Mesopotamia

Comunicar la producción: el desafío que une a los periodistas agropecuarios del NEA

Compartí esta noticia !

Corrientes reunió al periodismo agropecuario de la Mesopotamia para mirar la producción desde el territorio. Bella Vista se convirtió durante el 4 y 5 de septiembre en un punto de encuentro para quienes tienen la tarea de contar qué produce el nordeste argentino. Periodistas y comunicadores especializados en agro de Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Chaco y Formosa participaron del tercer Encuentro de Periodistas Agropecuarios de la Mesopotamia, una iniciativa que nació en 2024 y que busca consolidar una red regional capaz de conocer, explicar y visibilizar las cadenas productivas desde el territorio.

Alrededor de 40 comunicadores participaron de las jornadas, entre ellos representantes de Entre Ríos y una delegación de periodistas misioneros, además de colegas de Corrientes, Chaco y Formosa. La propuesta combinó capacitación, intercambio de experiencias, recorridas por establecimientos productivos e industrias y espacios de diálogo con empresas, productores y representantes del sector público.

La premisa que atraviesa el encuentro es sencilla, pero adquiere otra dimensión en un territorio productivo tan diverso: para comunicar mejor el agro hay que conocer lo que ocurre detrás de la tranquera.

Del dato productivo a la historia que llega a la sociedad

El encuentro fue pensado para fortalecer el conocimiento sobre la región y, al mismo tiempo, generar alianzas entre comunicadores que trabajan en territorios con realidades productivas diferentes.

“El encuentro del periodismo agropecuario de la Mesopotamia nace con la posibilidad de revalorizar el conocimiento sobre nuestra región. Buscar alianzas y entender que es necesario sumar voces para ser más visibles ante públicos cada vez más diversos y amplios”, fue una de las definiciones que atravesó la jornada.

Santiago Rigersman, ingeniero agrónomo y periodista, uno de los organizadores, destacó que el proyecto comenzó a gestarse a partir de la articulación entre profesionales de distintas provincias y que la intención es sostener una convocatoria anual.

“Cuando allá por 2024 concretamos el primer encuentro, parecía un desafío difícil de alcanzar. Hoy, aquel proyecto se hizo realidad y ya recorrimos las tres provincias de la Mesopotamia”, planteó.

El desafío ahora es convertir esa continuidad en una estructura de trabajo que permita profundizar la capacitación y el conocimiento sobre las distintas economías regionales.

La idea de hacer este tipo de instancia es conocer un poco más la región en materia productiva. Ese conocimiento tiene una traducción concreta en el trabajo periodístico. Recorrer una explotación, observar un proceso industrial, conversar con una familia productora o conocer cómo se comercializa un alimento permite formular preguntas diferentes y evitar que la información agropecuaria quede reducida a estadísticas de producción o precios.

Una Mesopotamia productiva que no entra en una sola categoría

Bella Vista funcionó como una muestra concentrada de la diversidad productiva regional. Durante las jornadas, los periodistas recorrieron experiencias vinculadas con arándanos, palta, frutilla, ganadería Braford, producción bubalina y elaboración de lácteos, además de una planta industrial textil.

La diversidad permitió poner en perspectiva una característica estructural del NEA: el campo no constituye una actividad homogénea y las cadenas productivas tienen distintos niveles de transformación, escalas y mercados.

En una de las recorridas, los comunicadores conocieron una cabaña Braford orientada a la producción de genética adaptada a las condiciones de Corrientes. También observaron producciones frutícolas que presentan características diferentes a las habituales en Misiones.

El recorrido incluyó además establecimientos vinculados con arándanos, palta y frutilla, junto con experiencias de agregado de valor a partir de la producción de leche de búfala.

La agenda permitió mostrar una cadena que muchas veces permanece invisible para el consumidor: la que conecta al productor primario con la industria, el alimento terminado y finalmente el mercado.

De la producción al agregado de valor

Uno de los objetivos del encuentro fue precisamente poner en primer plano esa transformación.

La visita a industrias y emprendimientos permitió observar cómo una materia prima producida en la región puede convertirse en un producto con mayor valor económico y generar empleo fuera del establecimiento rural.

El caso de Alpargatas Textil fue uno de los puntos de la agenda. La planta de Bella Vista sostiene unas 350 familias y produce telas destinadas al mercado nacional, pero además trabaja sobre diversificación, eficiencia energética e innovación tecnológica.

