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La multinacional Unilever cierra “su única planta deshidratadora de vegetales” en Mendoza

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“Esta medida forma parte de la evolución del negocio de alimentos y de la transformación permanente del modelo operativo para seguir fortaleciendo la competitividad y adaptarse a los cambios que atraviesan los hábitos de consumo y la industria de alimentos a nivel global”, dijo la empresa Unilever en el comunicado oficial tras el cierre, y consecuentes despidos, de su histórica planta mendocina.

La empresa confirmó así el cierre del proceso de deshidratación de vegetales de su planta en Corralitos, en el departamento de Guaymallén, Mendoza.

Sin embargo, no dio precisiones públicas sobre la cantidad exacta de trabajadores afectados por la medida, aunque sostuvo que “es una prioridad acompañar con responsabilidad y respeto a las personas alcanzadas por esta decisión” y que cumplirá “con todas las obligaciones previstas en el marco legal vigente”.

Según el mendocino ‘Los Andes’, la empresa informó el lunes a los empleados que no se presenten a trabajar, una decisión que sorprendió al Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA). “A las 5 de la mañana empezaron a llamar a la gente para que no se presentara a trabajar”, dijo el titular del gremio, Oscar Aciar.

Desde el gremio dicen que la empresa se comprometió a pagar las indemnizaciones al 100% a los empleados. que serían 60, más algunas sumas adicionales.


La planta de Unilever tenía 60 años de historia

La fábrica de Guaymallén se inauguró en 1964 bajo la órbita de Refinerías de Maíz S.A.C.I.F., compañía que con el correr de las décadas terminó absorbida por Unilever, multinacional de consumo masivo que recientemente cambió de CEO en Argentina, y que tomó el control directo de la operación en 2005.

Desde entonces, la empresa la presentaba como la única planta deshidratadora que tenía en todo el mundo, y también como la más grande de su tipo en la Argentina.

La escala de la operación era considerable, ya que la planta procesaba doce variedades de hortalizas -entre ellas zanahoria, zapallo, cebolla, ajo, tomate y pimiento- y recibía anualmente unas 15.000 toneladas de vegetales frescos, que a través de un proceso de secado en siete hornos semicontinuos se transformaban en aproximadamente 3.200 toneladas de productos deshidratados por año, entre escamas, granulado y polvo.

En una sola jornada de trabajo se llegaban a procesar hasta 60.000 kilos de zapallo fresco. La operación funcionaba seis días a la semana y estaba conectada con una red de fincas ubicadas en Mendoza, San Juan y, en menor medida, Córdoba.

El 90% de la producción se destinaba al mercado interno, principalmente como insumo para las sopas, caldos y purés de la marca Knorr, mientras que el 10% restante se exportaba a otras plantas de Unilever en Brasil, Alemania y México. Esto implicaba que buena parte de los productos Knorr que se consumían en esos mercados llevaban insumos procesados íntegramente en suelo mendocino.

Unilever había señalado además que se trataba de su única planta deshidratadora de vegetales en el mundo y trabajaba desde 2022 junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) con productores de Mendoza y San Juan.


La venta global de la división de alimentos a McCormick

El cierre de la planta mendocina se da en el marco de una reorganización mucho más amplia de Unilever a nivel global. En abril de este año, la compañía había anunciado la venta de toda su división de alimentos -que incluye marcas como Knorr, Hellmann’s y Maille- a la estadounidense McCormick, en una operación valuada en US$44.800 millones.

El acuerdo prevé la conformación de una nueva compañía combinada, con sede en Hunt Valley, Maryland, y una sede internacional en los Países Bajos, con ventas conjuntas cercanas a los US$20.000 millones y sinergias de costos proyectadas en unos US$600 millones anuales.

El cierre de la operación está previsto para mediados de 2027, sujeto a la aprobación de los accionistas de McCormick y a los avales regulatorios correspondientes.

En ese momento, la planta de Guaymallén había sido señalada como un activo estratégico dentro del negocio transferido, justamente por tratarse de la que la compañía describía como su única deshidratadora en el mundo.

Apenas cuatro meses después, la definición fue en sentido contrario: en lugar de integrarse a la nueva estructura combinada, la planta dejó de deshidratar vegetales.

Unilever no precisó qué destino tendrá el predio de Corralitos ni desde dónde abastecerá de aquí en adelante a la marca Knorr en la Argentina.

