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Tu negocio creció ¿Tu forma de trabajar también?

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Hay profesionales que consiguieron aquello que buscaban cuando empezaron: más clientes, reconocimiento, mejores ingresos y, en muchos casos, un equipo. Sin embargo, algunos llegan a un punto en el que sienten que trabajan cada vez más. No necesariamente tienen un problema de crecimiento. Puede ocurrir que el negocio haya cambiado, pero la forma de trabajar siga respondiendo a una etapa anterior.

“Estoy trabajando más que antes.” Es una frase que escucho con bastante frecuencia. A veces la dice un médico con la agenda completa; otras, el dueño de una pequeña empresa que incorporó personas y nuevos servicios. También aparece en profesionales independientes que, después de varios años, lograron construir una buena cartera de clientes y una posición reconocida en su actividad.

Desde afuera, probablemente diríamos que les está yendo bien. Y, en muchos aspectos, es cierto.

La dificultad aparece cuando empezamos a mirar cómo funciona ese crecimiento. ¿Qué pasa si el profesional se ausenta una semana? ¿Quién puede tomar decisiones sin esperar su respuesta? ¿Cuántas cuestiones administrativas siguen dependiendo de él? ¿Cuánto de los ingresos está directamente asociado a la cantidad de horas que trabaja?

Esas preguntas suelen mostrar algo que los números de facturación no cuentan: una actividad puede haber crecido sin que haya evolucionado, en la misma medida, la manera de organizarla y conducirla.

Cuando alguien empieza una actividad profesional, es bastante razonable que haga casi todo. Atiende, responde mensajes, cobra, controla los números, resuelve problemas, habla con proveedores y toma prácticamente todas las decisiones. Esa forma de trabajar puede ser muy efectiva durante años. Permite conocer de cerca a los clientes, cuidar la calidad y reaccionar rápidamente cuando aparece un problema.

Por eso tampoco resulta sencillo modificarla. Si estar presente en cada detalle ayudó a construir una buena reputación y a conseguir resultados, es lógico que el profesional siga confiando en esa manera de hacer las cosas. El cambio empieza a ser necesario cuando aumenta el volumen, aparecen más personas, se incorporan servicios y las decisiones se multiplican.

Lo que antes podía resolver personalmente en pocos minutos comienza a ocupar una parte considerable de su jornada. Y ahí aparece una situación bastante habitual: el negocio tiene más recursos que antes, pero el profesional dispone de menos tiempo.

Facturar más no siempre significa haber construido un negocio mejor

Hay una cuenta que vale la pena hacer. Supongamos que durante el último año una actividad aumentó su facturación un 20%. El dato es positivo. Pero para entender qué significa realmente habría que saber qué ocurrió para producir ese incremento. ¿Fue necesario agregar más horas de trabajo? ¿Aumentaron los costos? ¿Se incorporaron personas? ¿El titular tiene ahora más o menos tiempo disponible? ¿Mejoró el margen? ¿El negocio puede sostener ese nivel de actividad sin depender permanentemente de su intervención?

La facturación nos cuenta una parte de la historia. La otra tiene que ver con la capacidad que se fue construyendo detrás de esos ingresos. Esto es particularmente importante en los servicios profesionales porque el tiempo tiene un peso enorme en el modelo de negocio. Un médico necesita estar frente al paciente. Un abogado debe estudiar determinados casos. Un arquitecto tiene que diseñar. Un consultor necesita intervenir personalmente en una parte de su trabajo.

Hay actividades que no pueden delegarse y, en muchos casos, tampoco tendría sentido hacerlo. La cuestión es distinguirlas de todas aquellas que siguen dependiendo del profesional simplemente porque siempre fue él quien las resolvió.

He visto consultorios con varias personas trabajando donde una decisión administrativa relativamente sencilla queda pendiente hasta que el médico termina de atender. También profesionales que incorporaron asistentes para liberar tiempo y después descubrieron que una parte importante de ese tiempo se destinaba a responder consultas del propio equipo.

No es necesariamente un problema de las personas. Muchas veces nadie definió con suficiente claridad qué puede decidir cada uno, qué resultado se espera, qué situaciones requieren una consulta y cuáles deberían resolverse sin intervención del titular. En esas condiciones, contratar permite distribuir tareas, pero no necesariamente distribuir responsabilidad.

