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La economía aceleró en marzo, pero el rebote sigue apoyado en pocos motores

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El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) publicado por el INDEC registró una expansión de 5,5% interanual y una mejora de 3,5% respecto de febrero en términos desestacionalizados, marcando uno de los mejores registros mensuales desde el inicio del actual ciclo de estabilización macroeconómica.

El dato tiene una doble lectura. Por un lado, confirma que la actividad logró recuperar terreno luego de un febrero contractivo, cuando el EMAE había caído 2% interanual y 2,7% frente al mes previo. Por otro, exhibe que buena parte de la expansión continúa sostenida por sectores específicos vinculados a los recursos naturales, la recomposición industrial y actividades extractivas, mientras el resto de la economía aún muestra un comportamiento más moderado.

La principal locomotora del crecimiento volvió a ser el agro. Agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció 17,9% interanual y explicó por sí sola 1,42 puntos porcentuales del avance total del EMAE. Detrás apareció la industria manufacturera, con un incremento de 4,6%, seguida por explotación de minas y canteras, que avanzó 16,3%. Entre los tres sectores aportaron 2,7 puntos porcentuales al crecimiento general de la economía.

La foto sectorial deja en evidencia un patrón productivo cada vez más dual. Los sectores vinculados al complejo exportador, la minería y ciertas ramas industriales muestran una recuperación clara, favorecidos por la estabilización cambiaria, la recomposición parcial de la actividad fabril y una mejor campaña agropecuaria. Sin embargo, áreas más asociadas al consumo interno avanzan a menor velocidad.

El comercio mayorista y minorista creció apenas 2,2% interanual, mientras hoteles y restaurantes subieron 0,9%, una cifra que refleja una demanda todavía contenida. En paralelo, actividades inmobiliarias y empresariales crecieron 2,4%, transporte y comunicaciones 4,7%, y los servicios sociales y de salud apenas 1%.

En contraste, la única actividad que registró caída interanual fue la administración pública y defensa, con una baja de 1,2%, consistente con el proceso de ajuste fiscal y reducción del gasto estatal impulsado por el Gobierno nacional. Ese sector restó 0,06 puntos porcentuales al resultado global del EMAE.

Otro dato relevante es que la recuperación mensual fue mucho más intensa que la tendencia de fondo. Mientras la serie desestacionalizada saltó 3,5% en marzo, la serie tendencia-ciclo avanzó apenas 0,4%, lo que sugiere que todavía no puede hablarse de una expansión homogénea y sostenida de toda la economía.

El acumulado del primer trimestre dejó un crecimiento de apenas 1,7% frente al mismo período de 2025, reflejando que la mejora reciente aún convive con una base de comparación exigente y con sectores que siguen lejos de los niveles previos a la recesión iniciada tras el ajuste de fines de 2023.

También aparece un fenómeno cada vez más visible en los datos sectoriales: la economía argentina empieza a exhibir una recuperación más ligada a actividades transables y generadoras de divisas que al mercado doméstico. La minería mostró un crecimiento de dos dígitos por tercer mes consecutivo, la intermediación financiera avanzó 8,8%, y el agro consolidó su normalización tras el impacto climático que había afectado campañas anteriores.

La construcción, en tanto, mostró una mejora de 7,6% interanual, aunque todavía con niveles muy heterogéneos y lejos del dinamismo observado antes del freno de la obra pública nacional.

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Schwarz: “La economía crece, pero la brecha entre sectores se profundiza”

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La economía argentina atraviesa una etapa que, a primera vista, puede parecer contradictoria. Los números muestran crecimiento, pero la realidad productiva exhibe tensiones cada vez más visibles. Esa dualidad fue el eje del análisis de Gerardo Alonso Schwarz, economista jefe de la Fundación Mediterránea, Regional NEA, quien visitó los estudios de Open1017 y dejó una definición que resume el momento actual: cambio estructural.

En su visión, la clave para entender por qué la economía puede expandirse y, al mismo tiempo, dejar sectores enteros en dificultades, es el “cambio estructural”. “Si tenemos que resumir lo que está pasando en Argentina, lo haría con un término y un número: crecimiento y cambio estructural”, explicó, al señalar que la actividad habría crecido 4,5% el año pasado y se proyecta una suba del 3,4% para este año, en línea con estimaciones del Banco Central, organismos internacionales y consultoras privadas.

