MAIZAR

Cultivo transgénico en la región: “Es un crimen especular con proyectos que prometen Alimento y Desarrollo”

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La agroindustria desde una visión de negocios para pocos y en detrimento del pueblo Misionero:
Desde el Frente Patria Misiones, Oscar Mathot fundamentó el posicionamiento respecto del tema y se sumó al debate ante lo que llama “el avasallamiento del gobierno nacional de la alianza Pro-Cambiemos”.
Aquí sus fundamentos:
Agroindustria de la Nación y MAIZAR acordaron desarrollar maíz de alta productividad en Misiones y Corrientes
1. Comienza por el ocultamiento: ciudadanos misioneros, funcionarios del Ministerio de Agroindustria de la Nación, se reunieron con empresarios, cooperativistas y funcionarios de Brasil y Paraguay para interesarlos sobre el tema, evitando  a las autoridades Provinciales y a su población. El argumento es que constituyen “amenazas al proyecto” y que sus “autoridades ambientales podrían poner trabas al desarrollo de áreas cultivables si consideran a la capuera como bosque nativo en recuperación” y que “en la Provincia de Misiones hay una corriente política contraria a la utilización de glifosato”…
2. Nos prometen autoabastecimiento de alimentos balanceados en la región y abastecer al sur de Brasil:
Cuestión engañosa, pues solo sería de maíz, la principal fuente de energía utilizada en la alimentación porcina, pero no del balanceado, que se industrializará en Brasil. No es producción de alimento para la gente, es para animales. Una producción que en sus principios estaba destinada a la alimentación humana y animal la llevan a competir con la seguridad alimentaria orientándola sólo como un insumo para el alimento balanceado de porcinos.
3. Para abastecer al Brasil necesitamos poder asegurar maíz a precios competitivos:
cuestión difícil de cumplir pues Brasil protege sus productos,  y además deberíamos producir más barato que Paraguay, lo que todos pueden entender a qué grado de precarización llevan el desafío.
El tipo de maíz que se propone, al ser un organismo genéticamente modificado, “cultivo de precisión”, y necesitar tecnología de ensilado (no cualquier materia prima reúne esos requisitos)  pasa a ser un producto financiero: un “commodity” manejado por los Fondos de Inversión que no distinguen lugar ni calidad de los productos sino el interés financiero por fuera de su tangibilidad y utilidad.
4. Cero autonomía:
Importación de semillas, insumos, financiamiento (principalmente “de Brasil”), tecnología, etc.
La acidez de nuestros suelos se corregirá con calcáreos de las canteras de Brasil porque se acortan un 50% las distancias respecto a Córdoba o Bs As.
5. No impulsaremos modelos productivos que destruyan nuestra biodiversidad:
Coincidimos con todas las posiciones de Movimientos sociales, Personalidades y Funcionarios provinciales en la no conveniencia de impulsar modelos productivos que destruyen nuestra biodiversidad, llevan a la desaparición de las semillas nativas y criollas, contaminan y tienden al monocultivo, despoblando el campo y primarizando la economía.
6. El rumbo a transitar debería ser:
Seguir el camino de la producción Agro-Silvo Pastoril, como define el INTA, y Agroecológico como lo plantean infinidad de organizaciones y las leyes provinciales.
Profundizar las mejores experiencias en recuperación de semillas, tecnologías y sistemas organizativos de agregado de valor y comercialización con apoyo del Estado.
Buscar el autoabastecimiento de alimentos para nuestra población con agricultores y tecnología propia.
Artículo escrito por Oscar Mathot; Exdirector de Fortalecimiento Institucional de Agricultura Familiar; ex Vocal de la Comisión Nacional de Tierras; Referente fundador de Ferias Francas. miembro del FTV-Miles Nacional; integrante de la mesa de conducción del Frente Patria Misiones.

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Desde el partido Justicialista de Misiones dicen “No al Maíz Transgénico”

