Misiones

El ajedrez del equilibrio fiscal en Misiones

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Hace apenas unas horas, Misiones dio a conocer los datos de la ejecución presupuestaria correspondientes al segundo trimestre de 2026, que dejan como resultado general la obtención del equilibrio fiscal en un contexto altamente desafiante para las cuentas provinciales.

Entre enero y junio, Misiones registró ingresos totales por $2.152.608 millones (o $2,15 billones), que cayeron 8,6% real contra igual período de 2025. Esa baja equivale a una pérdida de recursos para la provincia, medida en pesos constantes a precios de junio de 2026, de $214.885 millones

A su vez, los gastos totales alcanzaron los $2.151.684 millones (o $2,15 billones), con un retroceso de 6,4% real, equivalente a un recorte del gasto público de $156.943 millones a precios de junio.

A simple vista, aparecen dos cuestiones centrales. En primer lugar, el equilibrio fiscal: el resultado financiero fue de $924 millones positivos, equivalente al 0,0% de los ingresos. Algo más holgado fue el resultado primario (previo al pago de intereses de la deuda), que alcanzó los $4.806 millones, aunque representa apenas el 0,2% de los ingresos. En segundo lugar, el gasto cayó en menor medida que los ingresos, por lo que el ajuste no fue lineal respecto de la evolución de los recursos. En ese marco, resulta necesario observar qué ocurrió con cada uno de sus componentes.

Empecemos por los ingresos. Los ingresos corrientes cayeron 8,6% y explicaron el 99,5% de los recursos totales de la provincia. Dentro de estos, los ingresos tributarios, es decir, aquellos derivados de impuestos retrocedieron con mayor fuerza (-10,2%), arrastrados principalmente por los impuestos provinciales, cuya baja llegó al 20,9%, mientras que los de origen nacional cayeron 4,4%. En conjunto, los recursos tributarios registraron una pérdida de $207.122 millones, equivalente al 96% del total de recursos que perdió la provincia durante el período.

También sufrieron bajas las contribuciones de la seguridad social (-13,6% y – $49.083 millones a precios actuales), los no tributarios (-0,3%) y las rentas de la propiedad (-66,7%); por el contrario, las transferencias corrientes crecieron 135,5% aportando un excedente de $ 48.249 millones, claramente insuficiente para torcer el resultado general. Por el lado de los ingresos de capital, explican solo el 0,5% del total y cayeron 3,3% interanual real, aportando una pérdida muy menor con relación a los otros componentes del gasto (pérdida de $ 368 millones a precios actuales).

Hecho este detalle, ¿cómo se explica entonces la fuerte baja de los ingresos provinciales? La respuesta es clara: la actividad económica. En los tributos provinciales, la caída se explicó casi en su totalidad por la menor recaudación de Ingresos Brutos, una de las más fuertes del país. En los recursos de origen nacional, el principal impacto vino por la coparticipación, fuertemente condicionada por el menor desempeño del IVA. En definitiva, el 96% de la pérdida de recursos de la provincia se concentró en estos dos conceptos, reflejando el desafiante escenario que enfrenta la caja provincial.

Ahora bien, si vemos el otro costado de la situación: ¿Cómo se administró la caída de los recursos? Mediante una redistribución del gasto público total, que cayó también pero en un nivel inferior al de los ingresos. La merma del gasto total fue del 6,4% real interanual, equivalente a un recorte del gasto público de $ 156.943 millones medido a precios de junio del corriente. 

El 94,5% del gasto misionero fueron erogaciones corrientes, que retrocedieron 6,9% (-$ 159.526 millones reales). Si bien la mayoría de sus componentes siguieron la tendencia a la baja, no fueron todos. El gasto en personal mermó 9,1% y explicó casi la mitad del recorte total de los gastos corrientes; los bienes de consumo cayeron en 3,6% y las prestaciones de la seguridad social -7,8%. Por su parte, las transferencias corrientes marcaron -7,0% aunque dentro de las mismas hay dispares desempeños: los envíos al sector privado crecen 10% pero al sector público caen 16,5%, en parte explicado por la caída en la coparticipación municipal (-17,4%) parcialmente compensada por mayores envíos corrientes a municipios fuera de la copa (+20,5%, aunque desde niveles muy bajos). 

