Detrás de ese pequeño símbolo hay una historia mucho más grande. Una historia que habla de identidad, de costumbre y de lo que sucede cuando miles de personas se unen detrás de una misma pasión.
Hace más de una década, Establecimiento Santa Ana, creadora de CBSé y MATEANDO, impulsó una iniciativa que parecía tan ambiciosa como necesaria: lograr que el mate, una de las costumbres más representativas de la cultura argentina, tuviera su lugar entre los emojis oficiales aprobados por Unicode. La propuesta movilizó a la comunidad matera, reunió miles de adhesiones y convirtió un deseo compartido en una causa colectiva.
La marca impulsó la campaña masiva #UnEmojiParaElMate, una iniciativa que durante años llevó adelante distintas acciones para convocar a miles de personas a sumarse al pedido y visibilizar la importancia cultural de esta tradición. Gracias a ese trabajo colectivo, en 2019 el objetivo se hizo realidad: el emoji del mate fue incorporado oficialmente a los teclados de dispositivos y plataformas digitales de todo el mundo, convirtiéndose en un reconocimiento global para una costumbre que forma parte de la vida cotidiana de millones de personas.
“El emoji del mate es mucho más que un ícono digital. Representa la fuerza de una comunidad que se unió para llevar una parte de nuestra identidad al mundo. Demostró que cuando los argentinos compartimos una pasión y trabajamos por un objetivo común, podemos lograr cosas que trascienden fronteras y generaciones”, señala Carolina Valeria, Gerenta de Marketing y Comunicaciones de CBSé.
Más que una bebida, el mate representa encuentros, compañía, conversación y pertenencia. Está presente en los momentos cotidianos, en las reuniones familiares, entre amigos, en el trabajo, en la universidad y también en cada argentino que lleva esta costumbre a cualquier rincón del planeta. Por eso, su llegada al universo digital significó mucho más que una incorporación tecnológica: fue la validación internacional de una tradición profundamente arraigada en nuestra cultura.
Hoy, en un contexto en el que los argentinos vuelven a encontrar motivos para unirse detrás de desafíos y sueños compartidos, el emoji del mate recuerda que existen símbolos capaces de representarnos a todos. Símbolos que hablan de quiénes somos y de aquello que nos conecta más allá de cualquier diferencia.
Ese mismo espíritu es el que impulsa actualmente la campaña de CBSé “Hagamos ruido de mate por el sabor que nos reúne en el mundo”, una iniciativa que busca que el Día Nacional del Mate, celebrado cada 30 de noviembre, alcance reconocimiento internacional y se convierta en el Día Mundial del Mate.
“Si logramos que el mate llegara a los teclados de millones de personas alrededor del mundo, también podemos seguir construyendo nuevos hitos para nuestra cultura. El emoji es la prueba de que cuando la comunidad matera se une detrás de una causa, el mate puede conquistar nuevos espacios y seguir llevando nuestra identidad cada vez más lejos”, agrega Valeria.
A cinco años de su incorporación al universo digital, el emoji del mate continúa siendo uno de los mayores logros culturales impulsados por la comunidad matera. Un símbolo que trasciende pantallas y dispositivos para recordarnos que algunas tradiciones son tan fuertes que encuentran nuevas formas de seguir creciendo.
Porque el mate no solo se comparte en una ronda. También se comparte en mensajes, conversaciones y pantallas de todo el mundo. Y cada vez que alguien envía , hay una parte de la cultura argentina que sigue viajando más allá de las fronteras.
El mate volvió a convertirse en un protagonista silencioso de la Selección Argentina. Mientras el equipo de Lionel Scaloni afronta un nuevo desafío mundialista en Estados Unidos, una cifra revelada desde la intimidad del plantel volvió a poner en escena una de las costumbres más arraigadas del fútbol argentino: la delegación viajó con más de 500 kilos de yerba Baldo para garantizar el abastecimiento durante toda la competencia.
La información fue confirmada por Marito, histórico utilero de la Selección, quien explicó que el cargamento acompañará al equipo durante la concentración en Kansas City y en el resto de las sedes donde dispute el Mundial. Más allá del dato logístico, la cifra refleja el peso que el mate tiene en la vida cotidiana del grupo que conquistó el título mundial y consolidó una identidad colectiva también fuera de la cancha.
Según detalló el utilero, el 98% de los futbolistas consume la misma yerba, una elección que atraviesa generaciones y que se convirtió en parte del paisaje habitual de cada entrenamiento, viaje, concentración o momento de descanso.