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Desde la conducción del Partido Justicialista de la provincia de Misiones emitieron un comunicado en contra del proyecto de sembrar 250 mil hectareas de maíz transgénico en las tierras de los pequeños productores. Advierten que esto atenta contra la “soberanía agroalimentaria” y serían insostenibles los costos para los “minifundistas”.
El comunicado:
El GOBIERNO NACIONAL de Mauricio Macri impulsa para nuestra Provincia desde Secretaria de Agricultura Familiar y Desarrollo Territorial de la Nación (SAFyDT) y el lobby agroexportador “MAIZAR” la incorporación de 250 mil Has de Maíz Transgénico. Esto atenta directamente contra nuestros colonos ya que profundiza la dependencia a las empresas productoras de semillas y a su paquete de agroquímicos.
La política agraria que CAMBIEMOS quiere imponer en nuestra Provincia amenaza de manera directa la soberanía agroalimentaria, la biodiversidad y el arraigo rural de nuestros colonos ya que el aumento de los costos de producción hacen insostenible una ruralidad minifundista, que es características del sector agrario en Misiones.
Esto vienen en consonancia con el desfinanciamiento y los despidos en los organismos públicos de extensión e investigación que apoyaban la producción minifundista y diversificada de alimentos, como el INTA, Agricultura Familiar y SENASA que hemos denunciado desde el Partido Justicialista.
Los lobby’s de empresas extranjeras propinadas por CAMBIEMOS, han tenido consecuencias nefastas en nuestro aparato productivo nacional, llevando el precio de los alimentos a niveles nunca vistos en nuestra historia.
Es por eso que adherimos al plan de lucha del Frente Productivo Misiones, porque defendemos la soberanía alimentaria de nuestra provincia como eje rector de Justicia Social, sostenemos una política de arraigo para el colono en la chacra y la preservación de la Biodiversidad como garantía de custodia de nuestros recursos naturales.

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Jerónimo Lagier, autor del plan para plantar 250.000 hectáreas de maíz transgénico en Misiones defiende su propuesta en Economis

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Jerónimo Lagier defiende con énfasis el diseño del plan para transformar a Misiones en una cuenca exportadora de maíz para abastecer la demanda de Santa Catarina, en Brasil. Dice no entender las críticas a la idea de sembrar 250 mil hectáreas con especies transgénicas, que “ya se usan en Misiones desde hace 30 años”.
El delegado de Agricultura Familiar de la Nación quedó en medio de un fuerte debate después de que saliera a la luz el acuerdo firmado en diciembre con la asociación Maizar para extender el cultivo en Misiones y Corrientes y abastecer el déficit de granos en el estado más rico de Brasil. El rechazo, argumenta, proviene de un “fundamentalismo” que no contempla la necesidad de los productores ni el enorme negocio potencial que puede transformar las chacras misioneras.
“El proyecto tiene como objetivo principal lograr que la provincia de Misiones tenga oferta de granos local para obtener balanceados a precio adecuado para producir proteína animal. La idea de asociarse a cooperativas brasileñas se basa en la necesidad de obtener transferencias de capital y tecnología para el desarrollo de los cultivos de maíz en Misiones. Hoy en Argentina el financiamiento para estas cuestiones está caro o es insuficiente”, argumenta.
“Primero, hay que producir para la demanda de Misiones. El excedente, exportarlo, pero acá debe haber valor agregado. La carnada que necesitan los brasileños es porque no tenemos infraestructura, no hay secaderos suficientes de maíz, no hay silos, aunque eso se puede abaratar con silobolsas. No hay extrusora de soja, estamos trayendo expeller de la Pampa húmeda para hacer alimentos balanceados acá. Traen varios. En Pozo Azul, el trabajo que hacen es admirable. Son brasileños de segunda generación y algunos de primera y saben bien cómo hacer las cosas y como vivir al lado. Cuando se disparó este debate, me llamaron varios para decirme: “Nos está yendo muy bien”, explica Lagier en un reportaje concedido a Economis, medio que desató la polémica al revelar los detalles del acuerdo.
De todos modos, Lagier asegura que el proyecto está en etapa de experimentación. “El otro cuello de botella es la Aduana. Metés cinco camiones más en Bernardo de Irigoyen y estamos en problemas. Por eso empezamos con reuniones fronterizas y de empresa a empresa, con mucho éxito. Los brasileños están interesados en venir a invertir acá para alimentar toda esa producción. Hoy si nos ponemos a plantar maíz, no hay infraestructura que lo pueda procesar. Por el porcentaje de humedad, los granos no son los ideales. Se necesita mucha inversión en silos e infraestructura. Para eso necesitamos a los brasileños, que tienen acceso a crédito barato, a tasas realmente bajas, que vengan a invertir. No pueden comprar tierras, porque Alto Paraná tiene copado todo, así que en ese sentido estamos cubiertos. Estamos buscando parcerías (sociedades) entre cooperativas o empresas.
¿Se puede pensar en plantar 250 mil hectáreas?
Para cubrir nuestras necesidades alimenticias, de grano y carne, son necesarias 125 mil hectáreas de maíz. Con un paquete tecnológico, sería sano llegar a 253 mil, para generar una producción con rotación, productores familiares para hacer hotelería, cerdos, pollos, balanceados y toda la cadena. Y el excedente mandarlo a Brasil. Si se queda acá, felices. Pero hay un límite en uso de suelo y hotelería (silos y depósitos).
Hoy no se sabe cuánto grano está entrando a la provincia. Pero además hay que pensar que en hotelería e infraestructura, se va a generar trabajo. Se podrá fijar el hijo del colono a la chacra, para que, culturalmente, se rompa ese paradigma de que nos volvemos chacareros cuando murió papá.
Misiones puede ser además un buffer sanitario. Santa Catarina no puede atender la demanda que tiene para alimentar sus animales. Trae maíz de Mato Grosso, y hasta importaron de Estados Unidos. Pero el problema es que Mato Grosso está exportando hacia el norte. El maíz de Paraguay ya no alcanza para abastecer la demanda de Santa Catarina, por el crecimiento de la cuenca lechera, ya que el maíz pasa de grano a silaje, porque lo usan para alimentar la carne y la leche. Les venimos como anillo al dedo, generamos riqueza acá, eso chorrea a los pueblos. Hoy Paraíso, que era un pueblo perdido, cuenta con su cooperativa, ya hay un mercadito, taller, un restorancito. Ese equipamiento que les dio el Estado, con silos, camión, etc, genera multiplicación. Y hay que replicarlo en todos los pueblos.

