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León XIV publica su primera encíclica: ‘Magnifica humanitas’, una guía ética y moral ante el desafío de la IA

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El papa León XIV publicó hoy, lunes 25 de mayo, su primera carta encíclica, titulada ‘Magnifica Humanitas‘, un documento centrado en “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.

En el texto, el Papa advierte sobre los riesgos de un desarrollo tecnológico sin control ético y propone aplicar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia para que la IA sirva al bien común y no se convierta en un instrumento de poder en manos de unos pocos. 

“En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de ser oscurecida por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, preservando con amor esa magnífica humanidad que nos fue dada y mostrada en su plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás reemplazar en todo su esplendor”, escribe León XIV en su primera encíclica, de 231 páginas, divididas en cinco capítulos.

La dimensión antropológica es una constante a lo largo de la encíclica, que es, en efecto, un documento social, pero donde la sociedad no es otra cosa que el hogar en el que la humanidad puede ser ella misma y florecer. Desde el individuo, pasando por la familia, piedra angular de la sociedad, hasta las sociedades y estructuras que posibilitan la vida social, como la economía y la política.

La encíclica plantea que la humanidad se encuentra ante una “elección decisiva”, representada por dos imágenes bíblicas: construir una nueva “torre de Babel”, basada en el orgullo y la eficiencia que deshumaniza, o “reconstruir Jerusalén”, una sociedad fraterna edificada sobre la responsabilidad compartida y el diálogo. 

El Papa alerta de que la primera elección no es entre un “sí” o un “no” a la tecnología, sino sobre el modelo de sociedad que se desea construir.

Un poder en manos de unos pocos
El punto de referencia de la encíclica, firmada en el 135 aniversario de Rerum novarum, es León XIII, quien dio un “nuevo impulso” a la doctrina social de la Iglesia, llamada hoy a afrontar el hecho de que “la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando el mundo”.

“Cada generación hereda la tarea de dar forma a su propio tiempo, pero cada época se enfrenta al riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto”, escribe el Papa, según quién para afrontar el desafío de la revolución digital, se necesitan “instrumentos normativos adecuados”, pero, sobre todo: “Debemos preguntarnos con realismo quién ostenta este poder hoy en día y con qué fines lo utilizan”.

En el pasado, de hecho, “eran principalmente los Estados los que guiaban y dirigían la innovación”. “Hoy, sin embargo, los principales impulsores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, con recursos y capacidad de intervención superiores a los de muchos gobiernos . El poder tecnológico adquiere así una nueva faceta, predominantemente “privada”, y por ello resulta aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común”. No, pues, a los “usos evidentemente antihumanos” de la IA: debemos preguntarnos “qué idea de persona y sociedad” subyace a las máquinas.

León XIV critica el “paradigma tecnocrático” donde la lógica de la eficiencia y el lucro gobierna las decisiones, reduciendo a las personas a “engranajes de un sistema”. La encíclica sostiene que la tecnología no es neutral, pues “toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”, y puede generar nuevas dependencias, exclusiones y desigualdades.

Las nuevas formas de esclavitud
Magnifica Humanitas dedica un apartado a denunciar las “nuevas formas de esclavitud” vinculadas a la economía digital. El texto señala el “trabajo silencioso de millones de seres humanos” en tareas como el etiquetado de datos o la moderación de contenidos, a menudo a cambio de “remuneraciones mínimas”. También se refiere a la extracción de tierras raras necesarias para los dispositivos, donde “adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas”.

“La complicidad y la ceguera del pasado debe convertirse en un llamamiento a la vigilancia en el presente para denunciar con firmeza”

En este contexto, León XIV pide perdón en nombre de la Iglesia por el “retraso con el que la Iglesia y la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud” en el pasado. Afirma que el recuerdo de la “complicidad y la ceguera del pasado” debe convertirse en un “llamamiento a la vigilancia” en el presente para denunciar con firmeza la trata de personas en sus múltiples manifestaciones actuales.

