MILEI

La soberbia es mala consejera

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Las últimas actuaciones del oficialismo en el Congreso no pueden leerse como episodios aislados ni como simples errores de cálculo parlamentario. Lo que se observa, con creciente nitidez, es el costo político de una estrategia basada en la imposición, el desprecio por los consensos y una confianza desmedida en la capacidad de disciplinamiento. Cuando la soberbia reemplaza a la política, el resultado suele ser el mismo: retrocesos, fracturas y pérdida de control de la agenda.

La primera señal fue clara en la Cámara de Diputados. El Gobierno logró aprobar en general el Presupuesto, pero sufrió una derrota significativa al rechazarse el capítulo 11, donde se concentraban algunos de los puntos más sensibles del ajuste: la derogación del financiamiento universitario y de la emergencia en discapacidad, entre otros. A pesar de negociaciones de último momento, promesas a gobernadores y presiones internas, el oficialismo no consiguió los votos necesarios. El mensaje fue inequívoco: hay límites que ni siquiera los aliados están dispuestos a cruzar. “Este presupuesto no nos sirve”, se lamentó en privado el presidente.

Lejos de leer esa votación como una advertencia, el Ejecutivo insistió con la misma lógica en el Senado. El resultado fue inmediato. Senadores que hasta ahora habían acompañado al Gobierno se rebelaron contra el estilo de conducción de Patricia Bullrich, cuestionando el método de “latigazos” y dejando en claro que sin presupuesto aprobado en condiciones aceptables no habrá reforma laboral. La decisión de postergar el tratamiento hasta febrero no es solo una dilación técnica: es un gesto político de autonomía y, sobre todo, de hartazgo. A todo esto se sumó la masiva movilización de la CGT, que no pasó sin pena ni gloria y dejó preparado el terreno para oponerse a una reforma que va contra los derechos de los trabajadores y no generará nuevos puestos de trabajo, según lo reconocen en el propio gobierno.

Desde distintos sectores del Congreso, incluso entre quienes no se identifican con la oposición dura, la lectura es coincidente. Legisladores y asesores parlamentarios señalan que el Gobierno subestima el funcionamiento real del sistema institucional, creyendo que la épica del ajuste y la confrontación permanente alcanza para ordenar voluntades. “No alcanza con tener razón en Twitter para ganar una votación”, deslizó un senador dialoguista. Otro fue más directo: “La firmeza sin negociación es solo soberbia”. “Se terminó la espuma del triunfo electoral”, dijo el diputado Agustín Rossi.

Analistas políticos advierten que el problema no es únicamente aritmético, sino estratégico. Un gobierno que no tiene mayoría propia en el  parlamento, necesita ampliar consensos, no reducirlos. Sin embargo, la Casa Rosada, como es su costumbre, parece apostar a una dinámica de desgaste: forzar votaciones, exponer a los aliados, tensionar hasta el límite. Esa lógica puede servir en el corto plazo para marcar posiciones, pero erosiona rápidamente el capital político necesario para sostener reformas estructurales.

El caso de la reforma laboral es paradigmático. Presentada como uno de los pilares del programa económico, hoy aparece empantanada no solo por la resistencia opositora, sino por la desconfianza de quienes deberían garantizar su aprobación. Sin acuerdos previos, sin un presupuesto que ordene expectativas y con un estilo de conducción verticalista, el proyecto de reforma laboral quedó en suspenso. No por conspiraciones externas, sino por errores propios.

En política, la soberbia suele confundirse con determinación. Pero cuando el gobierno cree que gobernar es imponer y no persuadir, termina aislándose incluso de sus propios socios. Esta semana en el Congreso dejó una lección que la historia argentina ya enseñó más de una vez: sin diálogo, sin escucha y sin respeto por la dinámica institucional, la gobernabilidad se vuelve frágil.

Lo ocurrido en el Congreso no es una anécdota ni una conspiración opositora: es el resultado directo de un estilo de gobierno que confunde autoridad con prepotencia y convicción con arrogancia. La derrota parcial en Diputados y la rebelión en el Senado son dos caras de un mismo problema: un Ejecutivo que cree que puede avanzar sin construir acuerdos reales.

