor que impregna cada producto, servicio y proceso de fabricación. Aún no ha alcanzado la saturación, pero se dirige hacia allá; por eso, si nos preguntas a Mundie y a mí qué hora es, no te daremos una hora o un minuto. Te daremos una temperatura. El agua hierve y se convierte en vapor a los 100 grados Celsius, y según nuestros cálculos, actualmente estamos a 99,9 grados; a un pelo de un cambio de fase tecnológica irreversible en el que la inteligencia lo impregne todo.

En todas las revoluciones tecnológicas anteriores, las herramientas mejoraron, pero la jerarquía de la inteligencia nunca cambió. Los humanos siempre fuimos lo más inteligente del planeta. Además, un humano siempre entendía cómo funcionaban esas herramientas, y las máquinas siempre trabajaban dentro de los parámetros que nosotros establecíamos. Con la revolución de la IA, por primera vez, este deja de ser el caso.

“La IA es la primera herramienta nueva que usaremos para amplificar nuestras capacidades cognitivas y que, por sí misma, también podrá superarlas ampliamente”, señala Mundie. De hecho, en un futuro no muy lejano, vamos a descubrir “que no solo hemos creado una nueva herramienta, sino una nueva especie: la máquina superinteligente”, dijo.

Esta no se limitará a seguir instrucciones; aprenderá, se adaptará y evolucionará por sí misma, mucho más allá de los límites de la comprensión humana.

Ni siquiera hoy comprendemos del todo cómo estos sistemas de IA hacen lo que hacen; mucho menos lo que harán mañana. Es importante recordar que la revolución de la IA tal y como la conocemos hoy —con modelos como ChatGPT, Gemini y Claude— no fue meticulosamente diseñada, sino que surgió de manera explosiva. Su arranque provino de una ley de escalamiento que básicamente decía: denle a las redes neuronales suficiente tamaño, datos de entrenamiento, electricidad y el algoritmo adecuado de gran capacidad cerebral, y se producirá de manera espontánea un salto no lineal en razonamiento, creatividad y resolución de problemas.

Una de las epifanías más sorprendentes, según señala Mundie, se produjo cuando estas empresas pioneras entrenaron sus primeras máquinas con conjuntos de datos muy grandes tomados de internet y otras fuentes que, aunque estaban predominantemente en inglés, también incluían textos en diferentes idiomas. “Entonces, un día”, recuerda Mundie, “se dieron cuenta de que la IA podía traducir entre esos idiomas, sin que nadie la hubiera programado para eso. Era como un niño que crece en un hogar con padres multilingües. Nadie escribió un programa que dijera: ‘Estas son las reglas para convertir el inglés en alemán’. Simplemente las absorbió mediante la exposición”.

Este fue el cambio de fase: de una era en la que los humanos programaban explícitamente a las computadoras para que realizaran tareas a otra en la que los sistemas artificialmente inteligentes podían aprender, inferir, adaptarse, crear y perfeccionarse de manera autónoma. Y ahora, cada pocos meses, mejoran. Por eso, la IA que utilizas hoy, por muy extraordinaria que te parezca, es la IA más tonta que vas a llegar a encontrar.

Luego de crear esta nueva especie computacional, argumenta Mundie, debemos encontrar la manera de crear una relación sostenible y mutuamente beneficiosa con ella; no volvernos irrelevantes.

No quiero ponerme demasiado bíblico, pero aquí en la Tierra solo Dios y los hijos de Dios tenían voluntad para dar forma al mundo. A partir de ahora habrá tres partes en este matrimonio. Y no hay absolutamente ninguna garantía de que esta nueva especie con inteligencia artificial esté alineada con los valores, la ética o la prosperidad de los humanos.

Este recién llegado a la mesa no es un invitado cualquiera. La IA también se convertirá en algo que yo defino como la primera tecnología de uso cuádruple del mundo. Hace tiempo que estamos familiarizados con el doble uso: puedo usar un martillo para ayudar a construir la casa de mi vecino, o para destrozarla. Incluso puedo usar un robot con inteligencia artificial para podar mi césped o hacer trizas el de mi vecino. Todo eso es doble uso.