Pero ese crecimiento, advierte, no es homogéneo. Por el contrario, está atravesado por una redistribución interna del peso de los sectores productivos. “Algunos sectores están tomando muchísimo mayor dinamismo, están creciendo muy fuertemente, y otros no solamente no crecen, sino que incluso están perdiendo posiciones”, señaló, marcando el corazón del fenómeno.

En ese nuevo mapa económico, los ganadores aparecen con bastante claridad. La energía, impulsada por el desarrollo de hidrocarburos, lidera el proceso, beneficiada además por el contexto internacional. “Los sectores ganadores son principalmente hidrocarburos, gas y petróleo, que incluso se ven favorecidos por la guerra en Irán”, apuntó.

A ese impulso se suma la minería, con el litio y el cobre como protagonistas, especialmente en el norte del país y la región de Cuyo. Y, como tantas veces en la historia argentina, el agro vuelve a ocupar un lugar central. “La cosecha no solo se prevé que sea muy buena, sino que además viene acompañada de precios que crecieron cerca de un 10%”, explicó, consolidando el rol del sector como generador de divisas y actividad.

Ahora bien, el crecimiento de estos sectores abre un debate inevitable: ¿Alcanza para generar empleo? Schwarz introduce un matiz clave. No niega el impacto positivo, pero tampoco lo sobredimensiona. “Sí generan empleo, no solamente en la producción, sino también en la logística y en el efecto derrame”, sostuvo.

Ese derrame se vuelve visible en actividades como la construcción. “La liquidación de dólares del campo típicamente se traduce en más construcción y desarrollos inmobiliarios”, describió, al explicar cómo el dinamismo de un sector puede irradiar sobre otros.

Sin embargo, el problema no está en los sectores que crecen, sino en los que quedan rezagados. Allí aparecen las mayores tensiones. Actividades orientadas al mercado interno o que históricamente compitieron con importaciones -como textiles o calzado- enfrentan un escenario mucho más exigente. “Son sectores que generaban muchos puestos de trabajo y hoy están en problemas”, advirtió.

La explicación está en el cambio de reglas. La apertura económica y la mayor competencia obligan a una rápida adaptación. “Tienen que reorientarse, buscar un nicho o especializarse para poder competir”, explicó, dejando en claro que el margen para sostener esquemas tradicionales es cada vez más limitado.

Ese proceso de adaptación no es solo sectorial, sino también empresarial. Cambia la lógica de funcionamiento. “El modelo de negocio cambió: ahora se necesitan mayores volúmenes y más estandarización para poder competir”, sostuvo, apuntando directamente a uno de los principales desafíos actuales.

En ese contexto, las empresas con estructuras rígidas o altos costos fijos son las más expuestas. “Las empresas con estructuras más grandes son las que hoy están en problemas”, sintetizó.

El consumo, uno de los indicadores más sensibles, refleja esa complejidad. Aunque hay señales de crisis en algunos rubros, los datos agregados muestran otra cara. “A nivel nacional, el consumo está en récords históricos medido como gasto total de los hogares”, explicó, aunque aclaró que la realidad no es uniforme.

La evidencia empírica confirma esa dualidad. “Hay sectores con problemas más urgentes y otros que están creciendo”, indicó. Incluso a nivel local, en ciudades como Posadas, el fenómeno se replica con matices. “El centro tuvo cierres, pero esos locales rápidamente se están ocupando y hay una expansión hacia otras zonas”, describió.

Detrás de este escenario aparece una transformación más profunda. “El nivel de protección de la economía argentina era imposible de sostener” y “el gasto público como motor de la economía se había agotado”, planteó, en una definición que marca el cambio de paradigma.

El problema, como suele ocurrir en la Argentina, es el ritmo de ese cambio. “En este país los cambios nunca se dan paulatinamente”, advirtió, señalando una de las principales dificultades para los sectores que deben adaptarse.

En ese marco, la clave pasa por la capacidad de reacción. “Las empresas tienen que afinar la punta del lápiz y revisar sus costos”, afirmó, en una síntesis que refleja el nuevo escenario.

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Economía flexibiliza el RIGI y sube el umbral de inversión de largo plazo

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El Gobierno nacional avanzó el 10 de abril con una modificación sensible del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI): mediante la Resolución 484/2026, el Ministerio de Economía elevó del 30% al 35% el umbral que define cuándo un proyecto puede ser considerado de “largo plazo”. El cambio, que rige desde su publicación, no altera la arquitectura formal del régimen, pero sí su puerta de entrada. La decisión abre un interrogante central: ¿se trata de un ajuste técnico para mejorar la operatividad o de una señal política para acelerar inversiones en sectores específicos?

