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Artemis II rompe récords y reabre la carrera espacial: la NASA vuelve a empujar los límites

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El lanzamiento de la misión Artemis II el 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy no solo estableció un nuevo récord técnico —una órbita de casi 70.400 kilómetros alrededor de la Tierra— sino que reactivó un frente clave de poder global: la competencia por la exploración del espacio profundo. Con una tripulación de cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orion y un plan de 10 días rumbo a la Luna, la NASA volvió a posicionar a Estados Unidos en el centro de la agenda espacial. El dato es contundente, pero la pregunta es política: ¿se trata de un avance científico o de la consolidación de una nueva etapa de liderazgo estratégico en el espacio?

De la órbita terrestre a la estrategia lunar

La misión Artemis II se inscribe en un programa de largo plazo que busca restablecer la presencia humana más allá de la órbita baja terrestre, algo que no ocurría desde 1972. En ese marco, el récord alcanzado —70.400 kilómetros de distancia— funciona como un primer paso técnico hacia un objetivo mayor: la reinserción de vuelos tripulados en la órbita lunar.

El operativo incluyó una serie de maniobras críticas. Tras el despegue a las 18:35 EDT, la nave ejecutó ajustes orbitales y verificaciones de sistemas antes de realizar la maniobra de inyección translunar (TLI), el encendido que la coloca en trayectoria hacia la Luna. Ese punto marca un límite operativo: una vez ejecutado, el retorno depende de completar el recorrido previsto.

El esquema institucional detrás del proyecto también expone su dimensión política. Artemis II es impulsado por la NASA, pero integra cooperación internacional —incluida la participación de la Agencia Espacial Canadiense— y articula capacidades científicas y tecnológicas en un esquema que combina exploración, innovación y posicionamiento global.

No es un vuelo experimental aislado. Es la antesala de una secuencia programada: Artemis III prevé operaciones más complejas en órbita lunar y Artemis IV proyecta misiones con mayor capacidad operativa. El recorrido actual funciona como validación técnica de ese camino.

Tecnología, liderazgo y competencia

El récord no se agota en lo simbólico. La misión apunta a superar los 402.000 kilómetros de distancia, por encima del máximo registrado por Apolo 13. Ese salto refleja una actualización tecnológica, pero también una decisión política de retomar protagonismo en un escenario donde la exploración espacial vuelve a ser un vector de poder.

La capacidad de enviar tripulación más allá de la órbita terrestre baja redefine el mapa de actores con capacidad real de intervención en el espacio profundo. La NASA, con Artemis II, busca consolidar ese liderazgo en un contexto de creciente competencia internacional.

El impacto también alcanza al plano económico y tecnológico. La misión valida sistemas de navegación, soporte vital y comunicaciones que son clave para futuras operaciones, incluyendo la posibilidad de establecer presencia sostenida en la Luna. Ese horizonte abre una agenda que excede lo científico: recursos, infraestructura y control de nuevas rutas tecnológicas.

A nivel operativo, los incidentes menores registrados —una breve pérdida de comunicación y un inconveniente en el sistema sanitario— no alteraron la misión, pero funcionan como recordatorio de la complejidad del entorno. Cada prueba superada refuerza la viabilidad del programa; cada falla potencial, su nivel de riesgo.

Un punto de inflexión con proyección abierta

Artemis II no es solo una misión. Es una señal. Marca el regreso de los vuelos tripulados a la órbita lunar después de más de cinco décadas y abre una nueva fase en la exploración espacial.

En los próximos días, el foco estará en el sobrevuelo lunar, la captura de imágenes de la cara oculta y el regreso seguro de la tripulación. Pero el dato más relevante se juega en otra escala: cómo este avance reconfigura la agenda espacial global.

La trayectoria en forma de ocho, diseñada para garantizar un retorno seguro sin maniobras adicionales, refleja una lógica de reducción de riesgos. Al mismo tiempo, prepara el terreno para misiones más ambiciosas, incluyendo la instalación de infraestructura permanente en la superficie lunar.