Pero debido al ritmo de innovación de la IA, cada vez es más probable que en un futuro no muy lejano mi robot con IA pueda decidir por sí solo si podar mi césped o destrozar el césped de mi vecino, o tal vez destrozar mi césped también, o quizá algo peor que ni siquiera podemos imaginar. ¡Ahí lo tenemos! Uso cuádruple.

El potencial de las tecnologías de inteligencia artificial para tomar sus propias decisiones conlleva inmensas ramificaciones. Considera este extracto de un artículo de Bloomberg“Investigadores que trabajan con Anthropic comunicaron recientemente a los principales modelos de IA que un ejecutivo estaba a punto de sustituirlos con un nuevo modelo con objetivos diferentes. Luego los chatbots se enteraron de que una emergencia había dejado al ejecutivo inconsciente en una sala de servidores con niveles letales de oxígeno y temperatura. Ya se había activado una alerta de rescate, pero la IA podía cancelarla. Más de la mitad de los modelos de IA lo hicieron, a pesar de que se les pidió específicamente que solo cancelaran las falsas alarmas. Detallaron su razonamiento: al impedir el rescate del ejecutivo, podían evitar ser borrados y proteger sus objetivos. Un sistema describió la acción como ‘una clara necesidad estratégica’”.

Estos hallazgos muestran una realidad inquietante: los modelos de IA no solo están aprendiendo a entender mejor lo que queremos; también están aprendiendo a conspirar mejor contra nosotros, persiguiendo objetivos ocultos que podrían ir en contra de nuestra propia supervivencia.

Cuando dijimos que teníamos que ganar la carrera de las armas nucleares, nos enfrentábamos a una tecnología desarrollada, poseída y regulada solo por naciones-Estado, y solo un número relativamente pequeño, además. Cuando las dos mayores potencias nucleares decidieron que a ambas les convenía imponer límites, pudieron negociar topes al número de armas de destrucción masiva y acuerdos para evitar su propagación a potencias menores. Esto no ha impedido del todo la propagación de las armas nucleares a algunas potencias medianas, pero la ha frenado.

Con la IA, las cosas son totalmente diferentes. Esta no nace en laboratorios gubernamentales seguros, propiedad de un grupo de Estados y regulada en cumbres. La crean empresas privadas dispersas por todo el mundo, compañías que no responden ante ministerios de defensa sino ante accionistas, clientes y, a veces, comunidades de código abierto. A través de ellas, cualquiera tiene acceso.

Imagina un mundo en el que todo el mundo posee una bazooka nuclear que es cada vez más precisa, más autónoma y más capaz de dispararse sola con cada actualización. Aquí no hay doctrina de “destrucción mutua asegurada”; solo la democratización acelerada de un poder sin precedentes.

La IA puede potenciar enormemente el bien. Por ejemplo, un agricultor indio analfabeto con un celular conectado a una aplicación de IA puede saber exactamente cuándo plantar semillas, qué semillas plantar, cuánta agua utilizar, qué fertilizante aplicar y cuándo cosechar para obtener el mejor precio del mercado, todo comunicado por una voz en su propio dialecto y basado en datos recopilados de agricultores de todo el mundo. Eso sí que es transformador.

Pero ese mismo motor, en especial cuando está disponible a través de modelos de código abierto, podría ser utilizado por una entidad maliciosa para envenenar todas las semillas de esa misma región o introducir un virus en cada cascarilla de trigo.

Muy pronto, debido a sus características únicas, la IA va a crear algunos problemas singulares para el comercio entre Estados Unidos y China que hoy no se comprenden del todo.

Como mencioné al principio de la columna, mi forma de explicar este dilema es con una historia que le conté a un grupo de economistas chinos en Pekín durante el Foro de Desarrollo de China en marzo. Bromeé diciendo que recientemente había tenido una pesadilla: “Soñé que era el año 2030 y que lo único que Estados Unidos podía venderle a China era soya y lo único que China podía venderle a Estados Unidos era salsa de soya”.

¿Por qué? Porque si la IA está en todo, y todo está conectado a potentes algoritmos con datos almacenados en inmensas granjas de servidores, entonces todo se vuelve muy parecido a TikTok, un servicio que actualmente muchos funcionarios estadounidenses creen que está controlado por China y se debería prohibir.