Entre quienes sostienen este ritual aparecen varios de los principales referentes del plantel, como Lionel Messi, Emiliano “Dibu” Martínez, Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Julián Álvarez, Alexis Mac Allister y Enzo Fernández. Para ellos, el mate dejó de ser únicamente una infusión para transformarse en un espacio de encuentro, conversación y pertenencia dentro del grupo.
La presencia de Baldo como sponsor matero oficial del seleccionado profundizó un vínculo que, según explican desde la empresa, nació mucho antes de cualquier acuerdo comercial. “Siempre supimos que Baldo venía creciendo mucho en el consumo dentro del fútbol profesional y también sabíamos que la mayoría de los jugadores de la Selección Argentina la elegía”, sostuvo Rodrigo Durán, director y jefe de prensa de la marca.
El ejecutivo destacó además el valor simbólico que tuvo observar los preparativos previos al viaje. “Ver los maletines de todos ellos, especialmente el del 10, y que Marito lo abriera con Baldo lista para viajar al Mundial fue un orgullo difícil de explicar”, expresó.
La campaña desarrollada por la empresa para acompañar la Copa Mundial de la FIFA 2026 buscó precisamente mostrar esa relación cotidiana entre los futbolistas y el mate. A través de un contenido audiovisual difundido en YouTube, la marca plantea que el verdadero “secreto” de los campeones no radica solamente en la yerba que consumen, sino en la disciplina, el trabajo colectivo y la construcción diaria de objetivos compartidos.
Más allá del costado deportivo, la presencia de una marca de yerba mate en el centro de la escena mundial representa una vidriera de enorme valor para una de las principales economías regionales del país, cuya producción se concentra en Misiones y el norte de Corrientes.
La creciente visibilidad internacional del mate, impulsada por figuras como Lionel Messi y el resto del plantel argentino, viene consolidando una tendencia de expansión del consumo en distintos mercados del mundo. En ese contexto, cada imagen de los campeones compartiendo un mate funciona también como una herramienta de posicionamiento para toda la cadena yerbatera argentina.
Baldo, cuya propuesta comercial se basa en una molienda fina, despalada y con alta proporción de hoja, busca capitalizar ese fenómeno asociando su producto con una experiencia tradicional y auténtica del consumo de mate.
Mientras la Selección inicia un nuevo sueño mundialista, el mate vuelve a ocupar un lugar reservado dentro del vestuario. Esta vez, con más de media tonelada de yerba cruzando el continente para acompañar a un grupo que hizo de esa ronda cotidiana una parte inseparable de su identidad.
Lo que comenzó como un simple vínculo entre dos estudiantes, hoy es una empresa consolidada. Mateo Comba y Luciano Albertengo son dos amigos que se conocieron cursando en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, en Zavalla.
A partir de la amistad lograron transformar su pasión compartida en “Che Mate”. Ahora se convirtió en un negocio que ya superó los ocho años de historia.
La iniciativa comenzó en el living de una casa. Entre apuntes y materias compartidas, empezaron a comprar y vender pequeñas cantidades de mates. Con el tiempo, el proyecto superó sus expectativas estudiantiles: sumaron bombillas, termos y lograron abrir su propio local.
“El proyecto arrancó mientras estábamos cursando en la facultad. Ahí nos conocimos y, con la amistad y varias materias estudiadas juntos, surgió el emprendimiento. Empezamos a vender mates y al principio fue una pequeña cantidad donde comprábamos y vendíamos. Después se sumó la bombilla y después el termo”, explicó Albertengo.
En la actualidad, su producto estrella es el mate “Imperial” de calabaza, y se involucraron en un proyecto de mejoramiento genético junto a la facultad para perfeccionar el grosor y la calidad de las calabazas.
“Justo se dio una seca y una faltante de calabazas y nos repercutió porque había faltante de stock. Teníamos un stock propio, pero no alcanzaba. Se dio que Mateo estaba rindiendo la materia mejoramiento de genética y con la buena onda de los profesores y la cátedra se pudo involucrar en el proyecto”, contó Luciano sobre la idea de tener la propia semilla.
Por su parte, Comba comenzó a desarrollar un proyecto productivo personal en la región de Cuyo. Desempeñándose como ingeniero agrónomo en una finca familiar en San Juan, Mateo cultiva uvas destinadas tanto al consumo de mesa como a la producción de pasas, adaptándose a los complejos vaivenes de precios del mercado.
