MAIZAR

Un traje y zapatillas de maíz mostraron parte del potencial bioeconómico en la apertura del Congreso Maizar

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El potencial de una bioeconomía del maíz y el sorgo con el mejor balance de carbono del mundo fueron el tema central del panel de Apertura del Congreso Maizar 2023, que llevaro adelante Fernando Vilella, presidente del Congreso Maizar 2023, y Pedro Vigneau, presidente de Maizar, con la presencia del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y precandidato a Presidente nacional Horacio Rodríguez Larreta, y el Jefe de Gabinete de la Secretaría de Agricultura, Juan Manuel Fernández Arocena, que coincidieron en la necesidad de cocreación de la bioeconomía.

Como para plasmar la importancia clave de las cadenas del maíz y el sorgo, Fernando Vilella, presidente del Congreso Maizar 2023, inauguró la jornada mostrando los resultados que arroja ChatGPT sobre la cadena del maíz y el sorgo. “Podemos estar tranquilos”, señaló. Recordó que “el mejoramiento genético del maíz fue a partir de un gran trabajo de los pueblos americanos, que comenzó hace 5.000 años a partir de un antecesor, el teosinte, y lograron uno de los organismos genéticamente mejorados más exitosos”.

El académico recordó que el maíz es el cultivo más cosechado en el mundo, con unos 1.150 millones de toneladas anuales, y que es clave su gran potencial. Genera “uno de los productos más competitivos de la economía argentina, porque incorpora todo el conocimiento de frontera, semejante a los competidores internacionales más evolucionados, un éxito de la cocreación”, producto de “la genética, combinada con el sistema de siembra directa, fertilización, ajustes ecofisiológicos, diseño y uso de maquinarías muy sofisticadas para siembra, pulverización y cosecha”.

Vilella calificó a la bioeconomía de “potente Vaca Vivanacional:sus procesos son circulares y sostenibles, reduciendo al mínimo la producción de residuos o desechos, generando nuevos productos y servicios en múltiples sectores”, que generan un ecosistema productivo con bioclústeres de excelencia. Y desmitificó la idea de que la agrobioindustria argentina no genera trabajo: “Según datos de FADA, de ella proviene el 24% de todo el trabajo privado, son 3,7 millones de puestos. Solo la cadena del maíz genera 236.000 puestos, más del doble que toda la automotriz, que tiene 96.000 puestos. Y si incluimos a las cadenas asociadas, como las de las proteínas animales (bovina, avícola, leche, cerdo), etanol, es decir, el Gran Maíz, son 680.000 puestos, más la construcción y los metalúrgicos sumados”.

También destacó que el maíz argentino es el más sustentable del mundo gracias a la siembra directa, y que esa ventaja se transmite a sus derivados, como el pollo y el etanol. “Hay que aprovechar esa baja huella que valoran los mercados más exigentes y generar una marca país asociada a productos amigables con el medio ambiente”.

El presidente de Maizar, Pedro Vigneau, recordó que el sector vive “un año durísimo”, con la peor sequía en 60 años, que pone en evidencia y agrava el impacto de la brecha cambiaria, los derechos de exportación (único país de América que los tiene) y los cupos en las cadenas agrobioindustriales. “La seca les quitó todo a los productores, y así y todo tienen que seguir financiando la ineficiencia de la política”.  
El presidente de Maizar recalcó que, por su importancia, la Argentina tiene que tener un Ministerio de Agricultura, no una Secretaría: “Cuando un secretario viaja al exterior, se reúne con un secretario: tenemos que ser un Ministerio”, y destacó que, en Brasil, más allá de sus diferencias políticas, todos están alineados en torno a que el desarrollo del agro es clave para el desarrollo del país.

Vigneau destacó que “el mundo mira lo renovable”, y en este sentido dijo que “el maíz es una planta carbono 4, que capturan mucho más carbono y tienen mucha eficiencia fotosintética. Hay que contar la historia”. Para el directivo, “hay una enorme oportunidad de desarrollo federal con el maíz, hoy se hace maíz de Chubut a Jujuy, de los Andes a la Mesopotamia”, y recalcó que es preciso aprovechar el agua dulce que se va al mar sin aprovechamiento.

