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Milei se sube al “tour de la gratitud” y viaja a Córdoba

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El presidente Javier Milei y la secretaria general de la Presidencia y titular de La Libertad Avanza (LLA), Karina Milei, encabezarán hoy desde las 18 en Córdoba una nueva jornada del “tour de la Gratitud”, para volver a encontrarse con sus votantes tras las elecciones.

El evento tendrá lugar en la intersección de las calles San Lorenzo e Ituzaingó, en la capital provincial.

El viaje de Milei se dará luego de su regreso de Oslo, Noruega, donde participó de la entrega del Premio Nobel de la Paz.

El “Tour de la gratitud” de LLA ya había comenzado semanas atrás cuando Karina Milei y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, estuvieron en Corrientes.

Esta será la primera vez que el mandatario nacional se sume a estas actividades de agradecimiento a los votantes que le dieron la victoria en las elecciones legislativas de octubre pasado, donde el oficialismo consiguió nivelar fuerzas en Congreso.

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“La cosa no está fácil”, la sutil crítica de Passalacqua sobre la proyección económica del país

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Durante la asunción del gobernador de Corrientes, Juan Pablo Valdés, el mandatario misionero Hugo Passalacqua dejó una radiografía económica del país marcada por la prudencia y el realismo. En un contexto de tensiones fiscales con el gobierno de Javier Milei y pobres señales mixtas de recuperación, Passalacqua sintetizó su mirada con una frase que resume el clima de época y que ya había utilizado en Misiones en otra crisis durante su primera gestión: “La cosa no está fácil”.

El gobernador participó del acto junto a otros tres mandatarios de la región, y destacó el valor político del gesto:
Acá estamos cuatro gobernadores. Significan un mojón, aunque sea modesto, para la construcción del federalismo que todos deseamos”, afirmó, subrayando el sentido institucional de acompañar a una provincia vecina con la que Misiones comparte historia, frontera e intereses comunes. “Y Corrientes, en particular, te imaginás… con (Pedro) Ferré, la historia que tienen ustedes”, añadió, reforzando el peso simbólico del vínculo.

Passalacqua evitó sobredimensionar la presencia conjunta de los mandatarios, pero sí la interpretó como un hecho político en sí mismo, en tiempos donde la articulación regional vuelve a ganar terreno: “Que estemos acá acompañando a Juan Pablo es un hecho político, federal, institucional, de cooperación, de construcción colectiva”.

Un año económico que despierta más cautela que certezas

Consultado por su proyección sobre la economía argentina para 2026, el gobernador misionero fue directo: “Dios quiera que sea buena, Dios quiera que sea buena… pero como decimos en Misiones: la cosa no está fácil”.

Con esa frase, Passalacqua sintetizó el estado de preocupación que atraviesa a las provincias ante un panorama de actividad amesetada, dificultades para sostener ingresos reales y un sistema productivo que aún no encuentra señales claras de reactivación.

Sobre el clima legislativo a nivel nacional -incluyendo debates sensibles como la reforma laboral- Passalacqua prefirió no avanzar en definiciones: “El tema legislativo te lo paso con los legisladores”, dijo con un tono cordial, dejando claro que será el bloque misionerista el encargado de fijar posición en el Congreso.

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Milei, Machado y la diplomacia de la sobreactuación: un viaje que revela improvisación, fragilidad política y una peligrosa confusión de prioridades

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El viaje de Javier Milei a Noruega para la ceremonia del Premio Nobel de la Paz —en la que María Corina Machado fue premiada pero no asistió a la ceremonia— se convirtió en un caso paradigmático de cómo se están tomando decisiones de política exterior en la Argentina: con criterios personalistas, motivaciones ideológicas antes que estratégicas y una llamativa despreocupación por los costos institucionales. Más que un episodio aislado, lo ocurrido exhibe con crudeza los límites de una diplomacia hecha a contramano de los intereses del país.

