En el marco de los operativos estacionales de cosecha de yerba mate, inspectores del Ministerio de Trabajo y Empleo, en el marco de sus facultades, detectaron un nuevo caso de trabajo infantil en un yerbal de la localidad de Andresito.
El operativo se desarrolló con el auxilio de la Policía de Misiones y la Gendarmería Nacional. Se dio oportuna intervención al área social del municipio de Andresito para abordar y contener la situación del niño.
La ministra de Trabajo y Empleo, Silvana Giménez, se pronunció al respecto: “Vamos a continuar trabajando incansablemente para terminar con estas situaciones de injusticia que vulneran los derechos de nuestros niños y niñas. Hemos realizado las correspondientes denuncias ante la Justicia porque el trabajo infantil es UN DELITO que prevé una pena de 1 a 4 años de prisión y quienes lo cometan tienen que sufrir las consecuencias”.
Además la ministra Giménez señaló que “es un compromiso de nuestro Gobierno Provincial que la cosecha de Yerba Mate se realice en condiciones dignas y seguras como lo establece la ley”.
Lo llaman el “productor vanguardista”, pero él no se hace cargo del apelativo y afirma seguir las enseñanzas de Walter Reichert y Néstor Munaretto. Eduardo de Coulon es productor yerbatero y junto a sus hermanos lleva adelante la empresa De Coulon SA en Santo Pipó. Es miembro de la Cooperativa Pipore y del grupo CREA Tierra Colorada.
Seguramente Eduardo sonreirá y puede que reniegue del mote de “productor vanguardista”, pero así le dicen por dos cosas: fue el primero en usar las tijeras electrónicas para poda, e incorporó (inventó) el guinche y la carga a granel. Estudiando e implementando un nuevo proceso de trabajo, recibió en el año 2012 el reconocimiento a la Orden del Mate de parte del Ministerio del Agro.
La innovación está en su ADN y por eso también charlamos con Eduardo sobre el futuro de la yerba mate, cual es el desafío de la producción madre. Pero eso más adelante. Antes, nos cuenta sobre poda, tijeras y guinches…
En los ‘90
Es ingeniero agrónomo, nació y estudió en Buenos Aires. Vino a Misiones luego de egresar de la universidad. Llegó con su esposa en 1990. Es que en esta tierra tiene sus raíces. Sus abuelos, inmigrantes suizos, fueron parte de la fundación de la colonia en Santo Pipó a principios del siglo pasado. También fueron los que iniciaron la característica marca yerbatera Piporé.
Hace dos años el Instituto Nacional de la Yerba Mate inició el programa de tijeras automáticas. Desde hace un poco más se promueve el uso de guinche y carritos. Son mejoras del sistema de trabajo en los yerbales, mediante herramientas. Es que desde hace más de cien años el sistema de trabajo es el mismo, salvo por unas pocas industrias que usan máquinas cosechadoras, el resto de la producción tiene por sistema la “tarefa” manual, en la que los tareferos cargan en sus espaldas las “ponchadas” de yerba.
Con ese escenario se encontró en los 90 Eduardo de Coulon cuando se inició en la producción de yerba.
“Recién recibido a los 24 años me instalé con mi señora, comenzamos a trabajar en la chacra de mis padres y obviamente, no sabía nada. Tratamos de aprender y pensando en formas de mejorar la cosecha, mi suegro me ayudó a traer una tijera electrónica de Francia. Comenzamos a probar y fue un cambio importante. Eso me impulsó a realizar otros cambios en el proceso de trabajo. Hubo resistencias, algo que durante cien años se hacía igual, costó cambiar, pero fue interesante. Ahí, comencé con este sistema semi mecanizado de poda con tijera electrónica. Luego, viendo todos los problemas que traía cargar la ponchada, comenzamos con el sistema de guinche. Se me ocurrió viendo el sistema de poleas (a Eduardo le gusta la navegación). El primero era manual. Después hicimos un motorcito, luego otro más grande, y fuimos mecanizando la carga”. Siempre acompañado por un excelente equipo de personas.