Además de la vid, Mateo apostó fuertemente por el cultivo de pistachos, conocido como el “oro verde”. Esta producción exclusiva de su faceta como agrónomo le demandó una enorme inversión de paciencia, ya que las plantas tardan entre cinco y seis años en dar sus primeros frutos.
Los amigos cuentan con un local exclusivo en la ciudad de Rosario y la capacidad de entregar miles de mates a nivel corporativo. Luciano y Mateo mantienen la amistad y el profesionalismo para investigar y desarrollar su propia variedad de semilla.
El piloto argentino de Fórmula 1, Franco Colapinto (Alpine), se mostró frustrado luego de quedar 15° en la clasificación del Gran Premio de Japóny expresó su deseo de que “el ritmo de carrera sea mejor”.
“En la Q2 faltó mucho, así que hay que entender por qué y laburar para mañana”, reconoció el argentino.
Con respecto a lo que se viene en la carrera, dijo: “Ojalá el ritmo de carrera sea mejor, en la semana y en la qualy no estuvimos muy bien”, y detalló que “ayer nos costó por un tema que teníamos adelante y hoy mejoró eso, pero sigo estando lejos”.
Por otra parte, se lamentó porque “se probó muy poco el ritmo de carrera. Ayer tuve bastantes problemas en la FP1 que me costaron mucho tiempo”.
“En general creo que el ritmo de carrera es mejor que en qualy, así que intentaremos tener una buena carrera e ir para adelante”, concluyó el joven piloto de Alpine, que viene de tener una grandísima actuación para sumar un punto en el GP de China.
La carrera del Gran Premio de Japón, donde Colapinto comenzará desde la decimoquinta posición, será este domingo a las 2 de la madrugada (hora de Argentina).
La Asociación del Fútbol Argentino oficializó un nuevo acuerdo comercial con Baldo, que desde ahora será la Yerba Mate de la Selección Nacional. El movimiento, presentado como un patrocinio estratégico, excede la lógica habitual de un sponsor: la AFA incorpora a su ecosistema de marcas a una empresa que desembarcó formalmente en Argentina en abril de 2024 y que busca consolidarse sobre una premisa ambiciosa, instalar en el mercado local un estándar de consumo asociado a la yerba de origen brasileño. En un escenario donde la Selección se transformó en una plataforma de legitimación comercial de alto impacto, la decisión no solo amplía ingresos y socios; también muestra hasta qué punto el universo simbólico del vestuario, los hábitos de los jugadores y la cultura del mate entraron de lleno en la arquitectura de negocios del fútbol argentino.
La decisión de la Asociación del Fútbol Argentino de incorporar a Baldo, una yerba de origen brasileño, como sponsor oficial de la Selección abre una discusión que va bastante más allá del marketing deportivo. En un país donde el mate funciona como símbolo cultural, consumo masivo e identidad cotidiana, que la principal vidriera del fútbol argentino haya sellado una alianza sin incluir a ninguna marca ni a ningún actor de la cadena productiva de Misiones y Corrientes introduce una señal incómoda para el sector. No se trata solo de un contrato comercial: el acuerdo expone una ausencia. Y esa ausencia golpea en una economía regional que históricamente sostuvo el corazón productivo de la yerba mate argentina.
El dato tiene espesor político y económico. Mientras la AFA capitaliza el hábito matero de los futbolistas como activo de marca, la industria yerbatera local queda corrida de una escena de altísima visibilidad simbólica. La pregunta ya no pasa únicamente por quién patrocina a la Selección, sino por qué una cadena productiva asentada en territorio argentino, con peso social, industrial y cultural en el NEA, no logró ocupar ese lugar. En esa tensión se cruzan negocios, representación federal y una disputa más silenciosa: quién logra apropiarse del relato del mate en el mayor escaparate del deporte nacional.
Un sponsor que también funciona como mensaje de mercado
La alianza entre AFA y Baldo ordena una narrativa muy concreta: la yerba elegida por futbolistas de alto rendimiento obtiene validación institucional y se transforma en la “Yerba Mate de la Selección Nacional”. Esa consagración no es neutral. En los hechos, instala una jerarquía simbólica dentro del mercado y desplaza del centro de la escena a las marcas argentinas que producen, industrializan y comercializan desde Misiones y Corrientes.
Ahí aparece el primer impacto concreto. En términos de posicionamiento, el acuerdo le entrega a una marca extranjera una plataforma extraordinaria para asociarse con valores de prestigio, rendimiento, elite deportiva y éxito global. Para las marcas argentinas, en cambio, el movimiento puede leerse como una pérdida de centralidad en el terreno donde más cómodas parecían jugar: el de la autenticidad cultural del mate.
