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Científico de la NASA presentará en Itapúa los nuevos hallazgos de la misión Perseverance en Marte

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El Dr. Jesús Martínez Frías, reconocido investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC, España), colaborador científico de la NASA y la Agencia Espacial Europea disertará en la Universidad Nacional de Itapúa sobre el hallazgo de posibles huellas de vida microbiana en Marte.

La Universidad Nacional de Itapúa (UNI) será sede de un evento histórico para la ciencia latinoamericana. El próximo miércoles 12 de noviembre de 2025, la casa de estudios paraguaya organizará la Conferencia Internacional sobre el descubrimiento de posibles biofirmas en Marte. Un hallazgo que reabre el debate sobre la existencia de vida más allá de la Tierra.

El encuentro, que se desarrollará en modalidad virtual y contará con certificación oficial, reunirá a investigadores, académicos y estudiantes de la región, bajo la conducción del Dr. Jesús Martínez Frías, reconocido investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC, España) y colaborador de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) en las misiones Curiosity y Perseverance.

Un hito científico global explicado desde Itapúa

La conferencia —organizada por la Escuela de Postgrado y el Observatorio del Agua de la UNI— abordará los resultados del reciente estudio publicado en la revista Nature, del cual el Dr. Martínez Frías es coautor. El trabajo describe la detección de posibles biofirmas o huellas de vida microbiana en muestras analizadas por el rover Perseverance, actualmente en misión en el cráter Jezero de Marte.

Durante la exposición, el investigador explicará los métodos geoquímicos y espectroscópicos utilizados por el equipo científico para identificar compuestos orgánicos y minerales que podrían tener origen biológico. Además, detallará cómo estos resultados aportan evidencia sobre la habitabilidad pasada de Marte. Un planeta que hace miles de millones de años habría albergado agua líquida y condiciones aptas para la vida microbiana.

El evento, que se desarrollará de 10:00 a 11:00 (hora de Paraguay), busca acercar a la comunidad científica los avances más recientes en astrobiología y exploración planetaria. Promoviendo el diálogo interdisciplinario entre investigadores del Cono Sur y las agencias espaciales internacionales.

“Será una oportunidad única para conocer de primera mano cómo los estudios en Marte están redefiniendo las fronteras del conocimiento científico”, destacaron desde la organización.

Los interesados pueden inscribirse a través del formulario oficial: https://forms.gle/MQbKwkHcjr1MVzFR7.

Implicancias científicas y proyección para América Latina

El hallazgo, divulgado por la NASA y la ESA en octubre, representa uno de los avances más significativos en materia de exploración espacial. Los resultados preliminares sugieren que ciertos patrones químicos y estructuras minerales encontrados en las muestras marcianas podrían ser consistentes con procesos biogénicos antiguos.

La participación del Dr. Martínez Frías reviste particular importancia, ya que el especialista integra el grupo de Astrobiología y Geología Planetaria del CSIC. Y ha sido asesor científico en las principales misiones marcianas de los últimos veinte años. Su presencia en un evento organizado por una universidad pública paraguaya marca un hito de integración científica regional. Donde la divulgación de estos temas contribuye a fortalecer el desarrollo de capacidades locales en astronomía, geociencias y tecnología espacial.

Además, la conferencia se inscribe en una estrategia académica más amplia impulsada por la Universidad Nacional de Itapúa, orientada a posicionar a la institución como referente regional en temas de investigación científica y cooperación internacional.

Una mirada hacia el futuro de la exploración planetaria

Martínez Frías también expondrá las implicancias filosóficas, éticas y científicas del hallazgo. Y cómo los estudios en Marte reconfiguran nuestra comprensión del origen y evolución de la vida. El investigador explicará el rol clave de la misión Perseverance en la recolección y almacenamiento de muestras que, en los próximos años, podrían ser traídas a la Tierra para su análisis en el marco del Mars Sample Return Program, una de las misiones más ambiciosas en la historia de la NASA.

El evento será transmitido en línea para toda América Latina. Consolidando a la UNI como un nodo de divulgación científica internacional y un punto de encuentro entre la investigación espacial global y la academia regional.

