Maíz

El agro proyecta US$ 35.375 millones en divisas y refuerza el frente externo del Gobierno

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El sector agroexportador proyecta una liquidación de divisas por US$ 35.375 millones en 2026, según la última estimación de GEA-BCR, lo que implica un aumento cercano a US$ 1.000 millones respecto de la previsión del mes anterior. El ajuste responde a mejores precios internacionales y a un mayor volumen exportable, especialmente de maíz, en un escenario donde el Gobierno busca consolidar la estabilidad cambiaria y fortalecer reservas.

La proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario se conoce en un momento en que la dinámica del ingreso de dólares vuelve a estar en el centro de la estrategia económica, tras un primer trimestre con liquidaciones por US$ 5.735 millones, por debajo de los US$ 6.200 millones del mismo período de 2025.

Más maíz y mejores precios: el ancla de la proyección

En su último informe mensual de estimación de producción nacional, de la Bolsa de Comercio de Rosario elevó sus previsiones para maíz 2025/26 a 67 Mt (+5 Mt vs. marzo) producto de un ajuste en las estimaciones de superficie implantada. Esta mayor oferta se traduce en un aumento en la proyección de exportaciones del cereal a 43 Mt para la campaña (vs. 41 Mt hace un mes), un aumento en el uso forrajero (+0,7 Mt) y un incremento en los stocks finales de la campaña (+2,3 Mt). 

Las 43 Mt de exportaciones de maíz ya representarían un récord para el país, pero cabe mencionar que este número puede sufrir ajustes en los próximos meses de acuerdo a cómo se acomode la oferta en los otros dos grandes países exportadores (EE.UU. y Brasil) hacia la segunda mitad del ciclo argentino 2025/26. 

Por el lado de nuestro país vecino, la CONAB viene ajustando a la baja sus estimaciones de producción de zafrinha, que compite directamente con el maíz tardío argentino; a la vez que prevé un aumento en la demanda doméstica, apuntalado por una mayor producción de bioetanol. 

En cuanto a EE.UU., el USDA prevé una disminución en la superficie sembrada de maíz para la próxima campaña 2026/27 ante los elevados costos de fertilizantes y el impacto en los márgenes. 

De reducirse efectivamente la oferta para la nueva campaña en ambos países competidores y dejando un menor saldo exportable, se podría abrir una oportunidad para que Argentina continúe con un programa de embarques sólido durante prácticamente toda la campaña local, dando margen a elevar la estimación total de exportaciones para el ciclo maicero 2025/26. Sin embargo, este es un elemento para monitorear en el transcurso de la campaña, y la proyección actual se ubica en 43 Mt.

Este ajuste al alza en las estimaciones de las exportaciones de maíz a 43 Mt desde los 41 Mt previstos hace un mes; sumado a un programa de embarques más acelerado de semillas de girasol y precios levemente mayores a los vigentes hace un mes producto del conflicto bélico en Medio Oriente dejan a la actualización en la estimación de liquidación de divisas del agro en US$ 35.375 millones para 2026, lo que significa un incremento de casi US$ 1.000 millones respecto de marzo. 

Normalización del flujo de dólares

En los primeros 3 meses del año el agro liquidó un estimado de US$ 5.735 millones, por debajo de los US$ 6.200 del primer trimestre del año pasado. Una de las explicaciones de esto se encuentra en el programa de eliminación temporaria de retenciones vigente durante septiembre 2025, que dejó como saldo un adelantamiento en el volumen de dólares ingresado durante ese mes y el impacto de un menor ingreso en los meses subsiguientes. 