Para poner en contexto: En 1992 comenzó a usar la tijera automática y tres años después, el sistema de guinches. Herramientas que recién hace un par de años comenzaron a recomendarse en las chacras misioneras.
“A una persona capacitada le das la tijera electrónica y puede cortar (podar bien) tres mil kilos por día, sin cansancio. Esto cambia, jerarquiza el trabajo y aumenta la producción futura del yerbal”.
Eduardo pondera una y otra vez al Instituto Nacional de la Yerba Mate y al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. “Son muy importantes. En nuestra chacra seguimos los consejos de manejo del yerbal del INTA, de ‘rama madura o corte Munaretto”.
“En cuanto a procesos de trabajo tuve el invalorable aporte del antropólogo Enrique Martinez de la UNAM. Esas personas son la base del conocimiento. Sobre lo que ellos me enseñaron, metimos las herramientas y los cambios en los procesos. Es muy importante la interrelación con el INYM y el INTA”.
De Coulon fue entonces el primero en incorporar esas dos herramientas: tijeras automáticas y guinche para la carga. “Esta es la octava generación de tijera electrónica que utilizamos. Cuando comenzamos las baterías pesaban más de 3 kilos, hoy 800 gramos, y cortan ramas más gruesas y tiene un sistema de seguridad inteligente. Son herramientas que ayudan al trabajo como un tractor, como una computadora. Para cosechar se necesita algo más que dos fierros afilados y una ponchada. Hoy nadie usa un hacha para cortar un árbol, usan motosierras”.
Un futuro sustentable
Entonces, vale preguntar por donde pasa el futuro de la producción madre de Misiones. Eduardo responde:
“Hay un trabajo muy valioso que muchos no lo tienen en cuenta. Es el Plan Estratégico de la Yerba Mate. Lo trabajamos entre todos los sectores y lo terminamos hace cinco años. Ahí están todas las respuestas, pero hay que usarlo”.
“La agricultura en general tiene que ir hacia una intensificación sostenible. Y eso tiene que poder certificarse”.
El productor describe el significado de cada concepto que encierran esas palabras: “Intensificación en cada una de las variables que inciden en la producción, pero en equilibrio”.
“Debemos seguir aprendiendo a mejorar la técnica de manejo de suelo, potenciar y cuidar su microflora y fauna, gestionar las cubiertas verdes y malezas con menos agroquímicos, gestionar su nivel nutricional, su retención de agua, etc. Respecto a la planta de yerba, debemos poder conocer más su fenología. Pensar siempre mejoras de manejo, su necesidad nutricional,
El trabajo debe estar asistido mecánicamente, con alta productividad y condiciones óptimas de trabajo”.
“Falta que la cosecha se integre con la industria. Porque a esa hoja de yerba, tenemos que pensarla en cómo la trabajamos en la chacra y en la industria para cuidar la calidad y mejorar la productividad de ese proceso”, sentencia.
“Lo sostenible: claramente son tres patas. La económica, la ambiental y la social. Hay que medir las procesos que hacemos, qué impacto tienen, qué productos usamos, y la sociedad en general nos lo pide y vamos a tener que certificarlo. En cinco diez años tenemos que estar certificados”.
“Problemas de sanidad y plagas vamos a tener siempre, hay que ver cómo lo tratamos en equilibrio con el ambiente con un manejo integrado. La plantación tiene que estar hecha en curvas de nivel, los suelos no pueden estar desnudos, deben tener cobertura vegetal, buen nivel de nutrición. En el futuro habrá más productos de control biológico y parte de las plagas que tenemos se pueden combatir con ese sistema. Otra cuestión, es el trabajo: Las personas deben estar bien, tener alta productividad, sentir orgullo por lo que hacen en el yerbal”.
