MARAS

Bukele for export

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El modelo se seguridad propuesto en El Salvador fue foco de críticas y también de respaldo. En el medio de esa polémica, las prácticas del “Rey Nayib” también son materia de exportación.

Bukele fue claro desde el principio: los pandilleros son sus enemigos. Su gestión se basó, contundentemente, en eliminar a rajatabla el accionar de los delincuentes callejeros. Con una serie de reformas, un discurso embravecido y “mano dura” para ejecutar sus misivas, El Salvador se transformó en un cliché o una obsesión de la política internacional. Su impacto, dentro y fuera de sus fronteras, con una puesta en escena hollywoodense, le valió a Bukele una fama axiomática.

Más allá de la frivolidad de los números, solo basta con salir a las calles y escuchar al común denominador de la gente el hecho de decir “hace falta un Bukele en Rosario”. Esas palabras, claramente responden a un efecto cuasi inmediato de consumo mediático, más que al análisis profundo de las causas y consecuencias. Sin embargo, es un termómetro político. En ese punto, también existe en el imaginario colectivo, el relato de que “Latinoamérica es peligrosa”.

Ese público poco sagaz podría desmayarse al conocer los barrios populares de Nueva York, Detroit y Filadelfia. Ante toda esta confusión que va configurando relatos, la figura de Bukele para el que no es salvadoreño es el de un dictador o un salvador. Un anticristo o un mesías. Esta dicotomía siempre fue efectiva en la política, según demuestra la sabia historia.

La certeza es que Bukele es una gran bestia pop. Es producto de la necesidad de generación de temor y seguridad. Es la espada de Damocles de los pandilleros, y con una tasa de efectividad digna de un centrodelantero del Real Madrid. Ese ideario, simbólico y práctico, se transformó en un bien de consumo, y hasta de pedido de ciudadanos.

El caso ejemplar es Honduras. Este país vecino de El Salvador comenzó a desplegar un mega operativo de seguridad llamado “Fe y esperanza” (curioso nombre, dicho sea de paso). En ese contexto, la misión es exterminar las redes de delincuencias que operan bajo el manto de las pandillas, en las calles y en las cárceles. Razias, redadas, represión, destrucción de armas y ordenamiento carcelario, se transformaron en moneda corriente durante esta semana. Xiomara Castro, la mandataria hondureña, se puso en modo Bukele con la publicación de una serie de videos con claros dotes cinematográficos de como trasladaban a los reos y como incautaban armas.

A todo esto, los mandatarios de El Salvador y Honduras son totalmente disímiles ideológicamente hablando, entonces… ¿por qué comparten esta visión? Es cierto que el avance de las pandillas son un verdadero flagelo social en Centroamérica, principalmente, y también es muy cierto que los narcotraficantes reconfiguraron las redes territoriales en los lugares de operación, formando narco – estados que funcionan como Estados paralelos y que, con total claridad, marcan tensiones con el poder central, aumentado la conflictividad social y el peligro para los sectores involucrados. Colombia es el ejemplo más claro, pero a ello se le suma Bolivia, Perú y Ecuador, formando todo un corredor de mega – producción de drogas con un mercado de exportación claro.

El hecho de combatir a los narco – delincuentes y las pandillas es un pedido histórico de estas poblaciones, desde las guerras de Colombia contra Pablo Escobar, hasta las maras actualmente. Sin embargo, el único que arribó a un escenario de dureza extrema fue Bukele. En paralelo, son otros países de Centroamérica los que buscan copiar su modelo de seguridad, en conjunto a los sectores más conservadores de América Latina, inclusive figuras claves de la política argentina reivindican esto. No es algo nuevo que piensen así, de hecho, siempre pensaron que esa sería la única solución, pero nadie quería pagar el costo político de esto. Una vez que Nayib Bukele puso primera, pareciera ser que marcó el camino para que, detrás de él, venga el resto de los políticos con afán de extremo control.

Esta tendencia lleva a una vieja falacia de la historia: no se pueden trasladar los modelos de un país a otro. Esto es algo tan viejo como la propia delincuencia. En palabras simples, lo que funciona en un país no necesariamente puede funcionar igual en otro, por una infinidad de cuestiones meramente complejas, como la identidad cultural, idiosincrasia, historia en común, territorio, y un sinfín de aristas más.