Vestido con un traje y zapatillas confeccionados en base a polímeros de maíz, Vigneau señaló que “deberían fabricarse no en China o Estados Unidos, sino en Venado Tuerto o Río Cuarto, ya que es más eficiente agregar valor al maíz donde se produce, y el maíz argentino tiene el mejor balance de carbono del mundo”. Destacó que hoy en el mundo hay más de 4.000 productos elaborados a base de este cereal, y que la Argentina tiene una gran oportunidad, desde bioplásticos para envases hasta biocombustibles para aviones”, por ejemplo. “Si certificamos que tenemos el maíz con menor huella ambiental del mundo, van a venir a invertir. Pongámonos de acuerdo y salgamos de las falsas grietas y prejuicios”.

Juan Manuel Fernández Arocena, jefe de gabinete de la Secretaría de Agricultura, celebró el lema del Congreso Maizar, “Cocreando la bioeconomía: la bioeconomía no es algo dado, es biomasa más conocimiento requiere de múltiples actores”, y enfatizó: “Estamos ante un cambio de paradigma trascendental”, que comparó con la Revolución Industrial.

Destacó que los complejos agroindustriales de sorgo y maíz son parte central del nuevo paradigma de la bioeconomía. “Esto ya se ha iniciado, el avance científico y tecnológico será clave, pero no se trata solo de producir más sino con sustentabilidad económica, social y ambiental. La potencialidad es inmensa”. El funcionario agregó que las políticas públicas tienen que orientar. “Estamos seguros de que este agro bioinnovador será el que borre la grieta, la bioeconomía es el punto de partida de una nueva era”.

El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, felicitó a Maizar por la realización de su 17° Congreso anual: “Maizar es un semillero del futuro prometedor de la Argentina”. “El campo es el motor de la recuperación de la Argentina, y el maíz es uno de los principales complejos agroindustriales del país”.

Tenemos los mejores agricultores y técnicos del mundo, el capital humano es el más importante”.
Rodríguez Larreta adelantó “siete medidas concretas y posibles”. Dijo que hay que reconstruir la estabilidad, la macro, con “déficit primario cero en el primer año” y, desde la micro, crear un marco regulatorio con reglas de juego estables. También aseguró que hay que apuntar a la unificación cambiaria: “Vengo a hablar con la verdad: no es serio decir que se va a hacer el día uno, pero sí es nuestro horizonte”. En tercer lugar, se refirió al “impuesto horrible que son los derechos de exportación: me comprometo a eliminarlos de más de 200 productos, y con el resto, trazar un rumbo para bajarlos gradualmente hasta su eliminación”.

También dijo que eliminaría los cupos, y que es consciente de que “el peso del Estado sobre la producción es insoportable, se queda con 6 de cada 10 pesos”.

El jefe porteño también dijo que va a “terminar con la burocracia infernal”, y que el campo tiene que poder hacer todos los trámites a distancia. En cuanto a infraestructura, prometió un plan que priorice la logística y reducir los costos, que incluye rutas, hidrovía y conectividad digital. También incentivar la inserción al mundo, aprovechando el Mercosur y el acuerdo con la UE: “Nuestro cuerpo diplomático tiene que ser un cuerpo de vendedores”, con negociaciones estratégicas y una agresiva búsqueda de mercados”.

Para finalizar, dijo que pretende que medidas concretas permitan duplicar las exportaciones argentinas en seis años, y el 70% surge del complejo alimenticio”.

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La guerra y la seguridad alimentaria, oportunidades y desafíos para la cadena del maíz, con la mira en el 2030

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Los encargados de las carteras agrícolas de Estados Unidos, Brasil y la Argentina, los países de mayor peso en el comercio mundial de maíz, expusieron en el panel “Oportunidades y desafíos para la cadena del maíz al 2030” en el Congreso Maizar 2022, con el hincapié puesto en la seguridad alimentaria mundial y el desafío que sumó la guerra en Ucrania. Alfredo Paseyro, director ejecutivo de la Asociación de Semilleros Argentinos, moderó el panel, que contó con palabras de Tom Vilsack, secretario del Departamento Agricultura de Estados Unidos; Marcos Montes Cordeiro, ministro de Agricultura de Brasil, y Julián Domínguez, ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Argentina.

“El alimento es lo más sensible que tiene la humanidad, y casi 1.000 millones de seres humanos se van a dormir sin comer. Es nuestra responsabilidad, producimos alimentos y el mundo nos interpela”, dijo Alfredo Paseyro al iniciar el panel. Y resaltó que “el maíz nos dio una amistad estratégica con Estados Unidos y Brasil, con los que ya hace casi diez años conformamos Maizall, para asegurar la provisión de alimentos al mundo cuando no imaginábamos ni una pandemia ni una guerra”.

