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Viudas e hijas del FMI

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Me recibí de licenciada en Economía a fin de 2001. Nuestra fiesta de egresados fue el 20 de diciembre y la mayor parte de quienes celebrábamos llegamos después de pasar la tarde en la Plaza de Mayo esquivando gases lacrimógenos, agitados aún, en medio de la peor crisis económica que vivió la Argentina. Muchos de los invitados no llegaron porque se había declarado estado de sitio. Esa noche bailamos entre carteles que decían “Fuera De la Rúa-Cavallo”, al mes siguiente viajábamos en contingentes al Foro Social Mundial en Porto Alegre (Brasil), una de las reuniones militantes más grandes a las que fui, en donde conocí por primera vez al en ese entonces naciente PT de Lula.
En esa época todos sabíamos muy bien qué era el FMI y qué implicaban los acuerdos con ese organismo. Sus políticas las vivíamos en carne propia. De la mano de personajes como Cavallo, Lopez Murphy e incluso el reciclado Sturzenneger, se implementaron medidas orientadas a seguir sus lineamientos. El mantra era el “déficit cero“ y para perseguirlo no les tembló el pulso a la hora de recortar el 13% de los salarios de trabajadores del Estado y de las jubilaciones. Recuerdo a Carozo y Narizota mandándote a dormir junto al cartelito que marcaba el pulso desesperado de la economía con el “riesgo país“. Luego vino el corralito a los depósitos, la gente agolpada en los cajeros,  el dólar latiendo acelerado.  El paisaje social era desolador: la mitad de la población bajo la línea de pobreza, un cuarto de lxs trabajadorxs sin empleo. Me acuerdo de ese viaje desde Buenos Aires a Posadas para pasar las fiestas con la familia, en un bondi que avanzaba en cámara lenta en medio de cortes de ruta. Los piqueteros, las gomas quemadas, el calor, las asambleas barriales.
 