Santa Catarina hoy produce 2,8 millones de toneladas año y consume 6,7 millones. Tiene un déficit de producción del 58 por ciento, equivalente a 3,9 millones de toneladas año. El plan de Lagier implica disponer de 1 millón de toneladas de maíz producido en Misiones para vender a Santa Catarina, en base a un esquema asociativo. Eso representa el 25 por ciento de la demanda actual de maíz de Santa Catarina. A un rinde de ocho toneladas por hectárea, dejando 20 por ciento físico en Argentina, implica cultivar 156.250 hectáreas de maíz al año (y tener mecanizadas en producción de cultivos anuales, como mínimo, 235.000 hectáreas, por las rotaciones).
Actualmente se cultivan 22.600 hectáreas a un rinde promedio de 3,2 toneladas por hectárea, mientras que en Santa Catarina el rinde promedio es de 8,7 toneladas. El proyecto indica que los suelos misioneros, al igual que los catarinenses, deben ser corregidos en su acidez. Santa Catarina tiene canteras de calcáreo (a 650 kilómetros de la frontera). En Argentina, las más cercanas, en las provincias de Buenos Aires y Córdoba.

El proyecto apadrinado por Nación identifica como “amenazas” a la autoridad ambiental de Misiones que “podría poner trabas al desarrollo de áreas cultivables si considera a la capuera como bosque nativo en recuperación y traba el desmalezamiento de parte de los lotes de tierra ociosa”. También reconoce que “en Misiones hay una corriente política contraria a la utilización del glifosato”.
Como activos, enumera la generación de un nuevo ingreso anual en Misiones, sólo por producción, de aproximadamente 72,5 millones de dólares (márgenes brutos de 300 dólares por hectárea para maíz, 250 para soja y 120 para trigo), más la creación de mil puestos de trabajo e ingresos extra en “hotelería y transporte”.
 
¿Y qué se hace con los agroquímicos necesarios para custodiar semejante plantación?
La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) dice que los organismos genéticamente modificados, van a terminar combatiendo la pobreza en el mundo. Que los transgénicos van a sacar al mundo de la pobreza. No hay objeción. Los protocolos para meter una semilla modificada son muy celosos.
Es más, cuestionó hace poco que los esfuerzos estén enfocados únicamente en el maíz y no en arroz, papa o mandioca.
Los países que están a la cabeza de los mercados globales, son los que están usando transgénicos. Argentina, Brasil, Estados Unidos, Canadá, China, Australia. Argentina está cuarta en el mundo, con algunos años de cosechas malas y este año, dicen que será récord.
 
¿Y los agroquímicos?
Los agroquímicos, por lo que he leído… – “No soy especialista”, aclara- se usa proporcionalmente menos que en una plantación normal, porque salen más plantas en la misma superficie. Nuestro colono hoy saca 1.5 a 3 mil kilos por hectárea, con suerte. Pero en general el Roundup que usa, lo usa en 600 plantas y vos lo vas a usar en 8000.
Además el paquete tecnológico debe marcar el uso correcto. Por ejemplo: Te duele la cabeza y tomás una aspirina y te pasa. Tomás 200 y te da una hemorragia estomacal. Cómo lo usás y en qué cantidad, forma parte del paquete tecnológico. No es el uso o no uso, sino cómo lo usás.
 
