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Dos velocidades: la economía que exporta y la economía que consume

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Hay una imagen que empieza a repetirse con demasiada frecuencia en la economía argentina: mientras algunos sectores alcanzan récords, otros siguen acumulando caídas. Misiones ofrece hoy uno de los ejemplos más claros de esta economía a dos velocidades y particularmente esta semana volvimos a ver, con datos, la manifestación de este escenario.

Por un lado, las exportaciones misioneras atraviesan un momento excepcional. Misiones viene marcando máximos históricos tanto en montos como en cantidades exportadas y sostiene su liderazgo dentro del NEA, con una estructura donde tienen un peso significativo las manufacturas y la agregación de valor. El perfil exportador misionero se diferencia fuertemente de las otras provincias de la región justamente por su agregado de valor, que redunda no solo en mayores cantidades sino también en mejores precios. Esto es la consecuencia de contar con un esquema económico mucho más fuerte en términos de productividad en comparación con otras provincias de la región. 

Sin embargo, del otro lado, el mercado interno muestra una realidad completamente diferente. Por caso, en junio las ventas en supermercados de Misiones cayeron 7,3% interanual en términos reales (la decimocuarta caída consecutiva) y acumularon una baja del 10,4% durante el primer semestre. La demanda interna es justamente lo que explica este fenómeno: el 63,6% de los empresarios relevados por INDEC dicen que el factor relevante de la baja de ventas es la falta de demanda interna, cuando hace tres meses ese número era del 57,3%. 

No se trata simplemente de dos datos que evolucionan en direcciones opuestas. Lo verdaderamente relevante es que la distancia entre ambos mundos parece ampliarse mes a mes. La economía que vende hacia afuera encuentra mercados, demanda y oportunidades de crecimiento. La economía que depende del bolsillo de los argentinos enfrenta, en cambio, un consumidor que sigue restringiendo sus compras. El resultado es una recuperación profundamente desigual, donde el crecimiento de determinados sectores no necesariamente se traduce en una mejora equivalente de la actividad cotidiana.

Esto tampoco es exclusivamente un fenómeno misionero, sino que es una característica cada vez más visible de la economía argentina. El sector externo puede mostrar una dinámica muy positiva mientras el consumo masivo, el comercio y buena parte de las actividades orientadas al mercado doméstico permanecen rezagados.

La diferencia está en la demanda. Exportar significa encontrar consumidores en otros mercados, mientras que el consumo interno depende de salarios, empleo, crédito, expectativas y capacidad de compra. Naturalmente, cuando esos factores no acompañan, la recuperación del frente externo puede convivir perfectamente con góndolas que venden menos. También esta misma semana, a la par que se conocieron récords de exportación, el INDEC informó que el salario del sector privado registrado cayó 3,0% interanual y -2,6% en el sector público, acumulando una baja desde que asumió Milei del -3,6% para el privado y del -16,5% para el público.

¿La merma de un lado invalida lo positivo del otro? Para nada. Lograr niveles récords exportadores es una excelente noticia debido no solo a que se genera divisas, sino que sostienen parte de la actividad productiva, abren mercados y muestran que existen sectores capaces de competir internacionalmente. El problema es que no alcanzan, por sí solos, para desarrollar una dinámica económica que incluya a todos en el tren del desarrollo. Dicho de otro modo: una provincia con alto perfil exportador es necesaria, pero no es suficiente. Al final del día lo que verdaderamente inquieta en términos de análisis económico es, en el marco de la economía heterogénea, responder a la pregunta de quiénes están creciendo y quiénes están quedando afuera, aunque la respuesta parecería ser obvia.

Aun en este contexto, podemos ser optimistas y optar por la filosofía de mirar el vaso medio lleno. En el costado del frente exportador, la ratificación misionera de su liderazgo en el NEA pero, más aún, su consolidación como provincia manufacturera es altamente relevante para comprender que, con los incentivos correctos, la matriz productiva misionera todavía tiene mucho para crecer y, en ese contexto, tiene mucho para dar en términos de empleo, remuneraciones y derrame sobre otras cadenas productivas. 

