México
Trump y las ganas de salir corriendo… a México
Por: José Merino (@PPmerino) y Aida Bustos (@Cherryaida)
Donald Trump anunció en junio del 2015 su intención de lanzarse como candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano. Desde ese momento México ocupó un lugar protagónico en su discurso. Protagónico y negativo. Todos recordamos por ejemplo aquella declaración de “Cuando México manda a su gente, no mandan a lo mejor. No los mandan a ustedes. Manda gente que tiene muchos problemas y están trayendo esos problemas con nosotros. Traen drogas, traen crimen, son violadores y algunos, supongo, son buenas personas.”
Hay un cuento repetido en las elecciones de Estados Unidos, ante la posibilidad de que gane un republicano, nacen los chistes y los planes de mudarse a Canadá; como una prolongación de la percepción de Canadá (un país que también habla mayoritariamente inglés) como una referencia permanente de refugio por causas políticas para estadounidenses. El precedente más vívido fueron los jóvenes que desde mediados de los sesenta encontraron en su vecino del norte un lugar a donde escapar del llamado obligatorio a la guerra en Vietnam.
Conforme Trump ha ido creciendo en la contienda presidencial, las referencias a migrar hacia Canadá también han crecido.
Es un chiste/plan conocido y medido.
Lo que no es tan conocido o medido es el efecto que Trump ha tenido en las búsquedas en Google por parte de estadounidenses sobre cómo mudarse a México. Y el efecto es notorio.

Los datos muestran la tendencia en los últimos y penúltimos 12 meses al seleccionar varias búsquedas de Google de “Cómo mudarse a x”. Para asegurarnos que la tendencia de búsquedas no es la misma todos los años, y que los repuntes coinciden con los momentos clave de la elección y no sólo son especulaciones nuestras, comparamos “Mudarse a México” en dos periodos, de octubre de 2014 a septiembre 2015 y de octubre 2015 a septiembre 2016. Como se aprecia, gracias a Trump, el último año tiene muchas más búsquedas para mudarse a nuestro país que el mismo periodo un año antes.
Estos datos pueden ser sorprendentes en términos de que “mudarse a México” no es un chiste/plan tan recurrente en la conversación mediática de Estados Unidos; pero no son tan sorprendentes en términos de los patrones de emigración de los ciudadanos de ese país en el mundo. De acuerdo con los datos sobre migración de Naciones Unidas existen tres millones de ciudadanos de EEUU contabilizados como emigrantes en 2015. El país con el número más alto de ellos es… sí, México. Con 877 mil estadounidenses, nuestro país acumula 29% del total. Seguido de lejos por Canadá con poco más de 343 mil.

Otros países populares de emigración y lugares de retiro en Estados Unidos son Filipinas, Israel, Reino Unido y Costa Rica. Si vemos los patrones de búsquedas en Google desde el arribo de Trump al escenario político nacional de Estados Unidos, queda claro que la tendencia se repite también para estos casos, pero que éstos se encuentran muy por debajo de México.

El único país que compite con México en el volumen de búsquedas de información sobre cómo mudarse, para sorpresa de nadie, es Canadá. Al comparar ambas búsquedas, México fue más recurrente en la semana del 13 al 20 de febrero, que coincide con el noveno debate republicano y con un repunte de Trump en las encuestas que lo ponían como el candidato republicano, mientras que Canadá fue más buscado del 27 de febrero al 2 de marzo, cuando se llevó a cabo el Super Tuesday, día en el que hubo primarias republicanas en 11 estados, de las cuales Trump ganó siete, y 13 primarias demócratas, de las cuales Clinton también ganó siete.
Otros momentos en los que los estadounidenses buscaron cómo mudarse fueron del 23 al 30 de julio, semana en la que se celebró la Convención Republicana y Trump casi empata a Clinton en las encuestas, aquí se dispararon las búsquedas por Canadá.

Notoriamente, el dominio canadiense en las búsquedas terminó en agosto pasado. Durante las últimas cuatro semanas, México se colocó a la delantera. Lo que coincide con algunos episodios clave de la campaña presidencial.
Del 10 al 16 de septiembre y del 24 al 30 de septiembre las búsquedas por mudarse a México repuntaron visiblemente. En la primera, Clinton se enfermó de neumonía en la conmemoración del 11 de septiembre y se especuló que abandonará la contienda; en la segunda se llevó a cabo el primer debate presidencial, mismo que los medios, de manera casi consensual, concluyeron que había ganado Clinton. ¿Será que algunos votantes del otro lado pensaron lo contrario?
