En una semana de máxima presión sobre el mercado, el BCRA liquidó más de u$s1.100 millones para sostener el techo de la banda cambiaria. Caputo defendió la estrategia y negó cambios en la política monetaria, pero crece la preocupación por el nivel de reservas.
Escalada cambiaria y ventas récord del BCRA
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) enfrentó esta semana una de las mayores presiones cambiarias desde la implementación del esquema de flotación administrada. En apenas tres jornadas, la autoridad monetaria vendió u$s1.110 millones, con un pico de u$s678 millones el viernes, cifra que se ubica entre las más altas de los últimos 20 años.
El dólar mayorista cerró la rueda en $1.475, cincuenta centavos por encima del día anterior, mientras que el volumen operado en el segmento de contado alcanzó los u$s842.676 millones, el tercero más elevado del año. Operadores del mercado señalaron que la fuerte demanda provino principalmente de entidades financieras que acudieron al BCRA.
En lo que va de la semana, el tipo de cambio mayorista acumuló un alza de $22, que se suma al salto de $98 de la semana previa. La dinámica encendió alertas en la City porteña, donde ya se especula con un eventual cambio en el esquema si la presión sobre las reservas se profundiza.
En medio de la tensión, el ministro de Economía, Luis Caputo, defendió el programa cambiario y buscó llevar calma al mercado: “Vamos a vender hasta el último dólar en el techo de la banda, hay suficientes dólares para todos y no va a haber cambios en la política monetaria porque el programa es sólido”, afirmó el jueves por la noche.
El mensaje, sin embargo, no disipó la incertidumbre. Economistas y operadores se preguntan hasta qué punto el BCRA puede sostener esta política sin comprometer las reservas líquidas. Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, advirtió: “La incógnita pasa por cuántas reservas líquidas se emplearán para defender el techo de la banda”.
Cotizaciones: oficial, paralelos y financieros
El dólar minorista oficial cerró el viernes en $1.523,75, según el relevamiento del Banco Central, con una suba semanal del 4,6% y un incremento acumulado del 11,9% en septiembre.
En los segmentos alternativos también hubo movimientos significativos:
Dólar blue: $1.520 en la City porteña, con un ajuste semanal del 6,7%.
Contado con Liquidación (CCL): $1.567,06, un aumento semanal del 5,8% y una brecha de 6,2%, la más alta desde abril.
Dólar MEP: $1.551,03, con un avance semanal del 5,6% y una brecha de 5,2%.
Dólar cripto: $1.573,36, según Coinmonitor.
La escalada de los paralelos y financieros refleja la creciente búsqueda de cobertura en divisas frente al riesgo de un cambio en el esquema cambiario.
Restricciones adicionales y control regulatorio
En paralelo a las ventas récord, el BCRA implementó nuevas restricciones cambiarias orientadas a frenar operaciones especulativas conocidas como “rulo”. La medida, publicada el jueves, afecta a directores, gerentes, grandes accionistas y familiares directos de bancos y entidades financieras autorizadas a operar en el mercado oficial de cambios.
El objetivo es impedir que altos ejecutivos adquieran divisas como personas físicas para luego utilizarlas en operaciones corporativas al tipo de cambio financiero. Esta disposición busca cerrar una vía de arbitraje que generaba presión sobre el Contado con Liquidación.
La dinámica de esta semana revela un escenario complejo: por un lado, el Gobierno busca transmitir certidumbre respecto a la solidez del programa; por otro, las cifras de ventas de reservas y la escalada del dólar en todas sus versiones marcan un frente de vulnerabilidad.
Si la demanda de divisas se mantiene en estos niveles, el BCRA deberá definir si continúa drenando reservas o ajusta su política cambiaria. La brecha creciente y las expectativas del mercado financiero anticipan que la presión no cederá en el corto plazo.
En ese contexto, el desenlace dependerá de la capacidad oficial para administrar simultáneamente los compromisos externos, el control cambiario y la confianza de los inversores. La sostenibilidad del esquema se convirtió, así, en la principal incógnita de la agenda económica inmediata.
