México

Macri le expresó su apoyo a Peña Nieto ante la política de Trump

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El Presidente llamó por teléfono a su par mexicano “para expresar la solidaridad del pueblo y gobierno argentino frente a la nueva posición adoptada por el gobierno de EE.UU.”.

El presidente Mauricio Macri telefoneó a su par mexicano Enrique Peña Nieto para expresarle su “solidaridad” e interés por profundizar las relaciones, ante las polémicas opiniones de Donald Trump que desataron una crisis diplomática entre México y Estados Unidos.

“Durante la conversación, ambos mandatarios destacaron el buen estado en que se encuentra la relación bilateral (…) y refrendaron su voluntad para trabajar de manera cercana”, indicó ayer un comunicado de la cancillería mexicana.

Trump firmó la semana pasada decretos que autorizan la  construcción de un nuevo muro fronterizo -que asegura será pagado por México-, vetará la liberación de inmigrantes ilegales  detenidos y eliminará recursos federales para las llamadas ciudades santuario, que dan abrigo a indocumentados.

En lo económico, Trump amenazó con imponer aranceles a las importaciones mexicanas para costear la valla fronteriza, bloquear las remesas que envían los mexicanos y salirse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)  que Estados Unidos firmó con México y Canadá.

En tanto, Macri y Peña Nieto “confirmaron el interés de seguir negociando un acuerdo bilateral que permita profundizar sus vínculos y ampliar el libre comercio”, indicó la cancillería mexicana.

Argentina es el cuarto socio comercial de México en América  Latina y el Caribe. En 2015, el intercambio comercial entre ambos países fue de u$s 2.554 millones, según cifras oficiales.

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El muro de la ignorancia

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Apenas ha pasado una semana del régimen de Trump y Putin, y ya nos está costando trabajo llevar la cuenta de los desastres. ¿Recuerdan el berrinche de Trump sobre la multitud vergonzosamente escasa de su toma de protesta? Ya lo vemos como una cosa del pasado.

Pero me gustaría hacer una pausa, solo por un minuto, en la historia que acaparó las noticias el jueves, antes de ser superada, a lo Trump, por el escándalo en torno a prohibir a los refugiados la entrada al país. Como tal vez recuerden —o tal vez no, con tanta cosa descabellada sucediendo tan rápido— la Casa Blanca primero pareció decir que impondría aranceles del 20 por ciento a las importaciones de México, pero tal vez estaba hablando de un plan fiscal propuesto por los republicanos del congreso que no implica un arancel a productos mexicanos; después dijeron que era solo una idea para luego olvidarse del tema, al menos por ahora.

Por su crueldad, las habladurías sobre los aranceles no se comparan con cerrarle la puerta a los refugiados, nada más y nada menos que en el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto. No obstante, la historia de los aranceles es un epítome del patrón que estamos viendo en este gobierno caótico: un patrón de disfunción, ignorancia, incompetencia y traición de la confianza.

La historia, como mucho de lo que ha sucedido últimamente, parece haber iniciado con el ego inseguro del presidente Trump: la gente se mofa de él porque México no pagará el muro inútil a lo largo de la frontera, tal como él prometió durante la campaña. Y así fue como su vocero, Sean Spicer, apareció ante los medios y declaró que el impuesto fronterizo a los productos mexicanos, de hecho, financiaría el muro. ¡Ahí tienen!

Sin embargo, como se apresuraron a señalar los economistas, el exportador no es quien paga los aranceles. Con algunas reservas menores, en esencia, son los compradores quienes los pagan, es decir, un arancel impuesto a los productos mexicanos sería un impuesto a los consumidores estadounidenses. Por ende, quien acabaría pagando el muro sería Estados Unidos, y no México.

Ups. No obstante, ese no era el único problema. Estados Unidos forma parte de un sistema de acuerdos —un sistema que construimos nosotros— que establece reglas para las políticas comerciales y una de las reglas clave es que los aranceles que se había acordado disminuir en las negociaciones previas no se pueden elevar unilateralmente.