Presente de manera virtual, el ministro de Agricultura de Brasil, Marcos Montes Cordeiro, se refirió a la seguridad alimentaria global y a la preocupación sobre cómo la guerra en Ucrania afectó la oferta mundial de granos, además de desestructurar profundamente las cadenas globales de suministro de commoditties, y que insumos esenciales como los fertilizantes estén expuestos a la escasez y al aumento de precios.

“Como mayor productor y exportador de alimentos del planeta, Brasil está más que preparado para hacer su aporte como proveedor confiable de alimentos”, dijo, y recordó que, durante la pandemia, el país fue capaz de aumentar la producción y exportación agrícola. Brasil es uno de los pocos países del mundo capaces de incorporar áreas productivas cuidando la sustentabilidad, y de consolidarse como pilar de las cadenas globales de alimentación, consideró.

Al respecto, Paseyro agregó que Montes Cordeiro y Domínguez acordaron una “agenda prioritaria” para lograr el autoabastecimiento regional de fertilizantes. Además, recordó que, en los años ’70, Brasil era importador de alimentos y requería subsidios, y que en esa transformación que le permite producir hoy alimentos para más de 1.200 millones de personas tuvo un gran papel Alysson Paolinelli, indicado como candidato al Premio Nobel de la Paz, y “amigo de Maizall”.

Tom Vilsack, secretario de Agricultura de Estados Unidos, de visita en Tokyo, estuvo presente a través de un mensaje que fue leído por la consejera agrícola de la Embajada estadounidense en la Argentina, Rachel Bickford. El discurso subrayó cómo la invasión rusa a Ucrania afectó no solo al pueblo ucraniano sino también la seguridad alimentaria de los países del Medio Oriente y del Norte de África. “Rusia está usando los alimentos como arma y afectando al resto del mundo”, dijo, pero la comunidad agrícola es resiliente y resolverá la inseguridad alimentaria “a través de acciones conjuntas”. Como ejemplo, citó la declaración conjunta de la Argentina, Brasil, Canadá, Estados Unidos y México en la reciente Cumbre de las Américas sobre la necesidad de superar la inseguridad alimentaria garantizando la provisión de insumos y fertilizantes.

Vilsack no se privó de condenar, como lo hizo también la reciente Conferencia de Ministros de la OMC, las restricciones a las exportaciones, que “hacen que la situación empeore”. Como fuerzas positivas destacó las herramientas biotecnológicas para combatir plagas y enfermedades y proveer alimentos nutritivos, y reiteró el pedido de que los gobiernos apliquen “medidas basadas en la ciencia”, elogiando las acciones de la Argentina, en línea con Estados Unidos, “para promover la adopción de productos biotecnológicos”.

El funcionario norteamericano recordó que la Argentina, Brasil y Estados Unidos son los grandes exportadores mundiales de maíz, con Ucrania en cuarto lugar; pero agregó que, en la campaña 2022/23, por la guerra, la producción ucraniana se reducirá de 15 a 9 millones de toneladas, y los suministros de la Argentina y Brasil serán importantes para reducir esa brecha.

Paseyro recordó que, según las Naciones Unidas, la población mundial será en 2050 de 9.800 millones de personas, con gran parte del aumento en el sur de Asia y en África, y que la producción mundial deberá aumentar en medio de un clima más desafiante, sobre la base de innovaciones basadas en la ciencia, como los eventos biotecnológicos y la edición génica.

El panel lo cerró el ministro argentino Julián Domínguez, que se refirió al maíz como “la estrella de este tiempo”. El ministro de Agricultura argentino adelantó estimaciones de su cartera según las cuales, a pesar de las consecuencias de la sequía, la actual campaña maicera tendrá “mejores resultados que lo previsto”.

Destacó también la centralidad del productor: “Si hay un clima de esperanza y vitalidad e incorporación de tecnología, le va bien al resto de la cadena”, dijo, y subrayó la “institucionalidad agrícola” argentina, por la amplia presencia en el territorio de entidades del agro, como las rurales, el INTA, el SENASA, las facultades de Agronomía y Veterinaria, las escuelas técnicas y los colegios agrícolas de todo el país, entre otras.