En relación con el consumo, aunque el dato general fue negativo, se pueden rescatar algunas cosas: en primer lugar, el consumo en productos de almacén creció 3,2%, revirtiendo la caída del mes anterior fue mayor al 10%. Esto es relevante dado que se trata de la canasta más voluminosa en el caso provincial y que está compuesta, mayoritariamente, de productos de primera necesidad. En segundo lugar, se destaca que las ventas de junio crecieron casi 6% comparado con mayo, lo cual es relevante pensando en una eventual recuperación y julio, con mayor impacto del pago de medio aguinaldo, podría continuar la tendencia. 

Así las cosas, el desafío entonces no pasa por elegir entre exportaciones o consumo interno, sino por lograr que ambas velocidades comiencen a converger. Los récords exportadores muestran que Misiones tiene capacidad productiva, competitividad y margen para crecer, mientras que la recuperación del consumo todavía aparece como la variable pendiente. Los primeros datos de junio y las señales de julio permiten mantener cierto optimismo, pero será necesario que la mejora del frente externo empiece a traducirse en mejores ingresos, más empleo y mayor demanda interna. 

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Mercedes Omeñuka: “Las pymes forestales no llegan con los números para competir”

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La industria forestal argentina atraviesa una etapa de fuerte presión sobre sus márgenes, con un problema que combina costos crecientes, demanda interna deprimida y dificultades para acceder a financiamiento. Así lo planteó Mercedes Omeñuka, presidenta de la Federación Argentina de la Industria de la Madera y Afines (FAIMA), en una entrevista con Economis en el marco del encuentro realizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA).

Omeñuka sostuvo que el deterioro no es reciente. Según explicó, desde hace aproximadamente un año las entidades empresarias vienen advirtiendo sobre una situación cada vez más compleja, particularmente para las pymes, que cuentan con menor espalda financiera y menor capacidad para absorber aumentos de costos o competir por volumen.

“Con los costos que siguen en aumento, los costos logísticos que están elevados, la energía y la materia prima son costos que nosotros hoy no estamos pudiendo trasladar al precio del producto”, señaló.

La advertencia adquiere una dimensión particular en Misiones, donde la actividad forestal tiene una fuerte dependencia del transporte y de los mercados extrarregionales. Para las empresas que producen bienes con mayor valor agregado, cada incremento logístico impacta directamente sobre la posibilidad de colocar producción fuera de la provincia.

Uno de los puntos centrales planteados por Omeñuka es que la industria no enfrenta necesariamente un problema de falta de mercados. Por el contrario, existen oportunidades comerciales en distintos destinos internacionales, pero los costos argentinos dificultan transformar esos pedidos en operaciones concretas.

“Tenemos a diario pedidos de madera de India, de Indonesia, de China”, explicó. También mencionó la existencia de demanda desde Europa. Sin embargo, la ecuación económica no permite a muchas pymes llegar al mercado internacional en condiciones competitivas.

El problema aparece especialmente frente a Brasil, uno de los principales competidores y vecino inmediato de Misiones. Las empresas argentinas enfrentan costos logísticos y locales superiores y, según la titular de FAIMA, eso las coloca en una situación de desigualdad cuando intentan exportar productos con valor agregado.

La paradoja es significativa: hay demanda internacional, capacidad industrial y recursos forestales, pero la estructura de costos impide aprovechar plenamente ese potencial.

El alivio impositivo todavía no alcanza a las pymes

Consultada sobre las medidas anunciadas por el Gobierno nacional para el sector productivo y sobre el impacto de los incentivos a las inversiones, Omeñuka marcó una diferencia entre los instrumentos destinados a nuevos proyectos y las necesidades de las empresas que ya están operando.

“Para una pyme hoy nosotros no hemos recibido todavía ningún tipo de incentivo de reducción de impuestos”, afirmó.

La dirigente valoró las posibilidades asociadas a los nuevos regímenes de inversión, pero señaló que no resuelven el problema inmediato de las pequeñas y medianas industrias que necesitan sostener su estructura productiva y recuperar competitividad.

El financiamiento aparece en el mismo punto de tensión. La posibilidad de incorporar equipamiento de última generación existe, pero las tasas de crédito representan una barrera para empresas cuyos márgenes ya se encuentran comprimidos.

“Está bárbaro, son equipos de primera línea, pero nosotros en la situación en que está una pyme hoy no llegamos”, resumió al referirse a las alternativas de financiamiento para equipamiento.

La pregunta empresarial es entonces cómo amortizar una inversión financiada a tasas elevadas en un contexto donde la demanda y los márgenes no permiten asegurar un retorno suficiente.