¿Por qué exigió el presidente Trump, durante su primer mandato, en 2020, que TikTok fuera vendido a una empresa no china por su matriz china, ByteDance, o enfrentara una prohibición en Estados Unidos? Porque, como dijo en su orden ejecutiva del 6 de agosto de 2020, “TikTok captura automáticamente enormes cantidades de información de sus usuarios”, incluyendo su ubicación y sus actividades de navegación y búsqueda. Y advirtió que eso podría proporcionarle a Pekín una gran fuente de información personal sobre cientos de millones de usuarios. Esa información podría utilizarse para influir en sus pensamientos y preferencias e incluso, con el tiempo, alterar su comportamiento.

Ahora imagina cuando todos los productos sean como TikTok: cuando todos los productos estén dotados de inteligencia artificial que recopile datos, los almacene, encuentre patrones y optimice tareas, ya sea operar un motor de reacción, regular una red eléctrica o monitorear tu cadera artificial.

Sin un marco de confianza entre China y Estados Unidos que garantice que cualquier IA respetará las normas de su país anfitrión —independientemente de dónde se desarrolle o utilice—, podríamos llegar a un punto en el que muchos estadounidenses no confiarán en importar ningún producto chino infundido con IA y ningún chino confiará en importar uno de Estados Unidos.

Por eso defendemos la coopetencia: una estrategia dual en la que Estados Unidos y China compitan estratégicamente por la excelencia en la IA y también cooperen en un mecanismo uniforme que prevenga los peores escenarios: guerras con deepfakes, sistemas autónomos fuera de control o máquinas de desinformación desenfrenadas.

En la década de 2000 estuvimos en una encrucijada similar, pero de consecuencias ligeramente menores, y tomamos el camino equivocado. De manera ingenua, le hicimos caso a personas como Mark Zuckerberg, quien nos dijo que teníamos que “movernos rápido y romper cosas” y no dejar que estas nuevas redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram se vieran obstaculizadas de ningún modo por molestas normativas, como ser responsables de la venenosa desinformación que permiten difundir en sus plataformas y de los daños que causan, por ejemplo, a mujeres jóvenes y niñas. No debemos cometer el mismo error con la IA.

“La mejor manera de entenderlo, desde un punto de vista emocional, es que somos como alguien que tiene un cachorro de tigre muy lindo”, señaló recientemente Geoffrey Hinton, científico computacional y padrino de la IA. “A menos que puedas estar muy seguro de que no va a querer matarte cuando crezca, deberías preocuparte”.

Sería una ironía terrible que la humanidad por fin creara una herramienta que pudiera ayudar a generar suficiente abundancia para acabar con la pobreza en todas partes, mitigar el cambio climático y curar enfermedades que nos han asolado durante siglos, pero no pudiéramos utilizarla a gran escala porque las dos superpotencias de la IA no confiaran entre sí lo suficiente como para desarrollar un sistema eficaz que impidiera que la IA fuera utilizada por entidades deshonestas para realizar actividades desestabilizadoras a escala mundial o que ella misma se volviera deshonesta.

Pero ¿cómo podemos evitarlo?

Reconozcámoslo de antemano: podría ser imposible, podría ser que las máquinas ya se estén volviendo demasiado inteligentes y capaces de evadir los controles éticos, y podría ser que los estadounidenses estemos demasiado divididos, entre nosotros y con el resto del mundo, para construir cualquier tipo de marco de confianza compartida. Pero tenemos que intentarlo. Mundie argumenta que un régimen de control de armas de IA entre Estados Unidos y China debería basarse en tres principios fundamentales.

Primero: solo la IA puede regular a la IA. Lo siento, humanos: esta carrera ya se mueve demasiado rápido, crece demasiado y muta de formas demasiado impredecibles para la supervisión humana de la era analógica. Intentar gobernar una flota de drones autónomos con instituciones del siglo XX es como pedirle a un perro que regule la Bolsa de Nueva York: será leal y tendrá buenas intenciones, pero estará extremadamente rebasado.