Sin embargo, se estima que ese fenómeno encontró su fin en marzo, y hacia adelante el flujo de dólares del agro al mercado cambiario se normalizará. La diferencia entre el monto de dólares ingresado al MLC y las exportaciones devengadas informadas por INDEC se encuentran prácticamente equilibradas. Desde mayo 2025, el “saldo a favor” de las exportadoras, es decir la diferencia entre los dólares ingresados al MLC y los despachos al exterior, se fue incrementando hasta llegar a un máximo de US$ 7.700 millones en septiembre, mes de vigencia del mencionado programa de eliminación temporaria de DEX. A partir de allí, ese saldo a favor fue retrocediendo y la estimación de marzo marca un equilibrio, lo que hace suponer que las exportadoras ya agotaron los dólares ingresados bajo el programa. 

Por este motivo, tal como se aprecia en el siguiente gráfico, se estima que el flujo de divisas del agro se incremente notoriamente a partir de abril, manteniéndose por encima del promedio del último lustro para todos los meses que restan del 2026. Entre abril y diciembre se estima que la liquidación de divisas acumule US$ 29.600 millones: US$ 16.500 millones de soja y derivados, US$ 7.500 millones de maíz, US$ 2.200 millones del complejo trigo, US$ 2.400 millones del complejo girasol, US$ 500 millones del complejo cebada, US$ 300 millones de sorgo y US$ 600 en otros cereales y oleaginosas.

Qué mirar en los próximos meses

La proyección de US$ 35.375 millones marca un escenario más favorable para el frente externo, pero su consolidación dependerá de múltiples variables.

Entre ellas, la evolución de la cosecha local, la oferta global de granos, los precios internacionales y la capacidad del sector exportador para sostener el ritmo de liquidación. También será clave monitorear si el flujo de divisas efectivamente se acelera desde abril, como anticipa el informe.

El ingreso de dólares del agro vuelve a ser una pieza central del tablero económico. Su comportamiento definirá, en buena medida, el margen de maniobra del Gobierno en los próximos meses.

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La suba global de la urea golpea al trigo y pone en tensión la estrategia de dólares del Gobierno

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El aumento abrupto del precio internacional de la urea, insumo central para la producción de trigo y maíz, encendió una señal de alerta que excede al sector agropecuario: pone presión directa sobre la principal fuente de divisas del país. En medio de la volatilidad global por el conflicto en Medio Oriente, la tonelada del fertilizante escaló desde niveles de US$450 hasta zonas de US$750, con valores recientes en torno a US$660. El dato llega en un momento clave —la planificación de la campaña fina— y abre una tensión de fondo: ¿puede sostenerse la apuesta oficial por la agroexportación sin herramientas de intervención sobre costos estratégicos?

El factor internacional que redefine los costos internos

El disparador no es local, pero el impacto sí lo es. La cadena global de fertilizantes quedó expuesta a la incertidumbre geopolítica, con el Estrecho de Ormuz como cuello de botella crítico: por allí circulan cerca de 16 millones de toneladas de fertilizantes, un tercio del comercio marítimo mundial, y más de dos tercios corresponden a urea.

Las disrupciones logísticas y la incertidumbre sobre el suministro de gas natural —insumo clave para la producción— elevaron el riesgo percibido de oferta. El resultado fue una suba generalizada de precios y una retracción en las operaciones: importadores y distribuidores locales comenzaron a frenar compras ante la falta de referencias claras.

Esa volatilidad internacional se traslada de manera directa al esquema productivo argentino, altamente dependiente de insumos importados en este rubro.

Trigo más caro, márgenes más finos

El impacto técnico es inmediato y cuantificable. En cultivos como el trigo, la fertilización representa hasta el 50% del costo de implantación y protección, mientras que en maíz ronda el 45%.

Con los nuevos valores de la urea, el costo del trigo podría aumentar en más de US$50 por hectárea. Esa suba desplaza los rindes de indiferencia entre 3 y 5 quintales por hectárea, obligando al productor a obtener mayores rendimientos en un contexto donde los márgenes ya estaban ajustados.

No es solo fertilizante. La suba del petróleo también presiona sobre combustibles y logística, encareciendo toda la estructura de costos de la campaña. El combo configura un escenario más exigente justo cuando el productor empieza a definir decisiones de siembra.