Gobernar no es arrasar, ni disciplinar a fuerza de amenazas simbólicas o castigos presupuestarios. Mucho menos en un sistema institucional que exige negociación permanente. Cuando incluso los aliados comienzan a decir basta, el problema deja de ser numérico y pasa a ser político. Y cuando los propios empiezan a rebelarse, la soberbia deja de ser un rasgo de estilo para convertirse en un factor de ingobernabilidad.

El oficialismo enfrenta hoy una encrucijada clara: o revisa su lógica de confrontación permanente o seguirá acumulando derrotas, aun teniendo la iniciativa y la agenda. Porque en política, como vuelve a demostrar esta semana, la soberbia no solo es una mala consejera: suele ser el prólogo del fracaso.

El oficialismo todavía está a tiempo de corregir el rumbo. Pero para eso debería asumir algo elemental: la soberbia no es una estrategia, es un obstáculo. Y en el Congreso, como en la política en general, suele ser una muy mala consejera.

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Con Reforma Laboral a un lado, Javier Milei enfrenta jornada clave por Presupuesto 2026

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La Cámara de Senadores se prepara para un viernes caliente cargado de discusión parlamentaria con el inicio del tratamiento en comisión del Presupuesto 2026 y de la reforma del Régimen Penal Tributario. El gobierno de Javier Milei llega a la Cámara alta con la decisión tomada de introducir modificaciones al texto aprobado en general por Diputados.

Desde el oficialismo anticiparon que la estrategia será insistir con cambios para reordenar las cuentas.

Puertas adentro del Poder Ejecutivo, la lectura es más cruda. Fuentes oficiales ya habían anticipado la intención de enviar reformas a la Cámara alta para asegurar el equilibrio fiscal del Presupuesto. Tal como quedó redactada la ley, en la Casa Rosada consideran que no es viable cumplir con la meta de déficit cero en 2026, motivo por el cual el Senado aparece como la última instancia para corregir el rumbo antes de evaluar un eventual veto.

Reacción tras el golpe político

El rechazo en Diputados a la derogación de las normas de discapacidad y universidades fue un golpe político para el oficialismo. Se trató de la tercera derrota consecutiva en ambos temas, luego de la sanción original de las leyes, el veto presidencial y la posterior insistencia opositora para restituir su vigencia. En ese contexto, el capítulo 11 se convirtió en el principal punto de conflicto del debate presupuestario.

Antes del debate presupuestario, la comisión de Justicia y Asuntos Penales buscará emitir dictamen sobre la reforma del Régimen Penal Tributario. El proyecto, que obtuvo media sanción en Diputados, propone un cambio profundo en los criterios para configurar delitos de evasión y en los mecanismos de fiscalización.

El debate formal en el Senado comienza este viernes y el objetivo del bloque de La Libertad Avanza es lograr dictamen de comisión para dejar el texto listo y llevarlo al recinto la próxima semana. Para obtener una victoria, en el Ejecutivo decidieron atrasar el tratamiento de la reforma laboral que debate la Cámara Alta, para que llegue al recinto recién en febrero.

Reforma laboral: el Gobierno decidió cambiar el proyecto original y postergar su debate para febrero

Tampoco en el Senado el Gobierno pudo concretar su estrategia legislativa al pie de la letra: luego de una extensa jornada de expositores informativos en la que se iba garantizar el dictamen mayoritario de reforma laboral, anunció que prorrogará su tratamiento en sesión para una segunda etapa de las sesiones extraordinarias, en el mes de febrero. Su objetivo inicial era obtener una media sanción la próxima semana. Ahora el oficialismo priorizará la aprobación del Presupuesto 2026 e insistiría con el capítulo 11 rechazado en Diputados.

