MEDIO AMBIENTE

Puerto Iguazú avanza en la certificación como destino sostenible con apoyo del GSTC

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Puerto Iguazú avanza en su proceso de certificación internacional como destino turístico sostenible. El Consejo Global de Turismo Sostenible (GSTC), organismo de referencia mundial en la materia, llevó adelante una jornada de trabajo y capacitación en el Salón de Usos Múltiples del ITurEM, que reunió a autoridades locales, empresarios y operadores turísticos. Con más de 30 empresas ya certificadas bajo estándares de sostenibilidad, el encuentro marcó un nuevo hito en la estrategia de la ciudad para consolidarse como referente en Latinoamérica.

La jornada, organizada por el Global Sustainable Tourism Council (GSTC) junto al Ente Municipal de Turismo de Iguazú (ITurEM), comenzó con una reunión entre funcionarios municipales, representantes del sector privado y actores comunitarios. El objetivo fue revisar los avances en el proceso de certificación que convertirá a Iguazú en uno de los primeros destinos de la región reconocidos bajo los criterios internacionales del GSTC.

Actualmente, más de 30 empresas locales —entre alojamientos y prestadores de servicios turísticos— ya cuentan con certificación, lo que refleja un creciente compromiso de la industria con prácticas ambientales y sociales responsables. Según destacó Leopoldo Lucas, presidente del ITurEM, “el organismo de mayor jerarquía mundial en sustentabilidad recorrió el destino y reconoció las experiencias que venimos desarrollando. Hoy Iguazú es un ejemplo en toda Latinoamérica”.

Criterios globales y gestión local

Entre las 18 y las 20 horas, en el SUM del ITurEM, se desarrolló la capacitación central a cargo del GSTC. El programa se enfocó en los Criterios GSTC, estándares que guían a empresas y destinos en materia de turismo sostenible.

La primera parte se centró en aspectos prácticos: eficiencia en el uso de recursos, gestión de residuos y medición de resultados medioambientales, con ejemplos aplicables a la operación hotelera y de servicios turísticos.

En la segunda etapa, se habilitó un espacio participativo en el que operadores, hoteleros, guías turísticos y autoridades compartieron experiencias y desafíos. “Fue excelente conocer los estándares GSTC y poder identificarlos con acciones que ya estamos desarrollando en nuestros emprendimientos”, expresó Camila de la Cruz, del Iguazú Urban Hotel Express, quien destacó que el sector hotelero local ya cuenta con equipos internos de sostenibilidad.

Por su parte, Jorge Moller Rivas, director para Latinoamérica y el Caribe del GSTC, subrayó la relevancia del trabajo territorial: “Nos hemos encontrado con sorpresas maravillosas. Iguazú tiene un desarrollo en turismo sostenible que integra a la hotelería, la gastronomía y a comunidades indígenas locales. Celebramos este compromiso y aportaremos con nuestras metodologías para fortalecerlo”.

Iguazú como modelo regional

La capacitación dejó en claro que el camino hacia la certificación no solo posiciona a Iguazú en los mercados internacionales, sino que también genera ventajas competitivas frente a destinos vecinos. Para los operadores locales, significa mejorar su performance ambiental, social y de gobernanza, en un contexto global donde la sostenibilidad es cada vez más valorada por los viajeros.

En este sentido, la articulación público–privada se volvió un eje central: tanto el ITurEM como el sector empresarial acordaron profundizar el trabajo en red para ampliar la cantidad de emprendimientos certificados y consolidar la marca Iguazú como destino sostenible.

De lograrse la certificación plena, Puerto Iguazú se integraría a un selecto grupo de ciudades a nivel mundial que cuentan con el sello del GSTC, reforzando su liderazgo turístico en Argentina y Sudamérica.

