LAGARDE

Obra pública, transferencias a provincias, gasto salarial y subsidios económicos (tarifas) serán los más afectados por acuerdo con el FMI

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El viernes 8 de junio, las autoridades del Ministerio de Hacienda y el Banco Central anunciaron el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por un crédito stand by de alto acceso por 50 mil millones de dólares en un plazo de 3 años. Este monto superó ampliamente las expectativas ya que representa más de 10 veces la cuota argentina en el FMI cuando, en general, el máximo otorgado alcanza a 5 veces la cuota. El primer desembolso será de 15 mil millones (de los cuales 7,5 mil millones estarán disponibles para financiar gasto público, y a la vez fortalecer la oferta de divisas actual en el mercado de cambios) y el resto de los recursos se otorgarán cada 3 meses, condicionado al cumplimiento de las metas acordadas. 
Los detalles del nuevo programa se conocieron esta mañana través de la publicación de la carta de intención que contiene dos anexos: el Memorándum de Políticas Económicas y Financieras (MEPF) y el Memorándum de Entendimiento Técnico (MET). El primero establece los objetivos de política fiscal y monetaria para el mediano plazo (además de compromisos relacionados con la protección social y la equidad de género) mientras que el segundo explicita las definiciones de los conceptos a ser evaluados y los requerimientos de información necesarios para el seguimiento de las pautas acordadas. En principio, este documento sería aprobado por el Directorio del organismo el día 20 de junio.
Desde el punto de vista fiscal, el acuerdo contiene un programa bastante más acelerado de reducción del déficit primario. La meta para 2018 permanecerá en torno a 2,7% del PIB, pero la de 2019 se reducirá de 2,2% a 1,3% y la de 2020 de 1,2% a 0%. Asimismo, se fijó un objetivo de superávit primario de 0,5% del PIB para el año 2021.
En lo que refiere al ámbito monetario, se mantendrá el régimen de metas de inflación, aunque con nuevos objetivos: inflación del 27% para 2018, 17% para 2019, 13% para 2020, 9% para 2021 y 5% para 2022 (esta última no aparece formalizada en la carta de intención, aunque sí en el comunicado del BCRA).
Uno de los puntos más destacados del acuerdo consiste en la eliminación de todo tipo de financiamiento monetario del déficit fiscal. Esta restricción no sólo abarca la asistencia directa del BCRA al Tesoro a través de Adelantos Transitorios o transferencia de utilidades, sino también pone fin a las compras de divisas extranjeras, por parte del BCRA, provenientes del endeudamiento externo. A partir de ahora, el Tesoro venderá estos dólares en el mercado, evitando que la autoridad monetaria se vea forzada a esterilizar los pesos emitidos en contrapartida a través de altas tasas de interés de las LEBACs.
Respecto a este último punto, se comunicó la progresiva disminución del stock de Letras del Banco Central utilizando las Letras Intransferibles otorgadas por el Tesoro en contrapartida por la utilización de reservas internacionales para el pago de la deuda externa. A continuación, se analizan las consecuencias de las metas fiscales fijadas en el acuerdo con el FMI.
Programa fiscal: Gradualismo acelerado con revisiones periódicas
El acuerdo con el Fondo posee como condicionalidad la implementación de un programa fiscal más ambicioso que el que se venía ejecutando hasta ahora. Si bien la meta de déficit primario del Sector Público Nacional para 2018 se mantiene en 2,7% del PIB, las correspondientes a2019, 2020 y 2021 se ubican en 1,3%, 0% y superávit de 0,5%, respectivamente. Cabe destacar que, incluso con estas modificaciones, los objetivos resultan menos exigentes que los que se plantearon al inicio de la actual gestión de gobierno (déficit de 1,8% del PIB para 2018 y de 0,3% para 2019), y que luego se cambiaron por metas que llevaban al equilibrio primario recién en 2021.

En este marco, el Ministerio de Hacienda expuso el sendero de ajustes previstos en el gasto público nacional para cumplir con los nuevos objetivos. Implica una reducción del 13% en el gasto nacional, en términos reales, entre 2017 y 2020 (30% si se excluyen las erogaciones previsionales). El gasto de capital aparece como la partida que cargaría con la mayor parte del ajuste, con una disminución real superior al 80% en los próximos tres años, y de 1,3% del PIB para lo que resta del mandato del actual presidente. Resulta una incógnita si el financiamiento obtenido a través de los programas de Participación Público-Privada (PPP) podría compensar esta merma en las erogaciones de capital. De todas formas, y de acuerdo a lo establecido en la carta de intención, los costos vinculados a las obligaciones del SPN en este tipo de contratos deberían registrarse por encima de la línea, razón por la cual no funcionarían como una alternativa al recorte en el gasto de capital tradicional. 