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Orgullo obereño en la NASA: Luis Santiago López integra la misión ATENEA

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El joven obereño Luis Santiago López, ingeniero en sistemas de la CONAE, forma parte del equipo argentino que trabaja en el Centro Espacial Kennedy (NASA, Florida) en la integración final del satélite ATENEA, que será lanzado como carga secundaria en la misión Artemis II, el histórico regreso de astronautas a la Luna.

“ATENEA es un cubesat que llevará experimentos para medir radiación, obtener soluciones GNSS en altas órbitas y probar un sistema de comunicación a largas distancias”, explicó López. Su rol dentro del equipo fue el de Ingeniero en Sistemas a nivel misión, encargado de coordinar la interacción entre subsistemas como estructuras, comunicaciones, potencia y térmico.

López comenzó a trabajar en la CONAE en abril de 2022, primero en el proyecto SAOCOM-2 y desde diciembre de 2023 en ATENEA. “Sinceramente, nunca imaginé llegar tan pronto a un proyecto conjunto con la NASA. Fue un sueño cumplido”, confesó.

Sobre el proceso del desarrolló, explicó, “el ciclo de vida de una misión espacial arranca en la concepción, luego pasa por diseño, fabricación e integración. En Córdoba realizamos pruebas ambientales y funcionales, y en Florida integramos el satélite al dispensador que lo conectará al cohete”.

La participación de Argentina se dio tras la firma de los Acuerdos Artemis en 2023. Los mayores desafíos, contó López, fueron el cronograma ajustado y las estrictas exigencias de seguridad de la NASA.

Aun así, el joven obereño destaca la perseverancia, el esfuerzo y la gratitud como valores fundamentales. “Siempre agradezco tener la oportunidad de vivir estas experiencias. Y la familia fue clave, sin mis padres y hermanas no habría podido estudiar y llegar hasta acá”.

El ingeniero obereño, lleva como insignia la bandera de la ciudad y tuvo que explicar que significa para él, “tuve que explicarles a los de la NASA de dónde era la bandera porque no la conocían, y les gustó el gesto. Sentí un orgullo indescriptible”.

López anima a los obereños a no dejar de soñar, “que sueñen, que se esfuercen en cumplir sus metas. Puede que no todo salga como uno planea, pero si uno apunta alto puede llegar bastante lejos”.

El equipo de ATENEA se conforma por las siguientes personas:

Juan Pablo Cuesta González (Líder de Proyecto)

Andrés Sakamoto (Aseguramiento de Misión y Seguridad)

Nicolás Conde (Ensamble, Integración y Ensayos)

Luis Santiago López (Ingeniería de Sistema)

Aldana Guilera (Ingeniería Térmica, UNLP-CTA)

Joaquín Brohme (Ingeniería Mecánica Estructural, UNLP-CTA).

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Diez estudiantes argentinos ganaron el mundial aeroespacial organizado por la NASA

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Por primera vez en la historia del certamen, un equipo latinoamericano conquistó la cima del CanSat Competition, un prestigioso torneo internacional de ingeniería organizado por la American Astronautical Society con respaldo de la NASA, Lockheed Martin y Siemens. El grupo de diez estudiantes del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) fue el gran campeón de la edición 2025, que se llevó a cabo del 3 al 9 de junio en Virginia, Estados Unidos.

La competencia recrea todo el ciclo de una misión espacial: desde la idea inicial hasta el diseño, la construcción, el lanzamiento y el análisis de datos. El objetivo: desarrollar un satélite del tamaño de una lata de gaseosa, capaz de transmitir datos en tiempo real, grabar video aéreo y medir variables como presión y temperatura durante su descenso desde 700 metros.

Durante la fase final, los estudiantes argentinos lograron que su dispositivo cumpliera cada requerimiento técnico. La misión fue ejecutada con precisión milimétrica y evaluada por ingenieros con experiencia en la NASA. Así, el ITBA superó a universidades de Estados Unidos, Polonia, Turquía y México, y obtuvo la mayor puntuación general del certamen.