La centralidad del productor y la institucionalidad agrícola, dijo, hacen que la Argentina esté preparada para “un tiempo bisagra”, que, además, el agro comprende más que otros sectores de la economía debido a su “alta sensibilidad para percibir los cambios a nivel global”. Un escenario, remarcó, en el que la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay tienen un “destino compartido” y en el que los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) “vuelven a ser determinantes en el escenario global”.

Domínguez indicó también que, a pesar del actual escenario de inseguridad alimentaria a causa de la guerra, las exigencias de trazabilidad y ambientales vinieron para quedarse. Precisó que en la Argentina ya hay más de 2.000 empresas que están certificando producción en diferentes cadenas, y que en agosto, en un encuentro, su cartera buscará alcanzar un protocolo común de buenas prácticas y de certificación para todo el país. Una “pedagogía de la certificación nos daría valor económico diferencial”, afirmó.

La guerra en Ucrania, dijo Domínguez, produjo un “extraordinario desbarajuste”, pero la Argentina hará un extraordinario aporte de producción. La contracara son los problemas de provisión de combustibles, reconoció, pero afirmó que “ni la siembra ni la cosecha del segundo semestre están comprometidas; el combustible está garantizado para siembra y cosecha”, aseguró. Además, precisó que, en lo que va del año, la Argentina importó 900.000 toneladas de fertilizantes, no tanto menos que las 950.000 toneladas de igual período de 2021. “Tenemos problemas, pero sería una chambonada que falten fertilizantes para esta campaña; nos zambullimos en los problemas para poder resolverlos”, aseguró, y visualizó un “horizonte más tranquilo al respecto”.

Para él, el nuevo escenario promete un horizonte de inversiones para asegurar “reservas de proteínas” que tendrán “un valor como nunca antes” tuvieron, ya que la actual “es la guerra de las proteínas”.

El ministro concluyó reiterando la “oportunidad histórica” que el nuevo escenario alimentario mundial brinda a la Argentina, para lo cual será necesario discutir los temas del sector separando “la discusión político-partidaria de los intereses reales de la Nación”. En definitiva, dijo, “el productor reclama previsibilidad: lo que quiere es trabajar tranquilo, hasta donde le da la nafta; no se puede estar discutiendo todos los días el escenario de inversión y producción”.

“Sueño con ser el ministro que cierre la grieta que se abrió en el sector. La Argentina necesita a los productores; somos complementarios, parte de un destino común”, remarcó Domínguez. Reiteró las “altas expectativas” sobre la actual campaña, su fe en que lleguen “las lluvias que el sector necesita”, y le agradeció a la cadena maicera “ser la niña bonita del sector agrícola en este momento”.

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Agricultura digital: desde conectividad donde no hay, hasta soluciones integradas, gemelos digitales e incubadoras

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Partiendo de que no hay transformación digital sin conectividad, algo que afecta al 40% de los parajes rurales del país, el panel “¿Qué puede aportar la agricultura digital a los nuevos sistemas productivos del agro?” del Congreso Maizar 2022 presentó iniciativas que plantean soluciones y mejoras para la producción. El panel fue moderado por Federico Bert, consultor del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), y expusieron Gabriel Tinghitella, director del Programa BID Lab de CREA; Nahuel Peralta, gerente ejecutivo de Maíz y Sorgo de Bayer Cono Sur; Esteban Tronfi, fundador de Ravit Agro, y Néstor Di Leo, profesor de Agronomía de Precisión de la UNR y la UNVM, y asesor de AgTech Alvis.

Los principales cambios en la producción agropecuaria vendrán de la mano de la transformación digital, que permitirá enfrentar múltiples desafíos. Pero no todo será color de rosa: basta mirar otras industrias para advertir el impacto que tendrá, por ejemplo, en materia de recursos humanos. La proyección pertenece a Federico Bert, consultor del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que moderó el panel “El aporte de la agricultura digital a los nuevos sistemas productivos” del Congreso Maizar 2022, con el foco puesto en mostrar distintas experiencias de innovación agropecuaria desarrolladas por empresas y entidades.

Para Bert, la transformación digital es incipiente –entre otras razones, por la falta de conectividad en algunos sectores–, “pero inevitable e inminente”, y es preciso tener una mirada “equilibrada” para que ocurra de manera dinámica y tenga el menor impacto negativo posible.

En materia de acceso, Néstor Di Leo, profesor de Agronomía de Precisión de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNR) y de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) y asesor de AgTech de Alvis, lamentó “cuántas situaciones prácticas productivas no podemos aprovechar en el campo por falta de conectividad”, y recordó que este recurso fundamental no está vinculado solo a la producción, ya que todas las personas que viven en el campo requieren de conectividad para su vida.