“Vamos a firmar un dictamen abierto a modificaciones y les proponemos pasar el debate al 10 de febrero“, explicó Patricia Bullrich, titular de la Comisión de Trabajo del Senado, en medio del Plenario legislativo en conjunto con la Comisión de Presupuesto que trabajaba para apurar el dictamen. “Este ha sido el pedido de muchos sectores de poder trabajar esta ley, en vez de discutirla el día 26 de diciembre”, agregó la exministra, que explicó que esa fecha se destinaría a la votación del proyecto de Presupuesto 2026 y de Presunción de Inocencia Fiscal sancionadas por la madrugada en Diputados.

Ahora el plan del Gobierno es alcanzar dictamen del proyecto de Presupuesto 2026 este viernes 19 de diciembre a las 10 horas, en una reunión de comisiones. A partir de allí, precisarían aprobar la iniciativa en el Senado en los cinco días hábiles que le restan, considerando que su propuesta original no logró avanzar en Diputados tras la caída de un capítulo completo.

Es por eso que intentarán volverlo a introducir ese capítulo en el debate de la Cámara alta, lo que implica un tratamiento a contrarreloj: de tratarse el 26 de diciembre, Diputados tendría dos días hábiles para dictaminar nuevamente el mismo proyecto y sancionarlo en el recinto, intentando que la sesión no se extienda más allá de la medianoche porque las extraordinarias fueron convocadas hasta el 30 de diciembre. En caso de que no pueda aprobar el proyecto en lo que queda del año, Casa Rosada debería tomar la decisión de prorrogar el Presupuesto 2023 por un período de tiempo más.

“Es bueno que se prorrogue el debate y que no se cierre tan express como se venía intentando y que se escuche”, destacó el senador Mariano Recalde (Fuerza Patria), aunque se lamentó porque “el dictamen no recoge ninguna observación ni ningún planteo, siquiera lo que ustedes consideraron aceptables”.

Reforma laboral: marcha de la CGT en simultáneo

La prórroga del tratamiento de la reforma laboral se definió horas después de una marcha de la Confederación General del Trabajo en Plaza de Mayo, que formó parte de un “plan de resistencia programada”, según plantearon en la central obrera. Desde ese organismo, también advirtieron por la posibilidad de un paro nacional en caso de que se avance el proyecto sin modificaciones.

Un miembro de la conducción sindical atribuyó la decisión oficialista a “la presión de CGT sobre los senadores, el efecto de la movilización y los errores nos forzados del oficialismo. Además de los cuestionamientos generalizados en la comisión”. “Ahora empieza otro partido“, agregaron. Un legislador peronista que también forma parte de la dirigencia gremial explicó en qué momento se rompieron los puentes con Casa Rosada: “Con Guillermo Francos se hablaba bien. Después venía Santiago Caputo y… más o menos. Pero llegaba Sturzenegger y se pudría todo”. Su testimonio subraya las tensiones que subsisten dentro de la gestión nacional acerca del tipo de vínculo que deben tener contra el gremialismo nacional.

Desde la conducción sindical, en conjunto con los bloques legislativos justicialistas, insisten con su plan inicial de ocho puntos para la reforma laboral: reducción paulatina de la jornada laboral, recomposición salarial, garantías para trabajadores de plataformas, articulación de convenios colectivos, participación en las ganancias de grandes empresas, derecho a la desconexión digital, creación de comités de salud y seguridad en las compañías y aumento de la licencia parental. Estos últimos dos apartados tuvieron dictamen en 2023, con otro oficialismo nacional.

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Iguazú atrae inversores: capitales árabes evalúan un nuevo hotel cinco estrellas en la Selva Iryapú

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Puerto Iguazú volvió a colocarse en el centro del radar de las grandes inversiones turísticas. El mismo día en que el grupo Loi Suites confirmó una inversión de 10 millones de dólares para ampliar y fortalecer su propuesta en el destino, el Gobierno de Misiones mantuvo reuniones con capitales internacionales que analizan la construcción de un nuevo hotel cinco estrellas en la Selva Iryapú.

El ministro de Turismo de Misiones, José María Arrúa se reunió con ejecutivos de Arish Capital Partners, una multinacional de inversiones con sede en Londres y oficinas en Lisboa y Dubái. Por la firma estuvieron presentes Rosalía Torres Ruiz Olivares, directora general de Ventas, y Rakesh Majithia, director general de Inversiones, mientras que el secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, Daniel Scioli, ofició de anfitrión.

