Kristalina Georgieva

FMI advierte los males: “Concentración de mercado, mala bancarización y corrupción”

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Kristalina Georgieva, directora-grente del FMI, expuso el enfoque del organismo multilateral durante el ‘Taller sobre Nuevas formas de solidaridad’ realizado en Ciudad del Vaticano el 05/02. Muy interesante un fragmento dedicado en forma específica a Latinoamérica, estando presente el ministro argentino Martín Guzmán: “(…) redoblar las medidas de reforma económica es fundamental para la inclusión y el crecimiento. Para muchos países latinoamericanos, esto significa abordar la concentración de mercado que limita la creación de empleos y perjudica a los pobres con precios más altos. Significa reducir las discriminaciones en el mercado laboral para empoderar a las mujeres. Y significa ampliar el acceso financiero a los hogares de bajos ingresos y a la pequeña empresa, entre otras cosas med iante un sector de tecnología financiera bien gestionado. Por encima de todo, existe margen para reforzar la lucha contra el mal de la corrupción. Sabemos que la corrupción obstaculiza el crecimiento y mina los fundamentos económicos y sociales; alimenta un descontento creciente, sobre todo entre los jóvenes. (…)”. La falta de competencia en una economía subdesarrollada resulta una situación grave, consecuencia de decisiones que tomó ese país ignorando las leyes antimonopolio, probablemente, por corrupción si no fuese por conveniencia política.

Aquí el texto completo:

“Santo Padre, Ministros, distinguidos invitados, es un verdadero honor para mí estar hoy aquí con ustedes.

Quisiera agradecer a la Pontificia Academia de Ciencias Sociales por haberme invitado a este importante taller. En los debates que hemos mantenido hasta el momento, hemos profundizado en algunos de los temas más urgentes de nuestro tiempo; ahora estamos pasando del análisis a la reflexión sobre el camino a seguir.

Así pues, la pregunta que hay que plantearse es la siguiente: ¿Cuáles son las nuevas prioridades para la economía mundial? Permítanme responder brevemente. En palabras del Papa Francisco, «la primera tarea es poner la economía al servicio de los pueblos».

Se trata de una hermosa descripción del mundo que queremos. Y es el mundo que necesitamos para hacer frente a los desafíos del siglo XXI.

También habla del objetivo fundamental del liderazgo en los sectores público y privado. En el mundo que necesitamos, todos estamos llamados a ser «ministros» en el sentido original de la palabra; servir, no a nosotros mismos, sino a los demás con una mentalidad abierta y un buen corazón.

Lo bueno es que podemos partir de los avances realizados. La integración y la cooperación mundial, los increíbles avances tecnológicos y –desde luego– las muchas políticas económicas adecuadas han transformado nuestro mundo. En las últimas tres décadas, la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad y más de mil millones de personas han logrado abandonar la situación de pobreza extrema [i].

Estos logros son extraordinarios, sin precedentes en todo el período de la historia de la humanidad. Esta economía –la economía que ahora tenemos– puede ser una importante fuente de esperanza, un rayo de luz.

Y, sin embargo, esta misma economía ha proyectado sombras oscuras. Pensemos en la excesiva desigualdad: desde 1980, el 1% más rico de la población a escala mundial ha capturado el doble de beneficios del crecimiento que el 50% inferior.

Pensemos en que muchas economías en desarrollo ya no están reduciendo la distancia con los países de alto ingreso: en lugar de cerrar la brecha de los niveles de vida, se están quedando ahora atrás. Y, por encima de todo, pensemos en cómo la estructura económica actual daña nuestro medio ambiente.

No resultan sorprendentes, por tanto, los resultados de una reciente encuesta global, en la que más de la mitad de los participantes afirman que el capitalismo causa más perjuicios que beneficios [ii]. Las implicaciones son alarmantes: desde la disminución de la confianza en las instituciones tradicionales hasta el aumento de la polarización política y las tensiones sociales.

Así pues, ¿cómo podemos despejar estas sombras oscuras y aportar más luz? ¿Cómo podemos contribuir a crear una economía que esté al servicio de los pueblos?

Me gustaría destacar tres ámbitos de acción:

i) crecimiento inclusivo: ayudar a los países a promover una cultura de solidaridad;

ii) integración: fomentar una globalización de esperanza; y

iii) acción por el clima: cuidar de nuestra casa común.

1. Una cultura de solidaridad

Permítanme comenzar por el crecimiento inclusivo. En este tema me gustaría centrarme en América Latina, que es el hogar de muchos de ustedes presentes en esta sala.

Esta región ha logrado avances significativos en la reducción de la desigualdad excesiva. Y, aun así, el reciente aumento del malestar social en algunos países nos recuerda que todos los países pueden hacer más.

No es coincidencia que el descontento haya surgido en lugares en los que la brecha entre ricos y pobres es demasiado amplia, y donde el crecimiento es demasiado bajo como para proporcionar mejores oportunidades a quienes más lo necesitan. De hecho, muchos de los que se consideran «clase media» viven con el creciente temor de que los beneficios podrían revertirse, de que podrían volver a caer en la pobreza.

Para hacer frente a estos desafíos, los países latinoamericanos tendrán que promover una cultura de solidaridad más fuerte, una cultura que reconstruya la confianza y reconozca la dignidad que acompaña al empleo de calidad, los servicios públicos fiables y redes de protección más sólidas.

La mejor manera de fomentar la solidaridad es reducir la desigualdad de oportunidades. Esto significa invertir en las personas; no solo dedicar más recursos a las escuelas y a la capacitación, sino también mejorar la calidad de la educación y el acceso a la educación a lo largo de toda la vida y a la adquisición de nuevas capacidades. No solo ampliar los programas sociales, sino asignar el gasto de manera más eficaz para llegar a los más vulnerables.

Estas políticas ayudan a reducir la desigualdad de oportunidades, lo que a su vez es esencial para reducir la desigualdad de ingresos. Las investigaciones del FMI han demostrado que una menor desigualdad de ingresos se asocia con un crecimiento más fuerte y sostenible.

Pero ¿ cómo pueden los países latinoamericanos aumentar su gasto social y las inversiones en infraestructuras vitales cuando la mayoría de ellos cuentan con un limitado margen en sus presupuestos?

