Las cuentas del Estado Nacional cerraron durante abril con un déficit primario de $ 79.185 millones contra los $11.445 millones de igual mes del año pasado, informó hoy el Ministerio de Economía.
En tanto, la cuenta financiera mostró un déficit de $ 146.314 millones, contra los 57.032 millones de abril del año pasado.
Durante el cuarto mes del año, los ingresos totales del Sector Público Nacional (SPN) ascendieron a 1 billón 85.582 millones de pesos, lo que marcó una suba de 78% interanual (I.a.).
Los ingresos tributarios crecieron 60,3% i.a., impulsados principalmente por el aumento de ingresos asociados a la Seguridad Social, 71,1%; Ganancias, 90,6% IVA, 68,3%, y Débitos y Créditos, 65 %.
En tanto, el gasto primario registró en abril una suba de 87,4% i.a., que asciende a 92,8% si se excluye el gasto Covid en 2021 y 2022.
Este incremento contempla un aumento del 85% en la inversión de capital , junto con “medidas de inclusión y contención social” cuyos fondos aumentaron 126,4% , además de la suba del 148% de los subsidios energéticos, “ producto del incremento de los precios internacionales de los hidrocarburos debido al conflicto bélico entre Rusia y Ucrania”, destacó el comunicado oficial.
De esta manera, al primer cuatrimestre del año se acumula un déficit primario de $271.920 millones y un déficit financiero de $605.906 millones
Wall Street logró hoy cerrar con altibajos, pero cerca del equilibrio, aunque en la semana volvió a perder en un mercado preocupado por la inflación y su efecto en los márgenes de ganancias de las empresas.
De esta manera, el índice Dow Jones rescató en el día un marginal 0,03%; el tecnológico Nasdaq limitó sus pérdidas a 0,30%, tras perder casi 3% durante la sesión; y el S&P 500 cerró estable (+0,01%) aunque ya se encuentra en zona de “bear market” o mercado bajista.
Los índices neoyorquinos, sacudidos desde hace semanas por la inflación en Estados Unidos y en el mundo, anotan así su séptima semana consecutiva de pérdidas para el Nasdaq y el S&P, por primera vez desde 2001, cuando estalló la burbuja de internet.
En el caso del Dow Jones, es su octava semana consecutiva a la baja, una serie negra sin antecedentes desde 1923.
“Un mercado bajista para el S&P, quiere decir en general una baja del crecimiento para la economía, incluso una recesión el año próximo, como evocan algunos”, advirtió Karl Haeling, de LBBW.
Los magros resultados de grupos de venta minorista en Estados Unidos estuvieron en el centro de la espiral descendente de la semana.
Algunas firmas del sector advirtieron que el alza de costos reduce sus márgenes y sus ventas y comienza a cambiar los hábitos de compra de los consumidores.
En este contexto, en la semana, el Dow Jones perdió 2,90%, el Nasdaq 3,82% y el S&P 500 3,04%.
En el viejo continente, las bolsas europeas cerraron hoy con alzas, que no consiguieron sin embargo recuperar las pérdidas registradas durante la semana a causa de los riesgos económicos y geopolíticos.
El índice Dax de Fráncfort ganó un 0,72% y el FTSE 100 de Londres 1,19%. El CAC 40 tuvo un avance menor, de 0,20%, debido a retrocesos de los valores en el sector del lujo.
El Ibex 35 de Madrid subió 0,90% y el FTSE MIB de Milán 0,12%.
Las ganancias del viernes, después de dos días de importantes caídas, fueron atribuidas por los inversores a la reducción de las tasas en China, para tratar de dar impulso a la segunda economía mundial golpeada por las restricciones impuestas a causa de brotes de Covid.
Aunque no se ha materializado ningún evento sistémico, los riesgos se han inclinado más firmemente hacia la baja.
La invasión rusa de Ucrania incrementa los riesgos para la estabilidad financiera mundial y plantea interrogantes acerca del impacto a más largo plazo en las economías y los mercados. La guerra, que coincide con una desaceleración de la recuperación económica tras la pandemia, pondrá a prueba la resiliencia de los mercados financieros y representa una amenaza para la estabilidad financiera, como se analiza en la última edición del Informe sobre la estabilidad financiera mundial (informe GFSR).