 
Los subsidios a las empresas de los sectores energético y de transporte sufrirían una merma del 48% en términos reales en los próximos tres años (1,1% del PIB). Esta trayectoria implica la continuación del programa de revisión integral de tarifas en la que seguramente el precio del transporte público en CABA y Gran Buenos Aires manifieste las actualizaciones más importantes, debido al mayor atraso acumulado. Sin embargo, el incremento de los costos en el eslabón generador de la energía, provocado por el mayor ritmo de depreciación del tipo de cambio y la tendencia al alza del precio internacional del petróleo, imponen dudas sobre si se podrá cumplir con los objetivos fijados a este respecto.
Con relación a los gastos de funcionamiento de la administración pública (remuneraciones a los empleados y compra de bienes y servicios), el Ministerio de Hacienda plantea una disminución de esta partida del 13%, en términos reales, para todo el lapso considerado. Vale destacar que este rubro es el que más se ajustará durante 2018, con relación al PIB (0,4%). Este pronóstico parece consistente con el reciente cierre de la paritaria de los empleados públicos nacionales en torno a 15% anual, con una cláusula de revisión fijada recién para marzo de 2019. De hecho, aquellos trabajadores con un salario superior a 40 mil pesos apenas recibirán sumas fijas de 2.000 pesos en julio y 4.500 pesos a partir de agosto (en línea con la propuesta publicada en informe de coyuntura de IERAL del 24 de mayo de 2018, que consistía en congelar las remuneraciones nominales de empleados públicos por un año, para aquellos casos de ingresos superiores a $50 mil mensuales).
Dada la inflación prevista para fin de año, la pérdida de poder adquisitivo de las remuneraciones estatales permitirá disminuir su peso en el total del gasto. El objetivo formalizado en la carta de intención consiste en que el gasto en personal se reduzca en 0,5% del PIB al finalizar el programa. 
Un ejercicio de interés relacionado con el gasto en personal está dado por las distintas alternativas de ajuste que se presentan según la variación en la planta de personal (a mayor cantidad de empleados, mayor debería ser el ajuste vía remuneraciones (en términos reales) y viceversa). Tomando como punto de partida los últimos datos de empleo en el Sector Público Nacional (740.677 puestos en diciembre de 2016, según el Ministerio de Trabajo) y la masa de remuneraciones ejecutada durante el año 2017, es posible arribar a un costo promedio anual por empleado de alrededor de 450 mil pesos. Así, se simula cuál podría ser la trayectoria de esta variable ante diferentes escenarios de evolución en la planta de personal del SPN (reducciones y aumentos de 1 y 2% por año y que permanezca estable).

Así, se advierte que, si la cantidad de puestos de trabajo en el SPN permaneciera constante, el costo promedio anual por empleo debería aumentar un 15,7% en 2018, 14,6% en 2019 y 13,7% en 2019, para cumplir con el objetivo de gasto establecido.
En términos reales, significaría que esta variable debería caer un 8,9% en 2018, 2% en 2019 y podría aumentar un 0,6% en 2020.
En cambio, si la planta de personal se reduce en 1% anual en todo el período, el costo anual por empleado podría tener una evolución de 16,8% en 2018, 15,8% en 2019 y 14,8% en 2020. Esto se traduciría en una variación real para cada año de -8%, -1% y 1,6%.
Por el contrario, si la planta de personal aumenta en 1% anual en todo el período, el costo anual por empleado debería tener una evolución de 14,5% en 2018, 13,5% en 2019 y 12,5% en 2020. Dadas las metas de inflación consideradas, esto implicaría una caída anual en términos reales de 10,7%, 3,9% y 1,4%.
La única partida que crecería en términos reales hasta 2020 es la que engloba a las jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares, AUH y programas sociales (7%). El conjunto de estas erogaciones representa el 60% del gasto primario en lo que va de 2018 y su evolución se encuentra atada a la de los precios y salarios formales, según la nueva ley de movilidad previsional. La salvaguarda del gasto social ha sido especialmente destacada por los funcionarios del Gobierno, además del establecimiento de una cláusula en el acuerdo con el Fondo, que permite aumentar las transferencias a familias en un 0,2% del PIB en el caso de que se produzca un deterioro en las condiciones sociales de la población.
En ese contexto, también adquiere relevancia el establecimiento en la carta de intención de un piso de 1,3% del PIB para el conjunto de transferencias dirigidas a los niños entre las que se incluyen la AUH, la Asignación por Embarazo y las Asignaciones Contributivas por Hijo. Por otro lado, y en relación con la evolución del gasto previsional y los ingresos contabilizados como rentas de la propiedad, será importante seguir lo sugerido en el MEPF acerca de los activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES. Concretamente, se propone amortizar los mismos a fin de obtener fondos para “financiar el pago de pensiones, incluyendo aquellas en la Ley de Reparación Histórica”.
Por último, se destaca que el segundo rubro que aparece como más afectado por la reestructuración del programa fiscal es el de las transferencias discrecionales a provincias (74% en términos reales en todo el período considerado). Debido a la importancia que el mismo posee sobre los ingresos de la mayoría de las jurisdicciones, este tópico será tratado especialmente en la próxima sección.
Un ejercicio que resulta de interés está dado por simular la trayectoria nominal de las partidas de gasto que se deriva de la tabla anterior. Dado que el Ministerio no ha explicitado las pautas de variación del PIB utilizadas para la simulación del ajuste en 2019 y 2020, se considerará un crecimiento de 3,5% para estos años y que se cumplen las nuevas metas de inflación (17% y 13%, respectivamente). Respecto a 2018, se adoptará un supuesto de expansión de la actividad más optimista que el utilizado por las autoridades fiscales (1,8% vs 0,4%) y se asumirá que la variación anual de los precios se ubica en 26%. 