Un cambio técnico con impacto político

El RIGI, creado por la ley 27.742, establece condiciones especiales para grandes inversiones bajo la premisa de garantizar estabilidad a proyectos de larga maduración. Uno de sus criterios más sensibles es el cociente entre el flujo de caja proyectado en los primeros tres años y el total de la inversión planificada en ese mismo período.

Hasta ahora, ese ratio no podía superar el 30%. Con la nueva resolución, el límite sube al 35%, lo que amplía el universo de proyectos elegibles sin modificar el principio rector del régimen.

La facultad para ajustar ese parámetro ya estaba prevista en la ley, pero su uso efectivo marca una decisión política: intervenir sobre un indicador técnico para alinear el régimen con dinámicas sectoriales concretas. La medida se inscribe, además, en un proceso más amplio de ajustes al RIGI, que incluyó recientemente la prórroga de hasta un año para adherirse y la incorporación de nuevos desarrollos hidrocarburíferos.

Sectores con peso: hidrocarburos, energía y minería

El cambio no es neutro en términos sectoriales. Según los fundamentos técnicos que respaldan la resolución, el ajuste responde especialmente a las características de los proyectos de petróleo y gas, en particular los desarrollos “costa adentro” recientemente incorporados al régimen.

En estos casos, la lógica financiera difiere de otros sectores: presentan una recuperación inicial más rápida, pero requieren reinversiones constantes para sostener la producción a lo largo de ciclos que pueden extenderse entre 20 y 35 años. Bajo el esquema anterior, esa dinámica podía dejar fuera del RIGI a proyectos que, en términos reales, son de largo plazo.

El mismo diagnóstico se extiende —con matices— a otros sectores. En energía eléctrica, el nuevo umbral no altera el carácter de largo plazo de las inversiones en infraestructura. En minería, la modificación se considera marginal, dado que los proyectos suelen arrojar ratios muy por debajo del límite en sus etapas iniciales. En la industria siderúrgica y otros sectores industriales, el impacto es calificado como técnicamente neutro.

La decisión, sin embargo, también incluye al sector tecnológico, donde los ciclos de innovación acelerados y la necesidad de reinversión permanente justifican un criterio más flexible sin desvirtuar la lógica del régimen.

Menos restricción, más elegibilidad: el mensaje del Gobierno

Al elevar el umbral, el Ministerio de Economía reduce una barrera de acceso sin cambiar los beneficios ni las condiciones de estabilidad. En términos prácticos, más proyectos podrán calificar como inversiones de larga maduración y acceder al esquema.

Ese movimiento tiene una lectura política: el Gobierno busca mostrar capacidad de ajuste fino sobre su principal herramienta de promoción de inversiones, en un contexto donde la atracción de capitales se vuelve central. No hay cambios en los incentivos, pero sí en la interpretación de qué proyectos los merecen.

Al mismo tiempo, la decisión se aplica de manera uniforme a todos los sectores, como exige la ley, lo que evita abrir un frente de conflicto entre actividades. Sin embargo, el origen del cambio —anclado en la dinámica de hidrocarburos— sugiere dónde está el foco estratégico.

Un régimen en evolución

El RIGI no permanece estático. La modificación del umbral se suma a una serie de ajustes recientes que buscan mejorar su implementación y ampliar su alcance. La intervención técnica sobre un parámetro clave indica que el Gobierno está dispuesto a recalibrar el régimen en función de la respuesta del mercado y las particularidades sectoriales.

Queda por observar si este cambio se traduce en un aumento efectivo de proyectos presentados o aprobados. También, si otros parámetros del régimen entran en revisión a medida que avance su implementación.

Por ahora, la señal es clara: el Gobierno flexibiliza criterios sin resignar el marco general. Pero en un esquema donde la estabilidad es la principal promesa, cada modificación abre una tensión latente entre previsibilidad y adaptación.

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La economía creció 1,9% interanual en enero, pero siguen flojos la industria y el comercio

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La actividad económica argentina inició 2026 con una suba interanual de 1,9% en enero, de acuerdo con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) difundido por el INDEC. En términos mensuales, la economía mostró además un avance de 0,4% frente a diciembre en la medición desestacionalizada, mientras que la serie tendencia-ciclo registró una mejora de 0,3%, lo que indica que el nivel general mantuvo una trayectoria ascendente, aunque con un ritmo moderado.