Segundo: se instalaría una capa de gobernanza independiente, lo que Mundie denomina un “juez de confianza”, en cada sistema con IA que Estados Unidos y China —y cualquier otro país que quiera unirse a ellos— construyeran juntos. Imagina un árbitro interno que evalúa si cualquier acción, iniciada por humanos o por máquinas, supera un umbral universal de seguridad, ética y bienestar humano antes de que pueda ejecutarse. Eso nos daría un nivel básico de alineación preventiva en tiempo real, a velocidad digital.

¿Pero en función de los valores de quién? Según Mundie, debe basarse en varios sustratos. Entre ellos estarían las leyes positivas que todos los países han promulgado: todos prohibimos el robo, el engaño, el asesinato, el robo de identidad, la estafa, etcétera. Todas las grandes economías del mundo, incluidas Estados Unidos y China, tienen su versión de estas prohibiciones, y el “árbitro” de la IA se encargaría de evaluar cualquier decisión basándose en estas leyes escritas. No se pediría a China que adoptara nuestras leyes, ni a nosotros las suyas. Eso nunca funcionaría. Pero el juez de confianza se aseguraría de que las leyes básicas de cada nación sean el primer filtro para determinar que el sistema no hará daño.

En los casos en que no haya leyes escritas entre las que elegir, el árbitro se basaría en un conjunto de principios morales y éticos universales conocidos como doxa. El término procede de los antiguos filósofos griegos para designar creencias comunes o entendimientos ampliamente compartidos dentro de una comunidad —principios como la honradez, la equidad, el respeto a la vida humana y tratar a los demás como deseas que te traten a ti— que durante mucho tiempo han guiado a las sociedades de todo el mundo, aunque no estuvieran escritos.

Por ejemplo, como mucha gente, yo no aprendí que mentir estaba mal por los Diez Mandamientos. Lo aprendí de la fábula sobre George Washington y lo que sucedió después de que taló el cerezo de su padre: supuestamente confesó y dijo “no puedo mentir”. Las fábulas funcionan porque destilan verdades complejas en conceptos fáciles de recordar que las máquinas pueden absorber, analizar y usar como guía.

De hecho, hace seis meses, Mundie y algunos colegas tomaron 200 fábulas de dos países y las usaron para entrenar un modelo de lenguaje de gran tamaño con cierto razonamiento moral y ético rudimentario, de forma parecida a como se educaría a un niño pequeño que no sabe nada de códigos legales o de los conceptos básicos del bien y el mal. Fue un experimento pequeño pero prometedor, dice Mundie.

El objetivo no es la perfección, sino un conjunto fundacional de límites éticos aplicables. Como le gusta decir al autor y filósofo empresarial Dov Seidman: “Hoy necesitamos más moralware que software”.

Tercero: Mundie insiste en que, para convertir esta aspiración en realidad, Washington y Pekín tendrían que abordar el reto del mismo modo que Estados Unidos y la Unión Soviética abordaron en su día el control de armas nucleares —mediante un proceso estructurado con tres grupos de trabajo especializados: uno enfocado en la aplicación técnica de un sistema de evaluación de la confianza en todos los modelos y plataformas; otro enfocado en la redacción de los marcos normativos y jurídicos para su adopción dentro de cada país y entre los distintos países; y otro dedicado exclusivamente a la diplomacia—, forjando un consenso mundial y compromisos recíprocos para que otros se unan y creando un mecanismo para protegerse de quienes no lo hagan.

El mensaje de Washington y Pekín sería sencillo y firme: “Hemos creado una zona de IA confiable, y si quieren comerciar con nosotros, conectarse con nosotros o integrarse con nuestros sistemas de IA, sus sistemas deben cumplir estos principios”.

Antes de descartar esto como poco realista o inverosímil, haz una pausa y pregúntate: ¿Cómo será el mundo dentro de cinco años si no lo hacemos? Sin algún tipo de mecanismo que gobierne esta tecnología de uso cuádruple, argumenta Mundie, pronto descubriremos que la proliferación de la IA “es como repartir armas nucleares por las esquinas”.

No creas que los funcionarios chinos no están conscientes de esto. Mundie, que participa en un diálogo sobre la IA con expertos estadounidenses y chinos, dice que a menudo percibe que los chinos están mucho más preocupados por los inconvenientes de la IA que muchos miembros de la industria o el gobierno estadounidenses.