En este marco, tanto el gasto de capital como las transferencias corrientes a provincias deberían caer en términos nominales durante todo el lapso 2018-2020 para cumplir con la meta de gasto establecida en relación con el PIB. En el caso de los subsidios económicos, podrían incrementarse ligeramente este año (9,5%), pero deberían reducirse en 2019 y 2020. Respecto a las erogaciones en salarios y bienes y servicios, bastaría con que crecieran a un ritmo interanual de 14/16% en todo el lapso considerado. Una situación similar, algo más holgada, se da con “Otro gasto corriente” que incluye las transferencias a universidades y el déficit operativo de las empresas públicas. Por último, las prestaciones sociales podrían aumentar a un ritmo algo superior a la inflación en 2018 y 2020 y bastante por encima de la misma en 2019. Justamente en este período (año electoral), debería compensarse ese incremento en las erogaciones con un profundo recorte en el gasto de capital (36%) y las transferencias corrientes a provincias (41%).
Siempre de acuerdo a los supuestos de la simulación, puede abrirse la posibilidad de que el ajuste para 2019 y 2020 no sea tan drástico si se sobrecumplen los objetivos establecidos para 2018. La viabilidad de esta alternativa puede evaluarse comparando la variación interanual que registran estas partidas de gasto en lo que va de 2018 (los últimos datos corresponden al mes de abril) y aquella requerida durante todo el año para cumplir con el objetivo de gasto en términos del PIB.
En este sentido, se aprecia que el gasto primario viene creciendo a un ritmo ligeramente inferior al requerido (17% vs 20%). Esta situación se produce, fundamentalmente, por la importante caída nominal de los subsidios a la energía y el transporte (19%) que supera ampliamente al aumento necesario de 9,5%. Asimismo, el gasto de capital se ha reducido casi un 24% en relación con los primeros cuatro meses de 2017, mientras que la caída anual requerida se ubica en torno a 17%. Otra partida que “sobrecumple” con la variación requerida de acuerdo al ejercicio, es la de otros gastos corrientes (16% vs 28%). En contraste, los salarios y bienes y servicios se incrementaron casi un 22%, 6 puntos porcentuales por encima de la meta simulada. Por su parte, las prestaciones sociales presentan una tasa de variación efectiva muy similar a la requerida (en torno a 30%).

De esta manera, si se cumple efectivamente con los lineamientos presentados, el gasto primario se ubicaría en torno a 19,1% del PIB en 2020, algo menos del nivel que presentaba en 2011 (19,7%), pero bastante por encima del correspondiente a 2007 (15,4%). Esto se explica, fundamentalmente, por el elevado peso que mantendrán las jubilaciones y pensiones en el presupuesto nacional. Evidentemente, la sostenibilidad del sistema previsional constituirá uno de los principales ejes del debate público, una vez alcanzado un contexto de relativa estabilidad macroeconómica (la carta de intención posee una ligera referencia a esta cuestión). Asimismo, el gasto de funcionamiento del estado todavía se encontrará más de 0,6% del PIB por encima de la magnitud exhibida en 2007.