El dato confirma que la economía sigue en terreno positivo al comenzar el año, pero también deja ver una recuperación heterogénea. No hubo un crecimiento parejo entre sectores: la expansión estuvo sostenida sobre todo por el fuerte salto del agro y por el desempeño de la explotación minera, mientras que ramas sensibles para el mercado interno, como la industria manufacturera y el comercio, volvieron a exhibir retrocesos.

Según el resumen ejecutivo del informe, en enero diez de los quince sectores que integran el EMAE registraron subas interanuales. Los mayores incrementos se observaron en Pesca, con un alza de 50,8%, y en Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con un crecimiento de 25,1%. Sin embargo, no todos los sectores que más crecieron fueron los que más pesaron en el resultado global. El propio INDEC remarca que la actividad con mayor incidencia positiva fue Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, seguida por Explotación de minas y canteras, que avanzó 9,6% interanual. Entre ambos sectores aportaron 1,7 puntos porcentuales al crecimiento total del EMAE, que fue de 1,88%. Esa concentración muestra con claridad que el resultado agregado descansó en pocos motores de fuerte empuje.

El gráfico sectorial incluido en la página final del informe permite dimensionar ese reparto. Agricultura aportó 1,27 puntos porcentuales al alza general, mientras que Explotación de minas y canteras sumó 0,40 puntos. Detrás aparecieron los impuestos netos de subsidios, con una incidencia positiva de 0,42 puntos; la intermediación financiera, con 0,30; transporte y comunicaciones, con 0,17; y pesca, con 0,15. Es decir, el crecimiento de enero tuvo una base bastante concentrada en actividades primarias, extractivas y financieras, más que en sectores masivos ligados al consumo o a la producción industrial.

Del otro lado, el informe también muestra que persisten focos de debilidad importantes. Cinco sectores registraron caídas interanuales en enero. Las principales bajas se verificaron en Comercio mayorista, minorista y reparaciones, con una contracción de 3,2%; Electricidad, gas y agua, con una merma de 3,0%; Industria manufacturera, con una baja de 2,6%; Hoteles y restaurantes, con -2,2%; y Administración pública y defensa, con -1,6%. Entre comercio, industria, electricidad y administración pública le restaron 0,9 puntos porcentuales al nivel general, según el propio INDEC.

Ese dato es particularmente relevante porque marca un contraste fuerte entre los sectores que hoy sostienen la mejora y aquellos que suelen funcionar como termómetro del mercado interno. El comercio, por su peso dentro de la estructura económica, fue el sector de mayor incidencia negativa: restó 0,40 puntos porcentuales. La industria manufacturera quitó otros 0,36 puntos y electricidad, gas y agua, 0,06. Así, aunque el EMAE mostró crecimiento, una parte relevante de la economía real siguió sin despegar al inicio de 2026.

La serie mensual también aporta contexto para entender el momento actual. Durante 2025, la actividad había transitado un año mayormente positivo en la comparación interanual, con subas que llegaron a 7,8% en abril y se mantuvieron en niveles relativamente altos durante buena parte del primer semestre. Pero hacia el cierre del año aparecieron señales de desaceleración: noviembre mostró una variación interanual de -0,2%, antes de rebotar a 3,3% en diciembre. En ese marco, el 1,9% de enero de 2026 aparece como un crecimiento más moderado que los registrados en buena parte de 2025. El acumulado del año, al tratarse del primer mes, también quedó en 1,9%.

En la comparación estrictamente mensual, la suba de 0,4% desestacionalizada frente a diciembre confirma que hubo una mejora de corto plazo, pero sin aceleración significativa. De hecho, la tendencia-ciclo avanzó 0,3%, un ritmo algo más firme que el 0,2% que había predominado en varios meses de 2025, aunque todavía lejos de una expansión vigorosa. Visto en perspectiva, el EMAE parece sostener una recuperación gradual, pero todavía con una matriz frágil y muy dependiente de pocos sectores dinámicos.

Entre los rubros que crecieron, además del agro, la minería y la pesca, también se destacaron la intermediación financiera, con 7,7% interanual; transporte y comunicaciones, con 2,3%; impuestos netos de subsidios, con 2,3%; servicios sociales y de salud, con 0,8%; construcción, con 0,5%; actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, con 0,5%; enseñanza, con 0,2%; y otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales, con 0,1%. La mayoría de estas ramas mostró avances leves o moderados, lo que refuerza la idea de que el desempeño de enero no fue el resultado de una expansión generalizada, sino de un conjunto acotado de sectores con tracción más intensa.