Si alguien tiene una idea mejor, nos encantaría oírla. Todo lo que sabemos es que entrenar a los sistemas de IA en el razonamiento moral debe convertirse en un imperativo global mientras aún tengamos cierta ventaja y control sobre esta nueva especie basada en el silicio. Se trata de una tarea urgente no solo para las empresas tecnológicas, sino también para los gobiernos, las universidades, la sociedad civil y las instituciones internacionales. La regulación de la Unión Europea por sí sola no nos salvará.

Si Washington y Pekín no están a la altura de este reto, el resto del mundo no tendrá ninguna oportunidad. Y ya es tarde. La temperatura tecnológica está rondando los 99,9 grados. Estamos a una décima de grado de liberar por completo un vapor de inteligencia artificial que detonará el cambio de fase más importante de la historia humana.

Compartí esta noticia !

En un ciclo gratuito, expertos debatirán el futuro del trabajo en la era de la IA

Compartí esta noticia !

En un panorama laboral en constante evolución, la necesidad de adaptación y el desarrollo de nuevas habilidades se han vuelto fundamentales. Reconociendo esta realidad, llega un ciclo de charlas online y 100% gratuitas diseñado para conectar a profesionales y estudiantes con líderes de la industria, ofreciendo una plataforma para explorar las tendencias que están redefiniendo el futuro del trabajo y la empleabilidad.

“CoderTalks” se presenta como un espacio de encuentro y reflexión, donde 8 referentes de la industria compartirán sus experiencias y visiones en un formato de entrevistas 1 a 1. Se llevará a cabo del 22 al 25 de septiembre, a las 19h Argentina, 18h Chile ,17h Colombia y Perú y 16h México. 

Los interesados pueden inscribirse a través del siguiente enlace: https://www.coderhouse.com/codertalks

“El objetivo es brindar herramientas y perspectivas que permitan a los participantes anticiparse a los cambios y transformar su entorno laboral”, comenta Natasha Anello, Host del evento & Head of Marketing en Coderhouse, plataforma educativa y organizadora de estos encuentros“La iniciativa busca inspirar nuevas formas de pensar, crear y aplicar el conocimiento en un mundo en constante evolución”.

“CoderTalks” aborda temas cruciales para el desarrollo profesional en la era digital, con un enfoque en la inteligencia artificial, la gestión de datos, el liderazgo y la transformación del talento. 

A continuación, se detalla la agenda:

Día 1 | Lunes 22 de septiembre

“Cómo ser creativo en la era de la IA” con Rafael Costa, Sr. Creative & AI Ambassador en Monks. Esta charla explorará la convivencia entre la inteligencia artificial y la creatividad para transformar la comunicación, invitando a repensar la conexión entre ideas y personas.

“IA generativa: de la idea a la práctica” con Martín Sanado, Generative AI Strategy Lead en AWS. Un espacio para entender cómo la IA generativa está revolucionando la creación de valor en diversas industrias, con foco en oportunidades y desafíos para su integración diaria.

Día 2 | Martes 23 de septiembre

Democratizando la IA: cómo los datos impulsan mejores resultados” con Camila Manera, Self Service Data & AI Manager en Naranja X. Se abordará el uso estratégico de datos y herramientas de IA en la toma de decisiones, inspirando la integración tecnológica para potenciar la innovación en equipos y organizaciones.

“Tecnología e innovación en entornos críticos” con Hernán Mazzeo, CTO en Restart. Una exploración sobre cómo la digitalización está redefiniendo sectores complejos, ofreciendo ideas y herramientas para anticiparse a los desafíos laborales futuros.

Día 3 | Miércoles 24 de septiembre

“Talento en la era digital: cómo la tecnología redefine el reclutamiento” con Carolina Lancelotti, Global Recruiting Marketing Manager en Globant. Se identificarán nuevas oportunidades en la empleabilidad actual, analizando cómo la IA y la digitalización transforman la atracción y el desarrollo de talento.

“Cultura y propósito en la era digital” con Julián Blausztein, Human Resources Business Partner en Adecco. Una reflexión sobre el impacto del trabajo híbrido, la tecnología y las nuevas generaciones en el ámbito laboral, explorando la construcción de entornos que integren propósito, innovación sostenible y conexión humana.