La dificultad no se concentra en las exportaciones. Las empresas que dependen del mercado interno enfrentan otro problema: la contracción de la actividad económica.

Omeñuka señaló que la construcción privada continúa deprimida y que la caída de la obra pública también tuvo impacto sobre la demanda de productos forestales. En ese sentido, observó con expectativa las nuevas licitaciones de infraestructura y caminos, con la posibilidad de que puedan generar una reactivación parcial de la actividad.

La construcción es uno de los principales canales para ampliar el consumo de madera. Por eso, la recuperación del sector no depende exclusivamente de las exportaciones: también requiere reconstruir demanda dentro de la Argentina.

En esa línea, FAIMA viene promoviendo el uso de madera en la construcción de viviendas. Omeñuka consideró que la expansión de proyectos industriales como el que avanza en Virasoro puede contribuir a modificar la percepción del mercado argentino sobre la construcción con madera.

“Nosotros necesitamos que en la Argentina consumamos más madera”, planteó.

El nuevo peaje abre otra discusión sobre competitividad

La posible incorporación de nuevos peajes en Misiones aparece como un factor adicional de preocupación para la industria, especialmente por la importancia que tiene el corredor hacia Buenos Aires para colocar producción.

Omeñuka sostuvo que el sector puede comprender el pago de un peaje si existe una contraprestación efectiva en infraestructura. El problema, advirtió, aparece cuando aumentan los costos de transporte sin una mejora equivalente en las rutas.

“Si vos pagás un costo elevado pero tenés rutas que estén en condiciones, por ahí uno dice: miro para otro lado y pago. El tema es que nos pongan más peajes y sigan las rutas en las mismas condiciones”, señaló.

La cuestión excede al sector forestal. Para una industria ubicada lejos de sus principales mercados, la infraestructura vial forma parte de la estructura productiva. Cada deterioro en las rutas o incremento en los costos de traslado termina incorporándose al precio final y reduce el margen disponible para competir.

El debate sobre los nuevos peajes, por lo tanto, queda atado a una condición concreta: que el financiamiento de la infraestructura se traduzca efectivamente en mejores corredores logísticos.

Respecto de las perspectivas para el próximo año, la presidenta de FAIMA evitó proyectar una recuperación automática por el calendario electoral. Su diagnóstico está condicionado a la evolución de la actividad económica.

“Si traspolamos la situación de hoy y si no hay una reactivación de la economía, la vemos compleja”, sostuvo.

La industria necesita que confluyan varias condiciones: recuperación de la construcción, reducción de costos, financiamiento accesible, inversión tecnológica y una estructura tributaria que permita competir. Sin esa combinación, el potencial productivo seguirá limitado.

Omeñuka, sin embargo, diferenció potencial de coyuntura. La capacidad existe y las empresas cuentan con conocimiento, recursos y posibilidades de expansión. El problema es que las condiciones actuales todavía no permiten transformar ese potencial en crecimiento sostenido.

“Capacidades, las empresas tienen. Con inversiones que sean acordes a la capacidad de cada pyme, esto se puede revertir”, afirmó.

Una oportunidad que Misiones todavía puede convertir en industria

El planteo de FAIMA deja planteada una agenda que excede la discusión coyuntural sobre el precio de la madera. Para Misiones, el desafío es avanzar desde una economía forestal basada en la disponibilidad de materia prima hacia una estructura con mayor transformación industrial y capacidad exportadora.

Pero esa transición requiere que la competitividad no quede limitada a la productividad dentro de la fábrica. Energía, impuestos, financiamiento, rutas, logística y acceso a mercados forman parte de la misma ecuación.

La existencia de pedidos internacionales demuestra que el mercado potencial está allí. La discusión pendiente es cómo lograr que las empresas argentinas puedan atenderlo.

Para las pymes, el salto tecnológico no puede pensarse separado de las condiciones financieras. Para las exportaciones, la competitividad no depende solamente del tipo de cambio, sino también de cuánto cuesta producir y transportar. Y para el mercado interno, la recuperación forestal está estrechamente vinculada con la construcción.

La industria forestal tiene, en palabras de Omeñuka, un “potencial enorme”. El punto crítico para 2027 será determinar si las condiciones económicas permiten finalmente convertir esa capacidad instalada en más producción, más consumo de madera, más exportaciones y mayor valor agregado dentro de Misiones.