Frente a los posibles escenarios de reducción de las transferencias discrecionales enviadas a provincias para el periodo 2018-2020, resulta de interés observar la relación existente entre dichas transferencias y el desempeño de las finanzas en cada provincia (cuyo indicador es, ente caso, el resultado financiero). Mientras mayor resulte el déficit financiero de partida, y mayor la participación de las transferencias discrecionales en los ingresos de las provincias, mayor será la vulnerabilidad de las provincias en el nuevo contexto.
La provincia de La Rioja y Jujuy son las que exhiben mayor peso de las transferencias discrecionales de origen nacional (de capital más corrientes): 22,6% y 21,5% de sus ingresos totales en el año 2017, respectivamente. A ellas la sigue la provincia de Misiones (15,8%), Buenos Aires (13,1%), Chaco (12,9%), Salta (11,7%) y Tierra del Fuego (11,3%). En las provincias no mencionadas, las transferencias discrecionales totales explican, en promedio, un 7,3% de los ingresos totales. En el caso de Buenos Aires, esa situación ha cambiado en 2018 tras los cambios introducidos por el Consenso Fiscal.
Se pueden distinguir, al menos, los siguientes grupos de provincias, según el peso de las transferencias discrecionales y su situación fiscal de partida:
1- Con déficit fiscal y alta participación de transferencias discrecionales en sus ingresos: La Rioja, Jujuy, Misiones, Buenos Aires, Chaco, Salta y Tierra del Fuego. Serían en principio las más afectadas ante la reducción en las transferencias discrecionales, si dicho recorte se efectuara linealmente entre provincias. Aunque ya se aclaró que Buenos Aires mejoraría su situación en 2018 tras el Consenso Fiscal.
2- Con déficit fiscal y baja participación de transferencias discrecionales: algunos ejemplos son Santa Cruz, Chubut, Neuquén y Río Negro, entre otras. Podrían ser afectadas, aunque en forma moderada.
3- Con superávit fiscal y baja participación de transferencias discrecionales: San Luis, Santiago del Estero, San Juan, Catamarca y Tucumán son algunas de las provincias incluidas en este grupo. Se encuentran una posición mucho más favorable que el resto de las provincias, ya que no se verán afectadas en gran magnitud por la reducción de transferencias discrecionales y además habrían finalizado el año 2017 con un resultado financiero superavitario.
 

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Despidos de empleados públicos, menos obra pública y reforma jubilatoria, entre las promesas del Gobierno al FMI

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El Gobierno difundió la “Carta de Intención” que envió al FMI para lograr el respaldo de ese organismo al modelo económico, “en medio de un panorama internacional desafiante”. El texto detalle el plan que llevará a cabo, que implica recortes en subsidios, postergación de la obra pública, revisión de impuestos, jubilaciones, cambios en el sistema de empleo, y modificaciones en las metas de inflación y déficit, además de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
La “Carta de intención, el Memorándum de Políticas Económicas y Financieras y el Memorándum de Entendimiento Técnico entre Argentina y el FMI”, consta de 33 carillas, y fue enviada a la directora del Fondo, Christine Lagarde.

En la nota -firmada por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, el Gobierno se comprometió a cumplir ocn distitntas medida de política que incluyen:
• continuar avanzando con en la reducción de los subsidios a la energía y el transporte
“con el objetivo de aumentar la proporción del costo de producción de esos servicios cubierto por el precio pagado por los consumidores, desde el 80% en 2017 hasta 90% en 2020, en promedio, para el gas, y desde 60% en 2017 hasta 90% en 2020, en promedio, para la electricidad.
• Racionalizar el empleo público
Será a través de no renovar cargos en puestos no prioritarios; congelar las contrataciones en el gobierno nacional durante dos años y eliminar las posiciones redundantes.
“Nuestro objetivo es que el gasto en personal caiga de 3,2% del PBI en 2017 a 2,7% hacia el final del programa”, sostiene la carta.
• Reducir el gasto en compra de bienes y servicios
El objetivo es bajarlo en un 15% en términos reales durante 2018 en relación con 2017 y continuar con el proceso en 2019.
• Posponer obra pública no esencial
“Continuaremos ejecutando los proyectos de obra pública esenciales para dinamizar la competitividad de nuestro país, pero pospondremos aquellos que no lo sean”, afirma el escrito.
• Reducir transferencias asociadas con el déficit operativo de empresas públicas
Son las que no están relacionadas con las tarifas de servicios públicos desde su nivel acutal de 0,1% del PBI en 2017 hasta casi cero en 2021.
&bull Introducir mejoras en el sistema de pensiones
Se apunta a hacerlo “financieramente sostenible y más justo” tanto para las generaciones actuales como para las futuras. Asimismo, se continuará con el “compromiso” de la Reparación Histórica.
• Reducir y eliminar impuestos distorsivos
El Gobierno apunta a lograrlo en línea con la reforma tributaria aprobada hacia finales de 2017. “Podríamos extender el período de implementación de algunas de estas modificaciones si fuera necesario para alcanzar nuestras metas fiscales”, advirtió.
• Mejorar la estructura fiscal federal
En ese punto, señala que las transferencias automáticas del gobierno nacional a las provincias aumentaron durante los años recientes y continuarán haciéndolo hasta 2020. “Las transferencias discrecionales a las provincias asociadas a gastos que han sido asignados como responsabilidad de cada provincia por la Constitución se irán reduciendo ya que las provincias tomarán estás responsabilidades”, destaca.
• racionalizar el gasto impositivo a las ganancias corporativas
Además, se continuará publicando un listado completo de todos los gastos impositivos en el presupuesto.