Hay una ironía insalvable: Trump ha querido ser el refugio de los votantes ante la “amenaza de México” que él mismo ha construido; muchos votantes en cambio, ven la amenaza en Trump y el refugio… en México.
Los pueblos indígenas de México eligen a su vocera e irrumpen en el escenario político
New York Times. La historia es bien conocida, pero debemos repetirla para no olvidarla. En México, el 1 de enero de 1994 se enfrentaron dos visiones del mundo: por un lado entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y, por el otro, se levantó en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Más de veinte años después de aquel día, mientras el modelo impuesto por el TLCAN se encuentra en crisis evidente y la existencia misma del tratado está en duda, el EZLN reaparece una vez más en la esfera pública con nuevas y esperanzadoras propuestas.
En octubre del año pasado, en un comunicado titulado con una línea del himno mexicano (“Que retiemble en sus centros la Tierra”), el EZLN anunció junto con el Congreso Nacional Indígena su intención de participar en las elecciones presidenciales de 2018 con una mujer indígena como candidata independiente. La noticia efectivamente hizo retemblar a la opinión pública mexicana y desencadenó de inmediato un alud de críticas desde los más diversos sectores.
Estuvieron aquellos que respondieron con comentarios racistas y misóginos, dudando de la capacidad de una mujer indígena para gobernar un país. Otros afirmaron que los indígenas conforman un pequeño porcentaje de la población nacional y que, por tanto, su propuesta no resultaría representativa. Este fue el caso de Francisco Gárate, representante del Partido Acción Nacional (PAN) ante el Instituto Nacional Electoral (INE), quien dijo que la propuesta era “una ocurrencia y un disparate”.
La mayor cantidad de críticas, sin embargo, ha surgido de los llamados sectores progresistas. Aquí están las críticas pragmáticas, generalmente enunciadas por simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador, las cuales señalan que una candidata independiente apoyada por los zapatistas restaría votos a la izquierda institucional y, en términos electorales reales, beneficiaría al PRI o al PAN, los otros dos grandes partidos además del Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
Y también están las críticas puristas, que cuestionan la congruencia de los zapatistas, argumentando que si siempre criticaron la vía electoral como mecanismo de transformación ahora resulta absurdo quererla utilizar. López Obrador adoptó esta última postura y, en un tuit burlón, escribió: “Muy ‘radicales’ han llamado a no votar y ahora postularán candidata independiente”.
De alguna manera, el gesto de los zapatistas ya fue exitoso porque develó con rapidez lo que muchos niegan: que México no solo es un país sexista, sino también profundamente racista. Al proponer que —parafraseando a Malcom X— la persona más despreciada, desprotegida y negada en México, es decir, la mujer indígena, sea candidata a la presidencia de México, volvieron a recordarnos lo que recordaron mediante las armas en 1994: que millones de mexicanas y mexicanos viven marginados y explotados, bajo condiciones inhumanas.
Aunque de alguna forma es cierto que la propuesta de participar en las elecciones presidenciales del 2018 con una candidata indígena se parece más a una performance de arte contemporáneo que a una operación de realpolitik, esto no significa que su impacto será netamente de corte simbólico. Para entender el por qué, hay que detenerse en una serie de elementos que han sido obviados por la mayor parte de los medios y comentócratas.
Antes que nada, no será el EZLN el que participe formalmente en las elecciones de 2018, sino el Congreso Nacional Indígena (CNI): una organización fundada el 12 de octubre de 1996 en el marco de la firma de los Acuerdos de San Andrés, conformada por más de cuarenta pueblos, naciones y tribus originarios que radican en todo México, con el objetivo de generar un espacio de solidaridad entre ellos. Si bien los pueblos zapatistas forman parte del CNI, no son su totalidad.
La idea original de presentar a las elecciones presidenciales a una candidata indígena fue del EZLN. Ellos se la propusieron a los distintos delegados que asistieron al Quinto Congreso Nacional Indígena, el cual tuvo lugar del 9 al 14 de octubre del 2016 en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Durante una plenaria cerrada y tras una larga deliberación, se aceptó la propuesta y se tomó la decisión de emprender una consulta entre los pueblos indígenas representados para analizar si estaban de acuerdo con la misma.
La consulta duró tres meses y terminó con el acuerdo de que el Congreso Nacional Indígena nombraría un Concejo Indígena de Gobierno conformado por representantes de los pueblos originarios que lo constituyen y regido por siente principios (obedecer y no mandar; representar y no suplantar; servir y no servirse; convencer y no vencer; bajar y no subir; proponer y no imponer; construir y no destruir). Posteriormente, se elegiría a una mujer indígena para que fungiera como vocera de este concejo y para que participara como candidata independiente en las elecciones de 2018.