Una política exterior que funciona como tribuna personal

La presencia de Milei en Oslo fue un gesto sobreactuado, sin sustento diplomático ni planificación. Se trató de un viaje con nula utilidad para la Argentina y motivado por un único objetivo: reforzar la narrativa internacional del presidente y su lugar dentro de una red de figuras y movimientos de derecha global.

No hubo acuerdos, no hubo iniciativas multilaterales, no hubo agenda económica. Hubo, en cambio, un claro mensaje: la política exterior se usa para consolidar identidades, no para resolver problemas.

La diplomacia, que debería ser un espacio de racionalidad estratégica, quedó reducida a un escenario donde Milei busca protagonismo, aun a costa de la credibilidad del Estado argentino.

Machado: reconocimiento global, pero un liderazgo contradictorio y frágil

El Premio Nobel de la Paz le dio a María Corina Machado un prestigio inmediato. Sin embargo, su trayectoria política presenta contradicciones profundas que no desaparecen por la premiación, y que Milei ignoró —o eligió ignorar— al alinear la política exterior argentina con ella.

Machado representa para algunos un símbolo internacional, pero no cuenta con una estructura política robusta en Venezuela; su discurso es altamente confrontativo y excluyente; sus alianzas internacionales son selectivas y responden a un eje ideológico rígido, no a una estrategia nacional. Sus propuestas económicas, de corte ultraliberal, suelen ser más voluntaristas que aplicables en su país y su figura, lejos de encarnar un consenso democrático amplio, profundiza la polarización.

Es decir: tiene visibilidad, pero carece de las condiciones mínimas para liderar un proceso de transición real. Su capital simbólico supera ampliamente su capacidad política efectiva. Milei decidió convertir ese liderazgo débil en una especie de brújula internacional queriendo posicionarse como el aliado más firme de los Estados Unidos en la región.

Un viaje que mostró improvisación y falta de criterio político básico

Que Machado no pudiera asistir era altamente previsible, aunque hay noticias que dicen que finalmente se hará presente en Oslo, con la ceremonia ya finalizada, en la que estuvo representada por su hija. Aun así, el presidente argentino insistió en viajar, lo que terminó exponiendo a la Argentina en una escena diplomática incómoda: un mandatario presente en una ceremonia centrada en una dirigente ausente, y sin nada que hacer allí más que cumplir con una narrativa que él mismo sobredimensionó.

Es un error que no comete un jefe de Estado con sentido estratégico. Revela falta de lectura diplomática, falta de previsión y falta de asesoramiento profesional o peor, la desestimación total de ese asesoramiento.

Milei eligió sumarse a la narrativa de Machado y reforzar la lógica de bloque ideológicos rígidos que poco aportan a la estabilidad regional. La decisión de viajar para respaldar a una figura cuya estrategia es objeto de críticas, incluso dentro de la propia oposición venezolana, revela la improvisación conceptual que guía la diplomacia del gobierno libertario.

Costos para la Argentina: desalineamiento, debilidad y pérdida de peso real

Mientras Milei acumula kilómetros, la política exterior argentina pierde terreno. Cada viaje sin retorno concreto genera un triple costo: costo de oportunidad, porque el tiempo presidencial no es infinito y se está usando mal; costo diplomático, porque la improvisación erosiona la confianza de aliados reales; costo estratégico, porque los recursos del Estado se destinan a aventuras sin impacto para la economía ni la gobernabilidad.

El problema no es solo que este viaje no sirvió para nada. El problema es que refuerza una tendencia: la Argentina está perdiendo densidad internacional justo cuando más necesita relaciones sólidas para enfrentar su crisis.

La Argentina está debilitando deliberadamente sus anclajes internacionales más relevantes. La desestimación de los BRICS como espacio estratégico —a contramano de la mayoría de los países emergentes— y el abandono del peso histórico que tuvo el país en el G20 reducen la gravitación internacional de la Argentina en un momento en que las alianzas son esenciales. La inclinación del gobierno a privilegiar vínculos con figuras aisladas de la derecha global, en lugar de con bloques económicos y políticos de escala real, le quita seriedad al posicionamiento externo del país y erosiona su capacidad de negociación.