Estamos de acuerdo en el que transgénico se impone, pero plantear una superficie tan grande, genera dudas…
Los transgénicos no son el futuro, son el presente. Y este debate tiene 30 años de atraso. Hace 30 años que se planta transgénico en Misiones. Misiones fue la primera provincia donde se plantó soja.
 
¿Y qué hacemos con el monte?
El monte no debe tocarse. Y no va a ser tocado, no hay excusa para tocar el monte. Con las hectáreas libres que hay y las capueras mal usadas. El pino, hay miles de hectáreas. Tenemos un suelo que vale 22 mil dólares la hectárea. Pero acá no vale nada el pino. Estamos perdiendo plata con el pino. Lo que estos fundamentalistas… que ese es el problema… Los fundamentalistas dicen que la capuera es monte en recuperación y en realidad, la capuera es que el tipo volteó el monte. La tierra bien usada, produce perfecto. En realidad, presionan el monte si no empezamos con transgénicos, porque la necesidad es la misma. Si producís 1.500 kilos en vez de 8000, vas a tener que usar más suelo para producir. El monte es más que necesario tener el buffer sanitario y biodiversidad, para proteger el maíz criollo.
 
¿Y qué hacer con la ley que prohíbe el uso de glifosato?
La prohibición del glifosato es solo para zonas urbanas, felizmente, porque hubieran matado la matriz productiva de la provincia. Se propuso sin pensar. La parte productiva te dice: tenemos que producir más y mejor, no menos. Pero hay como hacer las dos cosas en paralelo.
Tenemos a la Biofábrica y al Instituto Misionero de Biodiversidad, con equipos de lujo.
 
¿Quién aportará el paquete tecnológico?
Lo estamos evaluando con la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) y la Empresa de Pesquisa Agropecuária e Extensão Rural de Santa Catarina (Epagri), que depende de la Secretaria de Estado da Agricultura e da Pesca de Santa Catarina. Brasil es un monstruo grande desesperado por maíz. A futuro, me parece que nos deberíamos meter en el mismo canal que los brasileños. Canalizar cerdos y pollos al mercado internacional, con ellos. Ellos no tienen techo y nosotros no tenemos techo si plantamos maíz.
 
¿Pero quién aporta el paquete?
Lo que hablamos con CREA y Maizar, es que queremos que sea un paquete tecnológico más argentino. Pero que quede claro, porque se dice “Nación quiere plantar”. Nosotros no vamos a plantar ni una maceta, buscamos transferir conocimiento.
Las parcelas de prueba que tenemos con los productores son para hacer un manual para decirles lo que hay que hacer. Agricultura detecta la necesidad y plantea las soluciones y sale a buscar puertas.
Tenemos que determinar cómo será la rotación: si maíz, soja, trigo o maíz, maíz, trigo o maíz, soja, ¿cuál será la rotación ideal? Eso es lo que estamos buscando en el paquete tecnológico, eso incluye calidad de semilla, fertilización, fumigación, lo que tenés que tener para una buena producción. Aplicando esta tecnología, en el país envidian los rindes que se lograron en Misiones.  
Hay algunos fundamentalistas que consideran la capuera como monte en recuperación. Pero la verdad…
Ahora si me decís, ¿qué porcentaje que vas a dejar para el monte? O me vas a obligar a poner nativas, sí entra en el debate y se puede discutir. Pero ¿rechazar de plano una discusión en la que el mundo ya dio vuelta la página? Igual que con los suelos. En ningún lugar del planeta un productor con 25 hectáreas es pobre. Eso no existe, solo pasa acá. Y seguimos insistiendo con la yerba, que es buena, pero es la yerba del abuelo y nunca se hizo nada más.
Hay que buscar alternativa para producir y que la gurisada siga acá. En ese sentido no hay opción.