Si a Estados Unidos se le ocurriera romper esta regla, las consecuencias serían graves. El riesgo no tendría tanto que ver con las represalias, aunque también está eso, sino con la imitación: si despreciamos las reglas, los demás harán lo mismo. El sistema de comercio en su totalidad podría comenzar a desbaratarse, con efectos tremendamente perturbadores en todos lados, incluyendo, en gran medida, la manufactura estadounidense.

¿De verdad la Casa Blanca planea tomar ese camino? Al concentrarse en las importaciones de México, Spicer dio esa impresión; sin embargo, también dijo que estaba hablando sobre “una reforma fiscal integral cuya finalidad era cobrar impuestos a las importaciones de países con los que tenemos un déficit comercial”. Esta pareció ser una referencia a un ajuste propuesto a los impuestos corporativos, que incluiría “impuestos fronterizos ajustables”.

La cosa es que ese ajuste no tendría para nada los efectos que él sugirió. No estaría dirigido a los países con los que tenemos déficits, y no hablo solo de México; también aplicaría a todo el comercio. Y no se trataría en realidad de un impuesto a las importaciones.

Para ser honestos, este es un punto ampliamente malinterpretado. Muchas personas que deberían saber mejor lo que hacen creen que los impuestos al valor agregado, que imponen muchos países, desalientan las importaciones y subsidian las exportaciones. Spicer hizo eco de esa malinterpretación.

Sin embargo, los impuestos al valor agregado son, en esencia, impuestos nacionales sobre las ventas, que no desalientan ni fomentan las importaciones (sí, las importaciones acaban pagando ese impuesto, al igual que los productos locales).

El cambio propuesto a los impuestos corporativos, aunque en cierto sentido difiere del impuesto al valor agregado, tendría, de igual modo, un efecto neutral en el comercio. Esto quiere decir en específico que, si algo no lograría, es hacer que México pague el muro.

Lo que menciono aquí es un tanto técnico; consulten mi blog para mayor información. Pero ¿no se supone que el gobierno estadounidense entendería bien las cosas antes de lanzar lo que suena como una declaración de guerra comercial?

En resumen: el secretario de Prensa de la Casa Blanca dio lugar a una crisis diplomática al intentar proteger al presidente de hacer el ridículo en cuanto a su fanfarronería, hecha tan a la ligera. En el proceso, demostró que nadie con autoridad sabe de economía básica. Después trató de recular en todo lo que dijo.

Todo esto debería interpretarse en el más amplio contexto de la credibilidad en picada de Estados Unidos.

Nuestro gobierno no siempre ha hecho lo correcto, pero sí había cumplido sus promesas, tanto a las naciones como a las personas. Ahora todo eso está en duda.

Todo el mundo, desde las naciones pequeñas que creían estar protegidas de la agresión rusa hasta los empresarios mexicanos que pensaron que tenían acceso garantizado a nuestros mercados, así como los intérpretes iraquíes que pensaron que el servicio que prestan a Estados Unidos significaba una garantía de asilo, ahora tienen que preguntarse si se les tratará como a los engañados proveedores de un hotel de Trump.

Esta es una gran pérdida. Y, muy probablemente, irreversible.

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¿Qué podría hacer México para contraatacar a Estados Unidos?

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Por Eduardo Porter. ¿Cuánto daño le puede hacer México a Estados Unidos? En épocas normales esta pregunta no estaría en la mente de los políticos mexicanos. Durante el último cuarto de siglo los gobiernos de México se han esforzado en superar el resentimiento histórico del país contra Estados Unidos para establecer una relación más cooperativa con su poderoso vecino del norte.