Los activos financieros argentinos atravesaron una semana de extrema volatilidad, con caídas de hasta el 15% en bonos soberanos y retrocesos generalizados en ADRs, que impulsaron al riesgo país por encima de los 1.450 puntos básicos, su nivel más alto en un año. La incertidumbre sobre la capacidad de pago de la deuda, sumada a la intervención del Banco Central con ventas de reservas, encendió las alarmas entre los inversores locales e internacionales.
El golpe a los bonos y la reacción del mercado
El derrumbe se concentró en los títulos en dólares: el Global 2030 perdió 3,2% en la última rueda de la semana, seguido por el Global 2029 (-2,3%) y el Bonar 2030 (-1,8%). En contraste, los bonos más largos, como el Global 2046 (+2,2%) y el Global 2041 (+1,3%), lograron revertir parte de las pérdidas.
En el balance semanal, el golpe fue mucho más fuerte: el Bonar 2030 cayó 14,6%, el Global 2035 retrocedió 12,9% y el Global 2038 perdió 11,8%. Solo el Bonar 2035 consiguió salvar la semana con una tenue ganancia del 0,2%.
La tensión se desató el jueves, cuando los bonos se hundieron hasta 13,4% en una sola jornada, disparando el riesgo país por encima de los 1.400 puntos y marcando un máximo en doce meses. El salto acumulado del índice supera ya el 60% desde la derrota electoral de La Libertad Avanza en las legislativas bonaerenses, un factor que aceleró el “panic selling” en la plaza financiera.
Señales oficiales y dudas de los inversores
El ministro de Economía, Luis Caputo, buscó enviar una señal de calma en medio de la tormenta. En una entrevista en streaming, ratificó que el Gobierno sostendrá la estrategia cambiaria acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI), garantizó que el BCRA intervendrá en el techo de la banda cambiaria y aseguró que se cumplirán los vencimientos de deuda de enero. Sin embargo, evitó precisar con qué fuentes de financiamiento se afrontarán esos compromisos.
Los analistas, no obstante, advierten que el mercado ya descuenta escenarios más complejos. Para Mauro Fiorenzano, de ConoSur Investments, “sorprenden las caídas de todos los activos argentinos, cuesta entender qué está priceando el mercado”. Según explicó, la magnitud de las bajas en la curva de pesos da la sensación de que los operadores descuentan una eventual reestructuración.
En la misma línea, Rafael Di Giorno, de Proficio Investment, atribuyó el desplome al efecto combinado de ventas por pánico y la creciente incertidumbre política: “Si bien se descontaba que Diputados rechazara los vetos sobre financiamiento universitario y emergencia pediátrica, el número de votos en contra del Gobierno fue mayor al previsto”. La confirmación de que el BCRA vendió dólares en el techo de la banda alimentó la percepción de fragilidad.
ADRs, Merval y el impacto político
La corrección también golpeó a las acciones argentinas en Wall Street: el Grupo Financiero Galicia cayó 3%, seguido por Banco Macro (-2,9%) y Supervielle (-2,5%). En sentido contrario, Telecom Argentina (+3,4%) e IRSA (+3,2%) lograron subas gracias a anuncios corporativos que entusiasmaron a los inversores.
En la plaza local, el S&P Merval retrocedió 0,7% hasta los 1.683.959 puntos, con fuertes bajas en Transener (-5,2%), Transportadora de Gas del Sur (-4,8%) y BBVA (-4,7%). Medido en dólares, el índice también perdió 0,9%, a 1.074 puntos.
El economista Gustavo Ber advirtió que los ADRs bancarios “se mantienen en el centro de la volatilidad, con reacciones efímeras que rápidamente dan paso a nuevas liquidaciones”, mientras que los papeles locales permanecen “desconectados del mundo” debido a la incertidumbre política interna.
Incertidumbre hacia fin de año
La combinación de factores políticos, fiscales y cambiarios configura un cuadro de alta vulnerabilidad. La falta de acumulación de reservas en el BCRA, el calendario de vencimientos de deuda en dólares y el ruido legislativo tras los reveses de La Libertad Avanza constituyen un cóctel explosivo para el corto plazo.
En este contexto, la capacidad del Gobierno para enviar señales creíbles de disciplina fiscal y financiera será clave para evitar que la desconfianza se convierta en una profecía autocumplida de crisis de deuda. El mercado ya dio su veredicto: hasta que no haya definiciones concretas, la presión sobre bonos, acciones y tipo de cambio seguirá marcando la agenda.