Los periodistas pudieron conocer un proceso industrial que utiliza fibra proveniente de Chaco y Santiago del Estero y que, para la generación de vapor, reemplazó el fuel oil por biomasa procedente de residuos de la actividad forestal correntina.

La experiencia aporta otra dimensión al encuentro: el agro y la industria no aparecen como sectores aislados. Una cadena puede comenzar en un campo chaqueño, continuar en una planta correntina y terminar en una prenda comercializada en cualquier punto del país.

Comunicación y competitividad: una relación cada vez más estrecha

Para los organizadores, mejorar la comunicación agropecuaria también significa mejorar la capacidad del sector para explicar sus desafíos.

La actividad productiva enfrenta discusiones cada vez más complejas sobre costos, mercados, tecnología, ambiente, empleo, infraestructura y agregado de valor. Sin especialización, esos procesos corren el riesgo de quedar reducidos a mensajes fragmentados o difíciles de interpretar para quienes no forman parte del sector.

Aunque históricamente el periodismo agropecuario pudo ser considerado un nicho, el interés de la sociedad se amplió. Actualmente la sociedad quiere conocer más de donde provine lo que consumimos y sobre los procesos que reciben los productos que consumimos.

La tarea del periodista especializado consiste entonces en construir un puente. Comprender una producción desde el punto de vista técnico para después explicarla con un lenguaje accesible, sin perder precisión. Para hacer ese puente que la sociedad necesita y poder tener esa bajada que hacen los comunicadores del agro, los periodistas en el congreso hicieron foco en la formación permanente.

Además, en la primera jornada hubo una charla debate sobre “Los medios tradicionales y la comunicación digital”. Donde el debate estuvo en las nuevas formas/herramientas de comunicar y de cómo consumen las personas la información. Hoy no es solo saber comunicar, sino en que plataformas hacerlo para llegar al público interesado/objetivo. Y como eso demanda una reconversión del periodista agropecuario para que su mensaje se adapte a las diferentes plataformas digitales, desde medios nativos, las redes sociales y los canales de streaming.

Una red que cruza fronteras provinciales

El encuentro también consolidó una red que comenzó en el eje Corrientes-Entre Ríos-Misiones y que progresivamente incorporó periodistas de Chaco, Formosa e incluso Paraguay en ediciones anteriores.

El dato es significativo porque la comunicación agropecuaria también está descentralizada. Los periodistas que trabajan sobre el campo no necesariamente están instalados en las capitales provinciales. Muchos producen información desde localidades pequeñas, recorren caminos rurales y mantienen contacto directo con productores y empresas.

Esa cercanía constituye una ventaja para un periodismo que pretende explicar procesos económicos regionales. También permite construir una agenda menos dependiente de los grandes centros urbanos.

El tercer encuentro contó con respaldo institucional y privado. El Concejo Deliberante de Bella Vista declaró de interés la actividad, al igual que la Cámara de Diputados de Corrientes y el ámbito de la Vicegobernación provincial.

La organización también recibió acompañamiento del Gobierno de Corrientes, los ministerios de Producción; Industria, Trabajo y Comercio; Turismo; el Banco de Corrientes y la Municipalidad de Bella Vista, además de empresas, establecimientos productivos, cooperativas y entidades rurales.

Entre los actores privados que acompañaron la iniciativa estuvieron Alpargatas Textil, Establecimiento Las Marías, Cooperativa Dieri, Búfala Negra, IPCVA, establecimientos productivos, empresas comerciales y la Sociedad Rural de Bella Vista.

La participación del sector privado tiene una lectura particular. Para las empresas y productores, abrir las puertas de sus establecimientos implica mostrar procesos, explicar problemas y exponer oportunidades. Para los periodistas, significa acceder a información de primera mano.

Ese vínculo puede mejorar la calidad de la conversación pública sobre producción, siempre que conserve la autonomía profesional necesaria para distinguir información institucional de contenido periodístico.

El territorio como aula

La agenda de las dos jornadas estuvo diseñada alrededor de esa idea. Hubo charlas técnicas y debates sobre medios tradicionales y comunicación digital, recorridas industriales y productivas, visitas culturales y espacios de intercambio.

La experiencia también incorporó una dimensión identitaria. Una peña chamamecera y una cena de camaradería permitieron integrar la producción con la cultura correntina y mostrar que las economías regionales no se explican únicamente a través de toneladas, hectáreas o precios.