Ucrania y Rusia enfrentan los riesgos más acuciantes. Aun así, ya es evidente que la gravedad de las perturbaciones en los mercados de materias primas y las cadenas de suministro está generando riesgos a la baja, al incidir negativamente en la estabilidad macrofinanciera, la inflación y la economía mundial.
Desde principios de año, las condiciones financieras se han endurecido notablemente en la mayor parte del mundo, sobre todo en Europa oriental. En un contexto de aumento de la inflación, la subida prevista de las tasas de interés ha provocado una contracción notable en las economías avanzadas en las semanas posteriores a la invasión rusa de Ucrania. Pese a haberse tornado más restrictivas, las condiciones financieras no están lejos de los promedios históricos y las tasas de interés reales siguen siendo acomodaticias en la mayoría de los países.
Esta restricción de las condiciones ayuda a frenar la demanda, así como a evitar que se disparen las expectativas inflacionarias (es decir, que las expectativas de que los incrementos de precios continúen en el futuro pasen a ser la norma) y lograr que la inflación retorne al nivel fijado como meta.
Es posible que muchos bancos centrales deban realizar ajustes de mayor alcance y rapidez de lo que el mercado en la actualidad valora necesario para contener la inflación. Esto podría situar las tasas de política monetaria por encima de los niveles neutrales (un nivel «neutral» es aquel en que la política monetaria no es ni acomodaticia ni restrictiva, y es congruente con el objetivo de preservar el pleno empleo y la inflación estable en la economía). Esto tendería a endurecer aún más las condiciones financieras mundiales.
La nueva realidad geopolítica complica la labor de los bancos centrales, enfrentados ya a un delicado ejercicio de equilibrio, con una inflación persistentemente alta. Estos deben reconducir la inflación hacia la meta, teniendo presente que un endurecimiento excesivo de las condiciones financieras mundiales perjudica el crecimiento económico. Con este telón de fondo, y en vista de los elevados riesgos para la estabilidad financiera, cualquier revisión o revaloración repentina del riesgo por un recrudecimiento de la guerra de Ucrania, o por una escalada de las sanciones a Rusia, podría dejar al descubierto algunas de las vulnerabilidades acumuladas durante la pandemia (subida de los precios de la vivienda y valoraciones excesivas), provocando un fuerte descenso de los precios de los activos.
Transmisión de shocks
Las repercusiones de la guerra y las consiguientes sanciones siguen teniendo repercusiones. Varios posibles canales de amplificación pondrán a prueba la resiliencia del sistema financiero mundial,, entre los que destacan las exposiciones de las instituciones financieras a activos rusos y ucranianos; las restricciones de liquidez y financiamiento en los mercados, y la aceleración de la criptoización —residentes que optan por utilizar criptoactivos en vez de moneda local— en los mercados emergentes.
Europa soporta más riesgo que otras regiones por su proximidad geográfica a la guerra, la dependencia de la energía rusa y la exposición nada despreciable de algunos bancos y otras instituciones financieras a los activos y mercados financieros de Rusia. Asimismo, la actual volatilidad de los precios de las materias primas podría ejercer mucha presión sobre los mercados de financiamiento de las materias primas y de instrumentos derivados, y provocar aún más perturbaciones, como los bruscos altibajos que llevaron a suspender las cotizaciones del níquel el mes pasado. Tales episodios, en medio de una mayor incertidumbre geopolítica, podrían afectar a la liquidez y las condiciones de financiamiento.
Los mercados emergentes y preemergentes afrontan ahora riesgos de salida de capital más elevados, aunque se aprecian diferencias entre los países importadores y exportadores de materias primas. En este entorno de incertidumbre geopolítica, la interacción entre las condiciones financieras externas más restrictivas y la normalización de la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos (con una primera subida de las tasas de interés en marzo, y una corrección del balance previsiblemente más rápida) probablemente agravará el riesgo de fuga de capitales.