¿El mercado de la yerba puede seguir creciendo fuera de la Argentina?
-“Que se exporten 40 millones de kilos, no es poco y espero que siga creciendo. El mate es un bebida que se hace con un árbol de la selva tropical al lado de las Cataratas del Iguazú y eso gusta. El pedido de productos certificados sustentables en el mundo es cada vez mayor, pero acá también irá creciendo y no estamos avanzando como sector todavía.
“En algún momento el consumidor a través de leyes, cadenas comerciales o no se de qué forma va a exigir certificación de sustentabilidad y tenemos que estar preparados. De lo contrario se nos van a imponer cosas que no estamos de acuerdo y las decisiones son difíciles de revertir”.
Se mantienen los indicadores positivos que se manifiestan desde el inicio del año, tanto para el consumo de yerba mate elaborada como para la producción de materia prima.
Los datos estadísticos al cierre del mes de julio reflejan que la actividad yerbatera sostiene los indicadores positivos que se manifiestan desde el inicio del año, tanto para el consumo de yerba mate elaborada como para la producción de materia prima.
En se sentido, el Informe del Sector Yerbatero elaborado por el INYM indica que durante el mes de julio del corriente el sector yerbatero envió a las cadenas de distribución 23, 64 millones de kilos de yerba mate elaborada, totalizando un consumo interno de 158, 85 millones de kilos para los primeros siete meses del año. De esta manera, se evidencia un crecimiento interanual de 6,3 millones de kilos entre enero – julio de 2019 respecto al mismo periodo del año pasado.
En cuanto a las exportaciones, los datos estadísticos también son positivos. De acuerdo a las declaraciones juradas de los operadores del sector yerbatero presentadas ante el INYM, durante el mes de julio los embarques de Yerba Mate Argentina hacia diversos mercados sumaron 4,23 millones de kilos, con lo cual el acumulado para los siete primeros meses del año alcanzó los 22, 19 millones de kilos.
En este capítulo el dato relevante es que entre junio y julio los despachos crecieron prácticamente en un millón de kilos. Si bien aún quedan cinco meses para el cierre del año, los números generan optimismo respecto a que las exportaciones se ubiquen muy cerca del máximo histórico del año pasado.
En el capítulo materia prima, la información generada a partir de las declaraciones juradas de los operadores indica que al finalizar julio el ingreso de hoja verde a los secaderos era superior al del año pasado. Entre enero y julio del año en curso se procesaron 639,63 millones de kilos de hoja verde; es decir, 6, 29 millones de kilos más que en el 2.018.
Infocampo.El mate es la infusión preferida por todos los argentinos, muy por encima del té y compitiendo mano a mano con el café. Según el Instituto Nacional de Yerba Mate (INYM), se consumen en promedio 100 litros anuales per cápita.
Dado que millones de habitantes la consumen todos los días, se generan residuos que podrían ser reutilizados. Al igual que muchos alimentos, la yerba sirve como “ingrediente” para el compost,un abono natural rico en nutrientes, 100% orgánico con grandes beneficios para las plantas.
Particularmente, la yerba mate resulta un buen alimento para las lombrices (en caso de tener un lombricompostaje) además de que con sus vitaminas y mineralesenriquece la tierra.
La clave es separar la yerba, dejarla secar al sol ya que si está muy húmeda puede aportar exceso de agua al compost, lo cuál es perjudicial para el proceso.
Un caso llamativo, es el de Uruguay, el país latinoamericano que lidera el consumo de yerba mate. Aseguran que el 85% de los habitantes toma mate por lo menos una vez a la semana y consumen anualmente 10 kilos por persona.
En este marco, de acuerdo a una investigación realizada por el LATU, el peso de la yerba, al humedecerse, se triplica, por lo que se calcula que sólo en Montevideo se desechan 125 toneladas de yerba usada.