Como parte de su reorganización global, Unilever había explicado meses atrás que la venta de la división de alimentos le permitirá concentrarse en categorías como cuidado personal, bienestar y productos para el hogar, con marcas como Dove y Axe, en un negocio con ingresos proyectados cercanos a los 39.000 millones de euros.

El fin de la actividad industrial en Guaymallén marca, de esa manera, el cierre de un capítulo de más de sesenta años en la historia productiva de Mendoza, con un signo de pregunta todavía abierto sobre el futuro de la cadena de proveedores que se construyó alrededor de esa fábrica.

En el mismo comunicado, Unilever aclaró: “Esta decisión no afecta la continuidad de las operaciones de Unilever en Argentina ni de la marca Knorr, que seguirá desarrollando y comercializando sus productos en el país”.

La empresa remarcó, además, que “mantiene su compromiso con Argentina, donde opera desde hace 100 años, y continuará evolucionando para construir un negocio cada vez más ágil, competitivo y preparado para crecer de manera sostenible”.

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De tanques de aceite de oliva a la élite del vino mundial: la historia de Durigutti Family Winemakers

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Hay historias que explican por qué una botella puede contener mucho más que vino. Puede guardar sacrificios familiares, intuición, paciencia y una forma de entender la tierra. La de Durigutti Family Winemakers es una de ellas.

Hoy, sus etiquetas integran las listas de las mejores bodegas del planeta y su restaurante figura entre los recomendados por la Guía Michelin. Pero el origen de este proyecto está muy lejos del glamour de la alta gastronomía y los grandes concursos internacionales. Comenzó con dos tanques destinados originalmente a almacenar aceite de oliva, un puñado de ahorros y la convicción de dos hermanos de que era posible construir una bodega propia.

A los 21 años, Mateo Durigutti representa la segunda generación de una familia que transformó el trabajo de cosecha en un proyecto vitivinícola de prestigio internacional. Para él, el vino no es simplemente una industria: es el relato de su familia.

“Somos la primera generación haciendo vinos”, resume. No hubo apellidos históricos ligados a la vitivinicultura ni grandes extensiones heredadas. Su abuela Victoria era ama de casa; su abuelo, camionero en Rivadavia, Mendoza. Durante las vendimias de las décadas del 80 y 90, ella trabajaba como cosechadora para complementar los ingresos familiares, acompañada muchas veces por sus hijos, Héctor y Pablo, que crecieron entre viñas.

La muerte temprana del abuelo obligó a Héctor Durigutti a incorporarse a una bodega local con apenas 18 años para sostener económicamente a la familia. Aquella responsabilidad cambió sus planes: dejó atrás el sueño de estudiar Ingeniería Agronómica y optó por cursar Enología en horario nocturno. Poco después, su hermano Pablo siguió exactamente el mismo camino.

El nacimiento de una bodega

Tras años asesorando bodegas de distintas regiones -llegaron a trabajar simultáneamente con 17 establecimientos durante el boom del Malbec-, la crisis argentina de 2001 terminó convirtiéndose en una oportunidad.

Recién regresado de Italia, Héctor tomó una decisión que cambiaría la historia familiar.

“No quiero trabajar para nadie más. Quiero empezar algo propio”.

Con apenas 10.000 euros de ahorro, los hermanos compraron dos tanques de acero inoxidable fabricados para aceite de oliva, los adaptaron para elaborar vino y comenzaron a trabajar en un espacio prestado por un antiguo profesor universitario.

En 2002 nacieron las primeras 3.000 botellas de Durigutti Familia.

La consolidación internacional llegó apenas dos años después gracias a una casualidad.

Un periodista de la prestigiosa revista Wine Spectator coincidió con Héctor Durigutti durante una recorrida por Mendoza. Lo encontró, sorprendentemente, asesorando tres bodegas diferentes en días consecutivos. Intrigado por aquella historia, decidió conocer más sobre ese pequeño proyecto familiar.

El resultado fue una portada que cambiaría para siempre el destino de la bodega.

En noviembre de 2004, Durigutti Family Winemakers fue incluida entre las diez bodegas familiares con mayor proyección de Argentina.

“Ahí empezó nuestro primer happy problem“, recuerda Mateo entre risas. “Los importadores empezaron a buscarnos.”

En 2007 llegó otra decisión poco habitual para una industria acostumbrada a acelerar lanzamientos.

Los Durigutti compraron cinco hectáreas en Las Compuertas, Luján de Cuyo, pero no elaboraron inmediatamente un vino con ese origen. Esperaron y durante una década estudiaron cada rincón del viñedo.