El movimiento ya está hecho. La NASA volvió a cruzar un umbral técnico que también es político. Lo que resta ver es si ese avance se consolida como liderazgo sostenido o si abre una nueva etapa de competencia en un territorio donde las reglas todavía están en construcción.

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Argentina captó datos del microsatélite ATENEA en el marco del programa Artemis

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El Gobierno nacional confirmó este 2 de abril de 2026 que las estaciones terrenas de la CONAE en Córdoba y Tierra del Fuego lograron recepcionar con éxito las primeras señales y datos de telemetría del microsatélite ATENEA, integrado al programa Artemis de la NASA. La validación técnica, comunicada por la Oficina del Presidente, no solo marca un avance en materia aeroespacial: también funciona como una pieza de construcción política en un momento donde la administración busca mostrar resultados concretos de inserción internacional. ¿Se trata de un logro científico aislado o de un intento por consolidar un nuevo posicionamiento estratégico del país?

Un hito tecnológico con lectura política

El desarrollo del microsatélite ATENEA —un CubeSat 12U diseñado para operar desde órbita baja hasta el espacio profundo— se inscribe en el programa Artemis, la iniciativa que reabre la carrera por la exploración lunar con participación internacional. La novedad central es que Argentina no aparece como observador, sino como parte activa, aportando tecnología propia como carga secundaria en una de las misiones más relevantes del sector.

Desde el Ejecutivo, el énfasis estuvo puesto en ese cambio de rol: pasar de espectador a protagonista. En términos institucionales, el proyecto articula a la CONAE con universidades nacionales —UNLP, UNSAM y FIUBA—, organismos técnicos como el IAR y la CNEA, y la empresa VENG S.A. Esa red evidencia una política de cooperación interna que, proyectada hacia afuera, se vincula directamente con Estados Unidos y la comunidad internacional.

En términos concretos, ATENEA permitirá medir niveles de radiación, evaluar componentes electrónicos en condiciones extremas y analizar señales de navegación GNSS a grandes altitudes, además de validar sistemas de comunicación de largo alcance. Traducido al plano político: el país prueba capacidades críticas en un sector donde la soberanía tecnológica y la cooperación internacional conviven en tensión permanente.

Ciencia, Estado y narrativa de gestión

El comunicado oficial no se limitó a informar el logro técnico. Introdujo una interpretación: el avance sería resultado de un “cambio de paradigma” impulsado desde la actual gestión, orientado a la inserción global y la excelencia tecnológica. Esa lectura busca anclar el hito en una narrativa más amplia de política exterior y científica.

En ese marco, la articulación entre organismos públicos, universidades y empresa estatal aparece como un activo que el Gobierno decide exhibir. No es menor: en un contexto de ajuste y redefinición del rol del Estado, el sector científico-tecnológico funciona como un terreno donde se pueden mostrar resultados sin impacto fiscal inmediato visible, pero con alto valor simbólico.

La referencia al “concierto de las Naciones que hacen historia” también marca una línea discursiva. No apunta al corto plazo, sino a posicionar al país en una liga de cooperación estratégica donde el conocimiento y la tecnología operan como moneda geopolítica.

Entre legitimación y expectativas

El logro técnico fortalece al Ejecutivo en un terreno donde la discusión política suele ser menos polarizada: la ciencia aplicada y la innovación. En términos de correlación de fuerzas, permite al Gobierno exhibir gestión en un área de alto consenso social, lo que puede amortiguar tensiones en otros frentes más conflictivos.

Al mismo tiempo, el proyecto refuerza el rol de la CONAE y del sistema científico nacional, actores que quedan posicionados como piezas clave en la política de inserción internacional. La cooperación con la NASA no solo implica transferencia tecnológica, sino también validación externa, un factor relevante en la construcción de credibilidad.

Sin embargo, el impacto económico o productivo inmediato no aparece en el horizonte cercano. El valor está en la generación de capacidades y en la posibilidad de escalar desarrollos futuros. En ese punto, la pregunta que sobrevuela es si este tipo de iniciativas podrá sostenerse en el tiempo o si quedará como un hito aislado dentro de una estrategia más amplia aún en construcción.