Entonces, ¿no es conveniente reutilizarla? de esta forma se genera un impacto positivo en el ambiente obteniendo tierra de excelente calidad para producir alimentos saludables.
Cabe destacar que arrojar la yerba después de terminar la ronda de mates a la tierra, no es beneficioso para las plantas. Primero se debe colocar en un recipiente, dejarla reposar hasta que se seque, y luego volcarlo sobre el compost.
Una vez finalizado el proceso, se obtendrá la tierra lista para colocar en macetas, huertas, jardín o cualquier espacio verde.
“La yerba no es abono, no puede ser abono porque es una materia orgánica que aún no entró en descomposición. Recién cuando termina ese proceso y se convierte de nuevo en lo que se llama compost, recién ahí es utilizable para la planta” concluyó Irma Brítez, Ingeniera Forestal.
¿Qué hacemos con la yerba mate? El 2018 cerró con un récord de exportaciones y un consumo por el techo en el mercado interno. El último laudo de la Nación fue superior a la inflación acumulada en el año. Pero el productor sigue penando miserias y el sector industrial está a un peso o dos de diferencia de no poder cerrar un balance, con deudas acumuladas por 3.627 millones, 50 por ciento más que en 2017, como consecuencia de las tasas por las nubes para contener la inflación. Parece eterna la pelea por el precio, pero este último acuerdo tuvo la particularidad de tener a los dos extremos de la cadena acosados por la suba de precios, que dispara los costos de producción y al mismo tiempo le pone techo al consumo con precios que pesan en bolsillos cada día más deprimidos. ¿Cómo salir de la coyuntura? ¿Cómo recuperar el esplendor del bautizado oro verde? Las respuestas son múltiples y este artículo de Economis no pretende darlas todas, sino generar nuevas preguntas y nuevos debates en un sector que tiene dos o tres elementos externos de riesgo: la yerba es hoy un incipiente commodity cuya producción se expande en Paraguay, Brasil y… en Kenia (a modo de prueba). Como toda commodity, compite por precio en un mercado global. Como punto de partida, el vicegobernador Oscar Herrera Ahuad -candidato a gobernador por la Renovación- sugiere, en tiempos de alta volatilidad financiera, establecer un mecanismo de actualización permanente de costos y precio, para eludir discusiones perennes sobre el valor de la materia primera y evitar que se paralice la actividad. Sería un mecanismo similar al índice de la construcción, que permite, mediante los valores de insumos, determinar un promedio que rige para toda la actividad. Despejado ese debate, se podrán sentar las bases para fortalecer al sector. “No puede ser que vos tengas un precio anual fijo con una volatilidad cambiaria e inflacionaria del 50 por ciento. Obvio que eso se ajusta solo en las áreas superiores y las intermedias quedan relegadas, porque todas sus variables se ajustan a la base de precio”, argumenta Herrera Ahuad. Un directivo de una de las principales firmas yerbateras tiene una idea revolucionaria en el contexto actual: fijar el precio en planta y dejar el resto de la cadena al libre mercado. ¿Por qué? “Porque el precio de la materia prima se fija teniendo en cuenta una producción de 2.496 kilos por hectárea y la mayoría hoy produce seis mil por hectárea. Un promedio ideal sería 4.875 kilos por hectárea. Menos que eso es ineficiente y a ese productor hay que asistirlo para que mejore su productividad, no subsidiarlo”, explica. Lo mismo sucede con los secaderos: el precio se fija tomando en cuenta una productividad de dos mil kilos por hora, cuando la mayoría está consiguiendo diez mil kilos/hora. Y eso eleva los costos, encareciendo el producto. En el sector industrial consideran que sin una reforma impositiva de fondo, la situación seguirá siendo endeble en todo el sector, ya que hay mucha informalidad laboral -en la escala más baja se calcula que hay 4.500 tareferos en negro- e