El equipo hace. El profesional continúa decidiendo.

Con el tiempo se genera una dependencia que suele confundirse con falta de iniciativa: las personas consultan porque aprendieron que consultar es la manera más segura de trabajar. Si cada excepción termina resolviéndose arriba, lo razonable es esperar la respuesta antes de actuar.

La autonomía no aparece simplemente porque alguien diga “tenés que resolver más cosas solo”. Necesita límites, información y criterios compartidos.

La agenda llena también merece ser revisada

Durante mucho tiempo la agenda completa fue uno de los indicadores más visibles del éxito profesional. Y sigue siendo una señal importante: significa que existe demanda.

Lo que no sabemos es qué tipo de negocio hay detrás de esa agenda. Dos profesionales pueden trabajar la misma cantidad de horas y obtener resultados muy diferentes, no sólo en términos económicos. Uno puede concentrar buena parte de su tiempo en las actividades donde realmente aporta valor, contar con procesos administrativos relativamente ordenados y reservar espacio para pensar hacia dónde quiere llevar su práctica.

El otro puede atender durante las mismas horas y, entre una consulta y otra, responder mensajes, autorizar pagos, resolver cambios de agenda, revisar tareas, atender problemas internos y contestar preguntas que podrían haberse solucionado sin su participación.

Vistas desde afuera, las dos agendas están llenas.

Pero lo que se está construyendo detrás de ellas es diferente. Por eso, cuando analizo una práctica profesional, me interesa saber cuánto factura y cuánto trabaja la persona, pero también qué capacidad deja instalada ese trabajo.

Si cada paciente o cliente nuevo incorpora una cantidad equivalente de tareas para el titular, el crecimiento encontrará tarde o temprano un límite. Lo mismo ocurre cuando cada servicio nuevo agrega complejidad sin mejorar suficientemente los resultados o cuando cada incorporación al equipo aumenta la cantidad de decisiones que vuelven al profesional.

En algún momento deja de ser razonable resolver la situación agregando horas.

Cambiar la pregunta

Las personas que llegan a esta etapa suelen tener una gran capacidad de trabajo. En buena medida, llegaron hasta allí gracias a ella. Por eso decirles que necesitan organizarse mejor o esforzarse un poco más suele aportar bastante poco. Lo que necesitan revisar es otra cosa: cómo debería funcionar su actividad en la etapa profesional en la que están ahora.

Eso obliga a mirar cuestiones que durante años pudieron postergarse. Qué tareas deberían seguir dependiendo del profesional y cuáles no. Qué servicios vale la pena mantener. Qué clientes quiere atender. Cómo está utilizando su tiempo. Qué decisiones podría tomar otra persona. Qué procesos necesitan mayor claridad. Qué actividades producen ingresos pero quizás ya no resultan convenientes.

También obliga a revisar una idea bastante extendida: que crecer siempre significa agregar más: clientes, servicios, personas, presencia, facturación.

En determinadas etapas puede ser exactamente lo que hace falta. En otras, el avance puede venir de seleccionar mejor, revisar precios, simplificar servicios, ordenar procesos, transferir decisiones o proteger determinadas horas de la agenda. Incluso puede implicar rechazar oportunidades que algunos años atrás hubieran resultado atractivas.

Eso tampoco significa que todo profesional deba construir una organización grande o un negocio que funcione sin él. No todos quieren hacerlo. Un médico puede elegir deliberadamente una práctica pequeña y muy personalizada. Un abogado puede preferir trabajar con pocos casos. Un consultor puede decidir mantener una cartera reducida de clientes y participar personalmente en cada proyecto.

Son modelos perfectamente válidos si responden a una elección consciente y pueden sostenerse económica y personalmente. La dificultad aparece cuando existe una distancia cada vez mayor entre la forma de vida profesional que alguien dice querer y la manera en que organiza su trabajo todos los días.

  • Querer disponer de más tiempo mientras se siguen vendiendo todas las horas posibles de la agenda. 
  • Esperar autonomía del equipo mientras se revisa cada decisión.
  • Querer aumentar los ingresos sin revisar un modelo en el que cada peso adicional depende de sumar trabajo personal.