La fuerte intervención en el mercado cambiario y los compromisos externos golpearon el nivel de reservas. El viernes el Banco Central vendió u$s678 millones, una de las cifras más altas desde 2003. La presión sobre el dólar y la política oficial de “vender hasta el último billete” encienden señales de alerta en el frente financiero.
Las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina (BCRA) se hundieron u$s1.050 millones en la última semana, un retroceso explicado principalmente por el pago de compromisos de deuda, pero también por la fuerte intervención oficial en el mercado de cambios.
Solo en la jornada del viernes, la autoridad monetaria debió desprenderse de u$s678 millones, la décima venta diaria más alta desde 2003. El impacto de esa operación se reflejará con mayor crudeza en el próximo informe de reservas brutas.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, había anticipado la estrategia oficial: “Vamos a vender hasta el último dólar en el techo de la banda, hay suficientes dólares para todos”, dijo en la víspera de la jornada de mayores tensiones.
En este marco, las reservas brutas cerraron el viernes con una baja de u$s148 millones, acumulando la pérdida de más de mil millones en solo cinco días hábiles.
Cotizaciones del dólar: oficial, paralelo y financieros
En medio de la intervención oficial, el dólar mayorista se ubicó en $1.475, el techo de la banda fijada por el BCRA.
Dólar oficial minorista: $1.465,77 para la compra y $1.523,75 para la venta en el promedio de entidades financieras. En el Banco Nación, $1.465 y $1.515 respectivamente.
Dólar blue: $1.520 para la venta, con una brecha de 3,1% respecto al mayorista.
Dólar MEP: $1.551,03, con una brecha de 5,2%.
Contado con Liquidación (CCL): $1.567,06, con una diferencia de 6,2% frente al mayorista.
Dólar tarjeta: $1.969,50, que surge del oficial minorista más el 30% de recargo a cuenta de Ganancias.
Dólar cripto (Bitcoin): $1.550,01 según Bitso.
Por su parte, el Bitcoin cotiza en torno a los u$s115.657 en Binance, consolidándose como alternativa dolarizadora en un mercado cada vez más volátil.
Suba de tasas y control cambiario
La intervención cambiaria coincidió con un ajuste en la política de tasas. La Tasa de Plazos Fijos Mayoristas (TAMAR) subió por segunda jornada consecutiva, del 45,13% al 46,38% nominal anual, lo que representa una tasa efectiva entre 55,67% y 57,55%.
El objetivo de esta medida es reforzar el atractivo de las colocaciones en pesos para contener la presión sobre el dólar financiero. Sin embargo, la magnitud de las ventas del BCRA para sostener el mayorista refleja la fragilidad de la estrategia.
La pérdida de reservas en esta magnitud plantea desafíos inmediatos para la sostenibilidad del esquema cambiario. El compromiso oficial de defender el techo de la banda exige un uso intensivo de divisas, mientras que los pagos de deuda agregan presión sobre un stock limitado.
Si bien Caputo sostuvo que “hay dólares suficientes”, los analistas advierten que el margen de maniobra se acorta y que la persistencia de ventas en volúmenes récord podría forzar a la autoridad monetaria a revisar su estrategia.
Las próximas semanas estarán marcadas por la capacidad del BCRA de mantener el equilibrio entre la estabilidad cambiaria y la preservación de reservas. El mercado, mientras tanto, reacciona con mayor dolarización de carteras y atención al frente político y financiero.
El Ministerio de Economía estableció un límite máximo anual de $26.500 millones para la devolución de créditos fiscales de IVA a empresas de servicios públicos cuyas tarifas estén reducidas por subsidios estatales. La medida, publicada en el Boletín Oficial, asigna $24.500 millones al sector energético, $1.800 millones al transporte y $200 millones al resto de las actividades alcanzadas.
La Resolución 1353/2025, firmada por el ministro de Economía, Luis Caputo, reglamenta el mecanismo previsto en el artículo 24 de la Ley de IVA (t.o. 1997 y sus modificaciones), que permite a prestadores de servicios públicos recuperar saldos a favor generados por créditos fiscales cuando sus ingresos se ven reducidos por la aplicación de subsidios, compensaciones tarifarias o asistencia económica del Estado Nacional.