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El monto del auxilio representa el 54% del total histórico de los acuerdos con el FMI

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 – El Área de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral, a cargo de Eduardo Luis Fracchia, elaboró un informe especial sobre la historia de los acuerdos entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). 
Entre sus consideraciones, el análisis destaca principalmente que:

    • “Entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional se realizaron 27 acuerdos desde 1958 a 2018. En total son 60 años de acuerdos”.
    • “Como se puede observar hay una clara tendencia alcista de los montos de los préstamos que el FMI le ha otorgado a la Argentina durante todos esos años”.
    • “Si comparamos los montos medidos en % del PBI, también se observa la creciente importancia de los acuerdos, especialmente fines de los 90”.
    • “El Gobierno de Mauricio Macri es el que ha acordado el monto nominal más alto de endeudamiento con el FMI, que equivale casi a cuatro veces la cifra récord 13.600 millones de us$ acordada previamente durante el gobierno de Fernando De la Rúa en el año 2000”.

  • “En valores en dólares equivalentes a abril 2018 el acuerdo reciente representa dos veces y medio el acuerdo con el FMI realizado en el gobierno de De la Rúa”.
  • “En términos del PBI, el reciente acuerdo representa aproximadamente un 8,5% del producto estimado para este año, sólo por debajo del máximo anterior del gobierno de Duhalde en 2003 (9,8%)”.
  • “Los gobiernos provenientes del radicalismo y alianzas han triplicado, en términos nominales, los acuerdos celebrados por los gobiernos peronistas, y representan casi 24 veces el endeudamiento con el FMI que recibieron los gobiernos militares. Si la comparación se hace en dólares equivalentes a abril 2018 se duplica una vez y medio con los gobiernos peronistas y representa nueves veces sumando todos los acuerdo de los gobiernos militares”.
  • “El acuerdo alcanzado el jueves 7 de junio de 2018, de 50 mil millones de dólares, representa el 54%, en términos nominales, del monto total de todos los acuerdos realizados entre el país y el FMI desde 1958 hasta la fecha; y casi el 40% en valores en dólares equivalentes a abril 2018”.
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Viudas e hijas del FMI

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Me recibí de licenciada en Economía a fin de 2001. Nuestra fiesta de egresados fue el 20 de diciembre y la mayor parte de quienes celebrábamos llegamos después de pasar la tarde en la Plaza de Mayo esquivando gases lacrimógenos, agitados aún, en medio de la peor crisis económica que vivió la Argentina. Muchos de los invitados no llegaron porque se había declarado estado de sitio. Esa noche bailamos entre carteles que decían “Fuera De la Rúa-Cavallo”, al mes siguiente viajábamos en contingentes al Foro Social Mundial en Porto Alegre (Brasil), una de las reuniones militantes más grandes a las que fui, en donde conocí por primera vez al en ese entonces naciente PT de Lula.
En esa época todos sabíamos muy bien qué era el FMI y qué implicaban los acuerdos con ese organismo. Sus políticas las vivíamos en carne propia. De la mano de personajes como Cavallo, Lopez Murphy e incluso el reciclado Sturzenneger, se implementaron medidas orientadas a seguir sus lineamientos. El mantra era el “déficit cero“ y para perseguirlo no les tembló el pulso a la hora de recortar el 13% de los salarios de trabajadores del Estado y de las jubilaciones. Recuerdo a Carozo y Narizota mandándote a dormir junto al cartelito que marcaba el pulso desesperado de la economía con el “riesgo país“. Luego vino el corralito a los depósitos, la gente agolpada en los cajeros,  el dólar latiendo acelerado.  El paisaje social era desolador: la mitad de la población bajo la línea de pobreza, un cuarto de lxs trabajadorxs sin empleo. Me acuerdo de ese viaje desde Buenos Aires a Posadas para pasar las fiestas con la familia, en un bondi que avanzaba en cámara lenta en medio de cortes de ruta. Los piqueteros, las gomas quemadas, el calor, las asambleas barriales.
 