Analizaron la composición del suelo, la disponibilidad hídrica, la influencia del clima y la diversidad geológica formada por miles de años de sedimentos provenientes del deshielo andino. El resultado fue revelador.

En una superficie relativamente pequeña identificaron cinco tipos de suelo completamente diferentes, cada uno con necesidades particulares de riego, manejo y momento de cosecha. Ese descubrimiento redefinió la filosofía de la bodega.

“Antes hacíamos vinos mirando al consumidor. Hoy hacemos vinos mirando a la montaña”, sintetiza Mateo. Así nació Proyecto Las Compuertas, una línea elaborada sin madera, fermentada en huevos de cemento y concebida para expresar con la mayor pureza posible el carácter del terroir. Todos los viñedos cuentan además con certificación orgánica.

Una producción donde la calidad marca el ritmo

Actualmente, Durigutti Family Winemakers produce entre 500.000 y 550.000 litros anuales, equivalentes a unas 600.000 botellas.

De ese volumen, unas 45.000 botellas provienen exclusivamente de sus 45 hectáreas propias en Las Compuertas. El resto se elabora con uvas adquiridas a pequeños productores mendocinos, manteniendo relaciones de largo plazo que fortalecen la producción regional.

El negocio también refleja un equilibrio poco frecuente: aproximadamente la mitad de la producción se destina al mercado argentino y la otra mitad se exporta, con Estados Unidos como principal destino internacional.

El reconocimiento internacional no tardó en reflejarse en los rankings especializados. En los prestigiosos World’s Best Vineyards, Durigutti Family Winemakers mostró una evolución constante: fue 13ª en 2023, alcanzó el 10º lugar en 2024 -la mejor ubicación lograda por una bodega argentina ese año- y se mantuvo entre la élite mundial con el 11º puesto en 2025.

En 2022 la familia inauguró Cinco Suelos Cocina de Finca, un restaurante comandado por la chef Patricia Courtois que rápidamente comenzó a recibir nominaciones consecutivas de la Guía Michelin.

Rodeado por los viñedos y diseñado con una arquitectura completamente vidriada, el espacio propone una cocina de kilómetro cero basada en productos de la huerta orgánica, ingredientes de productores cercanos y recetas inspiradas en la tradición familiar de la abuela Victoria.

La experiencia se completa con dos propuestas de alojamiento rural: Casa Victoria, que homenajea a la matriarca de la familia, y Casa del Viticultor, donde los visitantes pueden vivir el ritmo cotidiano del viñedo.

Aunque el Malbec continúa siendo el gran embajador argentino en el mundo, Mateo Durigutti observa el futuro desde otra perspectiva. Su entusiasmo está puesto en las variedades criollas.

“A mí hoy me entusiasman mucho las criollas. Argentina es conocida por el Malbec, pero el Malbec nació en Francia. Las criollas, en cambio, representan algo verdaderamente nuestro. Ahí veo un diferencial enorme para el futuro”.

No existe un mandato familiar que obligue a continuar el legado. Héctor y Pablo siempre dejaron en claro que cada integrante debía elegir su propio camino.

Sin embargo, Mateo encontró naturalmente el suyo. Ingresó al área comercial de la bodega apenas cumplió los 18 años y hoy imagina una vida ligada al vino, aunque con un sueño adicional: desarrollar algún día un proyecto gastronómico propio. Porque en Durigutti Family Winemakers el vino nunca fue solamente una bebida. Es la forma que encontró una familia para convertir el trabajo, la memoria y el paisaje mendocino en una identidad reconocida en todo el mundo.

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Juanfa Suárez y la herencia del tiempo: una historia de vino, familia y territorio

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Juanfa Suárez, productor vitivinícola y viticultor, representa la cuarta generación al frente de Finca Suárez, un proyecto familiar que comenzó hace más de un siglo de la mano de su bisabuelo. La bodega se especializa en vinos elaborados exclusivamente con uvas propias de Paraje Altamira, en el sur del Valle de Uco, una zona que Juan define como “muy especial, de vinos de calidad”.

La historia de Finca Suárez es la de una construcción intergeneracional. Su bisabuelo fundó la finca; su abuelo implantó viñedos en la década de 1950; su padre volvió a plantar a fines de los años noventa, tras la crisis que atravesó la actividad en los setenta; y Juan comenzó a elaborar vinos alrededor de 2010, aportando una nueva mirada sin perder el vínculo con la tradición familiar.