Para empezar, existe margen para impulsar la eficiencia del gasto, y existe margen para generar mayores ingresos públicos a mediano plazo. El FMI participa activamente en este tema mediante las actividades de fortalecimiento de las capacidades, y apoya a sus miembros para que «recauden más y gasten mejor».

El objetivo es garantizar que las políticas sean fructíferas para la gente. Y esta es la razón por la que el FMI ha puesto más énfasis en los temas de gasto social, y estamos haciendo más hincapié en ayudar a los grupos vulnerables en el marco de los programas de reformas respaldados por el FMI.

Por supuesto, redoblar las medidas de reforma económica es fundamental para la inclusión y el crecimiento. Para muchos países latinoamericanos, esto significa abordar la concentración de mercado que limita la creación de empleos y perjudica a los pobres con precios más altos.

Significa reducir las discriminaciones en el mercado laboral para empoderar a las mujeres. Y significa ampliar el acceso financiero a los hogares de bajos ingresos y a la pequeña empresa, entre otras cosas mediante un sector de tecnología financiera bien gestionado [iii].

Por encima de todo, existe margen para reforzar la lucha contra el mal de la corrupción. Sabemos que la corrupción obstaculiza el crecimiento y mina los fundamentos económicos y sociales; alimenta un descontento creciente, sobre todo entre los jóvenes.

Un problema relacionado es el masivo alcance de la elusión fiscal y la evasión fiscal. A escala mundial, se estima que la riqueza mantenida en centros financieros «offshore» es de USD 7 billones; es decir, 8% del PIB mundial: una proporción importante de esta riqueza probablemente proviene de actividades ilícitas [iv].

Estos problemas no están presentes solo en América Latina: nos afectan a todos. Por esta razón, el FMI brinda asistencia a sus miembros en la lucha contra el lavado de dinero. Y trabajamos con nuestros socios para cerrar los vacíos en la tributación internacional.

Nuestros análisis muestran que los países no miembros de la OCDE perdieron aproximadamente USD 200.000 millones anuales debido a que las empresas pueden trasladar sus beneficios a lugares de baja tributación [v].

Estos ingresos perdidos hacen que sea incluso más difícil que las economías frágiles y los países de bajo ingreso aumenten el crecimiento y el empleo, y que cumplan los Objetivos de Desarrollo Sostenible para mejorar el bienestar de los ciudadanos de estos países.

Obviamente, aunque los esfuerzos por impulsar el crecimiento inclusivo deben comenzar en casa, no pueden terminar ahí. Necesitamos también una cultura mundial de solidaridad.

2. Una globalización de esperanza

Esto me lleva al segundo ámbito prioritario: fomentar una globalización de esperanza. ¿Qué quiero decir con esto?

Recordemos que la desigualdad de ingresos entre países ha disminuido drásticamente, gracias al auge de los mercados emergentes, como China e India [vi]. Al mismo tiempo, la desigualdad de ingresos dentro de los países ha aumentado en general, lo que ha dado lugar en algunos casos a lo que llamaría “la atonía posterior a la globalización”.

Esta “atonía” se ha visto intensificada por las preocupantes implicaciones de las tensiones comerciales. Y ahora estamos preocupados por el impacto de la infección por coronavirus; el brote no solo ha provocado la trágica pérdida de vidas, sino que también ha acentuado la fragilidad de la integración mundial.

Naturalmente, estamos pendientes de los últimos acontecimientos, pero también tenemos la sensación de que se han puesto en marcha cambios más profundos.

En lo que respecta al comercio, observamos los albores de una nueva era. Un mundo en el que el flujo de datos es más importante que el comercio físico y en el que los servicios son el principal factor impulsor del comercio mundial. ¿Quién se beneficiaría de ello?

Sin duda las economías avanzadas, porque son competitivas a escala mundial en muchos sectores de servicios, en especial el financiero, el jurídico y el de consultoría. Pero también economías en desarrollo como Colombia, Ghana y Filipinas, porque están fomentando el crecimiento de industrias como las comunicaciones y los servicios a empresas.

Estas transiciones podrían reimpulsar el comercio mundial. Podrían contribuir a que el comercio desempeñe una función esencial en el fomento de la productividad y el empleo, la propagación de nuevas tecnologías y la disminución de los precios, sobre todo para los consumidores más pobres.

Pero una cosa está clara: para que el comercio sea mejor, debe ser más inclusivo. ¿Cómo? Todos los países deben redoblar los esfuerzos por ayudar a las comunidades perjudicadas por los trastornos relacionados con la tecnología y el comercio.

Debemos aumentar la inversión en formación y redes de protección social, de forma que los trabajadores puedan actualizar sus cualificaciones, acceder a empleos de mayor calidad y aumentar sus ingresos.

También debemos fortalecer la cooperación internacional para garantizar que la gente obtenga beneficios en la nueva era del comercio. La reciente «fase uno» del acuerdo comercial entre Estados Unidos y China es un paso importante para reducir las tensiones, aunque solo es un paso. Si queremos desbloquear todo el potencial de los servicios y el comercio electrónico, debemos trabajar juntos para crear un sistema de comercio más moderno.

También es necesario este espíritu de cooperación para garantizar que la integración financiera brinde buenos resultados a la gente. El hecho es que, en las últimas cuatro décadas, los flujos de capitales mundiales han aumentado 13 veces, en comparación con una expansión de 11 veces del comercio mundial [vii].

Esta abundancia de capital ha sustentado las muy necesarias inversiones, sobre todo en economías emergentes y en desarrollo. Pero también ha abierto la puerta a episodios de alta volatilidad de flujos de capital, lo que puede perjudicar la estabilidad financiera y las perspectivas de empresas y hogares.

¿Existe alguna forma óptima de gestionar la volatilidad de flujos de capital? Para muchas economías emergentes, la tarea es desalentadora, ya que existe poco consenso sobre la combinación y el calendario adecuados de las medidas de política.

Consideremos el episodio que se produjo en 2018 de salidas de capitales de los mercados emergentes: Brasil y Malasia emplearon cantidades significativas de reservas de moneda extranjera para sostener sus monedas. Colombia y Sudáfrica apenas intervinieron. Algunos elevaron las tasas de interés, mientras que otros no lo hicieron. En muchos casos, una fuerte intervención mitigó la depreciación, pero no en todos. Todo esto plantea preguntas, también para el FMI.