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Los Programas Ahora movilizaron más de $35.200 millones en el primer cuatrimestre

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Los Programas Ahora continúan consolidándose como uno de los principales instrumentos de política económica para sostener el consumo interno y fortalecer la actividad comercial en Misiones. Durante el primer cuatrimestre de 2026 movilizaron ventas por $35.224.245.325, un incremento del 35,23% respecto de los primeros cuatro meses de 2025, ratificando una tendencia de crecimiento que se mantiene desde comienzos del año y que refleja el mayor uso de estas herramientas tanto por consumidores como por comercios.

Los datos difundidos por el Ministerio de Hacienda muestran que el mayor volumen de operaciones se concentró en Ahora Misiones, que acumuló ventas por $12.978.964.285. Le siguieron Ahora Bienes Durables, con $9.647.171.669, y Ahora Construcción, que alcanzó los $7.140.013.619. Entre los tres programas concentraron la mayor parte del movimiento económico generado por el esquema provincial de financiamiento, orientado a estimular el mercado interno y favorecer la competitividad del comercio local.

Más allá del desempeño del primer cuatrimestre, la evolución de los Programas Ahora evidencia una expansión sostenida en los últimos años. Desde 2020, cuando el conjunto de las herramientas había movilizado $1.992.946.870, hasta el cierre de 2025, con ventas acumuladas por $98.658.577.995, el sistema registró un crecimiento real cercano al 38%, una vez descontado el efecto de la inflación. El dato permite observar que el incremento no responde únicamente al aumento nominal de los precios, sino también a una mayor utilización efectiva de estos mecanismos por parte de la economía provincial.

La expansión del programa encuentra explicación en varios factores. Por un lado, la incorporación de nuevas líneas de financiamiento adaptadas a distintos sectores de actividad amplió el universo de operaciones. A ello se sumó el crecimiento del consumo interno, la adhesión de más comercios y la incorporación de nuevos medios de pago, que facilitaron el acceso de los consumidores a los beneficios.

Sin embargo, desde Hacienda destacan que el principal motor del crecimiento ha sido la apropiación de estas herramientas por parte de las familias misioneras y del sector comercial. Para los hogares, los Programas Ahora representan una alternativa para preservar el poder adquisitivo mediante compras financiadas en condiciones favorables. Para los comercios, constituyen un instrumento que incrementa la competitividad, estimula las ventas y mejora la rotación de mercadería en un contexto económico que continúa exigiendo estrategias activas para sostener la demanda.

El desempeño del esquema también refuerza el papel de las políticas públicas provinciales orientadas a dinamizar la economía. La articulación entre el Estado, las entidades financieras y el sector privado permitió consolidar un instrumento que, además de impulsar el consumo, genera un efecto multiplicador sobre la actividad comercial, la producción y el empleo en toda la provincia.

Con un crecimiento que supera el 35% en apenas cuatro meses y una trayectoria ascendente desde su creación, los Programas Ahora se consolidan como una de las principales herramientas de política económica de Misiones para fortalecer el mercado interno y sostener la actividad del comercio local frente a un escenario nacional todavía desafiante.

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El consumo masivo sigue sin reaccionar: supermercados, mayoristas y shoppings profundizaron la caída en abril

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El consumo interno continúa sin encontrar un piso de recuperación. Los últimos datos publicados por el INDEC correspondientes a abril muestran que las ventas reales volvieron a caer en los principales canales comerciales del país. Supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compras registraron bajas interanuales y acumulan un primer cuatrimestre en terreno negativo, reflejando que la desaceleración de la inflación aún no se traduce en una recuperación sostenida del poder de compra de los hogares.

Si bien algunos indicadores desestacionalizados exhiben leves mejoras respecto de marzo, la tendencia general sigue mostrando un mercado interno debilitado, con consumidores que priorizan gastos esenciales, financian cada vez más sus compras y restringen el consumo discrecional.

Supermercados: segunda peor caída del año

En abril, las ventas en supermercados a precios constantes retrocedieron 3,7% respecto del mismo mes de 2025, mientras que el acumulado entre enero y abril arrojó una disminución de 3,3%. En términos desestacionalizados hubo una mejora mensual de apenas 0,8%, insuficiente para revertir la tendencia negativa.

En valores corrientes, las ventas totalizaron $2,4 billones, un incremento nominal del 21,5% interanual, impulsado principalmente por el aumento de precios. Los rubros con mayores incrementos nominales fueron carnes (37,3%), alimentos preparados y rotisería (25,7%), artículos de limpieza y perfumería (25,2%) y otros productos (23,8%).