Lo novedoso aparece en el gasto de capital. En un contexto de caída de ingresos, donde habitualmente la inversión es uno de los primeros componentes en ajustarse, Misiones tomó el camino inverso. El gasto de capital creció 2,1%, pero con una marcada recomposición interna.

La inversión real directa, lo que comúnmente llamamos obra pública (y que explica el 72% del gasto de capital total) creció en 53,7%, ampliando su gasto a nivel interanual en un equivalente a $ 31.272 millones a precios de hoy. Se trata de una suba de muy importante magnitud que cobra mayor relevancia por el contexto. 

Pero si el principal componente del gasto de capital creció más de 50%, ¿por qué el gasto de capital total aumentó apenas 2%? La explicación está en los restantes componentes: la inversión financiera cayó 48,4% y las transferencias de capital retrocedieron 34,9%. También aquí hubo diferencias significativas: los envíos al sector privado crecieron 29,5%, los fondos de capital destinados a municipios aumentaron 22,7%, mientras que las transferencias al resto del sector público desaparecieron en su totalidad.

¿Qué muestra, en definitiva, esta composición? Que el gasto de capital fue reorientado hacia la ejecución de obra pública, la asistencia financiera a los municipios para inversión y el apoyo al sector privado, mientras se redujeron los recursos destinados a otros organismos del Estado y la inversión financiera. La decisión parece haber sido concentrar los recursos disponibles en aquellos componentes con mayor capacidad de impacto sobre la dinámica económica interna.

Si se resume la estrategia fiscal del primer semestre, puede decirse que Misiones logró sostener el equilibrio no solamente mediante una reducción del gasto, sino también a través de una redistribución de sus partidas. El gasto corriente absorbió buena parte del ajuste, mientras que se preservó e incluso incrementó la inversión real directa. De haberse aplicado un ajuste uniforme sobre todos los componentes, el gasto total probablemente habría caído en línea con los ingresos o incluso por encima de ellos.

Misiones logró esa readecuación de sus cuentas aun sosteniendo el equilibrio fiscal, lo cual es destacable y cobra mayor relevancia al mirar al mediano plazo: el gasto de personal tuvo una merma significativa en este periodo, pero para el tercer trimestre tendrá otra dinámica dada la aplicación de la pauta salarial acordada. Así, el reordenamiento de las partidas priorizó primero la dinámica interna vía aumento de inversión pública para luego, con cierto margen fiscal, poder avanzar hacia el recupero de otros componentes del gasto corriente que requiere mejoras para dinamizar la actividad interna. 

El problema, sin embargo, está menos en el gasto que en los ingresos. La provincia puede decidir qué partidas priorizar, cuáles ajustar y cuáles sostener, pero existe un límite concreto para esa ingeniería fiscal cuando los recursos tributarios continúan cayendo.

El equilibrio fiscal conseguido por Misiones durante el primer semestre es, por lo tanto, más una muestra de capacidad de administración que de holgura fiscal. La provincia logró sostener las cuentas ordenadas en un escenario de menores recursos, pero lo hizo utilizando el margen disponible para preservar la inversión y contener el impacto sobre la actividad. El desafío hacia adelante será mucho mayor: si la economía y la recaudación no recuperan dinamismo, cada vez habrá menos espacio para sostener simultáneamente equilibrio fiscal, inversión pública y recuperación del gasto corriente. En épocas de vacas flacas, el verdadero desafío no es solamente gastar menos, sino decidir qué no se puede dejar de financiar.

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¿Cuánto vale realmente una hora de tu vida profesional?

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Hace unos días tuve que hacer una cuenta que, después de muchos años de vida profesional, nunca había hecho de esa manera. Necesitaba definir cuánto tiempo estaba dispuesta a dedicar a un proyecto antes de sentarme a negociar las condiciones de mi participación. La pregunta parecía económica: ¿cuánto vale una hora de mi trabajo? Sin embargo, mientras intentaba responderla descubrí que dividir mis ingresos por la cantidad de horas trabajadas no resolvía el problema.