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Milho quente

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A veces, los debates se disparan del modo menos pensado. Un mensaje con una sugestiva propuesta: decirle no a las semillas transgénicas en la Capital Nacional de la Biodiversidad. ¿Cómo oponerse? Pero acto seguido, el interrogante. ¿Quién quiere plantar semillas transgénicas en Misiones? La respuesta estuvo ahí, pecado periodístico, desde diciembre del año pasado, en un simple comunicado de prensa. La Nación pactó con la corporación Maizar desarrollar sembradíos de maíz de alta productividad en Misiones y el norte de Corrientes, en una extensión, en la tierra colorada, de 250 mil hectáreas. Alta productividad es sinónimo de transgénico. Las 250 mil hectáreas son una enormidad, equivalente a casi el 10 por ciento de la geografía provincial y prácticamente toda la superficie productiva que queda libre.
El plan es convertir a Misiones en una cuenca granera para abastecer el déficit que tiene Santa Catarina, el estado más rico de Brasil, donde se produce cerdo y pollo de exportación a escala global. El negocio está a la vista: demanda creciente, costos logísticos bajos y dólares al alcance de la mano por la exportación.
Debe ser, de los últimos años, el modelo de transformación más intempestivamente planteado sobre la mesa. Para la Nación no hacen falta estudios de impacto ambiental ni demasiados permisos. Es un “negocio directo con los productores”, argumentan los defensores de la idea. En Misiones hace 30 años que se plantan transgénicos, reiteran. La corporación Maizar, que tiene entre sus socios plenos y consejeros a ejecutivos de Monsanto, pone las semillas, “paquete tecnológico” y el asesoramiento. ¿Qué puede estar mal? Es un modelo de negocios a medida.
Sin embargo, se puede hacer un simple ejercicio de preguntas.
Es cierto que en Misiones se planta transgénicos desde hace por lo menos tres décadas. Y que se usa glifosato, en el maíz, en las más de 420 mil hectáreas forestadas y, también en el tabaco, pese a que la industria del cigarrillo descartó el uso de esos pesticidas. Sin embargo, salvo en el caso del grupo chileno Arauco, las cantidades son mínimas, en proporción. Para “proteger”las 250.000 hectáreas de maíz harían falta no menos de 1,5 millones de litros de glifosato -la marca más extendida es Roundup-. ¿La capital nacional de la Biodiversidad soporta semejante cantidad de veneno en el aire, con el consiguiente riesgo para la salud humana, animal, de cursos de agua y degradación del suelo? ¿Está Misiones preparada para cambiar su matriz productiva asociada al verde monte para parecerse a las desoladas praderas del sur brasileño, donde el desierto verde es dominado por la soja y el maíz por cientos de kilómetros? ¿Puede Misiones sacrificar la postal de naturaleza viva a cambio de una lluvia de dólares? ¿Puede Misiones ser mera exportadora de materia prima para que otros engorden ganado? En otros términos, Misiones pondría la tierra y sus proteínas para alimentar las vacas (y la riqueza) del otro lado de la frontera, donde prácticamente ya no quedan tierras productivas.
El modelo de primarización de la economía es el que se está imponiendo en la Argentina, según reconocen los propios thinks thanks liberales, pero al menos debe haber el derecho al pataleo.
¿Que hace falta mejorar la productividad de las chacras para que haya una riqueza mayor? Por supuesto. Pero no son pocos los esfuerzos actuales para recuperar la chacra, que vivió su peor contracción durante los 90, cuando el colono abandonaba la tierra por el escaso valor de sus productos. La inmigración se frenó y en muchos pueblos, se revirtió.
Durante el año pasado, Misiones fue declarada capital nacional de la Biodiversidad y se aprobaron varias leyes vinculadas a la agricultura sustentable y la prohibición del glifosato en espacios urbanos y periurbanos. El plan de la Nación parece saltarse todas las contraindicaciones.