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Si me preguntan, la verdad no creo que estemos en la misma situación que entonces. Pero lo cierto es que los traumas y miedos no son tan racionales como nos gustaría. Para mi FMI suena a recortes, a no tener trabajo, a ir caminando a la facu porque no llegaba a fin de mes, a  pobreza, a gente viviendo en la calle, a gente perdiendo ahorros y esperanzas de futuro. Pero también a una sociedad que gritaba “que se vayan todos, que no quede ni uno solo“.
“No es el mismo Fondo que entonces, está cambiado” decían estos días. La imagen se completa con Cavallo dando entrevistas en la televisión, un deja vu de mal gusto.  Los lineamientos de este FMI renovado son muy parecidos a los del viejo amigo que habíamos conocido entonces. El equipo de Cambiemos falló sistemáticamente en todas las políticas que intentó. No lograron seducir a los inversores internacionales de los que tanto nos hablaron, nunca vino la lluvia de inversiones, el invierno les cayó encima a los tímidos brotes verdes, las metas de inflación nunca se cumplieron y en 2018 directamente se desvanecieron en el aire. Las “turbulencias“ de las últimas semanas provocaron una devaluación del 25% de la moneda que no solo va a aumentar la inflación sino que además recorta todas las proyecciones de crecimiento. Los anuncios de ayer, aunque contados con bombo y platillos por algunos sectores, son el corolario de esta derrota. El gobierno acaba de renunciar a tener soberanía en sus decisiones económicas y también en muchas políticas. Renuncia a herramientas de política monetaria y se compromete incluso a no intervenir en el mercado cambiario. La reforma de la carta orgánica del BCRA pretende, además, darle más poder e independencia a un funcionario que vive desconectado de la realidad de nuestro país y que responde a intereses ajenos.
En el CBC aprendemos lo que se llama la ecuación macroeconómica fundamental:
PBI = Consumo + Inversión  + Gasto público +  (Exportaciones – Importaciones)
El acuerdo con el FMI impone severas restricciones, una de ellas es el viejo “déficit cero” en el plano fiscal ahora maquillado con eufemismos como “buscar el equilibrio“ en las cuentas. Este déficit (o superávit) surge de la diferencia entre ingresos (recaudación impositiva) y gastos (obra pública, salarios estatales). En el acuerdo ya se muestra una reducción sustancial de la obra pública,  el único motor que tenía prendida la economía. También se recortan las transferencias a las provincias. Eso no solo impacta bajando el gasto público, sino que también implica menos empleo, menos dinero en la economía, menos consumo y, por ende, también menos recaudación. Marcos Peña, en una entrevista con Novaresio, decía hace poco que el Estado es como una casa y por eso no se puede gastar más de lo que entra. Pero esta es una estrategia discursiva que hace que enfoquemos en el  gasto y no en la estructura tributaria, que fue lo primero que se afectó cuando entró en escena Cambiemos eliminando retenciones a exportaciones con una fuertísima transferencia de ingresos a sectores concentrados de la economía (además, en una casa no podemos ni cobrar impuestos ni imprimir billetes).
El programa de metas de inflación (que nunca funcionó para cumplir ese objetivo pero si para la bicicleta financiera) desaparece para 2018 y se espera un 19-21% para 2019.  Más de 7 puntos por encima de lo que decían que habría este año, o 10 si tomamos la meta inicial, también caída en el olvido. Sturzenneger, con cara de poker, dijo en la conferencia de prensa “no tenemos meta para 2018”. Con la misma cara de poker, lxs trabajadorxs deberían reclamar la apertura de paritarias y actualización sin meta y sin techo de sus salarios, que hoy se desploman. Y todavía no sabemos si el dólar va a seguir subiendo como piden muchos empresarios. Esto afecta al consumo, esa primera variable macro que en  nuestro país representa más de un 70% del PBI.
La inversión la seguimos esperando, pero aún si entrara debería ser realmente una buena tormenta inversora para revertir el signo de la caída de las otras variables. El saldo comercial (exportaciones menos importaciones) hoy es negativo y la manera en que tienen de achicarlo es mediante devaluaciones, que ya sabemos que son más inflación y otras cosas feas.

En este contexto, todavía no se entiende cómo Dujovne dice que va a haber un crecimiento de 1,4% del PBI cuando caen todas las variables y, además, se arrastran en una espiral descendente entre sí. 😦
 

Por ahora, los 50 mil millones que nos presta el FMI aparecen destinados a darles tranquilidad a los acreedores.  ¿Dónde está el plan productivo del gobierno? ¿Cómo se va a repagar la deuda que se está tomando? Lo único que venimos viendo es deuda y #MacriTips  para reducir los gastos.
 
 

  • Keynes en 1936

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La hora de acelerar la consolidación fiscal