Tras la invasión rusa de Ucrania, el número de emisores soberanos de mercados preemergentes que operan en niveles que denotan tensión (es decir, con diferenciales superiores a 1.000 puntos básicos) ha aumentado y representa ya más del 20%, superando los máximos registrados en la pandemia. Si bien es preocupante, eso incidirá de forma limitada sobre las inquietudes sistémicas, ya que estos emisores representan una proporción relativamente menor de la deuda total pendiente de pago, hasta la fecha.
En China, la reciente venta masiva de capital accionario, sobre todo en el segmento tecnológico, sumada a las actuales tensiones en el sector inmobiliario y los nuevos confinamientos, ha suscitado preocupación por una posible desaceleración del crecimiento, con efectos que podrían propagarse a los mercados emergentes. Los riesgos para la estabilidad financiera han aumentado, en un entorno de tensiones permanentes en el vapuleado sector inmobiliario. Posiblemente se necesitarán medidas excepcionales de apoyo financiero para aliviar las presiones sobre el balance, aunque tales medidas más adelante incrementarían las vulnerabilidades relacionadas con la deuda.
Medidas de política
En el corto plazo, los bancos centrales deben adoptar medidas decisivas para impedir que la inflación se arraigue y controlar las expectativas sobre el incremento futuro de los precios. Es posible que, para reconducir oportunamente la inflación hasta la meta, sea necesario aumentar las tasas de interés más allá de lo que indican las actuales valoraciones en los mercados, lo cual podría obligar a situar las tasas de interés muy por encima de su nivel neutral. En el caso de los bancos centrales de las economías avanzadas, la comunicación clara es crucial para evitar volatilidad innecesaria en los mercados financieros, lo cual se logra proporcionando señales claras sobre el proceso de contracción monetaria, pero siempre supeditándose a los datos.
En los mercados emergentes, muchos bancos centrales han endurecido ya considerablemente sus políticas, y deberían seguir haciéndolo —según las circunstancias individuales de cada uno— a fin de preservar su credibilidad en la lucha contra la inflación y anclar las expectativas de inflación.
Las autoridades deberían hacer más estrictas ciertas herramientas macroprudenciales para abordar focos de vulnerabilidades elevadas (por ejemplo, para contrarrestar la subida de los precios de la vivienda), evitando a la vez un endurecimiento general de las condiciones financieras. Encontrar el equilibrio justo es importante en vista de las inciertas perspectivas económicas, el proceso en curso de normalización de la política monetaria y las limitaciones del espacio fiscal tras la pandemia.
Las autoridades confrontarán también cuestiones estructurales, como la fragmentación de los mercados de capital, con posibles implicaciones para el papel que cumple el dólar estadounidense. Los sistemas de pagos enfrentan riesgos similares ahora que los bancos centrales preparan la emisión de monedas digitales propias, con independencia de las redes internacionales existentes. Los reguladores también estarán bajo presión para subsanar las deficiencias de las regulaciones a fin de garantizar la integridad y proteger a los consumidores en el mundo en rápida evolución de los criptoactivos.
Al mismo tiempo, la disyuntiva entre seguridad energética (suministro adecuado y asequible) y clima (mecanismos reguladores diseñados para hacer subir los precios del gas y el petróleo) está pasando a primer plano, conforme los efectos de las sanciones internacionales a Rusia sobre la oferta y los precios se hacen sentir en Europa y otras regiones. Es posible que la transición climática sufra algunos reveses en el futuro inmediato, pero el interés por depender menos de la energía rusa podría catalizar el cambio. Por tanto, las autoridades deben procurar cumplir los compromisos sobre el clima y redoblar esfuerzos para alcanzar las metas de cero emisiones netas, a la vez que adoptan otras medidas adecuadas frente a las inquietudes relativas a la seguridad energética.
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Tobias Adrian es el Consejero Financiero y Director del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del Fondo Monetario Internacional (FMI). Desde ese cargo dirige la labor del FMI en lo que se refiere a supervisión del sector financiero y fortalecimiento de las capacidades, políticas monetarias y macroprudenciales, regulación financiera, gestión de la deuda y mercados de capital. Antes de incorporarse al FMI, fue Vicepresidente Principal del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y Director Adjunto del Grupo de Investigación y Estadística. Dictó clases en la Universidad de Princeton y la Universidad de Nueva York y ha publicado estudios en revistas especializadas de economía y finanzas, como American Economic Review y Journal of Finance. Sus investigaciones se centran en las consecuencias globales de la evolución de los mercados de capital. Tiene un doctorado del Instituto Tecnológico de Massachusetts, una maestría de la London School of Economics, un diploma de la Universidad Goethe de Fráncfort, y una maestría de la Universidad Dauphine de París.