Nos encontramos ahora en el proceso de revaluar nuestro asesoramiento. Estamos aprendiendo de las distintas experiencias, mejorando nuestro conjunto de instrumentos de política, para poder así ofrecer un asesoramiento más adaptado a nuestros 189 miembros.

La clave es que debemos trabajar mancomunadamente. Nuestra responsabilidad conjunta es contribuir a que el comercio sea más inclusivo y los flujos de capital más seguros. Esta es la manera en que podemos promover una globalización de esperanza, una cultura de solidaridad que va mucho más allá de la economía.

3. Cuidar de nuestra casa común

Esto me lleva al tercer ámbito prioritario: cuidar de nuestra casa común mediante la lucha contra el cambio climático.

Ninguno de los retos económicos a los que nos enfrentamos serán relevantes dentro de 20 años si no abordamos ahora el cambio climático.

Los costos humanos de los desastres vinculados al cambio climático son inconmensurables. Los costos económicos, sin embargo, sí pueden medirse. Solo un ejemplo: los daños del huracán María ascendieron a más del 200% del PIB de Dominica y más del 60% del PIB de Puerto Rico.

Y suelen ser los pobres los más vulnerables a los shocks climáticos. El Banco Mundial estima que, a menos que alteremos la trayectoria climática actual, 100 millones de personas adicionales podrían vivir en extrema pobreza en 2030 [viii].

Así pues, ¿cómo podemos despejar la sombra climática que pesa sobre la humanidad?

Reconozcamos que tenemos que adaptarnos a las nuevas realidades. Para muchos países, esto significa invertir en ámbitos como la protección de las zonas costeras y en una agricultura e infraestructuras más resilientes.

Estos tipos de inversiones pueden rendir un «triple dividendo»: evitar pérdidas futuras, producir beneficios en materia de innovación y generar beneficios sociales. Y los estudios de la Comisión Global para la Adaptación indican que los beneficios de estas inversiones podrían superar con creces sus costos.

Pero la adaptación solo nos llevará hasta cierto punto. Necesitamos también unos esfuerzos mucho mayores para reducir las emisiones de carbono y compensar las que no puedan reducirse. La realidad es que nuestra especie solo puede prosperar si nuestras actividades están en equilibrio con nuestro medio ambiente.

La mejor forma de avanzar es poner un precio al carbono. Países como Chile, Colombia y Sudáfrica han aplicado recientemente impuestos sobre el carbono; y China está a punto de iniciar un régimen de comercio de derechos de emisión. Estas iniciativas animarán a los hogares y las empresas a utilizar menos energía y a optar por combustibles más limpios. Y necesitamos más iniciativas de este tipo.

Estimamos que el precio mundial del carbono deberá aumentar desde USD 2 por tonelada hasta USD 75 por tonelada si queremos mantener el calentamiento global por debajo de 2ºC. Esta transición debe ser justa y favorecer el crecimiento. Por ejemplo, los ingresos procedentes del impuesto sobre el carbono pueden utilizarse para proporcionar asistencia por adelantado a los hogares más pobres, reducir los impuestos onerosos y respaldar inversiones en salud, educación e infraestructura.

Desde luego, la gestión de la transición hacia un mundo sin emisiones de carbono no será fácil. Pensemos en los «activos abandonados», como las reservas de petróleo, carbón y gas, que podrían quedar inutilizadas. Algunas estimaciones sugieren que los costos potenciales de devaluar estos activos se sitúan entre USD 4 billones y USD 20 billones [ix].

El sector financiero deberá tener en cuenta los riesgos de transición, para lo que tendrá que adoptar un enfoque más sostenible, un enfoque que se fundamente en una mejor gestión de riesgos y una visión de más largo plazo.

Normas de divulgación más sólidas pueden ayudar a que los prestamistas y los inversionistas tengan una visión completa. Si aumenta el precio de un préstamo para un proyecto en situación de riesgo, las empresas pueden simplemente decidir que sería mejor dedicar el dinero de ese proyecto a otra cosa.

Lograr finanzas más sostenibles también significa aprovechar nuevas oportunidades: el FMI estima que la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono requerirá inversiones de USD 2,3 billones anuales en el sector energético durante una década [x].

La buena noticia es que los bonos verdes tienen un impacto en la inversión, y muchas otras formas de finanzas sostenibles están creciendo con rapidez. Aunque esto no es suficiente. El sector privado puede hacer más, y estoy convencida de que lo hará en un futuro próximo. ¿Por qué? Porque el precio de la inacción es demasiado alto.

¿Cómo puede contribuir el FMI? Intensificando nuestras actividades en materia de cambio climático, centrando la atención en el impacto macroeconómico. Estamos profundamente comprometidos con el apoyo a los esfuerzos de adaptación y mitigación, a través del asesoramiento de política económica, el apoyo financiero y el fortalecimiento de las capacidades.

Incluiremos pruebas de tensión frente al riesgo climático en los Programas de Evaluación del Sector Financiero (PESF). Instaremos a los países a considerar en mayor medida los factores climáticos a la hora de preparar las estadísticas nacionales. Y trabajaremos con nuestros socios para elaborar normas comunes de divulgación ambiental.

Mediante el aprendizaje mutuo y la aplicación de políticas adecuadas, podemos contribuir a financiar la transición hacia la nueva economía del clima. Nuestros hijos y nietos cuentan con nosotros.

Conclusión

Así pues, ¿cómo son las nuevas prioridades para la economía? Sabemos cuáles son: crecimiento inclusivo, integración mundial justa, acción por el clima. Ahora debemos actuar.

Permítanme concluir con una cita de Leon Tolstoy, quien dijo: «Toda la diversidad, todo el encanto, toda la belleza de la vida está hecha de luces y sombras».

El Papa Francisco nos ha reunido, y espero desde luego con interés nuestros debates sobre cómo podemos despejar las sombras y aportar más luz.

Muchas gracias.”


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[i] Carolina Sánchez, “From local to global: China’s role in global poverty reduction and the future of development”, Banco Mundial, 7 de diciembre de 2017.