El especialista distinguió entre el servicio de banda estrecha, para la denominada “internet de las cosas”, y el de banda ancha, para usos más críticos. Y citó estudios que grafican la dimensión del déficit de conectividad, como uno que arroja que el 40% de los parajes rurales no tiene servicio. Como causas, citó el posible desinterés de grandes compañías de telecomunicaciones en brindar el servicio en algunas regiones, y también el alto costo de las tecnologías alternativas, como la satelital.

Di Leo describió entonces la propuesta de la empresa de telecomunicaciones Alvis. La firma, que opera en la banda de frecuencia de 450 MHz, ofrece tanto banda ancha 4G, como banda estrecha NB IoT (sigla en inglés de “Red del Internet de Cosas”), a través de un equipo que genera wifi local para artefactos cercanos. Y recordó los múltiples usos que permite este recurso, como, entre otros, trazabilidad y monitoreo de seguridad. Bert agregó que “sin conectividad, no hay transformación digital”.

Posteriormente, Nahuel Peralta, gerente ejecutivo de Maíz y Sorgo de Bayer Cono Sur, expuso sobre la experiencia de aplicación de soluciones integradas para maximizar la productividad y la sustentabilidad.

En primer lugar, señaló que es preciso comprender las necesidades de los agricultores y, a partir de ello, conectar con soluciones. En ese sentido, precisó que en más de 1.200 ensayos de maíz las recomendaciones de fertilización en la planta fueron prioridad para los productores. Los ensayos en lotes comerciales, contó, posibilitaron comparar estrategias en materia de densidad y de uso de nitrógeno, que puede monitorearse a través de herramientas digitales, para convertir un diagnóstico en una recomendación “sencilla, dinámica y fácil de aplicar”.

“Estas experiencias nos permitieron tener una base de datos muy grande, con un aporte estadístico muy robusto, asociado a modelos de aprendizaje automático”, explicó. Y precisó que las herramientas digitales permiten que tanto los datos de gabinete, como los de campo, estén conectados. “Como trabajamos día a día con los productores, podemos retroalimentarnos con los comentarios que nos hacen llegar para hacer más simple la parte operativa de implementación de este tipo de soluciones”, reveló.

Para solicitar esas soluciones, dijo Peralta, solo se precisa del apoyo de un teléfono inteligente, que posibilita combinar imágenes satelitales con algoritmos, así como realizar testeos y acumular aprendizaje en términos de caracterización ambiental y de ajustes de densidad y de nitrógeno. Finalmente, aseveró que, de acuerdo con lo experimentado en más de 200 lotes (que abarcaban 16.000 hectáreas), fueron el rendimiento y el costo los factores que motivaron a los productores a sumarse al programa.

Por su parte, Esteban Tronfi presentó el caso de Ravit Agro (sigla de Red Agropecuaria de Vigilancia Tecnológica). “En Ravit nos dedicamos a hacer ‘gemelos digitales de la realidad’”, sintetizó. Y definió este concepto como “hacer representaciones computacionales de la realidad, llevar un mundo físico a un mundo de computadoras”. Detalló que estos modelos tienen dos componentes clave: “El primero es representar esa realidad, describirla; y el segundo, modelizar los procesos que gobiernan esa realidad”. En otros términos, un gemelo digital es un modelo de simulación de una realidad actualizada permanentemente. “Esa es la diferencia con los antiguos modelos de simulación”, remarcó.

Ravit ya cuenta con un prototipo de un gemelo digital para producción de maíz en una zona de la región centro-norte de Córdoba, donde comenzó la iniciativa. “Cumplimos los dos requisitos: primero, hipersensorizamos 50 lotes de maíz durante tres campañas y esa fue nuestra creación del ambiente de datos ricos que nos permitió describir la realidad”, contó. Como segundo paso, dijo, “desempolvamos el concepto de sistemas expertos y digitalizamos la forma de razonar, de entender el cultivo de maíz”.

La simulación permite ver los resultados antes de experimentar y tomar decisiones, con el consecuente ahorro. La ambición es llevar el concepto de “gemelos digitales” a todo el país, pero, señaló, lo más costoso de este proceso sería crear el ambiente de datos ricos, es decir, “describir la realidad”. Para resolverlo, la estrategia es recolectar la información en forma colaborativa. “Los productores que conforman la red funcionan como antenas de conocimiento que lo transmiten al resto de los agricultores”, explicó.