Asimismo, aún desconocemos el resultado de la guerra de Bukele contra las pandillas. Está claro que nadie desea que la violencia y la delincuencia prolifere, y que, por el contrario, impere la paz y la justicia social. Sin embargo, hay sobrados ejemplos que los regímenes de mayor opresión y represión generaron mayores embrollos violentos. A mayor control, mayor resistencia, casi como una fórmula de nuestra historia.

Además de ello, la delincuencia es un fenómeno tan complejo que con más palos y más gritos es difícil de solucionar. Pero el efecto Bukele no es de seguridad, es político. La exposición de estos hechos tienen un fin político y que, así como Colombia exporta café y Argentina exporta carne de primera, hoy El Salvador exporta el modelo, la figura y los paladines de la seguridad del “Rey Nayib”.

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Salvadoreños acompañan régimen de excepción de Bukele

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Edwin Segura, periodista de El Salvador, habló en exclusiva con Radio Open 101.7 acerca de la “mega cárcel” que el presidente Nayib Bukele abrió, en el marco de la lucha contra el crimen y la delincuencia, lo que encendió las alarmas de las organizaciones de derechos humanos.alrededor del mundo.

El periodista confirmó que las medidas son “bien vistas por la mayoría de las personas que están cansadas de los pandilleros. Es una medida que oculta muchas cosas, pero lo que el presidente nos deja ver es la cárcel más grande de Latinoamérica, y quizás, del mundo”.

A través de diferentes medios, se difundieron fotos y videos donde se puede ver el riguroso trato hacia los internos. Referido a esto, Segura comentó que no hay mucha novedad. “Tradicionalmente las cárceles en El Salvador han sido como en muchos países de Latinoamérica, unos infiernos insoportables donde es imposible la rehabilitación, donde no hay buena alimentación y donde hay un enorme hacinamiento. De hecho, esta cárcel fue construida para aliviar el hacinamiento que hay”.

Según el periodista, la calidad de los centros de internamiento en El Salvador ha mejorado mucho en los últimos años. “Se trata de un proyecto de renovación de cárceles que comenzó en el 2012”. 

Desde que comenzó el régimen de excepción, una medida restrictiva que impide reuniones y permite el arresto arbitrario por parte de la policía, el acceso a la información es escaso y hasta nulo. “Es difícil incluso para los abogados defensores visitar a sus clientes. Todas las personas capturadas han estado aisladas. En ese sentido, solo tenemos como fuente lo que el gobierno dice”.

En este sentido, organizaciones de derechos humanos han levantado la voz en contra de este régimen. Segura contó acerca de la situación, donde “se captura a las personas sin una orden, sin flagrancia. Las personas pueden pasar detenidas hasta 15 días sin ver a un abogado. No se cumplen los tiempos procesales. Luego, enfrentan a un juez que está bajo amenaza de destitución de parte de la Corte Suprema de Justicia, porque la Corte fue dominada por el oficialismo con un movimiento inconstitucional. Prácticamente todo el órgano judicial obedece. Hay muchas personas que han sido capturadas solo porque el policía quiso capturarlo. 

De hecho, el gobierno al principio dijo que es una guerra contra las pandillas, y habría daños colaterales y podría registrarse un 1% de errores. Recientemente admitió, que ya liberó 3.300 de 61.000 personas que según ellos no lograron ver que tuvieran algun delito. es mucho mas que el 1%. hay mucha gente reclamando que han sido capturados de manera injusta. 

Sin embargo, la mayor parte de la población está satisfecha tanto con el régimen de excepción como con el centro de confinamiento, porque sienten que la inseguridad ha bajado. Segura confirmó que en las encuestas de opinión pública, ha bajado tanto la victimización como el temor a andar en las calles.

El acceso a la información es otro de los derechos negados en El Salvador. El gobierno declaró “en reserva” a todas las cifras oficiales que genera la Policía Nacional Civil, el Instituto de Medicina Legal y la Fiscalía General de la República. En este sentido, Segura lamentó que, por ejemplo, no pueden saber si efectivamente el delito de desaparición de personas disminuyó, porque en la experiencia, cuando los gobiernos pactan con las pandillas, baja la cantidad de homicidios pero aumenta la cantidad de desaparecidos porque ocultan los cuerpos. 

Por otro lado, no pueden saber si disminuyó el delito de la extorsión, que es la forma en que sobreviven tradicionalmente las pandillas. En el caso de las violaciones sexuales, por ejemplo, Segura cuenta que sí tuvieron acceso a una información anualizada de la Policía Nacional Civil, pero no se logra conocer todo. “Tenemos algunas fuentes alternativas de información vía investigaciones de opinión pública”, señaló.

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