Este régimen, vigente desde 2019 con actualizaciones anuales, busca equilibrar el impacto que tienen los subsidios en la estructura tributaria de las empresas, al permitirles recuperar parte del crédito fiscal acumulado por la compra de bienes y servicios vinculados a su actividad.
En resoluciones anteriores (2019, 2020, 2021, 2022, 2023 y febrero de 2025), el Ministerio de Economía ya había fijado límites para los períodos comprendidos entre 2018 y 2023. Con la nueva disposición, se incorporan los créditos generados durante 2024, así como los saldos de años anteriores que no fueron cubiertos por los topes vigentes en cada ejercicio.
Distribución sectorial de los fondos
La resolución publicada el 15 de septiembre de 2025 en el Boletín Oficial fija un límite máximo de $26.500 millones para afrontar las solicitudes de devolución en 2025. El monto se distribuirá de la siguiente manera:
Sector energía: $24.500 millones.
Sector transporte: $1.800 millones.
Otros sectores: $200 millones.
El texto oficial aclara que el recupero de IVA solo será procedente respecto de créditos fiscales originados en bienes (excepto automóviles), locaciones de obras y servicios efectivamente destinados a la actividad alcanzada. Además, el monto a devolver se calculará descontando el saldo que se hubiera generado si los subsidios hubieran estado gravados con la alícuota correspondiente.
El mecanismo operará con un límite máximo anual que dependerá de las condiciones fiscales y presupuestarias, y su asignación será reglamentada por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).
El Ministerio de Economía fundamentó la medida en “las condiciones generales imperantes en materia de ingresos presupuestarios” y recordó que, según el artículo 63 del Decreto 692/1998, es facultad de la cartera fijar y asignar los topes anuales por sector o rama de actividad.
En este esquema participan también otros ministerios, que deberán aportar información sobre los sectores bajo su jurisdicción, y la AFIP, encargada de implementar el procedimiento de devolución.
El beneficio está orientado principalmente a empresas energéticas y de transporte, que concentran la mayor parte de los subsidios económicos que otorga el Estado.
El nuevo límite anual tiene un impacto directo sobre las finanzas de empresas de energía eléctrica, gas y transporte público, al facilitarles liquidez y compensar en parte los efectos de las tarifas subsidiadas.
Desde el punto de vista fiscal, la medida supone un costo de $26.500 millones para el Tesoro, que deberá compatibilizarse con el plan de equilibrio de las cuentas públicas.
Políticamente, la decisión se inscribe en el debate sobre la sostenibilidad de los subsidios económicos, que en los últimos años representaron uno de los principales componentes del gasto público. El régimen de devolución de IVA aparece como una herramienta intermedia: mantiene el esquema de asistencia a usuarios a través de tarifas subsidiadas, pero compensa a las empresas prestadoras por la vía impositiva.
De cara a 2026, el Gobierno deberá definir si mantiene este mecanismo con un tope similar o si ajusta los montos en función de la evolución del déficit fiscal y la política de subsidios energéticos y de transporte.
En un contexto de discusión sobre la reducción gradual de subsidios y el traspaso de mayores costos a los usuarios, el régimen podría perder relevancia en la medida en que las tarifas reflejen de manera más directa el costo real de los servicios.
Por el contrario, si persiste el esquema de subsidios masivos, la continuidad y actualización del beneficio será clave para sostener la solvencia financiera de las empresas prestatarias.
La contundente derrota en las elecciones de la provincia de Buenos Aires de septiembre (más de 13 puntos de diferencia) alteró el delicado equilibrio político-económico que el Gobierno intentaba sostener hasta las presidenciales de octubre. El resultado precipitó un cambio de estrategia: menor tasa de interés, dólar más alto y un Riesgo País que ya superó los 1.100 puntos.
Así lo refleja el informe de la consultora Ecolatina, denominado “Ajustando expectativas”
Una economía en modo electoral no alcanzó para obtener lo que era un objetivo claro del Gobierno: tener un desempeño aceptable en las elecciones provinciales de septiembre (una derrota de 5 puntos como mucho) y luego alcanzar un buen resultado en las elecciones nacionales de octubre, mostrando así un apoyo contundente de la sociedad al programa económico.