La variable política: menos herramientas, más exposición

El encarecimiento de la urea reabre un debate que el mercado venía observando en silencio: la salida de YPF de Profertil, la principal productora local de urea, concretada en diciembre pasado por unos US$600 millones.

Hasta entonces, la empresa abastecía alrededor del 25% de la demanda del agro local. La operación implicó que el Estado deje de tener participación directa en un insumo estratégico, en un contexto donde Argentina es importador neto de fertilizantes.

La decisión adquiere otra dimensión frente a la actual volatilidad. Sin capacidad de intervención directa sobre precios o abastecimiento, el esquema queda más expuesto a shocks internacionales. Y eso impacta en una variable central para el Gobierno: los dólares del agro.

Según proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, el complejo agroindustrial esperaba generar más de US$34.500 millones en exportaciones en 2026. Pero ese cálculo parte de una estructura de costos que ahora cambia. Cada aumento en insumos críticos introduce incertidumbre sobre volúmenes, márgenes y, en última instancia, liquidación de divisas.

Repercusiones: tensión sobre la “fábrica de dólares”

El efecto no es inmediato en términos macroeconómicos, pero sí progresivo. Un mayor costo de producción puede traducirse en menor área sembrada o en una menor intensidad tecnológica, lo que impacta en los rindes.

En ambos casos, el resultado converge: menos producción potencial o menor eficiencia. Y eso repercute sobre el flujo de exportaciones, la recaudación y la disponibilidad de divisas para el Banco Central.

El sistema entra así en una zona de sensibilidad. El Gobierno depende del agro como principal generador de dólares, pero el agro depende de insumos cuyo precio escapa al control local. Esa dependencia cruzada se vuelve más visible cuando el contexto internacional se vuelve inestable.

Escenario abierto: decisiones bajo incertidumbre

La campaña fina empieza a definirse en las próximas semanas, pero el mercado de fertilizantes todavía no ofrece señales claras. En algunos casos, directamente no hay precios de referencia; en otros, se registran subas de entre US$50 y US$100 por tonelada en pocos días.

El productor, enfocado aún en la cosecha de maíz y el inicio de la soja, deberá tomar decisiones en un escenario donde los costos se mueven más rápido que los precios de los granos.

Habrá que observar si la volatilidad internacional se estabiliza o si se consolida un nuevo piso de costos. También si el mercado logra recomponer la oferta o si persisten las restricciones.

En paralelo, la discusión sobre el rol del Estado en insumos estratégicos podría volver a escena, no por definición ideológica sino por necesidad operativa. La ecuación es simple, pero no lineal: sin costos previsibles, la “fábrica de dólares” pierde potencia. Y ese es un dato que empieza a pesar en la política económica.

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INTA evalúa estrategias para frenar dos plagas clave del maíz en Misiones

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Las plagas cogollero (Spodoptera frugiperda) y chicharrita (Dalbulus maidis) se consolidaron en los últimos años como dos de las principales amenazas para la producción de maíz en América Latina y particularmente en las regiones subtropicales. Frente a este escenario, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) realizaron un ensayo en la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul, en Misiones, con el objetivo de evaluar estrategias de manejo que permitan reducir su impacto y mejorar la productividad del cultivo.

El trabajo analizó el efecto combinado del manejo nutricional del cultivo y la aplicación de insecticidas sobre el rendimiento del maíz de la variedad Bautista INTA durante la campaña agrícola 2024–2025. En el estudio se evaluaron cuatro esquemas de fertilización y dos insecticidas en un diseño experimental factorial con repeticiones, lo que permitió comparar el desempeño de diferentes combinaciones tecnológicas en condiciones locales de producción.