A su turno, Gabriel Tinghitella, director del Programa BID Lab de CREA, informó que el área tiene cuatro grandes espacios de trabajo: startups, innovación y conocimiento, capacitación y nuevos proyectos. En el de startups trabajan con un modelo de innovación abierta, es decir, con la introducción de cambios a partir de fuentes externas a la organización. “Estamos trabajando mucho con emprendedores que traen proyectos para el agro”, contó. Y señaló que hay acciones en las distintas etapas que se suceden desde que un emprendedor se pone en contacto con un problema hasta que una empresa lo difunde y escala con un proyecto comercial maduro. Estas fases son: la creación y el desarrollo de prototipos (propuestos por estudiantes de diseño industrial), la incubación (programa que ya tiene ocho ediciones), el testeo y la validación (realizada en campo, gracias al contacto con productores) y la difusión y el escalamiento (mediante la vinculación con potenciales usuarios o inversores, dentro y fuera del país).

En materia de generación de conocimiento, Tinghitella afirmó que para CREA es clave que este se desarrolle tanto desde la oferta, como desde la demanda. Es decir, desde los desarrolladores de tecnología, como desde los demandantes de tecnología, “para entender bien qué es lo que necesita cada uno y hacer que las acciones que ejecutemos sean lo más eficientes y eficaces posibles”, explicó.

Agregó que también se ofrece capacitación, para que los productores puedan entender las particularidades de nuevas soluciones y la generación de ámbitos que propicien el desarrollo de iniciativas, como, por caso, grupos de startups, en su mayoría incubadas por CREA.

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¿Qué hacen las cuatro provincias que producen el 80% del maíz argentino para estimular la bioeconomía?

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Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos generan el 80% del maíz de la Argentina, por cuyas retenciones aportan unos 1.500 millones de dólares a la Nación. Cómo es la cadena de valor del cereal en cada provincia y cómo hacen para afianzarla desde el Estado, con buenas prácticas agrícolas, innovación tecnológica y financiamiento, fueron los ejes del panel “Políticas de Estado para la bioeconomía” del Congreso Maizar 2022, del que participaron Javier Rodríguez, ministro de Desarrollo Agrario de Buenos Aires; Sergio Busso, ministro de Agricultura de Córdoba; Daniel Costamagna, ministro de Producción, Ciencia y Tecnología de Santa Fe, y Juan José Bahillo, ministro de Producción, Turismo y Desarrollo Económico de Entre Ríos, moderados por Pedro Vigneau, presidente de Maizar, y Luis Zubizarreta, presidente de Acsoja.

De acuerdo con el ministro bonaerense Javier Rodríguez, el maíz es el cultivo que muestra el mayor crecimiento en superficie en la provincia de Buenos Aires, si se lo compara con el conjunto de la canasta agrícola que conforman el trigo, la soja, el girasol, el sorgo y la cebada. “En los 12 años que van de 2003 a 2015, la superficie agrícola en la provincia de Buenos Aires creció a un ritmo de 3%, con sus altibajos y particularidades; entre 2015 y 2019, se mantuvo estancada, mientras que en las últimas dos campañas se retomó el crecimiento 4% anual”, dijo Rodríguez. Sin embargo, dijo que el maíz exhibe un crecimiento de prácticamente el doble, a una tasa mayor del 8% anual.

“Tenemos el desafío de qué hacemos con el maíz. El objetivo es agregarle valor, entendiendo por ello los diferentes destinos y usos”, sostuvo el ministro bonaerense. Dentro de estas opciones, incluyó la ganadería (producción de leche, bovinos, porcinos y aves), la molienda seca y húmeda, y la producción de semilla, y destacó que el tambo es un eslabón clave para el maíz en el territorio bonaerense, no sólo para procesar el cereal sino también porque permite que los efluentes generen energía y se sumen a un modelo circular.

Además de la conversión en proteína animal, la molienda húmeda y seca creció en los últimos dos años 6% anual, es decir, dos puntos porcentuales menos que la superficie: “Por eso tenemos este desafío de industrializar más y generar más círculos virtuosos”, reconoció Rodríguez. Para estimular la bioeconomía, señaló, el gobierno bonaerense apela al financiamiento a tasa subsidiada para la instalación de biodigestores, la innovación tecnológica para el desarrollo de nuevos materiales genéticos y el plan de buenas prácticas agrícolas.