En esos casos, el problema ya no se resuelve únicamente trabajando mejor dentro del modelo existente. Hay que revisar el modelo.

La etapa que sigue

Hay momentos de una trayectoria profesional en los que hacer mucho es necesario. Se necesita presencia, velocidad, aprendizaje y una enorme capacidad para resolver. Pero las necesidades cambian a medida que la actividad madura. Lo que permitió ordenar los primeros años no necesariamente alcanza cuando existen más clientes, personas, compromisos y decisiones. Y reconocerlo puede resultar difícil porque implica revisar prácticas que durante mucho tiempo dieron buenos resultados.

A veces la primera señal es el cansancio. Otras veces aparece en los números: aumenta la facturación, pero también aumentan los costos, las horas y la complejidad.

También puede presentarse de una manera menos evidente. Las cosas funcionan, los clientes siguen llegando y los ingresos son razonables, pero la persona empieza a sentir que la manera en que sostiene todo eso ya no coincide con la vida profesional que quiere tener. Ese momento merece atención. No necesariamente porque haya algo que esté funcionando mal, sino porque puede estar indicando que una etapa llegó a su límite y necesita ser revisada.

Antes de buscar otro cliente, abrir un nuevo servicio o incorporar una nueva obligación, quizás convenga hacerse una pregunta más básica:

¿La forma en la que trabajo hoy puede sostener la práctica profesional que quiero tener en los próximos años?

La respuesta no siempre exige crecer más. A veces exige algo bastante más difícil: revisar decisiones que durante mucho tiempo tuvieron sentido y aceptar que algunas de ellas ya cumplieron su función.

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El mercado eléctrico argentino y sus nuevos desafíos

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Por David Burrieza, director de los Mercados de Energía, Telco e Industria para la región de Perú y Cono Sur en Minsait. El mercado eléctrico argentino está entrando en una nueva etapa. Después de años marcados por precios administrados, subsidios y distintos mecanismos de intervención, el sistema avanza hacia un proceso de normalización que busca dar mayor peso a las señales económicas, abrir más espacio a la contratación entre privados y reflejar con mayor claridad los costos reales de la energía.

Este cambio no es menor. Tampoco es únicamente regulatorio o tarifario. En la práctica, redefine la forma en que generadores, comercializadores, grandes usuarios y empresas energéticas deben tomar decisiones. La energía deja de ser vista sólo como un insumo operativo y pasa a ocupar un lugar estratégico dentro del negocio, con impacto directo en la caja, los márgenes, la planificación financiera y la competitividad.

En un contexto más dinámico, la pregunta ya no es solamente cuánto cuesta la energía, sino cómo se gestiona la exposición a ese costo. Y ahí aparece uno de los grandes desafíos para las compañías argentinas: tomar decisiones relevantes en un entorno de mayor volatilidad, con información que muchas veces sigue estando dispersa, fragmentada o alojada en procesos manuales difíciles de auditar.

Durante mucho tiempo, operar eficientemente podía ser suficiente. Hoy, eso ya no alcanza. Las empresas necesitan integrar datos, anticipar escenarios y contar con trazabilidad sobre sus decisiones. En otras palabras, necesitan poder explicar no sólo qué decisión tomaron, sino con qué información, bajo qué supuestos, con qué nivel de riesgo y con qué impacto esperado.

La fragmentación de la información es uno de los principales puntos críticos. En muchas organizaciones, las áreas de Operación, Comercial, Finanzas, Regulación y Tecnología trabajan con datos que no siempre conversan entre sí. Contratos, mediciones, liquidaciones, precios, provisiones, coberturas y proyecciones financieras pueden estar distribuidos en múltiples sistemas, planillas o circuitos internos.

Cuando eso ocurre, los ciclos de decisión se vuelven más lentos, aumenta la dependencia de procesos manuales y se debilita la capacidad de responder frente a auditorías, reguladores o instancias internas de control. En un mercado más expuesto a señales económicas, esa debilidad deja de ser un problema administrativo y se convierte en un riesgo de negocio.

El nuevo escenario exige pasar de una gestión reactiva a una gestión basada en evidencia. No se trata de predecir el mercado, porque ningún actor puede eliminar por completo la incertidumbre. Se trata de estar mejor preparado para interpretarla, modelarla y tomar decisiones con mayor control.

Desde nuestra experiencia, hay tres capacidades que serán cada vez más importantes para competir en esta nueva etapa del mercado eléctrico argentino.

La primera es contar con un dato unificado. Esto significa construir una visión común que integre información operativa, contractual, económica y financiera. Sin una base confiable, cualquier decisión queda expuesta a inconsistencias, reprocesos o interpretaciones parciales.

La segunda es la capacidad de simular escenarios de manera ordenada. Los cambios en precios, demanda, regulación o condiciones contractuales pueden tener efectos relevantes sobre la caja, los márgenes y la exposición al mercado. Las empresas que puedan anticipar esos impactos estarán mejor posicionadas para planificar, negociar y gestionar riesgos.

La tercera es la trazabilidad por diseño. En un entorno más exigente, no basta con tomar decisiones rápidas. También será necesario dejar evidencia clara de los datos utilizados, los supuestos aplicados, las aprobaciones realizadas y los responsables involucrados. La trazabilidad será clave para fortalecer la gobernanza y dar confianza tanto hacia dentro como hacia fuera de la organización.

Este punto es especialmente importante porque la digitalización del sector energético ya no puede entenderse sólo como una vía para ganar eficiencia. Por supuesto que automatizar procesos, reducir errores y acelerar tareas sigue siendo relevante. Pero el valor más profundo está en habilitar una gestión más transparente, anticipatoria y robusta del negocio energético.

El nuevo ciclo del mercado eléctrico argentino no premiará necesariamente a quienes reaccionen más rápido, sino a quienes estén mejor preparados para decidir. Y en esa diferencia puede estar buena parte de la competitividad futura del sector.

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Negocio del vino: la herramienta que evita pérdidas de más de USD300.000

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En un sector donde cada botella cuenta, un enemigo invisible amenaza las ganancias y la reputación de las bodegas. Las paradas o detenciones de fermentación y la contaminación microbiana, problemas a menudo subestimados, pueden costar a los productores cientos de miles de dólares por un solo tanque de vino. Sin embargo, la ciencia ofrece una solución rentable que transforma la prevención en una inversión inteligente.

“El vino es un producto vivo, y su elaboración, un delicado equilibrio biológico. Desde la vendimia hasta el fraccionamiento, una compleja comunidad de levaduras y bacterias trabaja para crear el vino que disfrutamos”, comenta el microbiólogo argentino Germán Gonzalez Riachi, especializado en el sector vitivinícola. “Pero en este universo microscópico, no todos los actores son beneficiosos. La presencia de microorganismos no deseados puede desencadenar una cascada de problemas que van desde sutiles desviaciones aromáticas hasta la pérdida total de la producción”

El impacto económico puede ser devastador. En Argentina, un fallo microbiológico en un tanque de una bodega mediana puede significar un riesgo de más de USD 300.000. Uno de los problemas más graves son las paradas de fermentación, que pueden provocar pérdidas de hasta el 70% o incluso la totalidad del valor de un lote. Estas detenciones inesperadas del proceso fermentativo pueden deberse a múltiples factores, como una baja carga de levaduras, la competencia con otros microorganismos que contaminan el mosto, o una deficiencia de nutrientes que debilita a las levaduras responsables de la fermentación. Todos estos elementos impactan directamente en la calidad final del vino, y subrayan la importancia de un monitoreo constante de la fermentación.

“Generalmente, en la práctica, es muy difícil arreglar un vino que se alteró o perdió su calidad. Se descarta o se corta con vino de menor calidad, o se vende a granel para otros fines a un precio muchísimo menor“, comparte Riachi. La prevención, por tanto, no es una opción, sino una necesidad. “Siempre se busca prevenir y sumar a la calidad del vino sin intervenir en el estilo enológico de cada bodega”, agrega.

Las causas de la contaminación microbiana en bodega pueden originarse en la falta de validación de los protocolos de limpieza, en la desinfección y en acciones correctivas. Estos suelen ejecutarse de manera empírica, sin evaluar su eficacia microbiológica. A esto se suman una insuficiente estabilización de los vinos durante la crianza y previa al fraccionamiento, junto con otros factores intrínsecos de cada vino.

Entre los microorganismos contaminantes más notorios se encuentra la levadura del género Brettanomyces. Este microorganismo es responsable de aromas desagradables descritos como “sudor de caballo” o “cuero”, que arruinan la expresión frutal y la elegancia de un vino. Un estudio en California reveló que el 73% de las bodegas había experimentado una reducción de la calidad debido a “Brett”, y un 13% había tenido que retirar productos del mercado por esta causa. Pero Brettanomyces no está solo. Otras levaduras como Zygosaccharomyces, entre otros, pueden causar refermentaciones en la botella, generando turbidez y gas. Ciertas bacterias lácticas pueden producir “gusto de ratón” mientras que las bacterias acéticas, como su nombre indica, pueden avinagrar el vino, transformándolo literalmente en vinagre, provocando una pérdida total del lote.

Frente a la magnitud de las posibles pérdidas, el costo de la prevención es, en palabras de Riachi, “infinitamente menor”. La inversión en un monitoreo microbiológico no es un gasto, sino un seguro de calidad y rentabilidad. El costo de un equipo de laboratorio o monitoreo microbiológico externo es insignificante en comparación con el valor de un solo tanque de vino premium.

La clave está en un enfoque proactivo. Esto implica implementar y validar protocolos de limpieza y desinfección rigurosos para todas las superficies, desde los tanques y mangueras hasta la línea de embotellado. Además, es fundamental realizar análisis microbiológicos preventivos en puntos críticos de control. Durante la vendimia y la fermentación, el monitoreo ideal es diario o semanal. Luego, se pueden establecer controles mensuales y un análisis exhaustivo previo al embotellado para asegurar la estabilidad del vino.

La figura del microbiólogo enológico, un especialista dedicado a entender y gestionar el ecosistema microbiano de la bodega, está ganando terreno. En Argentina, por ejemplo, iniciativas como “Ciencia del Vino” están llevando laboratorios móviles directamente a las bodegas para realizar análisis in situ y ofrecer resultados inmediatos. Esta aproximación permite tomar decisiones informadas al instante, corrigiendo desviaciones antes de que se conviertan en problemas irreparables. Más allá de la prevención, la microbiología abre la puerta a la diferenciación. Al aislar y utilizar levaduras nativas, propias de cada viñedo, las bodegas pueden reforzar la identidad de su terroir, creando vinos únicos que se destacan en un mercado global competitivo.

En definitiva, la microbiología ha dejado de ser un tema exclusivo de laboratorios para convertirse en una herramienta de gestión indispensable en la bodega moderna. Ignorar a los microorganismos es dejar la puerta abierta a pérdidas económicas significativas y a un daño reputacional difícil de reparar. Invertir en su control y comprensión no solo protege la producción, sino que potencia la calidad, la identidad y, en última instancia, la rentabilidad de cada botella.

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La industria del delivery alcanza los 160.000 trabajadores en Argentina

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En los últimos años, el delivery se transformó en una de las principales formas de consumo en el sector gastronómico a nivel mundial. La irrupción de plataformas digitales no solo facilitó el acceso a comida lista en la puerta del hogar, sino que expandió las posibilidades hacia la compra de productos básicos del día a día. Esta práctica se consolidó tanto por la comodidad de recibir pedidos sin salir de casa como por un contexto económico y social que empujó tanto a consumidores como a trabajadores hacia un modelo de negocio en constante crecimiento.

En Sudamérica, Brasil lidera con amplia ventaja este rubro. Según Statista Market Insights, en 2024 el país alcanzó ingresos por más de 8.400 millones de dólares. Allí, la aplicación iFood concentra más del 80% del mercado, aunque convive con Uber Eats, Rappi y 99Food, ampliando la competencia y opciones para los usuarios. México también muestra cifras significativas, ya que facturó 2.530 millones de dólares en pedidos de comida y víveres, mientras que Argentina se posicionó en un punto intermedio con 1.860 millones, sostenida principalmente por Rappi y PedidosYa.

El caso argentino tiene particularidades. Durante la pandemia de Covid-19, el delivery fue declarado actividad esencial, lo que aceleró su adopción y multiplicó la cantidad de repartidores. Entre 2020 y 2021 se registró el mayor salto de crecimiento, con incrementos que oscilaron entre 20% y 78% en trabajadores activos. Para 2025 se estima que alrededor de 160.000 personas participan de este sector, lo que refleja su consolidación como una fuente relevante de ingresos.

En este contexto, un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en conjunto con WorkerTech y Civic House, analizó en detalle las dinámicas laborales en estas plataformas. El informe arrojó que solo un 10% de los repartidores trabaja de manera “full time”, cumpliendo más de 300 órdenes mensuales, mientras que el 90% restante se conecta de manera esporádica, sin contrato ni acceso a beneficios básicos como vacaciones, aguinaldo o cobertura de salud ante accidentes. En este esquema flexible, los ingresos resultan desiguales: quienes trabajan jornadas completas logran superar el promedio salarial de un empleado registrado, mientras que la mayoría apenas cubre gastos esenciales en un contexto inflacionario. 

En concreto, el informe, titulado “Nuevas Modalidades Laborales en la Economía Digital: Un estudio empírico del trabajo de reparto en Argentina”, se basó en datos de Rappi y PedidosYa (identificadas como Empresa A y Empresa B). El mismo indica que entre septiembre de 2022 y octubre de 2023, los ingresos de los repartidores intensivos crecieron y que los eventuales se estancaron o retrocedieron. 

Esto resulta notable frente a la pérdida de poder adquisitivo generalizada. Y es que mientras los salarios registrados perdían frente a la inflación, los repartidores de dedicación plena lograban un desempeño relativo mejor, aunque siempre en condiciones de precariedad y sin derechos garantizados.

El estudio reveló también la composición de ingresos en este sector. En promedio, un 61,3% proviene de las órdenes completadas, con diferencias según el vehículo utilizado. Los motociclistas obtienen un 66,8% de sus ingresos de esa fuente y los ciclistas alcanzan un 58,2%. Asimismo, las propinas constituyen un 19,3% del total, lo que resalta la importancia del comportamiento de los clientes. Lo cierto es que el tiempo de conexión también influye directamente y quienes trabajan más horas tienen mayores oportunidades de acceder a pedidos en los picos de demanda, aumentando sus ganancias.

Cabe destacar que el perfil de los repartidores se rejuveneció en los últimos años. La participación de jóvenes de entre 18 y 24 años pasó del 24% al 33% en apenas 18 meses, con los hombres representando cerca del 80% de la fuerza laboral. Esto refleja que el delivery se percibe como una salida rápida en un mercado laboral con mayores barreras de entrada a empleos formales.

Los cambios en los hábitos de consumo también explican el crecimiento del delivery. Una encuesta de Kantar Insights indicó que el 76% de los argentinos redujo las salidas a comer afuera por los altos costos. De hecho, la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés reportó una caída del 20% en el consumo desde marzo, con descensos superiores al 40% en restaurantes de gama media y alta. En ese escenario, muchos locales gastronómicos encontraron en el delivery una herramienta para amortiguar pérdidas, ofreciendo promociones, descuentos con tarjetas, pagos electrónicos y opciones de efectivo.

La diversificación del negocio amplió aún más su alcance. En Brasil, compañías como James Delivery marcan tendencia al sumar la entrega de víveres y productos esenciales. En Argentina, las aplicaciones replican este modelo, ofreciendo desde comidas listas hasta artículos de limpieza o alimentos no perecederos, lo que convierte al delivery en un servicio integral.

Sin embargo, este crecimiento plantea desafíos importantes. Los repartidores están sometidos a la supervisión de algoritmos que regulan su desempeño, generando incertidumbre respecto a los criterios de evaluación y dificultando la negociación de condiciones laborales. Además, la falta de cobertura ante accidentes agrava la vulnerabilidad del sector. En 2021, se registraron 34,5 incidentes laborales por cada 1.000 trabajadores cubiertos, con un 11,1% ocurridos durante los trayectos, lo que evidencia la exposición de quienes realizan repartos sin seguros efectivos.

Las brechas de género son otro aspecto visible. El informe destaca que el 55% de las mujeres repartidoras completa hasta 40 órdenes mensuales, frente al 49,3% de los hombres en la misma categoría, confirmando que ellas se concentran en trabajos más eventuales. Adicionalmente, es cada vez más común que los repartidores trabajen simultáneamente para más de una empresa, reflejo de la necesidad de diversificar fuentes de ingresos ante la inflación persistente.