Un punto de partida más que de llegada

La recepción de datos de ATENEA abre una etapa. El desafío no es técnico —la prueba inicial ya fue superada— sino político e institucional: sostener la continuidad de estos desarrollos, ampliar la cooperación internacional y traducir capacidades en políticas de largo plazo.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en cómo el Gobierno capitaliza este logro. Si lo convierte en plataforma para nuevas iniciativas o si queda encapsulado como un símbolo dentro de una narrativa más general.

Porque en la política tecnológica, los hitos no cierran procesos. Los inauguran.

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Artemis II, el regreso a la Luna con aporte misionero

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Más de medio siglo después de que la humanidad abandonara la superficie lunar, el programa Artemis vuelve a encender el pulso de la exploración espacial. Pero esta vez, la historia no se escribe solo en Washington o Houston: también tiene acento argentino. Y, en particular, misionero.

En el corazón de esta nueva carrera hacia la Luna aparece el nombre de Luis Santiago López, ingeniero de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), formado entre Oberá y Buenos Aires, que fue parte del equipo que trabajó en la integración final del satélite argentino Atenea, una de las cargas secundarias de la misión Artemis II.

“Fuimos al Centro Espacial Kennedy para hacer las pruebas finales, integrar el satélite al dispensador y luego al cohete. Es un sueño”, relató López. “Es un sueño. Uno siempre imagina estar en estos lugares, pero no pensás que va a pasar tan pronto”, contó el ingeniero de la CONAE, todavía con la intensidad de haber trabajado en el Centro Espacial Kennedy.

A las 19:24 de este miércoles, cuando el cohete más potente del mundo se eleve desde Florida rumbo al espacio profundo, no solo despegará una misión histórica. También viajará, en silencio y sin bandera visible, una historia nacida en Misiones.

En la arquitectura colosal de Artemis II -con la nave Orión en la punta de un cohete de casi 100 metros- viajan también pequeñas piezas de alta tecnología. Una de ellas es Atenea.

Un CubeSat de apenas 30 centímetros que condensa años de trabajo argentino. “Es un satélite chico, pero el desafío es enorme: vamos a estar a 70.000 kilómetros y tenemos que poder comunicarnos desde ahí”, detalló López.

Luis Santiago López es un ingeniero obereño que trabajó en la Nasa con Atenea, el satélite argentino que viajará en el Artemis II.

Ese dato no es menor: será el objeto argentino que más lejos haya llegado en la historia.

Atenea no irá hasta la Luna. Será liberado antes, en una órbita extremadamente alta. Pero su misión es clave:

  • Medir radiación en los cinturones de Van Allen
  • Probar posicionamiento GPS desde fuera de la constelación
  • Validar comunicaciones en espacio profundo

“Vamos a pasar por todos los cinturones de radiación. La idea es medir cómo impacta eso a lo largo de la órbita”, explicó el ingeniero misionero.

Y agregó un desafío técnico que abre puertas al futuro: “Vamos a estar por encima de los satélites GPS. Obtener señal desde ahí es algo que todavía no se sabe bien cómo se comporta”.

La misión Artemis II no aterrizará en la Luna, pero será el ensayo general de todo lo que vendrá.

El viaje seguirá una secuencia milimétrica:

  • Despegue desde el Centro Espacial Kennedy
  • Separación de propulsores a los 2 minutos
  • Inserción en órbita terrestre
  • Maniobras de prueba de la nave
  • Encendido de inyección translunar
  • Cuatro días de viaje hasta la Luna
  • Sobrevuelo a 7.500 km de la superficie
  • Regreso por “onda gravitatoria”
  • Reingreso a 40.000 km/h y amerizaje en el Pacífico

En total, la nave recorrerá más de un millón de kilómetros en unos diez días.

La misión Artemis II no es un simple “regreso”. Es un punto de inflexión.

La última vez que un ser humano estuvo en la Luna fue en diciembre de 1972. Desde entonces, el espacio profundo quedó fuera del alcance humano. Ahora, el programa Artemis retoma ese camino, pero con una lógica completamente distinta.

Ya no se trata de plantar una bandera y volver. El objetivo es aprender a vivir fuera de la Tierra.