Porque esa hora no estaba vacía. Para ocuparla tenía que sacar otra cosa de mi agenda. Podía ser una hora destinada a un cliente, a desarrollar un proyecto propio, a escribir, a pensar una decisión estratégica o, simplemente, una hora de mi vida personal que el trabajo empezaba a absorber. La cuenta, entonces, dejó de ser cuánto podía cobrar por ese tiempo y pasó a ser cuánto me costaba realmente entregarlo.

Esta distinción importa especialmente cuando una carrera profesional empieza a acumular oportunidades. Al comienzo, el desafío suele ser conseguir trabajo, clientes o proyectos. Con los años puede aparecer un problema bastante menos evidente: hay más cosas que podríamos hacer que tiempo disponible para hacerlas. En ese momento, seguir midiendo todas las oportunidades únicamente por el ingreso que generan puede llevarnos a administrar mal nuestro recurso más escaso.

La economía tiene un concepto bastante preciso para esto: costo de oportunidad. Cada vez que elegimos una alternativa, renunciamos al beneficio que podría habernos proporcionado la mejor alternativa descartada. Aplicado a nuestra agenda, significa que el costo de una hora no está compuesto solamente por lo que cobramos o dejamos de cobrar durante esos sesenta minutos. También incluye aquello que desplazamos para poder ocuparlos.

Y ahí las horas empiezan a mostrar diferencias que el reloj no registra. Una hora atendiendo a un cliente puede producir ingresos inmediatamente. Una hora dedicada a tareas administrativas quizá no facture nada y, además, podría ser realizada por otra persona. Una hora utilizada para diseñar un servicio, revisar la rentabilidad de un negocio o preparar una negociación tampoco produce necesariamente dinero ese día, pero puede modificar los resultados de los próximos meses. Hay además horas que desaparecen entre reuniones innecesarias, problemas que podrían haberse evitado y desorganización. Y están, finalmente, aquellas que sacamos de nuestra vida personal para terminar lo que no entró en la jornada laboral.

Todas duran sesenta minutos. Económicamente, no valen lo mismo.

Alguien podría objetar que no todo puede reducirse a una cuenta económica, y tendría razón. Hay proyectos que aceptamos por aprendizaje, compromiso institucional, relaciones, propósito o simplemente porque queremos hacerlos. El problema no está en asignar tiempo a algo que no maximiza nuestros ingresos. El problema aparece cuando no sabemos que estamos tomando esa decisión y tratamos como gratuita una hora que tiene un costo.

Esto también cambia la manera de pensar a los clientes. Durante mucho tiempo asociamos un buen cliente con alguien que necesita nuestro servicio, reconoce su valor y puede pagar nuestros honorarios. Son condiciones importantes, pero no necesariamente suficientes. Un cliente puede pagar el precio acordado y resultar, aun así, demasiado caro para nuestra práctica profesional.

Puede requerir una cantidad desproporcionada de reuniones, mensajes, seguimiento o disponibilidad. Puede ocupar horarios que podrían destinarse a actividades de mayor valor. Puede demandar un nivel de atención que no estaba contemplado al fijar los honorarios. Incluso puede impedirnos aceptar un proyecto más alineado con la dirección en la que queremos crecer.

Por eso, no todos los que pueden pagar son clientes.

No como gesto de exclusividad ni como argumento para cobrar más. Es una cuestión de asignación de recursos. Cuando el tiempo disponible tiene un límite, aceptar una oportunidad significa necesariamente rechazar, postergar o reducir otra.

Esta mirada también obliga a revisar una idea muy instalada: estar con la agenda llena como indicador de éxito. Una agenda completamente ocupada puede mostrar demanda, pero también puede revelar que hemos asignado todo nuestro tiempo a producir el presente y no hemos reservado ninguna capacidad para construir el futuro. Si cada hora disponible está comprometida con la operación, queda muy poco espacio para pensar, diseñar, negociar, desarrollar nuevas oportunidades o simplemente evaluar hacia dónde estamos yendo.

Ahí aparece una hora que solemos subestimar precisamente porque no tiene facturación inmediata: la hora estratégica. Su resultado no siempre puede medirse al terminar el día. Sin embargo, una conversación bien preparada, una revisión seria de los números o una decisión sobre qué dejar de hacer puede producir más valor que varias horas de actividad operativa.

La cuenta que empecé intentando hacer para una negociación terminó llevándome a una conclusión diferente. Ya no necesitaba solamente establecer cuánto deberían pagarme por determinadas horas. Necesitaba decidir cuáles estaba dispuesta a entregar y cuáles no.

Esa diferencia modifica la posición desde la que negociamos. Cuando solamente calculamos nuestro precio, discutimos dinero. Cuando incorporamos el costo de oportunidad, empezamos a discutir algo bastante más importante: qué lugar queremos darle a ese trabajo dentro de nuestra vida profesional.

Durante buena parte de una carrera aprendemos a buscar oportunidades, generar ingresos y ocupar nuestra agenda. Pero llega un momento en que el problema cambia. Ya no es solamente conseguir más, sino elegir mejor. Y elegir mejor supone aceptar que un proyecto puede ser interesante, un cargo puede ser prestigioso y un cliente puede estar dispuesto a pagar nuestros honorarios, sin que eso alcance para justificar el tiempo que demandará.

Por eso, calcular cuánto vale una hora profesional no debería servir únicamente para fijar un precio. Debería ayudarnos a decidir dónde vale la pena ponerla.

Después de todo, el dinero que no ganamos hoy puede recuperarse. Una oportunidad incluso puede volver a presentarse. La hora que entregamos, en cambio, ya fue asignada.

Quizás esa sea la cuenta que conviene hacer antes de decir que sí.

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“Mistharia” inaugura en el Yaparí un viaje plástico “del collage al libro objeto”  

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“Mistharia es una selva mágica perdida al norte de la Mesopotamia, de un país llamado Argentina. Durante miles de años esta selva se mantuvo oculta bajo la espesa niebla húmeda que cubre ese territorio subtropical. Un dúo de exploradoras en busca del Libro del Destino se abrió camino por entre las lianas, la maleza, la exuberante vegetación y la extensa tierra roja… Y como resultado, dieron con el mapa que descubre este misterioso reino salvaje”.

Así dicen Alejandra Rodríguez y Nahir Vera, dos artistas misioneras con recorridos individuales propios, pero que para esta ocasión unieron sus universos imaginarios para crear uno nuevo. “Esta idea empezó a pulsar el año pasado… y desde entonces estamos trabajando en ella, haciéndola crecer… y a la vez descubriéndola”, cuentas las artistas, en un espacio de trabajo conjunto en el taller. “Las dos teníamos obra previa, pero la mayor parte del trabajo que vamos a exponer se creó exclusivamente para Mistharia”, cuentan.

“Mistharia – Del collage al libro objeto” se inaugurará el viernes 4 de setiembre a las 19 hs en el primer piso del Museo Provincial de Bellas Artes Juan Yaparí. La exposición, que durará todo el mes de septiembre, condensa varios meses de trabajo intenso de las artistas. Durante ese mes, habrá “activaciones” los días jueves, con visitas guiadas y tardes de collage, abiertas a todo público.

Sobre la muestra

El recorrido toma como punto de partida el collage -técnica de composición que une fragmentos diversos en una nueva totalidad- y evoluciona hacia el libro objeto, entendido como una narración visual, que denota un recorrido en el tiempo utilizando imágenes y palabras (optativamente). El eje conceptual se inspira en la estructura literaria universal del viaje del héroe: un tránsito interior y exterior a través de umbrales, pruebas, aprendizajes y retornos. La muestra propone un desplazamiento de lo bidimensional hacia lo tridimensional, de la imagen hacia la experiencia, de la autoficción a los cuentos de fantasía.
El guión curatorial se propone como el mapa de un territorio fantástico, donde se manifiestan diferentes estadios de este recorrido. Algunos de estos estadios son espacios interactivos que proponen acercarse a las obras, reconocerlas, habitarlas e  incluso compartir su creación -como el Observatorio y el Libro del Destino- y otros  estadios invitan simplemente a la contemplación activa, como La Selva, El Camino y La Biblioteca.

Alejandra Rodríguez es artista escénica y visual. De la actuación y la performance pasando por la fotografía autorretrato, el videoarte y el cine experimental, Alejandra desarrolla su práctica artística hibridando lenguajes de las artes escénicas, visuales y audiovisuales. Es egresada de la Tecnicatura Superior en Actuación. Autora de “La Nación de Plástico” (2023) y el recientemente estrenado cortometraje “Una rama que siempre soñó ser pájaro” (2026).

Nahir Vera es artista visual y gestora cultural. Su práctica combina medios visuales, audiovisuales, performáticos y rituales, investigando biomateriales en diálogo con el territorio. Es Licenciada en Artes Visuales (UNA, tesis en defensa). En 2025 editó el libro de poesías “Para Rituales de Medianoche”, con Ayvu Ediciones, con el cual ganaron una beca del Fondo Nacional de las Artes. Preside la AMTAV (Asociación Misionera de Trabajadores de las Artes Visuales) desde 2026.

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“Anna Restaurante de Campo”, de Chaco, es el ganador de la octava edición del “Prix Baron B – Édition Cuisine”

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“Anna Restaurante de Campo”, el proyecto gastronómico de Alina Ruiz ubicado en la zona rural de Juan José Castelli, Chaco, fue elegido ganador de la 8ª edición del Prix Baron B – Édition Cuisine, el premio que desde 2018 reconoce proyectos gastronómicos integrales de todo el país que se destacan por su excelencia, sustentabilidad y visión transformadora. La final, que se realizó en Faena Art Center, reunió a más de 120 invitados para celebrar la diversidad y riqueza de la gastronomía argentina, y el lanzamiento de la Guía Prix Cuisine.

La propuesta ganadora se distingue por revalorizar técnicas ancestrales del norte argentino y desarrollar una filosofía de kilómetro cero, en la que la tierra y los ciclos productivos determinan qué llega a la mesa. El proyecto nació en Finca Don Miguel, donde desde 2009 la huerta, los corrales, el ganado, el ordeñe, el apiario y el monte nativo conforman un sistema productivo que define la identidad de su cocina.

A esta instancia también llegaron “Crujiente”, de Ushuaia, Tierra del Fuego, encabezado por los cocineros Leandro Giménez y Camila Fernández y “Alcanfor”, de Villa Crespo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dirigido por Julian Galende. Los tres proyectos fueron evaluados por un jurado de excelencia tras las presentaciones de los chefs finalistas. El panel estuvo presidido por Mauro Colagreco e integrado por Gonzalo Aramburu, quien participó por segundo año consecutivo, junto a Dolli Irigoyen y Gabriel Oggero, que se sumaron por primera vez como jueces del certamen.

Un proyecto donde la tierra marca el rumbo

“Anna Restaurante de Campo” nació de una relación íntima con el territorio. Su premisa es simple: cocinar aquello que se produce. El menú no es fijo, sino que está determinado por los ciclos productivos y la estacionalidad de la finca.

La sustentabilidad atraviesa toda la estructura del proyecto. De las 50 hectáreas que conforman la finca, 20 corresponden a monte nativo, cuya conservación permite desarrollar ganadería regenerativa, mantener un apiario de 50 cajones y recolectar frutos autóctonos como algarroba, mistol y chañar. A esto se suman la rotación de cultivos, la ausencia de agrotóxicos, el uso de agua de recolección y el aprovechamiento integral de los alimentos.

La propuesta también recupera una dimensión social y cultural, a partir del trabajo de Alina Ruiz con mujeres y comunidades del Impenetrable en torno a la soberanía alimentaria, la recuperación de recetas ancestrales y la valorización de productos de recolección. En su cocina conviven raíces Qom, criollas e inmigrantes, reinterpretadas a través de técnicas contemporáneas.

Para la final, Alina presentó “Lingote de cabrito, chanfaina y papel de nuestro ordeñe”, maridado con Baron B Extra Brut. El cabrito es criado y faenado en la propia finca; la leche del ordeñe diario se deshidrata para convertirse en un “papel de leche”; y la chanfaina recupera vísceras y sangre en una preparación vinculada a la cocina de las familias productoras. El plato sintetiza así la filosofía del proyecto: producción, memoria, territorio y aprovechamiento integral de las materias primas.