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Las turbulencias de la economía mundial han puesto en evidencia que el programa de corrección gradual del desequilibrio fiscal tendrá que acelerarse, precisamente cuando las malas noticias que vienen del exterior y las climáticas hubieran hecho preferible evitar tener que transitar ese camino.
El problema a resolver hoy es más grave por la decisión de no avanzar en lo fiscal desde el inicio de la gestión. La magnitud del déficit fiscal heredado y el alto desequilibrio externo en una economía que no crecía mostraban con claridad que era necesario mejorar las cuentas. Esto fue señalado por economistas de FIEL en varias ocasiones desde 2015 en adelante. Haber apostado a que “el crecimiento resolvería el problema por sí sólo”, era una música agradable para los oídos de la dirigencia política pero que, a la postre, resultó en un error grave de diagnóstico profesional que requirió emitir más deuda y que hoy expone al gobierno a pagar un mayor costo político cuando la sociedad parece tener cierta fatiga en reducir los desequilibrios.
En la calibración del programa nuevo que adopte el gobierno nacional debería tenerse presente lo siguiente:
 La clave para el nivel de actividad futuro es mantener el financiamiento que permita una corrección suave del déficit externo. Para que ello sea posible será necesario obtener no menos de US$ 80.000 millones en los próximos tres años. Ello requiere del aporte de la inversión extranjera directa y de préstamos al sector privado, además de los que obtenga el gobierno. Por ello, es clave restablecer la confianza.
 Si se mantiene la depreciación del tipo de cambio real de alrededor de 20% comparado con el año 2017, las cuentas externas mejorarían alrededor de 1% del PIB.
 La mejora fiscal también ayudará. En estudios de FIEL de hace unos años habíamos estimado que una reducción del déficit fiscal de 1% del PIB permitía mejorar el resultado externo en alrededor de 0.4% del PIB. En el estudio de ahorro del BID de 2016 dirigido por Eduardo Cavallo y Tomás Serebrisky se estima que esa mejora en países emergentes sería entre 0.4% y 0.6% del PIB. Por lo tanto, si se supone que el programa del gobierno mejora la posición fiscal en alrededor de 0.7% del PIB cada año respecto del programa anterior, es razonable esperar que ello aporte otro punto de reducción del déficit externo al cabo de 3 años.
 La forma en que se encare la consolidación fiscal tiene consecuencias sobre el nivel de actividad. Dos trabajos recientes para la Argentina de Jorge Puig de la UNLP muestran que el multiplicador del gasto corriente es muy bajo, pero que los multiplicadores de los impuestos y del gasto de capital son bastante más altos. En base a ello puede concluirse que el efecto negativo de la mejora fiscal sobre la actividad económica será menor cuánto más foco se ponga en reducir el gasto corriente. Debe recordarse que para evitar un efecto negativo sobre el PIB se necesitaría que la mejora fiscal produzca un shock de confianza. En el contexto actual, eso parece difícil de lograr.
 La ineficacia del gasto público argentino permite ser optimista sobre la posibilidad de reducir el gasto corriente. Ello requiere revisar todos los programas vigentes para recortar ineficiencias o abusos. El riesgo es que la dinámica política lleve a proponer aumentos de impuestos. Los efectos negativos de esa decisión sobre la actividad y el empleo son más difíciles de ver para el votante y, por lo tanto, la resistencia de los grupos de presión sería menor. Pero debe tenerse presente que lo que no se reduzca de gasto estatal resultará en un menor gasto privado (en otras palabras se cambian empleos privados por públicos). La clave es cortar las ineficiencias: desde gastos tributarios que fomentan inversiones o producción de bajo retorno social hasta programas sociales que no son recibidos por familias de bajos recursos o que se distribuyen a personas que no calificaban para recibir el apoyo estatal del programa (por ejemplo, porque no tienen una incapacidad o no están desempleados). 
 Finalmente, es esencial evitar repetir el exceso de optimismo y la falta de consistencia del programa inicial. Por ejemplo, poner metas de inflación muy ambiciosas o dejarse tentar por atrasar el tipo de cambio en un año electoral.
En resumen, la crisis puede convertirse en una oportunidad si los problemas se enfrentan con realismo, evitando la tentación de seguir el canto de las sirenas que prometían (y todavía prometen) una solución indolora al tremendo desbarajuste económico que dejó el Kirchnerismo. Ello es clave para que el daño, en términos de crecimiento e inflación, de la combinación de errores iniciales y turbulencias externas se limite al segundo semestre de este año.