Músico de formación académica, Juan describe su desembarco en el mundo del vino como un proceso “muy orgánico y lento”. Vivía en Buenos Aires, daba clases en el Conservatorio Manuel de Falla y desarrollaba una carrera profesional como trompetista. Sin embargo, cada verano regresaba a Mendoza para participar de la vendimia. Con el tiempo, la pasión por la viticultura terminó inclinando la balanza. “Me acuerdo el día que dije: ‘Okay, ya no estoy más en el mercado de la música’”, recuerda al evocar el momento en que vio a antiguos compañeros tocar con otro músico ocupando su lugar.

En 2017 dio un paso más y creó Rocamadre junto a su pareja, Cecilia Durán. Aunque el proyecto también tiene su base en Altamira, se diferencia de Finca Suárez porque incorpora uvas provenientes de otras zonas del Valle de Uco. Juan explica que Rocamadre surgió de la “necesidad de tener mi propio proyecto” y que, con el tiempo, terminó convirtiéndose en una efectiva estrategia comercial.

La convivencia de ambas marcas les permitió ampliar mercados y diversificar canales de comercialización. “Podemos ocupar más espacio de góndola, llegar a más lugares y, al trabajar con distintos importadores en un mismo mercado, contar con equipos de venta más amplios para nuestras marcas”, resume.

La búsqueda del detalle

Tanto Finca Suárez como Rocamadre poseen identidades propias y un amplio portfolio de etiquetas. Uno de los aspectos que más destaca Juan es la posibilidad de elaborar vinos muy distintos a partir de parcelas cercanas e incluso de un mismo viñedo.

Un ejemplo es el Chardonnay. En apenas dos hectáreas de una misma finca producen tres vinos diferentes. La explicación surgió a partir de un estudio geológico realizado en 2020, que permitió comprender la extraordinaria heterogeneidad de los suelos de Altamira.

Para Juan, interpretar esas diferencias y expresarlas en cada botella constituye la máxima forma de generación de valor. “Es lo máximo en valor agregado que podemos hacer”, sostiene.

La cercanía a la Cordillera de los Andes también juega un papel determinante. Allí aparecen suelos antiguos, ricos en carbonato de calcio, un componente conocido localmente como “caliche”, que se ha convertido en una de las señas de identidad de Altamira y en una característica distintiva de sus vinos de parcela.

El arte como puerta de entrada

La búsqueda de identidad no se limita al vino. También se expresa en el diseño de las etiquetas.

En Finca Suárez, el trabajo visual está inspirado en la técnica de “paper cut” desarrollada por la artista Cecilia Farías, con ilustraciones que Juan define como “más juguetonas y algo más literales”.

Rocamadre, en cambio, adopta una estética más conceptual y poética. “Habla del origen, que para nosotros es fundamental, pero lo hace de una manera casi poética, casi como un haiku”, explica.

Para Juan, el diseño cumple un papel decisivo en la relación inicial con el consumidor. “La primera botella la vendemos con la etiqueta, de eso no hay ninguna duda. Si no conocés el vino, tiene que tentarte por los ojos. No hay otra entrada”, afirma.

Mercados y desafíos

Actualmente, Estados Unidos constituye el principal mercado para ambas marcas, seguido por Brasil y Argentina.

Entre Finca Suárez y Rocamadre producen alrededor de 100.000 botellas por año. Aproximadamente la mitad se comercializa en el mercado argentino, mientras que el resto se destina a la exportación.

A pesar de las dificultades económicas que atraviesa el país, Juan observa oportunidades en el escenario internacional. Incluso considera que la llegada de vinos importados a Argentina puede convertirse en un estímulo para elevar estándares de calidad.

“Nos va a dejar mejor posicionados a los que hacemos las cosas bien”, asegura.

El Semillón y la fuerza de la memoria familiar

Aunque reconoce un profundo afecto por todos los vinos que elabora, hay uno que ocupa un lugar especial: el Semillón.

La conexión es tanto técnica como emocional. Juan recuerda a su abuelo sosteniendo que quien lograra elaborar un gran Semillón en La Consulta -la zona donde se encuentra la finca- estaría produciendo uno de los mejores vinos blancos de Argentina. Esa convicción llevó a la familia a plantar Semillón en 2013 y elaborar su primera cosecha en 2016.