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La Lechuza Ecolodge, generando conciencia del cuidado ambiental a través del turismo 

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El turismo ha sido uno de los factores de emprendedurismo más activo en los últimos tiempos en la  Provincia de Misiones, resaltando su biodiversidad que es elegida por muchos visitantes a la hora de descansar de la rutina de la ciudad, actividad que aporta al crecimiento económico y sociocultural de la región. 

Economis se comunicó con los dueños de la granja La Lechuza Ecolodge, ubicada en General Alvear, ubicado dentro del Departamento de Oberá, un proyecto familiar centrado en la agricultura ecológica y la preservación de la selva misionera. La acogedora granja inició sus actividades en el año 2011 en un terreno previamente utilizado para aeromodelismo, monocultivo de pino, y selva secundaria, con el pasar del tiempo fue evolucionando a una área natural protegida. Su principal fuente de ingreso viene del agroturismo ya que sus dueños consideran que esta es una manera de unir la conservación y la agricultura sostenible. 

Javiera Rulli propietaria de La Lechuza, mujer argentina criada en el extranjero, volvió a vivir a Misiones siendo adulta, casada con el suizo Retos Sondereguer con quien tiene tres hermosos hijos, del cual solo el menor de ellos es misionero. “Cuando compramos la chacra en el año 2011 nos encontramos con un suelo que estaba muerto, muy compactado, una chacra de 22 hectáreas, del cual 7 de ellas era pino. Lo que nos atrapó desde el principio fue que tenía dos arroyos, el bicudo y el agua birova que son dos limites, y a lo largo de los arroyos había una franja de selva que dejaba ver un paisaje muy bello”. 

Una década fue el tiempo que les llevó reconstruir el suelo degradado por la compactación hecha en el suelo, y lograr implementar un diseño de granja. Actualmente en la zona donde estaban los pinos tienen potreros, y donde estaba la pista tienen cultivos. Se ha convertido en una granja con mucha diversidad, con vacas, cabras, ovejas y animales pequeños como gallinas, patos, gansos y pavos. “No tenemos gran cantidad pero sí gran variedad, apostamos a la diversidad y la complejización del diseño productivo”.

En ecolodge ofrecen un servicio turístico con una experiencia agroecológica, que es en realidad compartir el estilo de vida diaria de sus dueños. “Lo que nosotros ofrecemos como servicio turístico es compartir nuestro día a día, tenemos en el casco de la granja tres unidades que son tres cabañas con piletas, todo en un pequeño complejo turístico donde el huésped puede estar cómodo, y además tener la experiencia de vivir en una granja, desayunar una leche recién ordeñada, recoger huevos, alimentar a los conejos, además conocer y disfrutar de la chacra. Con una opción de menú from the farm to the table, es decir, de la chacra a la mesa, gastronomía que caracteriza el lugar, consumiendo alimentos de producción propia, ensaladas y frutas frescas, hago la preparación de vinagres caseros con frutos nativos, cosechó hongos que los utilizó después en salsas, ofrecemos carnes rústicas, de conejo, chivo, pavo pastoril y cordero, jugando con recetas variadas para usar ingredientes de la chacra, y si no me abastezco con mi producción compro de otros productores locales”. 

El trabajo en la granja siempre es pensado en no afectar la naturaleza que rodea el predio, precisó Javiera, es por ello que además de la energía solar, tienen ruedas de agua en los arroyos que suben el agua para el riego. Además los baños están conectados con biodigestor, realizan diversificación de la basura, y las leñas que usan vienen de la poda de los árboles de la granja,  si se necesita más utilizan los desechos de los aserraderos. “En las 12 hectáreas de la selva que bordean los arroyos hemos hechos senderos para que los visitantes puedan ir a bañarse, recorrer, escuchar el canto de los pájaros, descansar, y en las horas de calor puedan ir a los saltos, la idea no es un turismo masivo sino íntimo de pequeña escala que no sea intrusivo, que no genere un impacto alto en el paisaje y la fauna. Personalmente buscando una conexión con la naturaleza”.   