La guerra y el riesgo de la IA
La encíclica aborda con especial preocupación el uso de la inteligencia artificial en el ámbito bélico. El documento advierte que la automatización de las decisiones puede hacer la guerra “más ‘viable’ y menos sujeta al control humano”, bajando el umbral del recurso a la violencia y presentando el conflicto como una opción rápida e impersonal. 

“No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable”, afirma el pontífice.

El texto subraya que el juicio moral no puede reducirse a un cálculo y que, por tanto, “no es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales”. Por ello, León XIV hace un llamamiento a “desarmar” la IA, sustrayéndola de la lógica de la competencia armamentística, y a establecer reglas internacionales que frenen esta carrera tecnológica y aseguren la protección de los civiles.

Finalmente, el documento propone un camino basado en la responsabilidad compartida de todos los actores sociales, desde los desarrolladores hasta los políticos y los ciudadanos. La encíclica concluye con un llamamiento a “no temer ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo” para construir una “civilización del amor” donde la tecnología esté al servicio de la dignidad humana, la justicia y la paz.

La necesidad de un código ético
El Papa advierte en su encíclica que, aunque la IA puede imitar o simular al hombre, “no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva”, por lo que pide abordar la IA con sobriedad y vigilancia, “apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados”.

Por ello, cree León XIV que es necesario un código ético, sometido a criterios de justicia social compartida, eso sí, advierte que “no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos”. 

Además, señala que no hay que olvidar el impacto medioambiental de las nuevas tecnologías, que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a las emisiones de dióxido de carbono, dañando la Creación.

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Inteligencia artificial en estudios clínicos: reduce hasta el 50% los tiempos

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La incorporación de inteligencia artificial (IA) en el desarrollo de tratamientos y vacunas está redefiniendo los tiempos de la investigación clínica a nivel global y también en Argentina. Hoy, procesos que históricamente podían extenderse más de siete años logran completarse en aproximadamente cinco, lo que representa una reducción cercana al 33% en los plazos totales y abre una oportunidad clave: que los pacientes accedan antes a nuevas terapias.

En el marco del Día Mundial de la Investigación Clínica, que se conmemora cada 20 de mayo, bajo el lema global ‘Investigación clínica en ascenso’ especialistas destacan que la IA ya está presente en todas las etapas del proceso, desde el diseño de los estudios hasta el análisis de resultados y los procesos regulatorios.

Tal como refirieron desde Sanofi, la implementación de estas herramientas les permitió reducir a la mitad el tiempo de diseño de los estudios (de 12 a 6 meses), acortar significativamente el reclutamiento de pacientes (de 18 a 10 meses) y optimizar el análisis de datos (de 12 a 8 meses), identificar con mayor precisión qué pacientes se beneficiarán más, y mejorar el perfil de seguridad, entre otros avances.

“ La IA nos permite tomar mejores decisiones basadas en datos desde el inicio, diseñar estudios más eficientes y, lo que es más importante, acercar antes nuevas opciones terapéuticas a los pacientes que las necesitan. Además de impactar en los tiempos, aplicar IA en todos los procesos de I+D repercute también en la calidad de la investigación y en la posibilidad de incluir poblaciones más diversas”, señaló Emma Venezian , Directora de la Unidad de Estudios Clínicos de Sanofi Cono Sur.

Impacto directo en los pacientes
La reducción de los tiempos en investigación clínica no es solo un avance técnico. Para quienes conviven con enfermedades crónicas, poco frecuentes o de difícil tratamiento, significa la posibilidad de descubrimientos de terapias innovadoras. Esto es crítico cuando no existen otras alternativas terapéuticas disponibles.

Actualmente, Sanofi Argentina tiene un rol relevante en este ecosistema: participa en estudios clínicos para el 90% del pipeline de nuevas moléculas de Sanofi, con estudios de fase 1 a 3. En conjunto con Chile, tiene implementados 175 estudios en la región, potenciando significativamente la innovación e inversión en investigación clínica en Cono Sur.