El grupo evalúa la construcción de un hotel de aproximadamente 90 habitaciones, de categoría cinco estrellas, en un lote ubicado dentro del área de la Selva Iryapú, uno de los corredores turísticos y ambientales más buscados de Puerto Iguazú. El proyecto se encuentra en etapa de análisis, pero ya forma parte de una agenda concreta de inversiones que observa con atención el desempeño turístico de la provincia.

El grupo Arish Capital Partners pretende realizar inversiones en la industria de la hospitalidad en Argentina, atraído por el decreto presidencial que promueve inversiones a cambio del otorgamiento de la ciudadanía Argentina para el inversor.
“Esta modalidad de Inversiones a cambio de ciudadanía es una de nuestras estrategias de inversión, que ya estamos implementando en otros países como: Portugal, Reino Unido, España y Turquía”, señalaron desde la compañía.

Números que explican el interés

El atractivo de Misiones para los capitales internacionales se apoya en indicadores contundentes. La provincia finalizará el año con más de 2 millones de turistas, mientras que sus aeropuertos registrarán alrededor de 1,8 millones de pasajeros. A esto se suma un dato clave para Iguazú: cerca de 1,6 millones de visitantes ingresaron a las Cataratas, consolidando al destino como uno de los más visitados de la Argentina y de la región.

Estos volúmenes de demanda, sostenidos incluso en un contexto económico adverso, son analizados por los inversores como una señal de estabilidad, proyección y capacidad de absorción de nuevos desarrollos hoteleros, especialmente en segmentos de alta gama.

Desde el Gobierno provincial destacaron que la posible llegada de Arish Capital Partners se suma a una dinámica sostenida de inversiones privadas en Iguazú y en otros puntos estratégicos de Misiones. En particular, subrayaron el impacto directo que este tipo de proyectos tiene en la generación de empleo, tanto en la etapa de construcción como en la operación hotelera posterior.

Un hotel cinco estrellas de estas características implica la creación de nuevas fuentes de trabajo para familias misioneras, además de fortalecer la cadena de valor del turismo: proveedores locales, servicios, gastronomía, transporte y actividades complementarias.

La coincidencia temporal entre el anuncio de Loi Suites y las negociaciones con capitales árabes no es casual. Refleja un escenario en el que Iguazú reafirma su posicionamiento internacional, combinando naturaleza, infraestructura, conectividad aérea y previsibilidad institucional, elementos clave para atraer inversiones de largo plazo en el sector turístico.

Con estos movimientos, Misiones vuelve a mostrar que el turismo no solo es un motor de visitantes, sino también un vector estratégico de desarrollo económico y empleo, capaz de atraer capitales globales y proyectar a la provincia en los mercados más exigentes.

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Empate político, derrota económica: el 69% dice que su situación empeoró

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A dos años del inicio de la gestión de Javier Milei, la fotografía nacional que releva CB Consultora Opinión Pública muestra un escenario de polarización casi perfecta: la evaluación del Gobierno y la imagen presidencial se ubican en un “empate técnico”, mientras que el dato económico más contundente aparece en los hogares, donde predomina una percepción de deterioro respecto del año previo, aunque el futuro se mira con una grieta simétrica entre optimistas y pesimistas.

El informe -levantado entre el 9 y el 13 de diciembre de 2025, con 1.503 casos a nivel nacional, error muestral ±2,5% y un diseño por cuotas de sexo, nivel educativo y franja etaria- trabaja con metodología CAWI (encuesta online) y ofrece una batería breve pero reveladora: evaluación general del Gobierno, imagen del Presidente, situación del hogar y expectativas a un año, además de un escenario electoral 2027.

Un veredicto sin mayorías: 49,6% desaprueba y 46,8% aprueba

La pregunta central del informe coloca el termómetro político en el punto exacto de máxima tensión: 49,6% desaprueba la gestión del Gobierno nacional y 46,8% la aprueba. No hay un mandato social contundente a favor ni un rechazo arrollador: hay, en cambio, una sociedad que parece discutir el rumbo con la misma intensidad con la que lo padece o lo defiende.