Un equipo diverso, creativo y autogestivo

El grupo estuvo conformado por estudiantes de Ingeniería Mecánica, Electrónica, Industrial, Informática y Bioingeniería. La mayoría cursa sus estudios en la Ciudad de Buenos Aires, aunque el equipo tiene integrantes de otras provincias del país.

Uno de ellos es Agustín Martínez Haarth, oriundo de General Alvear, Mendoza, estudiante de Bioingeniería con una trayectoria destacada en competencias científicas: fue Medalla de Oro en la Olimpíada Argentina de Biología y ganador de la Olimpíada Argentina de Tecnología. Su experiencia técnica fue clave durante el proceso.

El proyecto se gestó como una iniciativa extracurricular a comienzos de año, sin ser parte de la currícula obligatoria. Cada estudiante asumió un rol dentro de subgrupos de trabajo en áreas como estructuras, hardware, software y logística.

“Tenemos un equipo que abunda en creatividad, conocimiento y persistencia”, destacó Santiago Bolzicco, estudiante de Ingeniería Industrial y líder del grupo.

Varios de los integrantes habían participado en ediciones anteriores. En 2024, el ITBA había quedado quinto, detrás de universidades de Estados Unidos y Europa. Este año, tras obtener un 99% de cumplimiento técnico en la primera etapa, accedieron a la final entre los cinco mejores del mundo y lograron consagrarse.

Orgullo argentino y visión de futuro

La participación fue posible gracias al apoyo del ITBA y a la autogestión de los propios estudiantes, que organizaron el viaje con el respaldo de la Cancillería Argentina y la marca país. “Muchos de nosotros somos becados, sin sponsors hubiera sido muy difícil viajar”, remarcó Daniela Maradei, estudiante de Ingeniería Mecánica.

“La competencia busca replicar cómo se trabaja en la industria aeroespacial real”, explicó Thomas Marthi, estudiante de Ingeniería Electrónica, al detallar el funcionamiento del satélite: “Se lanza a 700 metros, se abre y gira como un helicóptero. Usamos una antena direccional para capturar los datos en vuelo”.

Más allá del triunfo, los estudiantes valoran el aprendizaje, los vínculos internacionales y la posibilidad de haber sido evaluados por referentes del sector aeroespacial. “Nos evaluaron personas con cargos clave en la NASA. Fue un honor”, resumió Maradei.

El triunfo del ITBA es también un hito para la educación superior argentina. Muestra que, aún con recursos limitados y desde una universidad sudamericana, es posible liderar desarrollos tecnológicos de vanguardia a escala global.

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La NASA monitorea un asteroide ante la amenaza de colisión

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El asteroide 2024 YR4 podría causar una gran explosión, gracias a su posible colisión en 2032, pero los expertos creen que hay tiempo suficiente para tomar medidas preventivas.

Un asteroide con un 3,1% de probabilidad de impactar contra la Tierra en 2032 se ha convertido en el objeto espacial más peligroso registrado por las previsiones modernas, según datos de la NASA. Esta probabilidad coloca al asteroide, conocido como 2024 YR4, en una categoría de alta amenaza, aunque los expertos advierten que no hay motivo de pánico.

A pesar del aumento en las probabilidades, Bruce Betts, científico jefe de la Sociedad Planetaria, aseguró a la AFP: “No tengo pánico”, explicando que, a medida que los astrónomos obtengan más datos, la probabilidad de impacto aumentará antes de disminuir rápidamente a cero. Este asteroide, que fue detectado por primera vez el 27 de diciembre de 2024 por el Observatorio El Sauce en Chile, tiene entre 40 y 90 metros de diámetro y muestra una composición bastante común en comparación con otros asteroides más raros.

La Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN) emitió una alerta el 29 de enero después de que la probabilidad de impacto superara el 1%. Desde entonces, la cifra ha fluctuado, pero sigue en aumento. El último cálculo de la NASA estima que la probabilidad de impacto es ahora del 3,1%, con una posible colisión programada para el 22 de diciembre de 2032, lo que equivale a una probabilidad de uno entre 32.