Este fin de semana se reunieron, de nuevo en San Cristóbal de las Casas, cerca de mil delegados y concejales del CNI provenientes de cada uno de los estados del país en una Asamblea Constitutiva para conformar el Concejo Indígena de Gobierno y para discutir cuáles serían sus propósitos, estrategias, funcionamiento, organización y vinculación con otros sectores de la sociedad civil.
El domingo se dio a conocer que la vocera del Concejo Indígena de Gobierno será María de Jesús Patricio Martínez. Marichuy, como se le conoce, nació en 1963 en Tuxpan, Jalisco, un pueblo de origen nahua y es una gran conocedora de la medicina tradicional.
Más allá de cualquier cosa, algo queda claro: la característica distintiva de la propuesta del CNI es que su objetivo último es desmontar el sistema capitalista y construir, como dicta una famosa frase zapatista, “un mundo en el que quepan muchos mundos”. A diferencia de los partidos políticos mexicanos —incluso de aquellos que se autodenominan de izquierda o progresistas—, el CNI insiste en que su lucha es anticapitalista.
Por paradójico que parezca, el CNI ha planteado que, si bien incursionará en las elecciones, no busca alcanzar el poder. El sistema democrático no resulta efectivo para emprender las transformaciones a las que aspira. Creen, como dijo recientemente el subcomandante Galeano —antes conocido como subcomandante Marcos—, que “las cuestiones fundamentales de la maltrecha nación mexicana no se deciden ni en el poder ejecutivo ni en las cámaras legislativas ni en el poder judicial”.
Pero entonces, si no se quiere alcanzar el poder ni se cree que las elecciones sean el mecanismo idóneo para obtener los objetivos deseados, ¿por qué el CNI tiene la intención de impulsar una candidatura independiente?
Como afirmó hace poco Carlos González, miembro del CNI, lo que quieren es dislocar el sistema político existente: “Las elecciones son por excelencia la fiesta de los de arriba, el espacio y la forma como los finqueros de este mundo construyen y reconstruyen el consenso político que ocupan para seguir acumulando ganancias y poder hasta el infinito. Queremos colarnos en esa fiesta y queremos echárselas a perder hasta donde podamos”.
Al ejercer esta desestabilización, se pretende generar una alianza entre los sectores explotados de la sociedad o, dicho con otras palabras, una organización desde abajo entre aquellos que buscan desplegar formas de vida no capitalistas.
El CNI piensa que realizar una campaña presidencial a nivel nacional visibilizará las luchas que se están dando a lo largo y ancho del país y, en algún momento, generará un “proceso de reorganización combativa”. En este sentido, la candidatura independiente se percibe como un catalizador para el surgimiento de un movimiento político nacional genuinamente anticapitalista.
Las elecciones de 2018 serán las primeras elecciones presidenciales mexicanas en las cuales podrán participar candidatos sin pertenencia a un partido político. No obstante, la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (Legipe) establece una complicada serie de procedimientos que dificultan la posible participación de un candidato independiente: se tienen que recabar, en un lapso de 120 días, las firmas correspondientes al uno por ciento del padrón electoral nacional —casi un millón de firmas— distribuidas en, por lo menos, 17 entidades federativas.
Resulta imposible pronosticar si el CNI logrará recaudar las firmas necesarias para registrar formalmente a Marichuy como candidata independiente. Suceda lo que suceda, está claro que la simple propuesta significó una sacudida para el sistema político. La insumisión e irreverencia de los pueblos indígenas de México abre, una vez más, un resquicio que deja entrever la posibilidad de hacer política de otra manera y, quizás, del surgimiento de un país radicalmente distinto.
Argentina exportará 42.000 autos por año a Colombia
El gobierno argentino había iniciado negociaciones para abrir los mercados de Colombia y México a la industria automotriz. La industria automotriz argentina exportará 42.000 automotores por año a Colombia a partir de un acuerdo que se anunció ayer por la tarde, en una conferencia de prensa en la sede de la Cancillería.
El Gobierno firmó con Colombia un nuevo acuerdo para ampliar la exportación de vehículos al país cafetero. De esta manera, la Argentina venderá hasta 42.000 unidades anuales en el cuarto año de implementación.
Desde el Ministerio de Producción indicaron que sumados los cupos durante ese periodo inicial de cuatro años, Colombia representa un potencial de exportación de 100.000 vehículos.
La oficina que conduce Francisco Cabrera estimaron que el acuerdo promoverá un nuevo mercado anual de U$S 700 millones para camionetas, buses, camiones y autos de industria nacional con una previsión de aumento de producción de 9.000 vehículos nuevos durante el primer año.