En términos de lectura económica, el informe deja una conclusión central: la economía comenzó 2026 en crecimiento, pero con desequilibrios sectoriales marcados. La mejora del nivel general fue real, aunque apoyada en actividades primarias y extractivas, mientras que sectores clave para el entramado productivo y el consumo, como industria y comercio, siguieron retrocediendo. Eso plantea un escenario en el que la recuperación existe, pero todavía no logra derramarse de manera homogénea sobre toda la estructura económica.

También vale remarcar que la industria manufacturera, a pesar de haber mostrado mejoras interanuales en varios tramos de 2025, volvió a caer en enero de 2026. Ese retroceso, sumado a la baja del comercio, puede interpretarse como una señal de cautela: el rebote agregado no necesariamente equivale a una mejora consolidada en la producción y el consumo doméstico. Algo similar ocurre con hoteles y restaurantes, que cayeron 2,2%, una baja que puede leerse como una señal de enfriamiento en actividades vinculadas al gasto de los hogares y al turismo.

El cuadro general, entonces, muestra una economía que evita la recaída y mantiene números positivos, pero todavía sin una base amplia de expansión. El dato de enero es mejor que una contracción, sin dudas, pero también deja claro que el repunte está lejos de ser parejo. El próximo informe del EMAE, con la estimación preliminar de febrero de 2026, será difundido por el INDEC el 22 de abril, y será clave para determinar si esta mejora moderada logra afirmarse o si se trató apenas de un inicio de año sostenido por sectores muy puntuales.

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Milei activa una gira internacional para consolidar su alianza con Trump y seducir a Wall Street

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El presidente Javier Milei inicia este viernes una nueva gira internacional con una agenda que combina geopolítica, financiamiento y posicionamiento ideológico regional. El mandatario viajará a Estados Unidos, en lo que será su decimoquinto desplazamiento al exterior desde que asumió, con el objetivo explícito de profundizar su alineamiento con la administración de Donald Trump, participar en un foro regional impulsado por la Casa Blanca y encabezar en Wall Street el evento Argentina Week, una plataforma diseñada para captar inversiones internacionales.

El itinerario incluye tres escalas estratégicas: Miami, Manhattan y Santiago de Chile, donde Milei participará el 11 de marzo a las 12:00 de la asunción presidencial de José Antonio Kast. En conjunto, la gira busca enviar señales simultáneas al poder financiero global y a los nuevos polos de la derecha política en América Latina.

La pregunta que sobrevuela la agenda es si esta ofensiva internacional consolidará el liderazgo externo del Presidente o si funcionará principalmente como una apuesta simbólica para reforzar su narrativa política en medio de un escenario global cada vez más tenso.

Un alineamiento geopolítico explícito con la Casa Blanca

La primera parada del mandatario será Miami, donde participará en la cumbre “Escudo de las Américas”, convocada por la Casa Blanca. El encuentro reunirá a doce países de la región bajo la consigna de “promover la libertad y la seguridad”, en un contexto internacional marcado por la escalada bélica en Medio Oriente.

El foro se realizará en un hotel ubicado en Doral, propiedad del propio Trump. Allí, el objetivo central será avanzar en mecanismos de cooperación militar y de seguridad regional, una agenda que el Pentágono observa con atención frente a las nuevas tensiones globales.

La presencia de Milei en ese espacio refuerza un posicionamiento que su administración ha exhibido desde el inicio: un alineamiento político y estratégico con Washington que trasciende lo económico y se proyecta hacia la política exterior.

En términos diplomáticos, el gesto tiene múltiples lecturas. Para Estados Unidos, Argentina aparece como un aliado confiable en Sudamérica en momentos de creciente polarización global. Para el gobierno argentino, la relación directa con la Casa Blanca funciona como un activo político y financiero que puede facilitar inversiones y respaldo internacional.

Wall Street como escenario: el road show de inversiones

El segundo tramo de la gira se trasladará a Manhattan, donde el Presidente participará en Argentina Week, un evento que comenzará el lunes 9 de marzo y que reunirá a ejecutivos de grandes corporaciones, bancos internacionales y funcionarios del gobierno argentino.