El informe también confirma que el financiamiento continúa siendo un sostén del consumo. Las tarjetas de crédito representaron el 42,5% de todas las operaciones, muy por encima del débito (25,1%), el efectivo (17,3%) y otros medios de pago, como billeteras virtuales y códigos QR (15,1%).

El ticket promedio alcanzó los $35.920, con un incremento nominal de 26,9% respecto de abril del año anterior, otra evidencia de que el crecimiento monetario responde principalmente al efecto inflacionario más que a un mayor volumen de ventas.

Los mayoristas tampoco logran revertir la tendencia

El desempeño de los autoservicios mayoristas continuó mostrando debilidad. Durante abril las ventas reales registraron una caída interanual del 5% y también retrocedieron 1,1% frente a marzo.

De esta manera, el acumulado del primer cuatrimestre cerró con una baja del 3,2%, confirmando que el canal tradicional de abastecimiento tampoco consigue recuperar niveles de actividad, pese a que históricamente suele fortalecerse cuando las familias buscan alternativas de menor precio.

En valores corrientes, las ventas alcanzaron aproximadamente $359.000 millones, con un incremento nominal de 19,7%. Al igual que en supermercados, el rubro carnes lideró los aumentos, seguido por lácteos, almacén y bebidas.

En este segmento, los medios de pago alternativos —transferencias y pagos mediante QR— concentraron la mayor participación de las operaciones (32,1%), seguidos por tarjetas de crédito (26,1%), efectivo (25,4%) y débito (16,4%). El ticket promedio se ubicó en $43.870.

Los shoppings tampoco escaparon a la retracción

Los centros de compras también reflejaron el menor dinamismo del consumo. En abril registraron una caída interanual del 5,9% en términos reales, mientras que el acumulado del año presenta exactamente la misma variación negativa.

Además, luego de varios meses con mejoras mensuales, las ventas desestacionalizadas retrocedieron 0,8% respecto de marzo, interrumpiendo esa tendencia.

Las ventas corrientes alcanzaron alrededor de $560.000 millones, un incremento nominal de 12,6%, nuevamente muy por debajo del crecimiento observado en los precios durante el mismo período.

Regionalmente, la Ciudad de Buenos Aires mostró el mayor crecimiento nominal (20,9%), seguida por Cuyo (17,6%), la región Pampeana (12,7%), Patagonia (10,3%), Gran Buenos Aires (6,5%) y el Norte argentino (3,3%).

Un mercado interno que sigue sin encontrar impulso

Los datos del INDEC consolidan un escenario en el que la desaceleración inflacionaria todavía no logra transformarse en una recuperación efectiva del consumo. Las mejoras mensuales observadas en algunos indicadores aparecen como movimientos puntuales más que como un cambio de tendencia.

El comportamiento de los consumidores continúa marcado por una fuerte racionalización del gasto, mayor utilización del crédito para sostener compras cotidianas y una concentración del consumo en bienes esenciales.

Para provincias con fuerte dependencia del mercado interno como Misiones, donde el comercio representa uno de los principales motores de la actividad económica, la persistencia de esta debilidad implica un desafío adicional para la recuperación del empleo, las ventas minoristas y la inversión privada durante el segundo semestre del año.

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El aguinaldo cambia de destino: pagar deudas desplaza al consumo y el dólar vuelve a consolidarse como refugio

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La desaceleración de la inflación modificó el comportamiento de los hogares, pero no eliminó las tensiones financieras. Un informe de Focus Market muestra que el Sueldo Anual Complementario dejó de destinarse al consumo masivo y hoy se orienta principalmente a cancelar deudas y preservar ahorros en dólares, reflejando una economía más estable, aunque con balances familiares todavía frágiles.

El destino que los argentinos le asignan al aguinaldo funciona como un indicador adelantado del estado de la economía doméstica. Más allá de representar un ingreso extraordinario, el Sueldo Anual Complementario expone cómo evolucionan las prioridades financieras de los hogares frente a variables como la inflación, el poder adquisitivo, las tasas de interés, el endeudamiento y las expectativas sobre el dólar.