Sin embargo, estas no son épocas normales. Mientras el presidente Donald Trump se apresta a renegociar o abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el objetivo estratégico más importante de México se puede resumir en una sola palabra: disuasión. Para ello, debe convencer a Trump de que si acaba con el acuerdo comercial en el que México ha puesto sus esperanzas de desarrollo, entrelazando su economía de una manera cada vez más cercana a la estadounidense, Estados Unidos también sufrirá.

El desafío crucial para México es que la amenaza debe ser convincente.

El problema mexicano, al confrontar al gobierno hostil de Trump, es la enorme asimetría de la relación bilateral. Terminar con el TLCAN afectaría a Estados Unidos: seis millones de empleos estadounidenses dependen de las exportaciones a México, según los funcionarios mexicanos. Pero para los mexicanos el resultado podría ser devastador.

México ha dependido del tratado para atraer capital extranjero al país, no solo asegurando para las empresas multinacionales el acceso estable al mercado de consumo más grande del mundo, sino también garantizando que sus inversiones estén seguras, señaló Luis Rubio, quien dirige el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC) en Ciudad de México.

Los primeros esbozos de la estrategia mexicana se notaron el lunes, cuando el presidente Enrique Peña Nieto declaró que las negociaciones para una futura relación con Estados Unidos no se limitarían al comercio.

“Traeremos a la mesa todos los temas”, dijo en un discurso. “Sí, el comercio, pero también la migración y los temas de seguridad, incluyendo la seguridad fronteriza, las amenazas terroristas y el tráfico de drogas ilegales, armas y efectivo”.

Quiso sugerir que la totalidad de la relación bilateral está en juego: ¿el gobierno mexicano seguirá cooperando en la lucha contra el tráfico de drogas? ¿Seguirá evitando que los terroristas extranjeros usen México como una vía para entrar a Estados Unidos? Si sube la apuesta lo suficiente, quizá México pueda hacer que Trump reconsidere su política comercial.

“México tiene muchas cartas bajo la manga”, dijo Jorge Castañeda, un exsecretario de Relaciones Exteriores que ha propuesto un acercamiento combativo.

Dejen que Trump saque a Estados Unidos del TLCAN, argumenta. En vez de detener a los migrantes centroamericanos en su frontera sur, México debería dejar que pasen y recorran el camino hasta Estados Unidos. “Veamos si su muro mantiene afuera a los terroristas, porque nosotros no lo haremos”, agregó Castañeda.

No todos los mexicanos comparten estas ganas de pelea. Algunos analistas creen que hay potencial para una situación en la que un nuevo TLCAN beneficie a todos. “Siempre he creído que no se debe desperdiciar una buena crisis”, dijo Arturo Sarukhán, un exembajador de México en Estados Unidos. “Podríamos terminar modernizando y mejorando el TLCAN”.

Hay observadores en Washington que comparten la opinión de que la hostilidad de Trump hacia el TLCAN podría tener consecuencias positivas. El acuerdo que data de hace un cuarto de siglo. Debería modificarse de cualquier forma, aunque solo sea para lidiar con aspectos como la protección de la información, los crímenes cibernéticos y el comercio electrónico, que no existían a principios de los noventa. Los acuerdos paralelos sobre el medioambiente y los derechos laborales también podrían mejorarse.

Muchos aspectos podrían actualizarse, dicen los expertos en comercio. Por ejemplo, sería útil asegurar que proyectos gubernamentales se abrieran a empresas de los tres países socios del TLCAN. Con algunos cambios al tratado, empresas mexicanas y estadounidenses de transporte podrían operar libremente en ambos países. Por otro lado, la frontera entre México y Estados Unidos se beneficiaría de más inversiones en infraestructura para integrar redes energéticas, reducir las filas congestionadas en los cruces fronterizos y medidas similares.

Ahora que Trump abandonó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que habría enlazado a América del Norte con otros nueve países del Pacífico en un gran bloque comercial, algunas de sus disposiciones podrían integrarse en un nuevo tratado de América del Norte.