Una amenaza creciente para el cultivo

El cogollero del maíz es una de las plagas más agresivas del cultivo. Sus larvas se alimentan de las hojas y del ápice de las plantas en las primeras etapas de desarrollo, lo que puede generar pérdidas significativas de rendimiento. Estudios citados en el informe indican que en América Latina esta plaga puede provocar reducciones de hasta 73% en la producción cuando no se controla adecuadamente.

Por su parte, la chicharrita del maíz representa un riesgo adicional debido a su capacidad para transmitir patógenos responsables del llamado “achaparramiento del maíz”, una enfermedad que puede provocar caídas de rendimiento de entre 50% y 90% en situaciones severas.

En ese contexto, el manejo integrado del cultivo aparece como una herramienta clave para minimizar las pérdidas productivas.

Fertilización y control químico: una estrategia combinada

Los resultados del ensayo mostraron que la combinación de fertilización y aplicación de insecticidas permitió mejorar la expresión del potencial productivo del maíz. En comparación con las parcelas testigo sin fertilización, todos los tratamientos nutricionales evaluados generaron incrementos significativos en el rendimiento del cultivo.

Los aumentos de productividad oscilaron entre aproximadamente 195% y 256% respecto al testigo sin fertilizar, lo que confirma la fuerte respuesta del maíz a la reposición de nutrientes en suelos con limitaciones de nitrógeno y fósforo, una situación frecuente en sistemas productivos de Misiones.

Sin embargo, el estudio no encontró diferencias estadísticas significativas entre la fertilización tradicional —basada en nitrógeno y fósforo— y los tratamientos que incorporaron potasio, silicio u otros complejos orgánicos con micronutrientes. Aun así, estas últimas alternativas mostraron una tendencia numérica hacia mayores rendimientos.

Diferencias en el control de plagas

En cuanto al manejo químico, los investigadores evaluaron dos alternativas: deltametrina y una combinación de insecticidas con tecnología Plinazolin.

Los resultados indicaron que el tratamiento basado en Plinazolin mostró mayor eficacia de control y una mayor residualidad frente a las plagas evaluadas. Esto se reflejó en una menor incidencia de chicharritas y una reducción más marcada de los daños causados por el cogollero.

No obstante, al analizar el rendimiento final del cultivo, no se detectaron diferencias estadísticamente significativas entre ambos insecticidas, lo que sugiere que ambos productos permitieron mantener niveles productivos similares bajo las condiciones del ensayo.

El clima también condiciona los resultados

Uno de los factores que influyó de manera determinante en los resultados de la campaña fue el clima. El informe señala que durante el período crítico del cultivo se registró un marcado déficit hídrico que afectó la fijación y el llenado de los granos.

Como consecuencia, los rendimientos obtenidos en el ensayo fueron significativamente inferiores a los registrados en campañas anteriores en la misma localidad. Por ejemplo, el rendimiento promedio se ubicó en torno a 3.356 kg por hectárea, muy por debajo de los valores históricos cercanos a 7.600 kg por hectárea para la variedad evaluada en condiciones más favorables.

Resultados preliminares con valor para el manejo local

Los investigadores del INTA destacan que los resultados obtenidos constituyen una base importante para mejorar las estrategias de manejo del maíz en la región. La combinación de fertilización adecuada y control químico oportuno permitió reducir el impacto de las plagas y mejorar el rendimiento del cultivo.

Sin embargo, también subrayan que se trata de resultados preliminares y que será necesario continuar evaluando estas estrategias en diferentes campañas y ambientes productivos para validar su efectividad en el largo plazo.

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Misiones suma herramienta para planificar su producción: cartografía semidetallada de suelos de Guaraní

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El Ministerio del Agro y la Producción de Misiones, junto al Instituto Misionero del Suelo y la Red de Cartografía y Evaluación de Tierras del INTA, presentó una herramienta estratégica que marca un antes y un después en la planificación productiva de la provincia: la Cartografía Semidetallada de Suelos del departamento Guaraní.