Por eso, Artemis II es una misión clave: será el primer vuelo tripulado del programa, el ensayo completo antes de intentar un alunizaje con Artemis III.

La nave no aterrizará. Pero sí llevará astronautas a rodear la Luna, a probar sistemas, maniobras, resistencia humana y tecnología en condiciones reales de espacio profundo.

Será, en términos técnicos, el primer paso de una cadena que apunta mucho más lejos: bases lunares permanentes y, eventualmente, Marte.

Ese impulso no apunta directo a la Luna como una línea recta. La trayectoria es más compleja: una curva calculada que permite aprovechar la gravedad.

Durante cuatro días, la nave viajará en silencio, sin grandes encendidos, guiada por la física.

“Después del impulso inicial, la nave va prácticamente ‘cayendo’ hacia la Luna, usando la gravedad. Es una mecánica muy precisa”, se describe en los documentos técnicos de la misión.

Cuando llegue, no aterrizará. Pasará a unos 7.500 kilómetros de la superficie, rodeando la cara oculta, ese lado que nunca vemos desde la Tierra.

Allí ocurre uno de los momentos más fascinantes: la gravedad lunar curva la trayectoria de la nave y la “empuja” de regreso.

Es la llamada trayectoria de retorno libre, una especie de seguro natural: incluso si algo falla, la física trae a los astronautas de vuelta.

El viaje completo dibuja una figura similar a un ocho gigante entre la Tierra y la Luna.

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Microsatélite argentino viajará en la misión lunar Artemis II

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La República Argentina participará de la misión Artemis II de la NASA, el primer vuelo tripulado hacia la Luna desde el fin del Programa Apolo en 1972. El anuncio oficial, realizado el 16 de enero de 2026 por la Oficina del Presidente, implica un salto institucional y tecnológico para el país, que aportará desarrollo propio a una de las misiones espaciales más exigentes del mundo y se integrará a la nueva arquitectura global de exploración lunar.

La decisión posiciona a la Argentina dentro de un reducido grupo de países con capacidades técnicas y operativas validadas para misiones tripuladas de órbita profunda, con impacto directo en el sistema científico, tecnológico e industrial nacional.

El aporte argentino a Artemis II y el despliegue del microsatélite Atenea

Durante el lanzamiento de Artemis II, se desplegará el microsatélite argentino Atenea, desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en conjunto con la empresa VENG S.A., el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA).

El despliegue se realizará en la primera etapa de la misión, a más de 70.000 kilómetros de la Tierra, lo que constituye un récord para un satélite argentino y amplía significativamente el alcance operativo de la tecnología espacial nacional.

Según detalla el comunicado oficial, el microsatélite permitirá validar tecnologías críticas para futuras misiones espaciales, aportando información clave a la NASA. Entre sus funciones, Atenea medirá radiación en órbitas profundas, evaluará componentes para uso espacial, captará datos GPS para órbitas de transferencia geoestacionaria y validará enlaces de comunicación de largo alcance.

Exigencias técnicas, estándares internacionales y validación institucional

El lanzamiento de Artemis II, con tripulantes a bordo, requiere los estándares de calidad y confiabilidad más exigentes del mundo para actividades espaciales. En ese contexto, la selección del microsatélite argentino constituye una validación explícita del nivel técnico y operativo que mantiene la República Argentina en materia de ciencia y tecnología aplicada.

Desde el Gobierno se destacó que el desarrollo tecnológico y la investigación en asuntos estratégicos constituyen una prioridad de la inversión en ciencia, en un esquema que busca eficientizar recursos mediante la eliminación de gastos considerados innecesarios en otras áreas del Estado.

La participación en Artemis II no solo refuerza la posición de la Argentina como socio confiable en programas científicos internacionales, sino que también fortalece su entramado institucional, promueve la transferencia de conocimiento y consolida capacidades locales en áreas de alto valor agregado vinculadas a la industria espacial.