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Si me preguntan, la verdad no creo que estemos en la misma situación que entonces. Pero lo cierto es que los traumas y miedos no son tan racionales como nos gustaría. Para mi FMI suena a recortes, a no tener trabajo, a ir caminando a la facu porque no llegaba a fin de mes, a  pobreza, a gente viviendo en la calle, a gente perdiendo ahorros y esperanzas de futuro. Pero también a una sociedad que gritaba “que se vayan todos, que no quede ni uno solo“.
“No es el mismo Fondo que entonces, está cambiado” decían estos días. La imagen se completa con Cavallo dando entrevistas en la televisión, un deja vu de mal gusto.  Los lineamientos de este FMI renovado son muy parecidos a los del viejo amigo que habíamos conocido entonces. El equipo de Cambiemos falló sistemáticamente en todas las políticas que intentó. No lograron seducir a los inversores internacionales de los que tanto nos hablaron, nunca vino la lluvia de inversiones, el invierno les cayó encima a los tímidos brotes verdes, las metas de inflación nunca se cumplieron y en 2018 directamente se desvanecieron en el aire. Las “turbulencias“ de las últimas semanas provocaron una devaluación del 25% de la moneda que no solo va a aumentar la inflación sino que además recorta todas las proyecciones de crecimiento. Los anuncios de ayer, aunque contados con bombo y platillos por algunos sectores, son el corolario de esta derrota. El gobierno acaba de renunciar a tener soberanía en sus decisiones económicas y también en muchas políticas. Renuncia a herramientas de política monetaria y se compromete incluso a no intervenir en el mercado cambiario. La reforma de la carta orgánica del BCRA pretende, además, darle más poder e independencia a un funcionario que vive desconectado de la realidad de nuestro país y que responde a intereses ajenos.
En el CBC aprendemos lo que se llama la ecuación macroeconómica fundamental:
PBI = Consumo + Inversión  + Gasto público +  (Exportaciones – Importaciones)
El acuerdo con el FMI impone severas restricciones, una de ellas es el viejo “déficit cero” en el plano fiscal ahora maquillado con eufemismos como “buscar el equilibrio“ en las cuentas. Este déficit (o superávit) surge de la diferencia entre ingresos (recaudación impositiva) y gastos (obra pública, salarios estatales). En el acuerdo ya se muestra una reducción sustancial de la obra pública,  el único motor que tenía prendida la economía. También se recortan las transferencias a las provincias. Eso no solo impacta bajando el gasto público, sino que también implica menos empleo, menos dinero en la economía, menos consumo y, por ende, también menos recaudación. Marcos Peña, en una entrevista con Novaresio, decía hace poco que el Estado es como una casa y por eso no se puede gastar más de lo que entra. Pero esta es una estrategia discursiva que hace que enfoquemos en el  gasto y no en la estructura tributaria, que fue lo primero que se afectó cuando entró en escena Cambiemos eliminando retenciones a exportaciones con una fuertísima transferencia de ingresos a sectores concentrados de la economía (además, en una casa no podemos ni cobrar impuestos ni imprimir billetes).
El programa de metas de inflación (que nunca funcionó para cumplir ese objetivo pero si para la bicicleta financiera) desaparece para 2018 y se espera un 19-21% para 2019.  Más de 7 puntos por encima de lo que decían que habría este año, o 10 si tomamos la meta inicial, también caída en el olvido. Sturzenneger, con cara de poker, dijo en la conferencia de prensa “no tenemos meta para 2018”. Con la misma cara de poker, lxs trabajadorxs deberían reclamar la apertura de paritarias y actualización sin meta y sin techo de sus salarios, que hoy se desploman. Y todavía no sabemos si el dólar va a seguir subiendo como piden muchos empresarios. Esto afecta al consumo, esa primera variable macro que en  nuestro país representa más de un 70% del PBI.
La inversión la seguimos esperando, pero aún si entrara debería ser realmente una buena tormenta inversora para revertir el signo de la caída de las otras variables. El saldo comercial (exportaciones menos importaciones) hoy es negativo y la manera en que tienen de achicarlo es mediante devaluaciones, que ya sabemos que son más inflación y otras cosas feas.

En este contexto, todavía no se entiende cómo Dujovne dice que va a haber un crecimiento de 1,4% del PBI cuando caen todas las variables y, además, se arrastran en una espiral descendente entre sí. 😦
 

Por ahora, los 50 mil millones que nos presta el FMI aparecen destinados a darles tranquilidad a los acreedores.  ¿Dónde está el plan productivo del gobierno? ¿Cómo se va a repagar la deuda que se está tomando? Lo único que venimos viendo es deuda y #MacriTips  para reducir los gastos.
 
 

  • Keynes en 1936

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Buenas noticias

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Qué bueno es dar buenas noticias, decía, con una firmeza que no tenía, el fugaz Fernando De la Rúa, justo un año antes de tomar el último vuelo en helicóptero. Su mensaje, en diciembre de 2000, anunciaba el Blindaje del Fondo Monetario Internacional por 39.700 millones de dólares, con el apoyo de bancos, AFJP y otras entidades financieras.
“Festejemos, porque este año se va y viene uno nuevo, mejor, llegó el momento de cosechar los frutos del esfuerzo. La Argentina ya no tiene riesgos, es segura y previsible, ahora podemos crecer en paz. El 2001 será un gran año para todos”, pronosticaba el líder de la alianza.