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Nuevo mix de política económica, con un dólar más alto

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En los primeros dos años de gestión, la combinación de una política fiscal relativamente laxa y una política monetaria dura llevó inevitablemente al atraso del tipo de cambio, hasta que la financiación internacional de los “déficits gemelos” dejó de fluir. Lo que se está abriendo paso, luego de la crisis cambiaria y la decisión de recurrir al FMI, es un nuevo esquema, en el que una política fiscal más restrictiva ayudará a cambiar los precios relativos a favor de la exportación (y la competencia con importados). El precio del dólar cerca de 25 pesos es un anticipo de ese escenario. Sin embargo, la tasa de interés de política monetaria de 40 % refleja lo complejo de una transición en la que se busca moderar el traspaso de la devaluación a los precios y, simultáneamente, estirar los vencimientos de Lebacs para evitar nuevos “supermartes”. Esto afecta el capital de trabajo de las Pymes y genera dudas acerca de la magnitud del freno en el nivel de actividad. La recuperación de la confianza sufre estas secuelas, pero también por la percepción de cambios impuestos por las circunstancias. Falta conectar que el nuevo mix de políticas, que sólo se habrá de completar cuando la tasa de interés pueda bajar, en realidad favorece un replanteo de la estrategia de crecimiento.
El gasto público consolidado de nación y provincias, que en 2006 fue de 61,6 mil millones de dólares, pasó a 263,7 mil millones en 2015. Se multiplicó por 4,2 en 9 años!!. Tamaña expansión generó desequilibrios múltiples, con consecuencias que los cepos fueron disimulando y posponiendo. Los “pecados de origen” del actual gobierno hicieron que el gasto público en dólares de 2017, con 253,9 mil millones, se ubicara demasiado cerca del récord de 2015. Sólo que sin cepo, esto llevó a una escalada del déficit de la balanza de bienes y servicios reales, que trepó a 16,6 mil millones en 2017.

Pese a la poca diferencia entre 2015 y 2017 en el gasto público en dólares, cambió su composición. En paralelo, el menor riesgo país, la quita de trabas y el recorte parcial de impuestos distorsivos hicieron que la tasa de inversión del cuarto trimestre de 2017 (22,36 % del PIB) superara por más de 2 puntos la de igual período de 2015.
¿Puede preservarse esta tendencia? La única forma es con más ahorro nacional, que sustituya el financiamiento externo. Esto implica abocarse a gastos corrientes del sector público nacional, que suman 7,5 puntos del PIB incluyendo salarios, compras y transferencias a provincias (por fuera de coparticipación). La inversión privada, más allá del resultado exitoso de la primera tanda de PPP, depende de lo que ocurra con el riesgo país, que podría descender de la mano del préstamo del FMI. Pero también de un mayor involucramiento de provincias y gobernadores. Aunque la negociación con el Fondo no requiera pasar por el Congreso, hay infinidad de aspectos en los que las políticas regionales pueden definir, por sí o por no, la radicación de capitales.