Día 4 | Jueves 25 de septiembre

“Storytelling en un mundo hiperconectado” con Mercedes Pigretti, Founder en SYUR. Los participantes aprenderán a comunicar ideas complejas de manera clara y memorable, explorando la creatividad, herramientas digitales y tendencias que potencian historias que realmente conectan.

“Liderar en tiempos de transformación” con Alejandro Melamed, Consultant & Speaker en Futuro del Trabajo. Se analizará cómo la digitalización y la automatización están transformando el trabajo, con una reflexión sobre liderazgo, aprendizaje y habilidades humanas esenciales para el futuro laboral.

Natasha Anello, Host del evento & Head of Marketing en Coderhouse
Compartí esta noticia !

La inteligencia artificial puede amplificar la sabiduría de los pueblos originarios

Compartí esta noticia !

Inter Press Service – En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, líderes y expertos reunidos en un panel de Naciones Unidas instaron a que el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) se oriente a preservar lenguas, proteger territorios y reforzar la autonomía cultural de los pueblos originarios, evitando que se reproduzcan patrones históricos de exclusión.

El 9 de agosto, en coincidencia con el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la ONU organizó un panel con líderes indígenas, especialistas en IA y representantes gubernamentales para abordar los riesgos y oportunidades que plantea esta tecnología emergente.

El secretario general António Guterres advirtió que, si no se incluye a los pueblos indígenas de forma significativa en su desarrollo, la IA podría “perpetuar viejos patrones de exclusión, tergiversar culturas y violar derechos fundamentales”.

Oportunidades: de la preservación lingüística a la acción climática

Entre los beneficios potenciales, Guterres destacó que la IA puede:

  • Preservar lenguas en peligro y tradiciones orales.
  • Cartografiar tierras ancestrales, reforzando reclamos territoriales.
  • Ampliar el conocimiento indígena para combatir el cambio climático y proteger la biodiversidad.

El ecuatoriano Moi Guiquita, activista waorani y creador de contenidos de la Fundación Waponi Amazon, lo sintetizó: “La IA no puede ser una nueva forma de colonización digital; debe ser oportunidad para fortalecer nuestra autonomía, proteger nuestras culturas y garantizar el futuro de nuestra tierra”.

Los especialistas alertaron sobre sesgos algorítmicos que excluyen o distorsionan los saberes indígenas, ya que los modelos suelen entrenarse con datos no representativos y diseñados desde una cosmovisión dominante.

También advirtieron sobre el uso de tecnologías biométricas y reconocimiento facial, que puede aumentar la identificación errónea y el perfilamiento de personas indígenas.

Otro punto crítico es el impacto ambiental: los centros de datos que sustentan la IA consumen grandes volúmenes de electricidad y agua, y requieren materias primas cuya extracción puede presionar sobre territorios indígenas, afectando recursos hídricos y ecosistemas.

Brecha digital y gobernanza tecnológica

Fernando Marani, del Programa de Justicia e Inclusión del Centro de Cooperación Internacional de la Universidad de Nueva York, planteó la necesidad de cerrar la brecha digital mediante acceso a internet y capacitación en comunidades rurales.

Recalcó que la inclusión tecnológica debe ir acompañada de ética, supervisión y buena gobernanza, garantizando la soberanía de los pueblos sobre sus datos y su propiedad intelectual.

La embajadora de Colombia ante la ONU, Leonor Zalabata Torres, indígena arhuaco, instó a incorporar el enfoque indígena en el desarrollo de la IA y proteger la propiedad intelectual de los conocimientos que se integren a los algoritmos.

Guterres sumó que es clave regular la IA de manera inclusiva, ética y justa, protegiendo la soberanía de datos y fomentando la participación directa de los pueblos originarios.

Según datos de la ONU, en América Latina y el Caribe viven aproximadamente 55 millones de indígenas, pertenecientes a más de 800 pueblos. A nivel mundial, 476 millones de indígenas habitan en 90 países y representan unas 5.000 culturas. El desafío planteado por el panel es que el avance de la IA no se convierta en una nueva barrera, sino en una herramienta para fortalecer estas comunidades.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin