Naturaleza

¿Cómo puede la naturaleza apoyar una recuperación económica verde e inclusiva?

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Por Gregory Watson | Mariana Silva Zuñiga | Guy Edwards – En medio de la crisis pandémica, la naturaleza de repente se siente mucho más cerca. Muchos de nosotros generalmente oímos una sinfonía de cantos de pájaros desde nuestras oficinas improvisadas en casa, mientras que los parques locales están demostrando estar en línea con nuestra salud mental y física. A medida que los países planean suspender el confinamiento, los parques y otros espacios verdes pueden estar entre los primeros lugares donde las personas se encuentran, los cuales serán importantes para restablecer la confianza.

Pero no debemos olvidar que los conflictos humanos con la naturaleza contribuyeron a dar inicio a esta crisis. Sabemos que las enfermedades infecciosas, incluido el coronavirus, provienen principalmente de la vida silvestre y están aumentando debido a nuestra relación destructiva con la naturaleza y el cambio climático.

Mientras celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente el 5 de junio, este es un momento único para que reflexionemos sobre el valor de la naturaleza para nuestras economías, la salud y todas las especies de la Tierra. Esta reflexión también es una necesidad: a medida que los países se preparan para la fase de recuperación de la pandemia, las soluciones basadas en la naturaleza pueden crear empleos, generar ingresos, aprovechar la inversión del sector privado y proteger los ecosistemas críticos.

América Latina y el Caribe es una superpotencia de biodiversidad

La región de ALC es una superpotencia de biodiversidad que posee el 40% de la biodiversidad del mundo, más del 30% del agua dulce de la tierra y alrededor del 50% de los bosques tropicales.

Esta capital nos proporciona bienes y servicios vitales, incluido el aire que respiramos y los alimentos que comemos. También genera enormes beneficios para la regulación climática y el soporte vital. El World Wildlife Fund estima que la naturaleza proporciona USD 125 billones al año en apoyo gratuito a la economía mundial a través de, por ejemplo, la polinización de insectos como las abejas, que son fundamentales para la producción mundial de alimentos.

La Plataforma Intergubernamental de Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas mostró que los ecosistemas globales están absorbiendo actualmente el 25% de las emisiones. Las soluciones basadas en la naturaleza podrían proporcionar el 40% de los recortes de emisiones de carbono necesarios para limitar el calentamiento a menos de 2°C al 2030.

Sin embargo, los recursos naturales están bajo amenaza. América Latina sigue perdiendo la mayor cubierta arbórea cada año con la expansión de la frontera agrícola con una cantidad incalculable de especies que se pierden.

A nivel mundial, esta relación destructiva con la naturaleza pone en riesgo nuestra propia salud. Las estimaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. muestran que las tres cuartas partes de las enfermedades nuevas o emergentes que infectan a los humanos, como el nuevo coronavirus, el ébola, el dengue y el zika, se originan en la vida silvestre. Un estudio reciente sugiere que el próximo brote podría provenir de la deforestación en América Latina.

Al enfrentar la pandemia y plantar la recuperación, no debemos volver al mundo pre-pandémico y su camino de crecimiento insostenible. En cambio, deberíamos ver cómo la región puede utilizar de manera sostenible su riqueza natural para impulsar rápidamente la recuperación y sentar las bases de una economía de cero emisiones netas, resiliente e inclusiva.

¿Cómo pueden las soluciones basadas en la naturaleza impulsar la recuperación?

Aprovechar el poder de las soluciones basadas en la naturaleza para proteger la biodiversidad y enfrentar la crisis climática será fundamental para la recuperación en áreas rurales y ciudades por igual.

Estas soluciones incluyen la restauración y conservación de los arrecifes de coral y los bosques de manglares para mejorar la resistencia contra las inundaciones costeras y la reforestación de las laderas para reducir los deslizamientos de tierra. Llevan múltiples beneficios para aumentar la capacidad de recuperación al garantizar la seguridad del agua y el agua de los alimentos, reducir los riesgos físicos, como las inundaciones y las emisiones de carbono reducidas a través del secuestro de carbono y las emisiones evitadas.

También pueden ser alternativas más baratas a largo plazo y son opciones más sostenibles en comparación con la infraestructura gris como el cemento para la construcción de diques. Según la Universidad de Stanford, si la industria del cemento fuera un país, sería el tercer mayor emisor de dióxido de carbono del mundo con hasta 2.800 millones de toneladas, solo superado por China y Estados Unidos.

La naturaleza puede ayudar a crear empleos, generar ingresos, aprovechar la inversión del sector privado y proteger los servicios críticos del ecosistema. Durante la Gran Depresión de la década de 1930, el Cuerpo de Conservación Civil del New Deal empleó a 3 millones de personas para plantar árboles y construir barreras contra inundaciones. Otra investigación encuentra que las inversiones en capital natural generalmente crean empleos de baja habilidad e implementación rápida: las inversiones basadas en la naturaleza crean casi 40 empleos por cada millón de dólares invertidos más de 10 veces de las inversiones en combustibles fósiles.

Valorar la naturaleza adecuadamente puede desbloquear su potencial

Para liberar el poder de la naturaleza para la recuperación, necesitamos evaluarlo adecuadamente. Actualmente, la preservación de la naturaleza se percibe como un costo a pesar de su asombroso valor. La falta de financiación adecuada también ha sido hasta la fecha una barrera importante para la implementación de estas soluciones.

Una estimación reciente de McKinsey sobre la brecha financiera para la naturaleza muestra que, a nivel mundial, necesitamos entre 300 y 400 mil millones de dólares anuales para preservar y restaurar los ecosistemas, pero los proyectos de conservación reciben solo 52 mil millones de dólares principalmente de fuentes públicas y filantrópicas.

La conversión del valor de los activos naturales en capital financiero puede proporcionar los recursos para ayudarnos a hacer la transición hacia un futuro sostenible y llenar el vacío financiero anual en conservación y restauración. Podemos llenar este vacío de dos maneras.

Primero, necesitamos integrar la biodiversidad y la NBS en todo el gobierno, alineando las políticas en todos los ministerios para mejorar la eficiencia de las finanzas públicas y haciendo un mejor uso de los fondos existentes al respaldar el gasto público en infraestructura o agricultura.

En segundo lugar, también tenemos que aportar nuevas finanzas mediante la acumulación de más inversión privada. El capital filantrópico puede tener un gran impacto al probar nuevos modelos, sembrar fondos, asumir riesgos y acumular capital. El capital privado puede invertir en estos nuevos modelos de negocios y apoyar a las corporaciones que están incorporando la biodiversidad en sus cadenas de suministro y servicios de infraestructura.

Celebremos el Día Mundial del Medio Ambiente valorando verdaderamente la naturaleza

A medida que los países desarrollen planes de recuperación económica, será importante que estos paquetes de estímulo alcancen múltiples objetivos. Los fondos escasos deben usarse para proyectos que tienen los mayores rendimientos, crean empleos y generan ingresos. También deben estar alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los objetivos del Acuerdo de París, las metas nacionales de biodiversidad y los planes de desarrollo e infraestructura.

Ahora es el momento para que los países, los inversores y aquellos que pueden ofrecer apoyo, como los BMD y los académicos, identifiquen estos proyectos que pueden crear “victorias múltiples” y realizar la transición hacia un nuevo modelo de crecimiento. Estos desafíos son exactamente lo que el Laboratorio de Capital Natural del BID está enfrentando al ayudar a los países de ALC a desarrollar proyectos innovadores para combatir la deforestación, invertir en soluciones basadas en la naturaleza, facilitar la transición a una agricultura climáticamente inteligente, así como preservar y restaurar la biodiversidad

Para el Día Mundial del Medio Ambiente 2020, estamos celebrando un seminario web con los principales formuladores de políticas y expertos en capital natural para analizar exactamente cómo la naturaleza puede desempeñar un papel vital para apoyar una recuperación económica verde e inclusiva. No perdamos esta oportunidad.

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¿El coronavirus le da un respiro al medioambiente?

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Bandadas de patos frente a Posadas, carpinchos en Buenos Aires, un venado en Oberá y peces en aguas increíblemente diáfanas en el Canal de Venecia. En el Riachuelo, el de los Mil Días de María Julia, aparecieron inesperados cardúmenes de sábalos y bogas que nadie imaginaría que están en esas aguas barrosas. Hasta las ratas están saliendo, en una remake del siglo XXI de La Peste. Ha disminuido mucho la contaminación atmosférica. Tanto el CO, CO2 y el NO2 han disminuido producto tanto de la baja del tránsito automotor como del nivel de actividad industrial. 

Las Cataratas del Iguazú, que el año pasado recibieron a 1,6 millones de turistas, disfrutan desde hace 25 días de una silenciosa calma sin visitantes ¿Qué impacto tendrá la pandemia que encerró a la humanidad y liberó a la naturaleza? ¿Al final veremos algún cambio sustancial?

Claudio Bertonatti cree que en realidad, la pandemia es una oportunidad para repensar el vínculo con la naturaleza e imagina una ecuación “costo beneficio”: “Si uno respeta la capacidad de recuperación de esos la naturaleza, viviremos como si tuviéramos un gran capital retirando intereses”.

Bertonatti es un naturalista, museólogo y docente argentino, investigador de la Universidad Maimónides y asesor científico de la Fundación Azara, dedicado a la conservación de la naturaleza y del patrimonio cultural. Analizó con Economis el impacto de la pandemia en la naturaleza. 

“Pareciera que en el mundo hay una tregua, entre las agresiones humanas y la naturaleza. Desde la Fundación Azara, venimos viendo este fenómeno y como todo el mundo desde su casa pudimos ver la “aparición”, así entre comillas, de animales silvestres que normalmente uno se encuentra en las áreas protegidas, no en la vía pública. No encuentra jabalíes o cabras montesas en las ciudades españolas, ni ve los peces desde las costas de los canales de Venecia, y, hasta delfines. Esto mismo pasa en la Argentina, donde en las afueras de Buenos Aires, han aparecido carpinchos con crías, en el Riachuelo, uno de los lugares más contaminados del mundo, cardúmenes enormes de sábalos y bogas. Lo que estamos viendo en las ciudades, es la respuesta de la naturaleza, cuando uno baja el nivel de agresión o disturbio. Ese disturbio puede ser ruido, ocupación humana, tránsito vehicular, actividad industrial. Entonces lógicamente al bajar la carga de presiones, muchos animales que estaban comprimidos o restringidos a las áreas naturales se asoman, o vuelven a visitarnos. Es ahí que pienso que tenemos una gran oportunidad. Porque el hecho de estar nosotros encerrados y la naturaleza en libertad, nos permite darnos cuenta de la necesidad que tenemos de contacto con ese mundo natural. También de revisar nuestra forma de contactarnos, porque muchas veces elegimos mecanismos que son agresivos, y no me refiero a aquella persona que caza o pesca, o corta madera por necesidad, porque esa gente no tiene elecciones de vida normalmente. Me refiero a muchas otras personas, que, por un tema cultural, de tradición, por un gusto, por desinformación y a veces hasta por picardía, comete atropellos o se vincula con la naturaleza de una forma que termina perjudicando a todos. ¡Qué lindo espectáculo volver a ver la naturaleza misionera, tener la oportunidad de contemplarla, de sacarle fotos, de reconocer la diversidad de especies! Misiones tiene una enorme variedad de formas de vida, es una provincia que vive de la naturaleza. Otros países tienen un vínculo, y no me refiero a países más desarrollados, pero sí a países como Costa Rica, que hacen culto de su naturaleza, donde experimentan el orgullo de su arraigo con la tierra. Atahualpa Yupanqui, muchas veces decía cuando se despedía, o cuando te encontraba: “¿Cómo anda paisano?”, alguna vez le pregunté: “Don Ata, ¿Qué quiere decir paisano?”, y me dice: “Paisano es el que lleva el país adentro”. Para mí fue un llamado de atención eso, porque la verdad es que no todos nos sentimos paisanos, no todos llevamos el país adentro, pero cuando uno escucha a Ramón Ayala, o cuando ve los cuadros de Sygmunt Kowalski, retratando la selva,  o cantándole a la selva, yo me siento un poco misionero, es una provincia que he caminado, la quiero mucho, justamente por haberme encontrado con gente que me enseñó mucho en el terreno, es una provincia que siento como propia.

¿Qué puede pasar, por ejemplo, en Cataratas que el año pasado recibió un millón y medio de visitas, y hoy está completamente cerrada? ¿Con qué nos vamos a encontrar cuando reabra?

Vamos a tener la oportunidad de ver más diversidad de especies, más variedad, y oportunidades de encuentro, es decir una fauna más mansa, más en confianza. Esa es una oportunidad que hay que aprovechar. Obviamente, si volvemos al turismo masivo, eso va a volver a replegarse, vamos a volver a una normalidad que no es normal, que es anormal para el mundo natural. El caso de Iguazú, es un caso a revisar del turismo, porque en poca superficie concentra una enorme cantidad de masa de personas, que hasta tienen una mala experiencia turística, porque aquel que recorrió los paseos superiores, y llega a la Garganta del Diablo, se imaginó que iba a estar a solas, escuchando, el rugido de esa garganta y se equivoca. Lo que va a escuchar es el grito de una persona que le va a ofrecer sacarse fotos, va a ver que lo empujan, o le piden permiso, para avanzar sobre esa columna de gente que se amontona para sacarse una selfie. El turismo masivo está muy cuestionado, porque no solamente provoca disturbios, no solamente perjudica al destino, lo arruina, sino que además ofrece una experiencia mala. Desde el punto de vista turístico, nosotros sabemos hoy que el turista si hay algo que valora, son las experiencias. Por eso yo veo como una señal muy buena, esto que está pasando en Misiones, desde el surgimiento de pequeños emprendimientos, desde reservas privadas, o comunidades o aldeas Mbya guaraníes, que ofrecen la oportunidad del encuentro íntimo, con la selva y con la gente, sea colono, criollo, o Mbya. Eso me parece que es algo que la provincia necesita, desparramar o redistribuir el turismo de una forma más democrática, más popular, que permita revalorizar la cultura, en sus distintas vertientes, porque, así como Misiones tiene una diversidad de especies muy grande, tiene una diversidad cultural muy grande. Hoy está más aprovechada la selva con su riqueza biológica que la diversidad cultural y las dos riquezas pueden ir de la mano.

Los ecosistemas tienen resiliencia, esa capacidad de recuperación para retornar a su estado de salud original. Por eso, cuando un terreno es abandonado la naturaleza lo vuelve a ocupar lentamente, describiendo etapas que tenderán a ir conformar una nueva unidad ambiental, ecológicamente funcional. Y aunque no se restaurará “a nuevo” el paisaje original se consolidará ese neoecosistema, constituido por un cóctel de especies autóctonas con otras exóticas. Esa resiliencia, entonces, tiene límites; no hace milagros. Pensemos que en el mundo hay más de 30.000 especies amenazadas que cada vez tienen menos resiliencia, porque sus poblaciones están disminuidas numéricamente, disgregadas unas de otras en territorios discontinuos, reducidos, modificados y con amenazas. Por ese mismo motivo ya se extinguieron mil especies por causas humanas -directas o indirectas- desde el año 1600 a la fecha. Esas especies no volverán. Por eso hay que cuidar muy bien lo que queda.

¿Puede haber un ambiente más limpio estos días? ¿Alcanza este tiempo de cuarentena para bajar niveles de polución, de ruido, de otros niveles de contaminación?

Pienso que va a servir, que está sirviendo, para darnos cuenta y poder elegir en qué tipo de ciudad, provincia, o país queremos vivir. ¿Queremos vivir en uno donde no vemos peces, porque el agua está totalmente turbia por la contaminación, o por la navegación, o por las represas que abren y cierran caprichosamente sus compuertas, desbordando o dejándonos sin agua? Entonces esto exige un manejo integrado de los recursos, un manejo consensuado, a una escala de provincias, como pasa, por ejemplo, en Mendoza y La Pampa y el Río Atuel, que nos pasa en Misiones, o Argentina con Brasil con las represas que abren y cierran sin consulta previa de los países que después tienen que convivir con las consecuencias de esas decisiones. La ciudadanía tiene un arma muy poderosa, que es el voto. Los políticos malos se guían más por resultados electorales, entonces, si los votantes, ciudadanos, sabemos elegir y ponderar a aquellos funcionarios que se comprometen con la sociedad, con la conservación de su cultura, de su naturaleza, nos va a ir mejor. Pero ahora, si lo único que nos va a importar es la política económica y las promesas, vamos a tener más de lo mismo. Pienso que tenemos que aprovechar esta oportunidad, un poco para darnos cuenta, que, la naturaleza no necesita de nosotros, pero nosotros sí la necesitamos a ella. Yo he visto como en provincias como Misiones, Chaco, Formosa, Corrientes, Salta, mucha gente todavía se cura con las plantas del monte, porque no tiene una farmacia en la esquina, ahora esas plantas medicinales si no las cuidamos, no van a estar siempre. Digo, la selva no es, ese obstáculo que se antepone al progreso, uno no puede progresar con suelos erosionados, aguas contaminadas, basurales a cielo abierto, eso no es progreso. Progreso es ir para adelante, con salud, con prosperidad, con desarrollo. Tampoco estoy diciendo: “Hay que dedicarse a observar la selva y no hay que tocarla, no, para vivir necesitamos usar la naturaleza, pero usarla bien. Uno en su casa no abre la puerta de la heladera y vuelca ahí los residuos, entonces como somos cuidadosos en nuestra casa, tenemos que ser cuidadosos con la casa grande, que es la naturaleza, que compartimos con toda la sociedad.

¿Crees que la sociedad está mirando esto para cambiar algún hábito?

Hay de todo, hay gente que no la ve, no le interesa, hay gente que no tiene la oportunidad, porque vive al día. Pensemos que la Argentina tiene un 40 por ciento de pobres y un tercio son indigentes, y una persona que es indigente no tiene la oportunidad de elegir, pero hay otras personas que sí tienen la oportunidad. Apelo a esa gente que tiene la oportunidad, que se de cuenta que puede ayudar, y que se entienda que la única forma de sacar a la gente de la indigencia y la pobreza es a través de un desarrollo genuino. Sin dudas, este principio del 2020 -como toda crisis- presenta oportunidades. Una de ellas es darnos cuenta que las agresiones a la naturaleza (en el caso que nos vincula con el Coronavirus: la reducción de hábitat para la fauna silvestre y el consumo de su carne sin regulaciones de ningún tipo) trae consecuencias. Y esas consecuencias (que las sabemos mortales) no discriminan razas, países ni condición social. Estamos en jaque y no podemos mudarnos a otro planeta. Toda especulación de huida causaría gracia cuando se cierran puertos y aeropuertos y en gran parte del mundo -en cuarentena- no se permite salir de la casa. Es falso que hay distintos modelos de desarrollo. El único modelo de desarrollo es aquel que respeta la capacidad de carga o de recuperación de la naturaleza. No está mal pescar, lo que está mal es pescar todo, no está mal cortar madera, está mal tirar abajo la selva. Entonces si uno respeta la capacidad de recuperación de esos recursos, viviremos como si tuviéramos un gran capital retirando intereses, sin amenazar el capital; ahora si uno no es inteligente, lo amenaza.

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Misiones concretó el corredor biológico entre los parques Foerster y Uruguaí

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El Gobierno de la Provincia incorporó hoy 91 hectáreas ubicados estratégicamente, para consolidar el corredor biológico, a partir de la compra y sesión de las mismas por parte de Vida Silvestre, cumpliendo así un anhelo de conservación.
La provincia de misiones a través de sus Áreas Naturales Protegidas genera la posibilidad de que distintas organizaciones, en este caso Vida Silvestre, puedan ayudar a concretar las acciones necesarias para conectar el Parque Provincial Foerster con el Parque Provincial Urugua-í, generando el anhelado corredor biológico. Esa es la importancia y trascendencia del acto de hoy que permite lograr finalmente este corredor biológico que estaba segmentado, como en una especie de mosaicos.

En este mismo corredor biológico hay propietarios que ya están destinando sus tierras a la conservación y otros que, como en este caso, decidieron venderlos para destinarlos a la conservación. De este modo se fue armando el rompecabezas entre ambos parques provinciales.

En el acto de firma de compra y sesión al mismo tiempo, el Gobernador agradeció la predisposición, en este caso de organizaciones que tienen la misma visión. Destacó la gran responsabilidad que Vida Silvestre manifiesta en los hechos, “con quienes aun antes de asumir el 10 de diciembre venimos planteando objetivos y desde el Gobierno Provincial siempre vamos a ayudar y acompañar”. Y en ese contexto ratificó que “nuestra visión está puesta en la conservación del medio ambiente”.

Habló Herrera Ahuad del trabajo en conjunto para avanzar y conseguir logros, agradeció también al Ministerio de Ecología y a los propietarios que accedieron a vender sus terrenos “para también ayudar en este compromiso con la vida, porque lo que hoy estamos haciendo es garantizar más años y más metros más de vida al mundo”, recordando que este gesto es de interés mundial.

Aseguró el Gobernador que “esto debe servir de ejemplo a otros colonos interesados en que sus tierras sean cuidadas y puestas al servicio de la humanidad”, y Misiones, una vez más, pone de manifiesto su compromiso con su pueblo, con su gente y con la firme decisión de sumar más metros de nuestro monte y nuestra tierra a las Áreas Protegidas, sentenció.  Y destacó el trabajo de conservación que se lleva adelante en conjunto con Vida Silvestre, intentando detener el daño que fue generando sobre la Selva Paranaense la frontera agropecuaria de los países vecinos.

Un acto para toda la humanidad

“En mi caso yo ya venía trabajando con conservación. Cuando compramos estos lotes, inclusive la idea era conservar y mantenerlos; las áreas que estaban degradadas ya fueron recuperadas, y hoy no queda ni un centímetro a cielo abierto, está todos cubierto con mucha fauna, contó Andrés Camilo, uno de los colonos que vendió sus tierras para sumarlas a los espacios protegidos. Y aseguró que cuando decidió vender recibió varias ofertas, “pero cuando supe que aquí la idea es conservar, me pareció perfecto, seguirán haciendo lo que yo venía haciendo”.

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San Sebastián, donde renace la selva misionera

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De chico no soñaba con jugar en Primera ni con ser astronauta. De chico soñaba con tener su propio parque nacional. A los once años hizo su primer viaje de aventura y al año siguiente la Patagonia lo volvió a recibir con los brazos abiertos. Nunca se rompió esa conexión salvaje y el joven Matías se convirtió en un fotógrafo de naturaleza, profesión que disfruta como el primer día y que lo llevó a recorrer diversos lugares de la Argentina detrás de la foto perfecta de un pájaro, una serpiente o un puma en el sur helado. 28 años después, sin prisa, pero sin pausa, en la selva misionera Matías Romano hace realidad el sueño de la niñez. 

Mientras el mundo asiste impávido los incendios en el Amazonas o el desastre ambiental de Australia, en un pequeño rincón alejado de Misiones, Matías lidera un proceso inédito de regeneración de la selva misionera con la plantación de especies nativas. No hay nada igual en Misiones y apenas el rewilding de Conservation Land Trust en los Esteros del Iberá, se le parece, aunque está enfocado en la fauna y no en la flora..

Hace un tiempo Matías vino a Misiones como fotógrafo de naturaleza y quedó impactado. Después llegó a Andresito, donde un amigo había comprado una chacra y, como reza el refrán, la tierra colorada se le quedó pegada en la piel.

Primero fue socio de su amigo y después terminó comprando San Sebastián de la Selva, una chacra de casi cien hectáreas metida como una cuña en una extensa porción de selva misionera, frente al Parque Provincial Urugua-í y pegado al Parque Foerster, a unos treinta kilómetros de Andresito y poco más de 400 de Posadas. La propiedad tenía un 30 por ciento de reserva de monte y el resto era un potrero dedicado a la ganadería. El amplio casco central de la chacra mutó en un lodge, se sumaron cabañas y un enorme lago regala una vista incomparable en los atardeceres. 

Pero Matías no vino de Buenos Aires para administrar un hotel, pese a que estudió hotelería y turismo. La conexión con el lugar era mucho más intensa y aunque el lodge atraía a visitantes de todo el mundo, fue por más: decidió, al principio tímidamente, regenerar la selva que lo enamoró. 

Una anécdota permite apreciar la transformación: una tarde lo visitaron unos vecinos que querían pescar en el lago -como era costumbre-, algo que ya no se podía porque la propiedad se transformó en reserva. “Qué descuidado está todo esto, con los yuyos altos”, fue la reprimenda del decepcionado pescador. La naturaleza comenzaba a recuperar lentamente su espacio. 

El hotel, con lugar para 20 visitantes, lejos está de estar descuidado,acaba de recibir una calificación de 9,4 puntos sobre 10 de los turistas que llegaron a través de Booking y elogiaron, sobre todo, la hospitalidad. 

Matías pronto comprendió que no bastaba con dejar hacer a la naturaleza. El viejo potrero, apisonado por el peso de las vacas y con un abundante pastizal, frenaba el crecimiento de los árboles plantados. “Estamos compitiendo contra una exótica sin tirar agroquímicos”, explica en referencia a los altos pastizales. 

Por eso decidió mejorar la técnica de plantación, se removió el suelo y se incorporó el seguimiento georeferenciado de cada nuevo árbol. 

Con la ayuda de la fundación Vida Silvestre -y medio centenar de voluntarios-, ya se plantaron más de siete mil plantines de especies nativas, como palmitos, anchicos, cedro, guatambú, lapachos y palo rosa, entre otros. 

La extensa pradera de hace siete años, exhibe ahora manchones de verde diverso, con árboles en crecimiento, desde unos pocos centímetros hasta unos dos metros los más robustos. Las imágenes dan muestra de la magnitud de la transformación y el contraste entre el antes y el después es impactante.

Matías viene de Buenos Aires y se queda una semana al mes. Pero conoce mejor que sus colaboradores cada recoveco de la propiedad. Se emociona cuando encuentra un azota caballo con semillas y nidos de pájaros entre las ramas. “Esto tiene una cuota de pasión enorme. No es un “negocio”. Se mantiene. A mi, que soñaba con tener un parque nacional, me retribuye de otro modo. No solo desde la parte económica. Pero estamos en la puerta de un cambio fuerte en naturaleza y van a aparecer alternativas para que conservar sea más negocio o por lo menos equilibrar la balanza”, explica en una entrevista con Economis

Exhibe un metódico conocimiento de cada especie, su evolución, cuando fue plantada y qué efectos tendrá en el entorno. En 2020 espera superar el volumen de árboles plantados. 

¿Cómo surge la idea de la regeneración del ambiente?

Eso surgió al ver que estábamos en el centro de un corredor biológico entre Urugua-í y Foerster. Era un hueco que faltaba regenerar, una pieza en el rompecabezas. Al principio lo pensamos como algo espontáneo, porque el monte se regenera. No nos planteamos hacer enormes plantaciones o monitorear. Pero un potrero tarda mucho en regenerar, por la tierra compactada. Con Fundación Vida Silvestre, ya llevamos entre cinco o seis mil árboles plantados. Los primeros años no hicimos un recuento exacto. Plantábamos y no teníamos en la cabeza pensado esto de monitorear la mejor especie, la que mejor se adaptaba o crecía rápido. Después si, con el tiempo nos dimos cuenta -y es una recomendación que haría a quien quiere iniciar un proyecto semejante-, nos dimos cuenta que es importante tener los datos y saber cómo evolucionan, porque los esfuerzos no son pocos y uno tiene que saber las mejores especies para el ambiente o las que se adaptan. Tomar los datos debe ser tan importante como la plantación en sí misma.

El joven conservacionista también busca involucrar a más vecinos. “La agricultura en la zona es de escala familiar, con mucha cercanía con el monte, estamos rodeados de naturaleza y frente al parque Urugua-í, lo que conforma un ambiente favorable para la conservación. Los argentinos son los primeros deben apoyar esto y los misioneros deben abrazar la naturaleza”, reflexiona.

Lejos de ser un soñador, Matías se revela pragmático para la toma de decisiones y elude la queja fácil. “Las cosas se cambian cuando se dan todas las condiciones para el cambio. No es porque uno vaya a quejarse va a cambiar. Hay que trabajar para generar las condiciones”, sentencia. 

Los primeros árboles plantados coinciden con el nacimiento de su primera hija, Bahía, que hoy tiene seis años y medio. Mayka vino hace tres. Y Malu, su esposa, juega un rol central como sostén emocional y familiar, a veces en terreno, a veces a la distancia. “Sin ellas no podría”, confiesa. Quiere que su legado sea la regeneración total de la selva y que sus hijas hereden la pasión por la naturaleza y la conservación. 

Este año pondrá en marcha otro paso del rewilding en la selva. Un criadero de pacas y agutíes se está levantando a un costado del hotel para repoblar la zona y restablecer el equilibrio natural con la función que cumplen como dispersores de semillas. 

También pueden atraer a depredadores mayores que todavía no fueron captados por las cámaras trampa, como el yaguareté, que domina el territorio en el parque Urugua-í y el Parque Nacional Iguazú, pero que parece no animarse a utilizar el ecoducto que cruza en la altura la ruta 101, en el ingreso mismo a San Sebastián. 

Dentro de la reserva ya hay carpinchos que aprovechan el lago y se pasean cómodos entre los visitantes. Pero los reyes del lugar son los pájaros. Todas las especies de tucanes pintan el cielo con sus colores. Urracas, carpinteros y bailarines, patos y pequeñas aves le ponen música a un ambiente que, sin pausa, vuelve a tiempos mejores.

Fotos gentileza San Sebastián de la Selva y Damián Cardozo.

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Un juvenil de águila negra fue liberado en la Reserva Santa María

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Un ejemplar juvenil de águila negra (Buteogallus urubitinga) fue liberado en la reserva de Yacyretá, Rincón Santa María (Ituzaingó).

Tras haber sido encontrada herida en una vivienda de Bella Vista, Corrientes en el año 2017, fue llevada al Centro de Conservación Aguará en Paso de la Patria donde fue curada y rehabilitada para su regreso a la naturaleza. 


En el momento de liberación estuvieron presentes el director del Centro de Conservación Aguará, la veterinaria que atendió al ave, personal de Yacyretá y guardaparques de la reserva. 

Para la Entidad Binacional Yacyretá resulta significativa este tipo de actividades ya que no es la primera vez que se lleva adelante liberaciones de fauna silvestre dentro de las reservas.


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