Pese a que la devaluación complica el cierre de las cuentas fiscales, por el mayor peso de intereses y de subsidios económicos (el gas en boca de pozo está dolarizado), más relevante es la visión general, por la cual el nuevo mix de política económica apunta a bajar el nivel del gasto público en dólares en forma persistente, tanto por la contención de las erogaciones como por el nuevo tipo de cambio. De hecho, este año el gasto público se estará recortando en 50 mil millones de dólares respecto de 2017.
El nuevo mix de política económica puede cambiar los precios relativos de la economía por la vía de una herramienta fiscal que mantiene contenidos los precios de bienes y servicios no comercializables internacionalmente, y de un instrumento monetario que tendría que dejar (en el futuro) de ser un mecanismo de atracción de capitales golondrina. El tipo de cambio más elevado no es una variable que pueda ser manejada arbitrariamente, sino un subproducto de aquella combinación. Y el menor peso en dólares que está pasando a tener el gasto público es un movimiento “por única vez” que necesita ser sustentado y complementado. Por detrás de este fenómeno subsiste la estructura sobredimensionada del Estado, que fue cobrando forma desde mediados de la primera década de este siglo. Como mostraron los economistas de IERAL Capello, Laguinge e Iglesias, mientras la población del país aumentó un 10 %, aproximadamente en este período, la planta de personal del sector público nacional lo hizo un 36,3 % y la del consolidado de provincias un 45,6 %!!!. El gasto de la Administración nacional se infló en 10,2 puntos del PIB de 2006 a 2017 ( 5,2 puntos atribuibles a Seguridad Social), pero la inversión pública mantuvo su volumen (aunque en los últimos dos años ha mejorado su eficacia). Las provincias, por su parte, expandieron sus erogaciones en 5,0 puntos del PIB, pero sólo 0,2 puntos constituyeron más gasto de capital.
En este nuevo contexto, ¿qué significa la paridad a 25 pesos? Ahora, el precio del Big Mac es más barato en la Argentina (3,60 dólares) que en Chile (4,13). ¿Demasiada devaluación?. En realidad nuestra inflación achicará la diferencia. Para evitar que el precio del dólar escape a cualquier parámetro, es clave que el acuerdo con el FMI avance. Y para lograr que el traspaso de la devaluación a los precios sea moderado y mejore la competitividad, el rol de las políticas fiscal y monetaria es insustituible.
Justamente, dado que la tasa de interés del 40 % puede persistir por algún tiempo, el sector bancario debería considerar una reapertura temporal del régimen de créditos subsidiados a pymes, en operaciones a corto plazo. Es una iniciativa que no demanda medidas oficiales. Podría aplicar tasas que computen el plus de ingresos que las entidades obtienen al haber transformado parte de sus encajes en Lebacs, con el rendimiento correspondiente. Se trata de preservar los activos (créditos al sector privado) del propio sistema.
Es de esperar que, una vez que se definan los términos del acuerdo con el FMI, la economía argentina pueda salir de la fase actual, en la que la prioridad es evitar el riesgo de una nueva corrida cambiaria. ¿Ayudará el contexto internacional?. En realidad, más que la suba de tasas en los Estados Unidos, lo que puso en el foco de los inversores a países como Argentina y Turquía fue el rápido fortalecimiento del dólar contra el euro, fenómeno atribuible al inesperado enfriamiento del nivel de actividad en la Eurozona. El problema está en la eventual aparición de turbulencias de “segunda ronda”, por lo problemas políticos en Europa y una inflación en Estados Unidos que pueda sorprender.
Por ende, mientras se trata de calibrar la magnitud de estos riesgos, la prudencia tendrá que ser la consejera de cabecera…

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¿Y si Macri copia a Misiones? Moody´s sacó un informe y destacó que hizo los “deberes” porque ahorra más, tiene superávit y no se endeuda