Los especialistas señalan que Misiones con la genética variada que posee, “no necesita trabajar con transgénicos”, aunque es cierto que otras zonas del planeta se han beneficiado con esas variedades, como la lucha contra el hambre en África. En cambio, la tierra colorada goza del privilegio de tener biodiversidad (todavía), y contar con condiciones climáticas beneficiosas.
Para un biólogo consultado para esta columna, la discusión no debe ser transgénicos sí o transgénicos no. “Es una discusión tendenciosa, poco objetiva y que trae como consecuencia la desinformación y distrae de las verdaderas preguntas. Las preguntas deben ser mucho más específicas y atender a las realidades de cada región ¿Es necesario utilizar organismos transgénicos? ¿Bajo qué condiciones se deben utilizar? ¿Qué genes están insertos? ¿Cuál es el objetivo de insertar esos genes? ¿Quiere Misiones responder al modelo agroexportador que plantea la Nación? Misiones posee una rica variabilidad genética que le permite afrontar los desafíos de soberanía alimentaria planteados a futuro, respetando el medio ambiente”, sentenció. Curiosamente, es un punto de coincidencia con Jerónimo Lagier, el diseñador del proyecto maíz: “No es el uso o no uso de los transgénicos, sino cómo lo usás”, dijo en un reportaje con Economis que se puede leer acá.
Pero en realidad es un debate que también se da en los países “avanzados”. Hace cuatro días la justicia francesa prohibió la venta y el uso en Francia del Roundup Pro 360, herbicida que contiene glifosato del grupo Monsanto/Bayer utilizado en el país galo en vitivinicultura. El fallo se produce en pleno debate en Francia y Europa sobre el potencial peligro del glifosato, principio activo del Roundup.
Se agregan otras preguntas. ¿Quién se quedará con los dólares extra de la exportación? Argentina es el cuarto exportador mundial, pero apenas cinco empresas concentran la mitad del negocio exportador. ¿Maizar hará los papeles de exportación? ¿Tributará en Misiones? ¿Dejará el maíz de ser considerado producción primaria? ¿Habrá aranceles de exportación o serán únicos ganadores? El proyecto plantea la generación de un nuevo ingreso anual en Misiones, sólo por producción, de aproximadamente 72,5 millones de dólares (márgenes brutos de 300 dólares por hectárea para maíz, 250 para soja y 120 para trigo), más la creación de mil puestos de trabajo e ingresos extra en “hotelería y transporte”.
Y la última… no es casualidad que las provincias que más están sufriendo los efectos de las inundaciones, sean las que tienen un modelo agrario basado en la soja, con inabarcables extensiones desmontadas para darle paso al “yuyo”. No es que llueve más. No hay monte que absorba el agua.
No debe tomarse este debate de manera apresurada. Y menos considerarlo un escarceo preelectoral entre los promotores de Cambiemos y el rechazo de la Renovación. De hecho, los primeros en salir a cuestionar el proyecto fueron dirigentes de organizaciones ambientalistas de diversas corrientes políticas, muchas de ellas enfrentadas al Gobierno provincial. Pero aunque no sea electoral -faltan un par de meses para el inicio de la campaña-, es, sin lugar a dudas, un debate político sobre modelos. Y ahí si hay un contraste.
La propuesta de la Nación busca aumentar la productividad y cazar dólares al alcance de la mano. ¿Propuesta equivocada? Misiones tiene un modelo de minifundios donde la productividad va de la mano con el cuidado ambiental. ¿Propuesta equivocada?
Para Cambiemos el glifosato es un mal menor -el ministro de Agricultura de María Eugenia Vidal, en Buenos Aires, Leonardo Sarquís, era CEO de Monsanto-. Y también es un mal menor granjearse la enemistad de unos cuantos “fundamentalistas” del ambiente. Lo mismo sucede en Iguazú, donde el Gobierno nacional insiste con el proyecto de “villas turísticas” en medio de la selva y el corazón de las Cataratas del Iguazú, pese al rechazo suscitado entre los habitantes de esa ciudad que incluso quieren recurrir a la Unesco para frenar el proyecto inmobiliario en la selva.