El trabajo releva 330.000 hectáreas y constituye uno de los estudios edafológicos más importantes realizados en la última década en territorio misionero. La iniciativa fue ejecutada durante más de dos años por un equipo de 30 profesionales del INTA y del Ministerio del Agro, con financiamiento del Consejo Federal de Inversiones, mediante contrato con la Fundación Asuntos Agrarios.

Hasta 2022, el departamento Leandro N. Alem era el único de la provincia con una cartografía de estas características. Con la incorporación de Guaraní, Misiones amplía de manera sustancial su base de información estratégica para la toma de decisiones productivas y ambientales.

El ministro Facundo López Sartori subrayó que se trata de “una herramienta fundamental para la planificación de la producción agroalimentaria de Misiones y la toma de decisiones en torno al recurso suelo”, destacando que contar con información precisa fortalece la competitividad y la sustentabilidad del sector.


Guaraní: qué producir y dónde

Uno de los aportes centrales de la Carta de Suelos es la posibilidad de obtener el Índice de Productividad de cada parcela en función del cultivo a implantar. En términos concretos, cada productor puede identificar qué sectores de su chacra presentan mejores condiciones para yerba mate, maíz o pino, y cuáles requieren prácticas específicas de manejo o conservación.

La herramienta permite reducir el margen de error en la toma de decisiones, optimizar inversiones, evitar implantaciones en suelos con limitaciones severas y planificar rotaciones, fertilización y prácticas conservacionistas ajustadas a cada lote.

En un departamento como Guaraní —donde más de la mitad de los suelos se ubican en serranías con pendientes pronunciadas— esta información resulta clave para prevenir procesos de erosión hídrica y preservar el recurso en el largo plazo. A través de herramientas digitales asociadas a los mapas, los productores pueden visualizar los índices de productividad y los grados de aptitud directamente sobre su chacra.


Datos clave del estudio

La evaluación de aptitud específica arrojó resultados contundentes:

  • Más de 140.000 hectáreas son muy aptas o aptas para yerba mate.
  • Más de 144.000 hectáreas presentan aptitud muy apta o apta para maíz.
  • Más de 220.000 hectáreas resultan muy aptas o aptas para pino.

En términos porcentuales:

Yerba mate

  • 15,8 % muy aptas
  • 28,0 % aptas
  • 1,8 % marginales
  • 53,7 % no aptas

Pino

  • 36,8 % muy aptas
  • 32,7 % aptas
  • 21,8 % marginales
  • 8,1 % no aptas

El Índice de Productividad presenta valores más elevados en el Gran Paisaje Lomerío, intermedios en la Meseta Central y más bajos en la Serranía.


Clasificación técnica y limitantes

Desde el punto de vista taxonómico, el estudio -basado en las Claves para la Taxonomía de Suelos (Soil Survey Staff, 2014)- identificó seis órdenes: Oxisoles, Ultisoles, Alfisoles, Molisoles, Inceptisoles y Entisoles. Además, se definieron 23 Series de suelo en función de su homogeneidad genética y morfológica.

Las principales limitantes detectadas fueron:

  • Susceptibilidad a la erosión hídrica
  • Acidez
  • Profundidad efectiva reducida

El ingeniero agrónomo Guillermo Reutemann, codirector del proyecto, explicó que en suelos con pendiente se recomiendan prácticas como el cultivo en curvas de nivel, cobertura vegetal permanente, construcción de camellones y canales de drenaje, además de la mínima labranza.

El trabajo fue dirigido por Lucas Moretti (INTA) y Reutemann (IMiS), consolidando un equipo técnico con capacidad para avanzar en nuevas cartografías en la provincia. Ya se proyecta para el período 2026-2028 la elaboración de estudios similares en los departamentos Cainguás y 25 de Mayo, iniciativa presentada al ministro López Sartori para su gestión ante el CFI.