impositiva, en la más alta, ya que un productor con buenos rindes, queda atrapado rápidamente en el impuesto a las Ganancias y termina ganando menos que el que está más abajo en la escala. “No hay una solución sola. Hay que empezar a hacer cambios estructurales”. El ministro del Agro, José Luis Garay está convencido de que el primer paso es transparentar toda la cadena. El Centro de Transacción Electrónico -como ocurre con el trigo o la soja- permitirá seguir las operaciones online y ahí termina el 90 por ciento de los problemas, sostiene Garay. También advierte que los representantes de cada sector sentados en el Instituto Nacional de la Yerba Mate, deben ser “genuinos”, es decir, elegidos por el voto directo para que voten en defensa de sus intereses, al mismo tiempo que se debe quitar la unanimidad en la definición del precio dentro del organismo. “Que sea por dos tercios o tres cuartos en un directorio de doce”, indica. “Con estas medidas se transparenta el mercado y se termina con la marginalidad, que perjudica al resto”, insiste. Para Garay, la transparencia en el sector y culminar el registro de productores, son pilares fundamentales para pensar en la yerba del futuro. El mapa de la yerba indica que hay 166.737 hectáreas, pero puede haber más no incorporadas. El presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate, Alberto Re, deja varias definiciones. La primera, contundente, es que “la yerba no nos salva”. Lo que quiere decir es que no se puede pensar a la yerba como si fuera la cosecha que esperanza al Gobierno nacional con la lluvia de dólares, sino como la parte de una chacra que debe producir otras cosas. “Cuando digo que no podemos vivir solo de la yerba, digo que tenemos que analizar el tema yerbatero en un contexto de desarrollo industrial también de las otras actividades agrícolas y forestales”, insiste. Re lamenta que parezca que el sector yerbatero siempre esté intentando apagar incendios, en lugar de proyectarse a futuro. Pero trae algunos elementos a la mesa. Hay un plan maestro, desarrollado en 2013, con una visión de largo plazo, con algunos puntos que se están cumpliendo y otros todavía en proceso. Sin embargo, pocos recuerdan ese trabajo. Entre las misiones de ese documento, aparecen ser proveedores confiables y trabajar por condiciones sociales que hagan al desarrollo del productor. Re reconoce que “falta una mirada integral para alcanzar metas comunes”. “Vivir (sólo) de la yerba, no es posible. No somos el ombligo del mundo. Y al mismo tiempo, hay que defender una producción que le genera a Misiones, a precios actuales, ingresos por cerca de ocho mil millones de pesos. El tabaco es un tercio de eso”, argumenta. El presidente del INYM admite que la ley sancionada en 2002 puede revisarse, pero “La idea del oro verde no es del todo buena. No es petróleo. Ya no estamos solos en el mundo. Hace unos años, en un Congreso de Brasil sobre la yerba mate se planteó que hoy es una commodity y que se globalizó. Varios países plantan y compiten por precios. En Chile, la yerba de Brasil entra más barata que la nuestra y es una competencia agresiva. Es decir, el mercado también fija el precio”. Por eso, insiste en que es necesario posicionar a la producción yerbatera como una alimenticia, con los mejores estándares de calidad. Pero, advierte, “eso no necesariamente paga más”. “Para el futuro, es necesario que el colono tenga mayor productividad y defienda el precio asociado en cooperativas”, proyecta. Y alienta. “Es necesario incorporar tecnología y crear nuevos productos a base de la yerba mate. Hay mercados potenciales en bebidas, energizantes, cosmética y hasta en la salud”, explica. “Pero hay que animarse a experimentar e invertir”, pide. “La publicidad tácita de tener a Messi, Dybala, Ronaldo, Antoine Griezmann, el Papa, Obama o Xi Jinping es invalorable y hay que saber aprovecharlo. Pero entre todos”, sentencia.