La contundente derrota electoral (más de 13 puntos) tuvo un impacto negativo en el mercado. A pesar de la confirmación del rumbo económico del Gobierno, los hechos trajeron modificaciones con un esquema virando a menores tasas y dólar más elevado. El Central absorbió peso en el mercado a una tasa decreciente, impulsando la tasa de interés del sistema a la baja y facilitando un costo de endeudamiento menor para la licitación de la semana de Finanzas. Desde el lado de los dólares, el Tesoro parece haberse corrido del mercado y el nuevo equilibrio se ubicó por encima de los $1.400, incluso rozando el techo de la banda. En este sentido, la principal herramienta para contener el dólar está siendo la amenaza de ventas del BCRA en el techo de la banda. El desempeño electoral trajo a escena un Riesgo País al alza, importante para afrontar los próximos vencimientos de deuda en dólares.
Lo evidente: el resultado electoral no será el único factor que defina la dinámica del Riesgo País, también entran en juego las señales de gobernabilidad y la recomposición de Reservas. Incluso suponiendo que se retoma el acceso a los mercados, la actual política cambiaria posiblemente sea revisada de cara a la segunda mitad del mandato ¿Iremos a un régimen de flotación sucia? En tal caso, el nivel del tipo de cambio dependería más de la intensidad de los flujos de divisas (reales y financieras) y no sólo de las intervenciones oficiales. En tal sentido, si el BCRA define una trayectoria clara y transparente de recomposición de reservas, seguramente ayude a descomprimir el Riesgo País.
Hace algunas semanas veníamos marcando que la economía ya había entrado en modo electoral: el Gobierno buscaba contener el dólar para concentrarse en la desinflación como principal activo de campaña, relativizando los costos en materia de actividad. El objetivo era claro, tener un desempeño aceptable en las elecciones provinciales de septiembre (una derrota de 5 puntos como mucho) y luego alcanzar un buen resultado en las elecciones nacionales de octubre, mostrando así un apoyo contundente de la sociedad al programa económico.
En cuanto a la caja de herramientas utilizada, las autoridades evitaron comprar USD en el MULC (luego de adquirir USD 1.229 en julio) para no incrementar la demanda, e incluso realizaron ventas (unos USD 600 M en julio) de forma indirecta vía organismos públicos (es decir, ni el BCRA ni el Tesoro). Además, se impulsó un alza en las tasas de interés (endógenas a la dinámica del tipo de cambio) y una marcada intervención en los futuros del dólar para fomentar el carry trade con cobertura cambiaria (estimamos cerca de USD 4.500 M a finales agosto).
Como contrapartida, la inflación se mantuvo por debajo del 2% mensual en agosto por cuarto mes consecutivo, persistiendo la señal positiva de un pass-through acotado (el dólar subió 4,6% promedio). No obstante, el costo en materia de actividad es cada vez más palpable: en julio la industria cayó 2,3% mensual por segundo mes consecutivo, y borró casi toda la recuperación que había registrado desde el año pasado. Asimismo, en un escenario de mayor incertidumbre electoral y elevadas tasas de interés, las previsiones para agosto no son alentadoras. Por caso, los préstamos por Adelantos se desplomaron casi 11% en agosto e interrumpieron una racha nueve meses consecutivos al alza.
Como era esperable en las puertas de la contienda el electoral el escenario político-económico se fue tensando. Con un poder de fuego diezmado de los organismos públicos, el Gobierno se decidió a intervenir directamente en el mercado con los depósitos del Tesoro para contener el tipo de cambio. Los depósitos en dólares venían sufriendo un constante goteo desde el comienzo de agosto, y el martes 4/9 anunció oficialmente que intervendría el mercado de cambios. Tan sólo ese mismo día, Hacienda se desprendió de USD 200 M, acumulando una venta superior a los USD 500 M en las cuatro ruedas contenidas durante la semana (implicando 4 de cada 10 dólares comprados en julio).