Un relevamiento elaborado por Focus Market muestra que, entre 2021 y 2026, el comportamiento de los consumidores acompañó cada etapa del ciclo macroeconómico. Mientras los años de inflación acelerada estuvieron marcados por estrategias defensivas para preservar el valor del dinero, el actual escenario de desaceleración de precios modificó las decisiones de gasto, aunque sin eliminar las restricciones financieras que enfrentan muchas familias.

Para junio de 2026, el informe identifica un cambio significativo: la prioridad dejó de ser el consumo o el adelantamiento de compras y pasó a ser la cancelación de deudas, acompañada por la tradicional compra de dólares como mecanismo de cobertura frente a eventuales episodios de incertidumbre.

Menos inflación, pero más necesidad de recomponer las finanzas familiares

El director de Focus Market, Damián Di Pace, sostiene que la economía argentina atraviesa una etapa de “normalización con cicatrices”. La inflación interanual ronda el 32%, con una acumulada cercana al 12% en la primera mitad del año, muy por debajo de los niveles registrados durante la crisis inflacionaria de años anteriores.

Sin embargo, la estabilización macroeconómica no implica que los hogares hayan recuperado completamente su capacidad de consumo. Las altas tasas de interés que rigieron durante el proceso de ajuste económico incrementaron el endeudamiento mediante tarjetas de crédito y compras en cuotas, mientras que la recuperación del ingreso real todavía resulta insuficiente para muchos sectores.

En ese contexto, el aguinaldo aparece como una herramienta para recomponer balances financieros personales antes que para expandir el consumo. La compra de dólares mantiene, además, su rol histórico como instrumento de preservación de valor frente a la incertidumbre cambiaria.

Del stockeo a la inversión: cómo evolucionó el uso del aguinaldo

El estudio reconstruye el comportamiento de los consumidores durante los últimos seis años y evidencia cómo cada etapa económica modificó las prioridades.

En 2025, cuando la inflación ya había desacelerado hasta ubicarse en torno al 31,5% anual, el aguinaldo comenzó a destinarse en mayor medida a gastos generales y a inversiones en acciones. Ese comportamiento reflejaba una mayor previsibilidad macroeconómica y una recuperación parcial de la confianza, aunque también convivía con el incremento de los costos de servicios y la recomposición de precios relativos.

Durante 2024 predominó una combinación entre compra de dólares e inversiones bursátiles. El cambio de administración nacional, la estabilización financiera y las expectativas positivas sobre los mercados impulsaron una mayor participación de pequeños inversores en activos financieros, sin abandonar la cobertura cambiaria.

La inflación extrema condicionó todas las decisiones entre 2021 y 2023

El contraste resulta mucho más marcado al observar los años de mayor inestabilidad.

En 2023, con una inflación anual superior al 210%, la principal preocupación de las familias fue adelantarse a los aumentos de precios mediante el stockeo en supermercados y la cobertura de gastos básicos. El aguinaldo perdió prácticamente toda capacidad de ahorro o inversión y pasó a cumplir una función de supervivencia financiera.

En 2022, con una inflación cercana al 95% y crecientes expectativas de devaluación, las decisiones se concentraron en la compra de dólares y el abastecimiento de bienes no perecederos, una estrategia clásica frente al deterioro acelerado del peso.

Por su parte, en 2021, todavía bajo el impacto de la pospandemia, el cepo cambiario y una inflación del 50,9%, predominó una estrategia dual entre plazos fijos —que aún ofrecían rendimientos relativamente competitivos— y la compra de dólares como cobertura patrimonial.

El consumo deja de ser el principal destino del ingreso extraordinario

El informe concluye que el comportamiento registrado en 2026 constituye una señal relevante sobre la economía real. Si bien la desaceleración inflacionaria permitió reducir la urgencia de adelantar consumos, el fuerte crecimiento del uso del aguinaldo para cancelar obligaciones financieras evidencia que la mejora macroeconómica todavía no se traduce plenamente en una recuperación del bolsillo de los hogares.

Según Di Pace, la estabilidad de precios modificó el patrón de decisiones económicas, pero la prioridad continúa siendo recomponer la situación financiera antes que expandir el consumo o asumir nuevas inversiones.

En ese sentido, el aguinaldo vuelve a consolidarse como un termómetro del ciclo económico argentino: refleja una economía más ordenada desde el punto de vista macroeconómico, aunque con familias que todavía destinan buena parte de sus ingresos extraordinarios a reparar los desequilibrios acumulados durante los años de mayor inflación.

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