El territorio también es identidad, familias, conocimiento acumulado y formas de producir.

Para Rigersman, uno de los principales desafíos es consolidar la unión entre los profesionales de las distintas provincias. “Cuando nos capacitamos y trabajamos juntos, también fortalecemos la comunicación de todo el sector”, planteó.

Un cierre con historia

Tras dos jornadas plenas de debates y recorridas por empresas conociendo la producción. Los periodistas agropecuarios tuvieron un acercamiento a lo que hay debajo de las raíces de la tierra, con una visita guiada primero al Paleomuseo Toropí expone las colecciones pertenecientes a la UNNE, compuestas por los hallazgos realizados por diversos grupos de investigadores desde la década del 70 en el yacimiento. Los fósiles corresponden a grandes mamíferos que habitaron la zona en un período comprendido entre 30 y 50 mil años atrás.

El cierre de las actividades fue con una recorrida en el Yacimiento Paleontológico Toropí, en las afuera de Bella Vista. El cual es de importancia trascendental para Sudamérica, tanto por la diversidad de especies prehistóricas recuperadas, como por la particularidad de ser una reserva de fósiles a cielo abierto.

En más de 40 años de investigación, científicos del CONICET, del CECOALy de la Universidad Nacional del Nordeste , han hallado y extraído del Yacimiento Paleontológico Toropí, los restos fósiles de más de 40 especies de megafauna extinta, incluyendo mamíferos y reptiles, en su gran mayoría herbívoros y excepcionalmente carnívoros.

Comunicar la producción para hacerla visible

El tercer Encuentro de Periodistas Agropecuarios de la Mesopotamia dejó así una conclusión que excede al propio oficio. En una región donde buena parte de la producción se desarrolla lejos de los grandes centros de decisión y de consumo, contar qué sucede en las chacras, campos, industrias y establecimientos puede convertirse en una herramienta para acercar dos mundos que muchas veces permanecen separados.

La información sobre una fruta, una raza ganadera, una planta industrial o un producto derivado de la leche de búfala no termina en el dato técnico. Detrás existe una familia, una inversión, trabajadores, proveedores, infraestructura y una estrategia para agregar valor.

Por eso, la especialización periodística adquiere una función económica y social: traducir esa complejidad para que la sociedad pueda comprender qué produce la región, cómo lo produce y cuáles son los obstáculos que enfrenta.

Bella Vista fue durante dos días ese laboratorio a cielo abierto. Periodistas de cinco provincias recorrieron el territorio, escucharon a productores, conocieron industrias y compartieron herramientas para contar mejor.

El desafío que queda después del encuentro es sostener esa red durante todo el año. Porque si la Mesopotamia pretende ganar visibilidad como región productiva, también necesita construir una narrativa propia, basada en datos, conocimiento territorial y voces capaces de explicar lo que ocurre más allá de las rutas principales.

Compartí esta noticia !

Forestación: Central Puerto proyecta un aserradero de US$ 200 millones y reclama cambios para competir

Compartí esta noticia !

En ese escenario, Adrián Salvatore, de Central Puerto, planteó una integración vertical desde las plantaciones hasta la industria y advirtió que logística, regulación y escala condicionan nuevas inversiones forestales. Fue en el marco de la presentación en Posadas de los lineamientos del proyecto para instalar un aserradero en la zona de Santa Rosa, Corrientes. La iniciativa contempla procesar alrededor de 450.000 metros cúbicos de madera por año y abastecerse de unas 30.000 hectáreas de plantaciones.

La propuesta se inscribe en la expansión de Central Puerto hacia nuevos negocios. La compañía, tradicionalmente vinculada al sector energético, incorporó en los últimos años inversiones forestales y mineras y, más recientemente, petroleras. En el caso forestal, Salvatore explicó que la decisión apunta a ir más allá de la tenencia de activos y avanzar en la captura de valor dentro de la cadena productiva.

La empresa incorporó hace aproximadamente tres años unas 180.000 hectáreas forestadas, de las cuales unas 90.000 corresponden a plantaciones de eucalipto y pino. Sobre esa base, la estrategia consiste en desarrollar una industria capaz de procesar parte de esa producción y generar una cadena integrada en la región mesopotámica.

“El diseño nuestro es un aserradero que estaría procesando unas 450.000 metros cúbicos por año”, explicó Salvatore durante el encuentro organizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA). La localización responde, entre otros factores, a la distribución geográfica de las forestaciones y a la necesidad de garantizar el abastecimiento de largo plazo de la planta.