Este riesgo ha sido calificado como histórico por Richard Moissl, jefe de la oficina de defensa planetaria de la Agencia Espacial Europea, aunque asegura que no se trata de una crisis global. “No es el asesino de los dinosaurios. No es el asesino del planeta. Esto es, en el peor de los casos, peligroso para una ciudad”, afirmó.

El telescopio espacial James Webb, el observatorio más potente, desempeñará un papel crucial en el monitoreo del asteroide, con observaciones programadas para el mes que viene. Webb es capaz de detectar objetos muy tenues, lo cual será esencial para estudiar la trayectoria del asteroide, que actualmente se encuentra en una órbita hacia Júpiter, con su próximo acercamiento a la Tierra previsto para 2028.

A pesar de su tamaño relativamente pequeño, el asteroide 2024 YR4 podría causar una gran devastación debido a su velocidad, que podría alcanzar los 65.000 kilómetros por hora. Si impacta, se espera que el asteroide explote en la atmósfera con una fuerza de aproximadamente ocho megatones de TNT, mucho más poderosa que la bomba de Hiroshima. Aunque la probabilidad de un cráter de impacto no se puede descartar si el asteroide es más grande de lo estimado, los expertos destacan que, en caso de necesidad, la tecnología actual permitiría desviar el asteroide, como demostró con éxito la misión DART de la NASA en 2022.

A pesar del riesgo, los expertos aseguran que hay tiempo suficiente para prepararse ante cualquier eventualidad. Los posibles lugares de impacto incluyen el este del Océano Pacífico, el norte de Sudamérica, el Océano Atlántico, el norte de África, el Mar Arábigo y el sur de Asia.

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El asombroso descubrimiento de Quipu, la estructura más grande conocida en el universo

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Es una superestructura que contiene galaxias agrupadas en cúmulos y cúmulos de cúmulos.

Es potencialmente el objeto más grande conocido en el universo, con una longitud de 13.000 millones de años luz y una masa de 200 cuatrillones (200 con 24 ceros) de estrellas, afirman los científicos.

La estructura masiva fue bautizada Quipu, en honor a un sistema inca para contar y almacenar números mediante nudos en cuerdas.

E igual que una cuerda del sistema inca, Quipu es un objeto complejo: está formado por un filamento largo y múltiples filamentos laterales.

Quipu ahora potencialmente desplaza a otros supercúmulos que tenían el récord del objeto más grande del universo conocido.

El hallazgo aparece una investigación preliminar en el sitio web arXiv. (El estudio no ha sido aún publicado en una revista revisada por pares pero los investigadores informaron que fue aceptado por Astronomy and Astrophysics).

Quipu de los incas
Pie de foto,Ilustración de un quipu, utilizado por los incas para llevar registros y realizar cálculos.

El universo parece estar organizado en masas enormes de materia conectadas entre sí.

Los planetas se agrupan en un sistema solar, que a su vez forma parte de una galaxia.

Las galaxias se unen para formar cúmulos que al mismo tiempo se agrupan en supercúmulos e incluso cúmulos de supercúmulos.

Los astrónomos creen que esta progresión probablemente continúa pero actualmente la observación del cosmos es limitada por los instrumentos disponibles.

Las superestructuras que fueron ahora identificadas son objetos extremadamente masivos que contienen grupos de cúmulos y supercúmulos de galaxias.

Son tan masivos que desafían nuestra comprensión de cómo evolucionó nuestro universo.

El equipo de investigadores, dirigido por Hans Bohringer del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre, identificó cinco superestructuras dentro de un rango de aproximadamente 425 millones a 815 millones de años luz de la Tierra.

Los objetos identificados fueron el supercúmulo Shapley, que alguna vez fue considerado el mayor supercúmulo del universo local; la superestructura Serpens-Corona Borealis; el supercúmulo Hércules; la superestructura Sculptor-Pegasus y, por último, Quipu.

“Esta entidad, a la que hemos llamado Quipu, es la estructura cósmica más grande descubierta hasta la fecha”, escriben los científicos en su artículo.