Tiempo después, mientras revisaba un libro escrito por su bisabuelo Leopoldo Suárez en 1911, encontró una referencia que lo conmovió profundamente: “Leopoldo Suárez en 1911 dice que el Semillón es la mejor uva blanca para Mendoza”.

El hallazgo confirmó una intuición transmitida durante generaciones y reforzó la idea de continuidad que atraviesa toda la historia familiar.

Un proyecto pensado en generaciones

Padre de dos hijos, Juan entiende la viticultura como una actividad donde el tiempo tiene una dimensión distinta. Por eso define a Finca Suárez como un verdadero “consorcio intergeneracional”.

En una industria donde las decisiones tomadas hoy pueden verse reflejadas recién décadas después, el valor de la paciencia, la transmisión de conocimientos y el arraigo territorial adquieren una importancia central.

“Valorar el tiempo, la paciencia, las generaciones y los lugares” es, para Juan, una de las claves que hacen de la viticultura una actividad tan apasionante como compleja. Una filosofía que atraviesa más de cien años de historia familiar y que continúa proyectándose hacia el futuro desde los suelos calcáreos de Altamira.

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​Mendoza seleccionada entre las cinco regiones vitivinícolas más destacadas del mundo

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El amor de las personas por el vino influye cada vez más en la elección de sus destinos. Con un 43%* de viajeros argentinos afirmando que les gustaría probar nuevos vinos en su próximo viaje, la idea de visitar viñedos y bodegas cargadas de historia y encanto tiene un gran atractivo. Booking.com, la plataforma de reservas de alojamientos y otros lugares únicos para hospedarse, alquiler de autos y atracciones, destacó cinco regiones vitivinícolas de todo el mundo que ofrecen mucho más que degustaciones, e invitan a descubrir culturas locales, historias y los paisajes que dan forma y entidad a cada botella.

Mendoza, Argentina

Con el imponente telón de fondo de la cordillera de los Andes, con sus cumbres nevadas, Mendoza se consolida como el principal destino vitivinícola de Sudamérica y ostenta el título de capital mundial del Malbec. Esta vibrante ciudad reúne más de 1.500 bodegas, que van desde pequeñas propuestas boutique hasta prestigiosas fincas, todas dedicadas a elaborar el vino insignia de la región, reconocido por su textura suave y sedosa y sus taninos redondos.

Los viajeros pueden recorrer viñedos enmarcados por montañas majestuosas, participar de degustaciones inmersivas y visitar cavas, o sumarse a la Fiesta Nacional de la Vendimia a comienzos de marzo, uno de los festivales más importantes de Argentina, lleno de música folclórica y expresiones culturales.

Los amantes de la aventura encuentran experiencias inolvidables al pie de los Andes: desde rafting en las vibrantes aguas de sus ríos hasta realizar caminatas por senderos de alta montaña con el Aconcagua, la cumbre más alta del hemisferio occidental, siempre como telón de fondo. Para cerrar el día, nada mejor que relajarse en aguas termales naturales escondidas entre el paisaje agreste de la región, el broche perfecto tras una jornada de exploración.

Napa Valley, California, USA

Con más de 48 km de colinas ondulantes cubiertas de viñedos y enmarcadas por las montañas, Vaca, Napa Valley se posiciona como uno de los destinos vitivinícolas más destacados del mundo. Ubicada a 80 km al noreste de San Francisco, la región es reconocida por sus vinos de clase mundial, especialmente Cabernet Sauvignon, Pinot Noir y Chardonnay.

Estos vinos se elaboran en cuatro zonas bien diferenciadas, que pueden explorarse a través de más de 400 bodegas y 90 salas de degustación urbanas, donde las condiciones únicas de cultivo y una artesanía meticulosa dan forma al estilo característico de Napa. Sin embargo, el atractivo del valle va mucho más allá de lo que se sirve en cada copa.

Barossa Valley, Australia

Un tapiz de viñedos, históricos, espacios de degustación y encantadores pueblos agrícolas: Barossa Valley ofrece, así, una auténtica muestra del alma vitivinícola del sur de Australia. A menos de una hora en auto desde Adelaida, esta región icónica revela su identidad a través de viñedos de cepas antiguas, productores artesanales y un legado que dio forma a una de las culturas del vino más perdurables del país.