“Desde 2009 tenemos este proyecto. Verlo hoy acá gracias a la elección del jurado y todo este reconocimiento a nosotros, es reconocer también el trabajo de varios años. Buscamos durante mucho tiempo poder visibilizar Anna Restaurante de Campo y el trabajo que venimos realizando, nuestro proyecto no va a ser el mismo luego de este premio” comentó Alina Ruíz y agregó – “Una cosa es llegar a Resistencia donde aterriza el avión, otra es llegar a las puertas del Impenetrable, donde estamos nosotros. Estar acá es visibilizar esa parte de la provincia”. 

Como ganadora, Alina Ruiz recibió un corcho bañado en oro, tallado por el orfebre argentino Juan Carlos Pallarols, un premio económico de $3.000.000 y un viaje a Francia para realizar una pasantía en Mirazur junto a Mauro Colagreco.

Las otras propuestas que llegaron a la final

“Crujiente”, de Leandro Giménez y Camila Fernández, propone una experiencia de cenas a puertas cerradas para 14 comensales, centrada en la identidad fueguina y el vínculo con pequeños productores, pescadores, recolectores e investigadores. Su cocina se adapta a los ciclos naturales y a las condiciones del territorio, con un menú compuesto casi en su totalidad por productos fueguinos. Para la final presentó “Costa y Huerta”, con mejillones del canal, papines chilotes, salicornia encurtida, espuma de papa fermentada y garum de róbalo, maridado con Baron B Extra Brut.

“Alcanfor”, liderado por Julián Galende, construye una propuesta de cocina urbana que toma a Buenos Aires como territorio y punto de encuentro entre distintas culturas, ingredientes y memorias. Su enfoque de sustentabilidad incluye el aprovechamiento integral de las materias primas, la reutilización de excedentes, el compostaje y la reducción del uso de plásticos descartables. En la final presentó cordero grillado con milhojas de repollo, puré de cebolla caramelizada, naranjas quemadas y demi-glace de cordero, maridado con Baron B Brut Nature. 

Los dos proyectos finalistas recibieron un corcho bañado en plata, también realizado por Pallarols, y un premio económico de $1.500.000 cada uno.

Las voces del jurado

Mauro Colagreco, quien preside el jurado desde la primera edición dio la bienvenida y comentó- “El Prix Baron B Edition Cuisine continúa generando interés y ayuda a impulsar gastronomía local, de autor y territorio, muy federalmente, desde Jujuy a Ushuaia. Año tras año veo más la fuerza y el nivel que tiene Argentina en la gastronomía, a pesar de las complejidades del contexto, no se ve en otras partes del mundo la potencia que tiene nuestro país, yo que tengo la oportunidad de viajar y conocer otras culturas, no he visto proyectos como los que descubrimos aquí.”. Y agregó – “Este año, vino con una gran novedad,  el lanzamiento de la Guía, donde están todos los finalistas desde el comienzo del premio, la idea es poder darle visibilidad a todos estos proyectos a lo largo y ancho del país para también impulsar a otros proyectos a participar a futuro.” 

Gonzalo Aramburu, quien participó por segunda ocasión como jurado:  “Participar por segundo año es un orgullo, han llegado grandes proyectos donde pudimos ver la diversidad de Argentina, que se reflejó en los tres finalistas, realmente me conmueve. Me hace reflexionar mucho donde estoy y qué hago hoy día, estar en este premio es realmente una celebración de la gastronomía.” 

Dolli Irigoyen destacó “Es emocionante ver la cantidad de proyectos que tiene este país, no solo estos tres finalistas, sino todos los que hemos evaluado, la diversidad y la calidad que hay. Sin pasión no se llega a ningún lado” y agregó “Cada vez vemos más cómo crece la gastronomía en Argentina, cómo evoluciona. En los últimos años, lo más interesante es la importancia que se le está dando a los productores, el reconocimiento a las diferentes regiones y a la gente que trabaja el campo… que en este premio se pone en evidencia y que hace que se puedan presentar proyectos como estos” 

Gabriel Oggero “Es un honor participar por primera vez del Prix Baron B Édition Cuisine, realmente habían muchos proyectos súper interesantes. Los tres finalistas comparten un montón de cosas que hace años atrás no estaban en la mesa y están hoy representandolo, es increíble, representan la historia, producto y lugar muy fielmente, podes hablar horas con ellos que te van a contar el nombre de cada productor, como usan la materia prima… ese es el enriquecimiento del aprendizaje. Es un orgullo para nuestra gastronomía también que hayan llegado a la final proyectos como Crujiente que ponen en lo alto la riqueza del Mar Argentino.”