La paradoja es fuerte. La yerba mate como ritual colectivo sigue anclada en la tradición productiva del nordeste argentino, pero la legitimación aspiracional más poderosa del momento quedó en manos de una empresa que llega desde Brasil y que, además, hace de ese origen un atributo diferencial. No hay que forzar la interpretación para ver el problema: la AFA convierte a una marca extranjera en emblema visible de un consumo que, en el imaginario nacional, remite de manera casi automática a Misiones y Corrientes.
Una alianza que traduce consumo en prestigio institucional
El acuerdo oficial subraya que un número importante de jugadores de la Liga Profesional y del ascenso adoptó ese estándar de yerba, y que también lo hicieron figuras de la Selección que compiten en Europa. Aunque el anuncio no incorpora nombres propios, el mensaje es transparente: Baldo no se ofrece solo como producto, sino como producto elegido por la élite del fútbol.
En términos de comunicación política e institucional, la AFA vuelve a mostrarse como una organización que sabe leer el valor de los gestos informales del vestuario y transformarlos en un activo comercial. La declaración de Leandro Petersen, CCMO de AFA, va en esa dirección. “En AFA buscamos socios estratégicos que aporten valor y calidad global. Ver cómo los jugadores de nuestras Selecciones eligen espontáneamente una yerba de origen brasileño con este nivel de refinamiento nos confirma que estamos sumando a un aliado que ya es parte esencial de la cultura del vestuario argentino. Esta alianza une lo mejor de la producción regional con la marca líder del fútbol mundial”.
Por su parte, Rodrigo Durán, Director de Marketing y Comunicación de Baldo Argentina, expresó: “Trajimos al país lo mejor de la tradición yerbatera brasileña buscando ofrecer una experiencia superadora, y la respuesta del mundo del fútbol fue inmediata. Que hoy una yerba de origen brasileño se convierta en Sponsor Oficial de la Selección Argentina es un hito histórico y el sello definitivo para nuestro crecimiento. Para Baldo es un orgullo ser la calidad que eligen los Campeones del Mundo”.
La ausencia de Misiones y Corrientes en una vidriera clave
El punto más sensible del acuerdo no es solo qué marca entra, sino quiénes quedan afuera. La cadena yerbatera argentina no aparece representada ni por una empresa, ni por una cooperativa, ni por una estrategia institucional que conecte producción regional con marca país. Y eso tiene consecuencias.
Misiones y Corrientes concentran la base productiva de la yerba mate argentina. Allí se organiza buena parte del empleo, la industrialización y la identidad económica del sector. Que ninguna expresión de esa cadena figure en un convenio de esta magnitud implica perder una oportunidad comercial, pero también resignar presencia en una escena donde se construye valor simbólico. En mercados altamente competitivos, esa visibilidad importa. Y mucho.
Porque una alianza de este tipo no vende solo producto. Vende pertenencia, legitimidad y superioridad percibida. Cuando la Selección adopta una marca, no la está exhibiendo como una opción más; la está cargando de sentido. Para las firmas argentinas, especialmente las radicadas en las provincias yerbateras, eso puede traducirse en un desafío doble: sostener mercado frente a un nuevo competidor fortalecido y, al mismo tiempo, disputar el relato de origen en un contexto donde la AFA parece haber elegido calidad percibida antes que representación territorial.
Impacto en las marcas argentinas: competencia, prestigio y desplazamiento narrativo
Para las marcas nacionales de yerba mate, el efecto más inmediato del acuerdo está en la construcción de prestigio. Baldo accede a una legitimación que ninguna campaña tradicional podría comprar con la misma eficacia. Se vincula directamente con la Selección, con el vestuario, con los campeones. Esa asociación puede acelerar reconocimiento, ampliar distribución y consolidar fidelidad en segmentos que buscan diferenciarse por calidad, técnica de cebado o consumo aspiracional.
El problema para las marcas argentinas no es solo comercial. También es narrativo. Durante años, el mate fue comunicado desde el arraigo, la tradición, la tierra colorada, la historia regional y la identidad nacional. Este acuerdo corre el eje: ahora el diferencial no se apoya tanto en el origen histórico del producto, sino en su adopción por parte de futbolistas de elite. Es otro lenguaje de mercado. Más global, más aspiracional, más ligado al rendimiento y menos al terruño.