“Estas superestructuras contienen alrededor del 45% de los cúmulos de galaxias, el 30% de las galaxias, el 25% de la materia y ocupan una fracción de volumen del 13%, constituyendo así una parte importante del universo conocido”, agregan.

Las cinco superestructuras recién descubiertas:
Pie de foto,Las cinco superestructuras recién descubiertas: Quipu (rojo), Shapley (azul), Serpens-Corona Borealis (verde), Hércules (violeta) y Sculptor-Pegasus (amarillo).

En los quipus, hechos con cuerdas anudadas, los nudos contienen información basada en color, orden y número. “Esta perspectiva da la mejor impresión de la superestructura como un filamento largo con pequeños filamentos laterales, y fue lo que condujo al nombre de Quipu”, explican los investigadores.

En su trabajo, Bohringer y sus investigadores encontraron a Quipu y a las otras cuatro superestructuras a una distancia de entre 130 y 250 Mpc (megapársec – 1 megapársec = 3,26 millones de años luz).

Para identificarlas utilizaron radiación de rayos X y simulaciones del comportamiento de las galaxias y analizaron las superesctructuras usando el llamado sondeo de cúmulos CLASSIX (estructura cósmica a gran escala en rayos X).

Los cúmulos de galaxias en rayos X pueden contener miles de galaxias y una gran cantidad de gas intracúmulo muy caliente que emite rayos X.

Estas emisiones son la clave para mapear la masa de las superestructuras. Los rayos X trazan las regiones más densas de concentración de materia y la red cósmica subyacente.

Así, las emisiones son como señales para identificar superestructuras.

A pesar del tamaño masivo de Quipu y de que ahora ocupa potencialmente el primer puesto en la lista de los objetos más grandes del universo, no le faltan competidores.

Por ejemplo, el supercúmulo Laniakea que tiene un diámetro de alrededor de 520 millones de años luz.

Y también está la Gran Muralla Sloan (SGW), descubierta en 2003, que se cree que se extiende más de 1.000 millones de años luz.

Pero hasta ahora la superestructura más grande conocida en el universo es, técnicamente, la Gran Muralla de Hércules Corona-Boreal.

Esta es una misteriosa concentración de materia que mide más de 10.000 millones de años luz de longitud y abarca el 11% del universo observable.

Pero solo es la más grande técnicamente porque no se había logrado confirmar que sea un objeto único e interconectado, como le explicó Hans Bohringer al sitio web EarthSky.

Todas estas superestructuras quedaron ahora relegadas con el hallazgo de Quipu.

El profesor Bohringer, sin embargo, no cree que Quipu vaya a mantener el primer lugar de las superestructuras por mucho tiempo.

“Es posible que existan estructuras más grandes (muy probablemente) si inspeccionamos volúmenes cósmicos cada vez mayores” en el universo más distante, le dijo el investigador a EarthSky.

Vía Láctea
Pie de foto,El universo parece estar organizado en masas enormes de materia conectadas entre sí.

Pero más allá de identificar a estos “súpergigantes”, los científicos afirman que el hallazgo puede ayudarnos a nuestra comprensión del universo.

Una estructura del tamaño de Quipu tiene que afectar a su entorno, y entender esos efectos es fundamental para comprender el cosmos.

Estudiar a Quipu y sus hermanas gigantes, dicen los científicos, ayudará a entender cómo evolucionan las galaxias y a mejorar los modelos de observación y medición para comprender mejor el cosmos.

Pero se necesitarán más investigaciones para comprender la importancia e influencia de estas superestructuras.

Además, los científicos subrayan que a medida que el cosmos evoluciona, Quipu y las otras superestructuras no van a persistir eternamente.

“En la futura evolución cósmica, estas superestructuras están destinadas a fragmentarse en varias unidades que colapsan. Por lo tanto, son configuraciones transitorias”, explican Bohringer y su equipo.

Pero agregan que “en la actualidad, son entidades físicas especiales con propiedades características y entornos cósmicos especiales que merecen una atención especial”.

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