Lanzamiento de la Guía Prix Cuisine

La final tuvo además un motivo especial de celebración: Baron B presentó la Guía Prix Cuisine, una guía digital que reúne la historia de las siete ediciones anteriores del premio: sus jurados, finalistas, ganadores, platos, ingredientes y las distintas regiones del país que fueron construyendo, edición tras edición, un mapa cada vez más amplio de la gastronomía argentina.

Concebida como un archivo vivo, la guía se actualizará todos los años para incorporar nuevas historias, cocineros, territorios y propuestas, y preservar así la memoria y evolución del Prix Baron B Édition Cuisine.

Como parte de este lanzamiento, fueron invitados al evento finalistas y ganadores de las siete ediciones anteriores, quienes volvieron a encontrarse para celebrar el recorrido realizado y, junto a los nuevos protagonistas, seguir escribiendo la historia del premio.

En cada edición este premio ha ido creciendo y se ha convertido en el certamen más prestigioso para la gastronomía nacional y el más representativo a nivel federal, habiendo tenido participantes de Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Jujuy, Chubut, Rio Negro, Tierra del Fuego, Misiones, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, Santa Cruz, Salta y Santiago del Estero.

Descubrí la Guía en  https://www.guiaprixcuisine.com.ar/ 

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Oberá Nocturna abre sus convocatorias a realizadores y estudiantes secundarios

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La cuarta edición del Ciclo de Cine de Terror convoca a realizadores del NEA y, mediante la categoría Micro Terror, a estudiantes secundarios, terciarios y universitarios de Misiones. Los trabajos podrán presentarse hasta el 20 de septiembre.

La ciudad de Oberá se prepara para recibir una nueva edición del Ciclo de Cine de Terror, un espacio dedicado a la difusión y promoción del cine de género argentino. La cuarta edición se desarrollará del 13 al 15 de noviembre de 2026 en la sala del Cine Teatro Oberá.

Este año, el ciclo contará con una programación especial que incluirá dos de las películas nacionales de terror más destacadas de los últimos años, un estreno nacional, charlas, capacitaciones, el esperado Encuentro de Maquillaje FX, una reunión de cosplayers, exposiciones de artistas visuales y plásticos, escritores invitados y numerosas actividades abiertas a la comunidad.

La propuesta busca fortalecer la producción cinematográfica regional, generar espacios de intercambio entre realizadores y espectadores, y acompañar el crecimiento de un género que durante los últimos años ha ganado reconocimiento nacional e internacional.

Una categoría para estudiantes secundarios

Una de las principales puertas de entrada será Micro Terror, convocatoria dirigida a estudiantes de instituciones secundarias, terciarias y carreras universitarias de pregrado y grado de toda la provincia de Misiones.

Los participantes deberán presentar cortometrajes pertenecientes al género de terror —en cualquiera de sus subgéneros— con una duración de entre 20 segundos y un minuto, créditos incluidos.

Convocatoria regional

La segunda categoría está destinada a realizadores audiovisuales y estudiantes terciarios o universitarios de la región NEA, integrada por Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa. La convocatoria busca ampliar la participación regional y visibilizar las producciones independientes vinculadas con el cine de terror y sus diferentes vertientes.

Las inscripciones para ambas categorías permanecerán abiertas hasta el 20 de septiembre de 2026, fecha límite para la presentación de los trabajos.

El 4.º Ciclo de Cine de Terror es organizado por el Cine Teatro Oberá–Espacio INCAA, el Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones (IAAviM), la Municipalidad de Oberá y la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), con la colaboración del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y Obercom.

Con estas convocatorias, Oberá Nocturna vuelve a tender un puente entre quienes ya trabajan en la producción audiovisual y quienes pueden encontrar en un cortometraje de apenas unos segundos su primera experiencia detrás de cámara.

Más información, bases y condiciones en la página de la Facultad de Arte y Diseño de la UNaM.

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