Para Misiones, la protección de los recursos naturales es una batalla que se da en los hechos y en lo simbólico. Es una de las provincias que tiene una demanda abierta contra la Nación por la potestad de los recursos naturales del Parque Nacional Iguazú, tiene leyes de protección del agua en ríos, vertientes y humedales. Tiene un Instituto de Biodiversidad y otro del Suelo. Tiene una ley del aprovechamiento energético de los recursos hídricos. Es pionera con un ministerio de Ecología, una de las “amenazas” del plan nacional, y creó un ministerio de Agricultura Familiar. Es el modelo que abrazó Misiones y que fue respaldado con los votos en los últimos quince años.
El presidente Mauricio Macri terminó sus vacaciones y se fue a Brasil, a seducir al todavía interrogante Jair Bolsonaro. La primera cumbre no dejó ningún documento sustancial, pero sí indicios del futuro del Mercosur, debilitado por la decisión de Brasil de buscar mercados en soledad. Macri aceptaría flexibilizar aranceles comunes y que Argentina también salga a negociar mano a mano con el mundo. Lo que a simple vista puede ser un “gran negocio”, tiene implicancias que van más allá de lo político.
El tamaño de la economía de Brasil es un mercado apetecible para cualquiera, para exportar o importar. ¿Podrán las empresas exportadoras competir en igualdad de condiciones con una escala menor, costos logísticos, impositivos y salariales distintos? La competitividad no será la misma. Salvo que se trate de la antesala de mayor flexibilización para bajar costos y que en la Argentina haya una mayor rebaja impositiva. Está por verse, pero sin dudas, se trata de la simiente de una radical transformación en la economía regional.
“Nos han elegido porque querían un cambio de verdad”, festejó Macri después de la foto con Bolsonaro. El Presidente argentino celebró la sociedad plasmada en la “interconexión de nuestras economías, que hace que cuando a uno le va bien lo ayuda al otro y necesitamos que a los dos nos vaya bien”.
En ese plano, la idea de producir maíz transgénico en Misiones para alimentar a los cerdos que exporta Santa Catarina, cobra otra relevancia.
De todos modos, Macri debe primero enfocarse en su reelección. Hoy ninguna encuesta se lo garantiza, aunque conserve su propio piso de votantes, en torno al 30 por ciento.
Los resultados económicos marcan el descontento de la sociedad y el drenaje de votos propios hacia una fuerza todavía no delineada de la oposición.
Los números marcan un retroceso en todas las variables. La meta fiscal es la única que se cumplió en 2018. La inflación fue la más alta en 27 años y en los últimos tres, durante la era Macri, se acumulan 158,4% de inflación, más que en los últimos cuatro años de Cristina. Para encontrar aumentos tan acelerados hay que retroceder a 1991, cuando la hiperinflación era un potro que recién fue domado con el plan de Convertibilidad. Siquiera en 2002, después del estallido de la crisis y la huida de la alianza de ese entonces, los números fueron tan malos: el primer año de Eduardo Duhalde terminó con una inflación del 40 por ciento.
Los fracasos de las metas y del programa económico quedaron evidenciadas en la inflación de 2018, ya que en paralelo, crecieron las tasas que están “matando” a las Pymes, el ajuste, el desempleo y la pobreza.
La paradoja es que las políticas del Gobierno son al mismo tiempo, inflacionarias, con la quita de subsidios y los aumentos de tarifas. No es casual que lo que más haya aumentado durante 2018 haya sido el rubro transporte, regulado por el Estado. El tarifazo por la quita de subsidios dinamitó el bolsillo de los usuarios y agregó más pólvora a la inflación. Lo mismo se repite con la energía eléctrica, el gas o el agua potable.
En el nordeste el transporte también es el rubro que más aumentó, aunque en Misiones se mantengan, con recursos propios, los subsidios para morigerar el impacto de las subas. El enojo de los usuarios tiene justificación.
La política de subsidios “inteligentes” que comenzó a usar Misiones marca un contraste que permite aliviar el bolsillo. En todo el país las panaderías se declararon en emergencia por la caída en las ventas y el aumento desproporcionado de tarifas y materia prima. Misiones, con el Ahora Pan puesto en práctica por el gobernador Hugo Passalacqua, fue una de las excepciones: se mantuvo el consumo y las panaderías tienen una tarifa eléctrica, en algunos casos, a la mitad.