[ii] The 2020 Edelman Trust Barometer .

[iii] Véase Lael Brainard, “ FinTech and the Search for Full Stack Financial Inclusion”, Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal, 17 de octubre de 2018.

[iv] Finanzas & Desarrollo , septiembre de 2019, “Sacar a la luz”.

[v] Documento de trabajo del FMI: “ Base Erosion, Profit Shifting and Developing Countries.”

[vi] Ana Revenga y Meagan Dooley, “Is Inequality really on the rise?”, The Brookings Institution, 28 de mayo de 2019.

[vii] Análisis del personal técnico del FMI.

[viii] Jean-Pierre Robin, “Kristalina Georgieva: Global warming can add 100 million poor people by 2030”, Banco Mundial, 14 de septiembre 2017.

[ix] Sarah Breeden, “Avoiding the storm: Climate change and the financial system”, Banco de Inglaterra, 15 de abril de 2019.

[x] Publicación del FMI: Informe Monitor Fiscal de octubre de 2019. La estimación de USD 2,3 billones incluye la inversión actual de USD 1,8 billones más necesidades adicionales de inversión equivalentes a USD 0,5 billón.

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Guzmán ya habló con la titular del FMI y aseguró que hay “entendimiento mutuo”

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Finalmente se concretó el encuentro entre el nuevo Gobierno de Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Fue en Italia, en donde se reunieron Martín Guzmán y la titular del Fondo, Kristalina Georgieva. El ministro al salir del encuentro no dio muchos detalles, pero adelantó que la reunión fue “constructiva” y que hay un “entendimiento mutuo” entre la organización y las necesidades del país.

Total hermetismo sobre lo que conversaron y negociaron el ministro de Economía, Martín Guzmán, y la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva. Encuentro que se realizó en Italia y a su salida, el ministro albertista dijo que todo fue “muy constructivo”.

Guzmán sostuvo: “Mantuvimos un encuentro muy constructivo con la directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva. Continuamos con las conversaciones ya iniciadas con el organismo, en un marco de creciente entendimiento mutuo. Intercambiamos opiniones sobre el programa económico en marcha, distinguiendo entre medidas para lidiar con la situación actual de emergencia económica y aquellas para solucionar problemas estructurales de la economía. También discutimos las políticas en curso para resolver la crisis de deuda soberana de forma sostenible”.

Asimismo, el ministro de Economía señaló que “durante la charla con Georgieva compartimos el diagnóstico sobre la apremiante situación socioeconómica que enfrenta nuestro país y coincidimos en que las medidas adoptadas por nuestro gobierno deben continuar persiguiendo los objetivos de tranquilizar la economía y proteger a quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad como punto de partida para un sendero de desarrollo sostenible”.

“Asimismo, acordamos seguir profundizando el diálogo la semana próxima, cuando la misión del equipo técnico del FMI visite Argentina”.

Por razones de agenda el encuentro entre Guzmán y Georgieva, que se extendió por más de dos horas y media, se realizó esta noche en la Embajada de la República Argentina en Italia, en la ciudad de Roma.

Del encuentro también participaron el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, el representante del Cono Sur ante el board del FMI, Sergio Chodos y el jefe de Gabinete de la señora Georgieva, Alfred Kammer.

La situación de la Argentina con el Fondo (FMI) es complicada, ya que deben negociar y encontrar una salida al pago de la deuda que contrajo el gobierno de Mauricio Macri, ya que gran parte de esa deuda la otorgó dicho organismo. 

Desde el Gobierno de Alberto Fernández han mostrado sus intenciones en pagar la deuda, pero admitiendo que buscarán en la medida de lo posible, no profundizar la ya severa crisis económica del país, que cerró con una inflación mayor al 53%. 

En tanto, la titular del Fondo, Kristalina Georgieva, dijo estar “consciente de la difícil situación socioeconómica que enfrenta la Argentina”.

Además, la mujer publicó un video en su cuenta de Twitter, donde se la ve saludando al ministro Guzmán, y al mismo tiempo escribió: “Nuestro objetivo común es ver que Argentina se recupere, y que el crecimiento y el empleo regresen en beneficio de todos los argentinos. Mi personal y yo esperamos nuestro compromiso continuo”. 

Por su parte, Guzmán señaló que llevaron a cabo un intercambio de opiniones “sobre el programa económico en marcha, distinguiendo entre medidas para lidiar con la situación actual de emergencia económica y aquellas para solucionar problemas estructurales de la economía”.

El ministro Guzmán también hizo uso de sus redes sociales para informar sobre la reunión, y en ese sentido publicó: “Tuvimos una nueva reunión con la Directora Gerenta del FMI @KGeorgieva, que marcó un creciente entendimiento mutuo sobre el plan económico que estamos implementando para tranquilizar la economía argentina y establecer un sendero de desarrollo sustentable”. 

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“La desigualdad es un problema que está empeorando”

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Mensaje de la directora-gerente del FMI, Kristalina Georgieva: “Las últimas décadas nos han enviado una señal clara: si no se la ataca, la creciente desigualdad es un problema que no hará más que empeorar.” Aquí la presentación en Peterson Institute for International Economics, Washington, DC.

I. Introducción

Gracias, Adam, por recibirme aquí hoy. Es un gran placer pronunciar mi primer discurso de 2020 en el Peterson Institute.

El año comenzó hace apenas una quincena, pero una serie de acontecimientos ya han puesto de relieve las dificultades que enfrentamos y que nos afectan a todos.

En Australia, los incendios forestales que están arrasando el país son un recordatorio del precio que paga la vida a causa del cambio climático.

En Oriente Medio, el conflicto y las crecientes tensiones siembran nerviosismo en toda la región.

En cuanto al comercio internacional, se anunció un importante acuerdo esta semana, pero queda mucho por hacer para sanar las fracturas que existen entre las dos economías más grandes del mundo. Más allá de Estados Unidos y China, el sistema de comercio internacional necesita una significativa modernización.

Si tuviera que seleccionar un tema destacado para el comienzo de esta nueva década, sería el recrudecimiento de la incertidumbre.