Proyección estratégica

Desde una perspectiva económica y tecnológica, el proyecto impulsa la formación de recursos humanos altamente especializados, el desarrollo de proveedores nacionales y la integración de la Argentina en cadenas de valor globales asociadas a la exploración espacial. A nivel institucional, la participación en una misión lunar tripulada refuerza el posicionamiento del país en cooperación internacional de alto nivel.

El despliegue de Atenea en órbita profunda representa, además, un salto cualitativo para el sistema espacial argentino, con potencial impacto futuro en telecomunicaciones, navegación satelital y misiones científicas avanzadas.

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Hidroeléctricas del Comahue: el Gobierno precalifica oferentes y avanza hacia la venta del 100% del capital accionario

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El Ministerio de Economía avanzó en la privatización hidroeléctrica del Comahue: aprueba la primera etapa del concurso y define la apertura de ofertas económicas para el 28 de noviembre

El Gobierno nacional dio un nuevo paso decisivo en el proceso de privatización de los complejos hidroeléctricos Alicurá, El Chocón, Cerros Colorados y Piedra del Águila, al aprobar la primera etapa del Concurso Público Nacional e Internacional para vender el 100% de las acciones de las sociedades creadas para operar esas centrales. La medida, formalizada mediante la Resolución 1910/2025 del Ministerio de Economía, habilita la precalificación de oferentes y fija para el 28 de noviembre, a las 10:00, la apertura de las ofertas económicas.

Un proceso estructural: marco normativo, actores y avances del procedimiento

La resolución —firmada el 26 de noviembre de 2025 por el ministro Luis Caputo— se apoya en un extenso andamiaje normativo que incluye las leyes 15.336, 23.696 y 27.742, y decretos clave como el 718/2024, el 286/2025 y el 590/2025, que ordenaron la reversión, reorganización societaria y posterior privatización de las principales represas del Comahue.

Los complejos hidroeléctricos Alicurá, El Chocón, Cerros Colorados y Piedra del Águila, cuyas concesiones iniciales datan de 1993, fueron incorporados al programa de privatización mediante las instrucciones impartidas por la Secretaría de Energía. Así, ENARSA y Nucleoeléctrica Argentina (NASA) conformaron cuatro sociedades operadoras, con la composición accionaria establecida en 98% ENARSA y 2% NASA, para transitar la etapa de transición previa a la venta.

La Ley 27.742 declaró a ambas compañías sujetas a privatización. Luego, los decretos 286/2025 y 695/2025 autorizaron la privatización total de ENARSA y la privatización parcial de NASA, respectivamente, habilitando así el traspaso de activos estratégicos al sector privado.

El decreto 718/2024 instruyó la realización de un concurso público competitivo y estableció que la adjudicación de las acciones activaría formalmente las nuevas concesiones para generación hidroeléctrica.

En agosto de 2025, la Resolución 1200 del Ministerio de Economía lanzó el concurso, aprobó el Pliego de Bases y Condiciones (PLIEG-2025-91224663-APN-SE#MEC), fijó el llamado internacional y constituyó una Comisión Evaluadora ad hoc. Posteriormente, las resoluciones 1569/2025 y 1649/2025 dictaron ocho circulares de aclaraciones y modificaciones, y redefinieron fechas claves para el proceso.

Oferentes, precalificación y exclusión: cómo quedó el mapa empresarial tras la apertura del Sobre N.º 1

El 7 de noviembre a las 17:00, a través de la plataforma CONTRAT.AR, se realizó la apertura automática del Sobre N.º 1, correspondiente a antecedentes, información jurídica y técnica. Se presentaron nueve ofertas que incluyeron a firmas como Central Puerto, Enel Argentina, Pampa Energía, AES, Hidroeléctrica Futaleufú, y diversos consorcios integrados por empresas nacionales e internacionales.

La Comisión Evaluadora verificó inscripciones en CONTRAT.AR, analizó la documentación, solicitó subsanaciones por errores no esenciales. Y trasladó observaciones a los oferentes el 13 de noviembre, cumpliendo el procedimiento previsto en el Pliego.

Concluido el análisis, recomendó precalificar a las firmas que cumplieron los requisitos para pasar a la segunda etapa. La resolución adopta esa recomendación y detalla, renglón por renglón, los grupos habilitados:

Renglón 1 — Alicurá Hidroeléctrica Argentina S.A.