Lo peor llegó el fin de semana, cuando el oficialismo obtuvo derrota contundente (por más de 13 puntos) a manos de Fuerza Patria en la Provincia de Buenos Aires. Claramente, la sorpresa electoral tuvo un impacto negativo no sólo para el Gobierno, sino también para los mercados: 1) El Merval cayó un 16% en dólares, la mayor caída diaria desde las PASO de agosto del 2019; 2) Los bonos soberanos en USD cayeron en promedio un 9% y llevaron al Riesgo País por encima de los 1.100 puntos básicos (el nivel más alto desde octubre del 2024); y 3) El tipo de cambio oficial abrió a $1.450 (más de un 6% arriba del cierre del viernes previo y apenas un 1,2% por debajo del techo de la banda), aunque luego se estabilizó en la zona de $1.420.
En este marco, el Gobierno comunicó que no cambiaría el rumbo económico, reafirmando el esquema cambiario-monetario trazado en un contexto de mayores expectativas de devaluación. No obstante, los movimientos en el mercado del Central en la semana señalaron un nuevo cambio pragmático en la estrategia del Gobierno. Concretamente, durante las primeras ruedas el Central tomó mayor protagonismo absorbiendo pesos en el mercado a una tasa decreciente, que pasó del orden del 45% TNA a los 35% TNA en la previa de la licitación de Finanzas el miércoles 10 (habría absorbido cerca de $1,1 bn entre el martes y miércoles). Así, la tasa de caución a 1 día que abrió la semana en 45% TNA PP en MAE, llegó el miércoles a la zona del 33% TNA PP; y el precio de los instrumentos a tasa fija subió en promedio 1,3%, comprimiendo los rendimientos desde una zona del 5% TEM a los 4% TEM.
Este marco permitió que Finanzas obtenga una buena licitación, donde adjudicó $6,6 bn sobre ofertas de $7,4 bn, lo que significó un rollover de 91,4%. En una semana compleja, el Tesoro logró renovar gran parte de los vencimientos sin la asistencia de una suba de encajes del BCRA a los bancos en la previa (algo que se había hecho habitual), y logró renovar a una tasa casi en línea a la del mercado en un contexto de menores rendimientos.
Por el lado de los dólares, el Tesoro se habría corrido del mercado. En palabras del ministro de Economía, Luis Caputo, el Tesoro se habría retirado del mercado durante la semana, aunque los depósitos sufrieron una nueva baja de cerca de USD 65 M entre el lunes y el martes, con una suba de los depósitos en pesos (expresados en dólares) de casi la misma magnitud (+USD 56 M). Más allá de lo indicativo de los números, lo cierto es que, de existir tales ventas, se encuentran muy por debajo de los registros de la previa electoral (USD 120 M diarios).
De todas formas, la principal herramienta para contener el dólar está siendo la amenaza de ventas del BCRA en el techo de la banda. Si bien el Tesoro cuenta con cerca de USD 1.100 M en sus depósitos y tiene que afrontar vencimientos en USD por la misma magnitud hasta las elecciones de octubre (razón por las cual habrían dejado correr inicialmente el dólar en lugar de frenarlo), el BCRA dispone de más de USD 15.000 M en Reservas Internacionales Líquidas (Reservas Brutas – SWAP – oro) para intervenir en caso de que sea necesario.
Consecuentemente, el mercado parece creer en el techo de la banda cambiaria (al menos hasta las elecciones), y no descartamos que intente en algún momento hasta octubre testear el comportamiento de las autoridades. De hecho, en la jornada de hoy, justo cuando apareció un offer en el mercado en el techo de la banda por USD 100 M (levantando sospechas de que el BCRA estaría detrás), Federico Furiase, integrante del equipo económico, posteó en X respecto al poder de fuego del Central que la creencia o no de la misma no depende de ellos y que “sólo lo comprobarán si lo testean”, aludiendo a que actuarán si la divisa llegara a cotizar $1.471 (techo la de banda).
En suma, las cosas sí cambiaron. El esquema cambiario-monetario acusó recibo y se reconfiguró en un equilibrio de tasas reales elevadas para contener el dólar a uno de menores tasas de interés y dólar más elevado.