Gary Hufbauer, del Peterson Institute for International Economics a favor del comercio en Washington, sugiere que el nombre “TLCAN” debe eliminarse, pues tiene una mala reputación. Pero gran parte de su esencia podría quedarse, quizá en forma de acuerdos bilaterales separados con Canadá y México.

“Trump quiere obtener algunas victorias fáciles”, señaló Hufbauer. Si puede anotar puntos políticos utilizando su cuenta de Twitter para convencer a algunas empresas de mantener los empleos en Estados Unidos, ¿por qué arriesgarse a afectar la economía estadounidense abandonando el acuerdo comercial de América del Norte? “Quizá esa sea la reconciliación”, dijo Hufbauer.

Sin embargo, es difícil reconciliar la propuesta de un pacto comercial más efectivo y mejorado en América del Norte con la forma en que Trump frecuentemente describe el comercio como un juego de suma cero en el que Estados Unidos inevitablemente pierde.

Según Trump, mejorar el TLCAN significa eliminar el excedente comercial de México con Estados Unidos y limitar las inversiones por parte de multinacionales estadounidenses en México. Pero no se puede eliminar rápidamente un excedente comercial de 60 mil millones de dólares con un nuevo TLCAN… a no ser que fije límites increíblemente draconianos para las importaciones o establezca requisitos de contenido local que podrían ser tan dañinos para México como abandonar el pacto por completo.

Muchos funcionarios mexicanos temen que este tipo de cambio draconiano es lo que Trump tiene en mente. Sería rentable políticamente, por lo menos a corto plazo. Y le enviaría un mensaje a China… un rival formidable que además es el siguiente en la lista de Trump. Si Canadá sale bien librado con un acuerdo independiente con Estados Unidos para remplazar el TLCAN, México estaría solo en una batalla existencial por su futuro.

En este caso, puede que México no tenga otra alternativa que aumentar la apuesta y tener la esperanza de llegar a la mesa de negociaciones con una amenaza que por lo menos sea tan creíble como la promesa de Trump de acabar con el acuerdo.

La postura de negociación de Trump sí tiene algunos puntos débiles. Por un lado, dijo Mickey Kantor, el embajador comercial estadounidense que llevó a cabo las negociaciones del TLCAN durante el gobierno de Clinton, “tiene la presión de lograr un acuerdo”.

Si México se defiende e incluso permite que se disuelva el TLCAN, enviaría su propio mensaje a China: la resistencia no es inútil. Además, la amenaza de Trump de elevar un 35 por ciento los aranceles a México podría ser cuestionada fácilmente bajo las reglas de la Organización Mundial del Comercio.

Desde luego, esa es una estrategia muy riesgosa para México. Cuando Trump entró a la contienda presidencial en junio de 2015, un dólar valía cerca de 15 pesos. Ahora vale casi 21. Una confrontación frontal con Estados Unidos podría hacer que subiera a 40, temen los funcionarios mexicanos, lo cual impulsaría una fuga de capitales.

Sin embargo, esa podría ser la carta más fuerte de México.

Como señaló Fred Bergsten, director emérito del Peterson Institute, una ironía del acercamiento de Trump a México es que debilitando tanto el peso, incrementa el déficit comercial bilateral lo que aumentará la competitividad de México y lo hará más atractivo para las inversiones estadounidenses. “Eso hundirá cualquier cosa que logre con sus iniciativas de empresa por empresa”, agregó.

Hay escenarios peores. Lo más inquietante sería que Estados Unidos presionara tan fuerte que México —su economía, su gobierno poco popular, su orden público y su estabilidad política— se acabara derrumbando.

Estados Unidos ha disfrutado una frontera sur pacífica durante cien años, desde que Pancho Villa hizo sus incursiones de ataque en el suroeste durante la Revolución mexicana. “Eso es oro molido en este y cualquier otro mundo”, dijo Castañeda. “El mejor argumento de México es: ‘No te metas con eso’”.

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