En Entre Ríos, en cambio, el maíz es sinónimo de avicultura. “No sé si nos falta maíz o nos sobran pollos”, bromeó el ministro entrerriano Juan José Bahillo. La demanda provincial de maíz está constituida por un 66% que se convierte en proteína animal, en especial pollo; un 30% que se exporta y un 3% que se destina a molienda seca.

La avicultura es la economía regional dominante en la provincia: el sector genera 22.000 puestos de trabajo, en 2.600 granjas, con 7.000 galpones en producción. “Producimos el 50% de los pollos del país y faenanos el 51% del volumen nacional, con el 18% de las plantas faenadoras, que generan el 70% de la exportación avícola del país”, dimensionó Bahillo.

En la edición 2020 del Congreso Maizar, el ministro había sostenido que la provincia iba camino al autoabastecimiento de maíz, para una demanda de 2,7 millones toneladas para proteína animal, y 150.000 toneladas de molienda húmeda y seca. En total: 2,8 millones de toneladas. “Hace dos años estábamos en 400.000 hectáreas sembradas y necesitábamos 100.000 más: con un rinde de 5,5 toneladas por hectárea íbamos a alcanzar el volumen para autoabastecernos”, recordó. Sin embargo, pese a que en la última campaña el área maicera entrerriana llegó a 509.000 hectáreas, la sequía impidió llegar al autoabastecimiento, con una caída de casi 40% en los rendimientos.

De acuerdo con el funcionario, Entre Ríos está llevando a cabo medidas para incrementar el área sembrada (casi el 80% de los productores siembra menos de 200 hectáreas de maíz) y la industrialización del grano en origen, en especial a través de la producción avícola. “Tenemos financiamiento a través del banco, que es agente financiero de la provincia, con un subsidio de 14 puntos para la reconversión de galpones avícolas. De los 6.600 galpones, 33% tiene toda la tecnología, con automatización y climatización, con una inversión de 250.000 dólares; un tercio está lejos de la tecnología y requiere de ayuda para reconvertirse, y otro tercio, con 60.000 a 70.000 dólares, puede incorporar tecnología y reconvertirse”, precisó el ministro.

“Considero que nuestra región tiene una oportunidad histórica con el maíz”, aseguró Daniel Costamanga, que además de ministro en Santa Fe es productor. “La Argentina está lejos de los mercados internacionales, por lo que la eficiencia del productor tranqueras adentro se debe quedar en valor agregado. Santa Fe está al tope de la producción de leche, de carne y de maquinaria agrícola, con lo cual la transformación de los cereales es clave”, opinó, con el deseo de que los puertos del Gran Rosario sean la puerta de salida de más alimentos y no de tantos granos.

“Hay una cadena que va desde el suelo hasta el grano y que hay que cuidar. Debemos tener en cuenta que el suelo es prestado y hay que devolverlo en las mejores condiciones; por eso, el maíz es clave. Hay que devolverle al suelo la estructura química para que los barcos no se lleven en los granos la fertilidad de nuestros suelos”, razonó. Para Costamagna, en Santa Fe no hay dudas de que la bioeconomía y el maíz son sinónimo de arraigo, empleo, valor agregado y sustentabilidad. “El crecimiento debe ser equilibrado, por eso, a más de 400 kilómetros de los puertos, el maíz se debe transformar”, indicó.

El funcionario se mostró satisfecho por la decisión del gobierno nacional de elevar el corte del biodiésel, que había sido reducido el año pasado: “Costó, pero llegó; el aumento del corte obligatorio para el biodiesel implica poner al tope la capacidad instalada de nuestras plantas, que concentran el 80% de la producción nacional”, destacó.

En cuanto al financiamiento, el mayor aporte de Santa Fe en el último año, que superó los 20.000 millones de pesos, fue para acompañar el desarrollo de equipamiento en la producción de alimentos, comentó.

A juicio de Costamagna, gran parte de los problemas estructurales de la Argentina podrían solucionarse de la mano del maíz, trabajando y generando desarrollo en el interior productivo. “El maíz debe estar por encima de cualquier condicionante político”, aseguró.

“Estamos todos de acuerdo en cuál es el camino, pero la falta de confianza condiciona su realización”, dijo el ministro cordobés, Sergio Busso. “Considero que no se pueden generar políticas públicas cuando se desconoce la realidad productiva del país”, advirtió.

