El galardón que ofrece el reconocido medio Bloomberg, muestra el talento de la región, en este caso te mostramos quiénes son las Argentinas en la lista.
El reconocido medio Bloomberg presentó la tercera edición de su lista “Las Mujeres de Impacto en América Latina 2024”, un reconocimiento a las líderes que abanderan los avances de género en la región a través de sus logros en diversos sectores como los negocios, las finanzas, el entretenimiento o los deportes.
El listado, que se actualiza anualmente, reúne a mujeres destacadas del mundo financiero, empresarial, artístico, deportivo y tecnológico, entre otros.
Entre las representantes de Argentina se encuentran:
Nicki Nicole: Cantante y compositora argentina de gran éxito internacional.
Agustina Albertario: Estrella del hockey sobre césped, campeona mundial y olímpica.
Paula Arregui: Figura clave en el crecimiento de MercadoLibre, ocupando un puesto de liderazgo en la empresa.
Patricia Pomies: COO de Globant, una de las empresas tecnológicas líderes en Latinoamérica.
Sabrina Castelli: Fundadora de Mujer Financiera, una plataforma que empodera a las mujeres en materia financiera.
Las nominadas fueron cuidadosamente seleccionadas por Bloomberg, tras un análisis exhaustivo del desempeño de cientos de profesionales en la región.
Cabe destacar que el resultado no se configura como un ranking, sino como un reconocimiento a una pequeña muestra de las innumerables mujeres que lideran sus nichos en el continente.
Para la edición 2024, el Consejo Editorial de Bloomberg puso especial énfasis en tres aspectos:
Liderazgo: Capacidad para inspirar, motivar y guiar a equipos hacia el éxito.
Impacto financiero y de negocios: Habilidad para generar resultados tangibles y contribuir al crecimiento de las empresas e instituciones.
Influencia social: Capacidad para generar un impacto positivo en la sociedad a través de su trabajo y activismo.
Esta lista, como el de los 500 más influyentes, son una muestra del talento de la región.
La emergencia sanitaria a causa de la pandemia puso al descubierto la vulnerabilidad que viven las mujeres en los ámbitos rurales, esto impulsó a un grupo de dulceras de Catamarca a buscar alternativas productivas que brinden oportunidades económicas para afrontar contextos adversos.
Con el acompañamiento del INTA, comenzaron una reconversión de su actividad y viraron hacia la curtiembre de cueros, confección de prendas y accesorios artesanales en busca de mayores ingresos económicos e incentivar el rol de la trabajadora rural en la cadena productiva de la provincia. Actualmente proponen una normativa nacional para la Ley de Orgánicos, pionera a nivel mundial, para certificar y exportar cuero de pequeños productores.
Erica Guzman –técnica de la Agencia de Extensión Rural Capayán, Catamarca– explicó: “Recurrieron a sus saberes ancestrales y vínculos con el territorio para conformar una cooperativa, esto las llevó a aprender y mejorar un proceso que aprovecha los residuos de la actividad ganadera, como el cuero, para confeccionar accesorios y vender la materia prima a artesanos locales, estudiantes y agrupaciones gauchas de forma amigable con el medioambiente y con el beneficio de potenciar la producción artesanal en la provincia”.
Las productoras –de diferentes departamentos del Valle Central de Catamarca, en Capayán, Capital y Valle Viejo– se identifican como “Curtiendo nuestras raíces”, el grupo se conforma por 14 mujeres y actualmente sumaron 6 hombres. Gracias al trabajo en conjunto con el equipo del INTA se encuentran próximas a recibir su matrícula como cooperativa y su comercialización anual sumó más de 1300 cueros de diferentes curtidos en forma artesanal en un proceso que dura 40 días.
La actividad del grupo sirvió para que se desarrolle una cadena de valor del cuero de cabrito que potencia el trabajo de las mujeres del territorio. Para ello, compran la mayor cantidad de cueros a mujeres, actualmente 40 productoras, repartidas en los departamentos Capayán, La Paz –cuero de cabritos–, Tinogasta –cuero de cabras– y Antofagasta de la Sierra –cuero de llama–.
Estas productoras se destacan en su labor por apoyar y brindar oportunidades a muchas mujeres del territorio en la búsqueda de su independencia económica. Guzman indicó que “la actividad del cuero no la realizaban las mujeres, era cosa de hombres y una actividad que estaba casi perdida en el Valle Central”.
“Estas mujeres con problemáticas vinculadas a cuestiones de género se acercaron al INTA para solicitar acompañamiento ante la situación de vulnerabilidad potenciada por la pandemia”, detalló Guzman.
El INTA trabajó en la conformación del grupo para fortalecer sus vínculos y formar una cooperativa. Se capacitaron en el uso de herramientas de comercialización, elaboración de reglamento interno de trabajo y construcción de una identidad visual que las identifique, entre otras.