Rulli sostuvo que a través del turismo buscan generar conciencia acerca de la alimentación y la producción saludable como así también el cuidado del medio ambiente, “realizamos turismo educativo, para que los niños conozcan lo que realmente es una chacra en actividad productiva, y buscamos ofrecer una mirada que combina la conservación de la selva, produciendo alimentos saludable”. 

Conjuntamente realizan talleres, eventos educativos y festivos teniendo una grilla que van generando, y que les permite interactuar con otros profesionales. Adjuntando a sus actividades la cosmética natural, Javiera aseguró que la visión a futuro es lograr que La Lechuza se convierta en un centro social, un epicentro generador de ideas y nuevas tecnologías. Abogando por un turismo sostenible que aporte a la sociedad en una experiencia constructiva. 

La señora Rulli junto a su familia hace dos años que se dedican al turismo, labor que les permitió poner mayor énfasis en la conservación, logrando este año ser declarados Área Natural Protegida, teniendo el 56% de la superficie de lo que es el área de selva que se está recomponiendo. “Somos muy privilegiados de vivir en una provincia que tiene selva, somos guardianes de toda esta gran biodiversidad, y hay que darle una vuelta para dejar de usar venenos e incluir servicios que nos puedan dar una mejor calidad de vida. Tener selva, es tener protección del cambio climático, es tener agua, entonces este es un turismo educativo muy importante que busca transmitir ese mensaje de conciencia a las nuevas generaciones”. 

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No podemos tener un mundo sin pobreza en un mundo con contaminación causada por los plásticos

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Escribe Valerie Hickey – Cuando las generaciones futuras compartan la historia de la contaminación causada por los plásticos, incluirán imágenes de tortugas asfixiándose con desechos plásticos, alejarán el zum para mostrar playas y comunidades saturadas de basura y harán una panorámica de informes médicos que exponen la presencia de microplásticos en el torrente sanguíneo de una persona promedio. Este es un relato que comenzó como una crisis ambiental y rápidamente se transformó en una crisis económica y sanitaria. Y es uno que se entrecruza con la triple crisis planetaria a la que nos enfrentamos hoy: de la biodiversidad, del clima y de la contaminación. Estamos a punto de escribir el siguiente capítulo importante de esta historia.

Sabemos que la contaminación causada por los plásticos debe acabarse. De los 460 millones de toneladas de plástico producidas en 2019, se desecharon 353 millones de toneladas.  Tirar este desecho incluye algo bueno (el reciclaje, aunque a nivel mundial es menos del 9 %), algo malo (el 50 % termina en basureros no administrados) y algo horrible (el resto simplemente acaba contaminando el medio ambiente).

Sabemos que evitar, minimizar, mitigar y desechar adecuadamente los desechos plásticos no es sencillamente tener un buen sentido cívico. Se trata de una necesidad. Demasiados municipios no pueden permitirse únicamente gestionar las actuales cargas de basura, que los empujan a la bancarrota y ponen a prueba su contrato social.

Más allá de las comunidades llenas de basura, los microplásticos están literalmente “cayendo” del cielo y se encuentran en las cimas de las montañas y en nuestros océanos.  Los microplásticos y los productos químicos tóxicos (aditivos en los productos plásticos) se han introducido en nuestros alimentos y en nuestros cuerpos, y los efectos en la salud a largo plazo están por verse.

Ahora sabemos que no podemos simplemente reciclar para solucionar la contaminación causada por los plásticos, que tiene su propia serie de desafíos. En el camino de salida de este tipo de contaminación se deben priorizar estrategias como reducir nuestro consumo general de plásticos de un solo uso y aumentar la reutilización, que ofrece la mejor oportunidad para un cambio a gran escala. También debemos averiguar cuál es la mejor manera de actuar en la etapa posterior de los desechos residuales (y, a menudo, tóxicos). Las tres etapas del ciclo de vida del plástico (anterior, intermedia y posterior) están incluidas en las recientes conversaciones de la segunda sesión del Comité Intergubernamental de Negociación para elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre la contaminación por plásticos, por ejemplo en el medio marino (i) (INC-2).