Los especialistas coinciden en que el delivery en Argentina cumple un doble papel. Por un lado, es una estrategia de subsistencia en un mercado laboral frágil; por otro, consolida una tendencia de consumo que se expandió más allá de las comidas preparadas para abarcar todo tipo de productos. El debate sobre su regulación se vislumbra inevitable. De hecho, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tiene previsto discutir en Ginebra las condiciones de los trabajadores de plataformas, con participación de 187 países, lo que refleja la magnitud global de este fenómeno.

Crece la venta de motos

El crecimiento del delivery en Argentina transformó los hábitos de consumo y generó un fuerte impacto en el mercado de motovehículos. La moto se consolidó como el transporte preferido de los repartidores por su bajo costo de adquisición, practicidad en el tránsito urbano y mantenimiento económico frente a automóviles. Esta tendencia quedó reflejada en los últimos datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), que confirmaron un agosto de 2025 marcado por ventas activas y competitivas.

La Honda Wave 110 lideró el ranking con 5.327 unidades, equivalente al 9,8% del mercado y un acumulado anual de 36.450 unidades, consolidándose como la favorita de miles de repartidores por su confiabilidad y eficiencia en consumo de combustible. En segundo lugar, la Gilera Smash alcanzó 5.121 unidades, con un crecimiento interanual del 12,5%. Le siguió la Keller KN110-8, con 4.153 unidades y un alza del 14,9% respecto a 2024, confirmando que los modelos de baja cilindrada dominan la demanda urbana.

No todos los modelos crecieron. La Motomel B110, en cuarta posición con 3.614 unidades, cayó 20,6% interanual. En contraste, la Mondial LD 110 Max sorprendió al ingresar al top five con 1.815 unidades y un alza del 45,9%, mostrando que los consumidores también apuestan por alternativas nuevas con precios competitivos y diseños modernos. Completaron el ranking la Corven Energy 110, la Zanella ZB 110 en sus dos versiones, la Motomel S2 150 y la Corven Energy 110 by Corven, reflejando que la elección se concentra en modelos accesibles y pensados para el trabajo diario.

Las razones detrás de este auge son múltiples. En un contexto donde los autos 0 km resultan cada vez más inaccesibles, la moto representa una alternativa económica y funcional. A ello se suman planes de financiamiento, promociones en cuotas fijas e incluso el acceso a préstamos personales ofrecidos por entidades financieras y bancos, lo que facilita la compra, en especial para trabajadores independientes que buscan una herramienta rápida de movilidad.

El auge del delivery potencia aún más la demanda, ya que para miles de jóvenes y adultos la moto no solo significa movilidad, sino también una herramienta de generación de ingresos. Sin embargo, este fenómeno trae desafíos: es necesario mejorar la infraestructura vial, reforzar controles de tránsito y promover una conducción más profesional que reduzca la alta siniestralidad entre motociclistas.

Con proyecciones de cierre anual cercanas a las 600.000 unidades, el mercado de motos atraviesa uno de sus mejores momentos en la última década. Lo cierto es que la moto dejó de ser una opción secundaria para convertirse en un vehículo estratégico, estrechamente vinculado al crecimiento del delivery y a las nuevas dinámicas de movilidad urbana que redefinen el panorama económico y social de Argentina.

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Posadas Fit: el negocio saludable que gana músculo

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Hace menos de un mes, G-Fitness Gym inauguró su gimnasio en el primer piso del Plaza Shopping de Posadas. Con atención personalizada de lunes a domingo, ofrece una propuesta innovadora: acceso libre a un sector de estética que incluye masajes relajantes, descontracturantes y deportivos, además de electroestimulación, depilación definitiva y otros servicios, todo incluido en la cuota mensual.

G-Fitness se suma así a la creciente lista de gimnasios que consolidan a la capital misionera como un destino ideal para quienes buscan mantener un estilo de vida saludable y estar en forma.

Con 96 gimnasios registrados y activos, Posadas se afianza como una de las ciudades con mayor densidad de espacios dedicados al entrenamiento físico en la región. Este fenómeno, lejos de ser una moda pasajera, se consolida como parte de un ecosistema económico que involucra salud, estética, alimentación y consumo consciente.