“Han logrado mejorar su técnica, adquirir capacidades en la confección de artesanías y prendas para damas, y trabajar en forma amigable con el medio ambiente, a partir del aprendizaje de una técnica de curtido que no utiliza cromo y sulfitos en el proceso”, puntualizó Guzman.
El INTA acompañó la gestión de fondos externos ante otras instituciones, así se logró la aprobación del financiamiento de maquinarias e insumos, como también en la comercialización además de la vinculación con diferentes Instituciones y productoras locales quienes proveen la materia prima.
Un punto importante en su labor es que, a partir de la demanda de venta de cuero a Europa, trabajan en forma conjunta con la Mesa de Orgánicos de la provincia y la Cámara Argentina de Certificadores en una propuesta de normativa nacional para la Ley de Orgánicos que será pionera a nivel mundial, la cual brindará la oportunidad de certificar y exportar cuero de los pequeños productores.
Guzman destacó: “Uno de los próximos pasos a seguir es lograr el teñido natural del cuero. Para ello, se investiga en la sabiduría de las tejedoras del oeste y en sus recetas de teñido de lanas. Esta será una experiencia innovadora porque no hay antecedentes con el uso de tintes naturales”.
El contexto laboral de este grupo de mujeres rurales, con problemáticas de género, fue difícil en sus inicios. Hoy con el acompañamiento del INTA y la apertura de otras instituciones trabajan para consolidar su emprendimiento que les reditúa económicamente, y les permite recuperar saberes ancestrales de manera sustentable.
Estudio del Observatorio de Argentinos por la Educación, revela que las mujeres obtienen mejores resultados educativos que los hombres, pero ganan un 22% menos en promedio.
Un estudio del Observatorio de Argentinos por la Educación revela que las mujeres obtienen mejores resultados educativos que los hombres, pero ganan un 22% menos en promedio.
Según el informe “Brechas de género: desde la escuela al mercado laboral”, las mujeres obtienen puntajes más altos en las pruebas estandarizadas de Lengua, tanto en primaria como en secundaria. Contrariamente, los varones obtienen puntajes más altos en las pruebas de Matemática. Estas brechas se agrandan al pasar de primaria a secundaria.
Los varones llegan en tiempo y forma al último año de secundaria en mayor proporción que las mujeres. A su vez, las mujeres finalizan en mayor proporción tanto el secundario como la universidad.
En 13 de 15 disciplinas universitarias y profesorados, las egresadas mujeres ganan, en promedio, menos que los egresados varones. El 83,4% de los graduados de Psicología son mujeres, seguido de las carreras de Letras e Idiomas con 82,9%.
A nivel país las mujeres ganan, en promedio, entre un 22% y un 27% menos que los varones. Las únicas dos excepciones se dan en Ciencias de la Información y de la Comunicación, donde las mujeres ganan 1% más que los varones, y en Química donde este número asciende al 6,3%.
Los autores del informe señalan que estas brechas salariales se deben a una combinación de factores, como la segregación ocupacional, la discriminación y la falta de políticas públicas que promuevan la igualdad de género en el mercado laboral.
Desplazarnos a un país que no es el nuestro implica grandes desafíos. El principal: lograr integrarnos exitosamente al nuevo entorno, a su cultura, a sus costumbres.
El Perú ha recibido más de 1,5 millones de personas migrantes y refugiadas venezolanas y la mitad son mujeres. A ellas les resulta particularmente difícil que se respeten sus derechos, están en mayor riesgo de sufrir discriminación, violencia o incluso de ser parte de casos de trata de personas. Su condición migratoria y la ausencia de una red de apoyo reducen sus oportunidades para ser incluidas social y económicamente a través de contactos o conocidos.
“La olla hizo que conociera venezolanos. La señora Silvia (de Venezuela) nos enseña a cocinar las carotas o hace carotas y nos trae”, comenta Teresa, líder de una olla común en Lima.
Las ollas comunes en el Perú
Históricamente, las ollas comunes han surgido en tiempos de crisis para alimentar a las personas en los entornos más vulnerables. Empezaron en los años 60, como respaldo a las huelgas y movilizaciones sociales y a lo largo del tiempo han aparecido como respuesta a crisis económicas, emergencias sanitarias y fenómenos de origen natural.
Tereza y Lucy, lideresas de las ollas comunes en Lima, Perú. https://flic.kr/p/2o7brMi
Fotografía: Luis Carlos Parreño / 2022. Banco Mundial.
Principales hallazgos y recomendaciones del informe
Las ollas comunes —a las que se accede generalmente por invitación de los propios vecinos y vecinas— son espacios potencialmente provechosos para el intercambio de conocimientos entre mujeres peruanas y venezolanas, y se han convertido en una experiencia de valor emocional, que provoca sentimientos de pertenencia y contribuye a la creación de vínculos, redes de cuidado y soporte afectivo y material para las mujeres migrantes.