Dos temas son el hilo conductor de los debates del INC-2:

  1. Primero, ¿cómo es el éxito? Parámetros sólidos y flexibles en el área de los plásticos permitirán a los países y las empresas establecer objetivos, evaluar los puntos de referencia y cuantificar los avances. Los datos de mejor calidad pueden además atraer inversiones. Será fundamental garantizar que estos parámetros sean adecuados para los países con pocos datos, con poca capacidad y escaso presupuesto para monitorear o rastrear la contaminación causada por los plásticos.
  2. Segundo, ¿dónde encontrarán los países financiamiento adicional para cumplir con los objetivos y compromisos establecidos en el marco de un nuevo instrumento para poner fin a la contaminación por plásticos? Los presupuestos nacionales no serán suficientes. El financiamiento público y el capital privado internacionales serán claves para tener éxito. El primero debe ser accesible a un precio adecuado y focalizarse adecuadamente. Se puede usar para ayudar a orientar las políticas y fortalecer los mercados. El capital privado puede traducirse en innovación tecnológica y ser recaudado a través de esquemas de responsabilidad ampliada del productor, tarifas e impuestos.

Cuando el mundo busca soluciones viables para la crisis de la contaminación por plásticos, quiero abogar por otra consideración clave: esto es, que las soluciones no penalicen a los países o a las comunidades pobres de cada país. Los plásticos han sido una gran ayuda para el desarrollo, ofreciendo a menudo maneras portátiles, disponibles y baratas para que las comunidades tengan acceso a bienes básicos y recursos, generen riqueza y contribuyan al crecimiento. En muchas comunidades y para muchas microempresas y empresas pequeñas, los plásticos de un solo uso suelen ser la única forma disponible y asequible para seguir con su vida cotidiana, hacer negocios y ganar dinero. Debemos diseñar soluciones teniendo en cuenta las necesidades y realidades de las comunidades más pobres, para asegurar una “transición justa”. 

La gestión de los desechos plásticos pondrá a prueba el concepto de que es posible que las economías funcionen para todos, en todas partes, y que el crecimiento económico puede ayudar a poner fin a las crisis ambientales, en lugar de causarlas. La gestión de los residuos plásticos es el siguiente paso hacia las economías verdes, resilientes e inclusivas (economías circulares) del mañana.

VALERIE HICKEY, Directora de la Práctica Global de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Economía Azul del Banco Mundial

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La decisión de Brasil de hundir un portaaviones con material tóxico en el atlántico

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Diversos organismos advirtieron sobre los daños incalculables al medioambiente, con impacto en la vida marina y las comunidades costeras. Aún así, el hundimiento se llevó a cabo.

Portaaviones Sao Paulo, fue construido en los años 1950 estuvo durante 37 años al servicio de la Armada francesa con el nombre “Foch” y formó parte de los primeros ensayos nucleares franceses en el Pacífico en la década de 1960.

La decisión de la Marina brasileña, que hundió en el océano Atlántico un antiguo portaaviones francés que estaba fuera de servicio y que según la fiscalía estaba lleno de residuos tóxicos, fue duramente criticado por ONGs ambientalistas, quienes habrían advertido sobre los daños que produciría si esto se llevaba a cabo.

El hundimiento se llevó a cabo cerca de las costas brasileñas a unos 350 kilómetros, en una zona con una “profundidad aproximada de 5000 metros”, informó la Marina.

Esta decisión abrió la polémica, ya que el antiguo portaaviones “Foch”, de 266 metros de eslora, está lleno de amianto, pinturas y otros desechos tóxicos, según varias ONG y la fiscalía.