Más allá del cambio de estrategia, si el BCRA vende reservas o no, cuándo comienza a hacerlo y a qué ritmo son factores que no son inocuos para la sostenibilidad del esquema una vez superadas las elecciones. Pongámoslo en números: si suponemos que el BCRA arranca a intervenir a fines de septiembre (justo un mes antes de las elecciones) y que su intervención diaria es en promedio USD 120 M (en línea con las ventas del Tesoro en las ruedas previas a la elección de PBA), la autoridad monetaria se estaría desprendiendo de USD 2.400 M. Si bien luce un número no tan grande en comparación con el poder de fuego del BCRA, no creemos que sea una señal positiva para el mercado financiero, dado que explicaría más de la mitad de los vencimientos en USD de bonos soberanos que tiene que afrontar el Tesoro en enero.
En materia electoral, si bien la primera impresión del resultado en PBA es que hoy un triunfo categórico de La Libertad Avanza a nivel nacional luce más improbable que antes, lo cierto es que el tránsito hasta octubre es largo y el gobierno aún tiene chances de “recrear” la sensación de “triunfo”. En este marco, frente a vencimientos en dólares por cerca de USD 20.000 M en 2026, el principal interrogante de cara a los próximos meses es si un buen (o aceptable) resultado electoral es suficiente para bajar el riesgo país y volver a los mercados internacionales de deuda, clave para la sostenibilidad del esquema económico.
Lo evidente, la expectativa electoral sufrió un shock. La crispación del clima político se materializó en una batería de leyes (hasta el día de hoy en discusión) que pusieron en jaque el equilibrio fiscal, principal ancla del programa económico. Los virtuales costos políticos de los vetos y una política monetaria-cambiaria con claro impacto negativo en la actividad suscitó dudas lógicas de si la performance del Gobierno sería la esperada. Desde la baja registrada en el Índice de Confianza del Gobierno de Di Tella en agosto (algo que toma el mercado como predictor electoral), el riesgo país saltó del orden de los 700-750 a los 850-900 puntos básicos, para pasar a los actuales 1.000 p.b. tras la derrota de PBA. Local o no, la nacionalización de la elección ocurrió y dejó en el centro de la escena el virtual apoyo popular al programa económico.
Otra cuestión, ahora más evidente: el resultado electoral no será el único factor que defina la dinámica del riesgo país, también entran en juego las señales de gobernabilidad (diálogo con gobernadores) y la recomposición de reservas. Incluso suponiendo que se retoma el acceso a los mercados, la actual política cambiaria posiblemente sea revisada de cara a la segunda mitad del mandato ¿Iremos a un régimen de flotación sucia? En tal caso, el nivel del tipo de cambio dependería más de la intensidad de los flujos de divisas (reales y financieras) y no sólo de las intervenciones oficiales. En tal sentido, si el BCRA define una trayectoria clara y transparente de recomposición de reservas, seguramente ayude a descomprimir el riesgo país.
Dólar oficial al alza
Con el resultado electoral como trasfondo, el dólar oficial spot finalizó la semana en $1.453 (+7,2% respecto al viernes previo), saltando 4% al cierre del lunes y otro 1,5% en la jornada de hoy. Por otro lado, las Reservas Brutas finalizaron en USD 40.309 M y las Reservas Netas descontando los depósitos del Tesoro, BOPREAL y DEG habrían cerrado en USD 1.300 M (+USD 6.600 M si no se descuentan aquellos ítems).
La brecha cambiaria se mantiene estable
En la semana, los dólares alternativos finalizaron con subas. En números, el dólar minorista subió 5,8% ($1.468) respecto al viernes de la semana anterior, el dólar MEP operado con AL30 ascendió 6,3% ($1.473), el dólar CCL operado con GD30 se deslizó 5,2% ($1.449) y el blue aumentó 4,0% ($1.425). Frente a un deslizamiento mayor del tipo de cambio mayorista, la brecha cambiaria promedio finalizó en la zona del 1%.
Los futuros de dólar suben
Los contratos a futuro del dólar acompañaron el movimiento del spot. En detalle, los contratos de septiembre a noviembre subieron 4,7%, y aquellos con vencimiento desde diciembre +4,4%. Respecto a las devaluaciones implícitas, el mercado cerró con una devaluación próxima al 4,5% para el trimestre septiembre-noviembre, y promedia un 12,8% para el trimestre siguiente.