En la lógica de este tipo de mediciones, una diferencia de pocos puntos convive con el margen de error y, sobre todo, con un dato político más profundo: cuando el apoyo y el rechazo se mantienen tan próximos, la estabilidad de la opinión pública suele depender menos de las consignas y más de los resultados tangibles en el día a día.

Milei, con imagen calcada al balance de gestión: 49,5% negativa y 48,3% positiva

El mismo patrón aparece al indagar por la imagen del Presidente: 49,5% negativa y 48,3% positiva. La figura presidencial replica la estructura del juicio sobre el Gobierno: adhesión intensa, rechazo intenso, y un país mirando el mismo fenómeno con lentes opuestos.

Esa consistencia entre “gestión” e “imagen” no es un detalle: sugiere que, a esta altura del ciclo, Milei no es solo el conductor del programa, sino también su principal activo -y su principal costo-. En otras palabras: a favor o en contra, el veredicto se personaliza.

El dato económico más pesado está en casa

Si la política empata, el bolsillo rompe la paridad. Frente a la pregunta sobre la economía del hogar “con respecto a un año atrás”, el informe registra un dominio nítido de la percepción negativa: 69,0% considera que empeoró, contra 26,3% que cree que mejoró.

Este número funciona como “columna vertebral” del relevamiento: ordena el resto de las respuestas y explica por qué la aprobación no se traduce necesariamente en bienestar autopercibido. Dicho de otro modo: aun entre quienes sostienen expectativas o respaldos políticos, el tramo vivido aparece como un período de ajuste sentido en la vida cotidiana.

La expectativa hacia adelante, sin embargo, vuelve al empate: para dentro de un año, 46,2% cree que la economía de su hogar mejorará, mientras 46,0% piensa que empeorará.

Este equilibrio es, en sí mismo, una señal política: el presente se evalúa mal, pero la esperanza no desaparece; se distribuye, en proporciones similares, entre quienes apuestan a un rebote y quienes anticipan más deterioro. En escenarios así, los próximos meses suelen ser decisivos: no solo por los indicadores macro, sino por la traducción micro (ingresos reales, empleo, consumo).

El informe también incorpora una pregunta de proyección electoral hacia 2027, lo que confirma que, aun a dos años de gestión, el debate público empieza a ordenar preferencias y rechazos con lógica de futuro.

Lo que deja la encuesta: una grieta estable y un “plebiscito” doméstico

El balance de CB Consultora, en síntesis, dibuja tres capas superpuestas:

  1. Política: gestión e imagen presidencial en paridad, sin mayorías.
  2. Economía vivida: predominio abrumador de la sensación de empeoramiento del hogar.
  3. Expectativa: futuro empatado, como si el país oscilara entre la paciencia y el hartazgo.

Dicho en criollo, amigo: la discusión ya no es si el ajuste existió, sino si valió la pena y si viene la recompensa. Y, por ahora, esa respuesta no tiene una mayoría: tiene dos mitades, mirando el mismo camino con conclusiones opuestas.

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Dos años de Milei: un país partido, economía en rojo y una batalla cultural en puerta

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A dos años del inicio del ciclo libertario, el balance social aparece atravesado por una grieta casi simétrica: 51% desaprueba la gestión nacional y 48,5% la aprueba. La economía cotidiana inclina el humor (49,7% dice estar peor), pero el “núcleo duro” se mantiene y el escenario 2027 ya se discute. En paralelo, el debate sobre vacunas expone un límite cultural: hay consenso abrumador a favor de la vacunación y de su obligatoriedad, aunque crece un rechazo minoritario con peso en la conversación política.