En el país, cientos de profesionales de la salud participan activamente en estudios clínicos, en una red que incluye centros de investigación de alto nivel, tanto privados como públicos, y equipos multidisciplinarios. Este entramado promueve el acceso temprano al conocimiento científico de terapias innovadoras, da oportunidades a pacientes y fortalece el sistema de salud.

“ La alta participación en investigación clínica nos hace protagonistas del avance de la innovación, de la generación de conocimiento sobre nuevos tratamientos, vacunas y mecanismos de enfermedades. Cuando logramos hacerla más eficiente, el beneficio se multiplica: para los pacientes, para los médicos, para todo el sistema sanitario y para la economía del país”, agregó Emma Venezian.

Cómo la IA está transformando cada etapa
El impacto de la inteligencia artificial se distribuye a lo largo de todo el proceso de desarrollo de medicamentos:

Descubrimiento de fármacos y vacunas: herramientas avanzadas reducen hasta un 50% los tiempos en etapas preclínicas.
Diseño de estudios: simulaciones: simulaciones y modelos predictivos permiten optimizar protocolos y anticipar escenarios.
Reclutamiento de pacientes: el análisis de datos facilita identificar candidatos elegibles más rápido y mejorar la inclusión.
Monitoreo y calidad: sistemas en tiempo real detectan anomalías y mejoran la seguridad del estudio.
Análisis de resultados: modelos predictivos aceleran la interpretación de datos y aumentan la precisión.
Tal como explicó Venezian, “ estas mejoras no solo se traducen en una identificación optimizada de nuevas moléculas, desarrollo clínico más preciso y eficiente, reducción de costos operativos, sino que además optimiza la identificación de pacientes que se beneficiarán de un tratamiento específico y aumenta la tasa de éxito regulatorio, lo que contribuye a un desarrollo más sostenible de nuevas terapias”.

Argentina, un actor clave
En los últimos años, el país consolidó su posicionamiento como un hub estratégico para la investigación clínica en América Latina. La inversión sostenida, la calidad de los centros y el cumplimiento de estándares regulatorios internacionales permiten que Argentina participe en estudios multinacionales de alto impacto.

Entre 2022 y 2025, la inversión de Sanofi en investigación clínica en Argentina alcanzó los 96 millones de dólares, con una proyección de crecimiento sostenido hacia los próximos años. Actualmente, tiene decenas de estudios activos en áreas como inmunología, respiratorio, dermatología, enfermedades poco frecuentes, hematología, sistema nervioso central, oncología, metabolismo y vacunas.

En ese contexto, la integración de inteligencia artificial aparece como un acelerador clave para sostener ese crecimiento y potenciar el rol del país en el desarrollo científico global.

“La combinación entre talento local, infraestructura y nuevas tecnologías como la IA posiciona a Argentina en un lugar estratégico para la investigación clínica del futuro”, concluyeron desde Sanofi.

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Bain & Company invierte en OpenAI Deployment Company

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Bain & Company anunció su inversión en Deployment Company, la nueva iniciativa de OpenAI junto a 19 socios internacionales. El propósito de la alianza será ayudar a las empresas a implementar la inteligencia artificial en sus operaciones críticas. Con más de tres años de trabajo conjunto con clientes, esta unión estratégica consolida la colaboración de Bain con OpenAI.

Bain y OpenAI Deployment Company se asocian para trabajar con firmas de capital privado y las empresas de su cartera, un sector en el que Bain es líder mundial en consultoría. Combinan la tecnología de vanguardia de OpenAI en inteligencia artificial con las capacidades de Bain en la implementación de IA, la transformación empresarial y la estrategia industrial.