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¿Y si en medio de esta crisis el presidente Mauricio Macri decidiera imitar a la provincia de Misiones?
¿Qué pasaría si la Nación no toma deuda, excede las metas fiscales, baja gastos, sube ingresos, tiene apenas el 5% de su pasivo en dólares, troca el déficit en superávit? Todo esto ilustra la situación fiscal actual de Misiones.
La calificadora internacional Moody’s acaba de emitir el viernes un informe sobre las cuentas públicas de la provincia donde -una vez más- vuelve a destacar varias fortalezas de la administración, empezando por la vuelta al superávit corriente y los ahorros que el gobierno provincial logró al haber bajado los gastos ,al mismo tiempo que aumentó los ingresos.
Moody’s emitió un nuevo reporte sobre la provincia en plena crisis cambiaria y financiera y ratificó la calificación de la deuda de la provincia con la nota “B2” en escala global y el sesgo de “estable”, que significa que no prevé cambios ni para mejor, ni para peor en la próxima revisión.
La buena nota tiene relevancia porque llega en un momento caliente para las finanzas públicas de la Nación y de varias provincias. El mercado financiero mira con desconfianza a una Argentina que debió acudir de apuro al FMI y subir fuerte las tasas de interés para evitar una fuga de capitales y una disparada mayor del dólar.
Los inversores le piden a la Argentina que deje de gastar más de lo que le ingresa. Economis accedió al informe de Moodys y realizó un análisis del reporte. Se podría concluir que si el Gobierno Nacional tuviera más o menos los mismos parámetros de ingresos, gastos y deuda que Misiones, seguramente estaría liberado de tener que ir a pedir ayuda a Washington. Veamos.
Moody’s es una de las tres calificadoras más importantes del mundo (las otras dos son Standard and Poor’s y Fitch) y monitorea las cuentas de media docena de provincias y de la Nación, dos o tres veces al año, y emite reportes destinados a que los acreedores tengan una opinión independiente sobre la capacidad de repago de cada emisor de deuda. Misiones es auditada por Moody’s por los bonos senior y junior que emitió  hace dos años -para canjear deuda y estirar vencimientos- y están en poder del Fondo de Garantía de la Anses.
El reporte fue elaborado por el economista Alejandro Pavlov de la oficina de Buenos Aires de Moody´s, quien estuvo hace dos semanas en Posadas para entrevistarse con el ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, y otros funcionarios y recabar mayor información para evaluar la situación fiscal (de la misma manera que hacen las misiones del FMI).
¿Qué dice Moody’s sobre Misiones?
-La provincia ahorra más. Gasta menos y subió sus ingresos
-No toma deuda ni parece cercano que vaya a tomar deuda
-Casi siempre tiene superávit operativo. En 2016 incurrió en déficit pero en 2017 inmediatamente corrigió y volvió al superávit.
-Achicó el déficit financiero. El que se computa después del pago de los interses de la deuda.
-El stock de deuda es en pesos. Casi no deben en moneda dura (apenas 5% en dólares).
-Hace obras de infraestructura y las financia con dinero propio
-La provincia depende menos que otras de las transferencias por Coparticipación Nacional.
A continuación, elaboramos algunos de los puntos destacados por la calificadora.
Del rojo fiscal, otra vez al azul
-La provincia ahorra más, ya que bajó sus gastos al mismo tiempo que aumentó los ingresos. Y cambió el déficit corriente en el que incurrió en 2016, año de la recesión y la salida del cepo, por la vuelta al superávit corriente en 2017. Esto significa que en sus gastos operativos (antes de pagar deuda) Misiones tiene un excedente.
“Durante el 2016, Misiones reportó un déficit corriente, contrarrestando la tendencia histórica de resultados corrientes superavitarios.   Más recientemente, durante el cuarto trimestre acumulado del ejercicio 2017, la provincia de Misiones reportó un superávit corriente de ARS 2,570 millones –un 5.7% medido sobre los ingresos corrientes”, señala el reporte.
“El mayor crecimiento de ciertos ingresos corrientes (los recursos de origen nacional en un 35%) frente a los principales egresos (gasto de personal en apenas un 21%) motiva esta mejora en el superávit corriente”, explica el informe.
-Misiones no depende tanto de la Coparticipación Federal de Impuestos como otras provincias. Esto es así porque al ser “castigada” en el reparto por la Copa (Formosa tiene la mitad de habitantes y recibe más que Misiones), la provincia además se vio obligada a generar una buena recaudación propia con la DGR.
“En otro orden de cosas, la provincia de Misiones no depende de las transferencias federales tanto como sus comparables al mismo nivel de calificación. Los ingresos por transferencias federales promediaron el 57% de los ingresos corrientes durante los últimos cinco ejercicios (2012-2016), un nivel comparativamente inferior al de otras provincias en su mismo nivel de calificación”, dice Moody’s.
 