De acuerdo con Busso, si bien para Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe el maíz es importante, lo más estratégico es lo que pueden hacer las cuatro provincias para desarrollarlo, ya que en conjunto representan el 80% de la producción nacional. “Desde las provincias tenemos la visión de que, más allá de las diferencias políticas, se puede diseñar una estrategia para una producción sustentable en el tiempo. Las cuatro provincias sufrimos las consecuencias del cambio climático y el productor sabe que no se puede producir de cualquier manera”, indicó.

En esa línea, Busso dijo que es necesario dar una señal al productor agrícola eliminando las retenciones al maíz de manera gradual y transformando el aporte en más impuesto a las Ganancias. El 12% de retenciones que van a aportar los productores de maíz de las cuatro provincias equivale a 1.500 millones de dólares, advirtió. Por eso, eliminarlas “es el mejor incentivo, sería una señal fuerte para devolverle la confianza al productor”, insistió. De lo contrario, en la actual campaña, “va a haber productores que, aun perdiendo plata con el maíz debido a la sequía, van a tener que pagar retenciones”, concluyó.

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Julián Domínguez en Maizar: “Argentina está llamada a cumplir un rol decisivo en la provisión de alimentos a nivel global”

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El ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Julián Domínguez, expresó: “construyamos puentes juntos; Argentina está llamada a cumplir un rol decisivo en la provisión de alimentos a nivel global”, durante la apertura del XVI Congreso Maizar 2022 que se desarrolló en Parque Norte, y que contó con la participación del ministro de Agricultura de Brasil, Marcos Montes Cordeiro; la consejera agrícola de Estados Unidos en Argentina, Rachel Bickford; el Presidente de MAIZAR, Pedro Vigneau; el subgerente general de ACA, Victor Accastello, y representantes de las carteras agropecuarias de las provincias.

En ese sentido, remarcó: “Tenemos una oportunidad y para eso estamos trabajando en el desafío de incorporar más valor, industrializar la ruralidad e incorporar más tecnología en las cadenas de valor”. “Con mayor desarrollo local de nuestra industria, la Argentina puede generar empleo y una ruralidad con cada vez más productores que puedan seguir mostrándole al mundo nuestro potencial”, continuó.

Domínguez expuso en el panel Oportunidades y desafíos para la cadena de maíz al 2030. En ese marco, afirmó que “el valor de reserva en proteínas es un centro de interés global”, y enfatizó: “hay que prepararse para un escenario de inversiones”.

En ese sentido, aseguró que “frente a este cambio de época, las proteínas tendrán un valor que nunca antes tuvieron”. “Por eso cerremos las diferencias, tenemos un futuro común por construir”, añadió.

Además, el ministro manifestó que “el maíz tiene un extraordinario horizonte de crecimiento” y planteó: “Queremos industrializar más para exportarle valor agregado en origen y trabajo argentino al mundo”.

Por otro lado, Julián Domínguez contó además el trabajo que está realizando la cartera agropecuaria para potenciar a la agrobioindustria y las buenas prácticas: “Nuestro país necesita que se produzca más, que se siembre más para atender al nuevo escenario internacional. Nuestros productores, nuestro campo, nuestras empresas están en condiciones de avanzar hacía allí y todos los días trabajamos para generar reglas previsibles”.

La Asociación Maíz y Sorgo Argentino (MAIZAR) nuclea a organismos, instituciones y cámaras empresariales que representan a la cadena productiva, científica, industrial y comercial del maíz y sorgo con el fin de promocionar el crecimiento de estos insumos y generar un mayor volumen de oferta para las industrias capaces de darles un más alto valor agregado.

Participaron de la jornada el Ministro de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires, Javier Rodríguez; de Agricultura y Ganadería de Córdoba, Sergio Busso; de Producción, Ciencia y Tecnología de la provincia de Santa Fe, Daniel Costamagna; de Producción, Turismo y Desarrollo Económico de Entre Ríos, Juan José Bahillo; y el titular de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados, Ricardo Buryaile.

En tanto, Julián Domínguez estuvo acompañado por el Secretario de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo Regional, Luis Contigiani; los subsecretarios Delfo Buchaillot (Agricultura), Javier Preciado Patiño (Subsecretario de Mercados Agropecuarios) y Ariel Martínez (Coordinación Política); y el titular del INASE, Obdulio San Martín.

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