Afinidad ideológica, debilidad política

No existe un vínculo que relacione a Milei y Machado y si existiera, no se sostiene en intereses nacionales, sino en coincidencias ideológicas duras que suelen terminar siendo un mal sustituto de la política real. Cuando un presidente alinea a su país detrás de líderes simbólicos, pero políticamente débiles, lo que hace es reducir la política exterior a gestos que no construyen ningún beneficio para la población.

La apuesta de Milei por Machado no solo fue exagerada, fue políticamente torpe. Y el resultado fue exactamente el que se podía anticipar: exposición innecesaria, falta de resultados y una nueva muestra de que la improvisación terminó convertida en método de gobierno.

Conclusión: una política exterior que se achica, se subordina y se desprofesionaliza

El episodio de Noruega sintetiza un problema mayor, la Argentina está gobernada por un presidente que confunde diplomacia con espectáculo, afinidad política con estrategia y protagonismo personal con defensa de los intereses nacionales.

María Corina Machado es una figura controversial, contradictoria, sin sustento. Javier Milei es un presidente que usa la política exterior como plataforma personal. Juntos producen una alianza que no es estratégica, ni funcional, ni beneficiosa. Es apenas un intercambio de visibilidad que deja a la Argentina peor posicionada.

El país necesita resultados, no gestos; estrategia, no impulsos; y una política exterior que piense en el futuro, no en la épica personal de su presidente.

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Récord de informalidad laboral en Argentina y Posadas no escapa a la crisis

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El último informe del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, señala que el país registra hoy una destrucción neta de puestos asalariados formales que llevó la proporción de trabajadores registrados al mínimo histórico del 45% del total de ocupados. Paralelamente, la informalidad alcanzó un récord del 48%, lo que significa que casi uno de cada dos trabajadores se desempeña sin derechos ni protección social. Y, más grave aún, nueve de cada diez nuevos empleos creados durante la gestión actual son precarios.

El deterioro es generalizado en todas las regiones del país. Las seis áreas que releva el organismo muestran saldos negativos de empleo formal, y el Gran Buenos Aires encabeza la caída con 82.167 puestos registrados perdidos, un síntoma de una contracción estructural que afecta a sectores productivos clave como la industria manufacturera y la construcción. Al mismo tiempo, se observa dinamismo en actividades de baja productividad, como alojamiento, gastronomía y servicios personales, consolidando un mercado laboral fragmentado y de menor calidad.

Este corrimiento tiene un impacto directo sobre los ingresos. Los trabajadores que pierden su empleo formal y logran reinsertarse lo hacen en condiciones de alta vulnerabilidad, con salarios que son en promedio 50% inferiores a los de un trabajador registrado. La insuficiencia de ingresos se expresa con contundencia en los números: el 72% de los ocupados gana $1.000.000 o menos, por debajo de la Canasta Básica Total, que ascendió a $1.213.799 en octubre de 2025.

La figura del “trabajador pobre” se consolida en este escenario. Aun quienes cumplen una jornada completa de 40 horas semanales no escapan a la pobreza: el 19% está por debajo de la línea de pobreza, proporción que asciende a 41,3% entre asalariados informales. Incluso entre registrados, el 10,5% no alcanza a cubrir sus necesidades básicas. La respuesta defensiva de los hogares aparece en el crecimiento del pluriempleo -que ya abarca al 12% de la fuerza laboral– y en el aumento en el uso de préstamos bancarios o financieros, que subieron del 10% al 14% en un año.