El monto del préstamo que terminaba con la incertidumbre en la Argentina, era mucho mayor a lo que los “mercados” esperaban.    
“Hemos acordado un stand by de acceso derivado por el monto de 50 mil millones de dólares que es once veces la cuota de la Argentina. Demuestra el apoyo que tenemos de la comunidad internacional y es una muy buena noticia“, dijo este jueves un fortalecido Nicolás Dujovne al anunciar el nuevo préstamo del FMI que permitirá “evitar una crisis” tras el sacudón cambiario”. “El país va a seguir creciendo”, prometió.
En 2000, el Blindaje había salido sin complicaciones porque “las autoridades argentinas decidieron encarar el problema en la etapa preliminar de la crisis“, y el organismo estuvo dispuesto a actuar también para evitar el contagio que ya se empezaba a sentir en los países vecinos y en los mercados emergentes en general.
“Estamos contentos, porque nos va a permitir seguir recorriendo el camino hacia el equilibrio fiscal y desterrar el problema que tiene la Argentina de gastar más de lo que tiene“, insistió Dujovne, investido superministro.
A los 50 mil millones del Fondo hay que sumarle 5.650 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial y CAF, que “despejan cualquier incertidumbre sobre el programa económico y la situación de los mercados”.
“Es un punto de partida importantísimo para la Argentina. Va a generar más posibilidades de desarrollo. Ayuda a fortalecer el desarrollo y el crecimiento y la generación de empleo; eso es lo que sirve”, completó el presidente Mauricio Macri al brindar por el día del periodista. Fue lo único que dijo después del dramático mensaje inicial.
El Fondo, en 2000 también había sido “generoso”. Autorizó a ampliar el déficit fiscal de 2001 a US$ 6400 millones en lugar de los 4100 millones pactados originalmente, y a alcanzar el equilibrio fiscal en 2005, en vez de en 2003.
El entonces ministro de Economía, José Luis Machinea, asumía “con realismo” ante el FMI que “el PBI crecerá menos del 4,5% previsto en el presupuesto de 2001”.
Dujovne ahora reconoció: “Sabemos que producto de la turbulencia financiera que tuvimos, vamos a crecer un poco menos y vamos a tener más inflación que la que pensábamos. No hay magia. El Fondo Monetario nos puede ayudar, pero nosotros tenemos que resolver nuestros problemas solos”.
Como en 2000, Argentina recibe un “respaldo” inusitado del FMI.
“Demuestra un fuerte liderazgo”, opinó el entonces titular de la entidad Horst Köhler, sobre Fernando De la Rúa. El organismo estaba entonces preocupado por la crisis política.
“El ajuste fiscal requerirá de un “fuerte compromiso político”. No solo ya de la clase política: de toda la sociedad”, dijo ahora Roberto Cardarelli, uno de los economistas del Fondo al frente de la relación con la Argentina en el primer mensaje tras el acuerdo.
El país gobernado por De la Rúa fue merecedor de una confianza excesiva. Argentina estaba sobreendeudada y el fantasma del default estaba a la vuelta de la esquina.
Hoy la Argentina es el país del mundo que más le debe al FMI, cuatro veces más que Grecia, hasta ahora el país más endeudado con 12.800 millones de dólares.
El país helénico recibió en 2010 también una ayuda extraordinaria, que alcanzó los 145 mil millones de dólares entre el FMI, la Unión Europea y otros organismos. Pero después de cumplir todas las metas impuestas, Grecia sigue hundida en una profunda depresión, con una caída de salario real que llega al 40 por ciento, un PBI 27 por ciento más bajo y una desocupación del 22 por ciento, porcentaje que se duplica entre los más jóvenes.
Peor aún, la relación deuda pública/PBI, que superaba el 80 por ciento en 2010, hoy llega al 180 por ciento. En Argentina, antes del acuerdo con el Fondo pero después de la devaluación por la corrida cambiaria, la deuda equivalía al 65 por ciento del PBI.
Argentina también tiene metas que cumplir. Varias. Aunque el FMI ofrece “cláusulas de salvaguarda social inéditas“. “Prevé eventuales relajamientos en la meta de déficit para ser aplicado una porción del gasto en programas sociales en caso de ser necesario intervenir e incrementar el gasto social”, festejó Dujovne. En realidad, no somos los únicos privilegiados: en Grecia también se prometían reformas para “combatir el despilfarro, frenar la evasión fiscal y proteger a los más pobres”. Los resultados no fueron  muy alentadores, como se puede apreciar: más del 35 por ciento de los griegos vive en riesgo de pobreza o exclusión social.
Entre las metas impuestas por el acuerdo con Christine Lagarde, Macri se comprometió a reducir el déficit en un monto cercano a los 20 mil millones de dólares, unos 500 mil millones de pesos. Los principales recortes pasarán la obra pública, con un ajuste del 81 por ciento y en transferencias a provincias, del 74% en tres años, para achicar el gasto en relación al PBI. Además, se prevé hasta 2020 una baja en salarios de los trabajadores estatales del 13 por ciento (la coincidencia es pura coincidencia) y en los subsidios a las tarifas y transporte de un 48 por ciento. El gasto “extraordinario” por jubilaciones también deberá reducirse 30 por ciento.