-Misiones no toma deuda por ahora
-Achicó la deuda existente y casi no debe en dólares
“En 2017 la deuda se había incrementado un 22% con respecto a fines de 2016, superando levemente los ARS 6.802 millones (Nota de la Redacción: es menos que la inflación). La proporción de deuda en moneda extranjera se mantenía en niveles similares a los de 2016, representando un muy bajo nivel del 5%”, dice Moody’s.
-Achicó el déficit financiero
El déficit financiero se computa tras los pagos de servicios del stock de deuda “vieja” que tiene Misiones. Moodys destaca que este déficit cayó.
“Tras computar los ingresos y egresos de capital, dicho superávit se convierte en un déficit equivalente al 7.7% de los ingresos totales o unos ARS 3,733 millones (mejorando también frente al 12.8% de déficit al cierre de 2016)”, señala el reporte.
-Moody´s le cree a las proyecciones del Presupuesto oficial de Misiones
-La calificadora presenta las proyecciones del presupuesto como muy realistas y dice que se basa en eso para sus propias proyecciones.
“El presupuesto provincial aprobado de ingresos y gastos para el ejercicio 2018 proyecta un satisfactorio superávit corriente por ARS7.752 millones, equivalentes a casi un 15% de los ingresos corrientes pero un déficit financiero total representando un 2.3% de los ingresos totales. Con base en ello, Moody’s espera para el ejercicio en curso un desempeño operativo en línea con el observado para esta provincia en algunos de los ejercicios recientes, es decir un bajo superávit corriente seguido por un menor déficit financiero total”, señala Moody´s.

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Mientras emite más deuda, Caputo dice que “estamos dando certidumbre a los mercados”

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El ministro de Finanzas, Luis Caputo, participó esta tarde del Business Future of the Americas, evento organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham) en el marco de la celebración por los 100 años de la organización.

Caputo expuso en el panel “Argentina, un país sustentable”, y se refirió a la reciente situación de turbulencia de mercado: “En situaciones como estas uno tiene que mostrar anticipación, determinación y firmeza”. Y agregó: “Por eso a principios de año financiamos el 75% de nuestras necesidades y cumplimos con gran parte del programa financiero”.
Sin embargo, no cesa la emisión de nuevos bonos. Ahora se llamó a licitación de dos nuevas letras en dólares a 176 días y a un año de vencimiento. 

Asimismo, el titular de la cartera de Finanzas explicó los motivos por los que se acudió al financiamiento preventivo del Fondo Monetario Internacional (FMI): “Estamos recurriendo al FMI por responsabilidad. En Argentina no es muy común la anticipación de los problemas. Tenemos que dar certidumbre y certezas a la gente y a los mercados. Vamos a tener financiamiento, independientemente de lo que pase en el mundo y a las mejores tasas”, resaltó el Ministro.

Además, Caputo se refirió a las medidas emprendidas desde el gobierno para garantizar el futuro de las inversiones: “Tenemos que continuar con el camino emprendido desde la asunción del Presidente Macri, reforzar las instituciones y cumplir las metas de nuestro plan económico: mostrar certezas y garantías de que no nos vamos a desviar del camino”.

“Cuanto antes removés las incertidumbres menos impacto vas a generar en la economía real. La reacción es lo que los inversores y los empresarios más valoran”, resaltó Caputo.

Por último, el Ministro de Finanzas se refirió al éxito del esquema de Participación Público Privada (PPP) y subrayó que se trata de una “noticia increíble” que demuestra que “cuando los argentinos hacemos algo con profesionalismo y transparencia funciona”. “Tenemos 60 proyectos por un monto de 30 mil millones de dólares a ser invertidos en los próximos 4 años, hubo un boom de ofertas de PPP, y fueron un 30% por debajo de los precios proyectados”, resaltó Caputo.
AmCham Argentina -la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina – es una organización no gubernamental, independiente y sin fines de lucro, que desde hace 100 años trabaja promocionando el comercio bilateral y la inversión entre los Estados Unidos y la Argentina.El “Business Future of the Americas” es el principal evento anual de la Asociación de Cámaras de Comercio Estadounidenses en América Latina y el Caribe (AACCLA), que tiene como objetivo ser una plataforma para el diálogo regional para discutir los principales desafíos y oportunidades para la integración hemisférica. Por primera vez reúne en Argentina a ejecutivos de empresas, líderes políticos y la dirección de las 24 cámaras de comercio estadounidenses.
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