El experimento libertario cumple dos años y la Argentina llega a este cierre de 2025 con una certeza incómoda: el “cheque en blanco” se agotó. Según un estudio de la consultora Zuban Córdoba, la evaluación social de la gestión de Javier Milei muestra una división casi quirúrgica, con un dato políticamente relevante: la desaprobación supera a la aprobación. No se trata de una brecha amplia, pero sí simbólica, porque marca el primer quiebre claro en la expectativa inicial que acompañó al inicio del gobierno.

La fotografía del humor social no se explica solo por afinidades ideológicas. El factor decisivo es la economía doméstica. De acuerdo con el relevamiento de Zuban Córdoba, casi la mitad de la población considera que su situación económica empeoró desde la asunción de Milei, mientras que apenas uno de cada cinco afirma estar mejor. El resto se reparte entre quienes dicen seguir igual -bien o mal-. En términos políticos, el mensaje es nítido: el ajuste ya impactó en la vida cotidiana y condiciona el respaldo.

Desgaste sin derrumbe

Sin embargo, ese malestar no deriva automáticamente en un colapso político. Ante la hipótesis de una reelección presidencial, el estudio de Zuban Córdoba muestra que un 38,1% volvería a votar a Milei, mientras que el 54,5% no lo haría. La distancia es significativa, pero no terminal. El oficialismo conserva un núcleo duro intenso, con altos niveles de fidelidad entre quienes ya lo eligieron, mientras que el rechazo se concentra con igual fuerza en el campo opositor.

El mapa es el de una Argentina más identitaria que persuasiva: el Gobierno retiene a los propios, pero encuentra dificultades para ampliar su base si la situación económica no mejora. No hay corrimiento masivo, sino trincheras bien delimitadas.

El informe también ilumina un dato estructural: más de la mitad de la sociedad considera que el peronismo ya no representa el mapa social argentino. La medición de Zuban Córdoba refleja una crisis más profunda de intermediación política. Durante décadas, el peronismo funcionó como gran articulador de identidades, territorios y demandas sociales; hoy, una mayoría pone en duda esa capacidad.

El desacuerdo con esa idea se concentra en los votantes peronistas, pero el volumen general del dato confirma un cambio de época: el sistema político discute quién representa a quién y bajo qué lenguajes.

Otro indicador sensible emerge con claridad. Según el estudio de Zuban Córdoba, una mayoría percibe que hoy existe mayor predisposición social a “mirar para otro lado” frente a posibles hechos de corrupción en el gobierno. El dato no implica aval explícito, pero sí tolerancia relativa, un fenómeno que remite a una lógica peligrosa: la idea de que ciertos comportamientos pueden ser aceptados si el rumbo general coincide con las propias convicciones.

La lectura política es inquietante. El rechazo a la corrupción deja de ser un consenso transversal y pasa a filtrarse por la identidad partidaria. La vara moral ya no es común: depende de quién gobierna.

El capítulo sobre vacunación introduce un contraste fuerte. De acuerdo con Zuban Córdoba, más del 80% de la población se manifiesta a favor de la vacunación y cerca del 78% respalda su obligatoriedad en Argentina. El sistema de vacunación aparece como un acuerdo social profundo, arraigado y transversal.

No obstante, el estudio detecta matices relevantes. Entre los jóvenes de 16 a 30 años, el apoyo a la obligatoriedad cae de forma significativa y crece el rechazo. No se trata de una mayoría antivacunas, pero sí de un segmento permeable a discursos de desconfianza hacia el Estado y las políticas sanitarias.

En la práctica, dos tercios de la población afirma haber cumplido con todo el calendario nacional de vacunación. Entre quienes no lo hicieron, predominan las dudas sobre la conveniencia para la salud, la percepción de que no era necesario o la falta de indicación médica, más que problemas de acceso.

El impacto cultural de la pandemia también dejó huella: casi un 30% reconoce que su confianza en las vacunas disminuyó después del COVID-19. No es un rechazo frontal, pero sí un terreno fértil para la sospecha.A dos años de gestión, el balance no entrega un veredicto simple. Hay desgaste, malestar económico y una sociedad dividida, pero también un oficialismo que conserva identidad, lealtad y capacidad de sostenerse en un escenario adverso. La Argentina no solo discute resultados: discute límites.

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