No es el único que plantea la necesidad de una concertación. Juan José Szychoski sostiene que la clave del futuro pasa por dejar de lado las ambiciones sectoriales. “De otro modo, las crisis va a ser cada vez peor. Con la modificación del código alimentario, estamos yendo a un producto de mejor calidad, que aumenta lentamente el consumo local e internacional. Pero trabajando juntos podemos encontrar un mercado mayor en el que el único límite es el mundo. Pero lamentablemente caemos en la pelea del día a día”, reflexiona. Para Szychoski, el pedido de 13,50 pesos para la hoja verde era irracional “para el momento”, pero quizás en un par de meses, si la inflación sigue desbocada, puede ser justo. Pero no quiere decir que el productor no deba recibir un mejor precio, aclara, sino que al plantear precios sin justificaciones técnicas, lo que hace es dispararse hacia arriba los valores en la cadena productiva. “Cuando se comenzó a hablar de ese precio, los supermercados aumentaron para cubrirse y los molinos aumentaron su stock a precio más bajo. ¿Quién pierde?”, argumentó. Según sus datos, la yerba aumentó en góndola a 120 pesos el kilo porque los supermercados se cubrieron de los 13,50 pesos eventuales, es decir, por expectativas que no se cumplieron, pero que perjudican al consumidor y, en última instancia, al mismo productor si caen las ventas. “Debemos ponernos de acuerdo en cosas básicas, no más trabajo en negro, mejorar calidad, nos faltan controles, muchos y buenos. Con eso, tenemos las dos puntas de la cadena solucionadas”, indica. El candidato a gobernador del Frente Popular, Agrario y Social, Isaac Lenguaza, discrepa con el precio laudado y asegura que los 13,50 pesos eran razonables. “Dos pesos menos es una barbaridad que mata al sector”, cuestiona. El abogado coincide en que hay que eliminar la unanimidad para fijar el precio en el INYM y sostiene que es necesario un estudio de costos más objetivo, con intervención del Estado provincial. “Después se respetar y controlar. Por eso insistimos en rápida puesta en funcionamiento del Mercado Concentrador para asegurar el precio fijado y si es necesario, que suba el precio en góndola”, sentencia. El delegado de Agricultura Familiar de la Nación, Jerónimo Lagier, también quiere que el INYM fije el precio de salida de molino porque “la competencia entre marcas por el mercado hace que el precio a salida de molino sea mas bajo. Esto origina el “planchar” el precio”. Considera que si no hay cartelización, toda la cadena puede mejorar su situación.
“El precio actual es razonable, implica un 67 por ciento de incremento interanual. Pero es probable que a fin de mayo los secaderos y molinos estén pagando incluso por encima de ese precio, porque hay poca yerba en stock (canchada), entonces van a salir a pagar por encima del valor oficial”, dijo Lagier, miembro de la Asociacion Rural de la Yerba Argentina (ARYA).
Desde la chacra, Cristian Klingbeil, es la nueva camada de la histórica Apam (Asociación de Productores Agrícolas de Misiones) plantea otra revolución para pensar en la yerba de las futuras generaciones. “Hay que eliminar los agroquímicos e ir hacia una producción orgánica, como está haciendo el té, que consigue insertarse en mercados más exclusivos y caros. También plantea que hay que asistir a los pequeños productores, pero con mejor genética y conocimiento para que se puedan equiparar a los más grandes. “No es lo mismo el tratamiento de un secadero al productor de menos de cinco hectáreas que al resto”, explica. “Hay que buscar darle valor agregado a la yerba tradicional. Hay que buscar nuevos mercados y productos y que la política escuche más a los productores que conocemos lo que pasa en la chacra. El productor tiene miedo a la diversificación porque ya está quemado con planes que no llegan a nada. Quienes tienen yerbales de baja productividad, apenas sobreviven con bajos precios. Por eso debemos ir hacia una producción de mayor densidad, orgánica, que genera mayor valor agregado y se puede cobrar más, al mismo tiempo que protege el ambiente. que todos debemos cuidar”, culmina.