De los gimnasios relevados recientemente por la Municipalidad de Posadas, 50 están en funcionamiento desde antes de 2022, lo que refleja una base sólida y sostenida en el tiempo. 

Hay desde espacios de alta gama hasta opciones más accesibles, pensadas para todos los gustos y bolsillos.

La proliferación de gimnasios en la capital misionera no sólo responde a una mayor conciencia sobre la salud y el bienestar, sino también a una oportunidad de negocio que sigue en expansión. La actividad física ha dejado de ser exclusiva de los deportistas y se instaló como una práctica cotidiana para gran parte de la población urbana.

En comparación con tendencias globales, Posadas se alinea con el auge de los “boutique gyms” (espacios más pequeños, personalizados y con experiencia premium), así como con la incorporación de servicios de estética, recuperación y bienestar integral. Este enfoque multidimensional es clave para diferenciarse en un mercado con alta competencia.

Según propietarios de diferentes gimnasios, las cuotas mensuales se ajustan al presupuesto del cliente, con planes que permiten entrenar diariamente o hasta tres veces por semana. A eso se suman entrenamientos personalizados que ayudan a alcanzar objetivos individuales, además de clases grupales como funcional, yoga, pilates o spinning.

Este perfil fitness posiciona a la ciudad como una de las más saludables de la región, en movimiento hacia una cultura más consciente. La gran variedad de espacios y propuestas disponibles da cuenta de esta tendencia. Sin embargo, el crecimiento del sector también impone el desafío de innovar constantemente frente a una competencia cada vez mayor.

Rubén Romero, dueño de Gym Estructurales, destacó: “La atención y el seguimiento hacen la diferencia a la hora de que elijan un lugar para entrenar”.

Señaló que el público que más asiste a los gimnasios son adultos jóvenes, de entre 18 y 35 años, aunque en el último tiempo ha crecido notablemente el interés de personas mayores de 40 o 45 años. “No todos tienen el hábito de entrenar, muchos vienen en busca de un cambio físico y mental, ya sea para bajar de peso, tonificar o simplemente mejorar su estado general”, explicó.

Este panorama, donde la salud y el bienestar se han convertido en una prioridad, tiene un impacto significativo no solo en la vida de las personas y los emprendedores del rubro, sino también en la economía y el desarrollo urbano. Los especialistas aseguran que el estilo de vida saludable no se limita al ejercicio físico, sino que abarca también la alimentación consciente y el interés por una estética alineada al mundo deportivo.

Además del rubro estrictamente deportivo, este ecosistema incluye emprendimientos vinculados a la alimentación saludable, la indumentaria deportiva y los suplementos nutricionales. Tiendas como Onda Fitness, dirigida por la entrenadora Magalí Sanabria, destacan un aumento en la demanda de ropa técnica de calidad, tanto por parte de mujeres como de hombres.

“Hoy las mujeres invierten más en ropa deportiva que en otras prendas, y los hombres ya no se conforman con un short básico. Les interesa tener un placard con opciones para cada día, ya es casi una necesidad. La comodidad y la imagen también son parte del entrenamiento”, explica Sanabria.

Este fenómeno se traduce en un mayor consumo, pero también en una cultura: la del fitness como estilo de vida. Una forma de mostrarse, de vincularse con los demás y de construir identidad personal.

La vida fitness se volvió una moda. No se trata solo de atletas o profesionales, sino de personas comunes que buscan una vida más sana”, señala Sanabria.

Sanabria subrayó que esta demanda no se trata de un consumo superficial: “Cuando invierten, buscan prendas de buena calidad, porque todo influye al momento de entrenar. Sentirse cómodos también es fundamental”.

Además, señaló que el comportamiento de compra no es muy distinto entre géneros: “Los hombres también buscan ropa deportiva de calidad y variedad. Están casi al mismo nivel de exigencia que las mujeres, y como sus prendas son más escasas, suelen tener un poco más de valor”.

Posadas vive un boom del fitness que impulsa no solo el bienestar personal, sino también nuevas oportunidades para emprendedores y comercios que entienden que estar en forma, hoy más que nunca, es parte del estilo de vida contemporáneo. La demanda sigue creciendo, especialmente entre adultos de más de 40 años que se suman con el objetivo de mejorar su calidad de vida.

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