Hogar de más de 80 bodegas, que van desde históricas fincas familiares hasta productores contemporáneos e innovadores, Barossa se ha ganado el reconocimiento internacional por su Shyra intenso y expresivo. Recorrer los pueblos de Tanunda, Angaston y Nuriootpa permite descubrir mercados de productores donde se destaca la producción local —desde quesos de pequeña escala hasta fiambres artesanales— y restaurantes que celebran la herencia alemana del valle junto con la cocina australiana moderna.

Burdeos, Francia

Burdeos está conformado por seis regiones vitivinícolas bien diferenciadas que combinan paisaje, historia, viñedos y una identidad inconfundible. Ubicada en el suroeste de Francia, esta prestigiosa zona del vino invita a ser descubierta a través de excursiones guiadas de un día y recorridos por castillos y bodegas.

La ciudad de Burdeos cautiva por su arquitectura del siglo XVIII, con encantadores pasajes adoquinados y paseos costeros. La Cité du Vin, un hito arquitectónico de gran impacto, sumerge a los viajeros en la cultura vitivinícola mundial mediante exposiciones interactivas, degustaciones curadas y seminarios de elaboración de vino guiados por expertos.

Franschhoek, Western Cape, Sudáfrica

Ubicada en el Cabo Occidental de Sudáfrica, a sólo una hora en auto de Ciudad del Cabo, Franschhoek es una pintoresca localidad vitivinícola moldeada por siglos de tradición enológica y enmarcada por un imponente paisaje montañoso. Bodegas boutique y pequeños productores se distribuyen por los valles que la rodean, donde los visitantes pueden degustar reconocidos Cabernet Sauvignon, Syrah y Chardonnay en entornos más íntimos.

A lo largo de las calles del pueblo, rodeadas de robles, los viajeros encuentran destacados restaurantes farm-to-table, junto con galerías independientes y tiendas especializadas en productos gourmet que reflejan la fuerte identidad gastronómica de la zona. 

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Miles de usuarios sin luz y rescates por un fuerte temporal en Mendoza

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Un feroz temporal de lluvia, granizo y ráfagas de viento azotó a la provincia de Mendoza este viernes, dejando un saldo de más de 360 incidentes, cortes masivos de energía y el rescate de tres menores que fueron arrastrados por la crecida de un dique.

Las precipitaciones, que alcanzaron los 60 milímetros en el Gran Mendoza, representaron en pocas horas la quinta parte del total de agua que cae en un año en toda la jurisdicción. Defensa Civil confirmó que se registraron más de 360 incidencias debido al desborde de cauces y canales, árboles caídos y cortes de luz, tras una jornada que paralizó diversos sectores del área metropolitana y el sur provincial.

El fenómeno meteorológico, comenzó pasado el mediodía en Maipú y Luján de Cuyo, extendiéndose rápidamente hacia la Capital, Godoy Cruz, Guaymallén y Las Heras. La magnitud de la tormenta provocó la inundación de múltiples acequias y rutas, así como la caída de ejemplares forestales que afectaron el suministro eléctrico y el transporte público. 

Desde la empresa distribuidora de energía eléctrica señalaron que “más de 56 mil suministros fueron afectados durante la tarde del viernes”, mientras que el servicio del Metrotranvía debió ser interrumpido momentáneamente por la caída de un árbol sobre el tendido en la intersección de calle Belgrano y Avenida Emilio Civit.

La situación hídrica también se vio severamente comprometida debido a que las plantas potabilizadoras de Alto Godoy, Benegas y Luján 1 y 2 quedaron fuera de servicio por las tormentas en el Piedemonte. 

En términos de daños estructurales, los departamentos más afectados fueron San Martín, con aproximadamente 123 reportes entre árboles caídos y derrumbes de techos, y Tupungato, donde se registraron más de 60 viviendas inundadas.

Uno de los momentos de mayor tensión ocurrió en Godoy Cruz, cuando tres niños cayeron al Dique Maure y fueron arrastrados por la repentina crecida del caudal. Tras un operativo de Bomberos del Cuartel Central y Voluntarios, se constató que los menores “lograron salir por la ladera sur del río” y que “presentan buen estado de salud”. En paralelo, en la zona de Anchoris, la fuerza del agua arrastró una topadora en la ruta 40, obligando al rescate de un operario que había quedado varado sobre la maquinaria

El Gobierno de Mendoza confirmó que, pese a la severidad del evento, “no hubo víctimas fatales ni heridos graves”Para las próximas horas, la Dirección de Contingencias Climáticas mantiene la alerta naranja, anticipando que se prevén “abundantes precipitaciones, actividad eléctrica intensa y posible caída de granizo”.

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