La colaboración se centrará en potenciar tanto el crecimiento de ingresos como la rentabilidad operativa de las compañías en cartera, optimizando desde el desarrollo de productos hasta la cadena de suministro mediante automatización inteligente. Asimismo, Bain integrará las capacidades avanzadas de OpenAI en su práctica de due diligence, permitiendo a los inversores maximizar el valor en cada etapa del ciclo de inversión, desde la evaluación de oportunidades hasta la estrategia de salida.

Rebecca Burack, Head de la práctica global de Capital Privado de Bain, declaró: “hoy en día, generar valor en las empresas de la cartera requiere tanto visión estratégica como capacidad técnica real y gestión del cambio. Bain aporta una amplia experiencia en capital privado, un historial de resultados y una capacidad probada en inteligencia artificial y desarrollo; OpenAI Deployment Company aporta la tecnología de vanguardia de OpenAI. Juntos, podemos liberar más valor dentro de las empresas y en todas las carteras, y ofrecer una mayor rentabilidad a los inversionistas.”

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Alerta en Wall Street: 9 de cada 10 inversores ven riesgos en el boom de la inteligencia artificial

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La inteligencia artificial se convirtió en el gran motor de Wall Street y en la temática estrella de los mercados globales. Pero detrás del entusiasmo por las empresas tecnológicas y las fuertes subas bursátiles empieza a crecer una señal de alerta: 9 de cada 10 inversores admiten tener preocupaciones sobre las inversiones vinculadas a IA y dos tercios creen que podría generarse una burbuja financiera en el corto plazo.

Según una nueva encuesta global elaborada por Janus Henderson Investors, 9 de cada 10 inversores reconocen tener preocupaciones sobre las inversiones vinculadas a inteligencia artificial, mientras que dos tercios creen que podría formarse una burbuja financiera o producirse una corrección del mercado impulsada por esta tecnología en el corto plazo.

El dato refleja una tensión cada vez más visible entre las expectativas de largo plazo y los temores sobre las valuaciones actuales del sector. Aunque el 61% de los encuestados considera que la IA tendrá un impacto positivo en los mercados a futuro, muchos inversores empiezan a preguntarse si el ritmo de crecimiento y las valuaciones de algunas compañías tecnológicas no están adelantándose demasiado a la realidad económica.

Entre las principales preocupaciones aparecen el riesgo de que la IA no cumpla con las expectativas (28%), los posibles problemas de sesgo o falta de controles (24%) y la sobrevaluación de activos relacionados con esta temática (19%).

“La IA será probablemente la temática estructural más importante de nuestra vida”, sostuvo Denny Fish, portfolio manager del equipo de Tecnología e Innovación Global de Janus Henderson Investors. Sin embargo, advirtió que el fenómeno también generará fuertes diferencias entre compañías ganadoras y perdedoras. “Los inversores necesitan paciencia y disciplina, porque no todas las empresas vinculadas a IA van a capturar el mismo valor”, explicó.

El informe también detecta diferencias generacionales marcadas. Los inversores más jóvenes son quienes muestran mayor optimismo respecto del potencial de la inteligencia artificial: el 31% de los Millennials espera que la IA tenga un impacto “muy positivo” sobre los retornos de mercado durante los próximos cinco años, frente al 14% de la Generación X y apenas el 8% de los Baby Boomers.

Pero la discusión ya no pasa solamente por dónde invertir. La inteligencia artificial también empieza a transformar la relación entre inversores, bancos y asesores financieros. Y ahí aparecen nuevas dudas.

La encuesta muestra que, aunque existe cierta aceptación sobre el uso de IA para generar contenido educativo o automatizar tareas operativas, muchos inversores todavía rechazan que la tecnología tome decisiones sensibles o reemplace el vínculo humano. El 40% asegura que le molestaría que un asesor financiero utilice IA para responder automáticamente mensajes o correos, mientras que un tercio directamente se opone a que las recomendaciones de inversión sean realizadas por inteligencia artificial.

Además, el 79% afirma que se sentiría incómodo si su asesor utilizara IA sin informarlo previamente, una señal de que la transparencia empieza a convertirse en un factor central dentro de la industria financiera.