Incertidumbre en torno a la idea de que las tensiones geopolíticas cederán y reinará la paz. Incertidumbre en torno a la idea de que la tregua comercial se traducirá en una paz y una reforma duraderas. Incertidumbre en torno a la idea de que la política pública puede hacer frente a las frustraciones y la creciente agitación en muchos países.

Sabemos que esta incertidumbre es perjudicial para la confianza de las empresas, la inversión y el crecimiento.

Pero esa no es la incertidumbre en la que piensan millones de seres día a día. Piensan en la incertidumbre de poder pagar las cuentas a fin de mes. La incertidumbre sobre la salud y el bienestar futuros de sus familias. El temo constante a quedar rezagado.

Por eso quiero concentrarme esta mañana en uno de los determinantes de la incertidumbre —la desigualdad— y presentarles los resultados de nuestro nuevo estudio sobre el papel del sector financiero en este ámbito.

II. La creciente desigualdad y las herramientas para abordarla

Empecemos por lo positivo. La desigualdad del ingreso entre los países se redujo drásticamente en el curso de las dos últimas décadas, principalmente gracias al avance de mercados emergentes críticos de Asia. Aunque ciertamente hay regiones preocupantes, es importante señalar que se trata de la primera disminución de la desigualdad mundial desde la Revolución Industrial. [1]

Ahora bien, la realidad es que durante ese mismo período, dentro de muchos países la desigualdad aumentó. En el Reino Unido, por ejemplo, el 10% más acaudalado de la población controla tanta riqueza como el 50% más pobre. [2] Esa situación se repite en gran parte de la OCDE, donde la desigualdad en términos del ingreso y la riqueza han tocado o están por tocar nuevos máximos. [3]

En cierto modo, esta preocupante tendencia es un eco de la primera parte del siglo XX, cuando las fuerzas combinadas de la tecnología y la integración abrieron las puertas a la primera Época Dorada, los Años Locos y, finalmente, la catástrofe financiera.

Una cuestión que no enfrentábamos hace cien años, pero que hoy apremia, es el cambio climático. Ese reto existencial que estamos viviendo a menudo golpea con especial dureza a los pobres y los más vulnerables. El Banco Mundial estima que, a menos alteremos la trayectoria actual del clima, otros 100 millones de personas podrían vivir en la indigencia para 2030. [4]

Por eso debemos aprender las lecciones de la historia y adaptarlas a nuestros propios tiempos. Sabemos que una desigualdad excesiva obstaculiza el crecimiento y carcome los cimientos de un país. Corroe la confianza dentro de la sociedad y las instituciones. Puede alimentar el populismo y la turbulencia política.

Enfrentados a la desigualdad, muchos gobiernos recurren primero a las políticas fiscales. Estas son y seguirán siendo herramientas indispensables.

Pero muchas veces perdemos de vista el sector financiero, que también puede tener un efecto —positivo o negativo— profundo y duradero en la desigualdad.

Un nuevo estudio elaborado por nuestro personal técnico, que publicamos hoy, muestra que un sector financiero que funciona bien puede crear oportunidades para todos en la próxima década. Pero muestra también que un sector financiero mal administrado puede exacerbar la desigualdad.

Estas observaciones son tanto una advertencia como un llamado a la acción.

Si actuamos —y si actuamos juntos— podemos evitar que se repitan en la década de 2020 los errores de la década de 1920.

III. Tres dimensiones del impacto del sector financiero en la desigualdad

La relación entre el sector financiero y la desigualdad tiene tres dimensiones importantes.

a) Profundización financiera

Primero, la profundización financiera : o sea, el tamaño del sector financiero en relación con la economía total de un país.

Sabemos que tiene un efecto significativo en el desempeño de una economía nacional.

En China e India, por ejemplo, el crecimiento sostenido del sector financiero durante la década de 1990 allanó el camino de los enormes avances económicos de la década de 2000. Eso, a su vez, contribuyó a sacar de la pobreza a mil millones de personas. [5]

Pero la historia no se acaba ahí.

Según nuestro nuevo estudio, llega un momento en el cual la profundización financiera está asociada a una agudización de la desigualdad y a un crecimiento menos incluyente[6]

Son muchos los factores que impulsan la desigualdad— corrupción, impuestos regresivos, riqueza intergeneracional—, pero la conexión entre una profundización financiera excesiva y la desigualdad es algo que se observa en todos los países. [7]

¿Por qué se produce esta reversión del impacto de la profundización financiera en la desigualdad? Creemos que si bien las personas más pobres se benefician en la primera etapa de la profundización, con el correr del tiempo el tamaño y la complejidad crecientes del sector financiero terminan ayudando antes que nada a los ricos.

Ese impacto negativo se observa especialmente cuando el sector financiero es de por sí muy profundo. En ese caso, la complejidad de los instrumentos financieros, la influencia de los grupos de presión y la remuneración excesiva en el sector bancario pueden traducirse en un sistema que está tanto a su propio servicio como al servicio de los demás.

Los ejemplos no escasean. Estados Unidos tiene una de las economías más diversificadas del mundo. Aun así, en 2006, las empresas de servicios financieros representaban casi 25% del S&P 500 y generaban casi 40% del total de utilidades. Eso significa que el sector financiero es el más grande y más redituable del S&P en su totalidad. [8]

Lo que ocurrió a continuación —la Gran Recesión— me lleva a la segunda dimensión del impacto del sector financiero en la desigualdad: la estabilidad financiera.

b) Estabilidad financiera

La estabilidad financiera y el daño económico que provocaron las crisis financieras son dos de los temas definitorios de la última década.

Sabemos que, en promedio, una crisis financiera produce una pérdida permanente del producto de 10%[9] Eso puede cambiar por completo el rumbo futuro de un país y dejar permanentemente a la zaga a demasiadas personas.

La estabilidad seguirá siendo un tema difícil en la década venidera. El sector financiero tendrá que lidiar con la prevención del tipo tradicional de crisis y con otros nuevos, como los shocks producidos por el cambio climático. Piensen en las pérdidas inesperadas que pueden generar los activos varados. Según algunas estimaciones, el costo de devaluarlos podría ir de $4 billones a $20 billones. [10]

Por lo tanto, todos tenemos un interés creado en concentrar nuestros esfuerzos en la estabilidad financiera.