En Posadas, los datos oficiales muestran que la crisis nacional se replica y se profundiza. La informalidad pasó de 43,4% en el primer trimestre de 2025 a 55% en el segundo, un salto de más de 11 puntos en apenas tres meses, que posiciona a la capital misionera por encima del promedio nacional. El retroceso es transversal a todas las categorías:

  • Asalariados informales: suben de 33,8% a 45,6%.
  • Patrones informales: se duplican, de 18,5% a 34,3%.
  • Cuentapropistas informales: aumentan de 70,3% a 76,8%, consolidando uno de los niveles más altos del país.

Estos números exponen una estructura laboral crecientemente inestable, con una proporción mayoritaria de trabajadores sin aportes, sin cobertura de salud y sin ingresos suficientes para escapar de la pobreza.

En materia de ingresos, Posadas muestra otra señal de deterioro: la proporción de trabajadores que gana menos de un millón de pesos mensuales -considerando solo la ocupación principal- se mantiene en niveles muy altos. Entre los ocupados totales, el indicador pasó de 80,8% en el primer trimestre a 80,4% en el segundo, prácticamente sin mejora pese a la desaceleración inflacionaria. Entre los asalariados, el retroceso es más marcado: quienes ganan menos de un millón bajaron de 79,3% a 73,9%, un movimiento que refleja una leve recomposición en un segmento, pero que aún deja a tres de cada cuatro trabajadores formales por debajo de la Canasta Básica Total. En síntesis, incluso los asalariados con ocupación principal continúan mayoritariamente sin alcanzar ingresos suficientes para cubrir el costo de vida.

Si bien la pobreza por ingresos bajó desde el pico del 55% registrado al inicio de la actual administración hasta el 31,8%, el descenso convive con una estructura laboral crecientemente precaria, que erosiona la capacidad de los trabajadores para transformar recuperación estadística en bienestar real. Con un 67% de la Población Económicamente Activa enfrentando problemas laborales -desocupación, subocupación o inserción en empleos precarios-, la Argentina y ciudades como Posadas consolidan un proceso de expansión del trabajo, pero de baja calidad y baja remuneración.

La foto del mercado laboral 2025 muestra un país donde conseguir trabajo ya no garantiza salir de la pobreza. La transformación del empleo avanza, pero hacia atrás.

¿Qué nos muestra la serie histórica? Al segundo trimestre de 2023, la tasa de informalidad laboral era del 40% y sostuvo ese nivel hacia el cuarto trimestre de ese año (previo a una leve suba en el tercero cuando llegó al 41%). 

Durante el año 2024, la informalidad presentó subas hacia el primero y el segundo trimestre (43% y 46% respectivamente), pero entre el  tercero y cuarto exhibió una muy importante baja (pasó al 44% primero y luego al 38%), una situación que se mantuvo hacia el primer trimestre de este 2025, donde llegó al 34%.  

Sin embargo, hacia el segundo trimestre de 2025 se vio una fuerte disparada llegando finalmente al 46%. 

En resumen, si bien la informalidad se mantuvo estable al segundo trimestre de 2025 respecto a igual período del 2024 (en 46% para ambos casos) presentó una suba fuerte en los últimos tres meses y se mantiene en un máximo para los últimos tres años.  

En este marco, ¿Cómo se ubica Posadas respecto a la región? El aglomerado misionero  mostró la mayor tasa de informalidad laboral del NEA, ubicándose por encima de Corrientes  (42%), Formosa (41%) y Gran Resistencia (33%) mientras que la media regional marcó  40%; a su vez, a nivel nacional la informalidad llegó al 38% al segundo trimestre del año. Si vemos la variación respecto a igual trimestre de 2024, la informalidad laboral se mantuvo estable en Posadas, en Formosa y en la media regional NEA. Por su parte, Gran Resistencia la incrementó en 1 punto porcentual y Corrientes la disminuyó en igual nivel. 