Las metas de inflación para este año simplemente desaparecieron y para los años próximos serán de 17%, 13% para 2020 y 9% para 2021.
Con este préstamo Macri se garantizó contar con respaldo financiero para lo que resta de su mandato, aunque esto no evite recurrir al mercado financiero para cubrir los gastos. De hecho, ya no podrá echar mano del Banco Central, que se encargará de hacer cumplir las metas de inflación y estará ocupado en intentar desactivar la bomba de tiempo -de fabricación casera, a manos del propio Federico Sturzenegger- de las Lebacs.
La contundente muestra de respaldo no es simple mérito. El FMI necesita que el sistema económico financiero argentino se sostenga. Argentina es un ejemplo de la derrota del “populismo” y un retroceso de Macri podría arrastrar a otros países de la región. La situación del hermano mayor no es la mejor: Lula preso sigue siendo el mejor candidato brasileño y los postulantes del establishment no tienen mayor imagen positiva que Michel Temer, que apenas roza el tres por ciento. 
No es la primera vez que el FMI premia a sus favoritos. Lo hizo antes con Carlos Menem, en momentos en que las señales de resquebrajamiento de la Convertibilidad eran evidentes. Pero siguió prestando y acompañando al “modelo”.
Para Macri, el respaldo del FMI es un arma con el que cual presionar para alcanzar las metas que hasta ahora fueron esquivas. La culpa del ajuste será del Fondo. Pero sigue sin haber un programa que sustente el crecimiento. El ajuste suele traer consigo un efecto negativo en la economía.
La situación política para el Gobierno no es la mejor. Los últimos meses acumularon conflictos y la vuelta al Fondo no es una buena noticia, para buena parte de la sociedad que no quiere repetir la historia. El consultor Gustavo Córdoba sostiene que los últimos días creció la sensación de que Cambiemos “es igual” que los partidos políticos tradicionales cambiados en las dos últimas elecciones. Del otro lado, el peronismo entendió con la discusión por las tarifas, que puede pensar en una unificación, aunque más no sea para recuperar poder.
El gobernador Juan Manuel Urtubey, uno de los que se pone en la largada para ser candidato a presidente, adelantó el respaldo al Gobierno. Pero advirtió: “Nosotros no cogobernamos. El presidente es Macri y la responsabilidad del destino de Argentina es suya”.  La idea es compartida por los demás gobernadores.
Las provincias ya achicaron sus presupuestos y en muchos casos no tienen los problemas que exhibe la Nación.
El “misionerismo” no va a cambiar su decisión de no poner palos en la rueda. Pero al mismo tiempo, pide que los gobernadores sean escuchados para que se ponga el acento en el desarrollo económico y no únicamente en el ajuste que paraliza.
Misiones es un ejemplo en sustentabilidad financiera y una planta estatal sumamente moderada en relación a la cantidad de población.
El ajuste ya es un problema político. Lejos de ser una mera abstracción de los discursos presidenciales, se siente en la calle, con reproches permanentes incluso en aquellos que admiten haber votado por el cambio.
Resulta hasta llamativa la defensa a ultranza que hace el radicalismo de las medidas del Gobierno ante el silencio del PRO purista. “Recurrir al FMI pidiendo ayuda es bueno. No es pedirle ayuda al diablo como mucho creen”, reprochó el diputado nacional Luis Pastori, quien insiste en el buen andar de la economía, pese a que los datos de la realidad se empeñan en desmentirlo. La economía solo muestra algunos sectores que recuperaron dinamismo, mientras que la mayoría está en baja.
Posadas es un ejemplo. La coparticipación crece por efecto inflacionario, pero la recaudación propia está bastante por debajo de la inflación desde el año pasado.
La fe ciega de Pastori en el modelo parece ser la única en sostenerse dentro del radicalismo. Son varios los jóvenes criados al cobijo de Franja Morada que empezaron a mantener reuniones con los jóvenes de Podemos, el espacio creado por militantes de espacios políticos diversos. “Y se suman más”, contó uno de los principales de Podemos.  
No son los únicos desencantados. La Renovación también comenzó a recibir a dirigentes y profesionales que buscaban una alternativa al todo o nada del kirchnerismo, pero se sienten decepcionados con el cambio.
El misionerismo que se consolida en el tiempo con un modelo distinto al nacional, sin endeudamiento, con incentivos a la economía y con permanente ampliación de derechos, es un refugio ante un escenario de más ajuste. Mientras en Buenos Aires se realizaba un “panazo” en protesta contra los tarifazos y la suba de la harina, en Misiones el gobernador Hugo Passalacqua sellaba un acuerdo con los panaderos para congelar por tres meses el precio del pan a cambio de una bonificación de la tarifa eléctrica que llega al 50 por ciento. “La sensibilidad social nace de la cercanía, de conocer qué pasa en la realidad y hacer lo que esté al alcance del Gobierno en un momento difícil para todos”, señaló Passalacqua.

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