Para Matt Sommer, Head of Specialist Consulting Group de Janus Henderson, el gran desafío será encontrar un equilibrio entre innovación tecnológica y confianza humana. “La conexión personal y la toma de decisiones liderada por personas no van a desaparecer. De hecho, la IA podría hacer que esas cualidades sean todavía más valoradas”, concluyó.

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¿Los plomeros pueden vencer a la Inteligencia Artificial?

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La idea de que los plomeros —y, por extensión, muchos oficios manuales— podrían “vencer” a la inteligencia artificial refleja una tensión real en el mercado laboral actual, donde el avance tecnológico no impacta a todos por igual. 

En los últimos años, la expansión de sistemas basados en inteligencia artificial ha transformado profesiones vinculadas al conocimiento, la administración y los servicios digitales. Tareas como redacción de informes, análisis de datos o la automatización de procesos hoy pueden ser ejecutadas en segundos por algoritmos cada vez más sofisticados. Sin embargo, ese mismo nivel de automatización encuentra límites claros cuando se traslada al mundo físico. 

En línea con esto, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, señaló el año pasado que “la próxima generación de millonarios serán plomeros y electricistas ya que el Chat GPT no puede reparar los caños rotos.” 

A esta declaración, Víctor Guajardo, gerente general de Amanco Wavin Argentina agregó que “es ahí donde entran los plomeros. Reparar una cañería, detectar una filtración o intervenir en una instalación sanitaria requiere de habilidades que combinan experiencia, criterio y adaptación a contextos imprevisibles. Cada hogar presenta condiciones diferentes, materiales diversos y problemas que no siempre se repiten. La estandarización, clave para la automatización, choca con la complejidad de lo real, de los problemas que se pueden encontrar en un hogar”.

La llamada “economía de los oficios” atraviesa un momento de revalorización: mientras algunos empleos administrativos se reducen o transforman, crece la demanda de trabajadores calificados en áreas técnicas. En las ciudades más grandes, conseguir un plomero disponible en el corto plazo puede ser más difícil y costoso que contratar, por ejemplo, un servicio digital altamente sofisticado. En algunos casos, los tiempos de espera pueden extenderse varios días o semanas, reflejando la escasez de mano de obra calificada.

El fenómeno no es nuevo, pero sí se acelera. Durante décadas, el sistema educativo priorizó carreras universitarias por sobre la formación técnica. Hoy, esa tendencia empieza a revisarse frente a un mercado que demanda habilidades concretas, difíciles de replicar por máquinas. La instalación, el mantenimiento y la reparación siguen siendo territorios donde la intervención humana resulta central.

Esta realidad también impacta en la calidad y durabilidad de las instalaciones, donde el conocimiento técnico resulta clave para evitar pérdidas de agua y garantizar sistemas eficientes. 

Algunos datos del último estudio de Amanco Wavin sobre plomeros en Argentina:

  • El 98% son hombres.
  • No hay plomeros entre 18 y 25 años.
  • La mayoría tiene entre 46 y 55 años.
  • El 84% eligió el oficio por vocación y el 15% por necesidad.

“El desafío no solo es cubrir la demanda actual, sino formar nuevas generaciones de trabajadores técnicos que hoy son escasos en el mercado. Esto no implica que la IA no tenga impacto en el sector ya que herramientas de diagnóstico, sensores inteligentes o sistemas de gestión pueden mejorar la eficiencia del trabajo. Pero, al menos por ahora, funcionan como un complemento y no como reemplazo. La última palabra —y la llave inglesa— siguen en manos humanas”, finalizó Guajardo.

Así, afirmar que “los plomeros van a vencer a la IA” puede sonar exagerado, pero encierra una verdad más profunda: en la era digital, no todas las habilidades tienen el mismo grado de automatización.  Y en ese mapa desigual, los oficios manuales no sólo resisten, sino que ganan protagonismo.

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