Sustancias con potencial cancerígeno

“Los restos de la embarcación actualmente cuentan con 9,6 toneladas de amianto, sustancia con potencial tóxico y cancerígeno, además de 644 toneladas de tintas y otros materiales peligrosos”, afirmó el Ministerio Público Federal (MPF de Brasil, que intentó frenar el hundimiento con múltiples recursos ante la justicia.

“Una nota técnica del Instituto Brasileño de Medioambiente (Ibama) apunta hacia un riesgo de daños ambientales graves en caso de un eventual hundimiento, especialmente porque el casco está averiado”,  argumentaba el Ministerio Público.

Un buque tóxico de 30000 toneladas

Tanto Greenpeace, Sea Shepherd y Basel Action Network, afirmaron el viernes en un comunicado conjunto que el hundimiento viola “tres tratados internacionales” sobre medioambiente y causa “daños incalculables”, con “impactos a la vida marina y las comunidades costeras”.

Tanto la Marina, como el Ministerio de Defensa de Brasil, anunciaron la semana pasado que no había otra opción, debido al mal estado de la embarcación y tras no haber encontrado un puerto que lo recibiera. Si no realizaban esto, ocurriría un “hundimiento espontáneo” del casco, señalaron.

Esta operación ocurrió luego de la autorización de un juez de segunda instancia, que rechazó un pedido de la fiscalía, de acuerdo a la prensa brasileña.

La Marina brasileña aseguró que realizó estudios técnicos

La Marina aseguró que eligió el lugar en base a estudios técnicos propios, que tuvieron en cuenta la “seguridad de la navegación y el medio ambiente”.

El portaaviones pertenece a Brasil desde el 2000, fue rebautizado “Sao Paulo”, llevado hasta el punto en el que fue hundido por un remolcador neerlandés, contratado por el astillero turco Sok Denizcilik.

El hundimiento se llevó a cabo el día viernes, aún hay varios expertos analizando el impacto medioambiental de esta decisión.

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Familiar y misionera, así trabaja la empresa que aporta a la economía verde del país

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Almidón de maíz que se transforma en bolsa, con una vida útil de 180 días, que vuelve a la tierra y le aporta lo necesario para volver a hacer crecer el maíz. Ese es el concepto cada vez más fortalecido de la economía circular.

La empresa misionera Plastimí, una de las más tradicionales de la provincia con 40 años de historia, comprendió ese concepto hace por lo menos ocho años cuando trajo a su planta el material compostable. Sin embargo, no fue sino hasta hace cuatro años cuando comenzó la demanda real y hoy ya entregan ese material a grandes firmas como, Mercado Libre, Havanna, McDonald’s, Las Marías, Cabrales, Starbucks, o marcas de indumentaria como María Cher, o Jazmín Chebar.

Nicolás Guelman, forma parte junto a su hermano de la tercera generación de la empresa y exhibe, junto a Silvana, vendedora de área de bioplástico, orgulloso el producto final que ambos desplegaron en una mesa amplia. Lo tocan, miran cada detalle, lo explican, salen por la puerta de la oficina y entran con más material. Así de apasionados aseguran que el tiempo va a consolidar en las industrias la idea de una economía amigable con el medio ambiente.

En una provincia como Misiones, con el 52% de la biodiversidad del país, y con la apuesta que se viene haciendo desde hace varios años por defender esa riqueza, que el sector privado trabaje en la misma línea no es un dato menor

“El material compostable, proviene de una fuente renovable, de almidón de maíz, de la papa, de la mandioca, la diferencia con el bioplástico es el tiempo en el que se degrada. Tarda 180 días, el material compostable define el origen y el final del producto. El bioplástico puede venir de un origen renovable pero tarda años en degradarse como los demás plásticos”, explica Nicolás.  Los sobres inviolables tienen a su vez un adhesivo que permite una seguridad del producto que una vez abierto rompe el material para que no se pueda volver a cerrar.

22 de mayo, día internacional de la Biodiversidad

¿Qué son las bolsas compostables?