Nuestro nuevo estudio muestra que la desigualdad tiende a aumentar antes de una crisis financiera, lo cual es indicio de un fuerte vínculo entre la desigualdad y la estabilidad financiera [11]

¿Cuáles son las causas? Una es que un aumento de la desigualdad puede generar presión a favor de una solución rápida que, de hecho, empeora el problema.

Tomemos el ejemplo del mercado estadounidense de la vivienda en la década de 2000. El deseo de ayudar a más gente a tener vivienda propia creó una vorágine de actividad en la industria hipotecaria gracias a la aplicación de regulaciones crediticias menos rigurosas. Muchas personas de bajos ingresos parecían tener más patrimonio, pero el progreso de ese sector de la población no fue tanto como el del segmento más acaudalado.

Luego, la burbuja inmobiliaria estalló en 2007. La crisis financiera internacional que le siguió asestó un golpe devastador a millones de personas en el mundo entero y exacerbó la desigualdad a largo plazo.

Ese no es más que un ejemplo. Hoy, como consecuencia de la crisis, uno de cada cuatro jóvenes en Europa corre riesgo de vivir en la pobreza[12]

Para ellos, como para muchos otros, la crisis nunca acabó.

Esta conexión entre la estabilidad financiera y la desigualdad no se limita a la crisis financiera internacional, ni tampoco siquiera a la Gran Depresión. Un estudio de 17 economías avanzadas examinó todas las crisis financieras ocurridas entre 1870 y 2013. Los resultados confirman lo que nuestra investigación muestra: la agudización de la desigualdad fue en todos los casos un importante predictor de una crisis financiera y puede tener posteriormente un efecto duradero. [13]

Como sentenció Mark Twain, « La historia no se repite, pero muchas veces rima».

¿Cuáles son las lecciones que nos dejan las rimas históricas?

Una es que los servicios financieros son fundamentalmente algo bueno. Las economías en desarrollo necesitan más actividad financiera para que todos tengan oportunidad de prosperar. Pensemos en un mercado nacional de bonos más profundo, capaz de financiar una empresa nueva u oportunidades de inversión que ayuden a la gente a ahorrar para la jubilación.

El problema es que lo bueno, si es excesivo, puede resultar malo. Una profundización financiera excesiva y las crisis financieras pueden alimentar la desigualdad.

Lo que tenemos que hacer es encontrar el equilibrio justo entre demasiado y demasiado poco.

Esto me lleva a la tercera dimensión del impacto del sector financiero en la desigualdad: la inclusión financiera.

c) Inclusión financiera

La inclusión financiera significa sencillamente que hay más personas y empresas con acceso más barato y más fácil a los servicios financieros.

Los estudios del personal técnico del FMI y otras instituciones muestran una fuerte asociación entre la ampliación del acceso a cuentas bancarias y la reducción de la desigualdad del ingreso.

Los datos también muestran que si bien tanto el hombre como la mujer se benefician de la inclusión, la desigualdad del ingreso disminuye más cuando la mujer goza de mayor acceso a la actividad financiera [14]

Cabe señalar que, en una comparación a nivel de país, la relación entre el acceso a los servicios financieros y la desigualdad no cambia según el nivel de ingreso.

Por ejemplo, en Suecia, un país con una de las distribuciones del ingreso más equitativas, la proporción de gente con una cuenta bancaria es igual entre los ricos y los pobres.

Por el contrario, en Indonesia, que tiene una de las desigualdades más marcadas en términos del ingreso, el 20% más rico de la población tiene más o menos el doble de probabilidades de tener una cuenta bancaria en relación con el 20% más pobre.

Las tecnofinanzas están desempeñando un papel importante en todo el mundo al ofrecerle a la gente acceso a los servicios bancarios y la oportunidad de crear una vida mejor. [15]

Pensemos en Camboya, donde las finanzas móviles han contribuido al surgimiento de 2 millones de prestatarios durante la última década, lo cual representa casi 20% de la población. Muchos de ellos jamás habían tenido una cuenta bancaria. [16]

Aunque estos cambios no reducen de inmediato la desigualdad del ingreso, crean oportunidades y le dan a la gente la posibilidad de ahorrar, abrir un pequeño negocio y mejorar las opciones educativas de sus hijos.

¿Qué implica esto para la economía general? Un estudio del FMI muestra que a largo plazo existe una diferencia de 2-3 puntos porcentuales de crecimiento del PIB entre los países con inclusión financiera y las economías que ofrecen menos inclusión. [17]

Así que sabemos que la inclusión financiera puede cambiar radicalmente la economía. Puede ayudar a derribar las barreras que erigen la disparidad de género, la raza, la geografía y la desigualdad del punto de partida de las personas en sus vidas.

En cada una de las dimensiones que he mencionado —desde la profundización financiera hasta la estabilidad y la inclusión— se plantean disyuntivas en lo que respecta al sector financiero y la desigualdad.

Queremos un sector financiero que sea robusto, pero no excesivamente complejo. Queremos una inclusión financiera que ofrezca nuevas oportunidades y crédito, pero sin crear pesadas cargas de deuda ni poner en peligro un sistema entero.

Entonces, ¿qué políticas necesitamos establecer para tener un sistema más incluyente en la próxima década?

IV. Políticas para construir un sistema más incluyente en la próxima década: más seguro, estable, más inteligente

Hay tres ámbitos de política que corresponden a las tres maneras principales en que el sector financiero influye en la desigualdad.

Primero, un sistema más seguro . Nada puede ocupar el lugar de una regulación y una supervisión de buena calidad. La profundización financiera es una meta loable para todas las economías, pero al igual que una ciudad, un sistema financiero debe crecer de manera sostenible e intencional.

Después de la crisis, se tomaron medidas positivas para poner en práctica un programa de reforma regulatoria. Estos esfuerzos demostraron que, en una economía mundial interconectada, una reforma profunda del sector financiero exige una estrecha cooperación internacional.

Hoy, los bancos tienen requisitos más estrictos de capital y liquidez. Liquidar un banco con problemas es una tarea más fácil. Hay más transparencia y rendición de cuentas.

Tenemos más seguridad, pero no la suficiente. Dar marcha atrás —como ya ha comenzado a ocurrir en algunos lugares— sería un craso error.