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Nació un gigante del agro: Bunge cerró la fusión con Viterra en la Argentina y se conoció el CEO

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Tras un extenso proceso de aprobaciones regulatorias a nivel internacional y nacional, que incluyó negociaciones estratégicas en mercados clave, Bunge anunció la finalización del proceso de combinación con Viterra en la Argentina. La operación, valuada en US$18.000 millones, es uno de los movimientos corporativos más relevantes del sector agroindustrial de la última década y da origen a una compañía líder global en soluciones agroindustriales, con un valor combinado estimado en US$34.000 millones.

En conjunto, Bunge y Viterra exportaron durante 2025 cerca de 23 millones de toneladas de granos y subproductos, volumen que posiciona a la nueva Bunge Argentina como el principal actor del comercio exterior agroindustrial del país, superando ampliamente al resto de los grandes operadores del mercado.

Desde la compañía señalaron que continúan trabajando para dar cumplimiento a los requerimientos regulatorios y corporativos exigidos en la Argentina. Este hito se enmarca en el proceso de integración global anunciado en julio de 2025 y fortalece la posición de Bunge como un actor clave de la industria agroalimentaria en la región.

“La finalización de esta integración representa un paso estratégico para nuestra compañía. La combinación de capacidades, talento y experiencia nos permitirá ofrecer soluciones más eficientes y un servicio de mayor valor para productores, clientes y socios estratégicos. Reafirmamos así nuestro compromiso con el crecimiento de la industria agrícola en la Argentina y a nivel global”, afirmó Vladimir Barisic, Country Manager de Bunge en la Argentina.

En el marco de la integración, Barisic -quien lideró Viterra en Argentina, Paraguay y Uruguay- asumió como Country Manager de Bunge para Argentina y el Cono Sur. Durante el período de transición, ambas compañías mantuvieron operaciones independientes en el país con el objetivo de garantizar la continuidad operativa y el cumplimiento de los procesos locales.

El cierre de la fusión local se concreta dos años después del inicio de los trámites regulatorios internacionales, siendo la aprobación en China la última instancia pendiente. La operación global integra los activos de dos gigantes con presencia en más de 50 países, reforzando la capacidad de originación, procesamiento y distribución de productos agrícolas. El valor combinado de la nueva compañía ronda los US$34.000 millones, según consignó Reuters.

Tras el anuncio, la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC) saludaron “el proceso de integración estratégica entre Bunge y Viterra, dos empresas socias de esta Cámara, que a partir de ahora operan como Bunge Argentina”.

Según los términos del acuerdo aprobados por los directorios, los accionistas de Viterra recibieron aproximadamente 65,6 millones de acciones de Bunge y unos US$2.000 millones en efectivo, lo que representa una contraprestación compuesta en un 75% por acciones y un 25% en efectivo. Tras la operación, los accionistas de Bunge controlan el 70% de la compañía combinada, mientras que los de Viterra poseen el 30% restante.

Con esta integración, Bunge consolida su lugar en el selecto grupo de las “ABCD” -junto a ADM, Cargill y Louis Dreyfus-, las cuatro empresas que dominan el comercio mundial de granos.

A nivel global, la compañía es liderada por Greg Heckman, CEO de Bunge, quien destacó que “este es un momento decisivo para nuestra empresa y nuestro equipo global al completar esta combinación transformadora. Hemos creado una organización más sólida, con capacidades mejoradas para responder a las necesidades cambiantes de nuestros clientes y conectar a los agricultores con los consumidores para suministrar alimentos, piensos y combustible al mundo”.

De acuerdo con el ranking de exportadores elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Viterra exportó en 2025 un total de 12,43 millones de toneladas, ubicándose en el segundo lugar del podio, con un crecimiento interanual del 32,37%. Por su parte, Bunge exportó 10,56 millones de toneladas, posicionándose en el quinto puesto. En conjunto, ambas compañías habrían operado cerca de 23 millones de toneladas, un volumen que las coloca como el mayor exportador de granos de la Argentina, por encima de Cargill, que lideró el ranking individual con 17,3 millones de toneladas.

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