Se precalificaron:

  • EDISON INVERSIONES S.A.U., ENERGÉTICA DEL NORTE S.A.U., CONSORCIO DE EMPRESAS MENDOCINAS PARA POTRERILLOS S.A. y EDISON HOLDING S.A.
  • HIDROELÉCTRICA FUTALEUFÚ S.A., GENNEIA S.A. y ALUAR ALUMINIO ARGENTINO S.A.I.C.
  • BML INVERSORA S.A.U. y empresas asociadas (ENERGRAIN, ORAZUL ENERGY GENERATING, ORAZUL ENERGY CERROS COLORADOS, LIMABAZ S.A.U., BML GENERADORA S.A., MSU ENERGY GREEN S.A. y BML ENERGIA S.A.).
  • CENTRAL COSTANERA S.A. y CENTRAL PUERTO S.A.
  • PAMPA ENERGÍA S.A.
  • ENEL ARGENTINA S.A. y ENEL GENERACIÓN EL CHOCÓN S.A.
  • AES ARGENTINA GENERACIÓN S.A.

Renglón 2 — El Chocón Hidroeléctrica Argentina S.A.

Se habilitaron los mismos grupos que en el Renglón 1, excepto AES, que no concursó en esta categoría.

Renglón 3 — Cerros Colorados Hidroeléctrica Argentina S.A.

Se precalificaron:

  • EDISON (en todas sus sociedades vinculadas).
  • HIDROELÉCTRICA FUTALEUFÚ, GENNEIA y ALUAR.
  • El consorcio BML y asociadas.
  • ENEL y ENEL GENERACIÓN EL CHOCÓN S.A.

Renglón 4 — Piedra del Águila Hidroeléctrica Argentina S.A.

Se precalificaron:

  • EDISON y empresas asociadas.
  • FUTALEUFÚ–GENNEIA–ALUAR.
  • CENTRAL PUERTO S.A.
  • PAMPA ENERGÍA S.A.
  • ENEL y ENEL GENERACIÓN EL CHOCÓN.

Oferta desestimada

La resolución desestima formalmente, para todos los renglones, la oferta de IPS RENEWAL S.A., conforme al Dictamen de Precalificación.

El dictamen no recibió impugnaciones dentro del plazo previsto por el Pliego (art. 1.5.3.7), por lo que quedó firme.

Fecha clave para las ofertas económicas y publicación internacional

El Ministerio fija la apertura del Sobre N.º 2 —ofertas económicas— para el 28 de noviembre de 2025 a las 10:00, mediante la plataforma CONTRAT.AR.

Además, ordena publicar la resolución en: CONTRAT.AR, DGMARKET del Banco Mundial y el sitio web de la Secretaría de Energía

También instruye la notificación electrónica a cada oferente, siguiendo la trazabilidad establecida en el procedimiento.

La medida entra en vigencia desde su firma.

Un proceso de alto volumen regulatorio y horizonte estratégico

La aprobación de la primera etapa consolida el avance de uno de los procesos de privatización más relevantes desde la entrada en vigencia de la Ley 27.742. El paquete accionario en venta —100% de las acciones Clase A, B y C de las cuatro sociedades— representa el traspaso total del control operativo y estratégico de los complejos hidroeléctricos que abastecen una porción significativa del sistema eléctrico argentino.

La magnitud de los grupos precalificados permite anticipar un escenario de fuerte competencia en la etapa económica. Con la participación de generadoras tradicionales, compañías globales, consorcios de capitales mixtos y actores ligados a industrias electrointensivas.

Las decisiones que surjan de la apertura del 28 de noviembre marcarán el rumbo de la nueva etapa concesionada. Incluyendo el esquema de remuneración del período y el marco regulatorio establecido en el decreto 718/2024.

Para las provincias donde operan los complejos, así como para el sistema eléctrico en su conjunto. La adjudicación abrirá interrogantes sobre inversiones, políticas de mantenimiento, gestión de caudales y compromisos de abastecimiento.

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