Lo que deberían hacer los países es llevar a buen término el programa de reformas y complementarlo con nuevas iniciativas. Para que los mercados financieros crezcan libres de riesgos, es necesario promover los conocimientos financieros, para que la gente pueda entender qué les ofrecen y lo que eso significa para sus familias.

Eso me lleva al segundo aspecto: crear un sistema más estable.

Aquí les toca jugar un papel clave al sector privado y a la industria bancaria, ciertamente en lo que concierne al clima y la estabilidad, un ámbito sobre el cual presentaremos un nuevo estudio dentro de unos meses.

El sector financiero puede desempeñar un papel crítico para crear un mundo libre de emisiones de carbono y alcanzar las metas del Acuerdo de París.

En pos de ese objetivo, las empresas tendrán que valorar con más precisión el impacto del cambio climático en sus préstamos. Aquí es donde pensar en la década venidera, y no solo en el año próximo, marcará una diferencia. Un horizonte a más largo plazo dejará en claro las oportunidades y los riesgos. El año pasado, el cambio climático provocó la primera quiebra de una empresa que figuraba en el índice S&P 500. [18] Claramente, los inversionistas están buscando maneras de adaptarse.

La aplicación de normas más estrictas de divulgación de información puede ayudar a las empresas financieras a tener un panorama más completo. Si el precio de un préstamo para un proyecto riesgoso aumenta, es posible que las empresas decidan sencillamente invertir el dinero en otra cosa.

Ese no es el único campo en el cual puede haber más estabilidad con más información.

En este momento, muchos bancos exigen garantías excesivas para el crédito hipotecario o empresarial.

No todo el mundo posee vivienda propia ni tiene por qué tenerla para abrir un negocio.

¿Cómo podrían cambiar estas evaluaciones de riesgos?

Las instituciones financieras podrían fundamentar más decisiones de préstamo en los flujos de caja futuros. Así, el sector de los servicios financieros retomaría su vocación: una industria al servicio de las personas.

Si los bancos evalúan mejor el riesgo, es más probable que presten más a empresas más pequeñas. Esto es fundamental para la estabilidad.

Nuestro estudio muestra que el crédito a la pequeña empresa promueve la estabilidad financiera y mitiga el riesgo en comparación con el crédito a las empresas grandes[19]

Cuando se dispersa el riesgo entre cientos de empresas, en lugar de algunos conglomerados, surge una economía más inclusiva y más sana.

¿Y cuál es el mejor uso que se le puede dar a una economía más sana?

Eso me lleva al tercer y último aspectocrear un sistema más inteligente.

Ampliar el acceso de los hogares de bajo ingreso y la pequeña empresa a la actividad financiera es una de las maneras más eficaces de reducir la desigualdad.

Pero actuar en exceso y demasiado rápido puede ser contraproducente.

De cara al futuro, el sinnúmero de nuevas empresas de tecnofinanzas que ofrecen crédito a nivel internacional representa un reto sin paralelo. Los gobiernos pueden trabajar con estas empresas para explotar el potencial integral de las tecnofinanzas, pero controlando a la vez los riesgos.

Ese es el objetivo de la Agenda de Bali de Tecnofinanzas que el Banco Mundial y el FMI lanzaron en 2018. Contiene principios fundamentales, como la promoción de la competencia, el fortalecimiento de la protección del consumidor y la lucha contra el lavado de dinero. Estos principios pueden servir de guía a las autoridades, reducir el riesgo de los bancos y crear puestos de trabajo.

De hecho, un estudio del Banco Mundial que analizó 135.000 empresas de 140 países mostró que el crédito a la pequeña empresa está relacionado directamente con la mejora de la desigualdad del ingreso. [20] La razón es que estas empresas a menudo contratan a la gente que más necesita empleo.

Un buen ejemplo es M-Pesa. M-Pesa arrancó a comienzos de la década pasada en Kenya como un servicio de pago móvil entre particulares.

Este año, se transformará en una plataforma financiera panafricana. La empresa tiene por delante retos considerables, pero el objetivo es acertado: llevar la banca por Internet a millones de personas parcial o totalmente marginadas en esa actividad.

Por supuesto, nada ocurrió de la noche a la mañana. Todo es fruto de años de trabajo de emprendedores, funcionarios públicos y, fundamentalmente, ciudadanos en búsqueda de nuevas oportunidades. Es una buena fuente de inspiración.

V. Conclusión

Las últimas décadas nos han enviado una señal clara: si no se la ataca, la creciente desigualdad es un problema que no hará más que empeorar.

Si bien la política fiscal sigue siendo una herramienta poderosa, no podemos perder de vista las políticas del sector financiero. De lo contrario, la década de 2020 podría terminar siendo muy parecida a la de 1920.

Pero si aprendemos las lecciones de la historia y las adaptamos a nuestros tiempos, podemos construir un sistema más sólido, idóneo para el futuro.

Querría concluir con una frase del hombre que captó el espíritu de la década de 1920 en Estados Unidos mejor que nadie: F. Scott Fitzgerald. Escribió «La acción es personaje».

Como todos sabemos, la obra de Fitzgerald no fue apreciada en su momento, y su consejo cayó en saco roto.

No cometamos el mismo error.

Hagamos de este nuevo año un año de acción y, a la vez, de la década de 2020 una década de prosperidad para todos.

Muchas gracias.


[1] Ana Revenga y Meagan Dooley, “ Is Inequality really on the rise? ,” The Brookings Institution, 28 de mayo de 2019.

[2] Feargal McGuinness y Daniel Harari, 2019, “ Income Inequality in the UK ,” House of Commons Library, Briefing Paper No. 7484.

[3] Carlotta Balestra y Richard Tonkin, “ Inequalities in household wealth across OECD countries: Evidence from the OECD Wealth Distribution Database ,” OECD Statistics Working Papers 2018/01.

[4] Jean-Pierre Robin, “ Kristalina Georgieva: Global warming can add 100 million poor people by 2030 ”, Banco Mundial, 14 de septiembre de 2017.

[5] Carolina Sanchez, “ From local to global: China’s role in global poverty reduction and the future of development ”, Banco Mundial, 7 de diciembre de 2017.