Implementar actividades culturales, deportivas y sociales que permitan integrar a las mujeres migrantes venezolanas con sus pares peruanas. Compartir experiencias y espacios en común produce nuevos vínculos y abre las ollas comunes a mujeres que no forman parte del entorno familiar o amical de las lideresas de la organización.
Fomentar el intercambio de experiencias entre ollas comunes de diferentes distritos para compartir aciertos y dificultades y fomentar tanto la solidaridad, como el aprendizaje mutuo.
Mejorar capacidades de coordinación, liderazgo, gestión, mediación de conflictos, e impulsar la educación sobre generación de ingresos y emprendimiento. Esto permitiría a mujeres peruanas y venezolanas mejorar la valoración de su trabajo doméstico y visibilizar su aporte comunitario, empoderándolas económica y socialmente.
Habilitar las ollas como plataformas de desarrollo local y como mecanismos para identificar personas que necesitan acceder a servicios de alimentación y otros servicios del Estado, incluyendo a la población migrante y refugiada a través del redimensionamiento de su alcance y rango de acción.
Facilitar la aceptación de las personas migrantes por parte de la comunidad local, a través de campañas de comunicación enfocadas en Derechos Humanos e inclusión, y así prevenir prejuicios que pudieran provenir de los medios de comunicación.
Implementar estas recomendaciones abrirá espacios seguros de acceso a Derechos Humanos, empoderamiento, conversación, intercambio de conocimientos, protección y apoyo mutuo para las mujeres venezolanas y para las mujeres en general. La comunicación, la empatía y la solidaridad son solo palabras, pero puestas en acción pueden ser verdaderamente transformadoras.
América Latina “es la región con la más alta porción de mujeres emprendedoras”, con porcentajes que triplican el promedio de países como Japón, España o Alemania, según destacó un estudio de la organización Global Entrepreuship Rearch Association, publicado con motivo de conmemorarse mañana el Día Internacional de la Mujer Emprendedora.
En Argentina, identificada como uno de los países con recurso humano capacitado y con “espíritu emprendedor”, más de 1.500 proyectos liderados por mujeres adhirieron al Programa Emprender Mujeres, de la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo, dependiente del Ministerio de Economía.
Se trata de una línea de financiamiento dirigida a emprendimientos de mujeres en etapa de ideación, desarrollo inicial y consolidación a través del otorgamiento de Aportes No Reembolsables (ANRs), al que se inscribieron 1513 proyectos, según fuentes oficiales.
Tras la revisión y evaluación de esos proyectos, 411 solicitudes obtuvieron un puntaje igual o superior a 70 puntos y recibieron $ 1.000 millones en ANR
Los proyectos priorizados son aquellos que generen mejores de productividad o competitividad en las cadenas de valor o sector productivo al que pertenece, indicó Industria.
Al revelar los resultados del estudio de Global Entrepreuship Rearch Association, la especialista Melina Masnatta remarcó que hay un “potencial emprendedor de las mujeres en América Latina”.
Señaló que, según el estudio, en países como Japón, Alemania o España, la tasa de mujeres emprendedoras ronda el 10%, una tasa menor a la de Latinoamérica, “debido a la presencia de una mayor cantidad de opciones de trabajo y a niveles más altos de competitividad entre las empresas, factores que pueden hacer menos atractivo el proyecto de fundar una compañía propia”.
“En cambio, en Latinoamérica encontramos a los países que registran la mayor participación emprendedora femenina”, indicó y citó los casos de Guatemala donde “3 de cada 10 guatemaltecas de entre 18 y 45 años se encuentra en la etapa inicial de establecer su propia empresa en los primeros 3,5 años de vida de su negocio” y las tasas de 26% de Colombia y de 25% en Chile.
El estudio, que fue realizado por la organización en 49 países, enfatiza que la región “es la que posee la más alta proporción de mujeres que se animan a emprender su propio negocio en el mundo y, según Masnatta, eso “permite considerar que tenemos todo el potencial de convertirnos en un líder mundial en emprendimiento femenino.
No obstante, remarcó que aún permanecen como “grandes desafíos” los “techos y paredes de cristal” que “se enfocan en las limitaciones que enfrentan las mujeres para asumir roles de liderazgo o en cómo sus actividades se concentran en sectores menos dinámicos y peor remunerados de la economía”.
Del mismo modo, otra problemática sigue siendo la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral, que es del 45% en Argentina y Chile, y en países como México, del 39%.
Al respecto el último informe del Banco Interamericano de Desarrollo considera que “casi la mitad de las mujeres no tiene ni busca empleo y no estudia porque se dedica a tareas no remuneradas vinculadas al cuidado y la crianza”.