China y Rusia acordaron desarrollar estructuras financieras compartidas para eliminar al dólar estadounidense en sus transacciones bilaterales
Rusia y China acordaron desarrollar estructuras financieras compartidas para profundizar los lazos económicos de una manera que no se vea afectada por la presión de terceros países luego de las conversaciones entre los principales líderes, informó el miércoles el medio de comunicación ruso RT.
La medida ayudará a ambos países a disuadir la amenaza de la jurisdicción de brazo largo del gobierno de Estados Unidos basada en la red internacional de pagos denominada en dólares estadounidenses, dijeron los expertos.
Durante las conversaciones del miércoles, los principales líderes de los dos países pidieron aumentar la participación de las monedas nacionales en los acuerdos mutuos y ampliar la cooperación para proporcionar a los inversores rusos y chinos acceso a lo s mercados de valores, dijo Yuri Ushakov, asesor de política exterior de Putin.
Ushakov dijo que
Se prestó especial atención a la necesidad de intensificar los esfuerzos para formar una infraestructura financiera independiente para dar servicio a las operaciones comerciales entre Rusia y China
Al mismo tiempo, Ushakov, agregó
Nos referimos a crear una infraestructura que no pueda ser influenciada por terceros paísesLa medida parece ser la respuesta de Rusia a una serie de amenazas que Estados Unidos podría impulsar para desconectar a Rusia del sistema financiero SWIFT con sede en Bruselas como una forma de sanciones, Li Xin, Director del Centro de Estudios de Rusia y Asia Central en los Institutos de Shanghai.
Li explicó que, actualmente, la mayoría de las transacciones bilaterales entre China y Rusia todavía están denominadas en dólares estadounidenses y se negocian a travé s del sistema SWIFT, lo que significa que Estados Unidos puede bloquear cualquier transacción entre China y Rusia o bloquear por completo a los dos países del sistema de acuerdos comerciales internacionales.
Sobre esto, Li Xin dijo
Es por eso que China y Rusia necesitan establecer sus propios sistemas de transmisión de información financiera para protegerse de la contención de Estados Unidos
Tanto China como Rusia han estado impulsando sus programas de asentamientos independientes.
China lanzó el Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo -CIPS- en 2015, un sistema de compensación independiente con el yuan, la moneda de China, como moneda de cotización. De manera similar, Rusia ha estado desarrollando su propio sistema de mensajería financiera para la transferencia de mensajes financieros -PESA-.
Con ambos sistemas ya en posición, es fácil construir un sistema financiero ruso -chino independiente al vincular a los dos, dijo Li, y agregó que para el siguiente paso, los dos países pueden necesitar trabajar en qué moneda se utilizará como moneda de cotización.
Li predijo que una vez que se lance dicho sistema, también se volverá popular entre las empresas europeas que desean comerciar con Rusia pero están desencantadas con Estados Unidos.
El ministro de Economía, Martín Guzmán, mantuvo hoy en Roma una reunión técnica con la directora adjunta del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Julie Kozack, en la que participó también el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz.
Luego del encuentro que mantuvieron el sábado el presidente Alberto Fernández y la directora Gerenta del FMI, Kristalina Georgieva, el titular del Palacio de Hacienda se reunió con Kozack con el objetivo de seguir avanzando en las negociaciones para un nuevo programa con el organismo que reemplace el fallido Stand By que acordó en 2018 la administración de Mauricio Macri.
Las reuniones contaron también con la participación virtual de otros integrantes de los equipos técnicos, tanto de Argentina como del FMI, entre ellos el jefe de la misión para la Argentina, Luis Cubeddu, y el director por el Cono Sur ante el FMI, Sergio Chodos, precisó el Palacio de Hacienda en un comunicado.