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Milei viajó al Nobel de la Paz y reforzó su alineamiento con la oposición venezolana

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Milei participó en la entrega del Nobel de la Paz a María Corina Machado en plena tensión geopolítica entre Estados Unidos y el régimen de Maduro

En un contexto de creciente presión internacional sobre Venezuela, el presidente Javier Milei viajó este miércoles a Oslo para asistir a la ceremonia del Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado. La presencia del mandatario argentino coincide con la ofensiva declarada por Donald Trump contra Nicolás Maduro y constituye un gesto político que refuerza el alineamiento de la Casa Rosada con la estrategia de Washington en torno al conflicto venezolano.

Un viaje político al centro de la tensión global

El Presidente llegó a Noruega al mediodía, acompañado por una delegación reducida integrada por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. El objetivo inmediato fue participar de la ceremonia del Nobel en el Ayuntamiento de Oslo, donde Machado —la figura opositora más relevante frente al régimen venezolano— fue distinguida.

La secuencia internacional ofrece una lectura clara: mientras Donald Trump afirma que Maduro “tiene los días contados”, Milei se posiciona públicamente junto a la principal referente de la oposición venezolana, actualmente en la clandestinidad desde agosto de 2024, cuando el régimen intensificó las órdenes de captura contra miembros de su movimiento político.

Este gesto diplomático se enmarca en una sintonía declarada entre Buenos Aires y Washington. Tanto Milei como Trump comparten una lectura geopolítica que identifica al gobierno venezolano como un aliado estratégico de China, Rusia, Irán y Corea del Norte, con repercusiones directas en la seguridad regional.

Tras la ceremonia, Milei mantendrá reuniones bilaterales con el rey Harald V y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, con foco en la relación diplomática entre Argentina y Noruega.

María Corina Machado: clandestinidad, persecución y un premio recibido en ausencia

Si bien se especuló con un encuentro entre Milei, María Corina Machado y el presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia, esto quedó descartado horas antes del evento. Machado no asistió al acto debido a su situación de clandestinidad.

Erik Aasheim, portavoz del Comité del Nobel Noruego, había relativizado su presencia, al señalar que “hay expectativas”, pero destacando la dificultad logística para que la dirigente viajara desde Caracas.

Machado, finalmente, envió un mensaje afirmando que está “en camino ahora” y que llegará a Oslo “entre la noche del miércoles y la mañana del jueves”. Agregó que el reconocimiento “es un premio para todos los venezolanos” y que espera reencontrarse con su familia “después de dos años”.

La dirigente fue forzada a la clandestinidad tras ser acusada —sin evidencia presentada— de conspirar contra Maduro. Según los datos difundidos, escapará y regresará protegida por su inmunidad internacional, evitando así ser capturada por el aparato represivo venezolano.

Además del mandatario argentino, asistieron los presidentes José Mulino (Panamá), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay) y Edmundo González Urrutia, presidente electo de Venezuela. Todos forman parte del bloque regional que respalda la transición democrática en Venezuela y adhieren a los lineamientos de la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, donde la situación venezolana es considerada un tema prioritario.

Impacto diplomático y proyección de la crisis venezolana

La presencia conjunta de Milei, Mulino, Noboa y Peña en Oslo refleja un alineamiento hemisférico frente al régimen de Maduro. La región vive un momento de máxima tensión: Estados Unidos fortaleció su presión diplomática con el apoyo explícito de Trump, mientras Venezuela sostiene alianzas estratégicas con países como Rusia, China e Irán, que le proveen asistencia financiera, tecnológica y militar.

Para los analistas internacionales, el rol de María Corina Machado es central. Su liderazgo articuló la resistencia civil y política más amplia de la última década, convirtiéndose en un símbolo de presión global sobre el régimen de Caracas. El reconocimiento del Comité del Nobel no solo legitima esa posición, sino que amplifica la presión sobre la permanencia de Maduro en el poder.

En este marco, el equipo político de Machado desmintió cualquier insinuación de que la dirigente no regresaría a Venezuela tras el viaje a Oslo. Magalli Meda, ex vocera de su campaña, respondió que pensar en su exilio sería “como decirle a una madre que va a dejar de querer a sus hijos”.

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