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El debate por el maíz transgénico: piden que el proyecto respete la biodiversidad y conservación del suelo

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Luego que los representantes de Agricultura Familiar de Nación defendieran el proyecto de producir maíz transgénico en pequeñas chacras misioneras, la Federación de Asociaciones Rurales y Forestales de Misiones (FARM) salio a sentar postura.
Desde la organización criticaron los planteos de Jerónimo Lagier y Walter Kunz quienes afirmaron a través de un comunicado que “la propuesta de la Nación es incentivar el desarrollo de un modelo agronómico de alta productividad”. Piden un debate claro sobre los pro y contras de implementar plantaciones de maíz transgénico así como el impacto de este proyecto en el ordenamiento territorial y cuidado ambiental de la provincia.
El comunicado:
Posición de la F.A.R.M. en relación al proyecto de Agroindustria de nación – Maizar para Misiones.
El proyecto de implantación de 250.000 has de maíz propuesto por la Secretaría de Agricultura de la Nación, presenta carencias que lo tornan más una expresión de deseos que un proyecto de desarrollo productivo.
La discusión no debería centrarse en si el material a utilizar es o no modificado genéticamente. El avance de la biotecnología en general, y especialmente en el área de la agricultura es inevitable. Será sin dudas cada productor el que decidirá qué semilla usar en base a los asesoramientos recibidos y su posición frente al tema.
Para la provincia sería muy importante poder producir el maíz que requiere para la producción de proteína animal. Sólo para alimentar a la cuarta parte del rodeo bovino de Misiones, esto es a 100.000 animales, se requiere de 300 mil Toneladas de Maíz/año. Estamos hablando de una superficie de 60.000 hectáreas con maíces que deberían producir 5 Tn./Ha. promedio año. Esto sería ya de por sí un logro real e implicaría un avance muy importante para la producción de proteína vegetal aplicable a la transformación de proteína animal en Misiones.
Sin embargo vemos ciertas cuestiones no menores que si se deberían debatir ante un proyecto que se presenta con tanta grandilocuencia.
La Nación firma un acuerdo con MAIZAR, donde se proponen metas que, en primer lugar decididamente afectan una política de estado de la Provincia de Misiones en cuanto a la sostenibilidad de suelo y bosques nativos. El Estado Misionero decidió la protección de sus recursos naturales, y esta decisión, discutible o no, obedece a potestades originarias, no delegadas e irrenunciables de la Provincia. La Nación debe como mínimo acordar y dar participación a la provincia garantizando que el proyecto no afectará esta decisión soberana, ni las leyes que la sustentan.
Implementar este tipo de políticas de cultivos anuales en la escala declarada, también significa avanzar contra otras actividades como Forestación, Yerba, Te, Ganadería, etc. El recurso tierra es limitado y la realización de una u otra actividad, en la mayoría de los casos, es una elección por exclusión –
En este contexto, la superficie objetivo de 250.000 has es inalcanzable en el mediano plazo y constituye una expresión de deseos, ya que la superficie potencialmente apta y disponible para ese cultivo anual no llega ni remotamente a ese nivel . Como ejemplo de lo anterior nos remitimos a la superficie total bajo agricultura de Soja / Maíz de los años 70/80 que no superaba las 100.000 has, siendo que en aquella época no existían las limitaciones conservacionistas que hoy tenemos por la Ley de Ordenamiento Territorial o más conocida como “Ley de Bosques”.
Para mantener con sostenibilidad una actividad agrícola anual en estas latitudes se requiere de tecnología de conservación de suelos que implique la Siembra Directa (SD) y uso de Curvas de Nivel y rotación de cultivos, todo lo cual es de escasa utilización en la provincia y además requiere de capacitación previa en la tecnología.
El uso de SD trae inmediatamente el problema de falta de maquinaria de siembra adaptada a las condiciones de minifundio de la “población objetivo” planteada, aún cuando se piense en traerla desde Brasil, que si la dispone.
Los híbridos a utilizar deben necesariamente disponer de tecnología genética adaptada a las plagas (oruga cogollera, barrenador, militar, etc) y enfermedades (Tizón, bacteriosis vs) locales. Si bien existen materiales que se han aplicado con éxito en el NOA, en condiciones ambientales similares, requerirían de avales técnicos locales.
Lo anterior nos hace dependientes del monitoreo de plagas y enfermedades, ya que ello implicaría el uso masivo de insecticidas, fungicidas y herbicidas de última generación, maquinaria y tecnología de pulverización (hoy inexistente o, por lo menos escasa) y, lo que puede traer discusiones interminables, también la utilización de híbridos con biotecnología de “eventos apilados” para evitar el uso masivo de los insumos antes mencionados.
Hay una falta casi total de infraestructura de acopio y secanza en la zona, salvo situaciones puntuales, lo que implica costos de “flete falso” elevados por transporte de agua, o asumir pérdidas potenciales elevadas al dejar secar en planta el cultivo para mover grano seco al 13,5-14%.
El clima zonal (subtropical sin estación seca) y su variabilidad trae un factor de riesgo climático permanente que, aunque mensurable en términos de rendimientos de indiferencia (usar rendimientos bajos cercanos a ingresos similares al costo x ha de cultivo) hacen por lo menos discutible la factibilidad económica de esta producción y pone en serio riesgo la sostenibilidad del productor / empresario de basar su potencial en este cultivo y no en un portfolio de alternativas (Por Ej. Cultivo y ganadería).
Por estas razones, desde la FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES RURALES Y FORESTALES DE MISIONES, estimamos que los proyectos técnicos deben ser ajustados a las situaciones reales y bases concretas realizables. No estamos de acuerdo con declaraciones grandilocuentes que sólo generan falsas expectativas en productores y la sociedad toda. Justificarlos en que ese es el camino del crecimiento, generación de riqueza, arraigo rural etc, es caer en un lugar común para evadir la discusión de los aspectos técnicos que definen si un proyecto es o no viable. Todos quienes de algún modo trabajamos para el mejoramiento productivo buscamos los mismos objetivos: más producción, mayor rentabilidad al productor, arraigo rural etc. Pero no es dable soslayar el “cómo”.
Consideramos importante el impulsar cultivos de maíz de alto rendimiento, siempre que sea sostenible y viable en el tiempo que contemple todo este tipo de condicionantes técnicos y, por sobre todo, el cumplimiento de una decisión ambiental de la Provincia fundada en sus derechos autonómicos a respetar la biodiversidad y conservación de suelos generando en él actividades sostenibles y sustentables.
 
 
 
 
 

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