Esta es una línea que venimos trabajado desde hace 8 años, es un desarrollo que lleva tiempo en el mercado pero que se instaló con más fuerza hace algunos años, y la Argentina es uno de los pioneros en Latinoamérica, hay mucho consumo en cuanto a bioplástico. La línea compostable lo que promueve es la economía circular, que tenga un origen de fuentes renovables y que al final de su ciclo de vida vuelva a la tierra para volver a formar parte del ciclo. Viene del maíz, se transforma en bolsa, y al final vuelve a la tierra para volver a plantar ese maíz. El proceso es de 180 días.

La Argentina dentro de Latinoamérica es la que más consume bioplástico. Hay un mercado que cada vez se agranda

Trabajan con grandes empresas. ¿Cómo fueron los contactos?

Hoy el gran nicho son las empresas que hacen dietética, o alimentos sustentables. Después hay marcas que hacen campañas específicas como laboratorios Bernabó, Mercado Libre, McDonald’s , Starbucks, de indumentaria como María Cher, o Jazmín Chebar. Lo que sucede es que las bolsas que son llamadas reutilizables, al final no terminan siendo del todo reutilizables porque las usas dos o tres veces, entonces los clientes prefieren usar las compostables que una vez que cumple su ciclo se las puede enterrar con los residuos orgánicos.

¿Esta conciencia ambiental viene más de una demanda del consumidor, o de las propias empresas?

Es un poco de ambas. En el caso de Plastimí hay mucha conciencia por parte de la gerencia de traer estos productos. Hace ocho años los trajimos  al mercado pero no se vendieron hasta hace 4 años. La industria se va acoplando a la demanda y a las nuevas tendencias. Tiene que haber un cambio en la industria, no solamente le podemos exigir al consumidor que recicle, que separe la basura, que deje de usar tanta agua, si la industria no hace un cambio. Creemos que la industria tiene que empezar a transformarse hacia un camino más sustentable.

¿Cómo trabajan las bolsas?

Con almidón de maíz. Traemos de un proveedor italiano que nos trae el producto como una especie de arroz chiquito, nosotros acá lo convertimos y hacemos las bolsas. Tenemos la máquina para convertir en el Parque Industrial.

Tiene que haber un cambio en la industria, no solamente le podemos exigir al consumidor que recicle, que separe la basura, que deje de usar tanta agua, si la industria no hace un cambio

¿A qué escala producen?

Somos una empresa de 40 años que puede hacer 400 toneladas al mes, y hoy tenemos casi un 3% de producción del bioplástico  y creemos que ese porcentaje irá creciendo y será una línea fundamental dentro de la producción. Antes era 5 a 1 la diferencia en precio entre el plástico convencional y el compostable, hoy en día está en 3 a 1. Somos los primeros que trajimos a Latinoamérica el bioplástico.

¿Cómo trabajan la calidad de impresión?

Contamos con una planta excepcional en la región, con tecnología italiana, alemana. Tenemos como filosofía invertir en tecnología. Nosotros creemos que hay que seguir invirtiendo en la Argentina, muchos empresarios quieren invertir afuera, o prefieren solo quejarse de los impuestos, y no apostar al país.

Plastimí emplea en su local sobre avenida Urugua, y en el Parque Industrial de Posadas, a más de 100 personas. “Es una empresa familiar que mantiene el trato directo con el cliente. Somos una empresa grande que conserva la filosofía de una empresa familiar”. La empresa comenzó a trabajar con la marca, “Biterra”, y en su presentación explica al consumidor qué puede compostar y cómo es el proceso.

Nosotros creemos que hay que seguir invirtiendo en la Argentina, muchos empresarios quieren invertir afuera, o prefieren solo quejarse de los impuestos, y no apostar al país

Nicolás asegura que la pandemia, entre lo poco positivo que está dejando en el mundo es esa conciencia por la sustentabilidad. “La gente se dio cuenta de lo que hacemos en el medio ambiente, la pandemia nos demostró lo frágiles que somos”.

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