En ese desplazamiento, las empresas argentinas pueden quedar obligadas a redefinir su propia estrategia. Ya no alcanza solo con representar la tradición si el centro del consumo visible se mueve hacia la performance, la durabilidad del cebado o el estándar técnico. La alianza AFA-Baldo podría empujar a varias marcas locales a revisar posicionamiento, branding y construcción de valor.
La cadena productiva pierde una oportunidad de integración institucional
El acuerdo también deja al descubierto otra debilidad: la dificultad de la cadena yerbatera argentina para transformarse en actor institucional dentro de grandes conversaciones nacionales. Si la Selección Argentina, como marca global, puede cerrar un vínculo con una yerba sin articular con el núcleo productivo de Misiones y Corrientes, eso sugiere que el sector todavía no logró construir músculo suficiente para sentarse en ciertas mesas donde se decide representación, visibilidad y negocio.
No se trata necesariamente de una falla de una sola empresa o de una sola institución. Puede ser la expresión de una fragmentación más profunda entre producción primaria, industria, marcas y estrategia de promoción. Mientras Baldo llegó con una propuesta comercial clara y un relato nítido sobre calidad y adopción en el fútbol profesional, la cadena local no consiguió convertir su peso productivo en una oferta institucional competitiva para una alianza de esta escala.
Ese contraste importa porque muestra una asimetría. Tener tradición, volumen o arraigo territorial no garantiza presencia en los espacios de mayor exposición si no existe una arquitectura de marca capaz de traducir esa fortaleza en un activo comercial deseable.
Un golpe simbólico para la economía regional
En provincias donde la yerba mate no es apenas un producto sino una estructura económica y social, la ausencia en este acuerdo puede leerse también como un golpe simbólico. Misiones y Corrientes quedan al margen de una escena donde podrían haber reforzado no solo ventas potenciales, sino identidad productiva.
La política suele mirar estas señales con atención cuando afectan economías regionales. Porque la representación importa. Y más aún cuando se trata de una cadena que involucra productores, secaderos, molinos, cooperativas, empleo rural e industria. El sponsor de la Selección podría haber funcionado como una vidriera para poner en valor a una actividad argentina de fuerte anclaje territorial. No ocurrió. En su lugar, la exposición recayó en una marca extranjera que compite, precisamente, en el mismo universo de consumo.
Eso no implica por sí solo un daño inmediato sobre el volumen de producción local. Sería exagerado afirmarlo. Pero sí instala un dato incómodo: la principal plataforma de legitimación emocional del país no eligió representar a la cadena yerbatera nacional. Y en mercados donde la percepción influye sobre la preferencia, esa clase de símbolos pesa.
Qué sectores quedan condicionados
Los más condicionados por este movimiento son, en primer lugar, las marcas argentinas que compiten en el segmento premium o aspiracional del mate. Allí Baldo gana una ventaja diferencial muy fuerte. También quedan interpelados los actores institucionales de la cadena yerbatera, que ahora enfrentan una pregunta difícil: por qué no hubo una estrategia capaz de anticipar o disputar una alianza de esta magnitud.
En paralelo, el acuerdo puede generar ruido dentro del ecosistema regional de Misiones y Corrientes, sobre todo porque toca una fibra sensible: la relación entre identidad nacional y producción local. Cuando la Selección Argentina valida una yerba de origen brasileño, no solo altera una ecuación comercial; también abre una discusión sobre la capacidad de las economías regionales para defender lugares de representación en los grandes escenarios del país.
Escenario abierto: más que un sponsor, una alerta para la cadena local
El acuerdo entre la AFA y Baldo probablemente funcione como caso testigo. Puede quedar como una jugada comercial aislada o transformarse en un punto de inflexión para las marcas argentinas de yerba mate. Todo dependerá de cómo responda el sector.
Habrá que observar si esta alianza empuja una reacción de las empresas locales en términos de innovación, branding y posicionamiento. También si la cadena productiva de Misiones y Corrientes logra construir una estrategia más coordinada para disputar visibilidad en espacios de alta exposición nacional. Porque el problema de fondo no es solo haber quedado afuera de un contrato. Es haber quedado afuera de una escena que ayuda a definir quién representa hoy el mate ante millones de consumidores.
La AFA hizo su apuesta comercial. Baldo ganó centralidad. Y la cadena yerbatera argentina quedó frente a un espejo incómodo: tener historia y territorio no siempre alcanza cuando la disputa pasa por marca, relato y poder de instalación.