La iniciativa es organizada por JPMorgan, Bank of America, la embajada argentina en Estados Unidos y el fondo de venture capital Kaszek. Según el embajador argentino en Washington, Alec Oxenford, el evento alcanzó rápidamente su capacidad máxima de inscripción, reflejando el interés del sector privado.

El objetivo oficial es presentar a Argentina como un destino de inversión seguro, con foco en sectores considerados estratégicos por el Gobierno: energía, minería, agroindustria.

Durante las jornadas se realizarán paneles con ejecutivos de compañías globales y representantes del sistema financiero. También participarán funcionarios del gabinete económico y directivos de grandes empresas vinculadas a la energía, el agro y la tecnología.

Entre los participantes previstos figuran directivos de corporaciones como Dow, Baker Hughes, Uber, Chevron y Rio Tinto, así como ejecutivos de bancos argentinos y multinacionales del sector agroindustrial.

El oficialismo planea mostrar ante los inversores los avances en reformas estructurales, especialmente: la reforma laboral, que apunta a reducir costos del mercado de trabajo. El nuevo marco regulatorio para inversiones en energía y minería. La discusión legislativa sobre la ley de Glaciares, que ya tuvo sanción en el Senado y resta su tratamiento en la Cámara de Diputados.

En paralelo, se prevén reuniones privadas entre funcionarios y grandes fondos de inversión, instancias que suelen ser decisivas para definir eventuales proyectos de financiamiento.

Gobernadores aliados y señales hacia el Congreso

Un dato político no menor es que Milei se mostrará en Nueva York acompañado por una decena de gobernadores que hoy respaldan su orientación económica y mantienen sintonía con el rumbo del Ejecutivo.

La foto conjunta tiene una lectura interna clara. El Gobierno busca exhibir una base de apoyo territorial que trascienda al oficialismo nacional y que en los últimos meses resultó clave para destrabar votaciones en el Congreso.

El vínculo con los mandatarios provinciales también tiene una dimensión económica. Varias de las inversiones que se intentan atraer —en minería, energía o agroindustria— dependen de marcos regulatorios provinciales y acuerdos fiscales locales.

En otras palabras, el road show financiero también funciona como una demostración de gobernabilidad.

La otra señal: una cumbre de la nueva derecha regional

Tras su paso por Estados Unidos, Milei cruzará la cordillera para asistir a la asunción presidencial de José Antonio Kast en Chile, el miércoles 11 de marzo.

El evento promete convertirse en un punto de encuentro de dirigentes identificados con la nueva derecha regional. Allí, el mandatario argentino buscará reforzar su posicionamiento como uno de los referentes políticos del espacio.

La visita tendrá además un detalle singular: Milei no viajará acompañado por su comitiva habitual. Su equipo regresará a Argentina mientras el Presidente continúa su agenda en el país trasandino.

La escena chilena puede funcionar como una plataforma política regional, pero también como un gesto de afinidad ideológica que marca distancia respecto de otros liderazgos latinoamericanos.

El regreso y la agenda doméstica

Una vez finalizada la gira internacional, el Presidente retomará la agenda interna con dos actividades programadas en Tucumán el 19 de marzo.

La primera será el denominado “tour de la gratitud”, una recorrida federal con la que el jefe de Estado busca capitalizar el respaldo electoral obtenido en las últimas elecciones legislativas.

La segunda actividad será su participación como invitado de honor y orador principal en el Foro Económico del NOA (FENOA 2026), organizado por la Fundación Federalismo y Libertad en el Hilton Garden Inn de San Miguel de Tucumán.

En ese evento también participará la senadora Patricia Bullrich, ex ministra de Seguridad.

Un movimiento externo con impacto en la política interna

La gira de Milei combina tres planos que hoy atraviesan la estrategia del Gobierno: alineamiento geopolítico, atracción de capitales y construcción de liderazgo regional.

El viaje ocurre además en un contexto global atravesado por la escalada bélica en Medio Oriente y por una creciente competencia entre bloques de poder.

Para la Casa Rosada, mostrar a Argentina integrada al circuito financiero de Wall Street y alineada con Washington puede reforzar la credibilidad del programa económico.

Pero la efectividad de esa apuesta dependerá de un factor clave: si el interés financiero que se manifieste durante Argentina Week se traduce luego en inversiones concretas.

Mientras tanto, el Presidente apuesta a proyectar una imagen internacional activa. Una señal hacia afuera que también busca impactar en el tablero político doméstico.

El resultado de esa estrategia, sin embargo, todavía está abierto.

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