[6] Martin Čihák, Ratna Sahay y otros miembros del personal técnico del FMI, “Financial Services and Inequality”, Documento de análisis del personal técnico del FMI, SDN/20/XX.

[7] Íd.

[8] Análisis del personal técnico del FMI.

[9] Valerie Cerra y Sweta C. Saxena, “ The Economic Scars of Crises and Recessions ,” IMFBlog. 21 de marzo de 2018.

[10] Sarah Breeden, “ Avoiding the storm: Climate change and the financial system ,” Bank of England, April 15, 2019.

[11] Martin Čihák, Ratna Sahay y otros miembros del personal técnico del FMI, “Financial Services and Inequality”, Documento de análisis del personal técnico del FMI, SDN/20/XX.

[12] Tingyun Chen, Jean-Jacques Hallaert, Alexander Pitt, Haonan Qu, Maximilien Queyranne, Alaina Rhee, Anna Shabunina, Jérôme Vandenbussche e Irene Yackovlev, 2018, “ Inequality and Poverty Across Generations in the European Union ”, Documento de análisis del personal técnico del FMI, SDN/18/01.

[13] Pascal Paul, 2017, “ Historical Patterns of Inequality and Productivity around Financial Crises ”, Federal Reserve Bank of San Francisco Working Paper 2017-23.

[14] Ratna Sahay, Martin Čihák y otros miembros del personal técnico del FMI, 2018, “ Women in Finance: A Case for Closing Gaps ”, Documento de análisis del personal técnico del FMI, SDN/18/05.

[15] Véase Lael Brainard, “ FinTech and the Search for Full Stack Financial Inclusion ,” Board of Governors of the Federal Reserve System, 17 de octubre de 2018.

[16] Christine Lagarde, “ Belt and Road Initiative: Two Key Channels to Achieving Financial Connectivity ,” Fondo Monetario Internacional, 24 de abril de 2019.

[17] Ratna Sahay, Martin Čihák, Papa N’Diaye, Adolfo Barajas, Srobona Mitra, Annette Kyobe, Yen Nian Mooi y Seyed Reza Yousefi, 2015, “ Financial Inclusion: Can It Meet Multiple Macroeconomic Goals? ”, Documento de análisis del personal técnico del FMI, SDN/15/17.

[18] Véase Mark Carney, “ A New Horizon ,” Bank of England, 21 de marzo de 2019. La referencia es al caso de PG&E Corp.

[19] Martin Čihák, Ratna Sahay y otros miembros del personal técnico del FMI, “Financial Services and Inequality”, Documento de análisis del personal técnico del FMI, SDN/20/XX.

[20] Íd. , que cita datos de una encuesta de empresas de 2018 a cargo del Banco Mundial.

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FMI: “Hemos tenido una interacción constructiva con el nuevo Gobierno”

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La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, resaltó el diálogo con el gobierno de Alberto Fernández, de cara a la renegociación de la deuda. “Yo hablé con el Presidente, con el ministro de Finanzas y el staff está trabajando con la Argentina en contacto cercano. Estamos haciendo lo que pueda ser de ayuda para la Argentina”, indicó.

La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, subrayó este viernes (17/01) que el organismo quiere “ayudar a la Argentina” y, al dar a conocer que tuvo comunicaciones con el presidente Alberto Fernández, consideró que mantiene “interacciones muy constructivas con el nuevo liderazgo” en el país.

“Yo hablé con el Presidente, con el ministro de Finanzas y el staff está trabajando con la Argentina en contacto cercano. Estamos haciendo lo que pueda ser de ayuda para la Argentina”, indicó desde Davos, Suiza, lugar en el que se realiza la reunión del Foro Económico Mundial al que no concurrirá ningún funcionario del Ministerio de Economía.

La titular del FMI señaló: “Estamos de acuerdo con la necesidad de restaurar la economía y abordar el aumento de la pobreza, que ha afectado negativamente a muchos argentinos”.

Además, confirmó que participará del seminario económico organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales del Vaticano, en el que también estará el ministro de Economía, Martín Guzmán.

Se especula con que dicha ocasión podría dar lugar a un encuentro entre Guzmán y Georgieva para analizar la situación del programa que la Argentina tiene con el FMI y el vencimientos de deuda.

Cabe recordar que la semana pasada, desde el FMI habían elogiado el primer mes de Gobierno de Alberto F. Alejandro Werner, funcionario del Fondo para el Hemisferio Occidental, consideró que el Gobierno “se está moviendo en la dirección correcta”, lo que en la Casa Rosada fue leído como una buena señal.

“Estas primeras medidas nos hacen ver que el Gobierno se va moviendo en una dirección positiva”, dijo Werner en una entrevista con CNN en Español.

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El FMI felicitó a Alberto Fernández y prometió “asistir” a su Gobierno

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La directora del FMI Kristalina Georgieva felicitó este martes (10/12) al presidente Alberto Fernández por su asunción y expresó que el organismo internacional “comparte plenamente sus objetivos de perseguir políticas para reducir la pobreza y acompañar el crecimiento sustentable”. “El FMI permanece comprometido a asistir a su gobierno en esta tarea”, agregó. Se esperan arduas negociaciones por la deuda.

En la antesala de la que será, probablemente, una ardua negociación, la directora del FMI Kristalina Georgieva felicitó este martes (10/12) al presidente Alberto Fernández por su asunción. Además, coincidió en el rumbo económico que trazó el mandatario en su discurso.

La titular del organismo financiero internacional expresó en su red social Twitter: “Felicitaciones a Alberto Fernández en su asunción como Presidente de la Argentina. Compartimos plenamente sus objetivos de perseguir políticas para reducir la pobreza y acompañar el crecimiento sustentable. El FMI permanece comprometido a asistir a su gobierno en esta tarea”.

Cabe recordar que en su primer discurso como Presidente, Alberto Fernández hizo mención a los compromisos con el FMI. Allí aseguró que hay intención de pagar pero que en este momento el país no está en condiciones de hacerlo.

“La deuda pública en relación al PBI está en su peor momento desde 2004, cuando estábamos en default”, resaltó Fernández.

Y dijo que “buscaremos una relación constructiva con el FMI pero hay que crecer para poder pagar. El país tiene la voluntad pero carece de la capacidad para hacerlo”.

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