El volumen inicial previsto en el acuerdo será de 2.000 unidades para el primer año, que se incrementarán a 12.000 unidades en el cuarto año para el caso de Pick up – Camiones – Chasis para Buses. Asimismo, se contempla un cupo de 7.000 unidades el primer año, y 30.000 unidades en el mismo período para el caso de automóviles – Comerciales Livianos.
El acuerdo fue firmado por el propio Cabrera y la canciller Susana Malcorra por Argentina y por la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Claudia Lacouture Pinedo, por Colombia. “Hace 12 años que la Argentina estaba tras este objetivo, se trata de un importante hito que se enmarca en el acuerdo automotriz que firmamos con empresas, trabajadores y provincias en marzo y en el cual nos propusimos diversificar las exportaciones“, sostuvo Cabrera.
Por su parte, desde la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA) manifestaron su satisfacción por el pacto automotriz entre ambos países. “El acuerdo redundará en una mejora sustancial en el acceso de los productos de las terminales automotrices, así como en un eventual aumento de la producción y exportación en los próximos años”, destacó Luis Ureta Sáenz Peña, presidente de la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA).
En tanto, el secretario general del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA), Ricardo Pignanelli, sostuvo: “Más allá de los problemas coyunturales, esto es muy importante para el desarrollo futuro de la industria”.
México está listo para golpear los Estados Unidos donde duele: el maíz
CNN. México es uno de los principales compradores de maíz estadounidense en el mundo en este momento. Y el senador mexicano Armando Ríos Piter, quien encabeza una comisión parlamentaria sobre relaciones exteriores, dice que presentará un proyecto de ley esta semana para que México compre maíz de Brasil y Argentina en lugar de Estados Unidos.
Es una de las primeras señales de posibles acciones concretas de México en respuesta a las amenazas del presidente Donald Trump contra el país latinoamericano.
“Voy a enviar una factura por el maíz que estamos comprando en el Medio Oeste (de EE.UU.) y… cambiar a Brasil o Argentina”, dijo Ríos Piter, de 43 años, dijo a Leyla Santiago de CNN el domingo en una protesta anti-Trump en Ciudad de México.
Añadió: “Es una buena manera de decirles que esta relación hostil tiene consecuencias, espero que cambie”.
El maíz estadounidense queda en mucha de la comida que comen los platos mexicanos. En Ciudad de México, desde restaurantes de alta cocina hasta puestos de tacos en la calle, productos de maíz como las tortillas para los tacos se pueden encontrar en todas partes.
Estados Unidos es también el mayor productor y exportador mundial de maíz. Los envíos de maíz estadounidense a México se han catapultado desde el TLCAN, un tratado de libre comercio firmado entre México, Estados Unidos y Canadá.
Los agricultores estadounidenses enviaron 2.400 millones de dólares en maíz a México en 2015, el año más reciente de los datos disponibles. En 1995, un año después de que el TLCAN se convirtiera en ley, las exportaciones de maíz a México eran de sólo 391 millones de dólares.
Los expertos dicen que tal proyecto de ley sería muy costoso para los agricultores de los Estados Unidos.
“Si realmente vemos una guerra comercial donde México comienza a comprarle a Brasil… vamos a ver que eso afectará el mercado del maíz y destrozará el resto de la economía agrícola”, dice Darin Newsom, analista senior de DTN, una empresa de gestión agrícola.
El proyecto de ley de Ríos Piter es otra muestra de la voluntad de México de responder a las amenazas de Trump. Trump quiere hacer que México pague por un muro en la frontera, y amenaza con impuestos sobre las importaciones mexicanas que van del 20% al 35%.
Trump también quiere renegociar el TLCAN. Él lo culpa por una inundación de trabajos manufactureros a México. Un informe de investigación no partidista del Congreso encontró que no era cierto.
Aún así, Trump dice que quiere un mejor acuerdo comercial para el trabajador estadounidense, aunque no ha dicho lo que es un acuerdo mejor.
Todas las partes señalaron hace dos semanas que las negociaciones empezarían en mayo después de un período de consulta de 90 días.
Pero Trump dice que si las negociaciones no soportan el acuerdo que quiere, amenaza con retirarse del TLCAN.
Tales palabras duras no son bien recibidas por líderes mexicanos como Ríos Piter. No está solo. El ministro mexicano de Economía, Ildefonso Guajardo, dijo en enero que México respondería “inmediatamente” a cualquier arancel de Trump.
“Está muy claro que tenemos que estar preparados para poder neutralizar inmediatamente el impacto de una medida de esa naturaleza”, dijo Guajardo el 13 de enero en un programa de noticias mexicano.