La escala del proyecto también expone una de las discusiones centrales del sector: cómo generar condiciones para que las inversiones forestales puedan alcanzar dimensiones competitivas internacionalmente. Salvatore señaló que el proyecto enfrenta desafíos vinculados con el marco regulatorio y con la posibilidad de acceder a beneficios destinados a grandes inversiones.

En particular, marcó una brecha para los proyectos que quedan en una zona intermedia: inversiones demasiado grandes para encuadrar en determinados esquemas orientados a pequeñas empresas, pero que tampoco alcanzan los umbrales establecidos para los proyectos de mayor escala. Según planteó, una inversión forestal de entre US$100 millones y US$200 millones puede resultar significativa para la economía regional, aunque no necesariamente alcance los parámetros de programas diseñados para megaproyectos de otros sectores.

La cuestión no es menor para la forestoindustria. La competencia internacional obliga a comparar no solamente la productividad de las plantas, sino también el costo de llevar la madera hasta los mercados. Para Salvatore, la logística constituye actualmente uno de los principales condicionantes para el desarrollo de nuevas inversiones.

“Si para poner el material arriba de un barco nos cuesta tres, cuatro, cinco o seis veces más que a un competidor nuestro, cualquier proyecto va a tener un límite”, sostuvo. La distancia a los puertos, los costos de transporte y las restricciones vinculadas con la infraestructura terminan trasladándose al precio final y reducen la capacidad de competir en mercados internacionales.

En esa discusión aparece también el cabotaje como una herramienta potencial para reducir costos. El empresario consideró que una mayor oferta logística y una regulación que permita aprovechar las vías navegables podrían modificar sustancialmente la ecuación de los proyectos forestales de la región.

El planteo coincide con una preocupación que atraviesa a las principales empresas del sector: la industria puede alcanzar niveles de eficiencia dentro de las plantas, pero pierde competitividad cuando la producción sale de la tranquera. La distancia entre los centros forestales de Corrientes y Misiones y los puertos de exportación convierte a la logística en una variable estratégica para definir nuevas inversiones.

Pero Salvatore agregó otro componente: la necesidad de que el sector forestal construya una agenda común. A su criterio, muchas de las dificultades que enfrenta la actividad son abordadas actualmente mediante gestiones individuales de empresas o cámaras, cuando podrían requerir una estrategia colectiva.

El empresario tomó como referencia al sector petrolero, al que definió como altamente competitivo pero capaz de coordinar posiciones entre empresas y con el Estado en cuestiones consideradas estratégicas. Para la forestoindustria, planteó avanzar en una dinámica similar, tanto para resolver problemas regulatorios y logísticos como para aprovechar oportunidades comerciales.

La paradoja que señaló resulta especialmente relevante: mientras dentro del mercado argentino persiste la discusión sobre exceso o falta de madera y una demanda interna debilitada, existen oportunidades concretas en mercados internacionales que podrían ampliar la salida para la producción. El desafío consiste en articular información, inversiones, logística y capacidad industrial para convertir esa demanda potencial en operaciones concretas.

La integración vertical que impulsa Central Puerto se ubica precisamente en ese cruce. La disponibilidad de materia prima constituye una ventaja inicial, pero el paso siguiente requiere transformar ese recurso en productos con mayor valor agregado y colocarlos competitivamente en el mundo.

Para Salvatore, la oportunidad existe, pero exige modificar las condiciones que rodean a la producción. La inversión en capacidad industrial debe estar acompañada por infraestructura, energía, transporte, regulación y mecanismos que permitan sostener proyectos de distintas escalas.

En ese sentido, el proyecto de Santa Rosa funciona como un caso testigo de una discusión más amplia. La Argentina dispone de una base forestal capaz de sostener industrias de mayor escala, pero convertir ese potencial en exportaciones y empleo industrial requiere que la competitividad no termine en la puerta del aserradero.

La conclusión del empresario apuntó justamente hacia allí: el próximo salto del sector no dependerá únicamente de plantar más árboles o instalar más capacidad industrial, sino de construir una cadena capaz de operar con costos competitivos y una agenda común. Para una región que busca ampliar su inserción internacional, la discusión dejó de ser solamente cuánto puede producir la forestoindustria y pasó a ser cuánto valor puede retener antes de que esa madera llegue al mercado global.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin